Historia y Arqueología Marítima

HOME “MERS EL KEBIR” 3 DE JULIO DE 1940 Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por ALEJANDRO NELSON BERTOCCHI MORAN   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009

 “ Marins, pour l´honneur et la grandeur des armes de France vous avez promis obéir a vos chefs en tout ce qui  ils vous ainet donné l´ordre. S´il existe aujuourd´hiu une tache sur un drapeau ce n´est certainment pas sur le notre .”  [1]

Almirante  Robert  Gensoul.

Julio de 1940

 RESUMEN

El 22 de Junio de 1940 se firmaba en Rethondes el Convenio de Armisticio Franco – Alemán dando termino a la denominada “Batalla de Francia”. En este documento se estipulaba la división del territorio francés en dos sectores: uno ocupado por las fuerzas alemanas para seguir la lucha contra la Gran Bretaña- donde regían las leyes civiles francesas- y el restante bajo el gobierno del Mariscal Philip Petain con capital en Vichy, sucesor de la Tercera Republica Francesa cuya administración había cesado el día 20 anterior. Se declaraba a Francia “potencia dominante” dejando a salvo la totalidad de su imperio colonial y lo mas preciado: su flota que debía ser solo desmovilizada en un 50%. Solo Alsacia y Lorena, como en el 70, pasaban a dominio germano.

Sir Winston Churchill, ya Primer Ministro del Gobierno de SMB, decidido a hacerse de la marina de guerra de sus ex aliados, en razón del temor de que la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista lograran tomar en algún momento control de la flota gala, tomo un rumbo de confrontación con Vichy que bien estuvo a punto de forzar a Petain a declarar la guerra a la Gran Bretaña, situación que hubiera conducido al conflicto a un camino sin retorno para Europa.

De tal manera se suceden los hechos del 3 de Julio cuando la Royal Navy procede a exigir, en un imprevisto acto de fuerza, que la Escuadra Francesa del Atlántico (que se hallaba casi indefensa a razón de la desmovilización ya acordada),  surta en el puerto norteafricano de Mers El Kebir, se haga a la mar hacia las Antillas o que se una a la prosecución de las hostilidades contra el Eje desoyendo las ordenes del ministro de marina, el almirante Francois Darlan. Así se desarrolla una tragedia en la que el almirante Robert Gensoul, comandante de dicha Escuadra, se ve obligado a tomar un sendero donde el honor de Francia deba ser salvado por sobre todo. A raíz de lo acaecido Gensoul debió pasar por dos juicios: uno por las autoridades de Vichy y el restante luego de la guerra por la Cuarta República.    

  LOS HECHOS

En la amanecida del 10 de mayo de 1940 las tropas alemanas transponían las fronteras de Bélgica y Francia, dando inicio a la denominada “marcha hacia el oeste”, campaña que se convertiría en uno de los mayores ejemplos que la historia  militar puede traer hasta nuestros tiempos, dado el éxito logrado por los germanos en apenas tres semanas y días de lucha, por el usufructo de una novel táctica que pareció irresistible por su rudo mecanicismo.  Su significado ulterior  supone asumir que a esas fechas la opinión pública mundial todavía aseguraba que el ejército francés, no solo era el mayor del mundo, firmemente  enclavado  tras su línea Maginot, sino que su poderosa “elan” lo hacía a todas luces invencible, cosa juzgada solo dos décadas atrás en los campos de Verdún y el Marne.

Empero, todo cayó muy  rápidamente en el marco de un estupor generalizado en todos los medios,  dada la espectacular derrota de los galos y su aliado británico, que a su vez hizo subir hasta el pináculo al vencedor teutónico.

