Historia y Arqueología Marítima

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LOS DRAKE EN EL PLATA (SIR FRANCIS Y JOHN)

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

      

Sir Francis Drake y su Escudo de Armas- John Drake

Por  ALFREDO KÖNKE MIRANDA   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 RESUMEN

A través de los años hemos tenido la oportunidad de leer muchas veces publicaciones referidas al viaje de Sir Francis Drake alrededor del mundo y unos años después el realizado por su primo, John Drake. En este trabajo nos concentraremos en las declaraciones del último de los nombrados luego de su captura por los españoles, a su arribo a Buenos Aires. No juzgaremos si lo declarado por él es exactamente lo sucedido, o si John cambió algo en sus declaraciones para mejorar su posición frente a las autoridades primero y frente a la Santa Inquisición después. En una palabra; nos referiremos al documento original en una primera instancia, destacando en negrita los nombres correctos de personas y lugares y datos de otras fuentes.

ADVERTENCIA

La publicación del trabajo comprende varias tipografías diferentes; se destacan en cursiva los pasajes textuales y palabras extraídos del documento original, en negrita los nombres, apellidos y toponimos correctos, destacando entre parentesis los datos no contenidos en el texto original, extraídos de fuentes diversas.

 INTRODUCCION

En está investigación empezamos al revés; en marzo del año 1584 en Santa Fe, (Argentina) y de camino a Lima (Perú) para ser juzgado por el tribunal de la Santa Inquisición.  Encontramos a John Drake, sobrino del célebre corsario inglés Sir Francis Drake, primer capitán que al mando de su navío completara la vuelta al mundo, ya que Magallanes no lo pudo realizar por haber sido muerto por los nativos en la Especiería.

            También Sir Francis fue el primer inglés en completar la circunnavegación del globo terrestre lo que le valió la leyenda en su escudo nobiliario: “Tu Primus cincundiste me” que justamente en latín significa eso; el primero en realizar la circunnavegación.

            Ahora bien, ¿que hacía John Drake prisionero de los españoles en el Río de la Plata, el más austral de los bastiones de esa nación y por lo tanto enemigo, en el último cuarto del siglo XVII?   La Frances era el único navío,- una pinaza (lancha para los españoles)- que había entrado al Río de la Plata de la flota que compuesta por  cinco naves al mando del general Fenton y el almirante Luke Ward trataba de seguir el exitoso crucero realizado por Sir Francis unos años antes. 

EL VIAJE DE SIR FRANCIS DRAKE

Sir Francis Drake, mal tildado de pirata por sus acérrimos enemigos, los españoles y sus aliados, era en ralidad un corsario bajo las ordenes de Isabel I de Inglaterra. Nació en Crowdale cerca de Tavistock en Devon, en la granja familiar. Edwind Drake, padre de 12 hijos de los cuales Francis era el mayor, en 1544 se estableció en la granja de su hermano John. Si bien sus orígenes habían sido como predicador seglar protestante, a causa de los disturbios provocados por los católicos en el suroeste de Inglaterra en 1549 se vió forzado a dejar la granja, buscando refugiarse en la isla de San Nicolas en el Puerto de Plymouth. Un pariente de Edwind, William Hawkins, enterado de esta situacion logro trasladar a Kent a la familia Drake.

       En Kent y a orillas del Río Medway vivían los Drake en un viejo barco amarrado a la costa. El joven Francis comenzó su carrera náutica siendo aprendiz en un barco de cabotaje que hacia la carrera del comercio Inglaterra/Holanda. Más tarde, en 1566, su primo John Hawking le consiguió un puesto de sobrecargo a bordo de un barco dedicado al comercio de esclavos, alcanzando en 1568 el rango de capitán. En 1569, en St. Budeaux, cerca de Plymonth se casó con Mary Newman.

Volvamos al relato inicial de lo ocurrido en Santa Fe y protagonizado por John Drake, el 24 de marzo de 1584. El documento está fechado con el mencionado día y constituye la declaración de John sobre el viaje que realizó con su tío ante el escribano del Rey Don Francisco Pérez de Burgos, natural de Jerez de la Frontera.

