Historia y Arqueología Marítima

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Por el Prof. Alejandro N. Bertocchi Moran    Publicado en Ciclo de Conferencias año 2014

“Las dos grandes guerras mundiales que sacudieron este siglo, se ganaron y se perdieron en la mar”. Esta breve acotación del capitán de fragata Luis de la Sierra, extractada de su obra “El Mar en la Gran Guerra” publicada en 1984, trae sobre si la polémica y se circunscribe a hacer notar al atento lector que fue el bloqueo naval aliado el hecho que volcó el fiel de la balanza de esta Primera Guerra Mundial hacia la consagración de su victoria, a despecho de las grandes batallas terrestres que se disputaron en esos años, como las dos decisivas del Marne, o los sacrificios de Verdún o el Somme, donde perecieron miles de hombres en una ordalía de destrucción nunca visto en la Historia.

Esta acepción, esta definición intelectual, ciertamente la vamos hallando página a página en la profusa bibliografía de época; la tenemos al frente precisamente inscrita en aquellos análisis que nos denotan la etiología de un conflicto planetario que causó la muerte de mas de 13 millones de personas, siendo a despecho de otros conflictos, este crudo número en un gran porcentaje, dado sobre la población civil.

Por ende, en inmediato beneficio de esta Conclusión que cierra este trabajo donde se expone un articulado suscrito por notables investigadores, es que debemos conducirnos en nuestras opiniones hacia un terreno donde no cunda la duda, donde ubiquemos afirmaciones de analistas de todas las banderas para que el lector obtenga el rumbo mas preciso a una definición. Así, en este norte, debemos exponer palabras de los almirantes  Luis Carrero Blanco, Otto Gross y otros marinos de ese talante, que van por esa senda y que marcamos, que nos dice que fue el bloqueo naval británico quién le dobló las rodillas a los Imperios Centrales. Y es cierto que también se podrían inscribir conceptos similares de figuras de la talla del almirante Samuel E. Morison y de políticos contemporáneos de aquellas horas, como la del “Tigre” Clemenceau, valgan sus ejemplos, que van en un mismo sentido.

El general estadounidense Frank Simmonds en su voluminosa obra “Historia de la Guerra del Mundo” publicada en cinco tomos en 1919 en varios idiomas, rubrica claramente lo que para la Alemania del Kaiser supuso la negación de la mar ya a principios del año 1915: “Inglaterra enemigo numero Uno”.

“A medida que la guerra progresaba se hizo evidente la predicción de Mahan y que la potencia naval dominante modificaría a su gusto las normas del Derecho Internacional concernientes al bloqueo adaptándolas a sus necesidades. Y así se clausuraron todas las vías de entrada y salida de las potencias centrales en lo concerniente a pertrechos y víveres sino que también el bloqueo británico cerró todo el comercio neutral hacia destinos de sus adversarios”. Palabras de Simmonds que deben ser rubricadas con el ejemplo de la neutral Holanda, sumida desde 1915 en el hambre y las privaciones más elementales. La Royal Navy- dueña y señora de las aguas- solo autorizaba un convoy quincenal de suministros que entraba al Mar del Norte por un canal dragado entre los campos de minas con destino a puerto holandés, buques sujetos a un riguroso registro. Y nada mas señalar que la neutral Noruega perdió un 47% de su marina mercante, para dejar marcado un hecho indubitable ya que un alto porcentaje de buques se los incauto la Gran Bretaña y el resto fueron hundidos por lo U- Boote.

El almirante germano Otto Gross en su obra “Doctrina de la Guerra Marítima según la enseñanza de la Guerra Mundial” señala como el bloqueo fue el factor principal que doblegó la moral alemana en su retaguardia, pues sus efectos se concentraron sobre el factor estratégico más doloroso a una Nación, su población civil. Este libro fue publicado en 1935 con prologo del gran almirante Alfred Tirpitz. Quizás, en esas horas a la vista del pensamiento revanchista que ostentaba el partido nacional socialista ya afirmado en el poder, es muy seguro pensar que ni el cabo Hitler, ni el viticultor Ribentropp deben haber leído esta obra.

Sir Julián Corbett, historiador, geopolítico contemporáneo de su colega Jackie Fisher y su mas caro amigo, en su concisa obra “Naval Operations” donde se explaya sobre esta guerra del 14, señalaba que al revés de lo sostenido por el almirante Mahan lo importante es el dominio de la mar, tanto a distancia como localmente a despecho de buscar la decisión en una batalla decisiva. Así ubica que jamás el poder de la fuerza naval alemana pudo siquiera amenazar dicho dominio adversario y solo apelando a la ofensiva de las armas submarinas ello pudo llevarse a cabo, justamente, operando sobre el estratégico sector mas expuesto del Imperio británico; el control de sus comunicaciones marítimas.

