Historia y Arqueología Marítima

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Por  OSCAR MARIO PARDO   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2013

 RESUMEN

En los primeros meses de 1881 comenzó a tener repercusión el sojuzgamiento que imponía Egipto sobre su vecino: Sudán.  Durante todo el siglo, 40.000 soldados egipcios impusieron una sumisión corrupta y represiva que generó el rechazo y el odio de los habitantes.

El malestar general fue canalizado por el religioso Mohammed Ibn Ahmed el Sayid Abdullah.  Este hombre viviía en la isla Abba, en el río Nilo, a 150 millas de Khartum, la capital de Sudán. Autoproclamándose como “El Mahdi” (el enviado del profeta) logró unir bajo su conducción a la casi totalidad de las tribus sudanesas.

El estado Mahdista continuó luego de su fallecimiento (ocurrido el 29 de junio de 1885), hasta 1898, cuando los intereses británicos impulsaron a la reconquista de Sudán, para lo que era necesario contar con el dominio total del río Nilo.

 SITUACIÓN COLONIAL EN ÁFRICA SIGLO XIX

En el principio del siglo XIX, existían dos grupos de territorios coloniales.  Uno, era el que poseían España y Portugal.  Estos territorios no contaban con la posibilidad de extenderse.  Todo lo contrario, a medida que las zonas de dominio colonial se independizaban una a una, perdiéndose así territorios y pobladores.

El otro grupo, en la década que va desde 1870 a 1880, nacía de la expansión colonial producto de la revolución industrial y de los transportes.  Estos nuevos territorios, se formaron por las conquistas de Gran Bretaña y Francia, con lo cual ampliaban sus territorios coloniales.

-Esta expansión, realizada en el auge de la llamada Segunda Revolución Industrial, contaba con la necesidad de materias primas disponibles en estos territorios, y con una masa de población que consumiría los productos manufacturados en la metrópolis, lo cual daba trabajo, generando salarios, y por ende, estabilidad social en un siglo tan influenciado por las teorías económicas de David Ricardo y Carlos Marx entre otros.

            Al aparecer nuevos competidores, Alemania, Bélgica e Italia, los cuales también tenían afán expansionista, conduciría a enfrentamientos y rivalidades.  Esto llevó a un cambio de actitud de los países europeos para con África.  Ésta estaba ocupada fundamentalmente en la zona de costas y territorios inmediatos a estas.  La intensificación de profundas penetraciones territoriales, sometió al continente al concepto colonialista occidental.  Primero en su área mediterránea-islámica y luego en el África negra o subsahariana.  Las distintas resistencias africanas que enfrentó la invasión occidental, provocaron una creciente rivalidad entre las potencias coloniales.

            El norte de África, en el área islámica-mediterránea, fue la primera zona de expansión colonial europea, la cual no cesó de crecer a partir de la primera mitad del siglo XIX.  Al inaugurarse el canal de Suez en 1869, aumentó su importancia al quedar abierto el camino de Asia y el de África negra.  La presencia y conquista europea en esta zona islámica-mediterránea de África, van a centrarse principalmente en torno a dos áreas bien definidas: El Magreb, Argelia y Túnez por los franceses y el Nilo, Egipto y Sudán por los británicos.  Esta zona, exceptuando el reino de Marruecos, se encontraba bajo la soberanía del imperio turco.

            A consecuencia de los enfrentamientos entre Francia e Inglaterra, cuando la Revolución Francesa se consolida, y luego el imperio napoleónico (1789-1815), el norte de África quedó en la esfera de la actividad político-militar de ambas potencias, con las luchas en Egipto.

Al avanzar el siglo, la política expansiva de ambos países por un lado, y la crisis del imperio turco y de sus territorios semiautónomos por otro, puso en juego numerosos intereses estratégicos por el dominio de la ruta mediterránea.

            Los intereses alimentaron dos grandes proyectos geopolíticos, que rivalizaron entre sí.  El francés a partir de Argelia, se basaba en la creación de un conjunto magrebí, extendiéndose hacia el este Túnez y al oeste hacia Marruecos.  Argelia, se encontraba bajo la soberanía del imperio turco, su representante en la administración del territorio era el bey de Argel.