El manuscrito original está titulado:

            Año 1584 relación circunstanciada del viage que hizo Francisco Drak ingles al entrar al sur por el Estrecho de Magallanes con todo lo ocurrido durante su dilatada navegación desde el año de 1577 que salió del Puerto de Plemud en Inglaterra hasta su regreso al mismo reyno que lo exucuto por las islas del Maluco y Cavo del Buena Esperanza.

Hecho en la ciudad de Santa Fe provincia del Río de la Plata en 24 de marzo de 1584 por Juan Drak sobrino de dicho capitán Francisco Drak.”

            El escribano de su majestad dio fe y testimonio del viaje que realizó el capitán Alonso de Vera y Aragon a la “Ciudad de la Trinidad y puerto de Buenos Ayres”. Conduciendo despachos y provimentos. El nombrado relató que llegaron a dicha ciudad, tres ingleses los cuales narraron que venían huyendo de indios carives que están de aquella parte de este río en San Gabriel”

            Y comenzó el interrogatorio realizado por Alonso de Vera y Aragon oficiando de intérprete Juan Perez un inglés afincado en Asunción quien le preguntó a Juan Draque -los españoles con su manía de traducir fonéticamente al castellano- que relatara todos los pormenores del primer viaje realizado con su tío.

John comenzó por decir que no sabía en que día partieron de Inglaterra pero aseguraban haber salido hacia siete años más o menos del puerto de “Plemoud” en una flota compuesta por cinco navíos. La nave capitana era de 120 toneladas teniendo la armada en total una fuerza construida por 160 soldados, muchas municiones y bastimentos para 18 o 20 meses, la artillería de a bordo estaba distribuída de la manera siguiente: la capitana 18 piezas, 11 la nave almiranta y las otras naves 12 piezas cada una, de fierro colado.

            La propia reina Isabel I concurrió al puerto a despachar la flota, hay que tener en cuenta que Drake había sido nombrado caballero y estaba acompañado por 10 de sus pares, el Almirante y varias personalidades más, todos oriundos de Londres. El proyecto consistía en navegar hacia el Sur atravesar el estrecho de Magallanes y salir al Océano Pacífico; la Mar del Sur.

            Luego de la salida de Inglaterra la primer tierra en la que desembarcaron fue el Cabo Bujador lugar elegido para poner a punto los navíos para la larga travesía que les esperaba. Durante la estadía los moros capturaron dos ingleses de la tripulación. Se dirigieron luego al Cabo Blanco en donde capturaron una nave portuguesa obteniendo como botín, pescado y cuatro quintales de bizcocho.

            La navegación los llevó a la Isla de Mayo en Cabo Verde, allí capturaron un navío de mercaderes de unas cien toneladas cargado de paños, olandas y todo tipo de mercaderías.  Luego de cuatro días de permanecer en la bahía, partieron con los seis navíos hacia el Río de la Plata directamente, sin desembarcar en ninguna costa. Al llegar al Río de la Plata subieron por éste hasta llegar al Agua Dulce donde permanecieron seis días haciendo leña y aguada para partir rumbo a la Bahía de San Julián. Hasta aquí el relato de John Drake en Santa Fe con relación a la visita que realizaron al Río de la Plata en su periplo alrededor del mundo.

            Ya en Lima, (Ciudad de los Reyes) el jueves 8 de enero de 1587 encontramos a nuestro personaje, John Drake frente al Tribunal de la Inquisición presidido por el inquisidor licenciado Antonio Gutiérrez de Ulloa.

            El nombrado inquisidor mandó traer de las “cárceles secretas del Santo Oficio” a un hombre que se encontraba preso en las mismas, el cual al hallarse presente frente al tribunal, juró en forma debida y de acuerdo a derecho, decir la verdad hasta el final de la causa que se le seguía.  Dijo llamarse Joan Drac natural de Tavistoc en el condado de Devon en Inglaterra. Su edad 22 o 23 años, sin oficio, que no ha hecho otra actividad más que navegar con su primo hermano Francisco, al cual algunos  consideraban tío suyo.

