Historia y Arqueología Marítima

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UN FUTURO PAPA EN LA CASA DE

DON MANUEL XIMÉNEZ Y GOMEZ

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por   JOSÉ MARÍA FERRARI  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2010

 RESUMEN

Se presenta en este trabajo una reseña de una misión del estado pontifício  en américa latina, realizada por una comitiva presidida por el Monseñor Juan Muzi, que estuvo casi tres meses en lo que fuese San Felipe y Santiago de Montevideo, por aquel entonces capital de la provincia cisplatina del imperio brasilero.  Uno de los jóvenes miembros de dicha comitiva de la Santa Sede, era el Canónigo Juan Mastai Ferreti, futuro Papa Pío IX. Ellos recalan en Montevideo al regreso de un viaje con el cometido oficial de visitar el recientemente independiente estado de Chile.    Juan Mastai Ferreti sería alojado en su estadía en la casa de Don Manuel Ximénez y Gómez, actual sede de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial y la Liga Marítima del Uruguay.    En tan destacada estadía, el monseñor y el futuro Papa, realizan múltiples y variadas actividades en la actual Montevideo y alrededores que serían de suma importancia para el futuro tanto de los viajantes, como del estado uruguayo.

 ENTRANDO AL TEMA

El tema escogido es conocido de muchos y objeto de numerosa bibliografía Nacional, americana y europea, índice de su importancia en su época y trascendencia posterior. La lectura de un interesante y conciso artículo del distinguido genealogista uruguayo, Ricardo Goldaracena, publicado en el suplemento dominical del Diario El Día, Abril de 1988, me ha brindado oportunidad para evocarlo y actualizarlo.

Rememorando la singular coincidencia de la presencia en este histórico edificio, integrante de los Museos Históricos Nacionales merced al tenaz y decidido esfuerzo del Dr. Juan Pivel Devotto, Director por tantos y fructíferos años de los mismos y hoy sede de dos prestigiosas Instituciones, vinculadas al quehacer Marítimo de Montevideo como Puerto y Apostadero Naval, Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fuvial y Liga Marítima Uruguaya, del entonces canónigo Juan Mastai Ferretti, integrante como Auditor de la Misión Apostólica, presidida por Monseñor D. Juan Muzi, ante el gobierno de Chile. Los designios del Señor son inescrutables por los hombres y ninguno presentía que 22 años más tarde el cónclave cardenalicio consagraría como Papa Pío IX, mas conocido en la historia como “Pío Nono”.

Otras publicaciones consultadas respecto al tema, me han animado para revivir hecho tan significativo, digno de refrescarse por la calidad de los personajes, acontecimientos en que fueron actores  y la ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo de esa época, tuvo ocasión de vivir e incorporar a su mejor historia.

 ANTECEDENTES

Montevideo ha recibido a la fecha 4 visitas papales, 2 de futuros Papas y otras 2 del ya consagrado  Juan Pablo II.

1º. La primera hace 175 años es conocida como LA MISION MUZI, que guarda la particularidad de constituir la Primera Misión Apostólica de carácter oficial, enviada por los Estados Pontificios ante un Estado de Sudamerica (Chile), cuya independencia reciente aún no había sido reconocida por los restantes estados  europeos y mantendría con España, su estado de guerra por muchos años más.

2º. La segunda no menos significativa, en el año 1936, del entonces Cardenal Eugenio Paccelli, legado pontificio de Pío XI, a la inauguración del 1er. Congreso Eucarístico Nacional de Acción Católica en Montevideo. Más tarde fue Papa Pío XII entre 1939 y 1958 durante el doloroso período de la  1ª Guerra Mundial y la Guerra Fría de la post guerra.  Arribó desde Bs. As en el lujoso trasatlántico Conte Biancamanno, ofició Misa en nuestra Catedral, junto a Monseñor Dr. Juan Francisco Aragone, 2º Arzobispo de Montevideo entre  1919 y 1941. Partió hacia Europa la misma noche.

