Historia y Arqueología Marítima

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TRES NAUFRAGIOS DE NAVES COLONIALES

EN PUNTA NEGRA, COSTA DE MALDONADO

 
Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por  JUAN ANTONIO VARESE   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2012

RESUMEN

                Entre 1790 y 1800  ocurrieron tres naufragios sobre la costa del actual departamento de Maldonado, conocida entonces como del Pan de Azúcar, época en que la costa estaba prácticamente desierta. Las tierras circundantes, inmensas vaquerías, alternaban con tierras realengas como la Laguna del Sauce, la Laguna del Diario, el cerro de los Burros, y más hacia el este, la gran extensión del Rey sobre el arroyo Don Carlos, actual departamento de Rocha.

            El estudio de los expedientes judiciales resulta una fuente histórica de primer orden, que además permite conocer ciertos usos y costumbres de la época. A partir de su lectura puede hacerse la idea de lo que verdaderamente significaba un naufragio en aquel entonces, una verdadera tragedia, ya fuera por la gente que fallecía, por las mercaderías, valiosas y de difícil reposición, y por supuesto por la pérdida de la nave, única forma de comunicación e invalorable medio de transporte de aquel entonces.

 

 

INTRODUCCION 

Hemos consultado en el Archivo General de la Nación tres expedientes de naufragios ocurridos sobre la costa del actual departamento de Maldonado, conocida en la época española como “costa del Pan de Azúcar”. Respecto del lugar mantuvimos la denominación de “Punta Negra”[1] por la punta ubicada entre Piriápolis y la punta de la Ballena, y cabe precisar que la referencia a la Ensenada de Burgos, que aparece en uno de los expedientes, responde a una confusión frecuente en la época, que remite verdaderamente al llamado Cerro de los Burros.[2]

Los tres ocurrieron entre 1790 y 1800, época en que la costa estaba prácticamente desierta, con excepción de una pequeña guardia en las inmediaciones del arroyo Solís y los pueblos de Maldonado (1755) y San Carlos (1763). Las tierras circundantes, inmensas vaquerías, alternaban con tierras realengas como la Laguna del Sauce, la Laguna del Diario, el cerro de los Burros, y más hacia el este, la gran extensión del Rey sobre el arroyo Don Carlos, actual departamento de Rocha.

El estudio de los expedientes judiciales resulta una fuente histórica de primer orden, que además también nos permite conocer ciertos usos y costumbres de la época. A partir de su lectura uno puede hacerse la idea de lo que verdaderamente significaba un naufragio en aquel entonces, una verdadera tragedia, ya fuera por la gente que fallecía, por las mercaderías, valiosas y de difícil reposición, y por supuesto por la pérdida de la nave, única forma de comunicación e invalorable medio de transporte de aquel entonces.

 Procederemos ahora al estudio de estos tres expedientes siguiendo un orden cronológico.

 

  I - Naufragio del navío Santa Rosalía y la Virgen del Pilar

 

 En la noche del 13 de octubre de 1792, en la playa de Punta Negra, costa de Maldonado, naufragó el “Santa Rosalía y La Virgen del Pilar, en lo que fuera el segundo viaje de esta nave después de su construcción.

Conforme a los procedimientos de entonces, se abrió una investigación para determinar las verdaderas causas del naufragio y las diligencias de la tripulación a cargo del navío, que encontramos bajo el nombre de  “SUMARIA CONTRA EL CAPN. Y PILOTOS DEL BERG.N PARTICULAR NOMBRADO STA. ROSALIA, POR LA PERDIDA DE ESTE BUQUE EN LA PLAYA DE PUNTA NEGRA, COSTA DE MALDONADO, LA NOCHE DEL 13 DE OCTUBRE 1792”.

El instructor o encargado de llevar la sumaria, don Juan Jacinto de Bargas, Teniente de la Real Armada y Oficial a la orden del Sr. Comandante de Marina del Río de la Plata, nombró a Andrés Vidal como escribano y escribiente, un marinero de la fragata “Santa Rufina”, a quien juramentó para guardar secreto y fidelidad de todo lo actuado.

 

DECLARACIÓN DEL PRIMER PILOTO

El primero en declarar fue Joseph Rabasa, primer Piloto, quien después de jurar ante Dios y el Rey decir la verdad, fue interrogado sobre cómo había verificado la pérdida de la nave, qué precauciones había tomado para evitarlo y otras circunstancias que guardasen relación con el siniestro.