            Mucho más locuaz que en Santa Fe, John contó que su padre era caballero y que tanto éste como su madre Ana Drach eran naturales de “Tavenstoc” y que siendo nobles vivían de su hacienda pese a haber fallecido su padre. Sus abuelos, tanto paternos como maternos también habían fallecido y pertenecían a la nobleza, siendo naturales todos ellos de “Tavenstoc” o su entorno.

            Siguió John relatando como estaba constituída su familia nombrando a tíos y tías tanto de parte de padre como de madre. Rescatamos solo que Sir Francis era hijo de Edmond Drake hermano de su padre y por lo tanto eran primos hermanos John y él.  Francis, -capitán Francisco a lo largo de todo el expediente-, era casado con María cuyo apellido no figura en la declaración y ambos vivían en una casa a dos leguas de distancia de Plemo (Plymouth).

A continuación John declara que era soltero, sin hijos y cristiano bautizado y que no recordaba si había sido confirmado. Asimismo narró que se había confesado en el Paraguay con Fray Francisco de Torres, fraile de la orden de San Francisco y en Santa Fe con un fraile, cuyo nombre no recordaba. En cuanto a comulgar, lo había hecho durante la navegación, muchas veces con un sacerdote de los protestantes, -conocidos en la América hispana como luteranos-. Describe entonces John la ceremonia de la comulgación y confesión con lujo de detalles agregando que no recordaba haber comulgado de esa manera durante la navegación con el capitán Francisco.

            El tribunal le ordenó entonces que se arrodillara, se santiguara y que dijera las oraciones de la fe católica; el Padre Nuestro, Ave María, Los Diez Mandamientos de Dios, los cinco de la Santa Madre Iglesia y los siete Sacramentos, “En romance bien dicho aunque tropezando y como a tientas y dijo que no sabe latín” sorprende el conocimiento que tenía John de la liturgia católica sobre todo al provenir de una familia protestante y como ya vimos perseguido por los católicos; sin embargo a través del expediente se percibe que el tribunal aprobó lo desarrollado por él lo cual no era un tema menor por tratarse ni más ni menos que de la Santa Inquisición, que solía freír a los acusados por temas mucho menos importantes como surge de sus anales.

            Con respecto a su lugar de nacimiento, John no pudo precisar si fue en “Taistoc” o a una milla de allí, sorprende lo exiguo de la distancia expresada. Hasta los ocho años vivía con su abuela “Margari” paso luego a vivir en casa de su madre y a los diez años, el “capitán Francisco su primo” lo llevó con él. Viajaban juntos y él le hacía de paje hasta que cumplidos catorce o quince años salieron de Inglaterra del Puerto de “Plemu” en cuatro navíos y un patache pequeño de 17 toneladas. Sir Francis era el general de la armada y como capitanes de los dos navíos “Joan Huinter”, almirante y John Tomas, capitán. El otro navío era de bastimentos, no tenía capitán asignado salvo un encargado del mando. La gente combatiente era marinería compuesto por 140 hombres. La nave capitana tenía 18 piezas de artillería, la almiranta 16 piezas al igual que la otra.

           El navío de bastimentos tenía 5 piezas de artillería y el patache algunos versos, -pieza ligera de artillería-; toda la armada según John, tenía todo tipo de armamento y cuatro o cinco calibres diferentes y municiones de distintas clases, granadas de mano erizadas de clavos a efectos de  clavarse en cubiertas y maderas en general, flechas incendiarias para tirarle a las velas enemigas, mezclas incendiarias para arrojar sobre los navíos, sin embargo el armamento más usado eran los arcabuces.

