Historia y Arqueología Marítima

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(ANTECEDENTE DEL FARO DE LA ISLA DE FLORES EN EL PERÍODO DE LA DOMINACIÓN PORTUGUESA, 1817 – 1828)

 

Por  JOSÉ MARÍA FERRARI Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 

 RESUMEN 

            Uruguay presenta una peligrosa costa norte platense y atlántica, cuyos riesgos para la navegación hacia la bahía y puerto natural de Montevideo, significaron ser temida durante mas de tres siglos por los marinos y comerciantes, al punto que las pólizas de seguros para los fletes desde los puertos europeos al Plata, eran idénticas o menores a las que representaban para llegar al puerto de Montevideo, desde sus nacientes.  Ello justifica que actualmente nuestro país cuente con 12 faros y sus obras complementarias para algo más de sus 500 quilómetros de costas platenses y oceánicas, una de los más altos y calificados del mundo.  El primer faro del Río de la Plata fue inaugurado en Abril de 1802, en la cumbre del Cerro de Montevideo, durante el período de la dominación española. Aunque el mas peligroso escollo para la navegación, lo constituían la Isla de Flores y el cercano Banco Inglés. Ambos accidentes fluviales platenses apenas separados entre sí por escasas 11 millas. Su trágica y secular fama mereció el nombre de “Tragabarcos” o “Infierno de los Marinos”, por los innumerables naufragios con pérdidas de vidas, barcos y mercancías.

 

ACTUACIÓN DEL DR. LUCAS JOSÉ OBES, PRIOR DEL CONSULADO DE COMERCIO DE MONTEVIDEO,  1817 – 1819 

La Historia es una cosa viva, es un permanente y entusiasta ensayo de resurrección”

 José Ortega y Gasset.

“No existen temas agotados, sí hombres sin entusiasmo”

José de Unamuno.”I

            Guiados por ambos pensadores, hemos resuelto encarar el presente trabajo, profundizando en nuestro pasado, especialmente  historia marítima vinculada a nuestra bahía de Montevideo y su excelente puerto natural, ubicado estratégicamente en mitad de la costa norte del Río de la Plata y los derroteros que conducen a él, desde el inmenso Atlántico Sur o desde el oeste por los canales que nos vinculan a los grandes ríos nutricios, que nos llevan a las inmensas  y poco exploradas regiones del corazón de América del Sur,  sus países, pueblos y riquezas.  Es decir nuestro puerto y su hinterland, han tenido, mantienen y avizoran un pasado, presente y futuro venturoso, que nos siguen planteando desafíos, como la eterna esfinge a Edipo, en el drama de Esquilo. En nuestra inteligencia e intuición está el descifrarlos si queremos sobrevivir como pueblo y país. 

II

Montevideo, como puerto ha tenido el privilegio de contar con los más los antiguos faros en el Río de la Plata, erigidos en las 1eras.décadas del siglo XIX: el Faro del Cerro de Montevideo y el Faro de la Isla de Flores. Inaugurado el primero el 4 de abril de 1802, por las autoridades españolas, siendo gobernador y Jefe del Apostadero Naval, Capitán de Navío José Bustamante y Guerra y el de la Isla de Flores, el 1 de enero de 1828, por las autoridades brasileñas de  ocupación del Emperador de Brasil Don Pedro I de Braganza, como lo leemos en la gran y casi bicentenaria placa de mármol, sobre el umbral del portalón de entrada a la torre.

 

 

Su erección no obedeció a graciosas cédulas reales de ambas coronas, al contrario representan años de denodados esfuerzos de autoridades, marinos y comerciantes de la pequeña, pero combativa ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, que siempre luchó con dignidad por sus derechos frente a la capital virreinal, Buenos Aires a partir de 1777- 1778, tan pagada de sus prerrogativas administrativas, jurídicas y comerciales. Es lo que la historia  retiene y califica con acierto: lucha de puertos.  

