Historia y Arqueología Marítima

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Por  DANIEL VALERIO BUFFA INVERNIZZI, DIEGO ALEJO CORDERO DAMONTE, JUAN ANTONIO VARESE SAIZ.    Publicado en Ciclo de Conferencias año 2011

 RESUMEN

En enero de 2011 dos buzos ubicaron los restos de lo que parecía ser una antigua embarcación sumergida en el lecho del Río San Salvador, departamento de Soriano. Comprendiendo al instante la importancia de su hallazgo, pusieron el tema en manos de las autoridades locales. Ante eso, el Intendente de Soriano y el Prefecto de Nueva Palmira solicitaron la intervención de la Secretaría de Educación y Cultura y del Director General de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, quienes convocaron para un trabajo conjunto sobre el terreno, el cual confirmó la presencia de una estructura arqueológica sumergida en el lecho del río. Así nació el presente proyecto arqueológico, el cual se desarrolla en un predio declarado Monumento Histórico Nacional desde el año 1976, anticipándose, en los hechos, a la ocurrencia de los descubrimientos arqueológicos que se han venido sucediendo. 

1.-     PRESENTACIÓN

            Ciertamente recibimos con honor la invitación de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, a través de nuestro amigo y referente, el Escribano Juan Antonio Varese. Escribir éstos párrafos, es tener la oportunidad de compartir una experiencia mayor con investigadores pioneros de la historia marítima en Uruguay; siendo no pocas veces, las que estuvimos cómo lectores detrás de éstas mismas páginas. 

No mucho tiempo ha pasado desde enero de 2011, cuando dos buzos de inigualable calidad, José Luis Gómez y Alfonso Quian, ubicaron los restos de una embarcación sumergida yaciente en el lecho del Río San Salvador. Comprendiendo al instante la relevancia cultural de su hallazgo, pusieron el tema y su disposición de trabajo en manos de las autoridades locales.  

Procediendo con la mayor diligencia, el Intendente de Soriano, Guillermo Besozzi, y el Prefecto del Puerto de Nueva Palmira, Capitán de Corbeta José Luis Elizondo, solicitaron la intervención de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación. La coordinación  de urgencia estuvo a cargo de la arqueóloga del Departamento de Arqueología, Licenciada Nelsys Fusco, y la Directora, Licenciada Elianne Martínez, convocándonos a un trabajo conjunto sobre el terreno que permitió confirmar la presencia de estructuras arqueológicas sumergidas en el lecho del río.

En los días subsiguientes el plan de trabajo posibilitó realizar diferentes descubrimientos, entre los que contamos: nuevos conjuntos artefactuales vinculados al sitio arqueológico sumergido y tecnológicamente asociados al siglo XVI; una zona arqueológica situada en la planicie litoral, presentando una serie de sitios arqueológicos prehispánicos estratificados con diferentes usos del espacio (destacándose diferentes zonas de enterramientos humanos); y por último, otra serie de sitios arqueológicos cuyos acervos materiales reflejan por un lado, tecnologías cerámicas europeas del siglo XVI y por otro, tecnologías y morfologías mixtas vinculadas al contacto entre las tradiciones cerámicas europeas e indígenas.

Así nació y se desarrolló el presente proyecto de diagnóstico arqueológico. Teniendo en cuenta, que el mismo se sitúa en un predio declarado Monumento Histórico Nacional desde el año 1976, y que en los hechos, esto ocurre por razones vinculadas a la fenomenología arqueológica que intentaremos referir más adelante.

En junio del año 2011, y en virtud de la importancia del sitio arqueológico, la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación y la Intendencia de Soriano, suscriben un convenio de gestión conjunta. En dicho acuerdo, la dirección científica del proyecto se encuentra a cargo de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, encomendándole al Doctor José López Mazz la representación del organismo y la dirección técnica del proyecto; en tanto, al Departamento de Arqueología la implementación de los trabajos sobre el terreno- río, y la coordinación con los profesionales de la Intendencia de Soriano. Por otra parte, a los efectos de disponer de una evaluación progresiva, se crea una Comisión de Seguimiento constituida por el Presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación, el Intendente de Soriano y Alcalde de Dolores.

 2.-     UBICACIÓN

Curiosamente, no podríamos encontrar mejores términos para señalar la actual ubicación de los hallazgos arqueológicos del sitio y río San Salvador, que aquellas palabras utilizadas por Washington Lockhart en 1979, para referirse al emplazamiento de la antigua Ciudad Zaratina de San Salvador de 1574:

 “… en un punto a buen resguardo del viento, con entrada para barcos de algún calado,  a  unos  2  kilómetros  de  la  boca,  margen izquierda, en una rinconada de aguas profundas, situada a 2 cuadras al Norte del Arroyo Olivera …”.  (Lockhart 1979:5).

La coincidencia geográfica entre aquella descripción, la cual según sus palabras deriva de las memorias de Andrés de Oyarbide de 1801, y la ubicación actual de los sitios arqueológicos, es sencillamente asombrosa[1] (ver Figura XX).

En todo caso, lo que importa destacar, es que en un sector delimitado del paisaje, se ha constatado la presencia de tres expresiones arqueológicas diferenciadas, pero asimismo, articuladas geográfica y tipológicamente, en base a determinados episodios o estadios, los cuales pueden observarse a partir de las asociaciones existentes en la cultura material. Dos de las mencionadas  manifestaciones, afloran en la planicie Sur occidental asociada al Río, a escasos 100 m del cauce. En cambio la restante, se encuentra en el veril occidental, al interior del cauce del río, y semi sepultada en el lecho limoso, a unos - 6 m de profundidad snm.

            Una de las primeras crónicas específicamente geográficas en las cuales se señala la descripción y ubicación del río San Salvador (si no la primera), está elaborada por el Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, partiendo de relatos recogidos cerca del año 1535 y publicados en su Historia General y Natural de las Indias entre los años 1535 y 1548; como sigue:

“ … en la costa primera proçediente del Cabo de Sacnta Maria adentro hay desde él á una punta, que de diçe Sanct Gabriel, teynta leguas; y mas adelante otras diez está otra punta que se diçe Sancta Bárbara, é mas adelante esta el rio de Sanç Láçaro, é más adelante otro que se diçe Sanct Salvador; é más delante de todos esos hay otro muy grand rio, que se llama Huruay …”  (Amador 1852:171).

Seguidamente, señala:

“ … y delante del rio de Sanct Salvador, donde estaban los españoles quatro leguas, está el rio Negro, que es muy grande, é tiene á la boca tres islas en triángulo. Este nombre, tiene, porque los indios en su lengua le llaman assi; (…) Delante del rio negro está otro rio muy mayor, á seys leguas, y lleno de muchas islas, que se llama Uruay”  (Amador 1852:177).

En adelante, y durante algún tiempo, la desembocadura del río San Salvador se irá  transformando progresivamente en un ambiente no sólo reconocido, si no también, utilizado y adaptado, a los requerimientos náuticos que plantea la interconexión entre el Atlántico y Río de la Plata, con el Paraná y Paraguay, o viceversa.

            Así se menciona en la Historia General y Natural de las Indias Islas y Tierra Firme del Mar Océano del Capitán Fernández de Oviedo:

“…y estas dos naos subieron mas por el mesmo rio hasta otro que se diçe de Sanct Salvador, en la costa que está a la parte del Norte, é allí pararon en hermoso puerto é á buen anclage …”  (Amador 1852:172).

Más adelante, continúa:

“… Desde el puerto de Sanct Salvador tomaron parte los españoles á Carcarañá (…) [posteriormente] Gaboto fué con los bergantines al rio de Sanct Salvador con propósito de dar aviso á las naos, para que estuviessen en vela y á buen recaudo …”.  (Amador 1852:176).  

Queremos aprovechar éstas últimas citas, tomadas a modo de ejemplo, y en las cuales podemos apreciar una evolución en la percepción del territorio, para remarcar un aspecto importante referido a la ubicación de los hallazgos arqueológicos y su entrono.

            Entendemos adecuado considerar a los sitios arqueológicos del San Salvador, a partir de una relación de causa y efecto, que toma por base un determinado conjunto de elementos del paisaje, los cuales le aportan al territorio un significado particular y reconocible.

            En parte, esto podría explicar algunos de los aspectos vinculados a la recurrencia en la selección y ocupación del sitio, en períodos prehispánicos e históricos, como veremos más adelante. 

3.-     EL PECIO

El sitio subacuático, se expresa en el lecho como una estructura sobresaliente y semi sepultada (de unos 6 m de largo; 3 m de ancho y 0.7 m de alto), cuya característica principal radica en la presencia de clastos de roca plutónica o metamórfica de tamaño grueso y medio. Ésta estructura presenta un arreglo antrópico en disposición y una transformación natural en dispersión, reflejando el patrón de asociación conocido para los pecios de los siglos XVI y XVII, en los que aún se conserva el lastre y la estructura náutica inferior de la embarcación.

Asociados a éste depósito se ubicaron tiestos cerámicos atribuidos a contenedores del tipo “botijas” o “botija peruela” (detallados más adelante) cuyos atributos morfológicos representan tipos cerámicos tempranos. Asimismo, se hallaron clavos de hierro forjado, trozos de madera formatizada, herramientas y los restos de un cabo voluminoso compuesto fibra vegetal, entre otros. Todos estos artefactos se encuentran integrados haciendo parte de la estructura mencionada.

En estos términos podemos considerar que el sitio subacuático se compone de: elementos específicamente náuticos; artefactos correspondientes al equipamiento de abordo y artefactos correspondientes a la carga de una embarcación.

Pese a la dificultad que presenta el trabajo en un ambiente con visibilidad nula, se alcanzó un relevamiento completo no invasivo del sitio y un muestreo estadístico diseñado a partir de pequeñas excavaciones; implicando en esto, decenas de horas de trabajo subacuático y una organización de labor que en algún momento resultaría interesante desarrollar. En todo caso, nunca se apunta a la excavación extendida del sitio; si no todo lo contrario, a su completa conservación y comprensión.

Repasemos ahora brevemente la información que nos brinda las categorías propuestas para el ordenamiento del sitio:

a.- Estructura náutica: Lastre permanente. Podemos distinguir el lastre permanente colocado en el casco de la embarcación en el momento de su construcción, el cual se compone por los clastos más grandes en disposición de sillería o junta estrecha. El propósito del lastre permanente consiste en compensar los desequilibrios en la distribución de peso debido al diseño y a las imperfecciones de los materiales constituyentes del casco, y asimismo, alcanzar el metacentro. Éstos componentes junto con los clavos y las maderas formatizadas constituyen las evidencias específicas de la estructura náutica hallada.

b.- Equipamiento: Lastre temporal. Consideramos el hallazgo de lastre temporal a partir de la distribución de clastos de menor tamaño, siendo en todo caso, una parte esencial del equipamiento de la nave. El mismo, determina el comportamiento fino de la embarcación en el agua compensando las variaciones de carga y descarga en función los pesos y volúmenes transportados.

Equipamiento: Jarcia o Calabrote y otros. Al igual que el lastre temporal, éste hallazgo se atribuye al equipamiento de la embarcación, el cuál se dispone atravesando el interior de la estructura en el sector sur- este, por debajo de la dispersión del lastre temporal. Hasta el momento, se identifica a la pieza como parte de un calabrote, a consideración de las dimisiones, forma y trenzado de las fibras vegetales que lo componen (sin perjuicio, de nuevos resultados). Parte del equipo de abordo, ha sido muestreado, para realizar diferentes análisis, como químicos, biológicos y radio carbónicos.  

Dos casos precisamente se encuentran en desarrollo: material orgánico en proceso de fechado en la Facultad de Química de la UdelaR; y herramientas metálicas (como un cincel de calafateo), en el Centro de Conservación de la Universidad de Clemson (EEUU).

c.- Carga: Botijas. Por el momento, haremos una referencia sucinta a los recipientes cerámicos incluidos en la estructura y cuyas propiedades morfológicas presentan una conformación de diseño característica de la estiba marítima en la Época Moderna temprana. Volveremos más adelante sobre éste punto.

Debemos tener presente que todavía existen interrogantes para responder sobre la continuidad y dispersión de la estructura arqueológica detectada. Entendemos esto como algo natural, considerando la dinámica del ambiente, sus altas tasas de sedimentación y a la falta de visibilidad. Es cuestión de tiempo. Apenas hemos cubierto el 20 % del área que se debe prospectar. 

Es por ésta razón, que en la presente etapa de diagnóstico, la definición de pecio constituye el concepto metodológicamente más adecuado para referirse a la estructura arqueológica  yaciente en el lecho el río San Salvador. 

Recordemos que la palabra pecio proviene del latín “petium” o “pecium”, y se refiere al accidente o fragmento de una nave y su carga, en un sentido indivisible. En la actualidad, la acepción pecio, se corresponde al concepto científico utilizado para definir tanto al lugar de yacimiento, como a los restos de un artefacto, embarcación o nave, que se encuentren total o parcialmente sumergidos en un cuerpo de agua, ya sea por causa de un naufragio o accidente, intención, abandono, o impericia, entre otros factores posibles (Buffa y Cordero 2011).

En este marco, y sobre una línea de de investigación todavía abierta, podemos defender la importancia que representa el hallazgo en la actualidad, no sólo en su calidad de depósito primario o en sus excelentes condiciones de conservación material. Lo que es más importante, constituye una oportunidad arqueológica inédita hasta el momento, en virtud de las estrechas relaciones de asociación tipológica que presenta con los conjuntos artefactuales de los sitios arqueológicos de la planicie litoral, las cuales veremos un poco más adelante.

Hacia 1535 Gonzalo Fernández de Oviedo, ponía a disposición las crónicas de los primeros navegantes europeos en el río San Salvador.

“… É desde allí se fué la más de la gente al río de Sanc Salvador, donde estaban las naos; e desde allí enviaron un dellas á España …”  (Amador 1852:174).

Hoy en día, los hallazgos arqueológicos vinculados a pecios contextualizados en periodos tempranos, ponen a nuestra disposición la oportunidad de profundizar sobre distintos aspectos culturales y tecnológicos sucedidos, de una manera y con un detalle, que los documentos históricos rara vez nos pueden ofrecer. 

4.-     UNA REFERENCIA CRONOLÓGICA.

Sin duda, fue el descubrimiento de los grandes fragmentos de vasijas cerámicas situados al interior de la estructura náutica, lo que puso de manifiesto el nivel de jerarquía que presenta el sito arqueológico del río San Salvador.Estos recipientes en forma de ánfora, con paredes gruesas y de color terracota, revelaron desde un principio su naturaleza distintivamente temprana, en relación a los subsiguientes tipos de cerámicas gruesas enviadas a América.

En términos genéricos, pertenecen a una categoría arqueológica ampliamente abordada por la literatura científica, que se conoce bajo la definición de “Botija” (o “Coarse Earthernware Olive Jars” según la designación tipológica de la literatura anglosajona). Esta categoría de cerámicas gruesas incluye la definición de 7 tipos principales y decenas de formas o subtipos, los cuales reflejan la importante diversidad morfológica y cronológica de las botijas arribadas a América entre los siglos XVI y XVIII.

Aunque en términos específicos, los individuos hallados presentan los atributos característicos de los primeros ensayos de envase destinados a soportar los rigores de la travesía ultramarina. Coinciden en este sentido, con la mayoría de los ejemplares que se encuentran en los yacimientos coloniales tempranos documentados para el área antillana y el Caribe (por ej. Goggin 1960; Degan 1984).

Repasemos ahora algunas de las características generales que presentan los recipientes del San Salvador. Se trata de contenedores apuntados en forma ovoide, de paredes gruesas y cuello estrecho, de color terracota, entre el rojizo claro y el rojo oscuro, desarrollando algunos de ellos vidriado o vedrío interno de color verde plomizo. La literatura científica, adscribe éstos atributos en torno a 2 pisos cronológicos: ca. 1500 AD y ca. 1550 AD (Carredano y Chisvert 1993) (ver agrupamiento más adelante).

Hacia 1960 John Goggin realizaba la primera secuencia cronológica de la cerámica hispánica en América, partiendo de artefactos arqueológicos hallados en los sitios de naufragio de los Siglos XVI y XVII en la franja del Caribe. Y aunque Goggin (1960) constituye una referencia obligatoria en esta clase de estudios, los diferentes trabajos científicos posteriores, ajustaron y perfeccionaron la seriación de las cerámicas gruesas, partiendo de artefactos fechados en un período que va desde la Baja Edad Media (Siglo XIII) a la Edad Moderna (Siglo XV en adelante).

Por último, un aspecto que vale la pena destacar. Éstos primeros envases cerámicos ultramarinos conocidos como botijas, fueron desarrollados en la región de la Baja Andalucía y Sevilla, o mejor dicho en las tierras del Valle del Guadalquivir, sosteniendo una marcada preeminencia hasta mediados del Siglo XVII. No es necesario destacar aquí la relevancia que tuvo el puerto metropolitano sevillano (y sus puertos satelitales, como los de la costa de Huelva -Sanlúcar de Barrameda- y Cádiz), en lo que hace al impulso del salto atlántico, así como su monopolio durante los Siglos XVI y XVII.

Es por esto que el presente apartado bien podría llamarse, el hallazgo de cerámicas sevillanas ultramarinas del siglo XVI, en el río San Salvador. 