            Según lo declarado por John la entera armada había sido consegida por el “capitán Francisco” sin enterarse él como, y que habían zarpado de “Plemu” a fines de diciembre de ese año sirviendo él como paje de su primo. Según la declaración, nadie sabía a bordo de los navíos cual era el destino de la armada, siendo la primer tierra avistada una pequeña isla cercana a la costa de Berberia, parte de NW de Africa; llamada Comodoro donde desembarcaron y con la madera que habían llevado desde Inglaterra construyeron una pinaza – embarcación que los españoles conocían como lancha-. Nueve días les llevó la construcción de la misma luego de la cual, levaron anclas y se dirigieron a la isla de Mayo en Cabo Verde.

            En la mencionada isla cargaron agua en los navíos y algunas cabras que encontraron. La isla estaba poblada por los portugueses y en ella permanecieron un par de días, luego de lo cual se dirigieron al Río de la Plata sin efectuar otra escala. Durante esa derrota se encontraron con un navío portugués al cual capturaron sin ningún intento de defensa por parte de los lusitanos, lo cual aprovecharon los ingleses para tomar todas las pertenencias de los 40 pasajeros los cuales eran mercaderes y marineros.

             Sir Francis al quedarse con el navío y su piloto, llamado Silvestre (Nuño Da Silva), entregó la lancha del navío a los portugueses para que pudieran regresar a tierra. Resuelto el tema, abordó el navío portugués en compañía de Silvestre, como ya vimos piloto del navío capturado y se dirigieron al Río de la Plata, donde surgieron en el Cabo Santa María.

            Allí permanecieron tres días haciendo aguada y leña luego de lo cual dejaron esa despoblada comarca para dirigirse a un puerto denominado Bahía de Lobos, seguramente en la costa de la actual Argentina, el cual según el relato de John se encontraba “como a cien leguas antes del estrecho”. En dicho lugar, el cual deberíamos ubicar con precisión, procedieron a deshacer el navío que llevaba los bastimentos y parte de la madera extraída la utilizaron para quemar ya que hacia mucho frío. Según Lloyd Hirst en “Britons at Maldonado” esto ocurrió en las cercanías de Punta del Este, lo que no coincide con la ubicación aportada en el relato. Dice John en su declaración: “desde la Bahía de Lobos que está en 48 grados, fueron al puerto de San Julián que esta en 49 grados, y le llamo así Magallanes, según consta de la carta, y es puerto despoblado y peligroso al entrar por unos baxos que tiene y después alla dentro es muy bueno”.

            Abandonado por parte de los viajeros el Río de la Plata, dejamos aquí la declaración de  Drake sobre el resto del viaje con Sir Francis ya que ello constituirá seguramente otra presentación sobre este apasionante tema.  

EL VIAJE DE JOHN DRAKE

Al regreso del viaje con su primo, John estuvo viviendo en Londres por espacio de un año y estando allí se enteró que “un caballero de mar” y unos mercaderes asociados querían realizar un viaje a China y asentar allí una factoría. Para ello ofrecieron a una persona el pagarle una comisión por la realización del viaje pero esta persona no aceptó el ofrecimiento y entonces “un caballero llamado Eduardo Fenton” se ofreció a realizarlo. En realidad el “caballero” como lo llama John, era el general Fenton, de destacadas acciones en la guerra con Escocia, pero sin ninguna experiencia marinera, por lo que los mercaderes no dudaron en pedir consejo a Sir Francis Drake y al Consejo del Reino. Inclusive le pidieron a Drake que les proporcionara algunos de los tripulantes de su circunnavegación, aceptó éste y les proporcionó a Thomas Gult, maestre de su navío, al contramaestre “Thomas Blacola (Black Collar) que quiere decir collar negro”, así como a John  Drake y también se ofreció un sobrino de “Juan Haquines” (John Hawkins) llamado “Guillem Aquines”. (William Hawkins)

            La flota estaba compuesta por cuatro navíos. Dos grandes y dos chicos e iba al mando del general Fenton y como almirante Lucquart (Luke Ward), siendo John el capitán de uno de los navíos pequeños que según el sería de 40 toneladas. La nave capitana (Leicester, 120 tripulantes) era de 500 toneladas y llevaba 50 cañones de hierro. La almiranta (Edward Bonaventure, 78 tripulantes, 300 toneladas) 36 cañones y los dos navíos pequeños (Frances, 16 tripulantes y Elisabeth, 50 toneladas, 15 tripulantes capitán Thomas Skevington, 36 cañones). Traía la flota también todo tipo de armamentos, balas con clavos para arrojar a mano y que se clavaban donde caían, flechas para incendiar las velas enemigas, o el lugar en el cual cayesen y otros artefactos incendiarios algunos hechos en Inglaterra y otros fabricados por los lombarderos (artilleros) durante el trayecto.