En 1827, el gobierno francés, con el pretexto de dominar la piratería argelina en el Mediterráneo, envió una expedición militar la cual invadió Argel.  Al capitular el bey en 1830, ocuparon la ciudad y parte del territorio argelino, que continuó en varias fases hasta 1871.  Se estimuló el poblamiento del territorio argelino por colonos franceses y europeos.  Se construyó el ferrocarril transahariano. Con el pretexto de una cuestión fronteriza Francia ocupa Túnez, imponiendo el régimen de protectorado por el Tratado de Bardo de 1881.  Esto fue luego completado con la convención de La Marsa el 8 de junio de 1883 entre Paul Cambón y el bey de Túnez Al-Husayn, quien conservó una autoridad nominal.

            Al tener en su poder Argelia y Túnez, Francia dejó para más adelante la incorporación de Marruecos, con lo que tendría bajo su soberanía todo el Magreb.

 EGIPTO

Los primeros pasos para la industrialización de Egipto, se realizaron en 1848 bajo el gobierno de Mehmet Alí.  Estas industrias estaban directamente vinculadas al agro, la transformación de los productos agrícolas en la industria textil, azucarera y el algodón, las llevó a ser las más beneficiadas.

Esto trajo aparejado que 40.000 trabajadores encontraran empleo en el Alto Egipto.  Es importante destacar que, si bien las industrias y la agricultura gozaban de protección, eran muy controlados los intercambios comerciales con el exterior.  Se tenía además precios controlados sobre la materia prima y por lo tanto, del producto final.  Sumado a esto, se controlaban los mercados con los que no se mantenía ninguna relación, entre los cuales, estaba el Imperio Británico.

            Esta actitud comercial, había sido forzada primero por el ocupante francés, pero dadas las necesidades domésticas fue desarrollada más tarde por el propio Mehmet Alí.  El objetivo era evitar que los textiles británicos de mejor calidad, provenientes de industrias que tenían mejor equipamiento, terminaran por ocupar el mercado egipcio.

            Estas medidas proteccionistas, hicieron que el comercio del imperio se viera afectado con lo que, sumado a otros acontecimientos posteriores, generó el interés británico por la ocupación de Egipto.

            La edad avanzada de Mehmet Alí, lo llevó a renunciar al trono en favor de su hijo Ibrahim Pachá, pero éste muere a los dos meses de asumir el trono.  La ocupación del mismo le correspondió a su sobrino Abbas I.  Este hombre, desinteresado en expandirse territorialmente y despreocupado de la política doméstica, fallece en 1854.  Su negligente gobierno, permitió a los británicos a afianzar influencias.  Le sucede su hermano Mehmet Said, y es cuando los ingleses construyen una línea de ferrocarril, El Cairo-Alejandría.  Esto le permitió acortar sus comunicaciones comerciales con Asia y lo más importante, con la India.

            La amistad personal, la que sabemos es tan importante en negaciones internacionales, hace que se produzcan cambios sustanciales en la política gubernamental.  De esto surge que, Mehmet Said otorgue los permisos del proyectado canal de Suez en 1854 a Ferdinand de Lessep. 

Las obras autorizadas por el Sultán, comienzan en 1859 y es inaugurado el canal en 1869, bajo el gobierno de Ismail Pasha.  Su gobierno pretendió continuar las reformas de Mehmet Alí, dio impulso a la economía emergente involucrada en el desarrollo industrial.  Construyó más vías de comunicación que los gobiernos anteriores.  La ampliación de la ciudad del Cairo, siguió el modelo urbano de París; construyó además grandes palacios.  Uno de sus más grandes errores fue invadir Etiopía, para controlar el cauce del río Nilo, donde su ejército terminó derrotado.

            En 1874, los errores y el mal manejo financiero llevaron a pedir ayuda británica.  Es aquí cuando el Reino Unido se quedó con la mayoría de las acciones de la Compañía del Canal de Suez.  Agregado a esto, Gran Bretaña llegó a controlar la mitad del producto bruto interno, el gobierno, el ejército y la administración.  La monarquía egipcia mantenía la autoridad del país nominalmente.  Como agravante, en 1876, Egipto se declaró en suspensión de pagos y el Reino Unido se comprometió a ayudarlo a cambio de severas medidas económicas. 

