Historia y Arqueología Marítima

HOME

MELCHORA CUENCA (MADRE DE UNA ESTIRPE)

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por TABARE  BARRIOS  DALMAO    Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 RESUMEN

La  Epopeya Nacional no solo se compone de luchas, guerras y batallas a campo abierto.  En el corazón, y los sentimientos de los orientales se libró otro  tipo de batallas, las que en virtud  de la entereza, la fuerza de voluntad y el temple de sus actores, son dignos de considerarse en el terreno de lo novelesco. Tal es el caso de la odisea vivida por Doña Melchora Cuenca. Conozcamos pasajes  casi increíbles de la vida de esta mujer que fue  "La mujer de Artigas"   y hoy reconocida como madre de toda una estirpe.

 

Doña Melchora Cuenca Pañera (dagerrotipo de   )

INTRODUCCION

            Revisando las páginas de nuestro pasado común, encontramos frecuentemente para satisfacción y orgullo de los Orientales, varias mujeres de nuestra historia que cada cual en su asignatura son dignas de rememorar para su justo reconocimiento en la posteridade.

            Algunas en su entorno cultural, a través de la pluma  encontraron la inspiración para dejarnos sus obras plasmadas en hermosos e ilustrativos temas.  Otras mujeres ejemplares, en el campo de la medicina, por ejemplo, las que superando los inconvenientes de entonces cuando las tareas femeninas eran sencillamente observadas como cosa secundaria, a pesar de los tabúes de la época lograron superar las barreras existentes e incursionar en el mundo de la ciencia.  Otras en la danza, o en la enseñanza, así como en diversas expresiones del arte, ya sea por su voz o por sus dotes, en el templado y destreza del instrumento han deleitado a varias generaciones de orientales.

 PRIMERA PARTE

            Hoy pondremos nuestra mirada en la vida  de una mujer que por no habérselo propuesto, sino por designio de su “sino nos lego”, de su grandeza, un magnífico ejemplo de virtud y entereza.  De ella poco se sabe, pero algo se habla, y  a veces se han tejido con aires de historieta o por simple fantasía cosas irreales de momentos de su vida.

            Con firmeza se puede decir que los que nos interesamos en ella no somos muchos, pero sí podemos decir en base a lo que perdura en la familia que fue como esposa paciente, como madre sufrida, y como abuela matriarca de una estirpe, que no es poco pedir a una mujer quien tuvo la gloria de ser, en su momento, la Primera Dama de una Patria que nacía.

            No poseía  título alguno, empero su epíteto era ya un honor.  Era conocida nada menos que como “la Mujer de Artigas”, y no por ello conoció la felicidad, o la opulencia, como le hubiera correspondido si otra hubiera sido la situación y otra la personalidad de Don José Artigas.

Queda así presentada Doña Melchora Cuenca Pañera.

            El detalle más triste en la historia de esta dama fue que conoció a José Artigas  en los momentos que la Patria más lo necesitaba.  Su relación tuvo lugar cuando más arreció la lucha contra los invasores, los detractores y los traidores, porque, recordemos, fueron varios los factores internos y externos que conspiraron contra los planes del Padre de la Patria.

            Melchora Cuenca, como cualquier esposa de militar, sin importar de qué época, por esa simple cualidad, se siente comprometida y condicionada a la labor del esposo, por ende, asume que debe sufrir con él las penurias que en ocasiones acarrea la carrera de las armas.  Melchora, veinteañera en aquel momento, presumiblemente sabía que precio pagar cuando se unió al ilustre soldado.

            Pero la paraguayita ilusionada solo veía al hombre de sus sueños, y a él se dedicó.  El era José Artigas, el Protector de los Pueblos Libras, el estadista, el héroe, el hombre que estaba echando  las bases para su sueño de una Patria grande y libre.  Era el momento que Don José corolaba sus dos grandes e idílicas ideas: la concreción de sus empeños y desvelos  al instaurar la Liga Federal, y a la vez realizar sus sueños de iniciar una vida al lado de su Melchora.

            Cuantas veces habrán soñado  en un rancho lejos de todo, tal vez en el Paraíso de Arerunguá, lugar que hasta nuestros días conservas intacta su naturaleza, allí criarían sus hijos, algún ganado, lejos de las preocupaciones.

            Pero el hombre propone y la guerra se interpone.  Además de los ya expresado, no podemos desconocer que habrán tenido sus momentos de solaz allá en la naciente Villa de Purificación. 