3º. y 4ª Visitas Papales, del  ya consagrado Papa Juan Pablo II en 1987 y 1988 respectivamente. Recordada por tantos motivos, entre ellos, la firma del Tratado de Paz en Mayo de 1987, que puso fin al duro conflicto entre Argentina y Chile, por la posesión de 3 islotes en el Canal de Beagle, culminando la fructífera y silenciosa labor de su enviado especial, Cardenal Samoré. Como vemos, nuestro pequeño y estratégico país, no en vano ha sido objeto y punto de referencia para la alta política del Vaticano y merecedor de las presencias muy meditadas de sus máximas jerarquías.

En la presente comunicación me contraeré a comentar la Misión Muzi, por el nombre del Legado pontificio Monseñor Juan Muzi, ante el gobierno de la república de Chile, que había proclamado su independencia de España, el 11 de setiembre de 1818, luego de las triunfales batallas de Chacabuco y Maipú. Su primer gobernante El Libertador General Bernardo O¨Higgins, enfrentaba aún una sorda y fuerte resistencia, en especial de las altas clases sociales y del clero, que permanecían leales a España. Como es de suponer, 300 años de conquista y colonización española en la aislada Capitanía General de Chile, Reino para muchos, no se borran en un día. Especialmente en materia religiosa, constituyendo la religión católica y sus jerarquías el más sólido vínculo  de unión entre familias y la sociedad.

O´Higgins intenta una hábil maniobra diplomática, tratando de reanudar relaciones directas con la Santa Sede a fin de  obtener el nombramiento directo por ésta, de Obispos que le fueran adictos al gobierno chileno, sorteando la antigua Institución del Patronato Real, tradicionales de la época de los Reyes Católicos y del Papa español Alejandro VI, que obligaba al Papa a consagrar Obispos en América y España con el visto bueno previo de la monarquía.    

  

Bernardo O’Higgins                  José Ignacio Cienfuegos 

A esos efectos decide enviar a Roma una misión confidencial nombrando al archicanónigo de la Catedral de Santiago, José Ignacio Cienfuegos, su Ministro Plenipotenciario y al Padre Raimundo Arce como Secretario. La misión fue admitida con simpatía por el entonces Papa Pío VII, que reinó entre 1800 a 1823. Consultada la secular, sutil y calmosa diplomacia vaticana, la más antigua del mundo occidental, decide acceder a la solicitud del gobierno chileno, anteponiendo a la letra fría del Patronato, el velar por la salud espiritual de millones de fieles a la Iglesia de Roma, convertidos al Evangelio por mas de 3 siglos de predicación y sacrificio de misioneros. Almas, que sin la vigilancia de sus pastores podrían caer en manos de la herejía o volver a ser infieles.

 LA MISION MUZI

Pío VII selecciona cuidadosamente a sus integrantes. La preside Juan Muzi obispo in Partibus de Filipo, ciudad de Macedonia, cuna de Alejandro Magno. Prelado Domésticos de S/S/. Hombre de entera confianza, prudente y experiente, que venía de actuar 5 años como Auditor del Nuncio Apostólico en Viena, asistiendo a la firma de los tratados de 1815 que restablecían el absolutismo de la Santa Alianza y el equilibrio europeo sobre los restos del imperio de Napoleón. Para Secretario, al abate napolitano José Sallusti, de vastísima  erudición, preceptor de los hijos de la nobleza romana. Sus minuciosas memorias, con ricos aportes sobre las vastas regiones y pueblos visitadas, enriquecidas por su fértil imaginación meridional, las publicó en Roma el Año 1827, previa censura eclesiástica, en 4 tomos, con el título: “Storia delle Missione Apostoliche dello Stato del Chile” por las prensas de Giusseppi Mauri, traducidas al español en Chile el año 1906, constituyen la más valiosa fuente de información  sobre esta histórica misión. 

  

         Papa Pío VIII                           Monseñor Juan Muzi 

Juan Mastai Ferreti, joven canónigo de apenas 27 años, conde de Senigallia en la Marca d’Ancona sobre el Adriático, pariente del Papa Pío VII, poseía un perfecto conocimiento del castellano, admiraba profundamente a Cristóbal Colón, el gran navegante genovés, que con su audacia y conocimientos abrió un Nuevo Mundo a la civilización europea y cual nuevo Mesías, expandió la Iglesia de Roma a millones de almas de infieles. Su ardiente espíritu misionero se conmovió ante tal honor, designado Auditor por Monseñor Muzi.  (Camarero oficial de tan ilustres personajes, Juan Cúneo, a cargo del abultado equipaje para un largo viaje de 2 años.) 

