Historia y Arqueología Marítima

HOME EL NAUFRAGIO DEL ATLAS EN LA ENSENADA DE CASTILLOS Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por   JUAN ANTONIO VARESE  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2013

 RESUMEN

Este episodio se encuadra dentro del Asiento, es decir del tráfico de esclavos fricanos en el Rio de la Plata, y resulta revelador de la política colonial de la época y la actitud venal de algunos gobernadores, entre ellos el corrupto Manuel de Velazco, que terminó encarcelado por defraudación a la Corona.

La Compañía de Guinea, autorizada para el tráfico de esclavos, apenas pudo cumplir con el 40% de los envíos convenidos, siempre fue entorpecida por los trámites administrativos.  Para compensarla, no olvidar que pertenecía al Rey de Francia, pariente de Felipe V Borbón de España, se permitió por única vez el envío de un navío con cargamento de armas, municiones y géneros y permiso para venderlos en plaza.

El Atlas, al mando del Capitán Le Roux, experto conocedor de las aguas del Rio de la Plata, arribó a Buenos Aires en febrero de 1708. La venalidad de Velazco volvió a ponerse de manifiesto al exigir la cantidad de $ 50.000 para permitir el desembarco y luego de recibido el dinero para permitir la descarga y venta simultánea con la de otros navíos surtos en el puerto.

Finalmente el Atlas pudo concretar la operación y cargar la embarcación con cueros y frutos del país para llevar de regreso a Francia. Partió de Buenos Aires el 29 de noviembre y por problemas que no tienen claros encalló y naufragó el 2 de diciembre siguiente.

Para George Hays, el responsable de la Compañía, el siniestro tuvo lugar en  la Ensenada de Castillos y para el Abate Louis Feuillé, que se cruzó con el Atlas a la altura de la isla de Flores, en la costa del Pan de Azúcar. Pero las complicaciones continuaron. Parte del cargamento fue rescatado y, al comprobarse la existencia de barras de oro y plata, ordenándose el depósito judicial. El problema recién comenzaba… 

Un naufragio cargado de historia, podríamos titular al del Atlas, lo que permite algunas reflexiones sobre los comienzos del tráfico de esclavos en el Rio de la Plata, Referencia poco frecuente  porque, si bien muchas han sido las desgracias marítimas ocurridas con motivo del vil tráfico, pocas fueron las denunciadas y menos aún las registradas en los expedientes coloniales.

La llegada de los Borbones al trono de España facilitó el acceso de naves francesas a sus dominios, en procura de comercio y explotación del rentable negocio de la venta de esclavos, hasta entonces mayoritariamente en manos de los portugueses y en distintas regiones de ingleses y holandeses. El Rey Felipe V, Borbón recientemente accedido al trono de España, aprobó el Asiento a favor de la Compañía de Guinea por decreto del 26 de marzo de 1702. El tema de la trata ha sido desarrollado en profundidad en el libro de Elena F. S. de Studer.[1]

Pocos meses después, en julio de 1702 partió un primer navío hacia Buenos Aires, el Aigle Noir, al mando del capitán Pierre Le Roux, para trabar contacto con las autoridades de Buenos Aires y al mismo tiempo buscar un lugar adecuado para establecer la sede. La nave, en vez de hacer trayecto directo, primero tomó rumbo a la costa de África en procura del cargamento humano. Pero las cosas se complicaron y el navío llegó por fin a Buenos Aires tras después de una serie de peripecias recién en marzo de 1703. No llegó sola sino que conducía como presa al Don Carlos, nave tomada en corso durante el trayecto.

La actividad de la Compañía de Guinea, no obstante la voluntad real y los esfuerzos del personal encargado no tuvo continuidad, sufriendo a cada paso complicaciones técnicas, administrativas y económicas. Del cupo de esclavos asignado solo pudo llegar a completar un cuarenta por ciento.

Entre los motivos no estaba ajena la venalidad del gobernador  Juan de Valdés de Inclán, tan estricto en los aspectos formales como corrupto en la exigencia de dádivas y comisiones. Al punto de que terminó destituido y en prisión ante las reiteradas denuncias del pueblo de Buenos Aires.

Para compensar las pérdidas de rentabilidad o los gastos sufridos por la Compañía de Guinea ante las exigencias del gobernador, el rey Felipe V autorizó por única vez el envío de una nave con cargamento de armas, municiones y mercaderías varias de Francia por un monto de $ 100.000. No alcanzaba el permiso de envío, le era necesario también el correspondiente permiso para venderlas en plaza.

El navío permisario resultó ser el Atlas, de 50 cañones y 220 hombres de tripulación al frente del cual estaba el capitán Pierre le Roux. La nave partió de La Rochelle el 5 de setiembre de 1707 y arribó a Buenos Aires recién en febrero de 1708.