Imaginemos por un instante la agitación reinante en aquellos días en que la Villa recibía viajeros constantemente. Los unos pasarían por el lugar y luego de cumplidos sus cometidos continuarían la marcha.  Los otros se afincarían allí, a esperas de satisfacer sus sueños de libertad, negada en otras regiones, a la sombra protectora del Jefe Oriental.  Y allí, los Artigas Cuenca formarían parte dekl vecindario de la villa.

La historia conocida nos relata que llegaron de Paraguay a través de Las Misiones Don Gaspar Cuenca y Doña Martina Pañera, al frente de su fila de carretones.  Con ellos, su joven hija Melchora.  Thevenet  en “La estirpe artiguista” nos dice: “… Conservaba Melchora los rasgos de su ascendencia española y la gracia de la mujer guaraní …”.  Venían entonces los Cuenca, como tantos peregrinos, a formar parte del nucleo fundacional de la Purificación del Hervidero.

            Los Cuenca Pañera conocían desde años atrás a José Artigas, desde épocas en que éste transitó por Las Misiones y Santa Fe al frente de sus hombres. Fue acertadamente en 1813.  Es así que en 1815 se reencontraron Melchora y José.

            La Villa de Purificación era apenas un asentamiento de pocas casas, que para ser precisos más bien eran chozas, las que son fáciles de imaginar, y según los visitantes y testigos presenciales estaban rodeadas por cierta cantidad de tolderías  pertenecientes a los aborígenes incorporadas a las huestes del libertador.  La fecha exacta de su fundación es desconocida, pero hay documentos emanados desde allí y firmados por el Jefe Oriental desde 1813.  Para la documentación oficial se toma como fecha de partida el 10 de diciembre de 1815, fecha de fundación de la escuelita de primeras letras, escuela en la que, por su alto nivel cultural, nuestra heroína ofició de maestra.

            No es difícil arriesgar la hipótesis que hubo matrimonio entre José y Melchora, ya que el Padre José Monterroso actuaba de secretario de Don José, y también se encontraban en Purificación Fray José Ignacio Otazú y Fray Benito Lamas, sin dejar de lado la presencia por aquellos lares del Padre Larrañaga. 

¿Porqué esta presunción? Por la sencilla razón que tampoco aparecen actas bautismales tanto de Santiago como de María.  Entonces nos cabe preguntar: ¿será que con tanta presencia eclesiástica los hijos de don José Artigas no fueron bautizados?  Y si así fuera, al igual que otra cantidad de documentos, las actas de matrimonio y de bautismos se perdieron o fueron presa de las llamas.

Lo resaltante es que tenemos la certeza de que allí comenzó el romance del héroe con su dama.  Fácil resulta pensar que este romance tuvo sus intervalos a raiz de la constante operativa y desplazamientos del General y sus hombres desde el campamento de Purificación a las zonas de operaciones.

De aquellas casas, podemos aseverar, por su decoro  no sobresalía la del Jefe, dicho esto a sabiendas de su desapego al boato y al lujo.  No habrá pasado más allá de un caserón de barro, poseedor de árboles, un buen quincho, sombra, corral y algún animal para el consumo.  Más allá de esas cosas, a los ojos del prócer serían lujos.  Solo basta  recurrir a la pormenorizada descripción del Padre Larrañaga acerca de su visita a la vivienda del héroe en 1816, en “Relatos de viaje a Paysandú”.  Por lo explícito de este relato, tenemos formada una imagen de los que era la sencillez de su hogar y, a la vez, cuartel general.

Los Artigas Cuenca vivían en las mismas condiciones, con las mismas carencias, que cualquier vecino.  Pero esto no es óbice para decir que Melchora y José no tuvieran sus momentos de dicha.  El primer fruto del amor llegó en 1816 y fue bautizado Santiago.  Después, en 1819, llegó María.  A juicio de este autor, ésta última habría nacido en un caserón ubicado en las profundidades del terruño, en cercanías del Queguay Chico.

En 1818, sin dalos de cuanto tiempo, la pequeña familia estuvo residiendo por breve lapso a orillas del arroyo Mandisovi Grande, en E. Rios. Por entonces el teatro de operaciones de José Artigas, se extendía a lo largo y ancho de las provincias Integrantes de su protectorado.  Allí, a orillas del Mandisovi, fue también la triste despedida en donde Don José, quien a pesar de los ruegos, de Doña Melchora no quiso llevarla, a sabiendas de los riesgos a que estaban expuestos tanto el como su familia.  Época dura para el guerrero. Sí las hubo.