EL VIAJE A SANTIAGO DE CHILE IDA Y VUELTA

Realicemos un breve instante de abstracción para transportarnos al 5 de Octubre de 1823, partiendo junto a los viajeros desde el puerto de Génova, cuna de los Doria y Colón, en el bergantín sardo Eloisa, emprendiendo el azaroso viaje hacia el Río de la Plata en la América Meridional, cruzando el Atlántico y el Ecuador, para arribar al puerto de Montevideo, en su abrigada bahía el 1º de Enero de 1824, no sin antes sufrir dos fuertes temporales en el  Río de la Plata que Sallusti describe con detalle en sus Memorias, mencionando la palabra “Pampero” para referirse al fuerte e inopinado ventarrón del sudoeste, que los amenazó entre la Isla de Flores y el Banco Inglés.

En Montevideo toman práctico, zarpando el mismo día y arribando al fangoso y alejado muelle de Buenos Aires el 11 de Enero, sorteando traicioneros bancos de arena. Allí son recibidos por el  gobernador, General Las Heras, y el General. José de San Martín, los Héroes de los Andes y del Pacífico, ya de vuelta de Lima. No así por Bernardino Rivadavia, Ministro de Gobierno, (liberal y masón), fundador de la Universidad de Buenos Aires en 1822; quien les recibe con fría y calculada descortesía, les acusa de espías al servicio de la Santa Alianza, prohíbe a Monseñor Muzi efectuar confirmaciones a los fieles y los despide sin brindarles ningún apoyo para emprender el largo y riesgoso viaje a Santiago de Chile vía Mendoza, cambiando el móvil horizonte marino por el no menos dilatado, pero inmóvil de las inmensas llanuras pampeanas y ásperas serranías.

Lo suplen la ayuda de las familias patricias porteñas, que les suministran dos cómodos carruajes para los viajeros, una carreta para su equipaje y una escolta para protegerlos de los peligros del camino, Buenos Aires, Rosario, Córdoba, San Luis y Mendoza. En San Luis, recuerda Mastai Ferretti, que una noche pernocta a la fría intemperie, bajo llovizna, abandonando el rancho de la posta, para escapar a las  picaduras de las vinchucas. Episodio, que gustaba referir en sus largos años, ya Papa, a los visitantes americanos. Al parecer sin consecuencias ulteriores (al contrario de lo ocurrido a Darwin pocos años mas tarde en Mendoza).

De Mendoza a Santiago, confiados a los buenos y “baqueanos arrieros”, cabalgando las mansas y seguras mulas cuyanas, contorneando las inmensas moles graníticas del Aconcagua, cuyas cumbres se pierden en las nubes y las traicioneras  simas cubiertas de brumas. Era verano y poca nieve por el conocido Paso de Uspallata y las altas punas. ¡Pero que maravillosas sensaciones y recuerdos imperecederos  les tenía reservado el Creador de tales maravillas a sus fieles hijos, que sólo conocían las aplanadas colinas de los Apeninos y los Dolomitas. Don Sallusti dedica buenas páginas a describirlas y utiliza la palabra “baqueano”.

Arriban a Santiago el 11 de marzo de 1824, siendo recibidos con devoción y alegría por las altas clases y también  el pueblo, que acude presuroso a las misas y confirmaciones realizadas por Monseñor Muzi. Santiago, en su fresco y verde valle del Mapocho (era 1824), por sus numerosas iglesias y grandes conventos, y su devoción católica, la compara Sallusti a una agreste Roma, al extremo del mundo.

Sin embargo les espera una desagradable sorpresa a los viajeros. El General O´Higgins, inspirador de la Misión ya no era gobierno, derribado por el golpe militar del General Ramón Freire, que transitoriamente guerreaba contra la última resistencia española en la isla de Chiloé. Al regresar del sur, los recibe con frialdad, no participa de reanudar relaciones directas con Roma, siendo partidario de nacionalizar y secularizar el clero chileno, según el modelo de la Revolución Francesa de 1789.