III

Y a propósito, Uds., experimentados marinos, se preguntarán quién soy yo, un neófito en estas cuestiones, para referirme a un tema tan específico, objeto de numerosos y excelentes trabajos de investigadores e historiadores de nuestro pasado histórico – marítimo.  Una breve confesión permitirá entender mejor mi interés creciente en el mismo.  A principios de 1998, un equipo de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina, estaba culminando su trabajo de investigación sobre el Lazareto de la Isla de Flores y deseando conocerlo sobre el terreno visitamos esta mítica y escurridiza isla, que  su pequeñez geográfica y cercanía a nuestras costas, la mantiene para la inmensa mayoría de nuestros habitantes, como un destino prácticamente desconocido. Obtenida la correspondiente autorización de las autoridades de la PNN del Puerto de Montevideo, nos embarcamos una clara y fresca mañana de marzo en la lancha PS-1, que  atracó al viejo muelle, con la habilidad de sus consumados marinos.

No es mi intención recrear las impresiones de tan inolvidable excursión enriquecedora en tantos aspectos, pues ha sido expuesto hace poco en esta Academia, por la Dra. Sandra Burgués Roca, con brillantez y erudición  Nuestro interés quedó mas que colmado a la vista de las ruinas venerables de las grandes instalaciones de lo que fue en sus 70 largos años de eficaz funcionamiento, el mas importante Lazareto de nuestra América y uno de los mas renombrados del mundo. Antemural epidemiológico de toda la cuenca del Río de la Plata y sus millones de habitantes para las más temibles y mortíferas enfermedades infecto-contagiosas, como cólera asiático por ser originario del delta del Ganges, fiebre amarilla, peste bubónica, etc. 

Estupor, admiración, reconocimiento ante los hoy despojos de una obra faraónica, iniciada por un pequeño y casi despoblado país, que en 1867, la emprendió  en medio de dificultades de todo tipo, Guerra del Paraguay, crisis financieras y políticas,   sin reparar en costos, sólo pensando en el bien de la Humanidad doliente. En respetuoso silencio recorrimos, filmamos, dibujaron, para completar lo que colmó con creces nuestras expectativas. Luego de 4 horas largas pero colmadas, nos sentamos en las actuales cómodas instalaciones para el personal del faro, a disfrutar de un sabroso asado y menudencias, con mutuas ocurrencias entre nuestro grupo y su amistoso personal.

Tuve la suerte de compartir la prolongada sobremesa, con el Suboficial Encargado y me  atrapó en su rica experiencias y anecdotario, propio de quien tenía a la fecha, 20 años de servicios ininterrumpidos, por distintos faros de los 12 de nuestra peligrosa costa atlántica y platense e hijo de un farero con más de 30 años en su mismo oficio, sacrificado y prácticamente desconocido para el común de nosotros. Quedé prendado de sus relatos expuestos con sencillez, pero tan ricos en vivencias, fruto de sus conocimientos y duros años de aprendizaje, en constante convivencia con los elementos de la naturaleza, el mar y el viento, Eolo y Neptuno, tan antiguos como el mundo, proteiformes y de mal genio. Temporales de vientos huracanados, sudestadas de semanas de duración, con oleajes furiosos, pamperos súbitos, con rachas de más de 200 kmh, arrastrando todo a su paso (“todo menos al Viejo”) así se refería al inmutable torreón del faro.

Lo palmeaba con el afecto de un amigo, a sus muros encalados de 2 metros de espesor,  “… las palmeras que Ud  ve tan enhiestas, permanecen días acostadas y cuando aclara y se calma el temporal recobran la vertical como si nada … Miren este mapa … nos decía con sencillez … aquí estamos en un punto geográfico específico: 34º.56´.50´´ de latitud sur y 55º.53´.14´´ longitud oeste de Greenwich, separada por 11 millas marinas, unos 20 km. del Banco Inglés al sur, donde actualmente está fondeado el pontón, embarcación de 2 palos a 35º.06´00´´ de latitud y 55º54´20´´ de longitud; luz blanca con destellos cada 3´´  en el mayor, y  luz roja fija en  el mesana …. Observen Uds. un pasaje estrecho, de 11 millas que en furiosos temporales es poca cosa, mas si se agregan frecuentes nieblas, es como un embudo que conduce del amplio este al puerto de Montevideo; por el norte de la isla solo pasan embarcaciones de poco calado por las peligrosas restingas … (Las Pipas de Punta Brava)  Desde 1876, las señales del Faro de Punta Carretas, con sus destellos alternados blancos y rojos cada 5 segundos guían  con seguridad a los navegantes costeros y de alta mar; con los otros dos faros hacia el puerto de Montevideo…”.