La sublevación de Ramírez, luego el pacto de Ábalos, el afianzamiento de los lusitanos en la Banda Oriental, cada vez mas potentes bélica y políticamente, asegurando su permanencia en la Provincia, la merma de sus tropas, la falta de oficiales leales, en fin, todo un conglomerado de problemas que determinaron que Don José, optara por el destierro.

Aun así, en Agosto de 1820, cortando el nexo físico con la familia (y con la Patria) al momento de su partida definitiva, desde las tranqueras de San Miguel deja una carta a Juan Manuel, el hijo concebido con Isabel Sánchez, hijo este de conducta desviada que en poco tiempo dilapidó el dinero de la familia y pasando a Concepción del Uruguay se refugio en Entre Rios, optando luego a servir a las órdenes de Justo José de Urquiza.

En la referida carta, entre otras cosas, decía el héroe: "…. Te recomiendo que cuides de Santiago como que es tu hermano ....  En cuanto a Melchora no la incomodes ….”.

Con el dolor de la partida del hombre amado concluye una etapa, tal vez la mas feliz, acaso en pago a esa felicidad también la mas desdichada en la vida de Doña Melchora, pero, se inicia otrá tanto o más sacrificada, ya que asumio en tan trágicos momentos el papel de guia de su pequeña familia.

Enterado el General Fructuoso Rivera acerca de la incomoda situación por la cual atravesaba la familia de su antiguo Jefe, ofrece sus servicios y propone a Doña Melchora trasladarse junto a sus hijos a residir en su propia casa de Montevideo, donde Doña Bernardina les acogería de buen agrado.

Nada de esto es aceptado en primer momento, mucho menos acepta la crianza y educación de los hijos del procer, teniendo en cuenta que aun conservaba en su mas intima ilusión, el regreso de Don José.  Recordemos que según el Coronel Andrés Latorre, en la despedida en Mandisovi, el General Artigas, le manifestó su intención de regresar.

Se diluyen las esperanzas.  Tiempo después presumiblemente asumiendo que este retomo ya no ocurriría, consiente que Santiago pase a radicar al cuidado y guia de Don Fructuoso y Doña Bernardina.

A pesar que el grupo familiar pasaba por un estado critico, recibía la generosa protección de la Familia Mundell, familia esta de origen inglés y poseedores de una estancia en la zona del Queguay, quienes les acogieron en esos momentos de apremios, e hicieron con sus socorros, un tanto menores las vicisitudes.

Muchos años después, respecto a esta situación Doña Francisca Artigas, diría de su abuela: "…. Mi pobre abuelita quedo con pocos recursos sola con mi tio Santiago y mi tia Maria que eran muy pequeños.  Pronto se les concluyeron los recursos y tuvo que buscar otros procurándoselos con su trabajo.  Lavaba, cosia. planchaba, confeccionaba ponchos con forro de bayeta para soldados y prendas de cargazón que le encargaban las pulperias de aquella época, que en aquella época como ahora en campaña venden de todo. Ella recordaba siempre los sacrificios que tuvo que realizar y la intranquilidad constante en que vivía sin mas consideración que las compasiones del vecindario donde su historia tan desgraciada causaba a todos honda pena ….".  Con esos apoyos y las labores manuales de Doña Melchora, paleaba regularmente la situación.

Pasados los años, el padre de la Patria es solo un capitulo cerrado de nuestra historia. Ya casi ni se le menciona y Melchora ha perdido toda la comunicación y la información acerca del destino y la situación del héroe.

Ese inexorable transcurrir del tiempo, aliado esto a la distancia hace a veces que los hombres caigan en el olvido.  No lo sentia asi Melchora, que en la soledad de los montes del Queguay alimenta la esperanza del retorno de su José.

En tanto, la Familia esta formada ahora por Melchora su hija Maria y Doña Isabel de Ayala la desdichada esposa de Manuel.  El núcleo familiar se acrecentaría poco a poco con el advenimiento de los hijos de Maria, la que aun muy joven, concebiría con Santos Correa (conocido héroe de las dos orillas).

Desde muy joven María mantuvo una larga relación sentimental con Correa y este grupo, - deciamos- comenzaría su aumento a partir de 1834 con el nacimiento de Aurelia en 1834, luego Juan Alberto, en 1836, Alejandra, en 1838, Juan de Dios en 1840, y ya en Concordia nacería Francisca.