Luego de 6 meses de inútiles gestiones, considerada un fracaso su misión, Muzi solicita los pasaportes para ausentarse del país.

Esta vez por vía marítima, se embarcan en Valparaíso el 5 de Octubre de 1824 rumbo a Montevideo vía el Cabo de Hornos, en el velero Colombia. Sugestivo nombre para su admirador Mastai Ferreti. Según la versión del historiador jesuita Guillermo Furlong Cardiff, el destino jugó a favor del Canónigo Mastai, pues era propósito de Muzi, confiarle el cargo de Obispo en Santiago y su brillante carrera eclesiástica posterior se habría truncado.

Una larga navegación les maravilla.  Sallusti la describe con fruición y Mastai Ferreti la recuerda  años más tarde, ya consagrado como Pío IX, que se asombró con la inmensidad del frío Pacífico Sur, sus hielos eternos y vio por primera y última vez, a juguetonas y gigantescas ballenas a la altura de Chiloé. 

 

A la entrada sur del Río de la Plata, a la altura del Cabo de San Antonio, les sorprende una fuerte tormenta y el joven conde romano, colabora en las maniobras con cabos y velas para escapar del naufragio o encalladura. Lo referirá a sus visitantes americanos en su largo pontificado, agregando con cierto orgullo, que por su larga experiencia, era el primer Papa americano y chileno. Datos este, que Fúrlong Cárdiff, extrae de los archivos de la Nunciatura en Santiago de Chile.

Arribando a Montevideo el 4 de Diciembre de 1824. Recordemos que Montevideo, era por entonces capital de la Provincia Cisplatina del Imperio de Brasil, de Don Pedro 1º de Braganza.  Recibimiento majestuoso y cordial, como corresponde a tan augustos y poco frecuentes personajes, en la pequeña ciudad amurallada de Montevideo. Con las autoridades militares, encabezadas por el Capitán General de la Provincia, General Carlos Federico Lecor, Barón de la Laguna, civiles, que era el Cabildo y eclesiásticas, el Cura Vicario, Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga y el pueblo en pleno.- 

ESTADIA DE LA MISION MUZZI EN MONTEVIDEO

Se preguntarán el porqué de esta larga introducción, pero lo considero indispensable si queremos conocer el desarrollo de esta Misión, que no tenía previsto tan prolongada estadía y sus provechosos resultados inmediatos y posteriores en nuestra lejana y pequeña ciudad.

En adelante mi guía, son las notables publicaciones del famoso historiador, Guillermo Fúrlong Cárdiff, S.J. en los tomos XI y XIII del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, págs. 236 a 278 y págs 145 a 177 respectivamente, conocimiento que agradezco al Dr. Augusto Soiza Larrosa y al Profesor Jorge Patiño Gardone, académicos de dicho Instituto.

Parodiando al divino Dante, dejamos la fuerte mano de Virgilio para apoyarnos en la etérea de Beatricce, pues la permanencia en Montevideo representó un verdadero paraíso (Oasis de felicidad y dulzura, como lo describe el Padre Sallusti en sus meticulosas memorias) compensando con creces las decepciones e ingratitudes anteriores. Según Furlong, dedica en total 84 páginas de sus memorias a recrear con minuciosidad la llegada y estadía en Montevideo (27 del Tomo I.- Llegada al Plata con 2 fuertes temporales y  menciona el “Pampero”, y 57 Págs. del Tomo III con buenas descripciones de la ciudad y sus pintorescos alrededores, usos y costumbres de su gente, etc. En total 84 págs. Del total de 790 de su edición original, de su “Storia”.)

Monseñor Muzi, se alojó en la casa del Vicario, Párroco Larrañaga, sita en la calle del Puerto Viejo, actual Treinta y Tres, detrás de la Catedral, en cuyo Altar Mayor, oficiaba Misa a diario, administrando el Sacramento de la Confirmación a miles de fieles de la ciudad, extramuros y campaña. Según cifras que Furlong extrae de los libros parroquiales superaron las 12.000. Lo que habla del celo apostólico del Legado y la devoción  de fieles cristianos. Hacía 20 años de la última visita del obispo de Buenos Aires, Monseñor Lué y Riega, con motivo de su viaje en 1804 para bendecir la nueva Catedral.