Resulta interesante en este momento brindar un panorama del Buenos Aires de entonces, con una población cercana a los 2.000 habitantes, para lo cual contamos con una descripción, lamentablemente fragmentaria, escrita por el Capitán Martín du Bassin, al frente de las tropas que transportaba el Atlas.[2]

 Algunas de sus reflexiones sobre la vida privada resultan reveladoras, en especial en lo que atañe a la vestimenta femenina: “… La vestimenta de las mujeres es más suntuosa que la de los hombres y cuando quieren lucirse se ven muy bellas faldas de tela de oro y plata mezcladas a veces con colores, otras con seda y hermosos brocatos sobre los cuales llevan un pequeño sortu de hombre de tela ligera. En cuanto al peinado no hacen el furioso gasto de Francia puesto que las damas españolas y toda las mujeres del país andan con la cabeza descubierta y su hermosa cabellera bien trenzada hacia atrás. La protegen por medio de un gran velo de tafetán que les cae casi hasta los talones y que, recobido por debajo hasta la cintura, forma una especie de segundo vestido con cola cuadrada y muy amplia, lo que produce un efecto muy bonito. Por encima del velo de tafetán llevan un velo muy delgado y claro que dejan caer cuando andan por la calle, para protegerse del polvo …”.

Y respecto de las prendas vendidas señala que “… es una buena previsión traer ropa vieja a estos lugares pues se vende cara. No se trata de que sean telas buenas y bellas puesta compran tanto las buenas como las malas siempre que se sientan deslumbrados. Se les vende lo que se quiere, son muy extravagantes en sus fantasías y por eso les gustan los colores fuertes.  Como muy raramente usan corbatas pero sí grandes y largos cuellos de encaje o de punto, las viejas prendas de mercería que no gustan más en Francia tienen un muy alto precio en Buenos Aires. Los sombreros grises son preferidos a los negros y se venden muy caros …”.  Interesantes estas reflexiones porque demuestran detalles de la vida privada de entonces.

Detalle complementario pero no menos importante resultó la circunstancia de haber transportado como pasajero a don Manuel de Velasco y toda su familia, quien venía a asumir el cargo de gobernador. Un ilustre pasajero que no solo fue transportado gratis sino que por la corrupción a que nos hemos referido precedentemente, se empeñó en complicar y demorar las operaciones comerciales que tenía prevista realizar la embarcación.[3]

Para dar una idea de lo vergonzoso de la actitud del gobernador Velazco, que con pretextos y dilatorias exigió del Capitán Le Roux la cantidad de $ 50.000 para permitir el desembarco y la venta de los artículos, baste señalar que cometió la increíble torpeza de permitir la descarga previa de los navíos L´Esperanze y L´Isabelle, que habían comenzado mucho después la operación pero que le pagaron la suma de $ 45.000 la operación. Razón por la cual, cuando le tocó el turno a la descarga y venta de los productos transportados por el Atlas, la pequeña plaza comercial que era Buenos Aires se encontraba saturada totalmente saturada. Le Roux hubo de dejar la mercadería bajo la custodia de tres factores encargados de arrendar un local de almacenamiento y custodia de los bienes hasta que la plaza recuperara un poco de comerciabilidad.

Respecto de la contrapartida de adquirir cueros y frutos del país los encargados del Atlas hubieron de pagar un precio exorbitante, también debido a las maniobras del Gobernador Velazco, que pareció haberse ensañado con los responsables de la nave que lo transportó gratuitamente hasta Buenos Aires.

Todo lo antedicho demoró el regreso del Atlas, que recién partió de Buenos Aires el 29 de noviembre siguiente.

En circunstancias no conocidas, a principios de diciembre, el navío naufragó en la costa de la Banda Oriental.  Respecto del lugar del siniestro contamos con dos testimonios diferentes, que analizaremos a continuación:

I)              Para George Hays, director de la Compañía del asiento francés en Buenos Aires, el siniestro se produjo en “los Castillos”, a unas 40 millas al este de Buenos Aires.[4]

II)             Para el Fray Louis Feuillé, testigo casi presencial de los momentos previos al siniestro, se ubicaría sobre la costa del Pan de Azúcar, región del Maldonado, un poco más allá de la isla de Flores.

El padre Feuillé, O.M. a su regreso a Francia publicó el “Diario de observaciones físicas, matemáticas y botánicas realizadas por orden del Rey en las cosas orientales de la América meridional y en las indias occidentales desde el año 1707 hasta 1712”.  En el capítulo referente al Rio de la Plata describe las vicisitudes del viaje.[5]

Embarcado en el navío Saint Jean Baptiste al mando del capitán Jean Francois Doublet rumbo a la Mar del Sur, arribó a Buenos Aires, de donde partió de regreso a Francia el 17 de octubre de 1708. Ante las inclemencias del tiempo la nave optó por anclar frente a Montevideo. El 19 estaban a la vista del cerro, echando anclas cerca del navío francés Notre Dame de L’Asomption, comandado por Alain Porée, que había zarpado de Saint Malo en febrero de 1708 en viaje hacia el Mar del Sur pero hubo de recalar en Montevideo en espera de mejor época para cruzar el estrecho de Magallanes.