A continuación, presentamos la agrupación propuesta para los diferentes recipientes cerámicos hallados en el marco del presente diagnóstico arqueológico, distinguiendo básicamente dos grupos de artefactos diferenciados entre sí en forma y manufactura, como sigue:

Grupo 1          Presenta los atributos de la categoría de cerámicas definidas como “Botija del tipo A 63-64 R” (Carredano y Chisvert 1993), cuya base cronológica se encuentra definida en el último cuarto del siglo XV (ca. 1475- 1500 AD). Los individuos del Grupo 1 se incluyen dentro de la forma de botija más frecuente, así como la de mayor tamaño. Muestran pequeñas variaciones en su atributo de perfil ovoide, mayor o menormente inflado, sin embargo, presentan un entalle reconocible y distintivo, con un fondo plano. Asimismo, poseen un vidriado interior, de color verde plomizo.

Grupo 2          Presenta los atributos de la categoría de cerámicas definidas como “Botija del tipo B 67 -69 R” (Carredano y Chisvert 1993), cuya base cronológica se encuentra definida en ca. 1550 AD. Los individuos del Grupo 2 se incluyen también dentro de una forma muy frecuente de las botijas. De menor capacidad, que las del Grupo 1, probablemente de 3 cuartos de arroba (…)

 

 

 

5.-     LOS HALLAZGOS DE LA PLANICIE

Ya hemos mencionado el hallazgo de una zona arqueológica situada en la planicie noroccidental a escasos 100 m del cauce, y dispuesta sobre la cota más alta del terreno, en un depósito arenoso visiblemente delimitado. Actualmente sabemos que los sitios que comprenden la zona arqueológica mencionada, disponen de la más alta representación material de su tipo, en lo que refiere a los sitios arqueológicos contemporáneos y conocidos en nuestro país. Pero en aquel entonces, nos llevó algún tiempo comprender las aristas de esta compleja y rica realidad.

            De hecho, en algún punto de febrero de 2011, nos vimos en la necesidad de suspender los buceos y rediseñar todo el plan arqueológico para abordar la creciente fenomenología terrestre, la cuál desembarco tras desembarco, íbamos reconociendo en los sitios de la planicie.

            En el espacio circunscripto a la cota más alta del terreno, (esto es a unos 5 metros sobre el nivel del mar), se presenta una serie de sitios arqueológicos prehispánicos estratificados con diferentes usos del espacio, y otra serie de posibles sitios o en su defecto, manifestaciones arqueológicas, cuyos acervos materiales reflejan por un lado, tecnologías cerámicas europeas y por otro, tecnologías y morfologías mixtas vinculadas al contacto entre las tradiciones cerámicas europeas e indígenas. En cualquier caso, predomina la cultura material asociada a artefactos cerámicos.

            La manifestación arqueológica de mayor densidad, se encuentra acotada en el sector noreste del sitio, y está caracterizada por la presencia de al menos dos áreas diferenciadas con la presencia de enterramientos humanos. En este sitio se encuentran artefactos correspondientes a tradiciones ceramistas que incluyen cerámicas con tratamiento de superficies, por alisado, ungulado, incisiones, decoraciones geométricas, y coloraciones que van del pardo al rojo intenso. A primera vista pueden identificarse rasgos pertenecientes a las tradiciones conocidas como ribereños plásticos por un lado, y guaraníes por otro, en las cuales nos detendremos un poco más adelante.

            La manifestación superficial contigua, se ubica en el sector sureste y presenta en términos genéricos, una cultura material ceramista caracterizada por una menor preparación en el tratamiento de superficies. No se ha evidenciado hasta esta instancia la presencia de enterramientos humanos, en dicho sector.

            Brevemente podríamos mencionar algunos aspectos, vinculados a estas observaciones genéricas.

            Las zonas meridionales del Río Uruguay estaban habitadas por pueblos originarios y ceramistas, conocidos por los arqueólogos como “grupos prehistóricos tardíos de tradición ceramista”.

            La amplitud de fechados radio carbónicos realizados en los sitios arqueológicos de tradición ceramista de la zona inmediata, permiten ubicar la permanencia de dichos pueblos en un período que va desde los 2000 años antes del presente, hasta cerca del año 1700 de nuestra era (300 AP).  Consideremos brevemente los fechados de los sitios arqueológicos más próximos a la zona arqueológica del San Salvador: Colonia Concordia 1780±70 AP; y Vizcaíno 790±105 AP (URU 107 y URU 118 respectivamente), entre otros posibles ejemplos (Castillo 2001).

            Clásicamente se han identificado tres tradiciones para los grupos ceramistas de la región, discriminadas según un orden ascendente, aunque no sustitutivo. La primera, se ha dado en llamar cultura entrerriana, y se caracteriza sobre la base de recipientes cerámicos globulares, de pasta gruesa y de decoración punteada o incisa. La segunda, se conoce como cultura de ribereños plásticos, y como su nombre lo indica, presenta a diferencia de la anterior, decoraciones en formas plásticas, estilizadas, en algunos casos zoomorfas, y la incorporación de surcos rítmicos. La tercera, se conoce como tradición guaraní, y se caracteriza por cerámicas con decoración policroma, unguiculada, pellizcada o corrugada, presentándose como un último estadio en la ocupación del territorio. Tengamos presente que lo antedicho constituye una visión esquemática, y existen estudios especializados que discuten y profundizan esta ordenación.

            En todo caso, dos de las manifestaciones características de los sitios arqueológicos del San Salvador, presentan rasgos materiales identificados con los atributos de las tradiciones antedichas. En el sector nororiental y asociado a los enterramientos, puede observarse la evolución y presencia de los tres grupos de atributos mencionados; posibilitando en ésta primera instancia, considerar una continuación y retiración en la ocupación o utilización del territorio, probablemente hasta períodos históricos. En el caso del sector sur oriental, se presenta un amplio  predomino de los atributos de cerámicas de antiplástico grueso y escasean los atributos de morfología, y decoraciones elaboradas.

            Dicho esto, aclaramos que no pretendemos establecer una separación cronológica o tipológica, de los mencionados agrupamientos, cuyas diferencias pueden responder en cualquier caso a múltiples factores, incluyendo posibles errores en los mecanismos de cobertura metodológica.

            Sí queremos adelantar que es precisamente en éste sector, donde comienza el desarrollo de una tercer manifestación artefactual, la cual se distribuye desde el presente sector sur oriental hacia el oeste (hacia tierra), y que tiene por atributos, la presencia de artefactos europeos, loza, cerámica, ladrillos, entre otros, (además de las ya mencionadas tecnologías mixtas); y que asimismo, presenta estructuras sedimentarias compuestas de forma geométrica. Razones sobradas, por las cuales se seleccionó a este sitio para la realización de las primeras aplicaciones de GPR y las primeras excavaciones arqueológicas dirigidas, hechos concluidos en diciembre de 2011.

 6.-     LOS ENTERRAMIENTOS HUMANOS

Dos sectores, claramente identificados y distanciados entre si aproximadamente en 20 metros exhiben a simple vista la disposición de enterramientos de más de un individuo, en cada uno de ellos. Éstos enterramientos o sepultamientos, (dejando constancia de la diferencia, aún no determinada), se encuentran en el sector noroeste, y fueron años atrás, inadvertidamente afectados o diseccionados en su parte superior por trabajos agrícolas.

Los restos óseos se encuentran próximos entre sí y en términos generales dentro de un mismo estrato sedimentario, presentado características edáficas particulares y vinculadas a cada uno de los esqueletos; lo cuál permite en principio, pensar en un tratamiento específico del área de colocación. En otras palabras, disponemos de elementos para considerar la existencia o delimitación de un área funeraria.

Los enterramientos, comprendidos en el grupo Este, de cual sospechamos contiene varios individuos, se encuentran particularmente perturbados por el meteorismo; en especial dos esqueletos, previamente yacientes al nivel de la superficie. A fines de febrero de 2011, se tomó la decisión, nada sencilla de efectuar el rescate arqueológico de los mismos.

Esta instancia planteaba su propio reto técnico, ya que en una situación rutinaria, se dispondría del tiempo natural que requieren las excavaciones en éste tipo de contextos. Pero dichos esqueletos, se encontraban literalmente expuestos y a riesgo ser lavados y arrastrados por las frecuentes lluvias del mes de febrero de 2011; lo cual constatábamos en el sitio con el correr de los días.

Procedimos así al desenterramiento de los mismos, partiendo de excavaciones acotadas a las estructuras exteriores de cada arreglo funerario, dejando a los individuos y su yacimiento en disposición de bloque sedimentario. Se utilizaron cofres metálicos diseñados a la medida de cada arreglo, consolidándose los bloques mediante la utilización de geo textiles y yeso, y seccionándose posteriormente los bloques por su base.

Como dato anecdótico podemos mencionar, que enfrentados a la necesidad de su traslado, decidimos eliminar las tensiones mecánicas que producen las imperfecciones del camino, embarcándolos suavemente en la Quimera; la cuál hasta entonces, había sido la nodriza de los trabajos subacuáticos.

Asimismo, podemos establecer algunas diferenciaciones básicas o preliminares sobre éstos enterramientos, teniendo presente que los bloques arqueológicos aún no han sido excavados. Uno de los enterramientos, parece corresponder a un enteramiento secundario en disposición de paquete, en el cual advertimos la presencia, de al menos el cráneo, el maxilar y los huesos largos.

El otro, corresponde a un enteramiento primario, en posición decúbito lateral izquierdo, constatándose la presencia de materiales culturales asociados, probablemente a modo de ajuar, entre los que se cuentan, un dije cerámico y una boleadora.

            En principio, pensamos que se tratan de enterramientos prehispánicos, uno por la disposición, y el otro, por el tipo de material asociado. Aunque no descartamos otras opciones, hasta tanto, éstas no surjan de la excavación forense, y de los estudios biológicos y cronológicos, correspondientes.

En todo caso, también debemos tener presente, la posibilidad de existencia de enterramientos correspondientes al período histórico en la desembocadura del San Salvador.

            Nota aparte, una de las crónicas más interesantes en este sentido, la aporta Paul Groussac (1916), refiriéndose a la muerte del ex Gobernador y Capitán General Fransisco Ortíz de Vergara, en el puerto de río San Salvador hacia el año 1574.

            Fransisco Ortíz de Vergara fue probablemente una de las personas más importantes en la región hacia mediados del siglo XVI; técnicamente el segundo Gobernador y Capitán General del Río de la Plata y del Paraguay, durante el ciclo de los Adelantados, sucediendo a Gonzalo de Mendoza; entre los años 1558 y 1566 (Azara 1847).

            Hacia el año 1567 el gobernador general del Perú, le quitó el gobierno a Francisco Ortiz de Vergara, encomendándoselo a quién vendría a ser en los hechos el cuarto Adelantado del Río de la Plata, Juan Ortiz de Zárate.

            Quedando con el cargo nada desestimable de Tesorero General, Ortíz de Vergara desembarca en el puerto de San Salvador junto al Adelantado Juan Ortiz de Zárate en mayo de 1574, permaneciendo en las edificaciones y defensas de San Salvador hasta que se produce su fallecimiento, el 2 de diciembre de 1574; tal como lo refiere Groussac (1916) analizando la carta de Hernando de Montalvo enviada al Rey, y fechada en San Salvador el 24 de marzo de 1576.

 7.-     LAS EVIDENCIAS DEL CONTACTO

Ya mencionamos la existencia de una zona arqueológica situada en la planicie noroccidental, en donde se desarrollan una serie de sitios arqueológicos prehispánicos que presentan una gran cantidad de ítems de manufactura local que muestran, en el caso de la alfarería, una notable variabilidad con relación a las formas (cuencos, vasijas, elementos zoomorfos) y motivos decorativos, como incisiones, pinturas y engobes aplicados a estos instrumentos.

            Así estaban las cosas hasta mediados de enero de 2011, cuando, asombrosamente, comenzamos a notar la distribución de una serie de artefactos que representaban la aplicación de tecnologías y morfologías mixtas, vinculadas al contacto entre las tradiciones cerámicas europeas e indígenas.

            Existen numerosos casos de sitios arqueológicos del período de contacto, en donde se reporta la incorporación de rasgos hispánicos a la alfarería local, pero manteniendo una materia prima manufacturada a la usanza autóctona, lo que compone una tradición que se conoce en la literatura arqueológica como cerámica hispano indígena o criolla.

            Uno de los hallazgos más elocuentes en este sentido lo constituyen los recipientes cerámicos manufacturados en pasta local, a través del pastillado o rodeteado, que presentan la disposición de asas. Debemos tener presente que el concepto de asa es un atributo típicamente europeo agregado a las cerámicas de torno, y que en los hechos no se presenta en las tradiciones cerámicas prehispánicas de la región (Lopez Mazz, 2011 com. pers.), las cuales, en todo caso, desarrollaban apéndices u orificios de suspensión para resolver ese aspecto de funcionalidad.

            Desde ese momento fue necesario prestar mayor atención al sector sur oriental del sitio arqueológico, por lo que nos abocamos a la implementación de una prospección superficial sistemática. En este marco se recuperaron los primeros artefactos de origen europeo, como cerámica gruesa vidriada, diferentes tipos de loza y clavos de hierro forjado, junto a una gran variedad de cerámica de los tipos locales y nuevos fragmentos de ejemplares de formas mixtas.

            Repasemos brevemente los tipos más representativos del material arqueológico de origen europeo: a) fragmentos de botijas: se corresponden con el tipo de contenedores comerciales destinados al transporte de líquidos y sólidos, pertenecientes al tipo 1, del agrupamiento presente en la estructura arqueológica subacuática ya definido en sus dos variantes, con y sin vidriado interno; b) cerámica europea de mesa asociada al ajuar personal de la categoría “Majolica” (Deagan, 1987), de la que se recuperaron diversos fragmentos correspondientes a tres tipos: tipo azul lisa (“Caparra blue”), cerámica de origen sevillano o andaluz cuyo piso cronológico se encuentra definido hacia ca. 1490 AD; tipo blanca lisa (puede corresponder al tipo “Columbia plain” o al “Sevilla white”), del mismo origen, presenta dos pisos cronológicos, ca. 1490 AD y ca. 1530 AD, respectivamente; y por último, tipo azul sobre blanco, tiene los atributos de superficie del tipo “Sevilla blue on white” (piso. ca 1530 AD), pero de pasta más dura que los tipos sevillanos, lo cual podría indicar una variedad de la cerámica portuguesa temprana en blanco y azul (Fusco, 2011 com. pers.).

            Al tiempo en que se desarrollaban las tareas de prospección y registro abocadas a la detección de los materiales europeos e hispano indígenas, pudimos constatar la presencia de estructuras compuestas por bloques de sedimento cocido, algunas a modo de piso o explanada, en cualquier caso describiendo expresiones acotadas y semi sepultadas.

            Teniendo en cuenta la variedad artefactual asociada a estas estructuras y las diferentes referencias en torno a la localización de los emplazamientos de la primera y segunda mitad del siglo XVI, se definió un área de estudio restringida a la presente manifestación  arqueológica, pero lo suficientemente extensa para analizar la variabilidad del terreno en su expresión superficial y sub superficial, de una manera no invasiva.

            En este contexto se subdividió el sector sur oriental del yacimiento en 270 sub unidades de 10m2, las cuales fueron georeferenciadas, señalizadas y desmalezadas, a los efectos de la aplicación de una cobertura sub superficial acústica GPR (geo radar); y de excavaciones acotadas a muestreos en base estadística sobre algunos de los resultados de GPR. Como nota alentadora, ya en el proceso de desmalezado se obtuvieron rasgos lineales y geométricos en expresión positiva sobre la superficie del terreno, sobre los cuales se basó la aplicación del instrumento.

            La aplicación del GPR (Ground Penetrating Radar) constituyó la primera aproximación de estas características realizada en un sitio arqueológico en el país. Consiste en una técnica geofísica no destructiva, basada en la propagación de ondas electromagnéticas que puede medir las reflexiones generadas en los diferentes cambios de estratigrafía y elementos sepultados.

            En esta primera instancia se cubrió un 20 % de las unidades, unos 1360 metros lineales de perfiles. En función de los resultados aportados, y priorizándose por sobre las estructuras visibles en superficie, se realizaron excavaciones de sondeo dirigidas, sobre la selección de anomalías sub superficiales.

            Los resultados confirmaron la continuidad de ocurrencia de las estructuras arqueológicas visibles en niveles sub superficiales y dispuestas al interior de un estrato arenoso sobre 0.25 m. y 0. 60 m. desde el nivel edáfico. Asimismo, corroboran la densidad y variedad artefactual observada en la superficie a lo largo del sector oeste. Indiquemos que sobre éstas pequeñas excavaciones se posicionaron y retiraron unos 3000 materiales discriminados, entre fragmentos y artefactos.

            Por otra parte, dichas excavaciones posibilitaron la ubicación, referenciación y asociación de las muestras orgánicas enviadas con motivo de obtener los primeros datos radio carbónicos de los niveles arqueológicos sepultados.

 8.-     EL SAN SALVADOR A MEDIADOS DEL SIGLO XVI

En las páginas previas hemos tenido la oportunidad de conocer la sistemática revisión de los sucesos históricos ocurridos en la desembocadura del San Salvador, realizada por el investigador Esc. Juan Antonio Varse. Tomando por base esa cuidadosa relación, queremos aquí repasar algunas breves citas que tengan por caso lo acontecido en la desembocadura del San Salvador en el segundo tercio del siglo XVI.

            Distintas son las fuentes que existen en torno a éste período, muchas de ellas correspondientes a cartas y despachos, algunas consultadas a principios del siglo XX, y otras no; y por supuesto, al cronista por excelencia de la época Don Martín del Barco Centenera y su obra La Argentina, llegado a san Salvador con Juan Ortíz de Zárate a ejercer el cargo de Arcediano para el que había sido designado.

            Si embargo, la interpretación más agradable a la lectura, sigue siendo la compilación realizada por Don Felix de Azara (1847), en su Descripción é Historia del Paraguay y del Rio de la Plata (obra post mortem).

            Juan Ortiz de Zárate nació en Vizcaya en una fecha no conocida entre 1510 y 1521, y siendo adolecente intervino en la conquista del Perú, junto con Diego Almagro, permaneciendo aquí, hasta el año de 1565, cuando convence al gobernador del Perú de auspiciar su postulación al título de Adelantado a  condición de presentarse en España por dicha la confirmación.

            Dice Azara: “… Juan Ortiz de Zárate hizo la propuesta más ventajosa entre los pretendientes (…) Que edificaría dos ciudades más: una entre Chuquisaca y la Asunción (...); y la otra en la entrada del Río de la Plata; y que se le había de conferir el título de adelantado para su vida …”.  (Azara: 175).

            El 10 de julio de 1569 el Rey confirmó su postulación y partió de Sanlúcar de Barrameda el 17 de octubre de 1572 y permaneciendo en las costas de Brasil hasta abril de 1573  (Azara, Grousacc).

            Para esas fechas navega y entra en el Río de la Plata, fondeando en la zona de  San Gabriel, donde “… pensó en fundar la población a que le obligaba su contrata ...” (Azara:191). No podemos extendernos en las apasionantes notas sobre el enfrentamiento mantenido con los charrúas que relata del Barco Centenera en su canto 8 y otras desventuras que sufrió la expedición.

            Basta comentar que la expedición permanece en el área insular, incluyendo a Martín García, hasta algún punto de marzo de 1574 cuando se mandan los primeros enviados a la desembocadura del San Salvador a preparar el puerto y las construcciones (Groussac 1916).

            Así lo ilustra Azara: “… Descansaron los españoles el día siguiente, y continuando encontraron a Melgarejo en el río de San Salvador, donde al instante principiaron a construir casas de madera y barro cubiertas de paja, en que depositaron los equipajes y se alojaron. Hecho esto pasó Melgarejo a avisarlo a Martín García y sin perder tiempo se embarcaron la gente y pertrechos …”.  (Azara: 196).

            Al mismo tiempo, Groussac (1916) menciona: "… se eligió ( ...) un punto situado en la margen izquierda del río San Salvador, ya reconocido por Caboto, a poca distancia de su desembocadura. Hechas las primeras defensas y edificaciones, inauguróse el 30 de mayo de 1574, sin dudas con todas las çeremonias del caso, la ciudad çaratina de San Salvador…" (Groussac 1916:399).

            Martín Barco de Centenera arribó con la expedición de Zárate en el Cargo de Arcediano de la Iglesia del Paraguay; asistió a la fundación de San Salvador y vivió allí suficiente tiempo para establecer el siguiente relato “… la fundación se resolvió no sin oir ante la opinión de sus capitanes y que se prefirió la costa oriental y el lugar elegido por ser preferible a hacerlo en la costa opuesta donde antes estuvo Buenos Aires ya que en aquel había abundancia de leña y de indios y de ser además tierra buena para sementeras. Después de levantar una muralla con su correspondiente artillería, y de instalar allí 80 pobladores declaró fundada la ciudad Zaratina de San Salvador …” (Arredondo 1957:85).

Por último, cabe mencionar que la vida de ésta ciudad zaratina, fundada en la desembocadura del San Salvador, fue bastante breve, aunque no poco importante. Así al menos, lo entiende Arredondo (1957); “… le cabe a la antigua Banda Oriental, la satisfacción, un tanto platónica de haber tenido la población más estable del Plata en el punto de San Salvador. (..) Su vida ciudadana fue breve pues se extinguió en el 20 de julio de 1577, pero en esos tres años tuvo su cintura de chacras y allí su ilustre fundador (…) hizo actos de gobierno (…) y de importancia instituida en este sector de América al investir a don Juan de Garay con el cargo de Teniente Gobernador y Justicia Mayor de las Provincias del Río de la Plata hasta que el pereciere …” (Arredondo, 1957:87).

 9.-     REFLEXIONES FINALES

A través de las secciones precedentes expusimos algunos avances y apreciaciones arqueológicas que corren bajo nuestra responsabilidad. Queremos recordar que nos encontramos a mitad de camino, en una etapa de diagnóstico arqueológico, la cual atraviesa diversos temas en sus estadios iniciales, aunque muchos de ellos se ven considerablemente enriquecidos a la luz de la evidencia arqueológica proporcionada por éste sitio.

            Entre los hechos más destacables se encuentran aquellos vinculados con la calidad, cantidad y variabilidad de los materiales arqueológicos, siendo considerablemente mayor a la esperada, e incluso, podríamos agregar, probablemente única para el caso de los sitios arqueológicos contemporáneos y conocidos en el país.

Hemos visto cómo en un sector acotado del paisaje en la desembocadura del río San Salvador se manifiestan tres expresiones arqueológicas claramente diferenciables, aunque articuladas al mismo tiempo geográfica y cronológicamente en base a determinados estadios que presenta la distribución de sus acervos materiales.

            En esta secuencia de procesos, que en principio se muestran interconectados, resultaría difícil separar aquellas aristas más sobresalientes sin que eso fuese en detrimento de la asociación  de naturaleza inter específica que presentan los elementos que queremos acentuar. ¿Cómo destacar la ocurrencia de los acervos hispano indígenas sin requerir de inmediato la asistencia de las extraordinarias manifestaciones culturales ceramistas prehispánicas que sentaron las bases de dicha expresión? ... Y así podríamos continuar con otros ejemplos.

            La disposición de un sitio arqueológico sumergido en la desembocadura del San Salvador representa, en los hechos, una condición no repetida en los contextos arqueológicos regionales vinculados a los períodos hispánicos tempranos, por lo que ciertamente constituye una oportunidad de hacer un gran aporte al conocimiento del contexto histórico regional.

            En este marco, y sobre una línea de investigación todavía abierta, defendemos la importancia que representa en la actualidad el hallazgo de la estructura subacuática, no sólo por su calidad de depósito primario o sus excelentes condiciones de conservación material, sino, por lo que es más importante, porque representa una oportunidad arqueológica inédita hasta el momento, en virtud de las estrechas relaciones de asociación tipológica que presenta con los conjuntos artefactuales de los sitios arqueológicos de la planicie litoral.