DAMASO LARRAÑAGA

Sallusti en casa del rico comerciante Sr. García, frente a la Plaza Matriz, junto a la Catedral, y la describe y considera la más hermosa y bien proporcionada de todas las vistas en América.  La compara con la Iglesia de los Santos Apóstoles de Roma.

Nuestro Canónigo Juan M. Mastai Ferreti, es huésped de la familia de don Manuel Ximénez y Gómez en señorial y cómoda residencia sobre la calle San Telmo, actual Rambla 25 de Agosto, frente a las semiderruídas Bóvedas por la explosión de 1815 y con vista al Puerto Viejo.  Piccollo Pallazzo para Don Sallusti.

Durante su permanencia de casi tres meses, celebró Misa a diario en el Oratorio particular de la casa, situado al fondo del patio principal, a la que asistían su numerosa familia, empleados y peones del establecimiento comercial, vecinos y amigos. Según la tradición familiar, bendijo la imagen de la Virgen del Carmen, del pequeño altar. El canónigo Mastai, trabó gran amistad con ellos  y quedó manifiesto cuando años más tarde, designó al Sr. Salvador Ximénez Rodriguez (hijo de Don Manuel), en 1848, ya consagrado Papa, Cónsul Pontificio en Uruguay, cargo que desempeñó hasta 1870, es decir a la Caída de Roma.  

 

Según Ellis, entre 1853 y 1862, desempeñó similares funciones, ante el Gobierno de la Confederación Argentina, por su amistad con el entonces su Presidente, General Justo J. de Urquiza. Es decir fue el 1er. Nuncio Apostólico en los Países del Plata por muchos años.  El Sr. Ellis, en un capítulo de su mencionada obra dedicada a la biografía de Salvador Ximénez Rodríguez – 1812 Montevideo 1888-, lo describe como  persona acaudalada, de refinada cultura, que cultivaba con igual maestría la pintura, la escultura, miniaturista, numismático, músico, a mas escritor y diplomático. Conoció siendo niño de 12 años a los integrantes de la Misión Pontificia, y en especial al Conde Mastai Ferreti, en casa de su padre. En sus viajes a Roma, era recibido con afable familiaridad por S/S Pío Nono.

En su estadía en Roma en 1857, perfeccionando sus conocimientos en arte y cultura, ejecuta del natural una hermosa tela al óleo del Sumo Pontífice y una miniatura en marfil finamente tallada con el perfil del Papa, y en su mejilla se puede leer con lupa, el Padre Nuestro en latín.  Ambas obras fueron donadas años más tarde, al tesoro de la Catedral, y adornan su Sacristía, por su viuda, Dolores Gutiérrez Mujica de Ximénez, hija del Dr. Juan Gutiérrez Moreno, médico de la Cuna entre 1819 a 1850, considerado con razón nuestro primer pediatra. Ximénez, ejecutó en Italia en 1857, por encargue del tercer Vicario, Padre Juan Benito Lamas, la actual y bella pila bautismal en mármol de Carrara, para suplantar la histórica pila de tosca piedra de su fundación, en que se bautizó a José Artigas en 1764. Estos datos constan en la descripción de la Catedral de Montevideo por Monseñor Luis Ramón de Santiago, en su interesante libro, “La Catedral de Montevideo”. (Cura Párroco.)

La estadía de la Misión en Montevideo, si bien grata y rica en agasajos, no fue propicia al ocio, porque sus integrantes, siguieron cumpliendo sus delicadas tareas específicas. Monseñor Muzi, a mas de oficiar misas a diario y miles de confirmaciones, hizo de nuestra ciudad, según Furlong Cardiff, un centro religioso para sus tareas diplomáticas, enviando numerosa correspondencia a Santiago de Chile, a las provincias argentinas, especialmente  Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé y con el Libertador Simón Bolívar, que le solicitaba el nombramiento de Obispo para Mérida (Colombia). Enriqueció el tesoro de la Catedral, con un fino relicario de plata labrado, con tapa de cristal de cuarzo, conteniendo reliquias de los Santos San Felipe y Santiago, Protectores de la ciudad y obsequio de su Santidad Pío VII.

