Historia y Arqueología Marítima

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ALMIRANTE HUSBAND E. KIMMEL, UNA INJUSTICIA HISTORICA

 
Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por  ALEJANDRO N. BERTOCCHI MORAN  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2012

 

 RESUMEN

El domingo 7 de diciembre de 1941 la marina imperial japonesa atacó la base estadounidense de Pearl Harbor, Hawaii, causando 3.581 bajas (muertos y heridos) y hundiendo ocho buques de combate, un buque blanco y un dique flotante y destruyendo unos 200 aviones entre Armada y Ejército. mientras otros siete y dos auxiliares sufrieron daños de envergadura. Pero el blanco estratégico más importante, los portaviones, no se hallaban en la base pues habían zarpado antes del ataque.

Hasta esa fecha señalada, la ciudadanía estadounidense y el Congreso se hallaban divididos de cara a la intervención o no de los EEUU en el conflicto europeo. Como consecuencia, la reacción fue inmediata y la declaración de guerra no se hizo esperar. Y ella se consumo no solo contra el Japón sino contra sus aliados Alemania e Italia.

El Comandante en Jefe de la Flota de EEUU en el Pacífico, Almirante Husband E. Kimmel fue otra de las víctimas del ataque, aunque sus daños no fueron físicos sino políticos y morales,  los que pusieron fin a su carrera naval y mucho dañaron su dignidad personal hasta el día de su muerte.

 

 

 LA PREHISTORIA DE PEARL HARBOR

En un sentido lógico, el encabezado de este sucinto estudio debería incluir también el nombre del general Walter Short y cerrar el espacio con la afirmación: “ambos, víctimas de Pearl Harbor”, pues de ello se trata en estas páginas, de aquella jornada dominical del 7 de Diciembre de 1941 cuando la Armada Imperial de Japón atacó a la Flota estadounidense del Pacífico, apostada en Oahu, y causó un acontecimiento que marcó la historia de la guerra mas destructiva acaecida hasta hoy. Kimmel, Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico y  Short del Ejército de los EEUU en ese  mismo teatro hawaiano, respectivamente.  

Si entramos en la especialidad que nos toca hallamos que hubo dos eventos que para la historia naval suponen gastar toneladas de papel y ríos de tinta en una interminable polémica. Uno, fue este, el bombardeo de Pearl Harbor, y el otro, la mítica figura de Cristóbal Colon.

            Y, justamente iniciamos este análisis con algunas frases del almirante Samuel Eliott Morrison quien publicó dos voluminosas obras sobre estos dos temas. Sobre Pearl Harbor suscribió: “… muchos, dentro de mi país se afilian a las teorías  conspirativas de la historia para explicar los eventos de Pearl Harbor ... ”.

¿Qué quiso decir el almirante Morrison; tan notable marino e historiador? Es que, al considerar el hecho que tratamos y para el buen conocedor de la historia contemporánea, resulta inevitable que se deba dirigir la mira hacia diversos casos puntuales como el asedio y toma de El Álamo, hecho detonante de una exitosa guerra con México (librada en dos capítulos) que hizo perder a este país hispanoamericano mas de un 40 % de sus territorios; o a la ya archi probada auto voladura del crucero Maine en 1898, pretexto de una corta campaña que dio notables bienes gananciales (“the most american wonderfull war”); o el, para algunos  ingenuo, “telegrama Zimmermann” que en 1917 obligó a Wilson a entrar en la contienda europea y, ciertamente, a las actuales y elusivas “armas de destrucción masiva” que suponen el último grito librado en estos  tiempos.

Con estos duros comentarios: ¿el autor intenta señalar que solo el pueblo estadounidense necesita un pretexto o una causa justa para ir a una guerra? No. Subsisten notorios ejemplos en cada rincón de la tierra y bajo cualquier bandera; si  hasta esta misma Republica Oriental, en su peor momento, buscó algo similar para atacar al Paraguay. La historia es subjetiva y en ello hallamos parte del día a día.  

Entrando en las jornadas de la Segunda Guerra Mundial se observa que el enfrentamiento Japón vs. EEUU en este teatro del Pacífico, refleja casi el mismo encarnizamiento y el rigor de los frentes de la Europa oriental donde nazis y comunistas se despedazaban unos a otros.

