Historia y Arqueología Marítima

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PEDRO ALVARES CABRAL, LA FLOTA A SU MANDO Y EL ARRIBO A TIERRAS AQUENDE LA MAR OCEANO

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PEDRO ALVAREZ CABRAL

Por JUAN JOSE FERNANDEZ PARES    Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 EL COMANDANTE DE LA ESCUADRA

            El 15 de febrero de 1500, una carta real de Don Manuel I (Manuel el Grande o el Afortunado), Rey de Portugal, nombraba a Pedro Alvares de Gouveia, conocido por Pedro Alvares Cabral, para ejercer el comando de la Escuadra  que se preparaba con destino a la India a proseguir las negociaciones iniciadas por Vasco da Gama.

            Era Pedro Alvares de antiguo linaje, el cual se remontaba a los orígenes del reino y que fuera acrecentado en merecimiento de las campañas del Maestre de Avis, cuando Alvaro Cabral, su tatarabuelo, dio pruebas de valentía, esfuerzo e inquebrantable lealtad, cualidades que se transformarían en vínculo familiar.  Paralelamente crece la casa en opulencia, merced a recompensas generosas de los monarcas por los servicios prestados y aún más de ventajosos casamientos, como lo demuestran hasta la saciedad los documentos reunidos por Aires de Sá.

            Fernâo Cabral, padre de Pedro Alvares, ya alcalde vitalicio de Belmonte, obtiene la alcaldía transformada en hereditaria por Don Alfonso V, casándose con Doña Isabel de Gouveia, rica heredera de Joâo de Gouveia, viendo así incorporarse a su patrimonio la alcaldía mayor de Castelo Rodrigo y los señoríos de Almendra, Valhelas y Castelo Bom, acrecentando todo eso por el morganático de Doña María Gil Cabral.  Del casamiento de Fernâo Cabral con Doña Isabel de Gouveia hubo numerosa prole (cinco hombres y seis mujeres), siendo primogénito Joâo Fernandes Cabral y segundo Pedro Alvares Cabral. 

          

Joâo II (el Príncipe Perfecto)                                 Manuel I (el Grande)

 

            Nacido este último alrededor de 1467-1468 en Belmonte, fue joven hidalgo  de la corte del Príncipe Perfecto, donde por cierto adquirió el “buen saber” que Gaspar Correia le atribuyó en su libro “Lendas da India”.

            Jaime Cortesâo, en su obra “Historia da colonizaçâo portuguesa do Brasil” manifiesta, muy aceptablemente, que fue el África el campo donde se adiestró Cabral en las artes de la guerra, siendo merecedor, por gracia de Don Joâo II, de la suma anual de veintisiete mil reales, dividida en partes iguales con el hermano mayor.  Don Manuel justificó la paga como resultado de “servicios y merecimientos” del futuro Comandante de la Escuadra.

       El nombramiento de “Hidalgo del Consejo Real” y el hábito de Cristo son otras pruebas del alto concepto en que era tenido Pedro Alvares Cabral, mostrando la estima y merecimientos para la elección del comandante de la poderosa flota, magníficamente aparejada, con gente tan lúcida y pronta a zarpar de su fondeadero de Belém del Río Tejo.

            Realmente, solo a una persona de gran valor y entera confianza le sería atribuida tamaña responsabilidad.  En medio de tantos jefes de probado valor, por cierto sedientos de merecer la honra de ser elegidos, la distinción del monarca confirma los merecimientos de Pedro Alvares  y es preciso no olvidar la sólida posición que debía disfrutar en la Corte, mayormente después del casamiento con Doña Isabel de Castro, sobrina del gran Alfonso de Albuquerque, tataranieta de dos reyes, nieta del primer Conde de Atouguia, de las mejores sangres que había entonces en Portugal.

            Esto es todo lo que se sabe al respecto de Pedro Alvares Cabral hasta la fecha de su partida de Lisboa, camino a la India.