La frecuencia y magnitud de los naufragios en estas peligrosas zonas, con perdidas de incontables vidas y bienes materiales, mereció por los marinos el triste nombre de “Tragabarcos”, o “Infierno de los Marinos” como lo llamó Oyarbide. Los primeros y audaces navegantes, que se aventuran armados de sus habilidades náuticas y su indomable coraje, fueron para nuestro investigador el Cnel. Roberto Laguarda Trías: primero Américo Vespucio en 1502, que lo navego al servicio de Portugal, penetrando al estuario y dándole el  nombre de Río de Jordán que no persistió, no así, la punta e isla de San Gabriel en la actual Colonia del Sacramento. Quizás, el nombre de Flores viene del patronímico del portugués Fros, que la avistó en 1512 o para otros Las Flores, por la abundancia en olorosas flores, que eran bálsamo para los rudos marinos luego de azarosos y largos viajes, sin las comodidades actuales, por la expedición de J. S Gaboto en 1526.

IV

            Aquellos relatos, despertaron en mí espíritu, lejanas reminiscencias de lecturas de juventud, sea “Los trabajadores del mar” novela de Víctor Hugo, en su destierro de la isla inglesa de Guernesey, frente a la costa normanda de su amada Francia, recreando la dura vida de los fareros  de las vecinas y peligrosas rocas de Doubes y la Cascada, o mas próximos en el tiempo el de nuestro Antonio Lussich: “Naufragios en el Banco Inglés y Cabo Polonio, etc.” Año 1983, y  el Dr. Héctor Muiños en su hermoso y poco conocido libro “Medicina: una Noble Profesión”, edición de 1957, que dedica con emoción a su amado padre, Ramón Nieves Muiños, farero de oficio durante mas de 40 años, 1er. Inspector de Faros del Uruguay en 1908, cuando estos pasan al contralor del ministerio de Obras Públicas y autor del 1er. Reglamento que les rigió mas de 50 años.  “… Mi padre, a quién todo le debo, hombre noble y bueno, aunque en materia de disciplina era exigente aún consigo mismo. Alguna vez siendo niño o joven le acompañaba en sus largas estadías en distintos faros, y le comentaba, por qué era tan duro, a lo que me contestaba con firmeza: “en este oficio un instante de distracción puede ser el inicio de una tragedia con pérdidas de vidas. No se pueden tolerar faltas al servicio ...”.  Me sirvió de norma invariable en mi larga vida de médico cuando un descuido de la vigilancia del paciente trae consecuencias irreparables. Muiños era nacido en 1892. Recibido en 1921. Falleció en 1964.

            Reconozco que el primer libro sobre faros del Uruguay que llegó a mis manos fue el excelente folleto del Capitán Federico Merino, Jefe del Servicio de Balizamiento e Iluminación de la Armada Nacional, creado en el año 1933. Edición del Banco de Crédito (1989). Tan ilustrativo, instructivo como corresponde a un dominador del tema. Me sirvió de guía para llenarlo de fotos que he ido obteniendo en forma personal de la mayoría de los mismos. Aunque el legendario faro de la Isla de Flores siguió marcando mi derrotero.

V

            La  extensa y documentada bibliografía sobre diversos aspectos de dicha isla, hoy felizmente integrada al Parque Nacional Insular protegido del país por el Decreto Nº  447/96 de fecha setiembre de 1996. He leído 3 libros de excelentes investigadores y escritores nacionales. Es justicia nombrarlos por su orden:

v  “LA VIGIA DE LECOR” del Sr. MARIO FALCAO ESPALTER. Año 1919. Montevideo. Imprenta Renacimiento. 

v  “VIDA Y OBRA DEL DR. JOSE LUCAS OBES” Obra del Sr. Daniel HERRERA THODE. Año 1943. Lucas Obes en los esplendores de su época.

v  “HISTORIA DEL TRIBUNAL DEL CONSULADO DE COMERCIO DE MONTEVIDEO”  Aurora Capillas de Castellanos - Publicación exhaustiva sobre esta Institución, que resultó tan importante en la concreción de esta obra (1812 – 1836), sobre todo cuando estuvo presidida por el Dr. Lucas Obes, entre 1817 a 1819, en el período de la dominación lusitana. Publicada en la Revista Nacional en 1957 y en un 1er. Tomo de la Biblioteca Nacional de 1962.