Tras referir su edad, patria y ejercicio, relató lo sucedido: luego de avistar la Isla de Flores el 12 de octubre, a causa de fuertes vientos y rápidas corrientes, y por no poder dar fondo en esa parte del río, la nave derivó hasta encallar, al día siguiente, muy cerca de la costa. Procurando salvar la tripulación, se dispuso que un marinero nadase hasta tierra llevando un cabo (cuerda) que, tras ser clavado en la arena, serviría de guía para que los demás pudieran también llegar a la costa.

Los primeros en bajar fueron el Capitán (su padre), una mujer que venía de pasaje, el segundo piloto y otro marinero, mientras que el declarante y otros hombres quedaron a bordo para intentar zafar los baúles y la ropa que había en la cámara, ya que se había abierto un rumbo y comenzaba a entrar el agua. Finalmente todos bajaron a tierra al mediodía, llevando consigo algunos pertrechos de cocina y víveres, además de una vela para improvisar una tienda de campaña.

Un grupo de la tripulación salió en busca de ayuda, a que alguien les informara dónde se encontraban y cuál era la población más cercana. Regresaron al rato con un ganadero, quien los guió hasta Maldonado, de donde distaban 5 leguas.[3]

Tras dar cuenta del hecho, a la mañana siguiente el Piloto, el Oficial Real y el dependiente de Rentas, éste último para cuidar la mercadería sobre la costa, regresaron al lugar del naufragio.

 

DECLARACIÓN DEL SEGUNDO PILOTO

Antonio Buixó, segundo Piloto de la embarcación, hombre de 36 años y natural de Manllen, principado de Cataluña. Fue uno de los que se dirigió a Maldonado en busca de ayuda, y en cuanto a la descripción del naufragio, su versión de los hechos coincidió con la del primer piloto.

 

DECLARACIÓN DE UN MARINERO

Miguel Vixella, marinero de 42 años y proveniente de Sitachas, Principado de Cataluña, era quien se encontraba manejando el timón al momento de la pérdida de la nave.

Se le inquirió que hablase sobre el modo en que habían navegado durante su guardia, las precauciones que se usaron para evitar la pérdida y si juzgaba que ésta había sido maliciosa o casual, a lo que respondió que no podía decir si había habido o no alguna malicia

Luego de describir las mismas circunstancias que los declarantes anteriores, se le preguntó si luego de que el contramaestre gritó que estaban sobre la Tierra, mandó el Capitán o Piloto dar fondo o no, si tenían listas las Anclas y desde cuando venían con esa precaución, a lo que el marinero respondió que no había oído que se mandase semejante cosa y que traían listas dos anclas desde que picaron Sonda.

También se le preguntó sobre la forma de pago a los marineros, si era sueldo (por mes) o ala parte, es decir por resultado de la travesía, aspecto importante para el reparto del producido del remate de las mercaderías salvadas. La respuesta fue unánime en cuanto a que todos venían “a la parte”, salvo el Pilotín, y nadie había recibido aún ningún dinero.

 

DECLARACIÓN DEL CAPITÁN

El último en declarar fue Jaime Rabasa, hombre de 65 años y natural de la Torre Dembarra, quien era el Capitán de la nave.

Se le pidió que relatara las circunstancias del naufragio, cuál había sido la derrota de la nave la tarde anterior, quién venía encargado de ella, y por ultimo qué precauciones había tomado para evitar ese desgraciado acontecimiento. La declaración del capitán en cuanto a la descripción del naufragio coincidió con las anteriores, pero el suyo fue un relato aún más vívido, por ejemplo al decir que en un momento de incertidumbre, mientras el viento y la corriente arrojaban la nave hacia tierra, todos los hombres pedían misericordia.

