Historia y Arqueología Marítima

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Por  RAUL ITURRIA IGARZABAL   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2013

 RESUMEN

Se trata de hacer notar cómo, una leyenda de Asia Menor y Grecia, se traslada a América portada por los españoles y termina denominando al río más caudaloso del mundo. También se procura mostrar, ligeramente, la expedición de Orellana desde los Andes hasta el Atlántico, a través de la enmarañada confluencia de los ríos. Tierra de leyenda, desde el primer momento, continúa hoy siendo motivo de curiosas y bien imaginadas leyendas que enriquecen el folklore brasileño y  de la región. En síntesis, una breve incursión en una región rica, fabulosa y llena de misterios y efectuar un reconocimiento a los bravos exploradores que desafiaron mil peligros, navegando en pésimas condiciones y enfrentando mil adversidades.

 I           MITOS Y LEYENDAS - GENERALIDADES

            Este conjunto de creencias y formaciones literarias y/o articulaciones populares, vienen desde el fondo de los tiempos, sus orígenes, caminos y formación son discutidos.  Los límites diferenciales de ellos son, muchas veces, difusos y de difícil determinación conceptual, por más que cada palabra simbolice cosas, aparentemente, distintas.

El diccionario de la lengua, define al mito, como:

1) “Ficción alegórica, especialmente en materia religiosa.” Y luego trae dos acepciones más:

2) “Relato o noticia que desfigura lo que realmente es una cosa, y le da apariencia de ser más valiosa o más atractiva.”

3) “Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima”.

En cuanto a la leyenda, entre sus numerosas acepciones, cabe destacar o apuntar algunas  de ellas:

1)”acción de leer”,

2) obra que se lee,

3) Historia o relato de la vida de uno o más santos.

4) Relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.

5) Composición poética de alguna extensión en que se narra un suceso de esta clase”.

Como podemos ver, poca diferencia surge de la segunda acepción de mito con la cuarta de leyenda. Ambas construcciones parten de algo cierto y luego la imaginación las reelabora y pone acentos irreales para engrandecerlas, transformándolas en especies alejadas de lo real, a tal punto, que aunque la razón indique otra cosa, los individuos las aprenden, modifican y divulgan por un imperativo difícil de explicar.

 II          MITOS

En lo que hace a mitología, lo más conocido aceptado y divulgado, está integrado por las mitologías griega y romana, que son similares expresiones de las creencias de aquellos pueblos.

En América el libro que analiza el origen de los tiempos, antes de la conquista, es el Popol-Vuh. De este libro sagrado, nos dice Arturo Capdevila (en su Popol-Vuh descifrado): “...es la Biblia de los Mayas-Quichés de Guatemala y Yucatán; y los Mayas-Quichés son el pueblo más sabio de América.” (Colección Buen Aire, Bs. As. 1945).

Pasa luego a relatar cómo se salvó tan importante documento y las dificultades para su inteligencia, de ahí que él haya abordado la tarea de hacerlo inteligible al común de las gentes, quitándolo -de ese modo- del cerrado ámbito de los eruditos. Atribuye su salvación a dos religiosos, el fraile dominico Francisco Ximénez y el Abate francés Carlos Esteban Brasseur de Bourbourg, que rescataron el documento y estudiaron contenido y antecedentes del mismo, buceando en los oscuros mares del pasado maya.

El territorio de América, de nuestra América, generó culturas que han dejado restos impresionantes de su sabiduría en materia de ingeniería, arquitectura, hidráulica y de  astronomía, y también, expresiones majestuosas en  escultura y  pintura. 

En Mayo de 2002, se celebró en Madrid una magnífica exposición, titulada “El País del Quetzal -Guatemala Maya e hispana”- Una muy cuidada selección de obras mostraban los dones de la cultura precolombina. Y era de ver la modernidad de las pinturas que se realizaron muchos antes de las expresiones europeas de los dos siglos pasados!