Vayamos a Winston Churchill en su famosa obra “The World Crisis”. “Históricamente las guerras se ganan en tierra, en los últimos años también en el aire, pero se pierden indefectiblemente cuando algún contendiente pierde el dominio del mar”. Es de hacer notar que ya en 1907 el Almirantazgo había elaborado un plan general de bloqueo contra Alemania, una suerte de remedo de lo hecho por Pitt contra Napoleón el siglo anterior.

Por su parte el almirante Luis Carrero Blanco en su obra “Arte Naval Militar” escrita en 1943 cuando era capitán de navío, nos hace una precisa comparación entre el bloqueo de la guerra del 14 con la que se vivía en ese mismo momento donde la Alemania nazi dominaba el litoral europeo desde el cabo Norte, sobre aguas del Artico hasta la frontera hispano francesa. Expresaba que igualmente los germanos sufrían el bloqueo aunque en el caso de la Primera Guerra Mundial la geografía servía a los aliados pues cerrar el Báltico y el Mar del Norte había sido una tarea simple para la omnipresente Royal Navy. Entonces, continuaba el marino español, que en esta Segunda Guerra Mundial la situación estratégica no presentaba las mismas características que en 1914 y sindicaba una diferencia fundamental pues en el 14 los Imperios Centrales se hallaban cercados en la masa del continente pues buena parte de sus recursos los necesitaban del exterior los que les debían arribar por mar y por ende sus capacidades de resistir y de suplir esto dependerían de un esfuerzo propio, un algo desdeñado por la acartonada camarilla que rodeaba al Kaiser Guillermo, o sea algo que a la larga llevaría su causa a la perdición. Y para el conflicto que se libraba en esa hora Carrero Blanco señalaba que el Tercer Reich poseía todos los recursos de Europa, pero que la Unión Soviética dependía del control del mar por sus aliados occidentales.

Incluso la investigación nos trae la opinión de un compatriota que vivió aquella guerra pero en un oficio que nada tiene que ver el mundo de las armas. Nos referimos a Juan Zorrilla de San Martín quien escribió un libro que solo fue publicado en capítulos por la Revista Nacional en forma sucesiva en la década de 1940. El polígrafo conocía muy bien aquella Europa sumergida en la neurosis de una guerra ya en ciernes pues había sido representante diplomático ante el gobierno francés del presidente Casimir Perier en la década final del siglo XIX. Desde Paris, Zorrilla fue testigo de lujo de los acontecimientos que se desarrollaban en el vecino Reich con la conformación de una mentalidad militarista que parecía irrefrenable y en uno de esos capítulos denominado “El Canto a Aegir”- un himno marcial compuesto para el emperador Guillermo-señalaba la impresión que tenían los discursos belicistas del Kaiser, desafiantes hacia el resto de Europa, todo aderezado por las imágenes de los grandes desfiles en la Unter der Linden profusamente publicados en la trémula prensa de la Ciudad Luz.

Bien sabemos las consecuencias de todo bloqueo y nadie vera sin compartirlo el dolor de un niño en el que ha querido parapetarse el espectro vencido, pero no es el caso de denunciar ese dolor sino de marcar a su causante, el Kaiser. El hambre, la pena de los inocentes es y ha sido siempre por desgracia un recurso de guerra brutal como todos los demás, querido por todos ellos por quien quiere la guerra. El sacrificio de los inocentes, es la misteriosa ley de expiación que todos los pueblos, no solo los cristianos,  han sentido como dogma misterioso de toda redención. Los cuadros desoladores del hambre no son de distinta naturaleza que los del bombardeo de ciudades indefensas, o los de la sumersión de barcos enormes, llenos de niños también. Y nada digamos de los gases asfixiantes y de las aguas envenenadas. En nada atenuaban las proporciones de la derrota de Alemania, por cierto, los que decían que esta había sido vencida por hambre. Maximiliano Harden, el periodista mas popular del Reich en su diario “Die Zunkunf” declara respecto al bloqueo que Alemania: “se encontró presa en su propia trampa”. Y es el mismo Harden quién nos dice que: “esta guerra, tengamos el coraje de decirlo, es nuestra guerra. Alemania la quiso porque debió quererla.” En 1914, un niño belga entre las pavesas de Lovaina atravesado por una bayoneta fue el símbolo de la culpa teutónica, en 1918 un niño alemán que muere de hambre lo es de la expiación.”