Bajo la apariencia de solventar los problemas financieros, la comisión dirigida por el Reino Unido terminó por intervenir en la totalidad de la política económica egipcia, con el consentimiento del sultán Ismail Pasha. 

La dependencia, trajo la reacción de los nacionalistas con apoyo de muchos de los oficiales del ejército, seguidores del coronel Ahmed Orabi.  El 13 de setiembre de 1882, en la batalla de Tel al Kebir, Orabi es derrotado por los británicos, los cuales ocuparon el canal de Suez y ese mismo año Egipto pasó a ser un protectorado británico.

 EL SUDÁN

            En idioma árabe: Baled-el-Sudán, “Tierra de los Negros”.   Esta tierra extensa e inhóspita, con una zona norte muy árida, con vegetación desértica y lechos secos de ríos llamados Wadis.  Cuenta con grandes áreas de sabanas.  La mayoría de sus árboles son mimosas y acacias de espinas.  Con estos materiales, los británicos construyeron, al ser arbustos espinosos, defensas estáticas llamadas zarebas.

            El sur, lo ocupan jungla y pantanos, con un clima muy cálido durante el día.  En la noche, la temperatura desciende a “bajo cero”.  La única fuente de agua realmente importante en este territorio tan carente de irrigación es el río Nilo, uno de los pocos ríos que corren de sur a norte. Tiene además seis cataratas entre Egipto y Kartum, que hacen dificultosa su navegación durante gran parte del siglo XIX, el Sudán fue sojuzgado bajo el dominio de Egipto. 

Con un manejo ignorante y corrupto del gobierno, con 40.000 soldados que trataban de forma despótica a la población, fue alimentando un odio, sumado al descontento que inevitablemente desembocaría en ardiente rebelión.

            En 1881, ese malestar generalizado encontró quién lo canalizara en la figura de Mohammed ibn Ahmed el Sayyid Abdullah.  Era éste un religioso desconocido y de bajo perfil, pero demostró con gran personalidad al autoproclamarse como el enviado del Profeta, el esperado, el Mahdí (mesías) poder acaudillar con su prédica, la cual era guiar al pueblo a la verdadera fe, y liberar al Sudán de la tutela y corrupción de los opresores egipcios.

            Con 311 árabes, derrotó en agosto de 1881 en la isla de Abba donde residía, a una fuerza egipcia de 750 hombres. En octubre, con 8.000 hombres muy mal armados, derrotó a una fuerza egipcia que contaba con fusiles Remington en Khur Maraj.  El año siguiente, el 29 de mayo de 1882, en Jabel Jarrada, un importante contingente egipcio fue destrozado de noche en una zareba, esta vez por un ejército Mahdista de 15.000 hombres.

Estos éxitos llevaron al Mahdi a un objetivo ambicioso; el de atacar la capital más rica del Sudán El Obeid en la provincia del Kordofan, defendida por 6.000 soldados egipcios. El Mahdi, envió emisarios con términos de rendición, pero las autoridades del ejército los ahorcó. 

            Si bien en primera instancia fueron rechazados por el fuego de los fusiles Remington, El Obeid terminó cayendo el 17 de enero de 1883.  Los oficiales de mayor grado, fueron ejecutados y las tropas sobrevivientes obligadas a servir en el ejército del Mahdi.

            La caída de Kordofan, la provincia más rica del Sudán, alentó la rebelión, convertida ya en guerra civil.  El Mahdi quedó en poder de la mayor parte del Sudán oriental.  Esto trajo a las filas del Mahdiyyah  a poderosos líderes, tal es el caso de Osman Digna, influyente líder sudanés, con sus seguidores.

            El gobierno egipcio toma la decisión de aplastar la rebelión, y en enero de 1883, se destinó como jefe de Estado Mayor al coronel William Hicks.  En abril de 1883, el día 29, una importante fuerza mahdista, con abundante caballería lo atacó, y éste logró derrotarlos con sólo siete bajas mientras que los mahdistas perdieron más de 500 hombres, entre los cuales había doce emires y el comandante de la fuerza, Amr-el-Makachef.