 III          LEYENDAS

Si dejamos el ámbito de lo religioso para los mitos, podemos señalar que la “leyenda”, es propia del espíritu humano, que tiene tendencia a maravillarse y por ello, engrandecer acontecimientos de los que es testigo o tuvo noticia, por sus mayores. Las leyendas nacen sobre la base de un hecho cierto y luego crecen, aumentan la importancia de aquel y se difunden de modo similar como las coplas, cuentos y otras creaciones de la mente humana, al final, si es que puede señalarse un final, tienen más de imaginación que de realidad. No obstante ello, además de la importancia literaria, permite conservar de generación en generación y de cultura en cultura, rasgos propios de un tiempo o de un lugar.

Las mismas leyendas que llegan como parte del equipaje de viajeros o inmigrantes, se adaptan luego al nuevo sitio  adonde llegan y se acriollan. Veremos en ejemplos que tratamos, más adelante, como adquieren nacionalidad americana, muchas que nacidas en lejanas tierras, como India, Asia Menor y Europa, aquí se avecindan y adquieren caracteres propios del paisaje físico y cultural en el cual se asientan.

Las generalidades del tema las hemos trata con anterioridad, aquí relataremos algunas leyendas que reputamos de interés o de importancia.

 IV         LEYENDA DE LAS AMAZONAS

“Nunca jamás, a lo que pienso, hombre ninguno navegó tantas leguas por río como Francisco de Orellana por éste, si de río Grande se supo tan presto el principio y fin como déste.” (Francisco López de Gómara, en Historia General de las Indias).

            El río más caudaloso del mundo tiene por nombre: AMAZONAS. ¿A qué se debe tal denominación? ¿Tiene que ver con las Amazonas del Asia Menor?

Apenas Gonzalo Pizarro llega a Quito y toma posesión de la provincia o territorio que su hermano mayor Francisco Pizarro le había otorgado para  su exploración y colonización, oye una serie de leyendas o narraciones fantásticas que cunden entre los indígenas y se meten en la imaginación y mente de los españoles.

Estos españoles, vienen de una tierra seca, árida, escasa de lluvias  y ajena a las selvas. Aquí -en el nuevo y raro mundo- al que llegan los ibéricos, todo es de fantasía y de leyenda, el clima tórrido, los ríos enormes y correntosos, la flora exuberante, la fauna extraña, variada y desconocida. El deseo de aventura, la lejanía de la Patria y de la familia y amigos, todo se conjura para generar en el espíritu de aquellas gentes un mundo real e imaginado, que tuerce la verdad, anima la acción y lleva a los lindes de la locura, el deseo de gloria y de riqueza.  Ya en Quito corren en versiones, tres leyendas. La Leyenda del Dorado, la de la Canela y la de las Amazonas.

El Dorado” es propio de la atracción que el oro ejerce sobre los hombres, y en la medida en que se cree que América es abundante en oro, despierta la ambición y genera múltiples expediciones, que terminan con más muerte y tragedia que riquezas. Se habla de un reino donde el metal es fácil de obtener. Se dice que existe un cacique que se envuelve en polvo de oro y se tira a una laguna, donde con el paso del tiempo se va acumulando el metal. En fin, mucha fantasía, que según algunos, los indios se encargaban de exacerbar con tal de sacarse de encima a los hombres blancos y lanzarlos en locas correrías.

Se le dijo a los expedicionarios de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que quienes poseían el oro eran las “Amazonas”, lo mismo oyó la gente de Gonzalo Pizarro, y ahí se ataron dos leyendas, el dorado y las amazonas.

En cuanto a la Canela, los españoles gustaron algunos alimentos aderezados con el gusto de esta planta o tal vez, mejor, de sus flores. Ello ocurrió en el Incario, y pensemos que la fiebre del descubrimiento de los caminos de África y rumbo a Asia, se fundaron en la necesidad de acceder a las especies, y aquí había una de gran valor, que estimuló la expedición de los Andes al este.

La tercera leyenda de “las Amazonas”, surge como consecuencia de las informaciones repetidas en los mismos años, a los exploradores de Paraguay y de Quito, donde los indios señalaban la existencia de un reino habitado y mandado sólo por mujeres. Mujeres guerreras, muy fuertes, bellas y poseedoras de grandes riquezas en oro y plata.

Estas tres leyendas imbricadas entre sí, acicatearon el interés de Gonzalo Pizarro y de su gente, y prepararon la expedición de que hablaremos más adelante.