En cuanto a los acontecimientos posteriores, informó que había comisionado a su hijo, el 1er. Piloto, para que fuese al pueblo a dar parte del naufragio, entregándole los Papeles conducentes. Que a las once de la noche había llegado un Dependiente de Rentas con una Partida de tropa para custodiarlos; y a la mañana siguiente volvió su hijo con el Oficial Real o Ministro de Maldonado, que habiendo pasado lista a toda la tripulación, se regresó en aquella tarde, diciendo que volvería, y con la intervención de este se ocuparon los dos días siguientes en desembarazar el buque y sacar algunos fardos que se habían averiado. En ese tiempo llegó el Alférez de Fragata Dn. Jph Villegas, comisionado por el Sr. Comandante de Marina para entender en el Naufragio y descarga del bergantín, y que desde entonces todas las disposiciones fueron dadas por este oficial.

También se lo interrogó acerca de si los marineros habían trabajado fielmente en todo el viaje o si por desobediencia y falta de prontitud se habían retardado algunas maniobras, especialmente las que debieron ejecutarse para evitar la varada, a lo que el Capitán repuso que toda su gente venía a la parte, a excepción del Piloto que venía ajustado por meses según ganasen los de su clase en los demás buques, y que la Marinería practicó siempre cuanto se le había mandado.

Por último refirió que el barco era mitad de su propiedad y mitad de otras personas, así como también le correspondían las ¾ partes de la carga que el mismo transportaba, de lo que nada traía asegurado.

  

Resultado del juicio: la tripulación fue finalmente absuelta de responsabilidad y los náufragos enviados a Montevideo en carretas.

 

 

  II - NAUFRAGIO DE LA FRAGATA “CATALINA”, NOMBRADA “LA ESTRELLA”

 

El 22 de abril de 1794 hubo un nuevo naufragio, esta vez en la ensenada de Burgos, en realidad el Cerro de los Burros, junto al cerro del Inglés, frente a lo que actualmente es Piriápolis.

Ni bien se tuvo noticia del triste suceso, se inició el expediente correspondiente en el Juzgado de Naufragios, ante los jueces Antonio de Cordoba, Brigadier de la Real Armada, Cadete de las fuerzas marítimas del Río de la Plata y de la Fragata de guerra nombrada “Rufina, y Miguel de Sandoval, Oficial primero de la Contaduría General y Ministro de los bajeles del Rey en este río. El expediente se encuentra con el nombre de “Autos sobre el naufragio de La Estrella, papeles del naufragio” (Caja 240 – carpeta 26). Los jueces enviaron dos comisionados, el Sr. Joseph Villegas, Alférez de la Fragata de la Real Armada, y Pedro Elizondo, escribiente del Ministro de Marina, para hacer las averiguaciones y dar las oportunas disposiciones de recoger, asegurar y hacer conducir el cargamento que pudiera salvarse.

Del expediente resultó que La Estrella había sido despachada en Barcelona el 25 de diciembre de 1793 con registro cerrado para el puerto de Montevideo (Provincia de Buenos Aires).

Luego de hacer una escala en Málaga, arribó al Río de la Plata el 21 de abril siguiente. Venía “bien carenada y sana, seca de quilla y costado”, surtida y tripulada correctamente, con todo lo necesario.

 

REAL ADUANA DE MONTEVIDEO

Testimonio de los Registros y facturas originales de las Reales Ad. de Barcelona y Málaga, se le formaron a la Fragata que se perdió en la Pta. denominada Negra y Costas del Solís Gde:

 200 barriles de aguardiente prueba olanda

8 pipas (idem)

50 barriles (otra bebida)

43 pipas con 1720 cántaros de vino tinto

Géneros del país

Piezas de las llamadas Indianas y de Indianas pintadas (en pañuelos)

146 docenas de pares de medias de estambre para hombres

Medias de seda para hombres y para mujer

7 piezas de bayetones de algodón y 9 de lana

El cargamento mayor era el de aguardiente y vino tinto (252 barriles y

8 pipas con 1.421 arrobas de aguardiente y 43 pipas con 1.376 arrobas de

vino).

En cuanto a provisiones, se traía: 10 pipas con 320 arrobas de vino, 18 quintales de galleta, 1 quintal de fideos y 2 quintales de arroz.