            Pero, para nuestro relato, aun estamos en 1840.     La situación actual es tanto o mas conflictiva que en épocas del prócer.  Tengamos presente que La Provincia ya es el Estado Oriental.  Ya tiene Presidente, tiene su Constitución, y continua procesando su propia historia como Nación independiente.  Pero asi también tiene sus grandes problemas.  Pues por razones internas y aquí tampoco excluimos las externas, padece la joven Nación ahora los rigores de la Guerra Grande.

Santiago, tiempo atrás, siendo muy joven, casi niño, había cortado el lazo hogareño con los Rivera - Fragoso, estando desde los 16 años, integrando las filas de su padrino, el General Rivera, y a los 20 años con la anuencia de este, según costumbre en la época, había logrado el permiso para contraer nupcias, echo este ocurrido el 7 de Abril de 1836.

uestro Santiago, y a hombre, es parte de aquella confrontación entre los orientales.  Al respecto, había comentado Doña Ana Vallejo que un levantamiento del General Rivera, había cortado la luna de miel de los recién casados.

Y cosas de la guerra: José Maria Artigas Villagran y Manuel Artigas Sanchez (hermanos con diferentes madres), de quienes nada se sabia hasta el momento, se les ubica ahora revistando en los ejércitos en operaciones, aunque persisten las dudas en que bando servían, pero de Santiago, no había noticias.  Por lo menos su madre y su familia desconocen la suerte de aquel primogénito, que llamado por la historia un día como tantos, dejo el hogar para acudir al llamado ancestral de la sangre y cumplir con la patria..

            Nota oportuna.  Mientras se procesaba este estudio, hemos encontrado para nuestra satisfacción dos dalos de singular importancia.

Hemos descubierto en la partida de bautismo de Juan de Dios Artigas,  hijo de María en 1840, y anteriormente Alejandra en 1838 y Juan Alberto en 1836, donde Santiago y Ana Vallejo figuran como padrinos.  Lo que significa que en ese preciso instante Santiago ya se había reconectado con su familia. 

Si para el autor esto es un excelente dato, suponemos lo que significo para Doña Melchora. Recordemos que el General Rivera, acompañado por su Estado Mayor integrado por el Coronel Artigas, también con el Coronel Bernardino Baez, Luciano Blanco. Manuel Caraballo y otros, durante largo tiempo se desplazaron desde y hacia la frontera Norte.

            Y, a raíz del resultado de la Batalla de San Antonio, 1846 en El Salto, ante las tropas rozistas parte de este Estado Mayor se había disgregado, pasando muchos de estos jefes a refugiarse en Entre Ríos. Catorce días después de este combate, llegan al Cuartel del Cerrito noticias con el resultado de la batalla en la cual ambos bandos se atribuyen la victoria.

Mucha información circulaba respecto a la confrontación, pero ¿y Santiago? se dice doña Melchora.  Lo ultimo que se entera es que la división comandada por su hijo fue derrotada precisamente en el Salto por el Jefe unitario Servando Gómez, después, nada......

Por fin un día llegan noticias concretas, la desesperada madre se entera que el hijo buscado se encuentra entre los que fortuitamente llegaron a Puerto Palavecino (Entre Rios) y decide sin dilación salir en su búsqueda.  Deja el Qucguay y comienza entonces una caminata hacia el norte, siempre orillando el Uruguay.

Los avatares en la vida de esta dama, no cesaban, su amor propio, su inquebrantable fe de madre y la desesperación, le indujeron obligadamente a intentar reunirse con su hijo.

Nuevas informaciones recabadas en el trayecto, le decían que Santiago había muerto en batalla.  Otras, mas alentadoras decían que estaba operando en Entre Ríos, lo cual ella dentro de su corazón de madre tenia la esperanza que esto fuera lo mas veraz.   Sin meditarlo, decide continuar con su decisión y correr cualquier riesgo, y alimentando muchas ilusiones, persiste en su azaroso peregrinar por el litoral sanducero hacia el norte (Salto y Artigas, no existían aun como departamentos).

Comentan las crónicas que en poco tiempo, dejo atrás El Salto, se vio a Melchora y su infeliz séquito en Belén, dicen que allí manifestó que por esos días continuaría hasta vadear el Arapey, luego el Cuareim, y así siguiendo las operaciones del Ejercito del norte donde presumiblemente aun revistaba Santiago.