            La flota que comandaría Pedro Alvares Cabral en marzo de 1500 era mayor a la que Vasco da Gama comandó en su viaje a India el año anterior.  La Escuadra se armó con trece velas, diez navíos de guerra de porte entre 300 y 200 toneladas, eslora de casi 30 metros, 9 de manga y 4 de puntal.  Las tres velas restantes, carabelas de 100 toneladas, con dimensiones menores a los navíos pero conservando la relación 3:1 eslora/manga.  La superficie vélica total de la flota era estimada en 400 m2 de buen paño de Vila do Conde.  Cada vela llevaba pintada en rojo una gran cruz de la “Orden de Cristo”, y en el alto del trinquete llevaban un nido de cuervo para el vigía.  Todas tenían bauprés.

            Los comandantes de Pedro Alvares Cabral fueron: Sancho de Tovar, Simâo de Miranda, Barolomeu Dias, Vasco de Ataide, Aires Gomes da Silva, Simâo de Pina, Nicolau Coelho, Nuno Leitâo da Cundha, Diego Dias, Pedro de Ataide, Luiz Pablo Pires y Gaspar de Lemos.

            Las tripulaciones sumaban unos 1.800 hombres y se constituian por muy expertas dotaciones de oficiales y marinería, más monjes franciscanos y soldados.  El Rey Don Manuel I les hizo el honor de despedirlos personalmente aquel lunes 9 de marzo de 1500, desde Playa de Belém, en la ribera del rio Tejo, donde estaba fondeada la flota.

VASCO DA GAMA

DERROTA DE LA ESCUADRA

Instrucciones de Vasco da Gama

            Un importantísimo documento, las Instrucciones de Vasco da Gama,  del cual infelizmente queda solamente la primera hoja, debe haber servido de base al Reglamento Real llevado por Cabral y del cual, por impresionante ironía, faltan las primeras páginas, justamente las que deberían contener la transcripción de la opinión de Vasco sobre la navegación a ser efectuada.

            El rumbo debería ser directo  a Santiago (principal isla del Archipiélago Cabo Verde), donde solamente arribarían si fuera de necesidad hacer aguada.  De allí “… en cuanto el tiempo sirva a la popa pondrán rumbo al Sur tirando un bordo al Sudoeste si existiese la necesidad de hacerlo …”.  Al volverse el viento de proa, la flota caería hasta quedarse con el Cabo de Buena Esperanza en el Este franco, rumbo que tomarían hasta doblarlo.

Zarpada

            Las fuentes más importantes son: Pero Vaz de Caminha, quien estaba embarcado y con fecha 1º de mayo escribe una carta  al Rey Manuel I con información relevante del hallazgo de nuevas tierras, de Don Manuel I en una carta a los Reyes Católicos, de un piloto anónimo, y de Joâo de Barros, que confirman la zarpada el 9 de marzo de 1500, un lunes.

            Probablemente navegaron al SSW, rumbo usual para la travesía hasta las Canarias, trecho conocido como Golfo de las Yeguas por los pilotos españoles por el elevado número de equinos que murieron en esa etapa de la travesía al nuevo mundo y que fueron arrojados al mar.

            Buen tiempo y viento favorable permitieron que la distancia de unas 700 millas fuera recorrida en cinco días, con una navegación diaria de 140 millas, o sea velocidad 5,8 nudos, bastante razonable para la época.

En las Canarias

            Sábado 14 de marzo, entre las ocho y las nueve de la mañana, estaba la flota en medio de las Canarias, más cerca de Gran Canaria, como lo aclara Caminha “… en este día la calma detuvo la Escuadra a la vista de las islas, probablemente a 3 o 4 leguas de  la Gran Canaria …”.

 

Réplica de la nave capitana de Pedro Alvares Cabral 

            Si la flota pasó entre Tenerife y Gran Canaria, o entre ésta y Fuerteventura, no poseemos datos para saberlo con seguridad.  Duarte Pacheco Pereira aconsejaba este último camino, trazando el derrotero a una legua, más o menos, de la punta SW de Fuerteventura, la actual Punta Jandía y así evitando el reparo de la Gran Canaria, cuyo punto mas alto, Pexos, está a 1.951 metros.

