Historia y Arqueología Marítima

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Por   OSCAR PARDO SANGERMANO  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

RESUMEN

El siglo XIX fue para España muy revulsivo, lo cual generó muchos gastos y no le generó ningún beneficio. En la segunda mitad del siglo XIX la marina de guerra española acompañaba las penurias de la nación. Con bajos presupuestos no se construían unidades modernas y poco se hacía en reparar las que estaban en servicio.

Del otro lado del Atlántico, EEUU vivió un período inverso, de continuo crecimiento, territorial y económico, llegando en menos de un siglo trasladar sus fronteras hasta el Océano Pacífico por el Oeste y hasta el Golfo de México por el Sur. Este crecimiento fue acompañado por el desarrollo de importantes y modernas fuerzas navales.

Las intenciones de EEUU de proyectarse al Sur encontraron que el control de la entrada y salida del Golfo de México y al Mar Caribe se imponía naturalmente desde Cuba y Puerto Rico, ambas colonias españolas. Como las gestiones para adquirirlas (como se hiciera con Luisiana) no tuvieron éxito, el enfrentamiento entre Washington y Madrid comenzó a insinuarse como inevitable. 

LA CAÍDA DE ESPAÑA A POTENCIA DE SEGUNDO ORDEN

El último de la familia de los Austria que gobernó España fallece el 1 de noviembre de 1700.  Este rey español era hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria. Carlos II nació raquítico, enfermizo: luego de adulto hipocondríaco y muy posiblemente impotente o con alguna dificultad sexual que hoy quizás pudiera ser detectada con facilidad, pero no lo era en el siglo XVII.  De ahí el epíteto de “El Hechizado”.

De los varios ministros que tuvo el último de los Austria, familia ésta bajo la cual España había logrado un gran imperio, quizás el más eficiente y enérgico, fue su medio hermano Juan José de Austria, hijo bastardo del rey Felipe IV y de una artista de teatro.  El resto de los ministros se destacaron por ser negligentes y mediocres, lo que hizo muchas veces que la política española no tuviese un rumbo fijo y claro.

En general, la política de éste tiempo estuvo muy influenciada por una preocupación que era lógica: el matrimonio real y la sucesión, cosa que ocupó mucho tiempo de otro ministro inepto, el duque de Medinaceli, cosa que debemos decir, no era un tema exclusivo de España. Esto acontecía, a través de los siglos, en todas las monarquías ya que de haber uno o más hijos no sólo se sabía quién podía suceder al rey, sino también se le iba preparando a estos príncipes, futuros reyes, en el arte de gobernar, la tolerancia y de cómo y cuándo hacer la guerra, cosa muy común en Europa en estos siglos.

Del matrimonio de Carlos II con María Luisa de Orleans, no hubo sucesión y al morir ésta que fue su esposa por diez años, Carlos II se casa con la princesa alemana, Mariana de Neoburgo, a la cual sus contemporáneos definen como “ambiciosa”, “dominante” y “amiga del lujo”.  El hecho es que hubo anuncios de posibles embarazos reales, pero esta dama, tampoco le dio hijos.  Notemos que la primera esposa es de la rama de los Borbones y la segunda de los Hasburgo, familias que dominaron la escena histórica europea por siglos y podemos decir que aún hoy lo siguen haciendo también a través de la banca e inversiones de capital en grandes compañías industriales y comerciales.

            Al transcurrir el tiempo, la sucesión a la corona de España se fue dilatando más. Cada vez generó más preocupación. Tengamos en cuenta que la herencia española era fabulosa: en Europa incluía a España, el Reino de Nápoles, el Milanesado, el Franco Condado, los Países Bajos; fuera de Europa se extendía a la mitad de América (con las minas de Méjico y Perú Este con la hoy Bolivia), gran parte de Oceanía y diversos establecimientos en África.

            Luis XIV, Rey de Francia, no soñaba con quedar en posesión de la totalidad de esta herencia, que se puede decir era bastísima. Vemos esto porque en 1665, a la muerte de Felipe IV llega a un acuerdo verbal que luego se convierte en tratado con el Emperador Leopoldo de Austria, cuñado del monarca español. Luis XIV tenía la preocupación que este hijo de Felipe IV, que nació tan enfermizo y enclenque no viviera. De ese acuerdo se firma en la noche del 19 al 20 de enero de 1668 el tratado secreto.

            Por el tratado de partición firmado en Viena, si la sucesión de España quedaba sin descendencia directa la herencia se repartiría así: Luis XIV se quedaba con los Países Bajos, El Franco Condado, El reino de Navarra, Los Reinos de Nápoles y de Sicilia, los Presidios de Marruecos y las 7.000 islas que comprenden el archipiélago Filipino. Los demás territorios serían del Emperador Leopoldo de Austria. Ahora bien, Carlos II de España demoró cuarenta años en morir.

A otros que les preocupaba, y mucho, que Carlos II no tuviera hijos eran a Holanda e Inglaterra, también potencias marítimas junto con España. La preocupación de éstas era que la herencia cayera en su totalidad en manos de Borbones o Austrias, lo que podría romper el equilibrio reinante en la situación europea. Hay suposiciones de que por esa razón Carlos II testó a favor de su sobrino nieto, José Fernando de Baviera, cosa que aparentaba traer certeza al asunto, pero las circunstancias de la vida hicieron que este hombre joven falleciera el 6 de febrero de 1699 y, como consecuencia la situación volviera a fojas cero.

            Carlos II, luego de un exhaustivo examen político hace un nuevo testamento; esta vez a favor de Felipe de Anjou, segundo nieto de Luis XIV. Pero a la muerte de Carlos II, “El Hechizado”, se produce la guerra de sucesión Española y se extingue la dinastía Austríaca con la que España se había convertido en la primera potencia mundial.

Los que aspiraban a la corona Española eran:

  • José Fernando de Baviera, nieto de una hermana de Carlos II, casada con el Emperador de Austria, Leopoldo I de Austria
  • Carlos archiduque de Austria y
  • Felipe de Anjou del cual sabemos que tenía el testamento a favor

El testamento de Carlos II Rey de España decía: “… Declaro como mi sucesor (en el caso que Dios me lleve sin dejar hijos) al duque de Anjou, hijo segundo del delfín (de Francia) y como tal le llamo a la sucesión de todos mis reinos y dominios sin excepción de ninguna parte de ellas …”.   La guerra de Sucesión Española (de 1700 a 1713) entrona al pretendiente perteneciente a la casa de Borbón, Felipe V.

Como todo suceso, tanto en la vida de los hombres, como en el de las naciones, no es muchas veces lo que los demás ganan, sino lo que se pierde. Este es el caso de España. La pax de Utrecht significó para Felipe V la pérdida de Gibraltar, Milán, Cerdeña, Sicilia, Menorca, Luxemburgo y Flandes.  En el tratado de Utrecht (de 1713) la nación que sacó más rédito fue Inglaterra. Ocupó el Peñón de Gibraltar a nombre del pretendiente de Austria. Éste estaba gobernado por Don Diego de Salinas, contaba con una guarnición de 80 hombres que, a pesar de una heroica resistencia se vieron al final obligados a rendir El Peñón.

            La escuadra inglesa que toma Gibraltar estaba mandada por Sir John Rooke. Se suponía que una vez definida la contienda y resuelto el tema de la sucesión, se entregaría éste al vencedor, cosa que sabemos, no sucedió hasta nuestros días. Tengamos en cuenta la importancia estratégica que significa en aquel momento la posesión del Peñón que junto con la Isla de Malta son casi la llave del Mar Mediterráneo.

            Inglaterra, además del Peñón, consigue Terranova Bahía de Hudson y algo que muchas veces al ser mencionado por los historiadores, no se le da la debida importancia que tenía del punto de vista económico que Inglaterra sí le dio. Esto es, la Trata de Negros, de la cual España tenía el monopolio. Negocio éste que desde el punto de vista actual puede resultar inhumano, pero que era en ese momento normal y legal, y dejaba muchísimo oro y que España perdió en parte a favor de su enemigo.

            Otra cosa que saca Inglaterra del tratado, es el privilegio de enviar cada año a la América española un buque de comercio llamado Navío de Permiso. Los ingleses interpretando a su manera y conveniencia el tratado, anclaron su navío en la rada de Porto Bello en la costa de Panamá, para que sirviera de almacén flotante, y otros navíos llegaron con mercadería a llenar su bodega, y a su vez, aprovisionarse del mismo.  Esto llevó en 1739 a otra guerra con Inglaterra. El hecho concreto fue que al término de la guerra, España no tenía flota, y poco quedaba del recuerdo de aquella flota poderosísima.