Es dable imaginar las distancias, la soledad, los peligros a enfrentar en aquellas inhóspitas regiones.  Pero su amor de madre lo superaba todo y daba por seguro que lo encontraría.

            Los viajeros cruzan el Uruguay a la altura de Paso de libres, y siempre en base a informaciones, comienzan el derrotero hacia el Sur, su meta es ahora Concordia.  Tiempo después, una partida de soldados del Ejercito del General Urquiza advierte la presencia de aquel el grupo humano y comunican la noticia al Gobernador y este, dispone que se les facilite la llegada a Concordia.  Allí encuentra al hijo con los despachos de Coronel del Gran Ejercito del General Urquiza.

Es entonces que en 1847 la búsqueda llega a su fin, luego de una caminata de casi 500 kilómetros, ya que hoy día desplazándose por buenos caminos hay unos 400 kilómetros a andar.  Dando muestras de la templanza y firmeza que ha caracterizado a la mujer criolla, por fin Doña Melchora cumple el sueño de abrazar a su hijo, llevaba ya, 26 años sin José y mas de diez sin Santiago

La vida cambiaría totalmente para la Flia Artigas Cuenca. Su hijo le dará protección en una casa a alquilada en la ciudad a tales efectos.  A partir de entonces Doña Melchora y sus acompañantes recibirán la atención merecida.  La vida ofrece otro perfil a la familia.

Con los años, una hija de María llamada Francisca es desposada por un viejo amigo de la familia, el Coronel Fortunato Mieres.  Los hijos de María, y el Coronel Justo Correa no llevaran el apellido de este.

Juan de Dios y Pedro Pascual Artigas en su oportunidad se integraron al Gran Ejercito, Junto a Santiago, y Juan Manuel, siendo todos los nombrados reconocidos como héroes en razón a los méritos de su descollante actuación en la Batalla de Caseros.  José Maria Artigas Villagran había no se encontraba entre estos, ya que asi bien había pertenecido a este Cuerpo, había fallecido en 1847.

  LA LANZA DE LA MELCHORA

(Origen de una leyenda)

En este peregrinar, y ante la incertidumbre de lo que pudiere ocurrir. Doña Melchora necesitaba algo que la acreditara. 

Su salvoconducto era un elemento muy particular: una lanza de tacuara con una chuza enastada.  Afirmada a esta lanza, una replica de la tricolor artiguista, aquella izada en Arerungua tres dias luego de la jornada de Guayabos .Enero 13 de 1815.  Con esto, era reconocida y en base a ello se le prodigaban ciertas atenciones allí, donde arribara.

Rancho donde llegaba, amarraba la lanza en un horcón, acaso en un palenque, en un poste y en todo lugar desde donde a cierta distancia fuera visible aquel pendón.

No falto tampoco la ocasión de tener que amarlo con premura ante situaciones de riesgo.

            "…. Allá esta la mujer de Artigas …."  o   "…. Por allá anda la Melchora ….",  eran los comentarios.  En base a ese detalle, nace una fantasía.  Se oye decir con frecuencia: Melchora la lancera, la primera en las cargas … pero, que tiempo dispondría Melchora para ir al combate?

            En el periodo en el que se le atribuyen condiciones de lancera, las acciones bélicas del Libertador, fueron funestas.  A modo de ilustración y por citar algunas recordemos:

En marzo de 1815 apenas instaurado el Campamento De Purificación Don José Artigas y sus tropas se desplazan a Santa Fe y Entre Ríos.

En junio de 1816 más alla el Ibicuy cruza armas con tropas del General Joaquín Javier Curado.

El 22 de Setiembre, luego de tres horas de combate, debe retiraras con sus muertos y heridos también derrotado de Santa Ana ( poco mas al norte del Quaraí).

El 27 de octubre de 1816 es derrotado en los cerros de Corumbe por Joaquín De Oliveira Alvarez ... siendo en este momento Santiago, un lactante de pocos meses.

En los días 3 y 4 de Enero y de 1817 nuevamente el héroe es vencido, luego de dos días de indeciso final, esta vez en el Arapey en el Catalán, por el Mariscal de Campo Marques de Alegrete.

En Julio de 1818 es sorprendido al frente de una escasa soldadesca y también derrotado en Queguay Chico.  Factiblemente en este momento, Melchora estaba en periodo de gestación esperando a Maria

Como es posible entonces,- se pregunta el autor-, ¿de que manera la primera Dama de la Banda Oriental, aún embarazada y con un niño de menos de tres años, participara en cuatro o cinco cruentos enfrentamientos tan distantes de Purificación al frente de los lanceros?