            Tres obras que he seleccionado, dentro de la copiosa bibliografía nacional referente a obra  tan apasionante, al punto que su génesis, proyectos y construcción insumieron mas de 40 años, según lo hace constar con acierto el Esc. Juan Antonio Varese y Eduardo Langguth en su excelente libro sobre “Historias y Leyendas de la Isla de Flores”. Edición de la Torre del Vigía. Año 2000.

            Por considerarla la más indicada, a mi entender, para ubicarnos en el epicentro de su concreción, “La Vigía de Lecor”,  denominación que le dio  el Dr. Lucas Obes, con picardía criolla en el año 1817, alabando el ego del Capitán General portugués General Carlos Federico Lecor, quien respondió a las expectativas, pues gracias a los esfuerzos de ambas discutidas pero avasallantes personalidades la obra tan necesaria a la navegación, especialmente para Montevideo, se concretó años más tarde.-

VI

            Un brevísimo racconto sobre los antecedentes más notorios, de obra tan ansiada por todos los involucrados, pero que inútiles recelos e intrigas en ocasiones y otras el vértigo de los acontecimientos que envolvieron estas regiones a partir de 1806, la retardaron hasta 1828, al punto de merecer ser el faro más disputado y más caro del mundo.

            El proyecto mas lejano, sería el presentado por el Ingeniero don Francisco Lecocq, año 1791, para construir una torre cilíndrica con escalera de caracol externa envolvente, proyecto utópico, de quien –quizás- nunca visitó el terreno. En 1793, durante el gobierno de Antonio Olaguer y Feliú, se instala en un mástil de cinco metros el farol de popa de la fragata de guerra española Nuestra Señora de Loreto, que hoy con sus tesoros arqueológicos permanece sepultada bajo 7 metros de limo y barro, a la salida de nuestro puerto. Objeto de interminable pleito, entre el estado uruguayo y un buscador de tesoros.-  Cinco  años sobrevivió, en 1798, un furioso pampero, la abatió. El año de 1800, siendo gobernador de Montevideo, y Jefe de su Apostadero Naval con extensa jurisdicción el Capitán de Navío José Bustamante y Guerra, tan identificado con nuestra ciudad portuaria, insiste en la urgencia de contar con fanales en el Cerro de Montevideo e Isla de Flores ante el  Tribunal del Consulado de Buenos Aires creado en 1794. Solo se concreta el primero, construido por la empresa de Manuel Durán.  Le corresponde ser el primero en el Río de la Plata, ostentando el honor de símbolo de nuestro Puerto de Montevideo, con su cerro coronado por la fortaleza, su faro y la bandera uruguaya, recibiendo al viajero con sus 3 clásicos destellos blancos cada 10 segundos.

            La partida de 1804 hacia España del CN José Bustamante y Guerra, retarda la concreción del faro en la Isla de Flores; allí le espera una heroica actuación en la gran batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, en la cual el genio de Nelson, sepulta el orgullo naval español de casi 3 siglos de duración, desde Lepanto en 1571.   En el año 1805, llega al Río de la Plata, el ingeniero naval Capitán de Navío Eustaquio Gianini, italiano al servicio de España, famoso por la restauración del faro de la Torre de Hércules a la entrada de la ría al puerto de la Coruña. Efectuó concienzudos trabajos sobre el terreno y proyecto para la isla de Flores, que no se concretó por diversas circunstancias, entre otras las invasiones inglesas de 1806 – 1807 durante las cuales las fuerzas navales del Almirante Stirling la ocuparon y utilizaron para depósito de armas, hospital y base de operaciones para el desembarco en el Buceo y posterior toma de Montevideo el 7 de febrero de 1807 por el Gral. Auchmuty.