Este éxito llevó al gobierno egipcio a pensar en recuperar el Kardofan.  Hicks no estaba de acuerdo por considerarlo apresurado.  No se equivocó Hicks en su apreciación luego de meses de pasar calor, sed y ataques de hostigamiento por parte de las fuerzas mahdistas.  Fue completamente derrotado, dejando en manos del Mahdi, cañones Krupp, seis ametralladoras Nordenfelt y miles de fusiles Remington.

            Este espectacular éxito, atrajo a las filas del Mahdiyyah, a casi la totalidad de los emires del Sudán y sus seguidores.  La preocupación que ocasionó esta derrota en Kartum, El Cairo y principalmente en Londres, llevó al gobierno inglés a enviar al general Charles George Gordon, a supervisar la evacuación de los civiles que desearan abandonar el Sudán y de todas las tropas egipcias.

Gordon contaba con una experiencia importante al haber sido gobernador general del Sudán en el período 1877-1880, decidido opositor a los comerciantes de esclavos.  Era a su vez respetado y querido por los sudaneses. 

Si bien Londres lo envió como asesor, los egipcios lo nombraron gobernador general.  En su llegada a Kartum, Gordon comenzó con los planes previstos de la retirada, pero los espías introducidos entre las fuerzas Mahdistas le informaron que la retirada era sumamente difícil de llevar a cabo, si no, imposible.

    

Williams Hicks                                                          Charles Gordon                                                  Osman Digma    

El día 13 de marzo, se interrumpió la línea telegráfica que comunicaba con el Cairo, sumado a que todo el territorio alrededor de Kartum estaba en manos mahdistas.  La presión de la opinión pública sobre el primer ministro Gladstone, hizo que el 5 de agosto de 1884 el parlamento aprobara los fondos para que una fuerza expedicionaria al mando del general Sir Garnet Wolseley fuese en ayuda de Gordon.

Las tropas que Gran Bretaña envió al Sudán fueron organizadas en brigadas y con objetivos limitados.  Luego se hizo notorio que esas fuerzas eran totalmente inadecuadas para el tipo de guerra que enfrentaron.  La mayoría de los hombres nunca habían visto un camello hasta su llegada a Egipto.  La infantería a camello, se formó con voluntarios de catorce regimientos de Inglaterra y Egipto.

            El 20 de setiembre de 1884, Gordon tuvo noticias de la expedición, las cuales llegaron por el río, ya que las fuerzas mahdistas habían cortado el telégrafo el día 13 de febrero, perdiéndose la comunicación con El Cairo.

El mayor problema del general Wolseley, era transportar sus siete mil hombres con su equipo, desde El Cairo a Kartum, a una distancia de mil seiscientas veintinueve millas.  Parte de esas tropas se transportó en canoas balleneras construidas en Inglaterra, manejadas por experimentados marineros canadienses, reclutados en calidad de voluntarios.  La llamada “columna del desierto”, libró un sinfín de batallas, tratando de llegar a Kartum y rescatar a Gordon, cosa que nunca sucedió.

    

                                                                                  Infantería de El Mahdi                                     Infantería Derviche

 CAÍDA DE KARTUM

En la noche del 26 de enero de 1885, con un bombardeo general, las fuerzas del Mahdi, se lanzaron al ataque, penetrando la línea fortificada donde se dedicaron al saqueo y a la matanza de cualquiera que se les oponía.  Un grupo penetró al palacio del gobernador y el general Gordon, fue inmediatamente muerto, y su cabeza enviada al Mahdi.

            La caída de Kartum, llevó a la retirada de los británicos del Sudam, pero la muerte del general Gordon, no fue olvidada por los ciudadanos británicos y en los años que siguieron, la prensa reclamaba que la muerte del general fuese vengada.

El 29 de junio de 1885, muere el Mahdi, y el Estado y su ejército pasaron al control del Califa Abdullahi.  En 1885 y por algunos años más, el Estado Mahdista tuvo uno de los ejércitos africanos más poderosos.  Derrotaron a los abisinios en 1888-1889, los cuales, a su vez, habían derrotado al ejército italiano en 1896, en Adowa, comandados por el General de Bórmida.

            Pero el Estado Madhista estaba rodeado por todas partes.  En el sur, los belgas avanzaban por el Alto Nilo desde el Estado Libre del Congo.  En el oeste, las ambiciones coloniales francesas, habían empujado a amenazar Bahr-el-Ghazal, pero el temor que impidió al Califa a repeler estas amenazas, era el reconstruido ejército egipcio por los británicos en el norte.