            Treinta o cuarenta millas después de ser pasada la extremidad Sur de esta isla el viento regresa a la dirección e intensidad normales (el Alisio del Nordeste) y la Escuadra retomó su andar.  El rumbo, como es natural,  fue abierto al Oeste, tal vez Oeste-Sudoeste, en demanda de las islas Cabo Verde, o más precisamente Santiago, como aconsejara Vasco da Gama.

            Las casi 800 millas que separan ambos archipiélados fueron cubiertas en ocho días, con la velocidad media de cuatro nudos.

Cabo Verde

            Pero de Escobar, uno de los mayores pilotos portugueses de la época, habiendo estado con Vasco en India, reconoció rápidamente por estribor a la Isla San Nicolau, cuando se acercó a ella la flota a las diez horas, aproximadamente.  Esto nos muestra que el derrotero llevaba la Escuadra a pasar el largo canal, unas 58 millas,  que separa San Nicolau de Isla de la Sal.  Siendo aquella una isla bastante elevada (1.304 metros), puede ser avistada con buena visibilidad a más de 70 millas.

            La flota dejó por babor la Isla Boavista, tal vez sin avistarla, yendo a cruzar  el canal que separa las Islas Santiago y Fuego.  Esta última, con un notable volcán elevándose a 2.829 metros, debe haber sido visible durante algunos días.

Desaparición de Vasco de Ataide

            Las doce horas comprendidas entre las ocho de la noche y las ocho de la mañana siguiente era divididas abordo en tres “Cuartos de Guardia” de cuatro horas cada uno, denominados: Prima (20.00 a 24.00), Modorra (00.00 a 04.00) y Alva (04.00 a 08.00).

            En el Cuarto de Alva del lunes 23 de marzo fue notada la falta de una de las naves, que Caminha escribe fue la de Vasco de Ataide.

            Se conjetura que Vasco de Ataide se separó de la flota durante la noche, y que al buscarla dio con algún bajío, tal vez el de Joâo  Leitâo (o Juan Valiente), situado 17 millas al SW de la Isla Boavista, y entonces, en mar abierto, naufragó sin que sus señales fueran vistas a causa de la mala visibilidad.

            Dos días demoró la flota en infructíferas búsquedas, al cabo de las cuales Cabral, siguiendo las instrucciones de Vasco da Gama, inició lo que Pero Vaz llamó “… o nosso caminho per este mar delongo …”.

 

PERO VAZ DE CAMINHA

LA TRAVESIA

            La travesía de la Armada hasta la costa americana, hoy brasilera, puede dividirse en tres etapas completamente diferentes:

1)    Navegación con el Alisio del Nordeste.

2)    Pasaje por la región de las calmas ecuatoriales.

3)    Navegación con el Alisio del Sudeste.

Navegación con el Alisio del Nordeste

            Era este el viento de popa de las Instrucciones de Vasco da Gama para estas singladuras del viaje.  En los meses de febrero y marzo alcanza su más baja latitud, aproximadamente 4ºN para la Longitud de las Islas Cabo Verde, y permite la navegación con rumbo Sur franco.  La declinación magnética de apenas 5ºE no influía sensiblemente en el curso, que sería mantenido hasta las proximidades del Ecuador, el cual distaba unas 890 millas.

            De esta manera, la navegación con rumbo Sur franco, de 600 millas, podía ser realizada con el Alisio por la aleta de babor, y la forma más favorable de navegar para los navío de la época debe haber sido cumplida en cinco días, con un andar promedio de 5 nudos.

            Si atribuimos un abatimiento de 6 millas diarias, conforme indica la carta piloto de este trecho del atlántico, al cabo de cinco días la flota estaría ubicada 30 millas al Oeste de la Longitud de un punto estimado situado en medio del Archipiélago Cabo Verde, que era de aproximadamente 24ºW.  De este modo podemos estimar las siguientes coordenadas para esta situación: Latitud 5ºN, Longitud 24º30’W.