 

RELATO DEL NAUFRAGIO (acaecido a 24 leguas de este Puerto)

Llegados a las inmediaciones de la Isla de Flores, y por tener buen viento y hallarse el mar llano y el tiempo claro y despejado, dieron fondo con una de las anclas, y así se sostuvo la nave sin novedad hasta las 2 de la madrugada del día siguiente, cuando se les presentó una fuerte tormenta, que el Capitán incluso refirió como “huracán”. Uno de los marineros dio voces de que la popa enfilaba hacia un bajo, el medio del Banco de Solís, por lo que picaron los cables y dirigieron la nave hacia la costa para embestir el paraje a fin de salvar sus vidas. La fragata quedó varada, recostada sobre babor, y encontrándose cerca de la costa, bajaron la lancha y el bote para salvar la gente. Este último, en el que se habían embarcado el Pilotín Antonio Botet, el despensero Benito Vila, los Marineros Fausto Figuerola y Pedro Rodríguez y el Paje Narciso Gallardo, no logró llegar a destino, dándose vuelta a causa de la fuerte marea, arrastrando consigo a todos los tripulantes que fallecieron, con excepción del Pilotín.

 

PROTESTA CONTRA EL MAR

 Ante Rafael Pérez del Puerto, Comisario de Guerra, oficial Real, Ministro de Hacienda de la propia Ciudad, compareció el Capitán de la Fragata, Antonio Badía, con el fin de protestar contra el mar, sus olas, vientos contrarios y malos tiempos, lo que habría determinado el encallamiento de la nave.

La protesta, dirigida seguramente a los Cargadores, Fletadores, Aseguradores y demás a quienes legítimamente correspondía pagar todos los daños y pérdidas del naufragio, fue firmada también por el Piloto Antonio Durán y Prats, el Pilotín Antonio Botet, el contramaestre José Pedemonte y los demás individuos de la tripulación, que salieron como testigos del Capitán Badía.

A continuación, en el expediente aparece la siguiente nota, dirigida a “… Los Subdelegados de los Jueces de Naufragios de los Baxeles del Rio de la Plata.  Dn. Antonio Badía y Dn Antonio Durán y Prats consignatarios y comisionados en los géneros y efectos de la Fragata particular nombrada la Estrella que naufragó en esta encenada, como lo acreditan los Documentos obrados ante el Juez de Arrivadas de Maldonado y que existen en poder...resultaría ventajoso conducir y vender en Maldonado lo que sería el cargamento de la Fragata. Los gastos se han de satisfacer de la venta de los mismos efectos que se salven según el respectivo prorrateo Firmamos en la Playa del Puerto Inglés a 2 de mayo de 1794 …”.

 Según lo que antecede sabemos que con la finalidad de resarcir en algún punto las pérdidas, todo lo rescatado se llevó en carretas a Maldonado y de allí a Montevideo para ser vendido. A tales efectos se nombró a Antonio Tort, vecino de la zona, quien ordenó a varios carreteros conducir a Maldonado los objetos rescatados, en su mayoría pipas de vino tinto, barriles de aguardiente, vino de Málaga, en lo que se trabajó desde el 23 de abril al 15 de mayo. La paga era muy buena, 6 jornales al día, y entre los carreteros de oficio aparecen los nombres de Ignacio Silva, Mariano Banegas, Juan Antonio Gonzalez, Lucas Castellano, Juan Garrido, Jacobo Rodríguez, Juan Manuel Riego, Bartolo Errero, Fabián Serrón, Manuel Estevan, Matteo de Sosa, Antonio Rejillo, Justo Márquez.

También muchos lugareños trabajaron voluntariamente en los rescates, como Serafín Mendez, que providenció dos yuntas de bueyes, cinco peones empleados con sus caballos para cinchar y un peón sin caballo, Silvestre Gonzalez, capataz de la Estancia del Rey en las inmediaciones del Cerro de Pan de Azúcar, quien suministró siete reses vacunas para consumo de los individuos destinados al salvamento de la Fragata, así como cueros al pelo que se utilizaron en las faenas del rescate.

Otros vecinos a la playa pidieron autorización para vender todo lo que rescatasen y se hallare en mal estado: palos, velas, mesas rotas, pipas de vino vacías y en pedazos, etc.

Diego Gonzalez (carpintero) y Vicente de Sosa (maestro herrero) tasaron la lancha y el bote rescatados con todos sus aparejos en 90 y 35 pesos.

