Historia y Arqueología Marítima

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Por  ENRIQUE BURBAQUIS   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2010

RESUMEN

            Thomas Alexander Cochrane fue un personaje controvertido e  interesante, héroe y villano, protagonista y antagonista, más recordado en ultramar que en su propia tierra.  Hombre de acción polifacético, fue marino militar, político, inventor y especulador financiero.  Aristócrata pero liberal. Exigente y disciplinado para sus subordinados, pero difícil subalterno para sus superiores.  De trato social gentil y reservado, pero agresivo en política y violento cuando veía sus intereses perjudicados.             Fueron muchos los extranjeros que participaron en las guerras de la independencia de América, pero ninguno cosechó tantos éxitos como él.

  

NIÑEZ Y ADOLESCENCIA

            Hijo de Archibald Cochrane, 9º Conde de Dundonald, y de Anne Gilchrist, nació el 14 de diciembre de 1775, como el primero de cuatro hermanos, en Annsfield, Lanark, sobre la ribera del Clyde, Escocia.  Recibió el tratamiento de cortesía de “Lord Cochrane” en su calidad de presunto heredero al título nobiliario de su padre, como era práctica habitual en el Reino Unido.

            La pérdida de su madre en 1784 lo privó de la influencia materna a una temprana edad.  Su padre, muy preocupado por la difícil situación financiera de la familia y dedicado a tratar de superarla, confió la educación de sus hijos a una sucesión de tutores, que les brindaron escasa formación sistemática.  Solo asistió a un curso de seis meses en una escuela militar privada, en Kensigton, Londres, dirigida por un francés, M. Chauvet, en 1778.  Sin embargo, demostró aptitud natural y entusiasmo por aprender.

            La combinación de capacidad intelectual y rápida imaginación lo convertirían en un formidable enemigo en la guerra y en la política.  La actividad de su padre, un inventor tan fecundo como poco exitoso en los negocios, le trasmitió el entusiasmo por la aplicación práctica de la ciencia.  Su afición por la Historia fue producto de las narraciones de las andanzas de sus ancestros.

             Los 18 años era un joven alto (1,85 de estatura), cabello castaño rojizo, ojos azules, esbelto y de buena presencia.  El único atributo negativo de sus facciones era su nariz prominente, rasgo que se acentuaría con el paso de los años. 

CARRERA NAVAL Y POLITICA

            Su ingreso a la Armada Real, en calidad de Aspirante a Oficial (Midshipman) y en contra de los deseos de su padre (que quería que su hijo siguiera una carrera militar y para ello le procuró un empleo de Subteniente en el Regimiento 104º de Infantería) fue facilitada por la previsora actitud de su tío Alexander Cochrane, por entonces Capitán de Navío (luego Almirante) quien lo enroló en los varios barcos que tuvo a su mando, asegurando así que si su sobrino eligiera la carrera naval, su antigüedad datara de la fecha del primer enrolamiento.

            En junio de 1793 Thomas Cochrane se embarcó en la fragata HMS Hind, comandada por su tío.  Nuevamente le sonrió la fortuna, pues el Primer Oficial era el Teniente Jack Lamour, quien iniciara su carrera como grumete y llegara a Oficial pasando por todos los grados del personal subalterno.  Él le enseñó todos los aspectos de la profesión marinera que no están en los libros.  De Lamour conoció desde la sentina a la cofa, y el empleo y funcionamiento de todos los equipos de un buque de la época.  Ese conocimiento completo y meticuloso lo distinguió de la mayoría de sus colegas y le resultó invalorable a lo largo de toda su carrera naval.

            Si bien la guerra con Francia se había declarado en febrero de 1793, Cochrane pasó los primeros cinco años de su servicio naval lejos de las acciones bélicas, en el Mar del Norte y en el Atlántico contra la costa americana.  Fue ascendido a Teniente Interino en 1975 y un año después aprobó el examen para Teniente y confirmado en el grado.