            Cuando llegó el término del reinado de Felipe V, la situación de la armada española era mejor. El llamado rey de Nápoles, Carlos III, un rey destacado, culto, de buen gusto, creador de monumentos, edificios, leyes y decretos muy positivos, mejoró la flota aún más. También debemos decir que llevó a España al llamado “Pacto de Familia” de 1767, en el cual Francia y España guerrearon contra Inglaterra y transcurridos los años desembocó en lo que los españoles mencionaron y asimilaron sentimentalmente como “El desastre de Cabo Trafalgar”, tal como se definió.

Podemos decir que ya entrado el siglo XIX la marina de guerra española fue acompañando las penurias de la nación. Ahora bien, la idea es ver cómo esta lenta caída fue llevando a la armada a tener no sólo menos presupuesto sino a generar una mentalidad colectiva nacional de por qué gastar en algo que no funciona.

Con bajos presupuestos no se construían unidades modernas. También la escasez de dinero no colaboraba en reparar las que estaban en servicio. Algo importante es que la población y diferentes gobiernos que se fueron sucediendo tuvieron algo en común: esto era de que en caso de suscitarse una posible guerra, tenían una confianza en que oficiales y tripulantes descollaran en su valor.

            Es importante hacer notar que el siglo XIX fue para España muy revulsivo. Casi inmediatamente a Trafalgar, comienza la fragmentación del Reino de Indias, lo cual generó gastos para España que sólo eran eso, y que la postre no le generó ningún beneficio. Otra cosa que fue perjudicial fueron las Regencias, caso de Isabel II de España, esa niña reina que por su minoridad debió ser regenteada y que terminó destronada.

            España en el siglo XIX tuvo más gastos que provecho. Acompañó a Francia e Inglaterra a reclamar la deuda externa que tenía Méjico con éstos países. Por suerte se retiró; también lo hizo Inglaterra y no acompañó a Francia en lo que sería la maltrecha aventura del Imperio de Maximiliano. A posteriori se unió nuevamente a Francia en una guerra en Indochina usando soldados coloniales Filipinos, los cuales los franceses usaron como carne de cañón. Era la intención de España llevar culis chinos en calidad de semi-esclavos a la isla de Cuba, otra aventura que generó gastos y no beneficios.  Destaquemos como dato que recién en 1880 fue abolida la esclavitud en Cuba. Todos estos errores políticos que se fueron sucediendo, siempre recaen sobre la economía y necesariamente sobre los presupuestos de los ministerios.

            En 1869, el Ministro de Economía y Finanzas Figuerola, logra imponer una legislación libre-cambista, lo que sacó al país del atolladero que venía arrastrando por la política proteccionista de los gobiernos anteriores. Esto hizo que cobrara un gran empuje la industria de la minería. De la mano de capitales extranjeros que invirtieron en España: Inglaterra, Bélgica y Francia que eran grandes clientes de plomo, cobre y hierro, el cual volcaban en sus industrias y esto en productos terminados agregaba valor el cual generaba trabajo para sus connacionales, lo que España hacía en menor medida. Aún así, este auge fue tan grande que se produjo una expansión industrial en los Países Vascos y las finanzas, lo que llevó al desarrollo de la Banca, de una Marina Mercante, y a un importante puesto en la industria pesada.

            De cualquier manera, esto tenía un inconveniente: que incidía en la economía general de España, la cual tenía una importante masa agraria con una casi nula capacidad de consumir. Por esto resultaba imprescindible la enorme población que tenía en sus colonias de Ultramar, a las cuales no buscó con inteligencia y tolerancia, hacerles sentir que eran parte de la nación, cosa por ejemplo que si puso hacer muy bien su enemigo de ayer Inglaterra con su comunidad británica de naciones.

            Otra cosa podía haber sido aprovechar el idioma, la cultura desplegada por España en América, o lo que quedaba de ella en su poder (Cuba, Puerto Rico y en el Pacífico Filipinas, las Marianas, etc.) que hubiesen colaborado a consumir y comerciar con España. Si esta hubiera sabido comportarse con amplitud y sin egoísmo, propios de resolver solamente sus crisis económicas producto de los vaivenes de las economías Europeas.  

DESTINO MANIFIESTO

            Toda acción llevada a cabo por un estado, no podemos pensar que es algo abstracto, que surge de la nada, en la que nadie participa y a su vez, este estado toma determinadas acciones.  Tampoco es producto de largas deliberaciones en parlamentos o comisiones.  En caso de investigar cualquier hecho histórico nos encontramos que uno o más individuos aportan la idea y tienen muy claro el camino a seguir.

            Llevado esto a los EEUU, vemos que, casi inmediatamente a quedar independiente de Inglaterra, aprovechando la necesidad de dinero de este, le compra a Napoleón Bonaparte el riquísimo territorio de Louisiana, que cuenta con el caudaloso río Missisipi que desemboca en el Golfo de Méjico.  Alrededor de 1820, comienzan a llegar algunos norteamericanos en general, granjeros pobres, en busca de tierras de labradío, y para la crianza de animales, es de destacar que en relación a este enorme territorio Texas, la población de mejicanos podemos decir que era escasa.  Esto se dio de forma paulatina, incrementándose  sin pausa.

En enero de 1821, el gobierno español autorizó al súbdito norteamericano Moisés Austin para que colonizara el territorio de Texas con familias católicas originarias de la Louisiana; debiendo encargarse de las colonias al mismo Austin.  Esta concesión fue ratificada por las autoridades mexicanas después de la independencia y se otorgaron otras parecidas.  Se advertía, sin embargo, que, los colonos tenían que ser europeos y católicos.  En la práctica los concesionarios no respetaron tales condiciones ya que la mayoría de emigrantes fue de norteamericanos y protestantes.

            En 1835, había ya en Texas unos 30.000 colonos en su mayoría de procedencia norteamericana dedicados al cultivo del algodón, caña de azúcar y explotación forestal.  El imperialismo del destino manifiesto esperaba para apoderarse de las tierras del virreinato de Nueva España.

            Por orden del presidente Jackson, el ministro Poinsset, propuso al gobierno mexicano la compra de Texas por cinco millones de dólares, oferta que fue rechazada.

Hay que tener en cuenta que en México no existía la esclavitud y los colonos de Texas la consideraban indispensable para el desarrollo de sus plantaciones de algodón y caña de azúcar; como en los estados sudistas.  Esto además en pugna con las abolicionistas del norte deseaban ardientemente la anexión de Texas para incrementar su fuerza y el número de estados esclavistas.

            Lo concreto es que al perder la batalla de San Jacinto el General Santa Ana, ante las huertas de San Houston el 21 de abril de 1836, se dio la secesión de Texas.  Esto no dio fin a las dificultades con los EEUU.  El 1 de marzo de 1845 el Congreso estadounidense aprobó el tratado de la anexión de Texas a los EEUU lo que llevó  a la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países.

            Texas pretendió entonces que sus límites llegaban hasta el río Bravo, siendo que los verdaderos límites de dicho territorio jamás habían pasado del río de las Nueces.  Consecuencia al fin de  la guerra Mejicano-Estadponidense en 1848, México perdió Texas con sus límites hasta el río Bravo y el vasto territorio de California, Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México, más de dos millones de kilómetros cuadrados. En compensación recibiría la suma de 15 millones de dólares.  En 1853, le compró además el territorio denominado la Mesilla en Nuevo México por 10 millones de dólares.

            Es de interés destacar lo que con palabras proféticas el ministro español en Washington, Luis de Onís, escribía al Virrey de Nueva España el 1 de abril de 1812:  “… Cada día se van desarrollando más y más las ideas ambiciosas de esta república y confirmando sus miras hostiles contra España.  VE se halla ya enterado por mi correspondencia de que este gobierno se ha propuesto nada menos que fijar sus límites en la desembocadura del río Bravo o Norte, siguiendo su curso al grado 31, y desde allí tirando una línea recta al mar Pacífico tomándose por consiguiente, las provincias de Texas, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México y parte de las de Nueva Vizcaya y Sonora … Parecería un delirio este proyecto a toda persona sensata, pero no es menos seguro que el proyecto existe y que se ha levantado expresamente un plano de estas provincias por orden del gobierno, incluyendo también en dichos límites la isla de Cuba como una pertenencia natural de esta República …”.

            En 1854, teniendo ya comercio con China, llegan a Japón los llamados Barcos de las Velas Negras, al mando del comodoro Perry.  Su contacto con el mundo era casi nulo.  Llegaban anualmente no más de dos barcos portugueses que eran los que tenían la autorización de comerciar y  el permiso de contados religiosos que pretendían introducir la fe católica.  Si por desgracia algún barco se hundía y llegaban náufragos a sus costas, éstos eran decapitados sin miramientos por parte de las autoridades territoriales.

            Sin ahondar en el tema, digamos que la apertura comercial la lograron los norteamericanos con la amenaza del cañón.  Esto hirió el orgullo de la clase dirigente japonesa muy conservadora, pero se logra que en 1868 llegue el primer embajador japonés a los Estados Unidos.

            En 1867 los norteamericanos que se habían anexado el atolón de Midway, gastan dos millones de dólares en la construcción de muelles, angares, galpones para talleres y diques.  Esto no es un hecho aislado, se está sentando presencia en el océano Pacífico.  El mismo año compró Alaska a Rusia por 7.000.000 de dólares.

            En las islas Sándwich, parte del archipiélago polinesio, luego conocido como Hawai, comenzaron a llegar norteamericanos.  En general eran gente ambiciosa, intrépida, de carácter aventurero y con la clara voluntad de  hacer dinero en aquellas lejanas pero hermosas islas; cosa que fue observada por el departamento de estado, lo que llevó a estimular su llegada y se les facilitó algún crédito.

            Dicho claramente, los antiguos colonos en México eran ahora plantadores en la Polinesia.  Uno de estos personajes originalmente plantador de caña de azúcar, decidió cambiar de cultivo por uno mucho más lucrativo del cual tenían el monopolio los Holandeses.  Es más, cuidaban los plantíos con gente armada.  A pesar de esto, el susodicho sujeto logró hacerse mediante el robo de varias plantas de Piña a lo que llamamos también ananá y mediante gente que habiendo trabajado con los Holandeses logró romper el monopolio de los mismos.  Como vemos estos hombres eran los sujetos ideales para llevar a cabo cualquier cambio político en estos lugares.

El gobierno estadounidense firma un tratado con el rey Kalakava y éste permite que EEUU se  instale con una base naval en la Bahía de la Perla, de la cual sus buques repostaban carbón, agua, víveres rumbo a Japón y China, principalmente.  Transcurrido el tiempo y al fallecimiento del Rey, su sucesora y hermana, la reina Lilivokalani, fue destronada con vagos pretextos por estos plantadores, los que dicen querer funcionar mejor como una república.  Lo cierto es que la realidad del  destino manifiesto nuevamente se expone en su más desnuda forma.  Hawai deja de ser un reino nativo para su bien o para su mal y luego en 1950, se agrega como una estrella más en la bandera de los Estados Unidos.

            Hacia el final del siglo XIX John Fiske publica “El destino del hombre”, donde desarrolla su creencia en la superioridad de la raza Anglosajona. 

Piiilip Howard Colomb, en su obra “Guerra Naval”, publicada en 1891, enunció una aguda visión histórica.  Su idea central es que la supremacía naval es la condición previa de toda ofensiva militar en los mares, destruyendo al enemigo o que éste, derrotado, se vea obligado a retirarse al abrigo de sus puertos, expulsándolo de los mares.  Este hombre, cuyos trabajos fueron en principio rechazados, trabajó con total independencia del más conocido Capitán Alfred Thayer Mahan. Lo importante a destacar es que sus principales conclusiones se publicaron antes que las obras del capitán Mahan.  Mahan con su libro “La influencia del poder naval en la historia”; obra de un profundo análisis por marinos de todas las naciones y, por supuesto, de políticos.  Estas influencias sobre hombres que hacen las políticas de los Estados, en un país en que banqueros y profesionales jóvenes que eran el motor del constante desarrollo industrial de los EEUU, llevarían a destinar excelentes presupuestos a la secretaría de Marina para construir una gran flota.

            A partir de 1888, se pusieron en grada varios cruceros protegidos ligeros, de siete mil toneladas de desplazamiento que fueron denominados como cruceros estratégicos, muy aptos para la navegación en el Océano Pacífico.  Con ellos, se formó la flota del extremo oriente  Ante ellos, en la lejana extensión del océano Pacífico, quedaban los restos del imperio español: Guam, Las Marianas y el Archipiélago de las Filipinas.  Si bien ya no era española, Colombia había autorizado en el  istmo de Panamá, a Fernando de Lesep, el constructor comercial del Canal de Suez, a repetir lo mismo en Panamá, sólo que las cosas serían muy diferentes. 

Todo esto fue seguido muy de cerca ni bien se supo la noticia de la probable construcción de un canal interoceánico por el gobierno de los Estados Unidos, hasta el sonado fracaso por innumerables causas que no vamos a tocar ahora.

            Para ser justo y dejar que alguien piense que esta investigación histórica está sesgada o es de tendencia anti estadounidense, digamos que en este caso estamos hablando de Anglo Sajones.  Pero tenemos también el caso de Ginés de Sepúlveda, que estaba a favor de la sumisión de los nativos por el hombre blanco como supremo y también por la gracia de Dios.  Basado en Aristóteles tradujo su libro (Política) al español, en el cual legitima el sometimiento de las consideradas clases inferiores, legitima también la conquista de América e infundir a los indígenas la cultura superior y cristiana.  Como podemos ver el hombre y sus ideas y ambiciones no varían mucho en su sentir, sean estos sajones, anglos o latinos. 

CUBA

            Si queremos entrar navegando al Golfo de Méjico, y tener acceso a los puertos de gran movimiento comercial, como es el caso de Nueva Orleans en la Luisiana, Mobile en Alabama, Huston en Texas, Tampico en Tamaulipas (que siempre fue el puerto más importante de Méjico), lo hacemos cruzando entre la Península de Yucatán y Cuba; o bien entre Cuba y la Península de la Florida.

            Podemos decir que era, y aún hoy en día lo es, una posición estratégica formidable si lo comparamos con la Isla de Malta y Gibraltar, en el mar Mediterráneo.  El Golfo de Méjico no tiene otra salida, como es el Canal de Suez. Sumado esto el valor agrícola y económico, más la corta distancia de la costa de la Florida, algo como 70 millas marinas, había hecho que en el siglo XIX Estados Unidos hiciera ofertas a España de compras de la Isla, que España siempre rechazó.

            Cuatro presidentes: John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulises S. Grant fueron los encargados de hacer estas ofertas.  Destaco que la gestión más seriamente encarada fue llevada a cabo por la presidencia de John Quincy Adams. Esto nos lleva a pensar la enorme importancia que Estados Unidos le daba a la Isla.

Cuba era un territorio riquísimo. El movimiento comercial de la Habana era comparable al que en ese momento registraba el importante puerto de la península Ibérica, que era le Puerto de Barcelona.  Los hechos arriba mencionados, hacen que se desarrolle una burguesía comercial local, con todo lo que esto trae aparejado: refinamiento, sentimiento de pertenencia, también desarrollo cultural e interés que sus hijos desarrollen profesiones y que se instruyan en lugares en los que se brinda educación académica. Esto lleva a muchos a formar a estos jóvenes en los Estados Unidos que eran vistos como en realidad lo era, un país de inventiva, progreso industrial y político.

            España comete el error político-comercial que consistía en no permitir el libre cambio de productos, fundamentalmente azúcar de caña con Estados Unidos.  Otra cosa que trajo descontento fue el arancel Canovas en 1891, la ley de relaciones comerciales con las Antillas, gravaba los productos extranjeros en casi un 50%, y a su vez obligaba a absorber los excedentes de la producción.   En la crisis que vivió el sector textil, en la década de 1880, la que más se vio favorecida fue la industria de Cataluña que mantuvo una competitividad irreal. Sin lugar a dudas, en toda relación comercial en la que una parte tiene cuasi el monopolio, la gran perjudicada fue la industria cubana.

            Como resultado, trajo mucho desempleo. Esto generó impotencia e ira y con ese caldo de cultivo se da la primera rebelión contra las autoridades españolas. Estuvo dirigida por uno de los tantos perjudicados como lo fue el hacendado Carlos Manuel de Céspedes y duró de 1868 a 1878 culminando con lo que fue llamado “Paz de Zanjón”.

            Si bien es en Cuba donde se generan todos lo hechos que llevan a la guerra, por no ser este el fin de la conferencia, hagamos un rápido repaso:

El gobierno de Canovas del Castillo nombra en febrero de 1896 en sustitución del general Martínez Campos al general Valeriano Wyler, el cual con una dura represión logra revertir lo que casi era ya una victoria para los rebeldes cubanos. Su política de concertar a la población sacándola de las zonas rurales llevó a que el abandono de las cosechas generara hambre, miseria y muchas muertes, de lo cual se hizo eco la prensa de los señores William Randolph Hearst, dueño del diario de Nueva York y Joseph Pulitzer, dueño del New York World.

            La Guerra Civil estadounidense había dejado una valiosa experiencia comercial.  Esto era que las guerras venden periódicos.  Estos hombres son, en parte, responsables de poner a favor de la guerra a gran parte de la población de Estados Unidos. No tuvieron reparo en desarrollar lo que conocemos como “prensa amarilla”, agrandando noticias, deformando hechos y mintiendo sin reparo.

Digamos que en España la actuación del General Wyler tenía sus críticos, que veían como muy errónea esta política tan represiva. Tanto es así que al morir asesinado Canovas del Castillo el 8 de agosto de 1897 en Guipuzcoa, a manos de un anarquista italiano de nombre Michele Angiolillo, el gobierno del Primer Ministro Sagasta destituye a Wyler. Se buscó por medio del nuevo Ministro de Ultramar, Segismundo Moret, varias reformas de autonomía, que muy influidas por el patriota cubano José Martí, muerto en una escaramuza en Dos Ríos, en 1895, no satisfizo las demandas de los patriotas cubanos.

            Así las cosas, al comenzar el año 1898 las tan tirante relaciones entre Washington y Madrid, el gobierno norteamericano envía con la excusa de siempre, proteger bienes y personas, trasladándolas a Estados Unidos de ser necesario. Notemos que para eso, no envía un mercante, sino un crucero, en este caso el Maine en visita “amistosa” al puerto de la Habana.

            Lo normal era, y lo es hoy, que se avisara a las cancillerías de los países que se va a efectuar esta visita y normalmente se preparan los correspondientes agasajos. No fue éste el caso del crucero protegido Maine, que apareció de improviso en el puerto, dejando bastante descolocadas a las autoridades españolas con el buque, ya entrando al puerto. Esto no es muy conocido. En general se habla de “visita amistosa” que España, rápidamente, al llegar el cable con la nueva correspondió con enviar al puerto de Nueva York al Vizcaya al comando del Capitán Eulate.

            El Maine, amarrado a la boya N°4 del puerto de la Habana, saludó a la plaza con sus cañones. Las baterías del Morro devolvieron las salvas con los 21 cañonazos correspondientes.  Este crucero protegido, de segunda clase, tenía 6.650 toneladas. Sus máquinas podían desarrollar una velocidad de 18 millas, y tenía dos torretas acorazadas que montaban 4 cañones de 10 pulgadas; y además varias piezas más de las llamadas de “tiro rápido”. Su construcción era de 1895, en el arsenal de Nueva York. Con una tripulación de 354 clases y marineros y 26 oficiales, era su capitán Charles D. Sigsbee.

El triste hecho es que, el 15 de febrero a las 9 y 40 horas de una noche muy calurosa, una explosión se oyó, y luego otra en toda la Habana. La misma destruyó la proa del crucero. Murieron en la misma en lo inmediato 258 hombres de la tripulación y dos oficiales. Después, 8 heridos hospitalizados se agregaron a la lista de fallecidos, llegando a 266 el número de muertes por la explosión.

            A la mañana siguiente (recordemos a Pulitzer y Hearst) apareció en EEUU la noticia de la voladura del Maine, sin nada real que pudiese afirmar la causa de tan desgraciado suceso, un muy detallado dibujo de un torpedo colocado como mina por los españoles, lo cual haría la voladura del crucero.  Los que sobrevivieron a la explosión fueron recogidos por los botes salvavidas que inmediatamente fueron arriados por 2 barcos españoles que se encontraban en el puerto, los Ciudad de París y Alfonso XIII, que estaban fondeadas en las cercanías.

            El día 17, se enterró a 15 marineros que se pudo rescatar de la bahía. La población acompañó a su entierro en el cementerio de Colón.  Desde España, la Reina Regente envió, al igual que lo hizo el gobernador de Cuba, telegramas de pésame al Presidente de los Estados Unidos, McKinley.

El 21 de febrero, los estadounidenses formaron una comisión de cuatro miembros. Hubo intención, por los españoles, de formar una comisión conjunta, pero el Secretario de Marina, John Davis Long, denegó el permiso, ya que era contrario a una comisión investigadora española.

España también formó su comisión, que presentó en el Ministerio de Marina un muy prolijo y voluminoso informe, el cual, un mes más tarde, se leyó en Madrid en el Congreso. Este informe hacía mención a que: la explosión fue interior, que podía haber explotado la caldereta del dínamo. La otra posibilidad era que se hubiera producido por combustión espontánea del algodón pólvora con que se cargaban los torpedos.

            Opiniones imparciales; por ejemplo, del Capitán Buckill y el Vicealmirante norteamericano Revén, dieron por absurda la opinión de una supuesta mina. El algodón pólvora referido, se descompone en climas calientes, despidiendo gases que son capaces de hacer una combustión espontánea. Así voló el famoso acorazado Mikasa en un puerto de Japón.

            Para no alargar el tema, producto de una larga investigación, ya que a posteriori se hicieron muchos informes y hoy, 2011, tenemos una idea, creo más clara. El jefe de ingenieros de la armada de Estados Unidos, Vicealmirante George W. Melville, publicó el 29 de enero de 1902 en la revista North American Review, un análisis sobre el desastre del Maine, y llega a la conclusión de que la explosión fue interior. Da cuenta además de las minas y torpedos con que contaban los españoles durante la guerra, y por la mala calidad de sus explosivos, no existían en Cuba, en ese momento, nada eficaz como para volar el Maine.

            Sumado a que los cubanos enemigos de España no vieran la operación que se pudiese realizar de forma tan secreta, lo concreto es que este desastre, si bien sabemos que no era la causa real, sí fue un motivo que dio lugar a la declaratoria de guerra en los Estados Unidos.  

EL ALMIRANTE  PASCUAL CERVERA

            Definido por sus pares como un marino ilustre, tiene muy clara la situación y una certeza del futuro, que no tenían los altos mandos. Aparecían en la prensa artículos cuando la guerra era ya inminente, con comentarios que a las bisoñas tripulaciones Yankees, se les iba a derrotar con cuchillos de abordaje.  El almirante Cervera sonríe a estos comentarios totalmente conciente, al conocer sus buques faltos totalmente de munición adecuada, con cañerías que necesitaban ser reemplazadas, con no toda la artillería en servicio. Sus máquinas en mal estado y los cascos muy corroídos dado su servicio en los mares de Filipinas y el Caribe.  Las aguas tropicales muy calientes, causan un enorme desgaste que hace más notorio cuando no se cumplen los servicios, tenidos en cuenta en los manuales, de cada tantas horas, reemplazar tal o cual elemento.

Al acorazado Pelayo le faltaba el blindaje de toda la banda de estribor.  El Ponce de León y la fragata Numancia, para nombrar a los más conocidos y destacados en los diarios, tenían en común lo antes dicho: carencias, malos servicios, falta de repuestos, etc.

            Consecuencia de no tener una política naval firme, a través de varios gobiernos.  Sin gestión ni presupuesto, sumado a constantes cambios de ministros la Armada Española, al no tener claro cuál es la política a seguir no preparó una estrategia de operación.  Esto llevó al error en la elección de las pocas unidades nuevas a construir.  Se eligió un mayor número de buques pero de menor tonelaje y no por cruceros acorazados.

            Al llegar la guerra, la flota no estaba preparada y poco podían hacer estos marinos para defender los que eran sus intereses nacionales.  A pesar de todo, las tripulaciones se comportaron heroicamente y con espíritu de sacrificio muchísimos artilleros nunca habían disparado una pieza, ni siquiera en maniobras y así fueron al encuentro de la flota norteamericana. 

SECRETARIO DE MARINA JOHN DAVIS LONG

En historia no podemos hablar de actos individuales que estén al márgen de las sociedades en las que están inmersos los individuos en cuestión, pero estos individuos y su dinámica son los que crean cambios con los cuales la sociedades en las cuales viven, cambia.

Este quizás sea el caso del secretario de marina en el gabinete del presidente Mc Kinley, John Davis Long, abogado de Harvard.  Sirvió como el 32ª Gobernador de Massachussets entre 1880 y 1883.  Tenía 60 años, fuerte de cuerpo, con una voluntad muy firme y una inteligencia extraordinaria. A este hombre le debe la marina estadounidense la mayor parte de sus triunfos. 

A mediados de enero de 1898 ordena a  los buques en aguas de Europa y Brasil y los que se encontraban en Medio Oriente que no den bajas por licencia a sus tripulaciones cumplidas.  Tiene claro el panorama de todas las naves españolas, de guerra y mercantes.  Vigila y sigue los movimientos de los buques, que serán sus presuntos adversarios.  Se entera que el ministro Segismundo Bermejo está cerrando tratos con Brasil para la compra de dos cruceros acorazados: el Amazonas y el Almirante Abreu.  Presiona diplomáticamente.  Aparece el oro de la tesorería y estos buques pasaron a llamarse después AlbanyNew Orleáns.

Compra el crucero Nicthers, de 7080 toneladas, y el Diógenes, bautizados después Búffalo y Topeka, cuatro grandes transatlánticos y 11 remolcadores. El Vulcán, convertido en taller flotante es provisto de aparatos para destilar agua así como maquinaria para fabricar hielo.  Este buque resultó un éxito frente a Santiago de Cuba.  Surtió de piezas sueltas para sus máquinas y también de herramientas a treinta y un buques de su escuadra. Veintiséis  naves de guerra fueron reparadas en el mar  por el Vulcán.

            El abogado Long desde su despacho lo sabe todo.  Recibió una carta confidencial de Madrid en la cual se incluía una información de toda la escuadra de guerra y auxiliares de la marina española anotadas sin error alguno.  Todas sus ventajas y deficiencias.  Recibe también recortes de periódicos del ex ministro Beranger.  El cónsul americano en Cádiz aportó también valiosísimas informaciones.

            El secretario con los planos a la vista vigila en su viaje a la flota del almirante Cervera. Calcula su derrota y los puntos donde necesita tomar carbón. Long sabía exactamente las toneladas que llevaba cada buque en sus carboneras.

            Coloca cruceros en Martinica, Guadalupe, St. Thomas y Canal de la Mona.  Si la escuadra española pudo llegar a Santiago de Cuba, burlando esta vigilancia, no fue culpa del secretario Long en ningún momento, sino del almirante Sampson, que desobedeciendo o interpretando a su capricho las órdenes recibidas malgastó su tiempo y sus municiones frente a San Juan de Puerto Rico.

            Fondea en Santiago la Escuadra de Cervera.  Sampson no lo sabe y sin embargo el Secretario de Marina de los Estados Unidos sentado en su poltrona y con un fajo de cables ante sus ojos, pasa revista a los buques españoles anclados en aquel puerto cubano el 19 de mayo. Telegrama tras telegrama, avisa, amonesta, dirige y empuja y sólo diez días después el 29 de mayo consigue que sus naves bloqueen al almirante español. 

Sin los trabajos y las vigilias de Long, Cervera que también demoró su salida de Santiago, hubiera anclado al abrigo de las formidables baterías que protegían la ciudad de La Habana o lo que es también posible regresado a España.

            El almirante Cervera llegó a San Vicente de Cabo Verde sin novedad el 14 de abril.  Los cruceros españoles habían navegado a una velocidad entre 11 y 12 millas, siendo el consumo de carbón muy exagerado.  A su llegada a puerto Cervera dirigió un cable al ministro.: “… Fondeamos sin novedad, necesito instrucciones y noticia.  Tengo necesidad de combustible, mil toneladas para rellenar ...”.

            Comenzó la difícil operación de tomar carbón.  Se pudieron conseguir a duras penas 700 toneladas que se pagaron a 51 chelines, más de lo normal.  El cónsul americano había comprado todo el carbón existente en el puerto.

El 18 de abril llegó el San Francisco con las instrucciones que entre otras eran: “… El objetivo de la expedición será la defensa de la isla de Puerto Rico, que tomará VE a a su cargo en la parte marítima.  Combinando su acción militar de acuerdo con el gobernador de la isla.  En su calidad de almirante debe medir las fuerzas del presunto enemigo, apreciar la importancia de sus movimientos, así como los recursos que pueden desarrollar los buques a su mando.  Si las fuerzas del enemigo fuesen iguales o inferiores, convendrá a VE tomar la ofensiva. En Puerto Rico encontrará todo género de recursos, incluso municiones ...”

            Esto no era así.  Remarco la diferencia entre el ministro Long y el Ministerio de Marina Español en el cual la actuación del ministro Bermejo fue negligente en todos los sentidos y carente de decisión en cuanto a las órdenes dadas  y a la claridad de las mismas.

            En Puerto Rico no había municiones para los buques.  El carbón prometido por el ministro no estaba en la isla sino que venía embarcado en el vapor inglés Restamel, con 3000 toneladas de carbón Cardiff que había salido de Curaçao.  Este buque andaba a siete millas por hora.  Fue capturado por el St. Paul y con una tripulación de presa fue llevado a Key West.  Su capitán manifestó que esperaba ser capturado y tanto él como su tripulación mostraron buen talante por haber sido apresados y parecían satisfechos del resultado.

            Otros dos carboneros de la misma compañía navegaban bajo instrucciones similares. Toda esta información la recibió el Capitán C. Sigsbee, comandante del St. Paul, quien fuera capitán del Maine en el momento de su visita a la Habana y posterior voladura.

            Se desprende de esto que el talón de Aquiles de la flota española estaba en el combustible; otra inexplicable carencia de previsión del ministro español, más todavía cuando contaba España, contrastando con las de la escuadra.  Ciento cincuenta y cuatro buques en excelentes condiciones que eran su flota de mercantes rápidos transatlánticos que pudieron ser usados como carboneros, siendo sus capitanes y marinos hombres avezados a largos viajes, valientes y osados, personal muy competente.

            Esta flota, una de las primeras del mundo, quizá la primera en aquella época, fue usada con punible torpeza.  Cervera y su escuadra anduvieron errantes de Martinica a Curaçao y de Curaçao a Santiago de Cuba sin encontrar un sólo buque carbonero y de ahí en vez de refugiarse en el puerto de La Habana, o en el de Cienfuegos, lo que hubiera evitado la destrucción de su escuadra, tuvo que entrar en Santiago de Cuba, porque algunos de sus cruceros estaba quemando las últimas toneladas de carbón.

Como muestra de las actividades del ministro Bermejo vemos este despacho dirigidos a Cervera a la Martinica, por conducto del general Vallarino, comandante principal de marina en Puerto Rico: 

“… Ministro de Marina a Almirante Cervera.  Madrid, mayo 12, 1898:  Vapor Alicante debe encontrarse ahí y otro vapor inglés con 3000 toneladas de carbón debe llegar a ese puerto …”

Se refería al vapor Tuickhand que nunca llegó. El vapor Alicante estaba fondeado en Fort de France el 11 de mayo, pero aquel buque no tenía a bordo una sola tonelada de carbón; es más, necesitaba carbón para su propia propulsión.  Estas graves faltas, como otras de igual tenor, fueron causas que contribuyeron a la destrucción de los cruceros españoles.

            El almirante Cervera y sus comandantes tenían el temor que EEUU atacase territorio español, por ejemplo, Canarias.  Cosa que jamás pasó por la cabeza de los que planificaron esta guerra que se libraría en la puerta de su casa.  Este telegrama del 21 de abril de 1898 confirma nuevamente que el destino  ordenado al almirante era la isla de Pto. Rico:

“… Ministro de Marina al Almirante Cervera - Madrid, 21 de abril:

Como Canarias están perfectamente aseguradas, salga con las fuerzas para proteger isla Pto. Rico que está amenazada.  La frase “Salgo para el Norte” me indicará su salida …”.

            Otro vapor con un cargamento de 5.700 toneladas de carbón con destino a Puerto Rico fue capturado por el Yale y conducido a Charleston en Carolina del Sur.

            Voy a comentar aquí un hecho de capital importancia, que seguramente llevó a la destrucción de la escuadra española con fecha 11 de mayo.  El Ministro de Marina puso el siguiente telegrama al Comandante de Marina en Puerto Rico para que lo trasladase al almirante Cervera en Martinica:

“… Ministro de Marina Bermejo al almirante Cervera - Martinica:

Desde su salida han variado las circunstancias se amplían sus instrucciones, para que si no cree que esa escuadra opere ahí con éxito puede regresar a Península ...”.

            Este cable tan importante no fue transmitido al almirante Cervera, ni a la Martinica ni a Curaçao.  Si el almirante hubiese recibido aquel cable, seguramente vira y se dirige a Canarias como era su deseo y hubiera llegado sin dudarlo ya que desde Puerto Rico hacia el este no había buques americanos que pudieran medirse con los españoles solamente algunos cruceros auxiliares.

            El almirante debió haber recibido en Curaçao de manos del cónsul español, la noticia que con fecha 12 de Mayo la escuadra del almirante Sampson estaba empeñada en un furioso ataque contra San Juan.  Cervera se escurrió por el sur.

            Sin la indisciplina del almirante estadounidense, indudablemente Cervera, hubiera entrado en San Juan el 14 de mayo, quedando fácil presa de su escuadra, dado que salían por el canal en fila, y al bloquear la Boca del Morro o permanecían fondeados en el puerto donde al ser la rada poco profunda, su destrucción hubiera sido inmediata por el fuego de los acorazados de Sampson.

            En la tarde del 19 de mayo después de veintidós días de navegación y con enemigos en su busca, entró en el puerto de Santiago de Cuba.

            El capitán Mahan, critico naval de los EEUU, tiene frases de alabanza para el almirante Cervera por su hábil derrotero, llegando a puerto español sin obstáculo.  Califica este suceso como “Grave derrota de Sampson”.

“… ¿Es cierto que los buques españoles están en Cádiz?  Si eso es así envíen a San Juan Pto Rico un buque carbonero.    WT Sampson, US Navy …”.

Otro despacho:

“… Envíe sin dilación el Vesuvios a San Juan Puerto Rico, si el departamento confirma llegada de buques españoles a Cádiz.  WT Sampson, US Navy …”.

Si cupiese alguna duda de sus intenciones, el mismo escribió en un documento oficial: “… Estos telegramas tenían la mira de volver y capturar San Juan.  Era conveniente hacerlo en caso que el almirante Cervera hubiera fallado en cruzar el Atlántico.  Cervera no falló en cruzar el Atlántico pero Sampson sí falló en capturar la plaza de San Juan.  No realizó su objetivo y según el tecnicismo militar fue derrotado …”.

            El 12 de mayo de 1898, fue una indiscutible victoria de las armas españolas, la única durante la guerra Hispanoamericana. 

LA ARMADA ESPAÑOLA

            El 6 de junio de 1717, se firma la Real Orden, por lo que la Marina pasa a ser la Real Armada, pues hasta ese momento España había dispuesto de varias Marinas con sus capitanes generales que no tenían ninguna conexión entre sí lo que dificultaba la unión; desaparecieron las escuadras de Galeras del Mediterráneo, las de navíos del Océano y galeones de Indias, uniéndose en una sola Real Armada Española.

            Hacia fines de la década de 1850 aparecen dos nuevos elementos que cambian la navegación y el combate naval: el acero y el vapor.  Al aumentar la potencia de fuego de los cañones, los cascos de madera de los buques no soportan las descargas del fuego enemigo.

            Si bien los españoles fueron los primeros en acorazar buques, los usaron por primera vez en el sitio de Gibraltar; pero su peso potencia, al navegar a vela hacía sus maniobras muy lentas, por lo que no dio el resultado esperado. Transcurridos unos años, los franceses hicieron una experiencia con la fragata acorazada “La Gloire” combinando vela con vapor en 1860, se hicieron varias experiencias, siempre en navíos de madera forrada de metal. Aún no se había solucionado el problema de la estanqueidad, pero la tecnología supo rápidamente superar este inconveniente, y se construyen cascos por el sistema de remaches calafateados, totalmente de acero.

            Aquí es donde España siente el peso de haber quedado muy atrasada en relación a la llamada “Revolución Industrial”. Que otros países construyan acorazados con esta tecnología preocupa, y obliga al gobierno a construir buques en astilleros extranjeros para intentar equilibrar a las otras escuadras europeas.  Por esta razón se encarga en los astilleros “La Seyne” en Tolón, Francia, en 1862 la construcción de la Fragata “Numancia” (la carga de carbón que embarcaban estos navíos acorazados, no les permitía singladuras largas). Tenían que ir de puerto en puerto; es más, debían recalar en puertos que permitieran el abastecimiento de carbón y agua, que no todos los puertos contaban con estas facilidades. Francia y Gran Bretaña habían tenido sonados fracasos al querer mantener acorazados a mucha distancia.  Sin embargo, la Numancia, al mando de Casto Méndez Nuñez logró dar la vuelta al mundo y llegar a España. Toda una proeza y enorme experiencia para este tipo de navío.  

LA ARMADA EN 1898

            Era en este año Ministro de Marina el Contralmirante Segismundo Bermejo.  Marino profesional, temeroso del qué dirán, más atento a maniobras políticas que a las navales, de larga permanencia en oficinas y ministerios que acortaron su visión de la realidad. Tengamos en cuenta que desde el desastre de Trafalgar, los presupuestos fueron retaceados y no se construían unidades nuevas ni tampoco se reparaban a fondo las existentes.  La Marina de Guerra española fue acompañando los altibajos de la economía y al tratarse los presupuestos en el congreso eran mezquinos.

            El ministro Bermejo creía que el número de buques tenía más importancia que el estado de sus máquinas cascos y poder ofensivo dejando la victoria, al valor honor y espíritu de sacrificio de oficiales y tripulantes.  La realidad, mirada con objetividad en enero de 1898 era muy otra. 

La armada española tenía un grupo de cruceros de combate que la prensa denominaba como acorazados, pero que en la realidad no lo eran.  Por ejemplo, el Cristóbal Colón fue construido en Génova por la casa Ansaldo, firma muy experimentada además de astilleros, incursionó en la fabricación de material bélico.  También años después, autos blindados que portaban ametralladoras usadas en la Primera Guerra Mundial, de buena construcción.  Se usaron también en la Guerra Civil Española.

            Este crucero pesado de magnífica construcción, en principio fue puesto para la Regia Marina Italiana, en los astilleros Sestri Pomente de Génova como ya dije.  España pagó por él 690.000 libras esterlinas.  Era un crucero acorazado clase Garibaldi.  Fue de hecho el que dio nombre a la misma. Se construyeron diez para las marinas de guerra de Argentina, Italia y Japón.  Dos unidades combatieron con mucho éxito en la guerra Ruso-Japonesa de 1905.

            Una cosa muy importante a destacar tomando en cuenta lo inmediato anterior, es que los dos cañones Armstrong de 254 mm., que debían ser emplazados a proa y popa.  No hubo satisfacción de las autoridades españolas y nunca fueron instalados.  Pensemos que en aquél momento hubiese sido una poderosísima artillería. Tenía este buque 24 calderas que generaban 13.000 HP, con 6840 toneladas de desplazamiento y una velocidad de 21 nudos.

            España estuvo por comprar una segunda unidad de la clase Garibaldi que sería llamado Pedro de Aragón, pero la operación no se realizó.  El diseño en ese momento del más moderno crucero acorazado estuvo a cargo del ingeniero naval Benedetto Brin.

            La firma Thompson de Inglaterra construyó, a pedido del gobierno español, tres destructores: Terror, Furor y Plutón, unidades éstas de mucha importancia como elementos de guerra.  Lamentablemente muy mal manejados por el personal español.  Años después navegados por norteamericanos e ingleses, tuvieron una excelente actuación durante la Primera Guerra Mundial.

Además, fueron construidos en España, en los astilleros Nervión, en el país Vazco.  los cruceros Infanta María Teresa, Vizcaya y Almirante Oquendo. 

PUERTO RICO

            Esta hermosa isla fue, en el fin del siglo XV, descubierta por Juan Ponce de León, el cual se asentó inmediatamente, luego de tres o más intentos de apoderarse de la isla por parte de ingleses y holandeses.  Se notó un progresivo aumento en la población entre 1700 y 1770.  Esta pasó de 4.400 a 6.400 habitantes, según un censo realizado por el gobernador Felipe Ramirez de Estenós. Fue este hombre quien le dio la órden al comisario real, Alejandro Oreilly, de llevar a cabo un censo que arrojó la cifra en habitantes citada arriba. Entre los logros de este gobierno: taló bosques de plantas nativas, desmalezó tierras y tartagales que nada aportaban, e introdujo la plantación de café; muy adecuada para la zona del caribe, dada la humedad y el calor.

            No hubo en Puerto Rico ningún tipo de sublevación contra España, a diferencia de Cuba, claro donde la población era menor y los intereses de Estados Unidos sólo se reflejaban en la compañía azucarera, la cual operaba también en otras islas del Caribe. Más aún, al quedar independientes como repúblicas o dependientes del imperio británico: Jamaica y Barbados.

            En 1898, la situación política en la isla se refleja con total claridad. En abril de ese año, dada por el periódico Washington Daily Post. Las noticias del Cónsul Henna al departamento de Estado no se parecen a las que vienen de Cuba. El cónsul dice que la autonomía últimamente concedida en Puerto Rico por el gobierno de SM, la reina regente, María Cristina de Hasburgo y Lorena –viuda y segunda esposa de Alfonso XII, ha sido proclamada.

El pueblo de Puerto Rico es un pueblo leal y pacífico y todos parecen contentos con la autonomía concedida por la madre patria. Esto era lo que decía entonces el cónsul de los Estados Unidos en Puerto Rico.

Se contaban con las manos los puertorriqueños que querían la anexión a los Estados Unidos. Éstos eran algunos ingenieros y médicos que habían estudiado en los Estados Unidos. Por eso es que me parece destacar, cómo se decide, por el Presidente McKinley, tomar Puerto Rico.

            Aquí es donde aparece un personaje que con su accionar define el destino de esta isla. Éste era el Dr. Julio J. Henna, puertorriqueño que había estudiado en los Estados Unidos, residente en Nueva York, donde ejercía su profesión. Se desplaza a la capital, Washington, y se entrevista con el senador de Massachussets, Mr. Lodge, con quien habla de atacar Puerto Rico si se producía la guerra. Como no podía ser de otra manera, éste lo escuchó con un enorme interés; más aún cuando éste tenía un detallado y amplio informe sobre caminos, puentes, ferrocarriles, y batallones que estaban destacados en la isla su armamento y parque de municiones.

            Ante todo esto que parecía un regalo inesperado y en realidad como veremos, lo era; lo deriva a que habla con el subsecretario de marina, el luego famoso, Teodoro Roosevelt, leyó la carta en que se lo presentaba por parte del Senador Lodge y lo atendió complacido. No era para menos.

Roosevelt, le manifiesta al Doctor Henna no tener ningún dato sobre la isla, ya que en ningún momento se concedió a la misma un solo pensamiento, dado que el teatro de operaciones pensado, y en el cual todas las actividades están concentradas, es la isla de Cuba.  Teodoro Roosevelt se levantó, estrechó la mano al Dr. Y le dijo: “… Usted es el hombre que nos hacía falta y Puerto Rico ocupará desde hoy, un lugar preferencial en los planes de guerra que estamos preparando …”.  Fue con esta documentación que llamó a los jefes de marina, Clover y Priggs, y con una taquígrafa tomó nota de la conferencia en la cual, volvieron a oír al Dr. Henna.

            El mismo presidente, al otro día dijo a los Sres. Henna y Roberto H. Todd, Presidente éste del Club Separatista de Nueva York, que él estaba tan interesado en Puerto Rico, que si la guerra se declaraba, el ejército de los Estados Unidos operaría contra la isla.  Lo concreto es que estos puertorriqueños, todos residentes en Estados Unidos, todos profesionales, no sólo un grupo minúsculo, sino sin apoyo ninguno ni militar, ni de sublevación en la isla.

            Tenían la pretensión de tomar parte activa en la invasión, formando a su vez, parte del Estado Mayor y con autoridad para firmar proclamas y otros documentos. Algunas de estas personas eran los hermanos: Lugo Viña, Fajardo, Palmer, Amy, Daniel, Besosa y algunas docenas más.  Todos habían cursado estudios en universidades norteamericanas, eran anexionistas y admiradores de los Estados Unidos. La gran diferencia con la rebelión en Cuba es que los cubanos querían no pertenecer a España, pero menos aún a los Estados Unidos.   Recordemos que José Martí, que había vivido en Estados Unidos, no compartía otra idea que la total independencia de la isla.  

DEFENSAS DE PUERTO RICO

La isla tiene una superficie de 3.606 millas cuadradas. La distancia a Nueva York es de 1.400 millas y 1.000 de La Habana, algo menos del luego Canal de Panamá.

            La población en 1898, era aproximada a 950.000 habitantes. Su capital, San Juan, tenía 32.000. Contaba con un ferrocarril que circunvalaba toda la isla y un camino, carretera principal llamado “camino militar”, que iba de sur a norte, atravesando toda la isla.

            Gobernaba la isla el capitán general y gobernador civil, el Teniente General Don Manuel Macias y Casado. Según parece, hombre muy culto, afable, pero muy mal estratega.  El segundo Gobernador de la Plaza de San Juan, era el General de División Ricardo Ortega y Diez, un soldado capaz y valiente.

            La isla estaba dividida en 7 distritos militares: Ponce, Mayagües, Humacao, Guayamá, Aguadilla y Bayamón, cada uno al mando de un jefe.  La única plaza Fuerte “San Juan”, tenía varias baterías con piezas de calibre medio, todas de hierro y ninguna de tiro rápido. Desde 1797, fecha de la rechazada Invasión Inglesa, no se había disparado un tiro de guerra y, por muchos años, toda la isla estuvo desartillada y nadie pensaba en guerra alguna, ante el temor de parecer ridículo.

            Sin falta, todos los años el tesoro de Puerto Rico remesaba a Madrid el importe de todo material de guerra que se recibía; pero hasta el año 1896 no hubo montadas en San Juan otras piezas que las usadas en el siglo anterior. Se tenían pagas algunas piezas Krupp de 30 centímetros que nunca vinieron, por no servirle como carga, que consideraban mala para sus vapores; estos de la Compañía Transatlántica.

            En 1897 se pidieron con urgencia dos baterías de campaña Nordenfelt de tiro rápido, que nunca llegaron. Sí vino una grúa “Krupp”, para desembarcar dichas piezas, y ya bloqueada la Plaza, un proyector eléctrico Mangin, que iluminaba a mucha distancia. Nunca hubo tiro formal por temor a gastos. No había tablas de tiro y, a raíz de la guerra, fue necesario calcularlas.  Los obuses de 24 cm. no tenían la pólvora reglamentaria. Se usó entonces la de los cañones de 15 cm. y entonces los tiros resultaban cortos.  

LAS FUERZAS DE MAR DESTACADAS EN PUERTO RICO

            El Isabel II”, crucero no protegido, de segunda clase construido en El Ferrol, en 1896, de 1152 toneladas y un andar de 8 millas; artillería principal de 4 cañones de 12 cm., una ametralladora y dos tubos lanzatorpedos.  Comandante: Capitán de Fragata José Boado.

            El “General Concha”, crucero de tercera el clase, no protegido, de 584 toneladas, construido en “El Ferrol” en 1883, con 9 millas de andar armamento, tres cañones 12 cm., 2 cañones revólver de 37 mm y una ametralladora. Comandante Teniente de Navío de Primera Clase Rafael María Navarro.

            El “Ponce de León”, cañonero de segunda clase, de 200 toneladas, construido en Inglaterra en 1895, con dos cañones de tiro rápido de seis libras, dos de una libra y un andar de 11 millas. Lo comandaba el Teniente de Navío de Primera Clase Rufino Eguino.

            El “Criollo”, cañonero de tercera clase; construido en 1896, de 200 toneladas, andaba 6 millas, y su armamento eran 2 cañones de tiro rápido y una ametralladora.

            El “Terror”, destructor de torpedos llegó al puerto procedente de La Martinica el  7 de mayo de 1898. Construido en Clyde Bank en 1896, casco de acero, hélices gemelas, tres chimeneas. Con 370 toneladas y una muy respetable velocidad: 28 nudos. Tenía 2 cañones rápidos de 7,5 cm. y 2 de una libra, varias ametralladoras y 2 tubos lanzatorpedos “Whitehead” de 14 cm. con una dotación de 67 hombres, valioso elemento de guerra, el buque español más temido por las fuerzas que bloquearon San Juan.

            El Crucero auxiliar “Alfonso XIII”, trasatlántico español, construido en 1888, de 4.380 toneladas, andar de 16 millas. Montaba como artillería cuatro cañones Hontoria de 12 cm. dos de 9 cm., dos de 75 mm. y dos ametralladoras; no pudiendo seguir para Cuba, quedó en San Juan.  Comandado por el Capitán de Fragata Pidal y tripulado por marineros de guerra. Procedía de Cádiz.   

FLOTA DE RESERVA

España mantuvo una flota de reserva, la que era comandada por el Almirante Manuel de la Cámara y Livemoore.

Grupo A – Acorazado Pelayo, Crucero Carlos V, Cruceros auxiliares Rápido y Patriota,  al mando de Cámara.

            Grupo B – Destructores Audaz, Osado y Proserpina, al mando del Capitán de Navío José Ferrandiz Niño.

            Grupo C – Transportes de Tropas Buenos Aires e Isla de Panay, al mando del Capitán de Navío José Barrasa y Fernández de Castro.

            Grupo D – Transportes de carbón Colón, Covadonga, San Agustín y San Francisco, al mando del Capitán de Navío José Barrasas y Fernández de Castro.

Grupo E – Vapores: Alfonso XII, Antonio López , Joaquín de Piélago y Giralda, al mando del capitán de Navío José Barrasas y Fernández de Castro.

            En los transportes se trasladaban cinco batallones denominados expedicionarios: Madrid Nº1, Cádiz Nº2, Valencia Nº3, Barcelona Nº4 y Burgos Nº5.

            Es importante destacar que el Pelayo tenía mucho tiempo sin navegar y al ser necesitados sus servicios, salió al mar sin tener puesta apunto toda su artillería; es más, le faltaba el blindaje de toda la banda de estribor. En el caso de Carlos V, aún faltaba terminar obras con la casa constructora y su artillería no estaba en óptimas condiciones de funcionamiento.  Otra cosa era que en las pruebas de entrega del buque, sus máquinas no desarrollaban toda su potencia y por ende tenía menos velocidad.  El Alfonso XII debía permanecer en Carena y el que necesitaba una gran reparación de sus máquinas era el Aviso Giralda.

            Con esta flota de reserva al mando del Almirante Cámara, se planeo un contragolpe para aliviar la situación del Almirante Cervera, y a su vez atacar la costa norteamericana. Con esto, se intentaba alguna victoria.  Se tenía la intención de crear tres divisiones, una con el objetivo de atacar el tráfico mercante americano a la altura de Pernambuco (Brasil).            

Como el acorazado Pelayo tenía poca autonomía, navegó hacia el Mar Caribe en apoyo de Cervera, pero era tanto el consumo de carbón que se le ordenó cambiar de rumbo.  Para regresar a aguas nacionales se le unió el crucero Alfonso XII para proteger la costa española.

            Todas las acciones planificadas fueron impedidas por la enorme presión Británica, que no quería la extensión de la guerra en el Atlántico y en el Pacífico, ya que esto entorpecía sus intereses comerciales.  Lo que se concretó fue la formación de otra escuadra que con órdenes de dirigirse a las islas Filipinas fue literalmente trancada en el Canal de Suez también por los británicos.   Se supo además, luego de la guerra, que el millonario de la prensa Hearst tuvo la intención de comprar un viejo barco, para hundirlo donde pudiese impedir el paso de la flota española.

Al saberse la noticia de la aniquilación de la escuadra de Cervera se dio la orden de regresar a la escuadra del Almirante Cámara a España.  

12 DE MAYO DE 1898

            En la madrugada el vigía en el faro del Morro divisó en la distancia y confusamente un gran convoy de buques se aproximaban del Noroeste y con las luces apagadas.  Este dio aviso al sargento y al telegrafista y sobre el parapeto que rodeaba el faro examinaron las siluetas de los barcos que en una tenue claridad avanzaban lentamente.  El sargento dió la orden de avisar al capitán José Antonio Iriarte, puertorriqueño de una brillante carrera militar, gobernador del Castillo de San Fernando del Morro.  

No cabía duda: era la escuadra española, dado que se esperaba según las noticias día a día que esta apareciera a apoyar la defensa de la isla.  Algo tenían claro algunos mandos.  Cuba con o sin apoyo norteamericano estaba perdida para España.  A esa altura de los acontecimientos, no así, la isla de Puerto Rico.

            Un buque pequeño venía a la cabeza.  Seguíale tres más, de gran tonelaje, que examinados por el Capitán Iriarte cuando llegó, fueron reconocidos como pertenecientes a la escuadra de los Estados Unidos.  El capitán tenía en su cartera siluetas de todos los buques de Sampson.  Su orden inmediata fue de avisar al capitán Ángel Rivero, gobernador del castillo de San Cristóbal.

            Una pequeña dificultad con el telégrafo demoró unos minutos la comunicación con la Capitanía General.  La claridad había aumentado y esto permitió ver a los defensores españoles como un gran acorazado levantando con su proa montañas de espuma y mostrando los colores de los EEUU se dirigía hacia el Morro.

Sobre el parapeto, a pecho descubierto, escrutando el horizonte, estaban el jefe de las baterías, Capitán Ramón Acha Caamaño y el Capitán Iriarte.  A la orden de Acha, la bandera española surgió rápidamente azotada por la brisa de la mañana.

            Eran las cinco y diecisiete de la mañana, dos cañones de seis libras de la batería de estribor y uno de ocho pulgadas de la torre de proa, habían sido disparados por aquél buque.  Sonó un cañonazo, luego otro y otros.  Eran las baterías del castillo de San Cristóbal.  Las primeras en contestar el ataque a las cinco y veinticuatro minutos de la mañana.  Todas las del Morro rompieron fuego.  Las de Iriarte a la derecha y tres de la izquierda situadas fuera del castillo.

            Se generalizó el combate por mar y tierra.  Los buques lanzaban andanadas de todos los calibres tratando de demoler el Morro.  Es de testimonio del capitán Ángel Rivero que la escuadra norteamericana maniobraba con seguridad y pericia. 

            Las dos únicas baterías de la plaza de moderno emplazamiento aunque con débil artillado estaban emplazadas en sitios admirablemente escogidos, en desmonte oculto por la vegetación de la costa.  Estas baterías eran invisibles para la escuadra y sólo podían ser obtenidas por tiro indirecto.  Llamada una de La Princesa, la otra del Escambrón, mejor batería que la anterior, tenía un buen campo de tiro y estaba artillada con obuses de 24 cm. de giro central.  Con su tiro curvo podía haber hecho mucho daño a las cubiertas de los buques enemigos.  El capitán Gonzáles aguantó las tres horas del combate sin disparar un solo cañonazo.  Según él el enemigo estaba fuera de tiro.  Recibió además la orden de no hacer fuego.

            El capitán Rivero criticó esa orden, según textuales palabras:  “… No importa que la escuadra estuviese fuera de tiro.  La batería del Escambrón debió hacer fuego con su máximo alcance; si no para ofender al enemigo, cuanto menos para invitarlo a la pelea, invitación que tal vez hubiese sido aceptada y de esta manera una nueva batería habría compartido con las demás el peso del combate ...”.

            Los buques de la escuadra estadounidense que atacó el 12 de mayo de 1898 fueron: Montgomery, Amphitrite, Terror, New York, Indiana, Detroit, Iowa, Remolcador y Wontuck  (su función era anclar un pequeño bote con una bandera que indicara el límite del circuito de bombardeo que se llevara a cabo retirándose del lugar).  La secuencia del ataque fue:

            04.30:  El Detroit a la cabeza de la escuadra viene midiendo la profundidad para marcar a los demás buques la mejor ruta a seguir.

04.58:  Por un error de transmisión de órdenes de Sampson, el Detroit se detiene a 1.500 metros de la entrada del puerto y durante toda la acción disparara hacia el castillo de San Fernando del Morro.

05.16: El Iowa que viene a la cabeza de la escuadra principal hace el primer disparo con sus cañones de proa de 6 libras desde unos 3.500 a 4.500 metros de la costa.  Le siguen en este orden el Indiana, New York, Amphitrite, Terror y Montgomery.

            05.16 a 05.27:  Comienza la flota el primer circuito y termina entre 05.35 a 05.45.  Acompañando a la escuadra venían el torpedero Porter, el barco de transporte de carbón Niagara y dos yates con periodistas de prensa asociada que no intervinieron en el combate.

            05.24: El castillo de San Cristóbal responde el fuego después le seguirá el Castillo del Morro.

            06.30:  Antes de comenzar el segundo circuito se le ordena al Montgomery que junto al Detroit dispare hacia las fortificaciones.

            06.35: El Iowa comienza los disparos en el segundo circuito, distancia: 1500 metros.

            07.16: El Iowa comienza los disparos del tercer circuito, el que termina 07.46.  Durante el tercer circuito, el Terror permanece durante 15 minutos frente al Castillo San Cristóbal.

            08.01:  Sampson ordena cesar el bombardeo y tomar rumbo hacia República Dominicana.

            La velocidad mantenida por los buques durante el bombardeo fue de 4 a 5 nudos.  La distancia de los buques a la costa se calcula mínimo de 1.100 metros en la parte más cercana del circuito y 3.500 metros parte más cercana del circuito y 3.500 metros la más alejada la separación entre buque de 1.300 metros aproximadamente.

            El objetivo principal era el Castillo del Morro, pero muchos fueron los disparos que cayeron en la ciudad, otros en la bahía dañando al Alfonso XIII y al buque de guerra Francés Admiral Rigaud que estaba de visita de cortesía.

El parte oficial indica que el bombardeo de San Juan tenía como objetivo constatar la presencia de la escuadra de Pascual Cervera en  la bahía.  Pero hay muy documentadas versiones de que lo que pretendía Sampson era emular al almirante Dewey tomando la ciudad de San Juan.

            Las  bajas españolas fueron 2 militares y 5 civiles muertos, 39 militares y 18 civiles heridos.  Total: 64 bajas.  Las bajas estadounidenses fueron: 2 muertos y 7 heridos.  Total: 9 bajas. 

OTROS

El 23 de abril de 1898, se incorpora el Gloucester”.  Esta unidad, construida en 1891, de 786 toneladas, tenía una velocidad de 18 nudos. Su armamento básico eran cuatro cañones de seis libras; contaba con otros cuatro de 3 libras y 2 ametralladoras Gatling. Su tripulación eran 9 oficiales y 85 marineros. Su comandante era Richard Wainwright.

            Después de la batalla de Santiago de Cuba, recogió a los que estaban prisioneros de un destacamento de mambises. Estos eran el Almirante Pascual Cervera, a un hijo de éste, llamado Ángel y al Capitán Víctor Concas que era comandante del Infanta María Teresa, y el cual se encontraba herido y algunos marineros españoles. Dos días después fueron transferidos al USS Iowa.

            La flota norteamericana contaba con yates armados. Eran éstos pequeños barcos, donados algunos o vendidos por particulares y tenían pequeños cañones como armamento, y servían para patrullar y explorar, para lo cual eran ideales al no tener ningún blindaje y buena velocidad.  En esta función cumplieron un excelente papel.  

  

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