En ese sentido sobre la oposición de ambos intereses y el nacimiento de este conflicto mucho se a escrito por lo que a ello debería remitirse este estudio y asimismo sus lectores. Pero lo cierto es que la enorme sinergia que llevo a que estallara este contencioso se remonta desde las primeras décadas del siglo XX cuando los nipones comenzaron a abrir sus ambiciones a su entorno más cercano: China, Manchuria, Siberia y Corea. Y como sabemos, ya, los EEUU eran vecinos con su establecimiento neo colonial en las Filipinas.

Y el porqué de cómo los remotos EEUU se opusieron firmemente a los intentos de expansión resulta algo singular en la historia y sumerge al analista en un mar de contradicciones y su más cercana explicación puede venir en ancas del mercantilismo asociado con la mentalidad de dos naciones con sentido imperial. Empero, ciertamente la geopolítica estadounidense se entabló con el Japón tan luego este trabó una lucha sin respiro contra el gigante chino y quizás su prueba mas notoria surge en Versalles cuando el presidente Wilson se opuso a que los nipones obtengan algo mas de lo que recibirían: unas cuantas islas, bien fuera de los espacios vitales para las comunicaciones marítimas de las potencias occidentales. Y absolutamente nada más. La participación japonesa en la Gran Guerra no había dado frutos, solo un oscuro resentimiento contra los occidentales.

El “Dai Nippon” (el gran Japón soñado por el  “Rosenberg nipón”,  el oscuro filósofo darwinista Toyama Mitsuru)  necesitaba espacios donde hallar las materias primas conque carecían sus poblados islarios; una verdadera tragedia material. Y de poco sirvió a Tokyo la fraternal alianza firmada con Londres en 1902 (dirigida contra el Zar) ya que en 1911 Washington obligó a su ex metrópoli colonial a signar un expresivo documento por el que jamás la corona británica haría una guerra contra el Tío Sam. Esta es una de las  pruebas del porque tras la Gran Guerra Japón recibió migajas por su colaboración en la lucha contra las Potencias Centrales.    

Según señala el Capitán Luis de la Sierra en su obra sobre la guerra naval en el Pacífico ya el Japón, en los documentos denominados “Política Defensiva del Imperio” del año 1909, se marcaba a los EEUU como el enemigo potencial. Es que las posesiones estadounidenses en la zona, como las Filipinas, insertaban puntos geográficos determinantes que cubrían los espacios estratégicos por donde necesariamente deberían pasar las líneas de comunicación niponas en su ruta hacia el rico sur. Según este marino e historiador, los EEUU hasta este mismo año 1941, no dejarían de presionar a Tokio para cerrar el paso a sus pretensiones, en especial para procurar cubrir a China de la agresión nipona.

De tal manera los sucesivos movimientos diplomáticos se desarrollaron siguiendo esas premisas y fue sin duda durante las Conferencias Navales de Washington y Londres donde las aspiraciones del Mikado sufrirían duros golpes desde las tiendas de las potencias anglosajonas. Y en este espacio, que ha sido profusamente analizado por los historiadores afines al tema, se dio el surgimiento de vastos y variados planes estratégicos elaborados desde ambos centros de dirección donde la lucha criptográfica que se entablo, para cubrir elementos a la visión del adversario tuvo sus bemoles, siendo el fiel de la balanza del conflicto que abría de sobrevenir. Ambos contendientes se vieron arrastrados en una espiral violenta que condujo a una situación de notoria inquina que tuvo en la figura de Roosevelt su mas caro cultor.

Ya en la Conferencia de Washington los decodificadores estadounidenses lograron desentrañar, poco a poco, todas las claves diplomáticas niponas sin ambages, resultando un hecho de notoria resultancia para el futuro que sobrevendría ya que los japoneses iban a demostrar hasta su mismo final que sus códigos y sus elementos de cubierta se hallaban en pañales frente a la inteligencia enemiga. Y esto se dio no solo para los EEUU, sino que la Gran Bretaña, la URSS y hasta Holanda, van a lograr decodificar a lo largo de décadas, una notable cantidad de cifrados, siendo los británicos quienes mas se desatacaron en este ítem pues las relaciones carnales que sus marinas tuvieron con los japoneses desde el último cuarto del siglo XIX, posibilitaron las infidencias.