            Último y curioso antecedente  del período colonial español, es su mención en el Manifiesto, que Francisco Javier de Elío, último Virrey del Río de la Plata, da a conocer desde Montevideo, el 28 de octubre de 1811, con un llamado a la concordia, amistad y unidad de estas provincias entre sí y  a la Metrópoli y la necesidad urgente de un faro en la Isla de Flores, “…en bien de la Humanidad…”.  Melancólico y patético canto del cisne, pues a los pocos días, 18 de noviembre de 1811, declara abolido el Virreinato y se embarca hacia España, alcanzando justa fama al comandar en Waterloo (1815) el cuerpo del ejército español a las órdenes de Wellingtón y una muerte honrosa por su lealtad a su Rey, en el año 1823.     Dos personajes españoles  en Montevideo, les correspondió destacada actuación simultánea, en defensa de su patria. Uno en jornada trágica – Trafalgar- , otro en la triunfal de Waterloo.

VII

            Los tiempos se aceleran, los hechos se precipitan para Montevideo, que capitula el 20 de junio de 1814, ante las tropas porteñas del General Carlos de Alvear, instalando una corta y mal recordada ocupación de los porteños hasta febrero de 1815  en que Dorrego  es derrotado de Puntas de Guayabo por el Coronel Fructuoso Rivera a las órdenes del General José Artigas y se instala el Primer Gobierno Patrio de Otorgués y el Delegado Barreiro, de triste recuerdo para la mayoría de los montevideanos  españoles.

            El 2 de Enero de 1817, un poderoso ejército invasor portugués al mando de un experimentado jefe, el General Carlos Federico Lecor, se presenta ante sus murallas y una ciudad, inerme, exhausta en recursos, debilitada su moral por 10 años de sitios e incesantes luchas, le entrega las llaves del portón de San Pedro y sus autoridades civiles y eclesiásticas le conducen bajo palio a la Matriz para festejarlo con un Tedeum.  Se cumple otra vez el viejo recurso de los vencidos, cuando el enemigo es tan fuerte, únete a él y espera    [... ]. La espera no fue larga, solo 12 años para la ansiada independencia definitiva.

            Las instrucciones para el jefe de ocupación era congraciarse con los habitantes de la ciudad, alejarla de Artigas en su incesante y heroica lucha de 4 años, hasta su desaparición física del escenario platense, en 1820 aunque no sus ideas inmortales.

VIII

            De acuerdo a las Instrucciones del Ministro de la Corte de Río, Marqués  de Aguilar, Lecor, con la inteligencia y astucia proverbial de los lusitanos, restaura dos Instituciones muy caras a los españoles montevideanos, el Cabildo Gobernador y el Tribunal del Consulado de Comercio, ambos  aportuguesados por supuesto. Al frente del Cabildo, su hombre de confianza, el General Sebastián Pinto de Araújo Correa, el vencedor de India Muerta, que les abrió el camino a Montevideo y personajes locales, Juan J. Durán, Alcalde de 1er. Voto, Gerónimo Pío Bianqui: Síndico Procurador, Juan Francisco Giró, Defensor de Menores, etc.  Y al frente del Tribunal del Consulado como Prior o sea Presidente al Dr. Lucas José Obes, joven y brillante abogado, recibido en España, arribado a Montevideo en 1806, actuando como asesor del Cabildo en el recordado Cabildo Abierto del 21 de setiembre de 1808,  la posterior Junta de Gobierno que le cupo el honor de ser la primera en América Hispana, en proclamar el retorno a la soberanía del pueblo, al cesar la autoridad real.

            Personalidad discutida, castigado por los historiadores, aunque según su biógrafo Daniel Herrera y Thode, no escapó a las luces y sombras de la actuación de sus contemporáneos en los 30 difíciles años que le tocó actual (1806 – 1836) en su país de adopción, pues era nacido en Buenos Aires, de distinguida familia, los Obes, de lejanos orígenes ingleses, Hobs, aunque desde el siglo XIII, al servicio de España, especialmente en las Islas Canarias, de donde provenía su padre don Miguel Obes. Fue único varón, con sus cinco hermanas, que se casaron con personajes, que actuaron con notoriedad en tres países hermanos, Argentina,  Uruguay Paraguay y sus descendientes hasta la época actual. Ver para más: Ricardo Goldaracena, “Libro de los Linajes”. En lo que todos coinciden es que la elección de Obes para dicho elevado cargo fue acertada, pues su actuación durante 2 años (abril 1817 a Mayo de 1819), con su dedicación inteligente, incansable y enérgica, permitió a Montevideo y especialmente a su puerto recuperar una intensa y proficua actividad y sentar las bases para el faro en Flores.