Pero antes aún, que apareciera la leyenda americana, existía ésta en el viejo mundo.

Las Amazonas” integran los legendarios relatos insertos en la mitología griega, y son por tanto una creación de aquella cultura: “Las Amazonas son un legendario grupo de mujeres guerreras que vivían en la ciudad de Temiscira, en el Mar Negro (Ponte Euxino)”.

Hipólita reina de ellas, era hija de Ares el rey de la guerra, y su padre le había dotado de un cinturón que le otorgaba gran poder.  Euristeo, le pidió a Hércules que le trajera ese cinturón. Tras él fueron, Hércules y Teseo, lucharon con ellas y obtuvieron el preciado bien, pero Teseo se enamoró de la amazona Antíope y se la llevó con él. Y he aquí dos versiones, una que fue raptada, la otra que Antíope también se enamoró y lo siguió por propia voluntad. El rapto de Antíope desató la guerra y las Amazonas atacaron Atenas, pero Teseo la defendió valientemente y triunfó sobre las Amazonas, aunque fue muerta su enamorada, en la lucha.

Existen muchas otras versiones acerca de la acción guerrera de la mujeres enemigas de los hombres, se les atribuye parte principal en la derrota de los Persas.  Homero las menciona en la Ilíada, de manera tangencial.  Herodoto se ocupa ligeramente de ellas, en un pasaje las llama ”amazonas” y en otro “oyorpata”, de “oyor” varón y de “pata” matar. O sea, las “matavarones”, por el rechazo que tenían hacia éstos.  Monlau, en su diccionario etimológico nos dice: “Amazona. Amazon: de la “a” privativa y de “mazón”, mama, teta: esto es, sin-mama. Las amazonas formaban una nación de mujeres guerreras, que desde niñas se cortaban o cauterizaban la mama derecha, para a su tiempo, poder disparar el arco con toda soltura y destreza. Habitaban según se cuenta, las riberas del Termodonte (Asia Menor), tenían una reina que las gobernaba, y no consentían hombre alguno en su compañía”.

En igual sentido, el diccionario enciclopédico Hispano-Americano, nos dice: “Los griegos atribuían a las amazonas existencia histórica, suponiéndolas una pléyade de mujeres guerreras venidas desde el Cáucaso y que habitaban las riberas del Termodón, en el Asia Menor. Una falsa explicación del nombre de estos personajes mitológicos dio pie a la fábula de que se mutilaban la mama derecha para tirar más fácilmente el arco”.

En altos relieves del templo dedicado a Ares, en el de Atenea Niké, y Partenón,  Acrópolis aparecen las amazonas, también las presentan derrotadas por Teseo, en otros casos, pero siempre dedicándoles un espacio de absoluta importancia. También aparecen en vasos decorándolos.

Los exploradores españoles y/o sus cronistas, conocían tales leyendas y las trasladan a América, al tener noticias de mujeres poderosas y guerreras que habitaban parte del continente en exploración.

El cronista de Mendoza, el alemán Schmidl, nos hace un pormenorizado relato de la expedición que integró, por el río Paraguay al Norte. Estando en el mando el segundo Adelantado don Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ordenó realizar una incursión hacia el norte en búsqueda de tesoros,  poniéndola bajo la conducción del Capitán Hernando de la Ribera, quien con un buque y 80 hombres emprendió tal misión. Después de largos contactos con varias tribus indígenas, entre ellas los Surucusis, Yacarés y Jerus, viajando por tierra, encontraron oro y plata que les fue regalado por los indios. Pero estos manifestaron que era oro y plata que habían capturado a las “Amazonas”, que lo poseían en gran cantidad.

Tal dato acicateó la codicia del Jefe, de Schmidl y demás exploradores, que anduvieron largas jornadas entre ciénagas, pasando hambre y todo género de privaciones, tras el país  de las  famosas guerreras. A su respecto, dice el cronista: “Entonces marchamos contra esas Amazonas. Tienen esas mujeres un solo pecho y se juntan y tienen comunicación carnal con sus maridos tres o cuatro veces en el año. Si entonces se preñan y nace un varoncito, lo envían a casa del marido; pero si es una niñita la guardan con ellas y le queman el seno derecho para que éste no crezca y pueda así usar sus armas, los arcos, pues ellas son mujeres guerreras que hacen la guerra contra sus enemigos. Viven estas mujeres amazonas en una isla, que es grande y está rodeada por agua y hay que viajar en canoa si se quiere llegar allá. En esta isla las Amazonas no tienen oro ni plata, sino en Tierra Firme, que es donde viven los maridos; allí tienen gran riqueza y son una gran nación que tiene un gran Rey llamado Iñis, como después nos dijo el Ortués”.