Un buen espía vale por veinte mil soldados”. Esto lo marcaba Napoleón en sus escritos y es de desatacar que dentro de la maraña del espionaje contra Japón los EEUU no tuvieron agentes destacados en Tokyo a lo largo de aquellas décadas anteriores a los hechos de finales de 1941. Es que en realidad no los necesitaban pues, como señalamos anteriormente, ya en 1930 se había consolidado la creencia estadounidense que era positivo el estudio a distancia de los elementos de la inteligencia nipona a tenor de la relativa facilidad que parecían surgir de sus materias. Y esto lo van a afirmar los hechos en una forma espectacular y deletérea para los intereses nipones; si hasta en esta actualidad, aun los investigadores japoneses afirman que sus claves más duras fueron robadas por el adversario. Ello supone solo un pobre  esfuerzo intelectual por tapar una verdad cantada a voces.

El estadounidense Ladislas Farago, autor de “El sello roto”, expone en las páginas de esa obra como la decodificación de la maraña de claves japonesas fueron desentrañadas una a una, algunas en forma muy sencilla y otras, como las denominadas “generales de marina”, lo fueron aunque en forma mas dificultosa. Bien se puede decir para cerrar este espacio que los códigos civiles nipones (ministerio de RREE), fueron todos revelados en una forma favorable, cosa que habla de hasta donde arribo la ingenuidad de sus creadores.

Roosevelt, sin duda, debe haber sido el más sonado opositor de todos los planes japoneses para abrirse camino en el Asia y no caben dudas de que la firma del Pacto Antikomintern por el cual Japón se unía a Alemania e Italia en una alianza que parecía fraternal, fue la gota que en su mente colmo el vaso. El 32º presidente estadounidense, simplemente, como lo señalan tanto filias como fobias, se transformo en un decidido impulsor de cuantas medidas podrían llevar a los nipones, o al enfrentamiento, o a convertirse en una potencia secundaria sometida a los dictados de los EEUU.

Ahora bien: ¿que sentimientos mostraban los pueblos del archipiélago nipón? Bueno es develarlo ya que durante estos últimos tiempos muchas voces han hecho gárgaras con Hiroshima y Nagasaki en una suerte de demonizar tal evento como si ello fuera propio solo de un mero, aunque salvaje acto de guerra como para, entre otras cosas, acortar los tiempos del conflicto. Pero, sobre este punto existe la inclusión de otros elementos que van mucho más allá del simple acontecer bélico. En este norte se debe señalar que los actos de barbarie cometidos por las tropas japonesas contra chinos y coreanos cubren un muy triste espacio y suponen un hecho que por ser remoto y hallarse sus derivaciones sobre pueblos asiáticos, poco se han comentado. No hubo Nurenberg para los brutales genocidas nipones, solo una mera justicia puntual.

Vamos a un claro ejemplo: la batalla aeronaval de Mydway se desarrollo del 3 al 6 de Junio de 1942. En esta última jornada cuando ya Yamamoto había ordenado la retirada del grueso restante de la flota ante la severa derrota sufrida, varios ataques aéreos estadounidenses logran hundir al crucero pesado Mikuma. En la acción son derribados varios aviones y tres de sus pilotos son rescatados de las aguas por un destructor nipón. Fueron interrogados, salvajemente torturados, decapitados y sus cuerpos tirados al mar. Empero ese mismo día bastante mas hacia al Este un destructor estadounidense hacia lo propio con los 34 náufragos supervivientes del hundimiento del portaviones Hiryu, quienes fueron asistidos y enviados a un campo de concentración en suelo californiano. Tras el conflicto casi todos contaron el cuento. ¡Y esta es la diferencia que corresponde señalar para marcar claramente el espíritu barbárico del samurai,  cuasi religioso, que imperaba en las mentes japonesas!  A tenerlo en cuenta entonces.