            Una de las primeras medidas de Lecor fue declarar a Montevideo puerto libre, incentivando su comercio con Buenos Aires, puertos europeos y americanos. Montevideo es la base de la poderosa flota de guerra lusitana y numerosos mercantes, algo similar a lo sucedido durante el breve dominio inglés en 1807.

IX

            Una breve referencia al Tribunal del Consulado, última institución creada al final del dominio español, con fecha Mayo de 1812, por resolución de las Cortes de Cádiz y autorización del Consejo de Regencia. Actuación destacada le cupo en su concreción a nuestro diputado ante las Cortes de Cádiz, Rafael Zufriategui, y un reconocimiento de España a la lealtad de la aún invicta plaza de Montevideo. Fue inaugurado por el gobernador Mariscal del Campo Gaspar de Vigodet en Junio de 1813, y su actividad fue casi nula en el corto período de su funcionamiento hasta junio de 1814. Durante la ocupación porteña desaparece, en el breve período artiguista de 1816, siendo su Presidente Juan F. Giró, no tuvo actuación de mayor relevancia.

            Es recién en Junio de 1817, con Lucas Obes que alcanza su mayor destaque, tan importante Tribunal, integrado por un Prior, dos cónsules, un escribano, un contador, un tesorero y varios vocales, muchos de ellos con destacada actuación en años posteriores. Entendía en todo lo  referente a litigios: de navegación, mercantiles,  comerciales portuarios y marítimos,  por su conocimiento de la realidad del puerto de Montevideo.

            Obes por su conocimiento de la realidad del puerto de Montevideo, mejoró las instalaciones tan alicaídas del puerto, su viejo muelle fue remozado y se instaló el primer guinche mecánico. Limpió la bahía, se equiparon 6 lanchas de servicio para salvataje, se mejoraron los caminos de penetración al puerto. Creó una Escuela de Náutica para la formación de pilotos y prácticos, a su  frente el experimentado Patricio Murgiondo. Redacta el excelente Reglamento que reguló por años la actividad del importante Tribunal. Pero su obra más perdurable al frente del mismo fue reflotar la idea para construir el faro en la peligrosa Isla de Flores. Presenta su iniciativa al Consulado y deciden denominarla, la VIGIA DE LECOR, (Noviembre 1817) a fin de congraciarse con el poderoso Capitán General  de la Provincia.

            El Gral. Lecor adhiere complacido a la iniciativa que vincula su nombre a obra tan necesaria como postergada a la seguridad de la navegación del Plata. Autoriza al Consulado  a encargar en Inglaterra, a la casa Steward Mc. Coll and Co. una  moderna  linterna de elipses para la futura torre. La que arriba puntualmente a Montevideo, en Diciembre de 1818 y se prueba una noche frente a la plaza Matriz, en medio de gran júbilo. Al ingeniero portugués Juan Antonio Raposo, se encarga  la confección de los planos, ya era autor de dos faros en las costas de Brasil, uno en Bahía y otro a la entrada del puerto de río Grande. Su construcción es una típica torre de estilo portugués.

X

            El Dr. Obes, verdadero gestor de la obra, se consagra a su concreción, y le dedica su enérgica actividad y brillante inteligencia. A fin de acelerar los trabajos solicita licencia en su cargo de Prior entre agosto de 1817 a Mayo de 1819, siendo sustituido por el Sr. Carlos Camusso. Se traslada al cercano puerto del Buceo, e instala su oficina próxima al saladero de Secco. Arrienda a la Armada portuguesa la goleta  La Tártara, para embarcar personal, herramientas y materiales para tareas de reconocimiento y limpieza del terreno mas apropiado para la torre. Designa como jefe al experimentado Murgiondo, quien efectúa las mediciones correspondientes y elige la ubicación en la saliente rocosa elevada de 36 pies al nivel del mar, en parte mas occidental, distante  11 millas del taimado Banco Inglés, que recién en 1857, tendrá su pontón. Se comienzan las obras del basamento, se compra la goleta La Trinidad, que es destruida por un furioso temporal y es sustituida por La Francisquita.

XI

            Al surgir recelos e intrigas contra el Consulado y su Prior, por parte del Cabildo y el gobernador Intendente General Pinto de Araújo, las obras se enlentecen, aduciendo falta de recursos, que el Dr. OBES había previsto genuinos, generados por el propio consulado. Lecor aprovecha hábilmente la situación  de tirantez, haciendo aprobar por el dócil Cabildo, el inicuo Tratado de la Farola o de Permuta, con fecha 19 de Enero de 1819,  de tan tristes consecuencias para nuestro país: cedía a la Capitanía General de San Pedro de Río Grande un vasto territorio de 4.000 leguas cuadradas, comprendidas entre el Río Ibicuy y el Arapey, que pasó a ser el límite entre ambas provincias. La historia ha eximido al  Consulado y al Dr. Obes de toda participación en su oscuro trámite. Obes se hallaba con licencia en su cargo. En Mayo de 1819 es designado por el Rey Juan VI de Portugal para el elevado cargo de Fiscal de la Provincia y Montevideo lo elige su representante ante la Corte de Río y las Cortes liberales de Lisboa. Donde le corresponde una destacada gestión en defensa de su provincia. Sostiene su derecho para la calidad de estado asociado al reino de Portugal, Brasil y Algarves, manteniendo su autonomía, el derecho a gobernarse por sí misma y en caso necesario separarse de la Corona portuguesa. Al mismo tiempo impugna la  validez del Tratado de Permuta, que el propio Rey Juan VI y las Cortes no aprueban, con gran disgusto de Lecor y sus acólitos.

XII

            Con el alejamiento del Dr. Lucas Obes del Consulado, en Junio de 1819, las obras se suspenden durante 5 años, hasta 1824. Período en que transcurren importantes sucesos para nuestra provincia, que el 18 de julio de 1821 es incorporada al Reino de Portugal, Brasil y Algarves con el nombre de “La Cisplatina”, bajo el mando del ya Barón de la Laguna General. Carlos Federico Lecor.  El 7 de setiembre de 1822 Brasil se declara independiente del reino de Portugal y el príncipe heredero se proclama Emperador Constitucional con el nombre de Pedro I de Brasil.   Lecor se mantiene fiel al Imperio y luego las tropas leales a Portugal abandonan Montevideo. En 1823 se produce el intento revolucionario encabezado por el Cabildo de Montevideo, que es sofocado por Lecor y sus aliados.

            El año de 1824, ya dueño absoluto de la situación y del poder, Lecor reflota el postergado proyecto de construir la farola en Flores, con el invalorable apoyo jurídico del Dr. Obes desde su cargo de Fiscal de la Cisplatina. Obra juzgada imprescindible al intenso tráfico marítimo al puerto de Montevideo, ya base de la poderosa flota de guerra y mercante del Imperio. Pero con su inteligencia habitual, resigna su nombre para designar la torre como Vigía de Lecor, en beneficio de su monarca, don Pedro 1º de Brasil, como patrocinante.

XIII

            El año 1826  ya en plena marcha triunfal la guerra de liberación nacional, iniciada por la Cruzada Libertadora de los Treinta y Tres Orientales al mando del General Juan Antonio Lavalleja, se procede al  llamado a remate público de las obras del faro (almoneda), mediante pregón público del negro Antonio, y estas son adjudicadas en la suma de $ 39.850 pesos fuertes, luego de fuerte puja al naviero vasco radicado en Montevideo Ramón Artagaveytia. El mismo se compromete a entregarlas completas y funcionando en el plazo de 2 años, sobre planos del Ingeniero Juan A. Raposo de 1819, modificadas por el Ingeniero Militar brasileño Daniel Muller, por entonces Gobernador Intendente de Montevideo.

            El 1º de Enero de 1828 se procede al encendido de la linterna inglesa utilizando aceite de oliva como combustible. La brillante ceremonia con la presencia de las autoridades brasileñas de ocupación de Montevideo, y locales, se procede a descubrir una gran placa de mármol sobre el grueso portal de entrada a la torre, con el encabezamiento: “MAXIMO PETRO IMPERATOR”, que aún persiste, como mojón que un día el imperio luso-brasileño cumplió su anhelo de cuatro siglos de alcanzar el Río de la Plata como límite meridional de sus posesiones coloniales en América. (A partir del Tratado del 4 de junio de 1494 de Tordesillas). Por la Paz del 4 de octubre de 1828, firma de la Convención Preliminar de Paz, nuestra patria recupera su libertad e independencia de todo poder extranjero

XIV

            Para concluir esta apretada síntesis sobre la prolongada y accidentada historia del Faro en la Isla de Flores, me permito transcribir unas acertadas frases del Teniente   de Navío Horacio Martínez Montero, en su bosquejo histórico sobre el faro de Flores, publicado en la Revista de Arqueología, Tomo XIII del año 1937.

            Sobre tan destacada personalidad, de marino militar, político, Ministro de Relaciones Exteriores, artífice de nuestros Tratados de Límites con Argentina, (1961 – 1973) sus condiciones de investigador, historiador y escritor no es necesario extenderse.       “… Es justo esclarecer totalmente las mil circunstancias que dan valor histórico al faro, que alumbró en nuestra historia antes que en las tinieblas del mar. Lo pudieron la ambición de un hombre, Lecor y los esfuerzos sanamente inspirados de otro, Dr. Lucas OBES, convencido de la necesidad impostergable de la vigia.  Por eso, concluye,” si un día, desconociendo el valor de las tradiciones en la toponomia, se proyectase cambiar el nombre del faro de la Isla de Flores, debería inscribirse en su torre, el del laborioso Dr. Lucas José Obes …”.   Doble y justiciero homenaje de un experto, tan sobrio y severo en sus meditados juicios históricos.

AD.ADEMDUM

            El General Carlos F. Lecor y el Dr,. Lucas J. Obes fallecieron en 1836 en Brasil, Lecor en Río y Obes en la vecina Niteroi.  El Gral. Lecor, había desposado en 1820 a la Sta. Rosa Herrera Basavilbaso   de familia patricia de Montevideo. Su viuda permaneció en Río, viviendo de una modesta pensión militar, a pesar de los esfuerzos de sus familiares para repatriarla; prefirió cumplir con sus deberes de viuda velando la tumba de su esposo. Lecor, a pesar de ser Capitán General de la Cisplatina, nunca poseyó campos ni riquezas. Amaba sí el poder, la pompa y la gloria.

            El Dr. Obes, luego de una agitada vida, primero al servicio de España, luego de Portugal y al final de la novel República Oriental, durante la 1era. Presidencia del Gral. D. Fructuoso Rivera – 1830 – 1834. Muere exiliado durante la Presidencia del Gral. D. Manuel Oribe Viana, en Niteroi, en la mayor pobreza; a pesar de los importantes cargos que desempeñó con singular dedicación e inteligencia. Sus restos fueron repatriados por Ley, durante el Gobierno de la Defensa en 1844, depositados en el Panteón Nacional. Han desaparecido de su urna;  para su biógrafo, señal de la saña que sus enemigos lo acosaron aún después de muerto. 

            Tenía 2 hijos: uno legítimo, el Tte. 1º Maximiliano Obes Blanco, que murió en 1832 junto a su Jefe el Cnel. D. Bernabé Rivera, en el Rincón de Yacaré – Cururú  sobre al Cuareim, en la última fase de la  guerra contra los charrúas.  Otro “adoptivo”, el Dr. Fermín Ferreira, nacido en Bahía -  Brasil, durante su estadía en dicha ciudad en 1806. Lo protegió y educó como un hijo. 

            Fermín Ferreira recibido de Médico Cirujano en Buenos Aires en 1829, fue una descollante personalidad de nuestro país en lo médico. Efectuó en 1847 en el Hospital de Caridad, la 1era. Anestesia con cloroformo en América, integró por años la Junta de Higiene Pública, político, universitario, 3er. Rector de la Universidad, militar, fue cirujano Mayor del Ejército, de  prolongado desempeño, hasta 1867 en que fallece.  El actual Hospital Militar y Naval, central, inaugurado en 1908, con motivo de cumplir su 1er.  Centenario, lleva su nombre. Fundador e integrante del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay en 1843, junto al Dr. Andrés Lamas y Teodoro Miguel Vilardebó y de la 1era Sociedad Médica del Uruguay en 1852. Siempre guardo el mayor respeto y admiración, hacia su protector el Dr. Lucas Obes, considerado su padre natural, aunque nunca lo reconoció..

  

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