            La flota salió del puerto de Anton el 12 de Abril (de 1582) y se dirigieron a “Plemu” zarpando de allí a principios de junio de 1582, dando comienzo al viaje. Hicieron escala en las Islas Canarias y en la Tercera pero no pudieron hacer agua por estar el mar muy crecido y siguieron hasta el Cabo de Buena Esperanza. La línea ecuatorial les esperaba con fuertes vientos contrarios por lo que tuvieron que regresar “al Cerro del León”, para mi: Sierra Leona – costa del Golfo de Marfil. Luego de un mes de estadía en ese lugar y luego de haber cargado agua y leña, compraron bastimentos y algunos negros a unos portugueses, dándoles como pago paños y uno de los navíos pequeños de la flota; el mas viejo.

            Al intentar retomar el rumbo el Cabo de Buena Esperanza, luego de pasar el Ecuador encontraron vientos y corrientes contrarias por lo que llegaron a la costa de Brasil a un lugar llamado Don Rodrigo, (actual Santa Catarina, en Brasil), donde cargaron agua y leña con el propósito de ir al Cabo de Buena Esperanza. Estando todavía en Don Rodrigo avistaron un barco y el general, envió a John en su barco con el almirante y el capitán  para capturarlo. John y su gente capturaron el navío Santa María, hallando en él a Fray Juan de Ribadeneyra junto a otros cinco frailes de la Orden de San Francisco, y a Don Francisco de Vera, quien se dirigía al Paraguay.

Fenton interrogó a los capturados y les preguntó por un puerto donde pudieran tomar batimentos para su largo viaje, y por la Armada española, que según noticias recibidas en Inglaterra, se había dirigido al Estrecho de Magallanes.  Se trataba de la Armada al mando de Sarmiento de Gamboa y Fenton no quería encontrarse con ella sino continuar con su viaje. Le respondieron que la armada estaba en el Estrecho de Magallanes y que había pasado por allí hacia cuatro meses, y que en cuanto a bastimentos no tenían otra posibilidad que ir hasta el Río de la Plata que distaba doscientas leguas de allí o retroceder otras doscientas leguas hacia el Norte hasta San Vicente (Santos, San Pablo).

            Previo a partir hacia el Rio de la Plata, liberaron a los frailes y les permitieron seguir en su navío, tomando del mismo un marinero inglés para guiarlos hasta allí, también embarcaron a un portugués que quiso seguir con ellos. A todo esto Fray Juan de Ribadeneyra les comentó que en el Río de la Plata, concretamente en Buenos Aires, había bastimentos suficientes los cuales no serían difíciles de adquirir ya que los habitantes estaban muy necesitados de vestimentas y no  seria complicado el cambiarles éstas por aquellos.

          A medio camino el general Fenton interrogó al marinero inglés acerca de si podrían entrar al Río de la Plata, contestando éste que si pero que tenía muchos bajos peligrosos. Fenton no quedó convencido de lo dicho por el inglés y llamó a consejo proponiendo que ya que los mercaderes no  habían cumplido con lo pactado en cuanto a bastimentos para dos años, el tampoco se sentía obligado a cumplir, por lo que quería volverse a Brasil.  John  y su tripulación, compuesta por diecisiete personas y un muchacho, tomaron la decisión de ir al Río de la Plata, entrar por él para solucionar la falta de bastimentos y proseguir el viaje, según lo planeado..