Por ello todo este capítulo histórico esta signado por la súbita muerte de la III República Francesa, aquella institución orgullosamente nacida en los calientes días de la Comuna parisiense y sus barricadas- justamente cuando Alemania juraba su Reich en pleno palacio de Versalles- y que pese a todas estas dolorosas afrentas había logrado sobrevivir a difíciles momentos políticos como los acaecidos por el afamado affaire Dreyfus o el duro encontronazo de Fashoda. (1) Y por cierto asimismo a la formidable embestida de la  maquinaria militar de los ejércitos del Kaiser, cuyas huestes habían visto cercanamente la Torre Eiffel, en aquellas álgidas semanas de Agosto de 1914, cuando el general Von Kluck perdió la virada y con ello Joffre pudo imponer su victoriosa maniobra  en el Marne; no sin quizás  y a esta altura, la batalla campal mas importante del siglo XX, por sus históricas consecuencias a todo nivel. (2)

Sobre los tristes hechos acaecidos entre el 5 y el 22 de Junio de este año de 1940 en el bando aliado, con el aldabón de los últimos estertores de la resistencia francesa  ante la arremetida final de las fuerzas alemanas, mucho se ha escrito y en dichas obras sobresale el sentimiento de enorme frustración y dolor que sacudía a los dirigentes galos, enmarcados en una situación donde debían dejar a salvo el honor de Francia y lograr, asimismo, una solución política que conservara en custodia lo mejor de la nación, buscando un acuerdo potable con el vencedor.

            Es de nota sindicar que el alto mando francés barruntaba que la guerra se había perdido desde que el general Maurice Gamelin- comandante supremo aliado-  fuera cesado de su cargo el 19 de Mayo y que a esa altura de la batalla poco se podía hacer para enjugar la ostensible ventaja ya lograda por el enemigo, que había “embolsado” a la crema de los ejércitos franco británicos en los campos de Bélgica y el norte francés. La genial maniobra elucubrada por el genio del mariscal Manstein, el llamado “sichelschnitt”(3), había rendido sus frutos.

En este menester, los nerviosos acontecimientos siguientes mostraron un desarrollo terminal para la causa aliada, siguiendo una lógica fatal y es entonces que el gobierno francés debe dar los pasos necesarios para asumir su final.

Por ello la crítica histórica contemporánea se ensaña con la figura del premier  galo Paul Reynaud, y por supuesto, con su sucesor legal, nombrado por el presidente Lebrún, el octogenario mariscal Phillipe Petain, como si en tamaña circunstancia pudiera hallarse un cabeza de turco, cerrando un capítulo asaz difícil en una forma solamente elaborada, por tales analistas, en una explicación nihilista, totalizadora, tal cual gustan muchos historiadores. Asumimos que dichos juicios deberían caer sobre los veintiún años de calenturienta vida política que sostuvo Francia antes del desastre, señalando que desde la mitad de 1932 hasta el estallido de la guerra en 1939, hubo diecinueve gobiernos, siete ministros de RREE, ocho ministros de Guerra, ocho de Finanzas y once primeros ministros y ciertamente, lo mas claro: una doctrina de defensa anquilosada en las glorias del 14; totalmente anclada  en el pasado.

Y es claro que sobre esto último se explayen los historiadores militares pues las explicaciones son claras ante la táctica germana, sencilla al extremo combinando dos armas letales: avión y tanque. Aunque una asunción mas cabal nos haga caer en el terreno socio- político dadas las condicionantes que se vivían en aquellas décadas. 

Y en tamaño espacio no deben caber dudas: hubo traición del PCF a la III República pues tras el pacto nazi- soviético del 25 de Agosto de 1939 la colaboración de los comunistas galos con los planes alemanes fue muy señalada y a un nivel tal que el mismo presidente socialista Albert Lebrún los expulsó del Frente Popular apenas declarada la guerra contra Hitler. (4)  Y capítulo aparte corresponde al sabotaje que los medios franceses soportaron en su industria de guerra y su logística durante las caóticas semanas de lucha contra Alemania, situación cuya explanación nos llevaría a un terreno donde las anécdotas serían interminables. 

Pero lo cierto es que el armisticio franco alemán del 22 de Junio de 1940, firmado en el ex coche cama del mariscal Foch (5), fue un docwmento que no tuvo daño mayor para Francia, como muchos en aquellos momentos auguraban, y si significó una suerte de capitulación con condiciones, que aunque draconianas para el sector terrestre que ocuparían las fuerzas alemanas (6), no sindicaron una afrenta mayor para el vencido. Incluso, virtualmente, la rápida contestación afirmativa  alemana para detener las hostilidades había sorprendido a los franceses, justamente en el preciso momento en que el premier británico  Churchill buscaba fieramente que los galos siguieran en la brecha, hasta ofreciendo una unión política entre el Imperio Británico y Francia.

Así, el llamado Convenio de Armisticio franco alemán, mostraba al mundo que sus condiciones eran, en cierta forma, mucho mas liberales que las otrora  impuestas en 1918 a los germanos, en el discutido Tratado de Versalles confirmado en 1919, dejando claramente abierto un camino de probable futura colaboración, aunque esta se hallara muy distante y sujeta a circunstancias muy especiales. (7)

Punto clave del convenio signado en aquel gris vagón, señalaba que Francia podía conservar a salvo su flota, asegurando plenamente sus dominios de ultramar, cosa que inmediatamente trajo consigo la lógica inquietud británica, situación que en su faz política tuvo elementos de enorme y entreverada discusión, en una hora donde Alemania, dominando el teatro costero europeo desde el cabo Norte hasta la frontera franco  española,  conformaba un espacio de dominio que suponía gravísima amenaza a la integridad de las Islas Británicas. En realidad los franceses habían visto la salvación de su marina como una inopinada victoria, librándola de ser botín de guerra; una prenda codiciada tanto por alemanes o italianos, cuanto más por los británicos, posibles perdedores en el caso de que los buques galos pasaran, en alguna forma, al bando contrario.

Sobre este espacio se han tejido diversas lecturas, donde sobresale la desconfianza y el desagrado personal que tenía Churchill hacia el almirante Darlán, ahora ministro de marina de Petáin, situación en parte detonante de los hechos desarrollados posteriormente. (8)

Ciertamente, el armisticio de marras, solo especificaba que los buques de guerra franceses que se hallaban en los puertos ocupados por el mando alemán, serían desarmados y desmovilizados bajo su control. En este caso muy pocas unidades de la marina francesa se hallaban bajo tales términos, siendo que el grueso de la escuadra estaba bien lejos del alcance germano: Africa del Norte y las Antillas, por lo cual la posibilidad de que cayeran en manos del gran enemigo de la Gran Bretaña eran poco menos que nulas.

Empero, el gabinete británico, a impulsos del volcánico temperamento de  Churchill, procedió a tomar una serie de medidas que bien podrían haber abierto hostilidades con la Francia de Vichy, situación harto dramática en una hora de notoria gravedad para su causa, dadas las repercusiones que a escala mundial podrían tener sus consecuencias.  Por ello este audaz paso se signaba como un acto necesario para la supervivencia del Imperio, aunque todo conducía a un mar de dudas, pues ya en  el primer contacto que establece Londres con el flamante gobierno de Vichy, los franceses enérgicamente se niegan a basar todos sus buques en el apostadero de Mers el Kebir, como lo solicitaba el almirantazgo británico. 

De tal forma todo se precipita, y el 3 de Julio, a medianoche, los buques de guerra franceses que se hallaban surtos en puertos de la Gran Bretaña, son  tomados por la fuerza, en un golpe de mano que no deparo sangre de los ex aliados (9). Francia perdía dos acorazados, tres cruceros, once destructores, seis torpederos y siete sumergibles, amen de otras embarcaciones sutiles, que en un futuro no muy lejano serían embanderados con el pabellón de la Francia Libre del general De Gaulle.

Por supuesto que este hecho tan grave- genuino acto de guerra-  supuso el inmediato endurecimiento de las relaciones entre Vichy y Londres, recibiendo el gobierno de Petáin un amplio respaldo político dentro y fuera de sus fronteras, por lo que el panorama se presentaba muy desventajoso para los británicos, aunque los franceses no parecieran no mostrar mayor encono contra sus ex aliados. (10)

Pero, dado el desarrollo de estas circunstancias y en tan álgido momento Darlan ordena a todos sus buques el alerta general y la resistencia a cualquier precio en caso de cualquier  intervención británica. Así, se ordena a las diferentes escuadras penetrar en sus puertos principales: Bizerta, Mers El Kebir, Dakar, Beyrouth y Tolón, combatiendo se ello fuera necesario.

Empero, con esa decisión propia de quien arrostra cualquier tipo de riesgo, Churchill siguió el curso de esta acción ordenando entablar las operaciones encaminadas a neutralizar y/o lograr el recobro para su causa de buena parte de la marina gala, aun a despecho del combate. Ciertamente, obtuvo una rápida decisión- voluntarismo que le rindió magníficos frutos durante toda la guerra-, pues logró anular la escuadra francesa que se hallaba al ancla en Alejandría, gracias a una situación de fortuna.

En el primero de dichos puertos se hallaban un acorazado anticuado de 22.000 toneladas, el Lorraine, cuatro cruceros, tres destructores y un submarino, al mando del vicealmirante Godfroy. Allí fondeaba también una escuadra inglesa mucho más potente y numerosa, compuesta por cuatro acorazados de 30.000 toneladas cada uno, un portaviones, siete cruceros, cuatro submarinos y dieciocho destructores, a las ordenes del almirante Cunningham. El 23 de Junio Godfroy recibe órdenes del almirantazgo francés de dirigirse a Beirut con su escuadra. Pero cuando se despide de Cunningham, a quién esta subordinado, este le manifiesta que tiene órdenes de no dejarle salir de Alejandría en aquel momento. Así comenzó un verdadero calvario para Godfroy, sometido a fuertes y reiteradas presiones del almirantazgo francés para que se hiciera a la mar incluso por la fuerza,  a sus propios deseos de salir aunque tuviera que batirse y a la amenaza británica de echar a pique todos sus buques si intentaba siquiera moverse. Las negociaciones que siguieron fueron lentas, difíciles y laboriosas y llegó un momento, al conocerse el ataque a Mers El Kebir, en que los buques de cada escuadra tuvieron sus cañones cargados y apuntados sobre los de la otra, listos para abrir el fuego.

Pero ¿a que hubiera conducido el empleo de la fuerza por parte de los franceses?  Además de la desventaja que en este caso suponía el tener que tomar la iniciativa, los destructores británicos ya habían ocupado posiciones para bloquear la salida del puerto y, al mismo tiempo, poder torpedear a las unidades francesas al primer aviso. Cruceros y destructores aparte, abrumadoramente más numerosos del lado británico, los franceses solo disponían de ocho cañones de 340 mm. sobre un buque deficientemente blindado, mientras que los cuatro acorazados ingleses montaban treinta y dos piezas de 381 mm. y estaban mucho mejor protegidos. Caso de decidirse los galos a salir, y por si no fuera ya bastante, los aviones británicos les habrían atacado también inmediatamente, mientras que Godfroy no disponía de aviación alguna.

En semejantes condiciones de inferioridad, ante la imposibilidad material de poder cumplimentar las ordenes recibidas, presionado por los mismos comandantes de sus unidades, todos los cuales se presentaron espontáneamente en su buque insignia, el Duquesne, el 4 de Julio, y para evitar un inútil derramamiento de sangre, el almirante francés terminó por ceder y consintió en desarmar y desmovilizar parcialmente su escuadra, a cambio de la promesa de que esta no sería hundida ni abordada por los ingleses. Las razones de su actitud son perfectamente compresibles, como lo es la agonía espiritual que tuvo que sufrir este honorable marino francés hasta llegar a tan dolorosa decisión. Pero aquí existió una diferencia, respecto  a lo acontecido en Inglaterra, digna de mención: el almirante Cunningham cumplió su palabra de que no trataría de apoderarse de los buques franceses si Godfroy accedía a desarmarlos, y la mantuvo incluso cuando las tropas alemanas llegaron a El Alamein. Así, aquella escuadra siguió siempre tripulada por marinos franceses, y quizás por ello algún historiador ha calificado aquel acuerdo entre los dos almirantes como “un convenio entre caballeros”. (11)

Siguiendo el hilo del momento, el día 26 de Junio al otro lado del Mediterráneo se había desarrollado en Gibraltar la visita del almirante Gensoul, comandante de la flota francesa basada en el apostadero argelino de Mers El Kebir. Fue recibido por su par, el almirante Dudley North, ante quién el marino galo dio seguridades sobre que la fuerza a su cargo no abandonaría su base y que jamás por ninguna causa, la misma caería en manos alemanas. Empero, o bien sus declaraciones no fueron consistentes, o las horas urgían ante la arremetida que estaban dando los acontecimientos y por ello esto no basto para detener a Churchill el que, pese a opiniones encontradas en su mismo gabinete, decide abrir una operación encaminada a que los buques franceses basados en Mers El Kebir  se pasaran de bando o fueran neutralizados.

De tal manera, el 3 de Julio la fuerza H de la Royal Navy al mando del almirante Sommerville - compuesta por el crucero de batalla Hood, los acorazados Resolution y Valiant, el porta aviones Ark Royal, dos cruceros y once destructores -  se presenta ante la rada de la base argelina intimando al mando galo a entablar  negociaciones encaminadas a dar realidad a las ordenes de Londres.

Así comenzaba una jornada  que daría inicio a un combate en el cual dos naciones que solo semanas atrás eran firmes aliadas, se trabarían en una lucha con un final conocido. En tal caso sorprende la situación en que se hallaban los franceses, totalmente tomados por sorpresa en situación de semi desmovilización, tal cual lo establecía el Armisticio, pese a que su inteligencia, sin duda, conocía las intenciones británicas, cosa duramente refrendada en los hechos librados en los últimos días.

De tal  forma, los primeros movimientos se desarrollan en una serie de nerviosos comunicados entre Sommerville y Gensoul, donde, al paso de las horas, se advierte cual será la culminación dada la entidad de lo que se trata.

“El Consejo de Ministros francés declaró el 18 de Junio que antes de la capitulación, las unidades navales francesas se unirían a las fuerzas británicas o serían hundidas voluntariamente. El actual gobierno francés quizá considere que los términos del armisticio firmado con Alemania e Italia son compatibles con tal compromiso, pero el gobierno de Su Majestad, instruido por la experiencia rehúsa creer que Alemania e Italia no acaben por apoderarse de los navíos franceses para utilizarlos contra nosotros y nuestros aliados, en el momento que les convenga. Por ello es imposible para nosotros, hasta ahora vuestros camaradas, permitir que vuestros magníficos buques caigan en poder del enemigo. Dadas las circunstancias, el gobierno de Su Majestad, me ha dado instrucciones de pedir a la flota francesa de Mers El Kebir y Orán, que actúe de acuerdo con alguna de las siguientes alternativas:

a)    unirse a nosotros para continuar luchando por la victoria contra alemanes e italianos.

b)    Zarpar con tripulaciones reducidas y bajo nuestra protección hacia un puerto británico. Las tripulaciones serán repatriadas en cuanto sea posible. En cualquiera de ambos casos, los buques serán devueltos a Francia al acabar la guerra e indemnizaremos por los daños que puedan sufrir.

c)    C) si consideran ustedes que el armisticio les obliga a impedir que sus buques sean usados por alemanes o italianos, partan con nosotros y con tripulaciones reducidas hacia cualquier puerto francés de las Antillas, por ejemplo La Martinica, donde pueden ser desmilitarizados, o bien internados en los EEUU, hasta la conclusión de la guerra.