En varios documentos se acredita la compra y venta de varios de los objetos rescatados por sumas muy bajas, alegando estar en malas condiciones. Sirve como ejemplo el siguiente caso: “… Certifico como compré a Antonio Botet, Pilotín de la Naufragada fragata nombrada la Estrella, su Capn. Antonio Badía dos tercios que contenían sincuenta Piezas de Indianas y entre las cuales hubo ocho averiadas que con dos Expertos, uno de cada parte las tasaron a 17 pesos de desmérito (¿) ... todas ocho cada una dos Pesos y un Real. Para que conste lo firmo en Montevideo a 18 de junio de 1794 …”.

Miguel Costa y Texidor”.

Por último leyendo el expediente llama nuestra atención la siguiente referencia, que nos participa de una costumbre usual en la época, la de entregar a algún miembro de la tripulación las pertenencias de los fallecidos en el naufragio, para que éstos las hicieran llegar a los familiares de aquel:

 “… El día 1º de Julio de 1794 en la ciudad de San Ph. de Montevideo se hace entrega por parte de Dn Miguel Sandoval, Ministro de Marina en este Rio de la Plata, de 3 cajas depositadas en el almacén con ropa de uso, pertenecientes a los dif.tos Fausto Figuerola, Pedro Rodríguez y Benito Vila, Despensero el uno y Marineros los otros dos restantes de la Ep. Fragata que se aogaron en el citado paraje donde acaeció el mencionado Naufragio y de Cuyas Cajas se hacen cargo los individuos del equipaje del propio buque que son nominados para dar expendio de lo contenido en ellas en favor de los mismos difuntos o sus herederos de lo que dentro de ellas se contiene; y es en la forma siguiente:

1- Caja del Despensero Benito Vila, que recibe Miguel Marti con las prendas siguientes: cinco pares de calzones largos usados los cuatro, de lienzo y uno de paño. Cuatro armadores de lienzo, dos camisas de lienzo blanco ordinario, tres idem azules, dos chupas usadas de Indiana, cuatro pañuelos ordinarios de lienzo idem, dos pares de calzoncillos idem, cinco pares de medias de hilo idem, cinco gorros de hilo idem, un espejo, tres navajas de afeitar, un par de tijeras y una piedra de Amolar, todo usado, dos pares de zapatos idem, un colchón idem y una Caja de madera idem.

2- La Caja del Marinero Pedro Rodríguez va a manos de Simón Julián con chaquetas, camisas, calzones de pana, calcetas, sabanas y demás.

3- La Caja del Marinero Fausto Figuerola la recibe Jayme Cortada, y contenía medias de seda negras y cinco chalecos, uno de Pana azul con Veinte y dos botones de Feligrana de Plata, tres de Indiana y uno de Bayetón …”.

 

 

  III – NAUFRAGIO DE LA FRAGATA “LA REUNION”

 

Nos queda entonces presentar al último de los naufragios, el de la fragata particular La Reunión”, ocurrido el 7 de julio de 1792.

El expediente se denomina “Diligencias obradas sobre la justificación del hecho del naufragio de la Fragata Particular nombrada La Reunión, sucedido en Punta Negra de Pan de Azúcar el siete de Julio de 1792”.

La nave, de propiedad del comerciante José Ramón Mila de la Roca, español y hombre rico de Montevideo, partió de Bahía de Todos los Santos el 22 de mayo, a las órdenes del Capitán Antonio Mendieta, con segundo piloto, carpintero, calafate, 12 marineros y 2 pasajeros: Maximo Añorga y Juana D´Emereux.

Salió con todo lo necesario para la navegación, aunque debido a “las noticias de guerra” no pudieron proveerse de los víveres suficientes para toda la travesía, llevando solo 18 alcaires de harina de palo y tasajo, aspecto que podría haber determinado el encallamiento del barco.

El 6 de julio avistaron tierra del Cabo de Santa María y poco después la Isla de Lobos. A las ocho de la noche se echó un Ancla “…con un cable de Piazabal en quinze brazas de fondo…”, y a media legua de dicha Isla de Lobos se rompió el cable. El viento había calmado, pero la corriente era más rápida por el NO, y debido a no tener práctico del puerto de Maldonado, se echaron dos Anclas al agua. Sin embargo siguieron garreando la fuerza de la corriente, y la mar, que estaba picada, los llevó con rumbo al NO, encontrándose, al amanecer del día siete, varados como a media legua de la Punta Negra.