Fuertes palabras de Zorrilla de San Martín que se las ha llevado la historia ya que por esas cosas del mundo de los uruguayos solo han sido publicadas en forma tangencial.

Pero, en aras de esta Conclusión debemos buscar una definición mas precisa y técnica para alejar sospechas de parcialidades considerando que aquel conflicto global que movilizo a mas de 70 millones de hombres en un choque continental muestra en casi todas las opiniones en la materia que en 1918 el ejército alemán, pese a las ofensivas fallidas de Ludendorff, parecía poder resistir indefinidamente tras las barreras del Rhin. Vayamos entonces a alguien a quien cualquier historiador debe recurrir en el mundo de las guerras.

Si el historiador del futuro tuviese que elegir alguna fecha decisiva para el resultado final de esta gran guerra probablemente escogería la del 2 de Agosto de 1914, antes siquiera de que la contienda hubiese comenzado para Inglaterra, cuando Winston Churchill envió a la armada real británica, a las 1,25 de dicho día, la orden de movilización general. Esa armada no ganaría ningún Trafalgar, pero pesaría mas que ningún otro factor en la consecución de la victoria para los aliados. Porque la armada inglesa fue el instrumento del bloqueo y a medida que la niebla de la guerra va deshaciéndose y dando el paso a las mas claras luces de la posguerra se ve que dicho bloqueo toma proporciones cada vez mayores y se revela como el agente decisivo de la lucha. Y es que el bloqueo fue como esas camisas de fuerza que solían aplicarse en los calabozos norteamericanos a los prisioneros indisciplinados que comenzaban por inmovilizar al preso para ir después ahogando su respiración y cuanto mas comprimían y mas se prolongaba el tratamiento menor capacidad de resistencia dejaban al prisionero y mas desmoralizadora era su sensación de impotencia.” Esta metáfora, suerte de diáfana percepción profesional del arte de la guerra, fue suscrita por el capitán del ejército británico Basil Lidell Hart en el epílogo de su obra “History of the First World War”. Importantes definiciones de un veterano de aquella guerra del 14 (fue gaseado en el Somme) y consumado estratega que dejo escritas las bases para las tácticas de la guerra mecanizada (la Blitzkrieg), cosa adoptada al entero, al dedillo, por aquel estudioso alemán, el mariscal Von Manstein; o el mismo general Guderian, quienes las aplicaron victoriosamente en Polonia, Francia y la URSS.

Alemania, en 1914, era en muchos aspectos, sean sociales o económicos, el país mas adelantado de Europa. Vicens Vives así lo señala en su obra enciclopédica. Su nivel industrial solo era levemente superado por el Imperio Británico y los EEUU. Pero ya un año adelante en plena lucha los germanos superaban a la Gran Bretaña en esos ítems. La renta pér cápita alemana en este año 14 superaba claramente a la de Francia, nación que era notoriamente inferior en muchos aspectos, entre ellos los porcentajes de alfabetización donde se mostraba al Reich por encima del mundo, incluidos los propios EEUU.

En 1913 de cada 1000 reclutas rusos 576 eran analfabetos; en Francia esa cifra bajaba a una tercera parte, mientras que de cada mil reclutas alemanes solo un 1% era iletrado.

En seguridad social y sanidad pública los germanos se mostraban a la cabeza con varios cuerpos de ventaja y ello se señalaba en rubros que van a poseer su peso dentro de las mentes de los halcones que rodeaban al Kaiser. Alemania se sentía superior, exultante mientras cantaba el “Deutschland uber alles”. (“Alemania sobre todos”)

Es así que en este año 1914 existía el convencimiento de que en los terrenos de la agricultura y de sus industrias conexas Alemania rozaba la autarquía. Y tamaños razonamientos tuvieron fácil eco dentro de las decisiones que se van a tomar en esos meses previos al asesinato del archiduque Francisco Fernando y su morganática esposa por las balas de Gavrilo Princip, en una solitaria calleja de Sarajevo.

Pero, por lo pronto en 1917 todos estos números que hemos vertido habían caído en forma vertiginosa, tanto, que la sustitución de elementos estratégicos no alcanzaba a cubrir las necesidades de los frentes, cada vez más acuciantes. En este mismo año fatal, ya la penuria y el hambre cundían sobre el Reich y nótese que esto se iba a agravar rudamente el año entrante pese a que la caída del Zar y la posterior entrega, por parte de los jefes bolcheviques, Lenin y Trotsky- (el primero haciéndole los deberes al Kaiser que le había pagado para revolucionar Rusia embarcándolo en aquel tren sellado que lo condujo desde su exilio suizo a la frontera ruso-finesa) – de la totalidad de Ucrania y Bielorusia, o sea de los graneros de Europa en manos de los germanos, hacia esto suponer que sus recursos alimenticios enjugarían la brecha. Pero no fue así y en el año final del conflicto ya el racionamiento hería profundamente a las poblaciones de Alemania y Austro- Hungría, esa retaguardia vital de una nación en guerra donde ya las mujeres no se preocupaban de sus esposos e hijos en el frente sino de conseguir un trozo de pan; pan, que, a finales de este 1918 en alguna parte de la geografía centroeuropea se hacía con una tercera parte de aserrín de madera.

Por supuesto que van a surgir voces que afirmen que el bloqueo aliado se vio agravado ya que Alemania fue incapaz de zanjar su problemática demográfica enrolando a elementos civiles indispensables en las tareas de su retaguardia. Pero a vuelo de pájaro si bien ello es comprobable todo supone algo secundario frente a la situación de ruina y carencias que se dieron desde 1917 en adelante. En definitiva ya lo decía Napoleón: “solo los números matan” y el caso del derrumbamiento moral del Reich en 1918 es sintomático y su interpretación debe ser correcta. Es que ya la Guerra de Secesión estadounidense y la de la Triple Alianza habían mostrado su entidad donde los objetivos estratégicos no tenían límite, siendo en proporción los sufrimientos del mundo civil tanto o mas sentidos que los librados sobre los campos de batalla. La guerra total, si bien no era una desconocida pues había nacido con la misma especie humana, mostraba con los medios modernos una faz que iba de vuelta encontrada contra el mismo concepto evolutivo que pretendía la Humanidad.

Cerrando la explicación del significado del bloqueo marítimo en aquella Gran Guerra tendríamos una especial muestra en una página del periódico galo “L´Illustration” donde en una notable caricatura se muestra al generalísimo Ferdinand Foch, luego de la firma del Armisticio, cruzando el río Rhin hacia tierra alemana montando a caballo de un acorazado inglés. Sic.

En el presente, en nuestra exclusiva opinión, la interpretación histórica se halla sujeta a factores posmodernistas que la reducen subjetivamente, de cara a un facilismo obligado por los cambios culturales. Es así que en los grandes centros de enseñanza docente a nivel global se debe recurrir a autores como el egipcio naturalizado como ciudadano británico Eric Hobsbawmn, cuyas obras son el centro de interpretación al que todos deben rendir cuentas. Entonces el protomarxista Hobsbawmn es desde hace décadas el punto obligado bibliográfico para consumar las titulaciones en nuestra enseñanza terciaria, por ejemplo y fue declarado doctor honoris causa por la Udelar en 1999.

Es autor de la llamada “trilogía”, libros considerados centrípetos para el estudio histórico: “The Age of Revolution” (1789- 1848), “The Age of the Capital” (1848- 1875) y “The Age of Empire” (1875- 1914), obras consideradas de cabecera por la crítica ligera y la ortodoxia estatal, unidas fraternalmente a un formidable negocio editorial.  .

Si vamos a sus páginas y analizamos lo que rubrica para esta Primera Guerra Mundial Hobsbawmn se hace eco del denominado aislacionismo estadounidense, el esplendido aislamiento que el presidente Wilson se vio obligado a romper en Abril de 1917 y así salvar a la Gran Bretaña de una segura capitulación por la acción de la contramedida alemana de la guerra submarina total.

Pero Hobsbawmn, siguiendo la línea directriz de Engels y su “materialismo dialéctico”, lo que señala es que los EEUU no entraron al conflicto por una razón moral- subjetivismo “burgués” en su particular raciocinio totalitario- sino para consumar su presencia en el escenario capitalista mundial. Y sobre el bloqueo naval aliado, este autor hace referencia a las posiciones políticas de los países neutrales acusando a la Gran Bretaña de violar el derecho de gentes, de no respetar lo establecido en las Conferencias de La Haya de 1899 y 1907; sus quejas contra el “navicert”, contra los recursos del uso abusivo de la fuerza, contra la interdicción del comercio neutral, etcétera, en definitiva encuadrando el conflicto en una mera disputa entre imperialismos. Simplemente ejercicios de polemología, de un antibelicismo platónico que busca obviar que el uso de la violencia organizada en estos últimos tiempos vio  a la Unión Soviética como el estado, que en la historia, tuvo el mayor presupuesto militar de que se tenga información.