Antes de pasar al desarrollo del tema debemos incluir otra vieja discusión histórica: ¿Quiénes, dentro del mundo director nipón, fueron los impulsores de la guerra contra los EEUU? Una sucinta mayoría, pretendidamente informada, señala a la Armada japonesa como una fuerza decisoria en este intrincado asunto que obraron como para que el general Tojo o el político extremista Yosuke Matsuoka tomaran la decisión de dar el primer golpe a los EEUU, con las seguridades del caso. Pero es de notar varios ítems como que hubo dos partidos bien definidos dentro de este espacio: o la guerra con los estadounidenses y sus aliados europeos, o con la acorralada URSS. En los últimos tiempos varios investigadores ubican a que la enorme mayoría del almirantazgo japonés asumía que una guerra naval con EEUU era con certeza una muy segura derrota a corto o largo plazo, mientras que dentro del ejército se decantaban las voces a favor de esa iniciativa. ¡El ejército japonés, que no podía con los chinos, se jugaba por una guerra naval!

En ese caso la lucha interna entre ambas facciones fue feroz, siendo el Ministerio de Marina, el edificio de Tokyo que sufrió mas atentados terroristas en todos los meses en que se dio esa polémica y, como ejemplo, señalamos que el almirante Yamamoto debió permanecer mas de un año en su navío insignia sin bajar a tierra dadas las amenazas a su vida emanadas del sector intransigente del ejército y sus acólitos extremistas. La actuación pública del mismo honorable gran almirante Kantaro Suzuki, así lo dice; en 1941 debe renunciar a su cargo en manos de Tojo cuando se decide arremeter contra los EEUU y, no tan casualmente, nuevamente Primer Ministro tras la obligada renuncia del anterior, en Abril de 1945 y gestor, junto al emperador Hiroito, de la aceptación de la rendición incondicional (1).

Hechos claros dentro de la oscura crónica histórica de aquel Japón. Y al fin de cuentas: ¿cuando ocurrió el “Stalingrado nipón”? Mientras los alemanes lo tuvieron en 1943 a varios años de haber iniciado sus ofensivas, Mydway se desarrolló a apenas meses de este Pearl Harbor. Clara muestra de un fracaso histórico y de la tragedia nacional que supuso caer bajo las garras de un totalitarismo demencial.   

  

  LOS ALMIRANTES RICHARDSON Y KIMMEL.

            En 1940 el presidente Roosevelt ordenó la mudanza de la flota del Pacífico desde San Diego a Pearl Harbor en una jugada estratégica que suponía “… apuntar una daga al cuello del Japón …”. Era un movimiento mas hacia la obtención de un paso en falso nipón, que ya mas adelante y en los días previos a Diciembre de 1941 se conjuntaría con draconianas medidas como cerrar el canal de Panamá a la navegación japonesa o impedir la venta de petróleo, situaciones que se arrimaban a una provocación en forma. Seguramente hay pocos ejemplos históricos similares donde se detallan dos elementos que se retroalimentaban uno al otro, los halcones del Mikado y los de la White House.

Aquel traslado fue objetado por el Comandante de la Flota Almirante James Otto Richardson hasta en dos oportunidades, siendo la última, librada cara cara en una visita que el alto jefe naval hizo a la Casa Blanca. La respuesta presidencial no se hizo esperar y Richardson fue relevado apenas traspuso la puerta del Salón Oval. Su cargo lo ocuparía su colega Husband E. Kimmel.

Nacido en Febrero de 1882 en Kentucky e hijo de un mayor del ejército se graduó en Annapolis en 1904 ocupando el puesto 13 entre los 62 cadetes de su promoción. Durante su carrera presto servicio en varias grandes unidades destacándose como comandante de división, tanto de destructores como cruceros y del acorazado New York (BB-34). En 1937 fue ascendido a contralmirante asumiendo el mando de una división que realizó diversas visitas a puertos sudamericanos. Dos años después ya es comandante de la fuerza de cruceros de batalla.

Al relevo de Richardson, Kimmel era el más antiguo almirante con rango temporal y fue elegido entre 46 almirantes en actividad con la expresa recomendación del Almirante Stark. En consecuencia Kimmel fue el primer alto jefe naval en alcanzar tal nivel de mando cuando Roosevelt envió la flota a Hawai. Cuatro meses después de tomar el cargo y luego de extensivas evaluaciones del estado de las defensas de Pearl Harbor  Kimmel comunica a Stark sus reservas sobre la seguridad de la flota casi en los mismos términos que su antecesor. No logró que se tomaran en cuenta sus pedidos de mayor apoyo aéreo y expresamente de inteligencia sobre las pretensiones del hipotético enemigo que no era otro que el Japón.