Permanecieron más de un mes en la costa de Montevideo, pernoctando en carpas y recorriendo la costa.  El 29 de noviembre, finalmente, partieron de Montevideo rumbo a Francia. En palabras textuales: “… El 29 de noviembre partimos por la mañana, en compañía del Atlas con un viento del nornoroeste que calmó poco tiempo después y las corrientes, que nos arrojaron sobre la punta de Piedras, nos obligaron a fondear. Al día siguiente, el 30, nos hicimos a la vela con los vientos de tierra. Una fuerte bruma que se levantó y nos ocultó la costa, nos hizo volver a fondear por temor a encallar en la costa. Habiéndose disipado la niebla hacia las 10 de la mañana levantamos anclas y al mediodía llegamos a las islas de Flores donde fondeamos a distancia de un cañón de cuatro libras del Oriflamme, al que ya habíamos visto antes de remontar el río ...”.

El 2 de diciembre se hizo nuevamente a la vela. Hay una nueva referencia al Atlas, que les había precedido en dos leguas. Y acá viene una curiosa referencia: cuando pasan a su lado, como a tiro de fusil hacia estribor, les envían saludos pera nadie responde. La explicación la refiere el propio Feuillé por boca de un oficial del Atlas al que encontró en Lima un año después, que le comentó que en el momento de cruzarse la gente estaba toda ocupada en la bomba de achique porque el agua había comenzado a inundarlos. Y que al día siguiente, al cambiar de borda para regresar a la isla de Flores el navío terminó de llenarse de agua y se fue a pique. “… Por fortuna no estaban lejos de tierra y muchos se salvaron en el bote y en la chalupa …”.

Y una frase esclarecedora cierra el testimonio: “… Hacia las 4 de la tarde estábamos norte y sur con el cabo Santa María y el Atlas, del que nos separamos al mediodía cuando ponía rumbo hacia el norte y nosotros al sur, no aparecía más y las montañas de Maldonado no mostraban más que su cima …”.

Pero tampoco con el naufragio terminaron las desdichas del Atlas. Comprobada la existencia de excesos en el cargamento a raíz del rescate de mercaderías, entre las que se encontraban barras de oro y plata no denunciadas, el gobernador Velazco volvió a complicar la situación ordenando el embargo de toda la mercadería rescatada. El problema consistía en que se habían rescatado $ 150.000 en mercaderías cuando en realidad tenía asignado un permiso por $ 100.000.

Gestiones realizadas por las autoridades francesas ante la corte de Madrid permitieron el envío de un nuevo navío, el Amphitrite para buscar la mercadería que transportaba el Atlas, que llegó a Buenos Aires en noviembre de 1712.

 Pero la mala suerte también persiguió a la nueva embarcación, que se incendió mientras realizaba tareas de carga frente a Buenos Aires.

En 1715 fue despachado a Buenos Aires el navío San Antonio para levantar los bienes del Asiento de la Compañía de Guinea. Los directores lo equiparon con los materiales y los buzos necesarios para rescatar las barras de oro perdidas por el Amphitrite.      Recién en 1711 se liberó el rescate de las barras de plata.[6]

  


 

[1]Studer E. S. de: “La trata de negros en el Rio de la Plata durante el siglo XVIII”, Buenos Aires, Ediciones de Hispanoamerica

[2]Relation du voyagefait a la Riviere de la Plata situé en L´Ameriquedans le 35 degrée”.

[3]  Studer.

[4] George Hays era el director de la Factorá. Para ocupar su puesto partió de La Rochelle el 16 de julio de 1702 a bordo del AIGLE NOIR rumbo a Cabinda para abastecerse de esclavos en la costa africana. Tuvo varios contratiempos que lo obligaron a cambiar de nave por lo que recién llegó a Buenos Aires en setiembre de 1703. Para su sorpresa encontró que el Aigle Noir, que había llegado con 5 meses de anticipación al mando del capitán Le Roux, no había obtenido permiso para desembarcar ni la tripulación ni el cargamento de esclavos. Hays permaneció al frente de la factoría hasta el año 1710 en que regresa a Francia. Tiempo después dirige 4 cartas al Ministro de Marina, Mr. Pontchartrain, en la segunda describe el naufragio del Atlas que ubica en la zona de “los Castillos” a 40 leguas de Buenos Aires, y da cuenta del rescate del cargamento. Se queja del saqueo de los indios de la costa, haciendo referencia al Falmouth de Saint Malo, naufragado en 1806 hacia la isla de Flores y el del Atlas en diciembre de 1708, del que los oficiales salvaron “algunos fardos y velas para haier tiendas y luego fue totalmente saqueado por los indios en el intervalo en que fueron por tierra a Maldonado para volver por mar en busca de la plata que felizmente había sido enterrada y que montaba a más de 200.000 piastras”.

[5] Nota con datos de Louis Fouillé, pagina 28 del libro.

[6] Referencia al Expediente (ubicado en la Sección Escribanía Legajo 10) donde constan las demandas de Luis Caubet, Factor de las Mercaderías conducidas por el Atlas y las declaraciones de Francisco N. Maillet, director de la Compañía de Guinea a Manuel Velazco, Ambrosio Gil, Barragán. En total son 21 piezas de gran interés documental.

 

  

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