Pasaje por la región de las Calmas Ecuatoriales

            El pasaje por las calmas ecuatoriales tiene una extensión de 3 ¾ grados, o sea 225 millas.  Estudiando el derrotero de Joâo de Castro de 1538 podemos concluir:

-              La velocidad de la flota de Cabral durante la travesía se las calmas ecuatoriales puede ser estimada, sin gran riesgo de equivocación, en 1 nudo.  Con singladuras de 24 millas la flota habría demorado cerca de diez días para cruzar la zona de las Calmas Ecuatoriales.

-              En los días pasados en esa zona, la Corriente Ecuatorial Sur debe haber abatido a la flota cerca de 90 millas al Oeste (una nueve millas diarias), llevando los navíos a un punto de coordenadas aproximadas de Latitud 1º15’N, Longitud 26ºW.

Navegación con el Alisio del Sudeste

            Alcanzada la Latitud 1º15’N el viento del Sudoeste se hizo sentir de a poco.  Era el viento de las instrucciones de Vasco da Gama, que obligaba a la flota a buscar un rumbo en que el viento permitiese avanzar, rumbo que, por el régimen eólico de la zona, debe haber sido Sudoeste.  No más de dos días después deben de haber cruzado en Ecuador, en fecha muy próxima al 10 de abril, entre las longitudes 27º y 28º, que tira hacia el Oeste 15 millas diarias.

            Pasado el Ecuador, el viento se alarga y la derrota debe haber sido cerrada un poco sobre el Sur, rumbo que corregido por la declinación magnética sería en realidad SSW, y puede haber sido navegado hasta la latitud de la Isla Fernando de Noronha.  Esta fue probablemente dejada a sotavento, tal vez una 210 millas, pues hay que considerar el abatimiento ocasionado por la Corriente Ecuatorial.

Las 600 millas siguientes, que llevaron la flota a la latitud de la actual ciudad de San Salvador, por los 13ºS, ya no sufrieron tanto el abatimiento hacia el W causado por la Corriente Ecuatorial.  Esta, bifurcándose en la altura del Cabo San Roque, baja paralelamente a la costa, apartada de ella 120 a 150 millas.  Su acción debe haber ocasionado un aumento de la velocidad de la flota de Cabral, que estimamos en 0,5 nudo, sin aproximarla sensiblemente a tierra (abatimiento de 0,2 a 0,3 al Oeste).

Para esta parte de la navegación, podemos calcular la velocidad en el fondo, esto es la velocidad en superficie aumentada por el abatimiento provocado por la corriente, en 5 nudos.  Esto, por la vuelta del día 18 se encontraría la Escuadra por la latitud de la después nombrada Bahía de Todos los Santos.

En esta región el viento sopla bastante del Este, estimulando a ir en procura de la tierra presentida por la Armada de Vasco da Gama en agosto y setiembre de 1497, cuando navegó a lo largo de la costa brasilera y vio aves dirigiéndose al Suoeste, relatando este hecho a su regreso a Lisboa.

BARTOLOMEU DIAS

Arribo

Las últimas 300 millas del rumbo, que llevaron a la flota a la latitud de Porto Seguro, creemos que fueron realizadas en rumbo verdadero próximo al Suroeste, cerrando siempre sobre tierra.  Tres días deben haber bastado para que los navíos efectuaran esta parte de la travesía, alcanzando un punto desde el cual las señales de tierra fueron por demás evidentes.

Estaban en el martes de las octavas de Pascua, día 21 de abril.  Vieron los navegantes “… ervas compridas aque chama botelho e asy outras aque também chama rrabo dasno …”.

El viento, soplando francamente del Este y permitiendo a la Escuadra navegar fácilmente para el Norte o para el Sur, sin probabilidades de sufrir atrasos o dificultades que pusieran en riesgo el objetivo principal, que era alcanzar pronto la India, debe haber animado a Pedro Alvares Cabral a navegar directamente para alcanzar tierra.

Con respecto a la costa avistada, “… primeramente fue un gran monte, muy alto y redondo, y otras sierras más bajas al Sur de este, y planicies con grandes arboladas.  Al monte más alto el capitán le puso el nombre de Monte Pacual, y a la tierra el de Tierra de Vera Cruz …”.  Era el 22 de abril de 1500.