El Padre Sallusti, prosigue su incansable tarea de cronista, anotaciones sobre la ciudad y sus alrededores, curiosidades, usos y costumbres de sus habitantes, sin dejar pasar por alto la belleza, elegancia y cultura de sus mujeres, que tocaban piano y guitarra, cantaban y participaban en las conversaciones de los hombres con desenvoltura. Perspicaz, compara puerto y bahía de Montevideo, al Gibraltar del Plata y Atlántico Sur.

Juan Mastai Ferreti, canónigo joven, culto, elegante, reservado conde romano, rara avis en aquella sociedad portuaria, multirracial e igualitaria, centro de todas las miradas y atenciones.

Me referiré en especial, a algunos testimonios interesantes de sus actividades, recogidos por  autores de confianza.-

1º. Miguel Ángel Jáureguy, en libro dedicado a la “Historia  del Hospital de Caridad de Montevideo,.1778 a 1825” Imprenta Rosgal. 1952. menciona entre los integrantes de Honor admitidos a la Comisión de Caridad y San José, encargada de la administración de nuestro hospital civil, hoy Hospital Maciel desde 1910, como Miembros Extranjeros a Monseñor Juan Muzi y el Canónigo Juan María Mastay Ferreti. En la Sala de Sesiones y en solemne ceremonia, son investidos con la tradicional banda encarnada, terciada sobre el hombro derecho, adornada con los símbolos teologales de la Caridad y la Fé. Corazón llameante y cruz, respectivamente. Recorren el ya viejo  e inadecuado edificio de 1788, que encuentran con sus salas pulcras y los enfermos bien atendidos. Mas tarde ofician misa pública en la hermosa y pequeña capilla del Hospital, frente al Altar Mayor con la imagen del Santo Patrono de la Hermandad de San José. Recordemos que las actuales y beneméritas Hermanas del Huerto, tan consustanciadas con la vida del Hospital, aún no cumplían su humanitaria tarea. Es recién el año 1856 que llegan las 6 primeras de un convento de Milán, merced a las gestiones de nuestro Nuncio, Salvador Ximénez Rodríguez y Juan Ramón Gómez, Presidente de la Comisión de Caridad, realizadas ante su S.S. Pío Nono. Es un logro a destacar del cariño que guarda tal distinción.

El nombre de Monseñor Muzi, figura inscripto entre los socios Benefactores del Hospital de Caridad con fecha 1825, en la hermosa y gran placa de mármol que engalana el amplio y sobrio vestíbulo del actual Hospital Maciel. Refiere Jaureguy, que dichos datos los extrajo de la Memoria del Dr. Luis Alberto Piñeyro del Campo, año de 1905, sobre la actividad de la Comisión de Caridad y sus establecimientos, que a su vez los transcribe de las prolijas actas de la Comisión de Caridad. Febrero de 1825, firmadas por su leal secretario D. Joaquín de la Sagra y Pérez. Masón y fervoroso católico, a cuya iniciativa y tenacidad, debemos el hermoso e histórico edificio actual, que a partir de Abril de 1825, comienza a construirse con planos y dirección de José Toribio. 

HOSPITAL DE CARIDAD (Juan Besnes e Irigoyen, 1825) 