¿No tendría el General Artigas acaso disponible un escuadrón de Charrúas para tales circunstancias?  Pero Artigas, su entorno y mucho de lo que de él se diga e invente, hoy día es comercio y se vende

Una cosa es historifícar sobre Artigas o cualquier personaje de su entorno, otra cosa es crear fantasías para luego vender el producto de su imaginación.

Definitivamente y echando por tierra toda especulación, en base a los mencionados combates:  “Doña Melchora Cuenca, nunca participo en una carga de lanceros”.

 EPILOGO

Fallecido Santiago, Melchora le sobrevivirá por unos años pero, ya sin aquella protección del principio, las atenciones no serian la misma.  Hombres mal intencionados, leguleyos de ocasión, poco a poco logran hacerse de todo capital que les legara el Coronel Artigas.

Padeciendo su nuevo invierno, a mediados de los 60, para siempre se duerme Doña Melchora.  Trágicamente fallece a causa de las emanaciones de dióxido carbono, emergente de un bracero con el que combatía los rigores del invierno, fallece con poco mas de 70 años.

            De este modo se cierra esta pagina de historia con el triste final de la accidentada vida de Doña Melchora Cuenca.  Heroína de un casi de un cuento de fantasía, pero este cuento contiene capítulos matizados con los trágicos ribetes de la vida real.

            Melchora Cuenca, no nos habrá dejado tal vez una obra ejemplar a seguir, pero si una enseñanza de cómo y hasta donde puede llegar la voluntad en pos de un ideal.  Y en del por que al tomar una decisión se hace necesario ser expeditivo.

Doña Melchora Cuenca, vivió su propia guerra. Y no empuñando una lanza precisamente.

Si para la Patria ha sido una tragedia perder físicamente a su fundador, y en acciones heroicas a los hijos de este, con que dolor no habrá palpitado el corazón de esta mujer que sintió en carne propia los rigores comunes a todos los orientales.

            Así, también en la tragedia, muere esta mujer, ejemplo de estoicismo pero no de resignación, que en ningún momento pensó cobrarle a la vida misma o al destino en este caso, no venganza sino una retribución a los malos momentos a modo de satisfacción. 

Al transcurso del tiempo, Santiago y Maria, crean su propias descendencias.  Afortunadamente a Santiago también le sobrevive Ana, su esposa con quien engendro a Manuela y Fidela, orígenes a la vez de los apellidos Dalmao, Aranguren, Leites, Grasso, Leguizamosn etc, cuyo linajes llegan a nuestros días.

A Doña Ana Vallejo, especialemente, le debemos –quienes nos interesamos en el tema,- muchos relatos por vía oral de infinidad de capítulos de Guerra Grande y la actuación en esta guerra de muchos de los integrantes del linaje.

Los restos de Doña Melchora Cuenca de Artigas descansan en el Panteón de los Héroes en el Cementerio del Buceo, Junto a los hijos del héroe.

            EI nombre de Melchora Cuenca, no debía ni merecía pasar al olvido.  Así lo  han interpretado muchos de sus descendientes, por lo tanto, sus descendientes gestionaron, con resultados positivos honrar con su nombre a la Escuela Nro 26 de Paso del Potrero de Arerungua, Departamento de Salto

            Este ha sido un relato de la vida real.  Cuantas grandes e ignoradas mujeres han pasado por vicisitudes acaso mas tristes y mas sacrificadas que Doña Melchora.  Sean pues recordadas todas aquellas madres y esposas cuyos hombres de aquellas épocas y por que no del presente quienes indirectamente han padecido y padecen en los avalares de nuestra historia.

 Alguien dejo escapar estas estrofas que pondré como cierre …

 

Nadie te cantó a vós Melchora Cuenca
Venías de la raíz de las tormentas
Te corrían las trenzas renegridas

 

Hecha siempre de besos y zarpazos
Mujer más que mujer, orquídea y rayo
Caudilla del caudillo de los gauchos

 

Aquí te traigo fuego de la tierra

Yo soy la voz del pueblo y con Artigas

 

Si nadie te cantó    

Paz y guerra fatiga y descanso

Del parto de la tierra y el relámpago

Como rios de lutos asombrados

Nadie te cantó a vós, Melchora Cuenca

De carne entre la paz y la batalla

Te traigo espumas y te traigo nardos

Hoy yo te canto.

 

 

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar