Historia y Arqueología Marítima

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“CAPITÁN DE MAR Y GUERRA”

(Escritos de Francisco Manuel De Melo)

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por   MARIO ANGEL MENYOU  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 RESUMEN

Promediando el Siglo XVII, época en que España y Portugal estaban unidos por un mismo poder monárquico pero envueltos en la lucha que llevaría a la separación definitiva de ambas coronas, apareció Francisco Manuel de Melo, militar de origen portugués al servicio de España.  Autor de varios tratados de táctica y estrategia, combinó el ejercicio de las Armas y de las Letras, registrando en sus libros y cartas las experiencias y juicios adquiridos en campaña, convirtiéndose en uno de los escritores más representativos del Siglo de Oro Español. De su vasta obra se destaca la publicación “Política Militar en Avisos de Generales”, donde se explica la más activa de las jerarquías militares, la de Capitán, en este caso la del Capitán de Mar y Guerra, cuáles eran los preceptos, las responsabilidades y características que debían ostentar, lucir y cumplir esos marinos, con observaciones que aún hoy conservan vigencia.

 INTRODUCCIÓN

Por una publicación que data de 1946 de la Biblioteca EMECÉ Editores S.A. de Buenos Aires, se tuvo acceso a una selección de Clásicos Castellanos en la cual se editaba el libro “Política Militar en Avisos de Generales” escrito por Francisco Manuel De Melo.

Llamó la atención en primer momento su título, por lo que se decidió su adquisición, pensando encontrar en su interior temas de índole estratégico, pero para sorpresa, nos encontramos prácticamente con un reglamento en general sobre guerra naval, elaborado en 1638.

Su lectura y análisis me llevó a vincular el tema, con las conferencias que habitualmente se dictan en la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, por lo que se lo propuso como tema a exponer en este entorno.

Otra observación, previo a esta disertación, corresponde sobre el título aplicado a la misma en lo referido a “Capitán de Mar y Guerra”. Estaría de más ante este auditorio, que un Militar del ámbito terrestre dé explicaciones sobre aspectos del ámbito naval, a quienes han desarrollado en el mar y su entorno, toda su vida; pero lo explicable es, que si bien esta forma de jerarquizar era de uso común en antaño, es en la “Política Militar” de Don Francisco Manuel De Melo donde se explica sus competencias reglamentariamente, prolongándose su uso hasta nuestros días, como en la Marina de Guerra del Brasil, y que últimamente lo hemos visto representar en un film que poco tiempo atrás se ha exhibido en salas montevideanas, con mucho éxito.

Cabe agregar que esta película basa su guión en un libro publicado en 1969 con el título de “Capitán de Mar y Guerra, la costa más lejana del mundo” y autoría de Patrick O`Brian. Este libro encuadra en su relato mucha información sobre hechos y cosas que sucedieron o existieron en la realidad, por lo que salvo sus personajes ficticios y mayor parte de los eventos que reproduce, nos aporta datos de carácter histórico; particularmente por la cantidad de naves mencionadas, que no nacieron de la imaginación del autor, sino que surcaron los mares en la época en que se desarrolla el relato.

 PRESENTACIÓN DEL TEMA

Atendiendo a la jerarquía de “Capitán de Mar y Guerra” (que tomara amplia difusión con el film homónimo) y existiendo en la publicación “Política Militar en Avisos de Generales” las tareas y responsabilidades correspondientes a dicho cargo, nos propusimos incursionar en el tema y como suele suceder, además de ilustrarnos sobre lo que pretendíamos información, nos encontramos con otros aspectos muy interesantes vinculados a la cuestión, así como descubrir la excelencia de autores que nos dejaron con sus testimonios, meritorios trabajos que nos describen con claridad el inicio y el por qué de cosas que con modificaciones acorde a los tiempos y medios, en qué y con qué se desarrollan, han llegado a nuestros días.  

De la lectura del libro citado, escrito por Francisco Manuel De Melo en 1638 se desprenden varias enseñanzas y observaciones que vale la pena analizar.

Francisco Manuel De Melo, nacido el 23 de noviembre de 1608 en Lisboa, optó al momento de la rebelión del Reino del Portugal al de España por su patria natal, Portugal, y es allí, luego de una vida llena de peripecias donde un 13 de octubre de 1666, a los casi 58 años dejara el mundo de los seres vivos para entrar en la inmortalidad por los escritos de su autoría.

Cabe acotar al inicio de este análisis, que la actividad de Don Francisco Manuel De Melo no se radicó solo a las escrituras, sino que además de cultivarse culturalmente (se educó en el Colegio San Antonio, en Coimbra, dependiente de la Compañía de Jesús), desde temprana edad emprendió la carrera de las Armas, habiendo servido en la Marina. En la dependiente de la corona española primero y posteriormente a la separación, en la portuguesa.

De la conjugación de su inclinación por las letras, nacidas en su colegio de educación y del aprendizaje de la guerra en el mar, surge en primera instancia el libro que mencionamos, el que se completará posteriormente con la “Crónica de la Guerra de Cataluña”, extenso relato del conflicto en el que participó con el grado de Maestre de Campo y que escribió por encargo real al principio, continuándolo por interés personal luego de la separación de Portugal de España, que sucedió en esa misma época (1640).

Cabe anotar que la “Política Militar” es más ilustrativa que la “Crónica de la Guerra de Cataluña” por no circunscribirse al relato de hechos concretos y dedicarse al tratado de causas generales, a la vez que fija algunos principios de validez constante en lo que respecta a la guerra naval.  Pero una y otra, cada cual en su estilo, son documentos históricos y monumentos literarios que sitúan a don Francisco Manuel De Melo entre los escritores más representativos del Siglo de Oro Español.

Otro aspecto a considerar en el escrito que nos ocupa, es la fecha y lugar de redacción: en esa época España y Portugal estaban unidos por un mismo poder monárquico bajo el reinado de Felipe IV (desde 1580 con Felipe II, Rey de España, ya habían quedado unidos por herencia de su madre Isabel de Portugal).  Esto se va a modificar durante lo que se dio a llamar la “Guerra de los Treinta Años” en la cual se produjo entre otros grandes conflictos, la rebelión de Portugal, lo que fue posterior a que el autor que estudiamos hubiese elaborado el trabajo de referencia.

Valdría la pena dedicar todo esta conferencia a destacar las obras escritas en vida por Francisco Manuel De Melo, dado que en él se conciliaban como en pocos el ejercicio de las Armas y de las Letras, registrando en sus libros y cartas, las experiencias y juicios adquiridos en campaña y en sus lecturas.

“… Poeta, historiador, moralista, escritor político, tratadista militar, crítico literario, comediógrafo, precursor de la historia novelada….”, así lo describe Arturo Cancela (Argentino, 1892-1957) al prologar la edición de 1946 de su obra “Política Militar en Avisos de Generales”.

Continuando con el análisis, ahora refiriéndonos al texto de referencia, el mismo describe llana y concisamente asuntos bélicos y del Mando de Tropas, así como expone con claridad aspectos doctrinarios de la Estrategia Naval y detalla cómo llevar a cabo lo que hoy se denomina “operaciones anfibias”.

En cincuenta capítulos, llamados “Avisos” en el texto, explica de manera detallada las funciones y responsabilidades que le corresponden a las principales jerarquías de una Armada, así como consejos logísticos, asesoramiento sobre el armamento más propicio a utilizar según la operación a realizarse.

Se denominaba “aviso” a las gacetas manuscritas o informes que un escritor del siglo XVII elaboraba en la Corte y enviaba por correo de postas a algún Noble distante de la misma, para mantenerle enterado de todo cuanto de interés ocurría en ella. Estos escritores recibían a cambio de ello un estipendio variable. Por ello los redactores de avisos son considerados los antecesores de los actuales periodistas.

Estos “Avisos” que redacta De Melo están dirigidos al Excelentísimo Señor Conde Duque de San Lúcar. El Ducado de Sanlúcar la Mayor es el título nobiliario español que el Rey Felipe IV de España concedió por decreto de 25 de enero de 1625 a favor de Gaspar de Guzmán y Pimentel, III Conde de Olivares. Su nombre se refiere al municipio andaluz de Sanlúcar la Mayor, en la provincia de Sevilla.

Volviendo al texto que analizamos y como se dice en el prólogo de este, la “Política Militar” constituye, pues, el primer libro de la Edad Moderna en que se expone clara y objetivamente la índole particular de la Marina de Guerra y la importancia del poderío naval para la conservación de un imperio.

 DESARROLLO

Cita don Francisco Manuel De Melo: “En el Ejército del mar sólo tres oficios tienen operación continua, que son el Capitán General, su Almirante General y los Capitanes de los bajeles (que en España comúnmente suelen llamarse de Mar y Guerra) …. Por esta razón, los tales capitanes con grande cuidado deben ser elegidos, examinando primero su merecimiento y suficiencia, porque en la guerra de la campaña, para el yerro o desorden de un Capitán hay muchos Oficiales Superiores que lo pueden enmendar; pero en la mar es cada uno General de un Ejército pequeño ….”.

Tomando datos históricos de un escrito del español José María Blanca Carlier (“El Cuerpo de Pilotos de la Armada”), referente a diferentes especialidades que se desempeñaban en el mar (y que aún hoy siguen en vigencia), nos encontramos con que el gobierno de las naves militares lo ejercía el Capitán de Guerra como mando supremo, coexistiendo con él, el Capitán de Mar, perito en navegación que no siempre era piloto. Posteriormente los cargos se unieron y el mando lo desempeñaba el Capitán de Mar y Guerra, en virtud de las Ordenanzas de 24 de enero de 1633.

Hay que considerar que en 1508 se crea el cargo de Piloto Mayor. El primero parece que fue Américo Vespucio (de 1508 a 1512). A su muerte le sustituyó Juan Díaz de Solís (1512-1516), y a la muerte de éste en el Río de la Plata, asumió el cargo Sebastián Gaboto. Inferiores en categoría eran los Pilotos Reales que suplían al Mayor durante su ausencia y formaban el Consejo Marítimo para examinar a los Pilotos de Indias.

En 1527 se ordenó «… no se expidiese carta de pilotaje ni de marear a ningún extranjero, ni escritura para las Indias, ni que por otro alguno le fuese dada ni vendida sin expresa licencia del rey …». El que desease ser Piloto tenía que acreditar haber navegado seis años a las Indias, haber estado en Tierra Firme, Nueva España, las islas españolas y Cuba.

Se disponía en las Ordenanzas aprobadas por Real Cédula de 17 de enero de 1591 que el gobierno de las naves almirante lo desempeñara un Piloto Mayor. Asimismo era Piloto Mayor el responsable de la derrota en una división o escuadra, en los galeones de la carrera de Indias y en las flotas de Nueva España.

En la primera mitad del siglo XVII se padeció gran escasez de Capitanes de Mar y Pilotos. Las Ordenanzas de 24 de enero de 1633 detallaban las obligaciones de los capitanes, pilotos, maestres, contramaestres y guardianes de los galeones de la Armada. Debido a la falta mencionada de oficiales de mar, las citadas Ordenanzas decían: «… que no se les despidiera en ningún tiempo si no fuera por causas justas …».  La escasez se agudizó en el desastre de Guetaria, de 1638, contratándose a pilotos extranjeros para traer unos galeones desde Flandes, todo en el marco de la “Guerra de los Treinta Años”.

Encontramos en fechas próximas a las citadas, donde se observaba la falta de Capitanes de Mar y Guerra en las Armadas de naturales del país, el nombramiento en ese cargo de extranjeros que habían cumplido extensos y destacados servicios a una corona, en este caso a la española.

Observemos por ejemplo que por los servicios prestados al Rey en el combate a los piratas del Caribe, el Presidente de la Audiencia de Guatemala el día 17 de diciembre de 1716 nombró a un irlandés, Enrique Andrés Juan Sol Oquelí, según figura en el Archivo General de Centroamérica. Ciudad de Guatemala. Sustrayendo algunas partes, el nombramiento dice: “… Don Felipe por la gracia de Dios Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mayorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria y Tierra Firme del mar Océano; Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, Bravante y Milán; Conde de Habsburgo, Flandes, Tirol y Barcelona; señor de Vizcaya y de Molina, … Proveo el decreto del tenor siguiente:

“Palacio y diciembre quince de mil setecientos y diez y seis años. Por cuanto por autos que han pasado en este gobierno y capitanía general, consta que Enrique Andrés Juan Sol Oquelí, de nación irlandés y connaturalizado en este Reino de Indias católico romano, ha servido a S. M. en las costas de la Habana, Trinidad, Santo Domingo y demás de la mar del Norte en el ejercicio del corso con partes legítimas, en el cual ha hecho varias presas a los enemigos de la Corona y de la fe, como lo manifiestan las muchas heridas que ha recibido en su cuerpo y especialmente haber perdido el brazo en las referidas funciones. Y esperando continuara su celo en el real servicio, como leal vasallo a su Majestad en su real nombre le elijo y nombro por Capitán de Mar y Guerra, Guarda costas del mar del Norte. Líbresele título en forma con relevación de media anata, … “

Fuentes: AGCA., A2.2, Leg. 2, Exp. 31, folios 11v. – 14v.

En el Siglo XVIII la Armada española se reorganiza y en general adopta la organización francesa (bajo el reinado de Felipe V). La primera norma que regula los Grados en la Armada en esta época es de fecha 19 de junio de 1705 y en ella la escala jerárquica es la siguiente:

-Gobernador General del Mar Océano.

-Almirante General.

-Almirante.

-Capitán de Mar y Guerra.

-Teniente de Mar y Guerra.

-Subteniente.

-Sargento.

-Soldado y Marinero.

Vemos que se mantiene el grado y cargo de Capitán de Mar y Guerra (que si bien es de origen francés, ya era usado por la Armada Española en el siglo anterior). Se continuarán en Ordenanzas y Reglamentaciones sucesivas, la regulación en los Grados; en la datada el 21 de febrero de 1714 se sigue manteniendo la Jerarquía que nos ocupa.

Pero en las Ordenanzas Militares de Marina de 1739, dedicadas al Excelentísimo Señor don Phelipe de Borbón, Ynfante Almirante General de todas las Fuerzas Marítimas de Su Majestad, se articulan los grados y cargos, sustituyéndose el de Capitán de Mar y Guerra por el de Capitán de Navío. Ya en las siguientes reorganizaciones de la Armada Española de fines del Siglo XVIII y del Siglo XIX no encontraremos más la jerarquía que ha motivado estas letras.

Un ejemplo de este cambio de denominación de la jerarquía, así como la incorporación de extranjeros a una Armada nacional, y seguimos dentro de la española, lo tenemos en nuestro bien conocido, don Santiago de Liniers, Virrey del Río de la Plata entre 1807y 1809.

Santiago de Liniers y Bremond, Caballero de la Orden de San Juan, Caballero de la Orden de Montesa, Capitán de Navío de la Real Armada, Comandante General de Armas de Buenos Aires y Virrey del Río de la Plata, era hijo de Jacques de Liniers, oficial de la marina francesa. Se vio beneficiado por el tercer Pacto de Familia (1761), que permitió a los franceses participar en las empresas militares españolas en igualdad de derechos y obligaciones que los españoles. Ingresó en la Escuela Militar de la Orden de Malta, donde después de tres años egresó, en 1768, con la cruz de Caballero.  Llegó a Subteniente de Caballería en el Regimiento de Royal-Piémont. En 1774 solicitó la baja y se alistó como voluntario en una de las cruzadas contra los moros argelinos. Era un oficial francés de un regimiento de tierra que sacrificó su cargo por alistarse como Aventurero en la Real Armada española, y tras su buena actuación en el ataque a Argel en 1775 a bordo del navío "San José", pudo entrar en las academias de guardiamarinas. Se le permitió rendir examen de Guardiamarina en Cádiz, y así prestar servicios como voluntario para la corona española. En 1775 recibió el grado de Alférez de Fragata.

Cómo ya habíamos visto, normalmente en estas academias de guardiamarinas sólo podían formarse españoles, aunque hubo notables excepciones, a parte de algunos casos particulares como el mencionado Liniers, por Real Orden de 8 de abril de 1794. Cabe agregar que entre otras actuaciones, dirigió la fortificación de Montevideo y en 1796 obtuvo el grado de Capitán de Navío como Jefe de la Escuadrilla española.

Volviendo al cargo y jerarquía que nos ocupa, ubicándonos nuevamente en el Siglo XVII, encontramos en las disposiciones que plantea don Francisco Manuel De Melo en sus “Avisos”, y que él mismo se encarga de aclarar en el prólogo de estos, aspectos que infieren a lo que se ha escrito antes que él sobre el tema.

Nos expresa que varios autores (se transcriben sus palabras), “… han tratado algunos de estos preceptos; unos con confusión, otros con brevedad, porque ninguno quiso escribir solo esto …”. Y prosigue: “… Aviso, son lo que escribo y no lecciones; descubro el camino de acertar obras tan grandes; no guío a ellas por mí doctrina, sino por el ejemplo de los que por ella acertaron …”.

Dirigido el Aviso primero a los Capitanes Generales (cargo que aún existe en las Fuerzas Armadas españolas), nos dice: “… Yo escribo ahora al espíritu y prudencia de los Capitanes Generales, por cuya cuenta está el gobernar acciones tan ajenas de precepto, que todas se afirman en la incierta disposición de la fortuna y en la ceguedad de la pasión humana …”; y en Avisos siguientes, se verán detallados aspectos a tenerse en cuenta respecto a este cargo, para ir pasando luego a preceptos que ya competen a los subordinados de este y en las que encontramos disposiciones de antaño, que ajustando las diferencias de épocas y situaciones, muchas de ellas aún no han perdido vigencia, aunque si desgraciadamente algunas han caído en desuso, con los mismos perjuicios que en otrora se provocaran al no tenerlas en cuenta.

Así al considerar el reconocimiento de nuestras propias Fuerzas previo al desarrollo de una operación, en el Aviso XII nos indica: “… porque los viajes breves, que se hacen a provincias amigas, bien pueden sufrir falta de prevención, mas las que se hubieren de hacer a reinos enemigos y por largo tiempo, llevarán menos de lo necesario si no llevan más de lo necesario …”.

Y en Avisos subsiguientes nos seguirá impartiendo máximas, que nos hacen reafirmar lo del principio de estas palabras, valdría la pena en esta conferencia solo considerar estas escrituras, y aún no daríamos satisfacción a todo lo que ha quedado expresado en las obras de este precursor editor de reglamentos y escritor de máximas militares, tanto para la guerra en el mar como para las campañas terrestres.

Nos señala sobre las órdenes, y esto lo hemos vivido quienes profesamos la carrera de las Armas, lamentablemente en ocasiones sufriendo su no aplicación: “… Conviene también que las órdenes no sean muchas, porque puedan ser todas obedecidas y se tengan presentes en los casos de que hablan. … La observación de todas se debe hacer guardar con rigor indispensable, porque la justicia que se hace en los primeros transgresores, es misericordia para los que por el horror de la pena observan la ley impuesta más que por la obediencia …”.

Atendiendo a los aspectos operacionales militares sentencia: “… Parecer es de los hombres más prácticos en la milicia naval, que en los bajeles se debe mirar menos por la grande cantidad de artillería, que por la buena disposición y situación de ella; porque, aunque un galeón llevase muchas piezas, si no van en parte donde bien puedan trabajar, será total perdición suya, así para la pelea como para la tormenta …”.

 CONCLUSIONES

Los “Avisos” son variados y abarcan diferentes aspectos de la guerra naval y de las campañas terrestres, ya dijimos que eran cincuenta, que si bien algunos han quedado radicados específicamente para la época en que se dictaron, muchos mantienen su aplicación.

Pero así como las diferentes circunstancias de la vida de los Hombres y las Naciones nos han llevado a modificar ciertas cosas que quizás no hubieran sido necesarias, lo que constituyeron los Capitanes de Mar y Guerra hoy lo vemos reflejado en diferentes cargos y jerarquías de las actuales Armadas; particularmente en los Capitanes de Navío, su continuación directa, pero también en tareas que vemos hoy cumplidas por otros escalones de la escala jerárquica.

Quisimos en la oportunidad, investigando en los orígenes de la más activa de las jerarquías militares, la de Capitán, en este caso la del Capitán de Mar y Guerra, cuáles eran los preceptos, sus responsabilidades y características que debían ostentar, lucir y cumplir esos marinos de antaño, concluyendo, que con otros medios y en otras situaciones, lo que queriendo innovar, quienes ordenaron las diferentes funciones y tareas de las Armadas y los Ejércitos, y establecieron en tiempos no muy pretéritos, conserva su vigencia y se siguen materializando en los servicios que cumplen los capitanes de hoy, llamados generalmente salvo excepciones, Capitanes de Navío, aunque es bueno reconocer que para algunas Armadas no fue considerado necesario mutar esa denominación y hoy siguen navegando algunos Capitanes de Mar y Guerra.-

 

  

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