ALM. JOHN JERVIS VIZCONDE ST. VINCENT

            En 1798 regresó a Inglaterra y fue destinado a la Escuadra del Mediterráneo.  En ese destino tuvo variadas experiencias: su primera corte marcial por retar a duelo a su Primer Teniente (de la que resultó absuelto pero amonestado), conoció a Nelson, recibió su bautismo de fuego y su primer comando, conducir de Sicilia a Menorca un navío de guerra francés de 74 cañones, el Genereux, capturado en la batalla del Nilo.  A raíz de su desempeño en esta misión, recibió el mando de una corbeta pequeña, más bien un bergantín costero, la HMS Speedy, de 158 toneladas y artillada con 14 cañones de 4 libras.

            En mayo de 1800 comenzaron sus proezas, y en los siguientes catorce meses capturó más de cincuenta barcos, 122 cañones y 535 prisioneros.  Su hazaña más notoria, en mayo de 1801, es la captura de la fragata española Gamo, de 600 toneladas, 32 cañones y 319 tripulantes, contando con solo 54 hombres. Fue ascendido a Capitán de Navío el 8 de agosto de 1801.  Posteriormente, se batió contra tres navíos de línea franceses y fue forzado a capitular.  Fue luego liberado en un intercambio de prisioneros, regresando a Inglaterra.

            La Paz de Amiens lo dejó en tierra y sin empleo por dos años, que empleó para radicarse en Edimburgo y estudiar filosofía.  A la reanudación de hostilidades, mayo de 1803, Cochrane volvió al servicio activo.  Habiéndose ganado la enemistad del Vizconde de St. Vincent, Almirante y comandante de la escuadra del Mediterráneo, fue relegado a comandar un buque de abastecimiento, el HMS Arab, del 5 de octubre de 1803 al 1 de diciembre de 1804.  Afortunadamente para él, St. Vincent recibió un nuevo destino, el comando de la flota del Canal de la Mancha, y su sucesor, Lord Keith, lo nombró comandante de la fragata HMS Pallas, de 667 toneladas y 32 cañones.

LORD KEITH

            El 21 de enero de 1805 zarpó rumbo a las Azores y comenzó una serie de capturas de buenas presas y acciones exitosas contra barcos franceses.  Posteriormente operó frente a las costas galas del Golfo de Vizcaya.  Al mando de la Pallas atacó y destruyó la fragata Minerva, de 44 cañones, capturó una corbeta de 16 cañones y destruyó otras tres que en conjunto montaban 72 cañones, además de capturar numerosos mercantes.  Fue tan grande su éxito que su buque comenzó a ser llamado Golden Pallas, por la cantidad de oro que recibió la tripulación por el pago de las presas.  Un marinero raso ganó más dinero que cualquier oficial subalterno de la Armada Real.

            Paralelamente al servicio naval, Lord Cochrane desarrolló una carrera política, lo que fue un gran error.  En 1805 se postuló como candidato a la Cámara de los Comunes por el Distrito de Honiton, por el Partido Whig (Liberal), siendo derrotado.  Se postuló nuevamente en 1806, y resultó electo, incorporándose al ala radical del partido.  Al año siguiente, 1807, fue elegido por el Distrito de Westminster, y reelecto reiteradamente hasta 1818.

            Como miembro del Parlamento fue un crítico infatigable pero infructuoso de los peculados, abusos e irregularidades existentes en la Armada Real, lo que causó furia, irritación y sobresalto en el Almirantazgo, y el resentimiento contra Cochrane no solo de los Lores sino también de los funcionarios administrativos. 

            No hay dudas que el propio Cochrane fue su peor enemigo.  No tenía igual como hombre de acción, pero le faltaba tacto y diplomacia.  No era extraño que Oficiales en servicio activo ingresaran al Parlamento, pero Cochrane carecía de las cualidades necesarias para tener éxito en el sistema político británico de esa época.  Su apasionada defensa de las causas nobles pero impopulares entre la clase dirigente, su carencia de sutileza, su impaciencia por lograr resultados, combinados con ataques personales y el uso de lenguaje inmoderado, resultaron ser una combinación desastrosa.