Esta excursión que cuenta Schmidl, es posterior al descubrimiento de Orellana del Amazonas, y permite extraer dos conclusiones: la primera que los Indios varones manejaban la “Caja” y no las mujeres; y la segunda que en ese tiempo no tenían caballos para montar, tal como las ha representado, después, la historia y la leyenda.

Cuando Francisco de Orellana, comisionado Gonzalo  Pizarro, inicia su expedición por los grandes ríos, que naciendo en las estribaciones de los Andes se extendían hacia el este, comienza una verdadera odisea o hazaña  de las tantas que jalonan la historia del descubrimiento y exploración de América.

El dominico Fray Gaspar de  Carvajal, cronista de dicho acontecimiento, nos relata en breves pero bien escritas páginas, las peripecias sufridas por Orellana y sus compañeros.  Lo que nos interesa acá es sus detalles sobre las Amazonas. Según el referido cronista, tenían noticias de las mujeres guerreras, ya en Quito. Luego, las narraciones al respecto, la escucharon de los indios, hasta que debieron enfrentarse en cruenta batalla con tan famosas mujeres.

En términos generales, la crónica de Carvajal coincide con la de Schmidl, aunque abunda en detalles, pues según Carvajal, ellos las vieron y lucharon contra ellas, a diferencia de la expedición de que da cuenta el alemán, que sólo supieron de las guerreras por  testimonios.

Nos cuenta Carvajal: “Quiero que sepan cuál fue la causa por que estos indios se defendían de tal manera. Han de saber que ellos son sujetos y tributarios a las amazonas, y sabida nuestra venida, vanles a pedir socorro y vinieron hasta diez o doce, que éstas vimos nosotros, que andaban peleando delante de todos los indios como capitanas, y peleaban ellas tan animosamente que los indios no osaban volver las espaldas, y al que las volvía delante de nosotros le mataban a palos, y esta es la causa por donde los indios se defendían tanto.  Estas mujeres son muy blancas y altas, y tienen muy largo el cabello y entrenzado y revuelto a la cabeza, y son muy membrudas y andan desnudas en cueros, tapadas sus vergüenzas, con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra como diez indios;  y en verdad que hubo mujer de éstas que metió un palmo de flecha por uno de los bergantines, y otras que menos, que parecían nuestros bergantines puerco espín” (pág. 127). (Este encuentro con las Amazonas ocurrió el 24 de junio de 1542)

Más adelante, cita el testimonio de indios, de lo que resulta, que: “… Estas mujeres integran muchos pueblos, son adoradoras del sol, y  capturan hombres para tener relaciones y reproducirse ... y después que se hallan preñadas les tornan (a esos hombres) a enviar a su tierra sin hacerles otro mal; y después, cuando viene el tiempo que han de parir, que si paren hijo le matan y le envían a sus padres, y si hija, la crían con muy gran solemnidad y la imponen en las cosas de la guerra”.-(pág. 130). Agrega, que poseen grandes riquezas en plata y oro.

Es por demás interesante, como esta leyenda asiática y europea,  se extiende a la América indígena, por parte de los conquistadores. Seguramente, debe ser verdad, la existencia de mujeres guerreras y de tal hecho cierto, se construye luego esta leyenda. La creencia generalizada, es que la palabra amazona, identifica a la mujer jineta, y como vemos en esta americana, no existían caballos de uso generalizado, los pocos que habían, estaban en poder de los españoles y por tanto, los indígenas, hombres o mujeres, no contaban con ellos, para desplazarse y guerrear.