2º. Isidoro de María, en su clásica y extensa obra, “Montevideo Antiguo” Tomo II in fini, nos refiere una curiosa anécdota, sobre un percance que le acaeció a Mastai Ferreti al cruzar el barroso paso del pequeño arroyo, llamado Quitacalzones, por sus súbitas crecidas, que obligaba a los viajeros a despojarse de sus pantalones. Dice Isidro, en sus jugosas memorias, que el pequeño birlocho en que viajaba el conde Mastai, se empantanó y debió salir, arremangando sotana y pantalones. Refería con fino humorismo, años más tarde a sus visitantes de Montevideo, que tal arroyo Quitacalzones, no le obligó a desprenderse de lo suyo. Los distinguidos visitantes se dirigían a una fiesta campestre que el rico vecino Francisco Joanicó, les ofreció en su casa quinta sobre el Miguelete. Sallusti, anota que la residencia del “Signore Joanicó”, era comparable a las más bellas villas de recreo de los alrededores de Roma. Aunque tienen ocasión de conocer la quinta del Padre Larrañaga, vecina y  más modesta, allí los visitantes se admiran de su cuidado huerto y frutales, de su rico y bien clasificado herbolario de plantas nativas y el pequeño museo con fósiles de nuestras tierras pampeanas. Aun el fiel Presbítero de la Matriz, gozaba de buena visión, y Muzi, se maravilla de su sabiduría de naturalista, que mantenía con modesto recato correspondencia, con sabios de la talla mundial como Cuvier. Según datos que Fúrlong extrae de actas del Cabildo, (que transcribe a págs. 152) sus autoridades habían dirigido una expresiva carta con  fecha 17 de enero de 1825a Monseñor Muzi, para que elevase al P. Larrañaga, al cargo de Obispo de Montevideo, que dependía por entonces de la Diócesis de Buenos Aires.  Con elegancia y pesar, la contestación es que, aunque la entiende justa, no está dentro de sus instrucciones, pero que la elevará con agrado a su Santidad, el ya Papa León XII. Han de transcurrir mas de 50 años para que tan ansiada pretensión se concrete, el 17 de diciembre de 1878, con nuestra patria ya independiente desde 1830. Nuestro 1er. Obispo Metropolitano, fue el Párroco de la Matriz, P. Jacinto Vera, durante el gobierno del Cnel. Lorenzo Latorre.

3º. He de mencionar una nota periodística publicada en el periódico El Pueblo de la ciudad de Santa Lucía, de fecha 17 de marzo de 1999, con la firma del Sr. José (Pepe) Monzeglio, memorioso cronista de personajes y acaecidos en esta histórica población fundada por el Virrey Vértiz en 1782. Lo adjunto como un raro aporte  a la estadía de Mastai Ferreti en nuestro país, que no encuentro citado en otras fuentes. Su título “Un futuro Papa en Santa Lucía” para referirse a una corta estadía de 8 a 10 días del canónigo Mastai Ferreti, en una casa quinta de descanso  de una familia amiga, en San Juan Bautista –hoy ciudad de Santa Lucía-, a los efectos de reponerse del cansancio producido por el continuo ajetreo religioso y social, de su grata estadía en Montevideo. Ubica con precisión la gran propiedad, en el actual Bulevar José Batlle y Ordóñez, entre las calles Rocha e Ituzaingó, muy próximas a la ribera del río, con sus frescos sauzales y tupido monte criollo. En ese delicioso microclima, que ya por entonces, desplazaba las ricas familias desde el Miguelete, el P. Mastai, ya repuesto, retorna para su embarque a Europa, donde le espera una brillante carrera eclesiástica.

He consultado a las autoridades del Instituto Histórico de Santa Lucía y me informan que de acuerdo a un viejo plano de la época de la dominación portuguesa, correspondería a la quinta de la familia Bauzá.  He consultado a nuestro Académico Prof. Dr. Carlos Bauza Araújo, quien muy atte, me informa que dicha propiedad nunca estuvo en su familia, pero podría ser de los antepasados del Dr. Francisco Bauzá, (político, Ministro, diplomático y destacado escritor de nuestro pasado, su obra mas conocida “Historia de la Dominación Española en Uruguay” Colección Clásicos Uruguayos 1972). Familia de renombre, muy vinculados a la Iglesia. Punto a seguir investigando.

Probablemente el Sr. Monzeglio dueño por mas de 50 años del conocido Hotel Biltmore de Santa Lucía, obtuvo ese dato de la familia de los hermanos ingleses Ellis, Don Roberto y Don Jorge. Ambos descansaban largas temporadas de veraneo en el hotel siendo casados con damas de esa localidad. El Sr. Roberto Ellis reconocido escritor sobre personajes de nuestro pasado, estaba emparentado con la familia Ximénez. De cualquier modo para nosotros los santalucenses es un hecho relevante, que un futuro Papa de la iglesia católica, nada menos que Pío IX haya hecho una cura al buen aire junto a nuestro querido río Santa Lucía. Y si esta histórica casa de la flia. Ximénez le sirvió de residencia cuando cumplía sus funciones en Montevideo, (especie de palacio vaticano) su estadía en San Juan Bautista se nos representa el Castel Gandolfo es decir la residencia veraniega de descanso de los Papas, dos felices coincidencias a destacar. 