ALMIRANTE GAMBIER

            Precisamente para alejarlo del Parlamento, en 1807 fue nombrado al mando de la fragata HMS Imperieuse, de 1.046 toneladas y 38 cañones (ex Medea española, capturada en 1804), con una dotación de 300 hombres que incluía 35 Infantes de Marina.  Operó en el Mediterráneo con gran éxito, capturando barcos y hostigando al enemigo con golpes de mano, sembrando alarma en las costas.  En la segunda mitad de 1808, y ya teniendo a los españoles como aliados, operó en la Costa Brava y en la ribera francesa.  Se destacó en la defensa del Fuerte Trinidad, en Rosas, en la destrucción de baterías costeras galas, y en la captura del Fuerte Montgat.  Esa experiencia en incursiones en tierra, golpes de mano y operaciones conjuntas le será de gran utilidad en América del Sur.Cuadro de texto: ALMIRANTE GAMBIER

            En enero de 1809 recibió órdenes de regresar a Inglaterra.  A su arribo en marzo a Plymouth, el Almirantazgo le ordenó preparar un plan de ataque a la flota francesa bloqueada en Aix.  Su plan fue aprobado y recibió la orden de ejecutarlo.  Cochrane indicó que el comandante de la escuadra bloqueadora, Almirante Gambier, que es contraria al uso de brulotes, objetaría su plan puesto que en esa escuadra había Contralmirantes y Capitanes más antiguos que él, lo que le ocasionaría problemas de futuro (como efectivamente ocurrió).

            Con sus objeciones rechazadas, entre el 11 y el 13 de abril Cochrane comandó personalmente un ataque nocturno utilizando brulotes (11 incendiarios y 3 explosivos) y cohetes Congreve sobre los 11 navíos, 4 fragatas y numerosos buques menores franceses.  La sorpresa técnica y táctica produjo caos, estupor y pánico entre los galos, quienes perdieron la mitad de su flota sin pérdidas para los ingleses.  El Almirante Gambier no acudió a apoyar a Cochrane, pese a los reiterados pedidos, y así solo se logró una victoria parcial, cuando el triunfo total era viable. 

 

            Por su heroísmo en esta acción, conocida como “la Batalla de las Rutas Vascas”, Jorge III lo designó Caballero Comandante de la Orden del Baño, la condecoración más importante concedida por entonces por actos de valor.  Cochrane, furioso por la falta de apoyo de Gambier, desencadenó una serie de denuncias en el Parlamento, que culminaron en su voto negativo a la moción de agradecimiento al Almirante por la victoria en las Rutas Vascas.  Naturalmente, esto fue muy mal recibido por el Almirantazgo y por el Gobierno. 

Después de su enemistad con St. Vincent, este fue el segundo error garrafal en la carrera naval de Cochrane, que culminó en una solicitud de corte marcial por parte de Gambier, en la cual fue absuelto.  Sin embargo, este desenlace fue fatal para Cochrane, la carrera naval quedó virtualmente terminada.

En 1812 contrajo enlace con Katherine Barnes, una joven de la mitad de su edad, que fue su leal compañera y le dio cinco hijos.  Ese mismo año Inglaterra, aún en guerra con Francia, entró también en guerra con Estados Unidos de América.  El Almirante Alexander Cochrane fue nombrado comandante de la escuadra de operaciones contra los estadounidenses, y le pidió a su sobrino que lo acompañara como capitán del buque insignia, el navío HMS Tonnant.

LADY COCHRANE

Antes de hacerse a la mar, Cochrane fue injustamente involucrado en un escandaloso fraude financiero de la Bolsa de Londres, sometido a juicio, condenado a multa, prisión y a la picota pública, aunque esta última pena no fue implementada.  Fue dado de baja de la Armada Real, expulsado del Parlamento, y el Príncipe Regente le retiró la Orden del Baño.  Sin embargo, al finalizar la condena sus electores lo reeligieron para el Parlamento.  El 2 de julio de 1818 Cochrane habló por última vez en la Cámara de los Comunes.

SERVICIOS EN CHILE Y PERU

            A través de José Antonio Álvarez de Condarco, Agente de Chile en Londres, le fue ofrecido el mando de la escuadra chilena, que Cochrane aceptó, embarcándose para Valparaíso y arribando el 28 de noviembre de 1818.

            El 23 de diciembre asumió el comando de la escuadra con el grado de Vicealmirante de la República de Chile, compuesta de un navío, dos fragatas, una corbeta y tres bergantines, con 234 cañones y tripulado por 1.227 hombres, de los cuales 147 eran extranjeros y 1.080 chilenos.