             Asi procedió John de acuerdo a lo decidido con sus tripulantes y separándose del general y el almirante partió el 21 de diciembre de 1552 con ese rumbo. Llegado el navío al Río de la Plata subieron por él unas veinte leguas (aproximadamente 120 km).  Sabiendo y temiendo los bajofondos existentes en la deriva a Buenos Aires, tomaron la decisión de entrar en un río que encontraron pero dieron en unas peñas cubiertas por el agua y según  lo expresado por John  el navío, aunque fuerte, “se rompió”.

            Según lo declarado, aquella noche y al día siguiente con el batel lograron sacar de a bordo algunas armas y las ropas, todas mojadas, por lo cual hicieron un fuego para secarlas. El humo generado atrajo a los nativos; “al humo acudieron como cien indios” dice John, los cuales portaban como arma una cuerda de braza y media la cual tenía en un extremo una bola de piedra del tamaño de un puño y en el otro una pluma que le servia de guía. Los indígenas por señas los invitaron a acompañarlos y que no les harían daño, no nos imaginamos como por señas podían expresarse así, pero los ingleses así lo entendieron.

             Caminaron una media legua y un indígena, de impoviso, le quitó a un marinero el hacha que portaba, éste que era el armero del navío le dijo lo sucedido al maestre “Ricart” (¿Richard?) y éste ni corto no perezoso desenvainó su espada y le descargó al indígena un espaldarazo que lo alcanzó de lleno. Ante lo ocurrido los indígenas ordenaron a los ingleses que se sentaran en el piso, pero estos temiendo lo peor decideron defenderse y volver al batel que dejaron en la costa. Los nativos usando las armas descriptas hirieron a varios de los ingleses. Vista la situación John con un arcabuz hirió a dos de los nativos pero el resto llegó primero al batel y le quitaron los remos dejando solo uno, finalmente los ingleses lograron llegar a bordo excepto dos que mataron los indígenas y el muchacho, que herido, fue atrapado por ellos.

            Los ingleses, aunque la mayoría heridos, lograron abordar el batel pero al ubicarse todos en una banda del mismo éste se tumbó y cayeron al agua, allí entraron los nativos y atacándoles con palos y arrastrándolos por los pelos lograron capturar a los maltrechos ingleses a quienes desnudaron. Acto seguido sacaron el batel a tierra y lo quemaron para sacarle los clavos. Los ingleses fueron conducidos a unos ranchos donde los encerraron, salvo dos que estaban muy mal heridos y los indígenas los mataron. Aparecieron entonces muchas mujeres y las mismas cantaban y bailaban alrededor de los ranchos de los prisioneros, a los cuales mantenían separados. Los ranchos conformaban una plaza y allí llevaron a varios de los presos para matarlos, los mismos estaban de rodillas, John no supo si los cautivos se hincaron ellos, o fueron los nativos los que los hicieron arrodillar. Con las mujeres bailando alrededor de los cautivos un indio viejo con un palo les pegaba en la cabeza hasta derribarlos y entonces las mujeres los mataban a garrotazos en la cabeza, una vez muertos los infortunados, los dejaron en el campo y mudaron los ranchos a otro lugar.

            Según John estuvieron trece meses presos de los indígenas, tiempo durante el cual murieron enfermos cinco de los tripulantes, mientras sus captores se mudaban de un lugar a otro, usándolos para su servicio. En estas circunstancias huyó el “lombardero” (armero) pero luego de 11 días en los cuales estuvo perdido volvió con sus compañeros de infortunio. Huyó luego “Ricart” el cual encontró a unos indígenas pescadores quienes le dieron refugio. Le tocó entonces el turno a John de huir de sus captores, haciéndolo en compañía de dos de los ingleses.

            Anduvieron por la playa del río 14 días con mucha hambre hasta llegar a los pescadores, allí encontraron a “Ricart” y a dos españoles, uno de ellos hacia once años que vivía cautivo de los aborígenes quienes lo mantuvieron y lo trataban bien y el otro español lo habían capturado cuando pasó la armada que iba a Chile y éste fue a tierra a recoger fruta.