 RECONQUISTA DEL SUDÁN

            En gran parte, la decisión británica de reconquistar Sudán, se debió a la evolución internacional.  En 1890, los reclamos territoriales hechos por la cabecera del Nilo Occidental por parte de Francia, Bélgica y los mismos británicos, se sumara a que otros poderes coloniales aprovecharan la inestabilidad política del Sudán para anexar este territorio.  Fuera de estas consideraciones de carácter político, Gran Bretaña quería el control del Nilo para una represa de riego que estaba planificada para construirse en Asuan. Con esto en mente, el gobierno británico de Robert Gascoyne-Cecil, más conocido como Lord Salisbury, autorizó la campaña de reconquista desde Egipto.  Fue reforzada la defensa del canal de Suez y se confió los intereses británicos a las tropas en Egipto y a la Marina Real.

            El comandante en jefe de esta campaña era el general de división, sir Herbert Kitchener, de 48 años.  Un hombre alto, de caminar seguro que se destacaba por ser un jefe severo y que carecía de sentido del humor.  Éste odiaba a la prensa y no aprobaba en su ejército la presencia de oficiales casados.  Sumamente minucioso, no se embarcaba en ninguna operación sin tenerla preparada al más mínimo detalle.

            Tengamos en cuenta que ésta fue una campaña terrestre, que fue planificada en un territorio con grandes carencias en cuanto al agua y, sumado al enorme calor de la región, el conocimiento y adaptación al terreno que tenía el enemigo.

El plan de batalla británico era llegar a Omdurman, la capital derviche, y allí librar la batalla final. Siempre la historia se escribe posterior a los acontecimientos y de esta manera es o se hace fácil ver los errores cometidos por las partes en cuestión. 

El enorme error del Califa al subestimar la potencia de fuego, el menosprecio del líder mahdista hacia la tecnología militar de la época, debemos verlo teniendo en cuenta lo remoto de su territorio, la carencia de jefes expertos, sumado a su inactividad personal desde 1885.

            La pérdida del apoyo de muchas tribus, lo llevó a dejar pequeñas guarniciones a lo largo del río Nilo, una innecesaria disipación de fuerzas.  Pese a estar constantemente informado de la actividad del enemigo, permitió la sistemática construcción de líneas de avituallamiento de Kitchener, como es el caso del ferrocarril, contra el cual se podían haber realizado operaciones de hostigamiento.

            Una enorme ventaja estratégica, podría haber sido retirarse a sus territorios del oeste, obligando así a Kitchener a venir hacia él en un terreno desértico, no sólo alejándolo del Nilo y con una casi imposible línea de avituallamiento, sino además a un territorio donde el Ansar tenía una superioridad táctica que en parte podía equiparar la disciplina y el poder de fuego de las tropas británicas y egipcio-sudanesas, a las que debía enfrentarse.  Claro, todo esto significaba abandonar Omdurman, su capital, quizás por eso no lo consideró.

            Otro enorme error fue que el Califa, comenzó a fortificar la llamada “garganta de Shabluka, a mitad de camino entre Metammeh y Omdurman, donde el Nilo se estrechaba unos 100 metros.  A su vez, la corriente era tan fuerte como para casi impedir el paso de los cañoneros.  Esto hubiera hecho muy difícil que la “garganta” fuera forzada, pero el Califa abandonó la idea. Lo que más temía Kitchener, era un ataque nocturno.  El Califa se decidió por una ofensiva total, evaluando su superioridad en hombres, dejando de lado lo comentado anteriormente: su desprecio por la tecnología.

Sus generales más importantes: Ibrahim Khalil, Osman Azrak y Osman Digna, insistieron en realizar el ataque nocturno.  El primero de éstos había explorado personalmente el terreno, al cual vio como adecuado para realizar el ataque durante la noche. Desoyendo a éstos, el Califa siguió el consejo de su hijo Shrikh Uthman al-Dim, que consideraba que la oscuridad impediría a sus hombres combatir con ventaja, apreciación totalmente errónea, ya que muchas de las victorias logradas por los mahdistas fueron efectuadas en la oscuridad, o en la semi- penumbra del amanecer, con el sol a su espalda, permitiendo así una ventaja táctica.