RETORNO DE LA MISION MUZI A EUROPA

La misión Muzi emprende su viaje de retorno a Italia el 18 de febrero de 1825, arribando a Roma 2 meses mas tarde. Si bien diplomáticamente no alcanzó a cumplir con sus propósitos si lo logró desde el punto de vista religioso, demostrando a los fieles católicos americanos que el Santo Padre no los tenía olvidados en medio de la vorágine ideológica, política y social que los envolvía al impulso de los nuevos ideales de libertad e independencia absoluta ya hecho carne en ellos para siempre. 

      

Arzobispo de Imola                          Papa Pío IX 

Al canónigo Mastai Ferreti le aguardaba en Roma un exitoso camino, Obispo de Spolleto en 1827, Arzobispo de Imola en 1839, Cardenal en 1841 y culminó como Papa Pío IX en el cónclave cardenalicio del 17 de junio de 1846, ocupando la silla de San Pedro hasta su fallecimiento el 2 de febrero de 1878. Hasta la fecha (32 años) el mas prolongado Papado de la historia de la Iglesia romana. Del mismo no me corresponde ocuparme en estos momentos aunque sus historiadores coinciden en que Póntifice alguno ni antes ni después haya realizado tan portentoso viaje al Plata y Chile en aquellos años de lentas y peligrosas navegaciones a velas.

Viaje que le enriqueció sabiduría y experiencia con copioso anecdotario, que gustaba referir cuando acogía gustoso a sus visitantes montevideanos, entre ellas las picaduras de las vinchucas en las sierras de San Luis, las arriesgadas maniobras con las velas en la tormenta del Cabo San Antonio y con fino humor, el pasaje por el arroyo Sacacalzones en Montevideo, arroyuelo insignificante –hoy entubado- al cual inmortalizó.

Sí recordemos que en esta histórica residencia documento arquitectónico de nuestro pasado le correspondió el honor de ser su residencia privada durante casi 3 meses en el verano de 1824 – 1825. Honor que estimo ninguna otra puede portentar en forma similar. Ese es el principal motivo a destacar en esta exposición. 

COLOFON:

COMO SE RECUERDA AL PAPA PIO IX

La institución más significativa es el actual Colegio Pío de Villa Colón fundado en 1877 en terreno y edificios donados por la Sociedad de Ambrosio Lezica, Anacarsis Lanús y Enrique Fynn, dueños de la primera empresa de aguas corrientes, fundadores de dicho Barrio Jardín de carácter residencial a 10 kilómetros del viejo centro de la ciudad de Montevideo.

El gobierno del Coronel Lorenzo Latorre gestionó ante el Papa Pío IX la llegada de los Padres Salesianos de Turín, orden fundada por Don Bosco pocos años antes, para dirigir esta hoy centenaria institución de enseñanza para jóvenes. Abrió sus puertas el día 2 de febrero de 1877 día de La Candelaria bajo la dirección del  Padre Luis Lasagna. En él se instaló por el Padre Luis Morandi el primer Observatorio Meteorológico y Astronómico del Uruguay, con un moderno equipamiento inaugurado el 7  de mayo de 1891, al cual se le confió por primera vez fijar la hora oficial que rige nuestro país.

Recordemos que años mas tarde -1897- sobre el gran arco de triunfo de mármol que da entrada al patio de honor del Colegio Pío y el templo, coronando su parte superior se erigió la estatua de Cristobal Colón, de majestuosas proporciones, importada de Italia, obra del escultor Antonio Bozzano, con sus 12 metros de altura y 30 toneladas de peso. Homenaje de la comunidad salesiana al Papa Pío Nono que fue su inspirador y protector a su admirado Almirante el gran navegante genovés Cristóbal Colón. 

 

 

  

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