 V     LA EXPEDICIÓN DE GONZALO PIZARRO Y FRANCISCO DE ORELLANA

Se preparó suficientemente la expedición que saliendo de Quito buscaba el mar del norte y que iba detrás de la canela y el Dorado.  Según Humberto Pérez de la Ossa, se componía la partida de alrededor de 200 españoles (la cifra varía según los distintos historiadores), 4000 indígenas, más tarde se les sumó Orellana con 23 hombres más.  Llevaban más de 200 caballos, arcabuces, ballestas y municiones abundantes y de todas las especies. Llamas como bestias de carga y que podía servir para la alimentación, 2.000 cerdos y casi otros tantos perros, útiles para la caza y auxiliar en la lucha con los aborígenes.  Parecen exagerados estos números.

Después de dejar las zonas altas, sierras y otros obstáculos, llegaron a un valle llamado ZUMACO, donde establecieron campamento. De allí Pizarro hizo una exploración a pie y acompañado por 80 compañeros. Al fin, después de numerosas penalidades, alcanzaron y encontraron el árbol de la canela (nectandra cinamonoides). Pero con ello el desencanto, pues eran árboles pequeños, muy espaciados en la selva y sin poseer el aroma de la canela que conocieron en el incario.

Ante las dificultades de seguir la expedición por tierra, resolvieron construir y construyeron un bergantín para poder desplazarse hacia el este por los ríos, llevando en el bergantín los bastimentos y seguir otros hombres con los caballos por tierra. Se hizo el bergantín  “… estanco y recio, aunque no muy grande …”.

Al tener datos de los indígenas de que más adelante había valles y abundancia de comida. Orellana se ofreció a ir en procura de alimentos que escaseaban en el campamento, “Y confiando quel capitán Orellana lo haría ansí como lo decía, por que  era mi teniente, dije que holgaba que fuese por la comida y que mirase que viniese dentro de los doce días y por ninguna manera lo pasase de las juntas de los ríos, sino que trajese la comida…” (Pizarro).

La navegación comienza el 26 de diciembre de 1541 y finaliza en Santo Domingo, cuando allí llega Orellana el 22 de noviembre de 1542. ¡Casi un año! Mil peripecias. Enemigos: la selva, los pantanos, los mosquitos, víboras y todo género de animales salvajes que acechaban por las noches; los indígenas, las flechas envenenadas, la falta de alimentos y la precariedad de los navíos. Ya que lograron construir otro y así los bergantines fueron el San Pedro y el Victoria. (Curiosamente el mismo nombre que la nave que dio la vuelta al mundo al mando de Magallanes y de Elcano).

 VI         LA RUTA FLUVIAL DE ORELLANA

            Era preciso buscar alimentos, eran necesarios para sobrevivir, y al tener noticias que al este habrían de encontrarse,  pero Orellana no vuelve, y en versión de su jefe Pizarro, se habría consumado una traición, el padre Carvajal y Orellana opinan lo contrario. En efecto, después de un cierto trayecto se pensó en regresar o enviar una comisión, que volviera al sitio del campamento, pero eso no era posible. Una cosa es navegar a favor de la corriente y otra remontarla.  De modo tal, que no se pudo cumplir con la intención primaria y que ordenó la navegación hacia el este.

Todo era desconocido y el trayecto cumplido por varios y caudalosos ríos fue producto de la improvisación alimentada por una fuerte intuición, que les fue acercando a los cauces mayores, metiéndose sin saberlo en gran río al que se bautizaría como Amazonas.

La larga navegación estuvo signada por permanente lucha con los aborígenes, salvo algún caso muy concreto en que obtuvieron aceptación y apoyo, el resto del tiempo tuvieron que obtener los alimentos mediante lucha, que generó innumerables pérdidas de hombres.

El episodio más curioso y sobresaliente, fue el enfrentamiento con las Amazonas, las que llenaron de flecha las maderas de los navíos. Al respecto¸ en el enfrentamiento el padre Carvajal fue herido en un ojo, perdiendo esa vista, y siendo tratado en las pésimas condiciones que hacer podía.

Después de mil peripecias, de perder hombres por enfermedad, hambre y flechas envenenadas, llegaron a un gran estuario, compuesto por mil canales. Descifrado el camino de este laberinto debieron hacerse a la mar. Para ello debieron preparar sus rústicos navíos, con jarcias hechas de lianas y velas con los abrigos,  que para el sueño portaban.