Estaban descubiertas por Portugal las tierras indoamericanas que con el tiempo serían las de la República Federativa del Brasil.

Al ponerse el sol de ese 22 de abril, habiendo avanzado más de 12 millas, fondeó la flota en 19 brazas y a 19 millas de la costa.

 

LA TIERRA

Por la costa a descubrir

Fondeada permaneció la Escuadra hasta el día siguiente, jueves, cuando se hizo a la vela en dirección a tierra.  Como era usual, las carabelas se pusieron a la vanguardia, pues “… buenas eran para descubrir…”, como se decía entonces.

Sondeos cuidadosos permitieron la aproximación hasta una milla y media de la costa, en la cual por cerca de diez horas fondearon en nueve brazas próximos a un río.  A la nave capitana llegaron los comandantes para deliberar si enviarían un bote a tierra.  El él iría Nicolau Coelho, experiente navegante, observaría el río y los hombres avistados desde a bordo.

Continua Caminha en su carta al Rey, refiriéndose a los nativos: “… Eran pardos, estaban desnudos, sin ninguna cosa que cubriese sus vergüenzas.  En las manos traían arcos y flechas.  Venían rígidos sobre el bote y Nicolau Coelho les hizo señas para que bajasen los arcos, y ellos los bajaron …”.  Pasaron la noche a bordo, donde recibieron trato cordial y amistoso.

El río primeramente visto por la flota debe haber sido O Frade (El Fraile).  A las ocho horas de la mañana del 24 de abril, un viernes, zarparon los navíos en dirección al Norte en busca de un buen puerto donde proteger las naves y carabelas, para descanso, aguada y embarque de leña.

NICOLAU COELHO

Bahía Cabralia

La búsqueda demoró hasta casi la puesta del sol, cuando encontraron un arrecife con un puerto adentro, muy bueno y muy seguro, con una larga entrada. 

Este puerto, que luego recibió el nombre de Porto Seguro, fue durante mucho tiempo identificado como Bahía Cabralia, así denominada por Aires do Casal en sincero homenaje geográfico al descubridor.  El lugar de fondeo fue en las proximidades del río Mutari y del Recife da Coroa Vermelha, todo de acuerdo con la vieja tradición.

Encontrado el puerto que buscaban, ingresaron en él los navíos menores y fondearon.  Las naves mayores, siempre dentro del margen de seguridad establecido por hábiles marinos, fondearon en once brazas, a una legua del Recife da Coroa Vermelha.

A la playa se dirigió un bote con el experiente Afonso Lopes, ávido por reconocer la tierra y los habitantes.  Dos fueron llevados a la nave capitana, donde Caminha puede observarlos, haciendo un interesante relato del hecho al Soberano, que así narra: “… Los trajeron de noche al Capitán en cuya nave fueron recibidos con mucho placer y fiesta.  El aspecto de ellos era de color pardo, casi rojizo, con buenos rostros y narices bien hechas.  Andan desnudos, sin ninguna cobertura.  No les molestaba cubrir o mostrar sus vergüenzas, teniendo tanta inocencia en ello como en mostrar su rostro …”.

En la mañana siguiente, sábado 25 de abril, van los navíos a buscar la bahía y fondean sobre cinco o seis brazas, junto a los navío pequeños.

Los portugueses van a tierra, Caminha entre ellos, con los veteranos Nicolau Coelho y Bartolomeu Dias, que llevaban a los indígenas con sus arcos y flechas, luego que recibieran de regalo una camisa nueva y otros obsequios.  Para quedarse con ellos fue un tripulante desterrado, de nombre Afonso Ribeiro, con el objeto de conocer sus hábitos de vida y costumbres.  Los indígenas ayudaron a hacer aguada en el río Mutari.