Allí mismo se echó la lancha al agua y en ella se embarcó a Maximo de Añonga, a quien se le encomendó la tarea de llegar al pueblo más cercano en busca de auxilio. Sin embargo, lo más preocupante de la situación no era la varadura de la nave sino la escasez de víveres, que penosamente venían sorteando gracias a los auxilios de la señora de Emereux, quien traía algo de arroz, hecho que habría urgido al capitán a entrar en el puerto más cercano.

Todos los tripulantes y la pasajera fueron a tierra en el bote y la ayuda de Maldonado llegó como tres cuartos de hora después.

 

DECLARACIÓN DEL MARINERO JUAN ANTONIO LARREA

Natural del Señorío de Vizcaya, refirió los acontecimientos que anotáramos anteriormente.

 

JUICIO AL CAPITÁN

En su declaración dijo llamarse Antonio Mendieta, tener 26 años y ser natural de Bilbao.

En primera instancia se le preguntó por el derrotero seguido por la nave, a lo que contestó que a la altura de Los Abrolhos habían sido perseguidos por una fragata que les daba caza, la que recién pudieron perder de vista durante la noche.

Refiriendo las mismas circunstancias que el marinero Larrea, dijo que la embarcación había quedado acostada sobre la banda de babor sobre Punta Negra, yendo el declarante con toda su tripulación al Puerto Ingles, donde varó la lancha en tierra a fin de que la mar no se la llevase

Interrogado acerca de cómo siendo tan tarde, estando el viento bonancible y sin contar con un practico a bordo se determinó tomar el puerto, el Capitán respondió que ordenó venir en demanda del puerto a causa de la falta de víveres, pues venían atenidos únicamente con un poco de arroz que les suministraba la Señora que venía de pasaje.

En cuanto a las causas por las que no había embarcado los víveres suficientes, declaró que el Sobrecargo que tenía en la Bahía le mandó que se hiciese a la vela y viniese a hacer víveres al primer puerto que encontrase según las malas noticias que lleva dichas.

Respecto a la pregunta sobre qué carga traía, y si la traía asegurada como también el Buque, repuso que no traía carga alguna, sino 15 cables de esparto, unos 24 tablones para cubierta de dicha Fragata y unas cuantas maderas de Acana, y que le parece que no venían aseguradas.

 

PROCESO CONTRA Dn. Antonio Mendieta por la pérdida de la Fragata “La Reunión

Tras varios careos y confrontación de declaraciones entre los miembros de la tripulación, el juicio resultó sin responsabilidad para el capitán por la perdida de la nave, aunque en primera instancia se lo acusó de no haber embarcado víveres suficientes, exponiendo a perecer a todos de no haber sido por la casualidad de que la señora pasajera llevara arroz. Por tal motivo en un primer momento se lo sentenció a dos meses de arresto en cualquiera de los buques de S.M., para que esto le sirviera de escarmiento y en adelante se abstuviera de exponerse a semejantes riesgos.

Sin embargo, luego de preguntar sobre las causas de esta omisión, los vocales Joseph de Bustamante y Guerra, Antonio de Barreda, Pedro Ber.do de Esquibel, Pedro de Cabrera, Manuel de Ezquerra decidieron que dicho Capitán quedara enteramente absuelto y en aptitud de poder mandar cualquier embarcación particular que se le confiara.

 


[1] Según el Diccionario Geográfico de Orestes Araújo, “la Punta Negra dista 11 millas escasas al N. 86º O de la Punta de la Ballena, mediando una vasta ensenada circuida casi toda de arena, a espaldas de la cual se haya la Laguna del Potrero. La Punta Negra se compone de tres puntas de piedra, abarcando una extensión de 2 millas y media, y mediando entre las tres, dos playas casi iguales y limpias, con fondo de arena. Llámase Rasa la más oriental, Negra la del centro y del Imán la occidental”.

[2] Según el Diccionario Geográfico de Orestes Araújo, “el Cerro de los Burros es una sierra que se encamina hacia la costa, más al oeste del puerto del Ingles, que remata en la punta del mismo nombre. Tiene unos 100 metros de elevación y desde allí se domina una gran extensión del Río de la Plata”.

[3] La legua castellana equivale a 5.573 o 5.914 metros, aproximadamente.

 

  

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