            A las pocas semanas asumió la iniciativa táctica y zarpó hacia Perú, para reconocer la zona de operaciones, evaluar el poderío enemigo y el estado de sus defensas, y desafiar la flota adversaria.  Los buques españoles eludieron la confrontación y se refugiaron al amparo de las fortificaciones de Callao, cediéndole el control del mar.

        Capturó la isla San Lorenzo, liberando a los independistas allí detenidos.  Luego regresó a Valparaíso para preparar una segunda expedición a Callao, la que zarpa en setiembre de 1819 con la intención de atacar los buques del enemigo con cohetes Congreve fabricados localmente.  El ataque falló porque los cohetes resultaron defectuosos, fuera por errores de diseño o en su fabricación, porque éste se confió a prisioneros realistas que los sabotearon.  También se dirigió a Guayaquil en busca de la fragata Prueba, pero ésta se había refugiado río arriba, en aguas poco profundas y al amparo de las baterías de tierra.  Pese a ello, se capturaron las fragatas Águila y Begoña.

ALVAREZ CONDARCO

            Ante su falta de éxito, a fines de 1819 Cochrane regresó a Chile y en la fragata O’Higgins se dirigió a Valdivia, donde logró engañar a los realistas, capturar un pequeño buque español obteniendo de él cartas náuticas y sondajes de esas difíciles aguas.  Valdivia era entonces la principal base española en el sur del continente.

Finalizado el reconocimiento, regresó a Talcahuano donde el General Ramón Freire le facilitó 250 soldados.  Con ese refuerzo, el 3 de febrero de 1820 arribó a Corral y lideró personalmente el ataque de 300 soldados y marineros chilenos.  La sorpresa fue total, conquistando uno a uno los fuertes españoles.  Los combates fueron principalmente nocturnos, sobre una guarnición realista de 1.800 hombres.  Luego, Cochrane atacó la isla Chiloé, último reducto naval de España en Chile, pero no logró conquistarlo.

La noticia de la caída de Valdivia tuvo importantes consecuencias estratégicas y políticas, y luego de esa victoria los Bancos ingleses le concedieron a Chile un empréstito de un millón de libras esterlinas.

A su regreso a Valparaíso, Cochrane fue recibido como un héroe por la población, pero el Ministro de Marina, José Ignacio Zenteno (lautarino) le recriminó que la toma de Valdivia había sido el acto de un loco, que había faltado a las órdenes impartidas, que merecía haber perdido la vida en el intento, y que aún triunfante merecía ser ejecutado por haber expuesto las fuerzas patriotas a semejante riesgo.  El resto de la expedición continuó hacia el Norte, pasando a la vista de Callao en 29 de octubre.

Cuadro de texto: A comienzos de noviembre, el resto de las tropas desembarcó en Huacho, al Norte de Lima.  Cochrane regresó para bloquear Callao.  Ese puerto estaba fuertemente defendido y se lo consideraba inexpugnable a todo ataque, pues sus defensas montaban 300 cañones, mientras que otros tantos portaban los buques surtos en la bahía.  Contaba además con una barrera de pontones enlazados por cadenas y calabrotes que la cerraban totalmente, y que era patrullada por embarcaciones menores con marinos y soldados.  Igualmente, decidió dar un golpe de mano sobre la flota realista.

En la noche del 5 al 6 de noviembre condujo personalmente una expedición sorpresiva en 14 botes a remo con 160 marineros y 80 infantes, que tomó por asalto la fragata Esmeralda, de 900 toneladas, con una dotación de 300 hombres y 44 cañones, la nave más poderosa de la flota española en el Pacífico.  Durante la captura, Cochrane fue herido dos veces, la segunda de gravedad, pero con esta acción ratifica el control del mar por la escuadra chilena.

 

VICEALMIRANTE  THOMAS COCHRANE

COCHRANE Y SAN MARTIN

En las relaciones entre ambos héroes se distinguen dos etapas.  La primera, caracterizada por una amistosa convivencia, se extiende desde la llegada de Cochrane a Valparaíso hasta la ocupación de Lima, hecho que marca el inicio de la segunda, caracterizada por la desinteligencia y el desacuerdo entre ambos.