Se notó por parte de los británicos cómo la infantería derviche acortaba distancia a un ritmo tan increíble que parecían caballos al galope.  La naturaleza del terreno en las zonas donde se efectuaban las operaciones, permitía que los guerreros permanecieran entre la maleza sin ser vistos y la primera indicación de su presencia coincidía con el ataque definitivo.

 COMIENZO DE LA CAMPAÑA

            La misma comenzó el 16 de marzo de 1896, cuando son enviados cinco batallones egipcios Nilo arriba por ferrocarril y en vapores fluviales de la empresa Tomas Cook e hijos.  Estas tropas llegaron a Akasha el 20 de marzo, no teniendo ninguna oposición, los mahdistas prefirieron fortificarse en la aldea de Firket, 16 millas más al sur.      

Campaña de Dongola – Marzo a Setiembre de 1896

En Akasha se montó un campamento con el objetivo de proteger la construcción del ferrocarril y establecer un depósito para los suministros que venían en camellos, siguiendo la ruta del río y otros suministros más complejos de ser transportados en éstos, sumado a los refuerzos que venían por el Nilo.

Kitchener, planificó el aprovechamiento de todas las ventajas del transporte fluvial y el tendido del ferrocarril al mismo tiempo que avanzaba, sumado esto a la utilización de los camellos.      En lo referente al ferrocarril, particularmente, no sólo se construía con la sola idea de servir a la campaña militar, sino que posteriormente, al fin de la misma, serviría para el transporte de la extracción de los diferentes recursos minerales y agrícolas una vez que Gran Bretaña tomara el control del territorio.

            Desde El Cairo a Saras, situado a 55 millas de Akasha, una distancia de 827 millas, se utilizó el ferrocarril durante 350 millas.  Las siguientes 230 millas, se hicieron por vapores fluviales de la empresa Tomas Cook.  Seis millas rodeando la primera catarata por ferrocarril, 208 millas por vapor y las últimas 33 millas por ferrocarril.  A partir de aquí, el transporte a camello abastecería a las tropas, mientras se ampliaba el ferrocarril.

            Kitchener quería concentrar sus fuerzas y desalojar al enemigo de Firket, y cuando se produjera la crecida del Nilo, los suministros acumulados en la aldea de Firket serían transportados en botes de vela hasta Dongola.  Simultáneamente los cañoneros de pequeño calado, ayudarían a proteger el tránsito pluvial y participarían en el combate.

            El 7 de junio de 1896, 9.000 soldados egipcios y sudaneses apoyados por ametralladoras  Maxim, derrotaron a las fuerzas mahdistas ocasionándole más de 1.000 muertos y tomando 600 prisioneros.  Las tres brigadas egipcio-sudanesas, tuvieron como bajas 22 muertos y 91 heridos.

El avance a Dongola se demoró tres meses para esperar más refuerzos y la llegada de los cañoneros.

 EL PAPEL DE LA MARINA REAL EN SUDÁN

Kitchener tenía muy claro que para obtener la victoria necesitaba tener el control total del río Nilo.  Con ese objetivo, la Marina Real encargó la construcción de tres cañoneros, los cuales representaron un triunfo de la ingeniería naval.

 

 

Cañonero “Abu Klea” 

 Una vez construidos fueron desmontados y transportados a Puerto Said y Alejandría.  Luego llevados por ferrocarril y el río a Kosheh, 16 km. al sur de la aldea de Firket.  Allí fueron montados nuevamente.  Después de siete transbordos, llegaron sin que se perdiera una sola pieza y con varios días antes de lo previsto.

            Con la llegada de los refuerzos, comenzó el avance hacia el sur por la ribera del Nilo.  Algunas unidades iban en vapores fluviales protegidos por los cañoneros.  A su vez, llevaron amarrados a sus bandas, embarcaciones de vela en las cuales transportaban tropas.  Esto proporcionaba transporte mecanizado y potencia de fuego móvil.

            El avance a Dongola para los cañoneros representaba una dificultad importante, ya que tenían que sortear el pasaje de la segunda catarata en el llamado pasaje Big-Gate (puerta grande).  Para realizar este pasaje, se les despojó completamente de todo peso superfluo incluido su armamento, munición, e incluso el mínimo de carbón necesario para sortear el paso.  También quedó reducida su tripulación.