 VII        ENCUENTRO CON EL MAR

            Y aquí comienza otra hazaña, si era preciso agrandar la epopeya. En aquellas cáscaras flotantes hacer el camino al norte buscando  llegar a algún lugar civilizado por otros expedicionarios compatriotas.

Veamos el relato del Padre Carvajal: "El sábado 26 de agosto, festividad de San Luis, antes de rayar el alba, desplegaban ambos bergantines sus velas y salían a la mar por entre la isla grande de Marajo y otra más pequeña que queda hacia el Norte. Esta boca tiene el ancho, de punta a punta, cuatro leguas, e vimos atrás bocas mayores que ésta por donde salimos a la mar;  é según hombres expertos a la muestra quel río hacía de muchas islas e golfos e bahías, cincuenta leguas  atrás antes que saliésemos, bien se manifestaba quedar otras bocas a la mano diestra, como veníamos…"  

Continúa el relato: "Los dos bergantines¸ Victoria y San Pedro¸ que con tales nombres fueron bautizados el mayor y el pequeño¸ fueron navegando en conserva durante cuatro días¸ unas veces a vista de tierra y otras un tanto alejados de la costa."  Más  adelante se perdieron de vista ambas embarcaciones y fueron a juntarse sanas y salvas, el 11 de setiembre en la isla Cubagua.

 VII        OTRAS LEYENDAS QUE PERTENECEN AL AMAZONAS O A LA AMAZONIA

Luis Da Câmara Cascudo, insigne folklorólogo del nordeste brasileño, nos cuenta la siguiente leyenda, acerca de la creación del Solimóes: "Hace muchos años la Luna era novia del  Sol, que con ella se quería casar, pero eso no aconteció, porque si se llegaban a casar, se destruiría el mundo. El amor ardiente del Sol quemaría el mundo y la Luna con sus lágrimas inundaría la tierra, por eso no se pudieron casar. Por ello se separaron.  La luna lloró todo el día y toda la noche, fue entonces que las lágrimas corrieron por la tierra hasta el mar. El mar no pudo mezclar sus aguas con las lágrimas de la luna. Al final las lágrimas de la luna dieron lugar al poderoso río Solimoes, base del Amazonas." (Antología del Folclore brasileiro,  volumen I, pág. 237)

Y haciendo honor a las leyendas que serpentearon en su geografía y en su cauce, siguen tejiéndose leyendas, tomando como motivo su flora y su fauna, maravillosas expresiones de grandeza, misterio y energía que inunda las mentes y agudiza la imaginación.

A) La leyenda del Irupé

Es el Irupé (victoria cruciana), una bella planta acuática que adorna los ríos de la Mesopotamia Argentina y del norte de Brasil, con enormes hojas que  pueden llegar a los dos metros de diámetro. Tales hojas flotantes permiten que un ave pueda posar en ellas sin hundirse. Lucen hermosas flores coloradas y blancas y por todas esas características tan especiales, ha dado lugar a la creación de leyendas que procuran explicar su origen.

Una versión, señala que una hermosa india se enamoró de la luna. Quiso alcanzarla para poseerla en sus brazos. Subió a altos árboles, a los cerros, pero nunca pudo a acceder a ella. Triste, desmoralizada por no lograr el objetivo propuesto, la vio un día reflejada en el agua, y se lanzó tras ella, pero desapareció cubierta por las aguas. “Entonces Tupá,  compadecido, la transformó en irupé, cuyas hojas tienen la forma del disco lunar y que miran hacia lo alto en procura de su amado ideal”, tal la versión de Eugenio Castelli en su “Antología cultural del litoral argentino”, pág. 156.

Más romántica, aún, es la versión que nos muestra Ernesto Morales en “Leyendas Guaraníes”. Según ella, Morotí y Pita eran dos jóvenes guaraníes que se amaban mutuamente.  Morotí segura del gran amor que Pita le prodigaba, quiso demostrarlo ante un grupo de jóvenes, arrojando su brazalete al río y pidiéndole a Pita que se lo devolviera.  Pita se  lanzó al agua con tal de complacer a su  amada, y aunque  era un gran nadador, no volvió a salir a la superficie, generando tristeza y preocupación en toda la tribu.