Aprovechando que los indígenas habían ido río arriba, “Ricart” tomó una canoa de ellos y con John y el inglés “Tomas” atravesaron el río que tenia en ese lugar unas veinte leguas. La travesía les llevó todo un dia y la noche siguiente porque la canoa pese al peligro de anegarse andaba rápido por una vela de cuero que tenía.

             Llegados a la otra orilla caminaron hasta encontrar un camino con huellas de caballo que siguieron hasta llegar a unas chacras donde encontraron tres indígenas criados de los españoles que los llevaron al “pueblo de Buenos Aires”. Previo a ello , los vecinos, advertidos de la presencia de los ingleses por los “indios” consiguieron prendas, con las cuales estos se vistieron a su llegada y fueron bien recibidos por los primeros.

            John no quiso darse a conocer como primo de Sir Francis y solo dijo que era un soldado.  Todo funcionó bien hasta que llegó un navío procedente de Brasil y en el cual venía el inglés que en el viaje anterior tomaron del navío de Fray Juan de Rivadeneyra.  El mismo estaba casado en el Paraguay en el “pueblo de la Asumpcion” se llamaba Juan Perez, reconoció a John y contó que era sobrino del Capitán Francisco también narró el episodio de la captura del navío de Fray Rivadeneyra. Venían a bordo también dos de los frailes que lo acompañaban. Hasta ese momento John estaba alojado en la casa de Don Ximenez – John no da en su declaración mas datos sobre esto- pero  llegó el Capitán Alonso de Vera y lo sacó para llevarlo junto a los otros dos ingleses hacia Asunción donde estaba el General Juan de Torres Navarrete, y el administrador Ecclico ordenó que nadie hablara con los prisioneros hasta que él los interrogara.

            El administrador les tomó la confesión preguntándoles si creían en todo lo concerniente a la “Santa Madre Iglesia de Roma” y todo lo que ella mandaba. Al contestar John que si el administrador los autorizó a oír misa pero esto generó el rechazo de la población, argumentando ésta que el primero de los nombrados había venido anteriormente con su primo, “el Capitán Francisco”.  Ante la protesta, Ecclico, el administrador confinó a John y a Richard en una ermita ordenándoles que no se comunicaran con nadie salvo con el ermitaño que era natural de Segovia y se llamaba Juan de Espinosa y un inglés, sirviente de la ermita llamado Juan de Rute que habitaba en el lugar hacia 40 años y ya no hablaba en inglés.

            Permanecieron en la ermita por mas de un año manifestando John que durante ese lapso de tiempo se comunicaron solo con el ermitaño y con el inglés, si bien Richard salía a ayudar en la construcción de un navío que el General de Torres Navarrete había ordenado llevar a cabo.

            Hasta aquí lo consignado por John en su declaración ante el Tribunal de la Santa Inquisición en Lima, luego de finalizada la cual, fue conducido nuevamente a la cárcel.

Contamos luego con la sentencia pronunciada por el Supremo Tribunal y que consta en  los  Anales de la Inquisición, donde se da cuenta de la absolución otorgada en el juicio que se les seguía por luteranos, cuando en realidad la religión cristiana que profesaban ambos enjuiciados era la anglicana.

            Fue exactamente en el Auto de Fe llevado a cabo en Lima el 30 de noviembre de 1587, actuando como juez presquisador y a la vez como inquisidor el Dr. Ruiz del Pardo, donde se realizó el juicio a “Juan Drake primo del pirata inglés Francisco Drake y su paisano Ricardo Ferrel por luteranos. Ambos abjuraron para no ser quemados”

            Pero lo que no hemos mencionado hasta ahora fue lo declarado en primer instancia frente a las autoridades españolas en Buenos Aires por John y que vale la pena comentar.

Con gran convicción dijo el nombrado al declarar frente al Gobernador, que habían llegado recientemente de Inglaterra, pero que habían tenido la desgracia de naufragar en el Banco de los Catellanos, el cual en las cartas marinas posteriores a 1590 aparece hasta nuestros días con el nombre de Banco Inglés.