 Avance a Dongola remolcando el cañonero  “El Teb” 

Con gruesas maromas engrilletadas a la proa del barco y fuertes pastecas, permitía esta maniobra que 500 hombres de cada orilla tiraran de las mismas para lograr el pasaje sin que se diera contra las rocas, a su vez abordo con defensas y pértigas. Se intentaba que esto no ocurriera, sumado al inconveniente del gran ruido producido por la corriente de agua.  Las comunicaciones se hacían con señales de banderas.

Cañonero “El Teb” 

El 18 de setiembre, encontraron atrincherados en Hafir a 5.000 hombres y seis piezas de montaña, al mando del emir Muhammed-Wad-Bushara al otro lado del Nilo, frente a la ciudad de Kerma.  Esto obligó al ejército de Kitchener a cruzar el río a fin de poder tomar Dongola.  Allí los cañoneros con las embarcaciones atadas a sus costados  hicieron infinidad de viajes para transportar las tropas y suministros.

            Kitchener intentó desalojar a los mahdistas mediante fuego artillero y los cañoneros, luego de tres horas y no logrado el propósito, recibieron la orden de cruzar las defensas mahdistas y seguir camino hacia Dongola. Las tropas del Califa, al temer un ataque por la retaguardia, abandonaron Hafir durante la noche del 19 al 20 de setiembre y Dongola cayó sin ofrecer la menor resistencia. La flotilla de cañoneros fue remolcada con esfuerzo a través de la cuarta catarata, y el 29 de agosto, cinco naves llegaron a Abu Hamed para ayudar en la protección de la futura vía del ferrocarril. La caída de Abu Hamed, alarmó a Kaki-uthman, el comandante del Califa en Berber, y se retiró al sur del río Atbara, dejando el punto estratégico más importante entre Wadi Halfa y Ondurman en manos de Kitchener.

Por orden directa del Califa Mahmud Ahmad, se atrincheró en Metammeh el 1 de julio de 1887, con 20.000 hombres.  Aquí los cañoneros apoyaban disparando sobre Metammeh y sobre la caballería que estaba en la orilla del río Atbara logrando derrotar a las tropas del Califa. Después de esta victoria, Kitchener se retiró a los cuarteles de verano del fuerte construido en la orilla del río Atbara, esperando refuerzos y la crecida del río durante cuatro meses. mediados de agosto el ejército de Kitchener estaba concentrado en el extremo norte de la sexta catarata, con efectivos totales de unos 22.000 hombres, 44 piezas de artillería, 20 ametralladoras Maxim y una flota de cañoneros, diez de los cuales eran blindados.

            A partir del 28 de agosto, la caballería y el cuerpo de camellos reconoció la parte derecha de la zona de marcha, mientras los cañoneros en el Nilo aseguraban la margen izquierda. El comandante Stuart Wortley, capturó dos aldeas con ayuda de los cañoneros.  El 31 de agosto, los cañoneros al mando del capitán de fragata C. Keppel, acribillaron un campamento avanzado derviche y el 1 de setiembre, remolcaron una batería de obuses hasta la orilla derecha, donde se abrió un efectivo fuego sobre Omdurman, donde la cúpula construida sobre la tumba del Mahdi, quedó parcialmente demolida.

            Los cañoneros rodeando la ciudad, bombardeaban los fuertes, que si bien replicaron el fuego, éste estuvo mal dirigido.             El 2 de setiembre de 1898, las fuerzas del califa atacan la Zareba en las afueras de la ciudad de Ondurman.  Aquí es donde el armamento y la disciplina del ejército de Kitchener, sumado a la candencia de las ametralladoras norteamericanas Maxim, hicieron la diferencia ante un enemigo muy valiente, pero, que para llegar al cuerpo a cuerpo, debía sortear el fuego de cañón primero y luego el certero disparo del fusil Lee-Metford con un cargador de cinco balas.