¿Y que nos dice Hobsbawmn de la Segunda Guerra Mundial, ya que esta es el “segundo tiempo” de aquella del 14?  Stalingrado; en primera línea junto al sacrificio del Ejército Rojo y las 25 millones de víctimas que sufrió la URSS en ese cruel conflicto, siendo el esfuerzo de los aliados occidentales algo secundario y devenido de sus errores nacidos en Munich.

Pero, recordemos lo que escribió el entonces capitán de navío Carrero Blanco en 1943, en plena guerra y sin el “diario del lunes”, cuando afirmaba que la URSS dependía del control del mar por los aliados. Entonces, vayamos, siguiendo otra vez a Napoleón con sus números y démonos un baño de ellos recurriendo a las páginas de H. G. Dahms en su crónica sobre la Segunda Guerra Mundial que nos dice que los soviéticos recibieron por mar entre Julio de 1942 y Enero de 1945, o sea antes, durante y después de Stalingrado, una ayuda material que la salvo de la perdición. Pero antes debemos recordar que en el verano de 1942 Alemania controlaba la quinta parte del territorio soviético y que la URSS había perdido el 42% de su industria pesada y que un 25% restante quedaba bajo amenaza de la Luftwaffe, momento en el que se traba la batalla de Stalingrado. “Moscú recibió lo siguiente: “427.284 camiones, 50.000 jeeps, 35.000 motocicletas, 8007 autolocomotoras, 11.000 vagones de mercancías, unas 2.000 locomotoras, 7.600 motores diesel, 90 mercantes, 3.000.000 de neumáticos, quince millones de pares de botas, 14.800 aviones, 13.304 vehículos blindados, 135.000 ametralladoras, 8.200 cañones, un gran navío de guerra, 301 lanchas rápidas, dragaminas y patrulleros, 345. 735 toneladas de explosivos, 415.000 aparatos telefónicos, innumerables máquinas- herramientas, motores y piezas de recambio, cuatro millones y medio de toneladas de víveres en conservas, así como otros productos alimenticios. A partir de Agosto de 1943 cada soldado del Ejército Rojo recibía diariamente media libra de excelente alimento.” (pagina 261, obra reseñada)

Seguramente esto último sean aquellas latas de “corned beef” que elaboraba el Anglo de Fray Bentos que se hicieron famosas en el bando aliado.

Entonces, de esta ingente ayuda occidental que recibía Moscú, solo un 9% le llegaba navegando con bandera soviética, por Vladivostock, aprovechando el pacto con Tokyo, cosa que demuestra la dualidad de criterio de Stalin, la candidez de alemanes e italianos, y la consecuente fortuna que tuvo el esfuerzo de guerra ruso. De ese total un 39% llegaba a manos soviéticas por el Indico, entonces un teatro de notorio peso estratégico pero en el que no operaron los alemanes y solo alguna cosa muy puntual de los nipones. Y el otro 52% restante que completa el ciento por ciento, llegaba por los puertos del Artico, Murmansk y Arcangel, vía Mar de Barents, en una zona de difícil navegación, donde la Royal Navy y la US Navy, en custodia de aquellos convoyes PQ, escribieron una de las paginas mas memorables de la historia naval enfrentado a la flor y nata de la marina de guerra alemana, los Unterseeboote, en una lucha a muerte entre la superficie y la profundidad Allí sí se jugo la baza de Stalingrado, clarísima explicación sobre lo que supone ser la esencia de un conflicto a escala global.

Ya lo rubricaba Liddell Hart asegurando que del esfuerzo de guerra ruso, le llegaba mas de un 66% desde Occidente, en ese sentido un promedio muy superior al de la propia Gran Bretaña que dependía enteramente para su subsistencia del domino de la mar. Ese mismo dominio que en Abril de 1917 los sumergibles germanos habían puesto en extremo peligro amenazando con el hambre a Inglaterra.

En suma, como señalaba el capitán De La Sierra; al fin y al cabo alumno de Carrero Blanco: “las grandes guerras se ganan en la mar”. –

 

Montevideo 2014.----,

 

 

  

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