            Asimismo, John mintió, manifestando que por fin Inglaterra y España estaban en paz, por lo que el Gobernador Ximenez lo alojó en su casa y le proveyó ropas. Una vez descubierta su verdadera identidad como ya vimos, fue enviado a prisión y al enterarse el Virrey de Lima, ordenó que John fuera conducido de inmediato a su presencia, junto con Richard Carter, el marino inglés pasajero del Santa María, navío capturado por John en el viaje previo junto a Sir Francis, quien venía a bordo de la pinaza Frances asesorando a John sobre los peligros del Río de la Plata. El viaje de John a Lima se llevó a cabo en 1584 y duró cinco meses incluyendo como ya vimos la escala en Santa Fe.

            De todo este episodio hay varias versiones algunas de las cuales se generaron a poco de ocurrido y que constituyeron la base recogida por varios autores. Carlos Seijo en Maldonado y su Región, refiriéndose al naufragio de la pinaza, ubica el lugar del mismo en las cercanías de la Isla de Lobos o sobre la Laja del Inglés, acutalmente llamado Bajo del Este que se encuentra al SSE de la Isla Gorriti casi a flor de agua, formando un canal de 400 mts. de ancho con la costa de la península. Lo mismo sostiene Lloyd Hirst en su trabajo Britons at Maldonado, repitiendo esta conculsión quienes escribieron recientemente sobre el tema.

Para nosotros la fuente más creíble es la declaración del propio John en Lima cuando refiere: “llegando este confesante al Río de la Plata con su navío suvio río arriva con el como veinte leguas y temiendo los baxos que le havían dicho havía hacia Buenos-Ayres, quisieron meterse en un Río que allí estava y yendo alla dieron en una peña que estava cubierta con el agua y de aquella peña en otra y otras y aunque el navío era fuerte se rompio”

            Si John tomó la entrada al Río de la Plata en el Cabo de Santa María actual, las veinte leguas, 120 kilómetros aproximadamente, se ubicarían en las cercanías de la boca del arroyo Solís Grande.

Si observamos las cartas naúticas, los únicos bajos que no velan en el Río de la Plata y cercanos a la boca de un río, son de Oeste a Este, el Bajo de la Panela y el Bajo de Solis.  El primero excede en mucho lo declarado por John en cuanto a distancia.  El Bajo de Solis estaría, teniendo en cuenta lo aproximado de las distancias en la época, dentro de lo declarado por John. Debemos tener en cuenta que en las proximidades de la desembocadura del Solis Grande, existía en la época un asentamiento indigena, ya descrito por Pero Lopez de Souza en 1536. Por lo expuesto y tomando como real lo declarado por John creemos firmemente que el Bajo de Solis haya sido el lugar donde naufragó la pinaza  Frances.

            Luego de su absolución por el tribunal de Lima se pierde el rastro de nuestro personaje, hasta que a principios del Siglo XX una investigadora estadounidense encontró en el archivo de Indias de Sevilla el reporte de un auto de fe en la iglesia de Santo Domingo en Cartagena de Indias. Se trataba de un penitente que según lo investigado por Mrs. Nutall fue aceptado por la Iglesia Católica y luego de haber expiado publicamente sus pecados fue absuelto bajo vigilancia. La fecha del Auto de Fe; diciembre 1650 el nombre del penitente; Juan Drake de quien podemos decir que tenía entonces 87 años.

Durante su cautiverio en Buenos Aires, algunas de sus relaciones pensaron en organizar una expedición para liberar a John, lo que nunca se llevo a cabo.

 BIBLIOGRAFIA

·         SEIJO, Carlos; “Maldonado y su región”.

·         HIRST, Lloyds; “Britons at Maldonado”, Talleres Graficos Vanguardia, octubre 1975

·         PLAMA, Ricardo; “Anales de la inquisición de Lima”, Fondo Editorial del Congreso de Lima,  Reimpresa 2002

·         Documentación del archivo de indias y del archivo nacional de Lima

 

  

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