Destacamos que los tripulantes desterrados eran criminales cuya pena de muerte fuera conmutada en destierro por el Rey, siempre que fueran asignados a empresas arriesgadas.  Cada nave real llevaba por lo menos dos de ellos.  En esta expedición, ocho murieron ahogados en el naufragio de sus naves, dos quedaron en Porto Seguro, y los diez restantes (de un total de veinte) se afincaron en cuatro puertos del Océano Índico donde posteriormente entró la expedición.  Todos prestaron buenos servicios a la Patria.

En la tarde, Cabral y los demás capitanes salieron en sus respectivos botes a recorrer la bahía.  Desembarcaron todos en el Recife da Coroa Vermelha, donde permanecieron cerca de una hora.

En el Domingo de Pascua regresaron al arrecife, donde se ofició misa en un altar bajo un palio.  Sigue un nuevo recorrido en barco con los indígenas en gran alborozo metidos en el agua y los portugueses tocado trompetas y gaitas hasta regresar a bordo a la hora de comer.

Luego del almuerzo los capitanes son reunidos en Consejo, al cual asiste Caminha.  Se decide enviar de regreso al reino a una de las naves de suministros, llevando la noticia del descubrimiento, y también que en tierra quedarán dos tripulantes desterrados y que ningún indígena será llevado a Portugal.  Finalizado el Consejo, todos van a la playa a examinar el río y recrearse.  Allí confraternizan portugueses e indios, con Diogo Días bailando con ellos al son de la gaita.

DIOGO DIAZ

Lunes 27.  Nuevamente van los lusos a hacer aguada, mezclándose con los aborígenes, ahora menos esquivos.  Es este día que el Maestre Joâo Afonso Lopes (piloto de Cabral) y Pedro Escobar (piloto de Tovar) toman la altura del pasaje meridiano del sol, calculando la latitud local en 17ºS.  Diogo Dias y tres desterrados visitaron por mandato de Cabral una aldea indígena, donde  es realizado el sistema de trueque que sería usual entre europeos y amerindios. 

Martes 28.  Los navegantes se dedican a cortar leña y lavar ropa y se inicia la construcción de una cruz utilizando un árbol cortado en la víspera.  Diogo Dias y dos desterrados vuelven a la aldea con la idea de pernoctar allí, lo que no fue consentido por los indígenas.

Miércoles 29.  Cabral cuida la transferencia de la carga de la nave de suministros que regresará a Portugal, velando por la distribución equitativa entra las demás.  Sancho de Tovar va a tierra y permite que dos aborígenes regresen con él, coman y duerman a bordo.

Jueves 30 de abril.  Regresan los portugueses a cortar leña y hacer aguada,  Los indios los ayudan en la tarea.  Este día, el número de ellos reunidos en la playa es elevado: cuatrocientos a cuatrocientos cincuenta.  A la noche, al regresar los portugueses abordo, llevan cuatro indígenas, dos para la nave de Cabral, uno para la de Aires Gomes da Silva y uno para la carabela de Simâo de Miranda.

El viernes 1º de mayo es el último día relatado por Caminha.  Van todos a tierra con la bandera de Cristo, desembarcando en la margen izquierda del río, lugar donde fue construida la cruz.  Cabral y sus hombres cruzan para buscarla, pues estaba junto al monte donde fue cortado el árbol usado en su construcción.

Regresan en procesión, los religiosos al frente entonando cánticos.  Los indígenas auxiliaron en el transporte de la pesada cruz.  Pasado el río, junto a la orilla, ésa es llevada al pozo preparado para su instalación, cerca de trescientos metros de la desembocadura del rio Mutari.

La cruz llevaba las armas y la divisa de Don Manuel I, Rey de Portugal, según relata Caminha.  Colocada, se arma un altar a su pie, oficiando misa Fray Henrique, quien predicó la plegaria sobre los Apóstoles Tiago y Felipe, y su misión.  A las trece horas, finalizada la ceremonia, se retiraron todos a sus naves. 

LA ZARPADA

Al día siguiente partió la Escuadra rumbo al Cabo de Buena Esperanza.  Hacia el Norte, ese mismo día 2 de mayo de 1500, sigue la nave de suministros, bajo el comando de Gaspar de Lemos, llevando cartas de Cabral, los capitanes, Caminha y el Maestre Joâo. 