En este caso, obtuvo apoyo del general Short en todo lo relativo a sus ideas denotando las falencias de las islas y por ende se busco la mejor posición posible en tal sentido. Se realizaron operaciones de riguroso entrenamiento conjunto de marina y ejército y además Kimmel ordenó un constante patrullado de la línea de comunicación marítima entre Oahu, Mydway, Wake, Guam, Manila. Era casi lo único que podía hacer de cara a las circunstancias del momento. Tanto Kimmel como Short reconocían hallarse en una primera línea de exposición pero sujetos a un mando superior que poco parecía preocuparse de tamaña situación.

  

  7 DE DICIEMBRE DE 1941

En suma, pese tomar  sus recaudos en la mejor forma posible, Kimmel fue tomado de sorpresa por la acción japonesa que se libró un domingo de mañana cosa que inevitablemente estuvo en su contra.  

 

 

Derrota seguida por la Escuadra de Japón que atacó Pearl Harbour

 

La Armada de EEUU había sido duramente golpeada por un enemigo que había estudiado a fondo las debilidades de la gran base y se había aproximado desde una latitud muy alta. Innumerables investigadores han trabajado el tema y las opiniones se dividen pero lo cierto es que Kimmel fue relevado del mando el 17 de Diciembre y revertido su grado a contralmirante, aunque tal practica era el procedimiento regular para generales y almirantes que eran ascendidos de manera interina para ocupar altos cargos de comando con rangos de mas de dos estrellas. De tal manera su carrera se trunco en forma definitiva debiendo someterse a diversos tribunales que la Armada y el Pentágono instruyeron al efecto. Entre otras cosas, la comisión investigadora del ataque a Pearl Harbor le permitió a Kimmel que interrogara a Stark sobre si recordaba que el 26 de Noviembre de 1941 su oficina recibió información decodificada de fuentes enemigas que mostraba evidencia de que los nipones se aprestaban a atacar a los EEUU y la Gran Bretaña y ese importante dato no le fue informado a tiempo. La respuesta fue que: “… no podía revelar esa información por hallarse bajo un mando superior …”. O sea Roosevelt.

Finalmente, el 26 de Enero de 1942, dicha comisión investigadora concluyó que Kimmel y Short eran culpables por negligencia en el cumplimiento de sus funciones  quedando destituidos y dados de baja del servicio. En su obra sobre Pearl Harbor el almirante Morrison detalla que aunque había pesados elementos de prueba de que Kimmel había sido dejado de lado, en forma poco clara, del circuito de inteligencia tejido sobre el enemigo, igualmente, elípticamente, era responsable por su alta investidura militar. Sic.

Y esto se prolongó en el tiempo. Kimmel en sus memorias acuso al presidente de ser responsable de su indefensión en Pearl Harbor al impedir que llegaran los informes de inteligencia que en forma poco creíble si le llegaron por correo simple, a dos horas de hallarse bajo el implacable fuego japonés. Pero esa obra no tuvo eco. El contralmirante Husband E. Kimmel falleció en Groton, Connecticut el 14 de Mayo de 1968.  

En 1994 sus familiares trataron de que se reivindicara su nombre atento a la circunstancia de la publicación de varias obras históricas que sugerían la culpabilidad de Roosevelt en tan espinoso tema. Se solicitaba la restauración permanente de su rango de cuatro estrellas pero el presidente Clinton lo rechazó. Empero, poco a poco se desentrañaba la madeja.  Se estaban abriendo archivos y asimismo muchos de los involucrados se lanzaban a escribir sus memorias.

En Mayo de 1999 el Senado paso una resolución de exoneración a favor de Kimmel y Short en el marco de un debate. El senador republicano William V. Roth dijo: “… en Washington a ambos oficiales se les negó informes de inteligencia vitales para el cumplimiento de sus funciones y fueron chivos expiatorios del Pentágono …”. Por su parte su colega Strom Thurmond (1) señalo que “… Kimmel y Short fueron las últimas víctimas de Pearl Harbor …”. Al año siguiente el Senado paso una resolución para que los nombres de Kimmel y Short figuraran en la lista de oficiales en retiro con el rango mas alto alcanzado, hecho que hasta esta fecha no se cumplimento por razones dadas, suponemos, a la mentalidad de la burocracia angloamericana.