Un primer factor de conflicto fue la divergente consideración del grado de participación que le cupo al ejército y a la escuadra en el logro de la independencia de Perú, y la asignación de honores y recompensas.

Un segundo punto de quiebre correspondió al aprovisionamiento y la reparación de las naves de la escuadra, y al pago de sueldos de oficiales y marinería.  La creación de la escuadra había ocasionado ingentes erogaciones al erario chileno y se había entendido que los costos de mantenimiento, los sueldos y los premios por la captura de embarcaciones enemigas correría por cuenta de la caja de Lima, una vez conquistada por las fuerzas independistas.  Ante la falta de pago y la aparición de síntomas de amotinamiento, Cochrane se apodera de los fondos depositados por San Martín en dos embarcaciones surtas en Ancón, aplicando esos fondos a gastos y sueldos, no reteniendo para sí ningún dinero.

Además de estas cuestiones militares, es posible advertir un elemento político en las desavenencias entre ambos líderes.  En primer lugar, el Almirante se mostró muy crítico ante el hecho que San Martín asumiera el poder político como Protector de Perú.  Cochrane señaló que tanto la Expedición Libertadora como la Escuadra habían sido financiadas por Chile, y que el General San Martín la comandaba por designación del gobierno chileno, pero no había recibido instrucciones que dirigieran su accionar político una vez conquistado Perú.  El Senado chileno intentó formularlas, pero intervino O’Higgins y la iniciativa no prosperó, quizá para evitar que San Martín se sintiese ofendido y les resultaran inaceptables.

Un último punto de conflicto, asociado a los anteriores y que Cochrane cuestionó duramente, fue el intento de San Martín de apropiarse de parte de la escuadra chilena para formar una fuerza naval peruana.  Este punto, según su criterio,  explicaba el no pago de las sumas adeudadas a oficiales y marineros y que simultáneamente se les ofreciera recompensarlos si se integraban a la proyectada marina peruana.  El primer comandante de la Marina de Perú fue Martín Jorge Guise, ex oficial de la Armada Real  Británica, con quien Cochrane tuvo problemas desde que fue designado comandante de la escuadra. 

BRASIL Y GRECIA

Cochrane regresó a Valparaíso para retirarse del servicio a Chile.  Aceptó entonces una propuesta de Brasil, que habiendo proclamado su independencia estaba en guerra con Portugal.  El Emperador Pedro I le confió el mando de la flota, y entre 1821 y 1825 tomó parte de las luchas por la independencia, atacando a la flota portuguesa y apresando o destruyendo a gran parte de ella, destacándose en la liberación de Bahía, Maranhâo y Para, y combatió en Pernambuco en 1824, por lo que el Emperador lo recompensa otorgándole el título de Marqués de Maranhâo.

También se ocupó de la construcción naval y de la organización de la Armada, abarcando desde el adiestramiento de la marinería, la navegación de cabotaje, las Ordenanzas y Reglamentos, y la ubicación de bases y arsenales.

Entre 1827 y 1828 intervino en la guerra de independencia de Grecia, intervención que se transformó rápidamente en fuente de desilusión y frustraciones. 

RETORNO A GRAN BRETAÑA

En 1830 regresó a Inglaterra para dedicarse a restaurar su nombre y su posición.  En julio de 1831 murió su padre y así se convirtió en el 10º Conde de Dundonald.  Fue reincorporado al escalafón activo de la Armada Real en mayo de 1832 con el grado de Contralmirante.  En 1835 Guillermo IV le otorga el permiso para utilizar la Orden del Salvador de Grecia, y dos años después para la Orden del Cruceiro do Sul otorgada por el Emperador de Brasil.  En 1847 se le reincorporó la Orden de Caballero del Baño.

10º CONDE DE DUNDONALD

Ascendido a Vicealmirante en 1841, volvió al servicio activo a los 73 años, en 1848, al ser designado Comandante de la Estación América del Norte e Indias Occidentales, puesto al que renuncia tres años después, ya con 76 años, para regresar a su casa a dedicarse a sus invenciones y a reclamar haberes y premios impagos.