Réplica de la carabela “Boa Esperança”,  que regresara a Portugal desde Porto Seguro 

La flota, reducida a once buques, enfrenta fortísimo tiempo, que hunde cuatro de ellos, perdiéndose de vista los demás, que solo se van a juntar en Quiloa, a excepción del navío de Diogo Dias con el que se encontrarán de regreso en Cabo Verde.

Con seis velas arribó Pedro Alvares Cabral a la India (Calcuta) en setiembre de 1500.  Bien recibido al principio, surgen desentendimientos con los mercaderes moros, señores del comercio local, y también con el Samorín, interesado en protegerlos.  Finalmente, el puerto es bombardeado, lo que victimó portugueses.

Cargado de especias y estableciendo buenos contactos el Cochim y Cananor, inició Cabral el regreso el 16 de enero de 1501.  En esa fecha se perdería la gran nave de Sancho de Tovar.

El 23 de junio entraba al Tejo la reducida flota de Pedro Alvares de Cabral.  Terminaba así una expedición que, pareciendo al principio desastrosa en vista a las enormes pérdidas sufridas, se transformaría en el gran acontecimiento náutico lusitano, origen de una de las mayores naciones del mundo.

 

ESCUDO DE ARMAS DE SANCHO DE TOVAR

DESPUES DEL DESCUBRIMIENTO

El Señor de Belmonte, algún tiempo después, en 1502, fue nombrado Comandante de la nueva Escuadra a la India.  Esta debería seguir “… los cinco navíos redondos…” al mando de Vicente Sodré, tío de Vasco da Gama.  Sodré iba con una misión independiente, pues debía quedarse en India con la tarea de patrullar el Estrecho durante el verano, para impedir el pasaje de los navíos de La Meca.

Cabral, “… hombre de mucha delicadeza acerca de la honra …” se sintió ofendido y rechazó la invitación, rechazo que Castanheda convierte en un desaire al monarca, diciéndole a Don Manuel I “… habiendo dado el Comando de ella a Pedralvarez Cabral la rechazó por algunos razonables respetos …”, hecho que Cortesâo  ve como una velada censura al Rey.  Sanchez de Baena, fundado en lo que sobre el hecho relató Gaspar Correia, imaginó una lucha de familia entre los Cabral y los Gama, con la cual no concordó Cortesâo.

Lo cierto es que el comando de la flota fue entregado a Vasco da Gama, cayendo Cabral en desgracia ante el monarca, de donde no lo sacó ni siquiera la intersección casi patética de Afonso de Albuquerque, tío de su esposa, Doña Isabel de Castro, llamado por sus dotes militares “el Marte Portugués” y por sus numerosas conquistas “El Grande” y “César de Portugal”.

Este, escribiendo al Rey en 1514, habla del ostracismo en que estaba el Descubridor y en lo mucho que ya perduraba.  Atribuyéndole la culpa del hecho a su pariente (no podía ser de otra manera) pide a Don Manuel que aconseje y reprenda a Cabral, pero le devuelva la gracia real.  Justifica Albuquerque su pedido haciendo elogios referentes a Cabral y considera la atención del mismo un favor personal.

El 10 de enero de 1515 una carta firmada por el propio Cabral le expresa que fue liberada su paga anual de doscientos mil reales, siendo la suma bastante elevada para la época.  Al menos pecuniariamente, fue recordado Cabral.

AFONSO DE ALBUQUERQUE

            Pocos años después falleció el Descubridor.  La fecha de su muerte es desconocida, pero debe haber ocurrido a fines de 1519 o principios de 1520.  El entierro fue realizado en Santarém, donde Cabral se había retirado en 1509.

            En la Iglesia de la Gracia yace sepultado aquel que supo igualar su estatura moral a la gigantesca complexión física, prefiriendo el olvido y la ingratitud al envilecimiento de la intriga y la bajeza.

            Finalmente, cabe expresar que se asigna a este desvío de la rura primaria, la India, que tenía la Escuadra de Pedro Alvares Cabral, a la determinada intención de así arribar  a tierras americanas, siendo muy probable que existiera una orden secreta del Rey al respecto.