En relación a la bibliografía surgida tras la apertura de la desclasificación documental sobre el evento, que se dio a partir de 1994, se destacan varias obras: “Day of Deceit, the truth about FDR and Pearl Harbor” de Robert Stinett; “The final secret of Pearl Harbor” del contralmirante Robert A. Theobald y en especial “Infamy: Pearl Harbor and it Aftermath” de John Toland. Por esta última obra el autor recibió el Premio Pulitzer de Historia. Y no caben dudas de que en todas estas páginas pueden surgir visiones disímiles solo sobre hechos secundarios, pero no así en el innegable sentido de que el taimado ataque de aquel domingo del 41 bien se podía haber previsto. Pero alguien no lo quiso así.  

 

  CONCLUSIÓN

            “¡Ojala me hubieran matado!”. Esta frase anecdótica la lanzó al aire el almirante Kimmel, cuando se hallaba en su despacho observando desde una ventana como el bombardeo japonés hundía sus buques, en momentos que una esquirla se incrustó en la pared a centímetros de su cuerpo. En este menester no es especialmente difícil reconocer que fue lo que paso por la mente del Comandante de la Flota del Pacífico, pero, atento a las circunstancias es muy seguro que habrá recordado a  Richardson y ciertamente al presidente y a sus mandos naturales; aunque con sentimientos muy diferentes sobre unos u otros.

2.471 bajas mortales, cuatro acorazados, un crucero, tres destructores, un buque blanco, un minador y un dique flotante fueron, algunos hundidos o severamente dañados, las víctimas materiales del ataque del Almirante Nagumo. Pero lo planeado por Yamamoto, que era no otra cosa que dejar fuera de combate a la Armada de EEUU por un par de años, falló en dos oportunidades: la primera pues el ataque se dio antes de la entrega de la declaración de guerra y la no menos importante baza de que no se hallaban en la base estadounidense los portaviones pues Kimmel había autorizado a su colega Halsey su salida a mar abierto para efectuar operaciones de entrenamiento de sus tripulaciones.

Por lo demás se vivieron varias voluminosas investigaciones sobre los hechos de Pearl Harbor donde tanto Ejército como Armada y asimismo el Senado, e incluso instituciones particulares, no llegaron a conclusiones definitivas en relación a la búsqueda de responsabilidades. Solo se agitaron las aguas de la controversia política en torno a la figura de Franklin Delano Roosevelt que, pese a sus poderosos defensores y a ser en si mismo uno de los campeones del rotundo triunfo de los Aliados en esta Segunda Guerra Mundial, no pudo ni jamás podrá desembarazarse de la sospecha de haber entregado parte de su flota y sus hombres al arbitrio de un enemigo sin escrúpulos.

  

 NOTAS

 

1) Poca prensa tiene el almirante Zuzuki. Fue un acerado enemigo de los belicistas y si bien no fue un estadista dado a poner siempre su mejilla ante la atrevida conducta de los EEUU, fue la única inteligencia que desde la altura vio el inmenso peligro que suponía caer bajo el extremismo de una grotesca casta militarista. Busco hasta el sacrificio llevar la fuerza de estos contra la URSS. Varios atentados contra su vida lo marcan como aquel patriota nipón que busco la salvación de su patria. La orden de rendición lleva su firma.

2) El senador Thurmond fue el legislador con más años en bancada (47) y además es el senador que posee el record absoluto en tomar la palabra en sala: ¡24 horas y 18 minutos!.

 

BIBLIOGRAFIA

  • DAHMS, H.G. “La Segunda Guerra Mundial”. Editorial Bruguera. Barcelona. 1963.

  • DE LA SIERRA, Luis. “La Guerra Naval en el Pacifico”, Editorial Juventud. Barcelona. 1979.

  • FARAGO, Ladislas. “El sello roto”. Editorial Bruguera. Barcelona. 1974.

  • HUMBLE, Richard. “La flota de alta mar japonesa”. Editiorial San Martín. Madrid. 1980.

  • LOPEZ MARTIN, J. “Acorazados-Cruceros”. Editorial San Martín. Madrid. 1972

 

SITIOS WEB CONSULTADOS

  • WIKIPEDIA

  • TARINGA

  • INTERECONOMIA

  • HTM. SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

 

  

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