Entre sus invenciones y armas secretas se destacan: lámpara para guía de convoyes, lámpara de aceite para iluminación de calles, pavimentación mediante bitumen, utilización de aire comprimido para perforar túneles, barco a vapor impulsado por paletas retráctiles, uso de la hélice para la propulsión de buques, mejoras a la caldera de vapor, máquina a vapor rotatoria, mortero temporario, y guerra química.

En 1855 fue ascendido a Almirante de Flota y también recibió el título honorífico de Contralmirante de la Gran Bretaña.  Dos años después, fue reincorporado a la Armada de Chile, encabezando el escalafón de oficiales hasta su muerte.

Lord Thomas Alexander Cochrane falleció en Londres el 31 de octubre de 1860.  Fue sepultado en el medio de la nave central de la Abadía de Westminster.  El blasón de su familia está grabado encima de su lápida y en las cuatro esquinas están grabados los escudos de Brasil, Chile, Grecia y Perú.  El epitafio consigna: 

Aquí yace en su octogésimo quinto año

Thomas Cochrane

Décimo Conde de Dundonald

Barón Cochrane de Dundonald,

De Paisley y de Ochiltree

En la nobleza de Escocia.

Marqués de Maranhâo en el Imperio de Brasil

G.C.B.   y Almirante de la Flota

Quien por la confianza que su genio, su ciencia y extraordinaria intrepidez inspiraron por sus heroicas hazañas por la causa de la libertad y sus espléndidos servicios tanto a su propia patria como a Grecia, Brasil, Chile y Perú, adquirió un nombre ilustre en todo el mundo por su valor, patriotismo y caballerosidad. 

 ALMIRANTE DE FLOTA THOMAS COCHRANE

CONCLUYENDO

            En una época que presenció el auge y la caída de la Revolución Francesa y del Imperio, y el surgimiento del Movimiento Romántico en poesía, pintura y literatura, Cochrane fue el epítome del héroe romántico.  Su vida tiene una cualidad épica y fue marcada por una sucesión de éxitos y fracasos.  Sus destacados triunfos fueron frecuentemente seguidos de desilusiones y recriminaciones.  Como muchos héroes tuvo una carácter imperfecto, con un temperamento que lo condujo a conflictos y disputas.  Se enemistó con personas que deberían haber sido sus amigos y aliados.  Frecuentemente estuvo fuera de contexto con su época, y careció de la perspicacia y humildad para darse cuenta de ello y adaptarse a las circunstancias.

            Su defecto más dañino fue su afán de lucro y su infatigable determinación de hacer fortuna.  La mayoría de los oficiales navales estaban motivados por el atractivo del dinero de las presas, la recompensa por la captura y la venta de un buque enemigo, mercante o de guerra.  Pero en Cochrane esto se convirtió en obsesión.

            Su obituario en el diario londinense “The Times” es elocuente testimonio del sentir de una época:

“Uno de los personajes de la pasada generación ha partido.  Luego de llegar a una edad más allá de la ordinaria; luego de sobrevivir la envidia, la difamación y la malicia; luego de sufrir mucho, hacer más, y triunfante al fin, Lord Dundonald ha cerrado en paz y honor los días de su memorable vida.

La historia puede ofrecer pocos ejemplos de un hombre autor de tantas proezas.  Ha habido héroes más grandes, porque ha habido héroes con mayores oportunidades, pero ningún marino o soldado de los tiempos modernos desplegó una capacidad más extraordinaria de quien ahora yace muerto.  No solo nunca conoció el miedo, sino que nunca conoció la perplejidad, y siempre se mostró dueño de las circunstancias en las que tuvo que actuar.”

            Sin embargo, no existe un monumento a Cochrane en Gran Bretaña, apenas un busto en su pueblo natal.  Sí los hay en Valparaíso y en Bahía, y las guardias de honor que hoy día rinden homenaje a su tumba son brasileñas y chilenas.  Es en Chile donde es más recordado, admirado y honrado.

En ese sentido, la fama, la gloria y la fortuna que Thomas Alexander Cochrane Alcanzó fueron la merecida recompensa para un hombre que sirvió lealmente a su Dios, su Rey y su Patria, y que optó siempre por combatir por la causa de la libertad.

 

 

  

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