            Se torna muy probable  entonces la hipótesis de que la corona portuguesa, ya mucho antes del descubrimiento oficial, tuviera conocimiento de la existencia y situación geográfica del Brasil.  Los documentos que así pudieran fehacientemente comprobar este saber desaparecieron para siempre con la destrucción de los Archivos, en ocasión del terremoto de Lisboa.

            Lo que Portugal supiese al respecto evitaría ser dado a conocer, sobre todo a España en la época de los descubrimientos.  La Corona consideraba  todas las noticias relativas a sus expediciones marítimas como “Secreto Militar o Comercial del Estado”, cuya divulgación a potencias extranjeras se castigaba con pena de muerte.

            En este caso en particular, una divulgación prematura habría sido sumamente inoportuna, pues de acuerdo con la Bula Papal “Inter Caetera” del 13 de mayo de 1456, legalmenmte pertenecían a los españoles todas las regiones hasta la distancia de cien leguas al Oeste de Cabo Verde.

            Era preciso  estar legalmente garantida la posesión a la Corona Portuguesa, lo que logró por el Tratado de Tordesillas, del 7 de julio de 1494, que ampliará la zona de Portugal de las primitivas cien leguas a trescientas sesenta al Oeste de Cabo Verde, abarcando la costa de Brasil y tierras interiores.

            Son significativas las palabras que Don Joâo II dijera a Cristóbal Colón, afirmando que serían de él las tierras que este acababa de descubrir, como así se registra en “Colección de los viajes y descubrimientos que se hicieran por los españoles desde fines del Siglo XV”, obra coordinada e ilustrada por don Martín Fernández  de Navarrete, editada en Buenos Aires en 1945.  Como así también es de relevancia la referencia hecha por Duarte Pacheco Pereira en su obra “Esmeraldo de Situ Orbis”, a un viaje por él realizado en tierras americanas en 1498.

            No siendo menos relevantes los indicios de cercanía de tierra observados por Vasco da Gama, cuando en 1497 navegó a lo largo de la costa brasilera registrando la existencia de aves que se dirigían al Oeste, quedando esta noticia asentada en su Diario de Viaje.

            En carta de Don Manuel I a sus suegros, los Reyes Católicos de España, del 28 de agosto de 1501, al darles noticia del descubrimiento lo expresa como “… maravillosa casualidad…” y … milagrosamente …”.  A su vez, Pero Vaz de Caminha y el segundo cronista, desconocido, no manifiesta en sus escritos ni una palabra del triunfo, solo la noticia objetiva que más bien confirma un hecho conocido que anuncia uno nuevo.

            Por lo expuesto, puede consignarse que habiendo procurado hallar tierras occidentales y navegando con ese propósito, se verifica el descubrimiento del Brasil el

22 de abril de 1500, por los navíos portugueses al mando de Don Pedro Alvares Cabral, acto consumado en nombre de la corona portuguesa, en la persona de Don Manuel I Rey de Portugal, iniciándose así el desarrollo pujante e ininterrumpido de ese país.

            Una vez más se destaca con énfasis el protagonismo relevanto y único de la mar océano en el encuentro de dos culturas.  Américo Vespucio, que arribara a estas tierras años después de Cabral, totalmente maravillado exclamó: “… Si en algún lugar de la tierra existe el paraíso terrenal, no pude estar muy lejos de aquí …”.

 

REFERENCIAS

  • Enciclopedia General del Mar”, Madrid, 1957.
  • FERREIRO, Olavo Leonel, “Historia do Brazil”, Río de Janeiro, 1984.
  • GUEDES, Max Justo, “O descobrimento do Brazil”, Río de Janeiro, 1989.
  • Historia Naval Brasileira”, Vol. I, Tomo 1, Serviçio de Documentçâo Geral da Marinha do Brazil, Río de Janeiro 1975.
  • Z WEIG, Stefan, “Brasil, país del futuro”, Montevideo, 1942.

 

 

  

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