Arandú, que era el hechicero de la tribu, explicó que: “Pita es ahora el prisionero de ”I cuña paye”  (Hechicera de las aguas). Hundido en las aguas, Pita se ha visto preso por la propia hechicera, y conducido a su palacio. Allí, Pita ha olvidado toda su vida anterior; ha olvidado a Morotí¸y se ha dejado amar por la hechicera; por eso no vuelve. Es necesario ir a buscarlo. Se halla ahora en la más rica de las cámaras del palacio de Icuñá payé. Y si el palacio es todo de oro, la cámara donde ahora está Pitá se halla en brazos de la hechicera, está fabricada con diamantes. Bebe olvido en los labios de la hermosa I cuñá Payé que tantos guerreros nos ha robado. Por eso Pitá no vuelve”. Según Arandú (el hechicero), Morotí era la única que podía rescatarlo y así lo intentó, atándose un peñasco a sus pies se arrojó a las aguas, sin que volviera tampoco a la superficie.

Al amanecer se vio flotar sobre las aguas las hojas de una planta desconocida: era el Irupé. Y  vieron aparecer una flor hermosa y rara, tan grande, bella y aromosa, como nunca vieron otra flor sobre la tierra. Sus pétalos eran blancos los del centro y rojos los del exterior. Blancos como era el nombre de la doncella desaparecida: Morotí; rojos como el sacrificio del guerrero: Pita. Exhaló un suspiro la flor bella y volvió a sumergirse en las aguas. Arandú (el Hechicero) fue quien habló, explicando lo que ocurría a sus desconsolados compañeros. Dijo: -“Pita ha sido rescatado por Morotí. ¡Alegrémonos ¡ Ellos se aman!  La malévola hechicera que tantos guerreros nos ha robado para satisfacer su amor, ha sido vencida por el amor humano de Morotí. ¡Alegrémonos! En esa flor que acaba de aparecer bajo las ondas, yo he visto a Morotí en los pétalos blancos que abrazaban y besaban como en un rapto de amor a los pétalos rojos. Estos pétalos rojos representan a Pita. El amor humano ha vencido. ¡Alegrémonos!” (obra citada págs. 59 a 62).

B) Botó

            Botó es un  mamífero acuático que vive en los ríos de la Amazonia. De noche pasa por un joven y bello conquistador que disfrazado de ropa blanca y sombrero encanta a las mujeres en los bailes, y que terminan en estado de gravidez, seducidas por Botó; siendo por lo tanto padre de mucha gente de la región. Pero en otra faz, es protector durante los naufragios, salvando a las mujeres.

C) Juruparí

Es hijo de una virgen y es quien determina las leyes. El sol lo envió a la tierra para que se casase con una mujer perfecta, pero como no la encuentra no puede regresar al cielo. Nada se le puede pedir perdón, y no hay súplica que ablande su corazón; pero bajo la obediencia de sus ritos se puede transformar la persona en un guerrero inmortal.

D) O caaporá

            En Tupí quiere decir “habitante del monte” y es el protector de la fauna, corriendo tras los cazadores y otras personas que quieren dañar aquella. Es bajito, todo cubierto de pelos y luce cabellos largos, gusta fumar y tomar caña. Siempre lleva en la mano una caña de tacuara y se le ha visto montado en un chancho salvaje.

E) O Mapinguarí

            Se trata de un gigante impiadoso, bicho perezoso y  oscuro,  que vaga por la selva cubierto con un manto. Sus manos son garras y sus pies orientados hacia atrás, siempre anda con hambre. Sólo es vulnerable en el ombligo. Se dice que es el hombre de las nieves de los Andes que descendió a los ríos. 

Como el Mapinguarí, los ríos que terminan conformando el Amazonas, nacen en los Andes, y al impedirle la cordillera el acceso al vecino océano Pacífico, recorren miles de kilómetros hasta encontrar el seno maternal del Atlántico, que les recoge. Y ese largo camino de navegación fluvial y luego marítima, que es una de las mayores hazañas de la exploración europea en América, es el motivo de este trabajo. 

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