            El cuerpo de camellos había tomado una posición en las colinas de Kerreri, a la derecha de la posición anglo-egipcia, pero se vieron rebasados por un número muy superior de enemigos.  Incapaz de competir con un enemigo ágil en terreno rocoso, que tomó dos cañones eliminando a los servidores y casi consiguen aislar al cuerpo de camellos, que inició un retirada, perseguido por el enemigo, es aquí cuando el cañonero Melik navega corriente abajo y llegando muy cerca de los derviches a los cuales le inflige grandes pérdidas: alrededor de 450 hombres murieron en una zona relativamente limitada. El resultado de la batalla fue la aniquilación del ejército del Califa, la extinción del mahdismo en el Sudán y el sometimiento de todo el territorio. En noviembre de 1899, el Califa con sus últimos 3.700 hombres, fue muerto en los pozos De Um Diba y Karat.

 LOS CAÑONEROS

Obtener el control del río Nilo fue conseguido con la flota de cañoneros de madera blindados, armados con cañones de 6 y 12 libras de fuego rápido.  Contaban, además, con ametralladoras Maxim y Nordenfelt.  Todo este armamento permitía demoler cualquier fuerte árabe que los mismos construyeran en la rivera del Río, para impedir el pasaje de los barcos.

            El mando de estos cañoneros, recayó sobre jóvenes oficiales de la Marina Real que habían sido trasladados para servir  mientras durase la campaña y con la particularidad que eran capaces de operar por su propia iniciativa.  Los mismos, quedaron al mando del Capitán de fragata Colin  Keppel, de la Marina Real, el cual, cuando la caldera del buque que comandó primero, el Zafir, reventó, se trasladó al Sultán, uno de los nuevos cañoneros de doble hélice.

            Los cañoneros y sus capitanes eran:

·         Zafir                CF Colin Keppel

·         Sultan              TN  Cowan /   CF C Keppel

·         Sheikh             Tte. Sparks

·         Melikc              TN Gordon

·         Fateh               Tte. Beatty

·         Melikc              TN Gordon

·         Fateh               Tte. Beatty

·         Nazir                Tte. Honorable Hood

·         El Hafir            Tte. Staveley

·         Tamai              Tte. Talbot

·         Metemma        Tte. Stevemsom

·         Abu Klea         Cap. Newcombe

El Honorable Tte Hood, que comandaba el Nazir, llegó a almirante y perdió la vida al mando de la 3ª escuadra de cruceros de batalla en Jutlandia, el 31 de mayo de 1916.

            En el caso del también almirante David Richard Beatty, que mandó el 1er escuadrón de cruceros de batalla en Jutlandia, en éste enfrentamiento, tácticamente indeciso, contrastó el arrojo de Beatty con las precauciones de su comandante, el almirante John Jellicoe.  En el Sudán, tenía el mando de la cañonera El Teb, pero ésta volcó al intentar ascender la cuarta catarata.  Fue reflotada con mucha dificultad y luego de reparada, se le cambió el nombre a El Hafir. 

Un cañonero tendiendo un cable para el Telégrafo

 GLOSARIO

MAHDI: Mesías el enviado del profeta

JIHAD: Guerra santa islámica

MAHDIYAH: Estado Mahdista

ANSAR: Palabra árabe; quiere decir seguidor o ayudante. Los británicos, turcos y egipcios, los conocían como derviches o darveches (término este del argot de origen persa, común en el este y norte de África).

RUBS: Cuarteles

OSMAN DIGNA: El líder más eficaz de los que participaron apoyando al Estado Mahdista. Mando un ejército de más de 20.000 hombres de los cuales 1.200 estaban armados de fusiles Remington de repetición. Su ejército incluía a los árabes Bisharrenes, cuyo fanatismo les convertía en enemigos peligrosísimos.

ABD AL RAHMAN WAD AL MUJUMI: Comando la fuerza que aniquiló al Coronel Hicks. Estuvo al mando de las fuerzas que sitiaron Kartum.

ZAREBAS: Defensas estáticas para pernoctar construidas de arbustos espinosos típicos del Sudan.

CHINO GORDON: Este sobrenombre lo adquirió el General Charles Gordon cuando participó en China, en la época de la rebelión Taiping 1863-1864.

 BIBLIOGRAFÍA

  • Batalla de la historia; Osprey Military
  • Gran Atlas; Columbus
  • Enciclopedia temática; Editorial Richards, Panamá

 

  

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