Creemos posible considerar la disposición del paisaje del San Salvador como uno de los puertos seleccionados para establecer la interconexión en la navegación platense y la penetración del Paraná y Paraguay en los períodos tempranos:

“… y porque las naos no podian pasar por el parana adentro a cabsa de los muchos baxos que abia las dexo con treynta onbres de la mar para que buscasen algun puerto seguro do la metiesen  …  a si quedo en este puerto de San zalbador ques en el rio de solis a diez dias del mes de julio de 1528 años …”  (Varnhagen, 1888: 29 - 41)

“…y estas dos naos subieron mas por el mesmo rio hasta otro que se diçe de Sanct Salvador, en la costa que está a la parte del Norte, é allí pararon en hermoso puerto é á buen anclage …” (Amador, 1852:172).

Sin embargo, consideramos también que éste escenario no debe estudiarse como una causa, sino como una consecuencia de la significación preexistente en las actividades y eventos del sitio y su entorno.  

En cualquier caso, éstas reflexiones sobre algunas líneas temáticas, que permanecen abiertas, constituyen apenas un ejemplo de la manera como creemos conveniente abordar las diferentes dimensiones que conforman el sitio arqueológico del San Salvador. Ante todo, como una puesta en relación de las percepciones humanas con el entorno existente, de forma en que paisaje y comunidad se han reconstruido mutuamente en el espacio y tiempo.

            Confiamos en que esta perspectiva pueda acercarnos a comprender algunos de los aspectos vinculados a la recurrencia en la selección y ocupación del sitio en períodos prehispánicos e históricos. En adelante, los nuevos estudios arqueológicos podrán contribuir en el discernimiento de tales apreciaciones.

            Queremos agradecer a quienes de una forma u otra hicieron esto posible: Intendente Guillermo Besozzi, Dr. Alberto Quintela, Prefecto José Luis Elizondo, Lic. Javier Zarauz, Lic. Javier Utermarck, Ing. María Simón, Espc. Frederic Vacheron, Sr. Gerardo Mackinnon y familia, Sr. Pedro Nosetti, Esc. Antonio Varese, Prof. Jorge Baeza, Prof. Inés Pereira, Sr. Nelson Duclos, Sr. Pedro Buffa, Sr. Fabrizio Buffa, Arq. Amaru Argueso, Sr. Raúl Rosas, Sr. Angel Antoniolli, Sr. Willow, Sra. Mariana, Sr. Carmona, Sr. Cabrera. Asimismo, del Departamento de Arqueología de CPCN a: Alejandra Ottati, Yohana Arruabarrena, Dr. Gonzalo Rodríguez, Ana Gamas, Magdalena Curbelo. Y al equipo del Proyecto San Salvador.

 BIBLIOGRAFÍA

 Amador, J. 1852 “Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano por el Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés.” Tomo Primero de la Segunda Parte. Imprenta de la Real Academia de la Historia. Madrid.

 Amores, F y Chisvert, N. 1993. “Tipología de la cerámica común bajomedieval y moderna sevillana (ss. XV-XVIII): I: La loza quebrada de relleno de bóvedas.” SPAL 2: 269-325. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla.

 Azara, F de. 1847 Descripcion é Historia del Paraguay y del Rio de la Plata. Tomo II. Imprenta de Sanchiz. Madrid.

 Castillo, A. 2001 “Excavaciones y Museo: profundizando en el conocimiento de los grupos "ceramistas" del litoral (Río Negro, Uruguay)”. X Congreso Nacional de Arqueología Uruguaya. Montevideo. Uruguay. Publicación en CD, 2004/ISBN9974-7811-0-8

 Deagan, K. 1987. Artifacts of the Spanish Colonies of Florida and the Caribean, 1500-1800. Smithsonian Institution Press. Washington.

 Goggin, J. 1960. The Spanish Olive Jars. An Introductory Study. Yale University Publication in Anthropology Nº62.

 Groussac, P. 1916. Mendoza y Garay. Las Dos Fundaciones de Buenos Aires 1536-1580. Segunda Edición. Jesús Menéndez, Editor. Buenos Aires.

  Keith, D. 2006. “The Molasses Reef Wreck”. En: Underwater Cultural Heritage at Risk: Managing Natural and Human Impacts. Ed: Grenier, R, Nutley, D and Cochran, I. ICOMOS. Pp. 82-84. Paris.

 Lockhart, W. 1979 “Historia de Soriano (1574-1660)” En: Revista Histórica de Soriano. Nº 22. Mercedes.

 Rubio, J.L. 1991 Arquitectura de las Naos y Galeones de las Flotas de Indias (1492-1590) Tomo I. Ediciones Seyer. Málaga.

 Steffy, R. 1994 Wooden Ship Building and the Intrepretation of Shipwrecks. Chatham Publishing. London.

 Varnhagen, F. A. 1888 “Carta de Diego García” En: Revista do Instituto Historico e Geographico do Brazil. Tomo XV. 2º da Terceira Serie. 2º Ediçao. Pp. 6 -14. Rio de Janeiro.

 Varnhagen, F. A. 1888 “Carta de Luiz Ramirez” En: Revista do Instituto Historico e Geographico do Brazil. Tomo XV. 2º da Terceira Serie. 2º Ediçao. Pp. 14 - 41. Rio de Janeiro.


 

[1] En 1976, fue declarado Monumento Histórico Nacional el padrón en donde se ubican los presentes hallazgos arqueológicos de acuerdo a: “Resolución Ley 988/1976; ubicación: río San Salvador margen izquierda próximo a su desembocadura en el Río Uruguay; motivos: lugar en que estuvo emplazada la población efímera zaratina de San Salvador - fundada por el adelantado Juan Ortíz de Zárate el 30 de mayo de 1574 y entorno, en un área de 10 hectáreas.”

 

  

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