“De ser rechazadas estas ofertas amistosas el gobierno de Su Majestad me ordena usar toda la fuerza que sea necesaria para impedir que vuestras naves caigan en manos alemanas o italianas. El almirante esperará la respuesta hasta las 14.00 horas.”(12)

Tal el contenido de la minuta británica recibida por Gensoul. Su respuesta fue ordenar zafarrancho de combate, dado que considero hallarse ante un  verdadero ultimátum de sus ex aliados.

Sobre este espacio en particular el análisis histórico posterior es muy crítico con el marino francés, pues no informó de inmediato a sus superiores la expresa totalidad de las propuestas británicas, cosa que bien podría haber efectuado a tenor de la gravedad del momento. En las investigaciones parlamentarias posteriores, Gensoul alegó que el honor francés se hallaba en juego y que nada podía aceptar  bajo la amenaza de la fuerza. ¿Obró influido por una justa cólera? ¿Estaba en condiciones el gobierno francés, con las fuerzas alemanas en su territorio, de aceptar la ida de sus buques a las Antillas y violar de tal manera el reciente Armisticio? ¿Podía dar un paso adelante y entregar su fuerza al adversario, cuando sabía que solo De Gaulle- para muchos solo un desconocido- se hallaba en el campo británico, absolutamente en solitario? ¿Podía Gensoul, a solo semanas de la aplastante embestida germana, ante el dilema de hierro que enfrentaba, poseer una visión prospectiva, hacer un ejercicio de futurología y así  adivinar el desarrollo posterior de la guerra  y pasarse a los británicos?

Todo este entorno tiene a nuestro juicio una respuesta  obvia, dada la especial posición en que se hallaba su patria, pues nada podía hacer Gensoul mas que resistir la intimación por la fuerza, aún a sabiendas del amargo final. ¿Entonces podía someterse a los dictados del gobierno ingles con una pistola amartillada sobre su frente? 

Solo horas después, se recibe en Mers El Kebir un radio en claro del Jefe de Estado Mayor, Almirante Le Luc, que ordena a todas las unidades surtas en Tolón y Argel  acudan en apoyo de la base de Orán. Era el consentimiento tácito esperado por Gensoul y muy temido, ciertamente, por los británicos, cosa que significaba un conflicto abierto entre Francia y Gran Bretaña que no se daba desde los días de Waterloo.

“El almirante Gensoul llama la atención del almirante Sommerville sobre el hecho de que el primer cañonazo disparado contra nosotros tendrá como resultado práctico el que toda la flota francesa se apreste inmediatamente contra la Gran Bretaña, resultado que será diametralmente opuesto al que busca el gobierno británico.” (13)

Quizás en la mente del marino francés surgió el sugestivo recuerdo de Copenhague y ante la alternativa eligió la de resistir y ganar algo de tiempo, a tenor de su difícil posición. A su vez Sommerville, al informarse del comunicado de Le Luc, ordena, sobre las 12. 30 sembrar los accesos del puerto con minas magnéticas, cosa que consuman cinco aviones del Ark Royal.  

Aviones Blackburn Skua en cubierta del Ark Royal 

Luego, los acontecimientos siguen un curso de negociación pues los británicos aceptan la invitación de Gensoul de recibir al capitán de navío Holland como interlocutor a bordo del insignia, el crucero de batalla  Dunkerque, situación que se da sobre las 15 horas, aunque en el medio de la reunión, se recibe un abrupto mensaje de Sommerville que señala las 16 horas como máximo plazo para que los franceses tomen  alguna decisión. El marino ingles se hallaba urgido por el tiempo mientras este corría a favor del adversario, ya con sus máquinas prestas para intentar la salida.

A las 16, 30 Holland, aun a bordo del insignia francés, señala a Sommerville que Gensoul solo acepta partir hacia las Antillas si existe peligro de que fuerzas alemanas o italianas ocupan el norte de Africa. La contestación a esta postrer dilatoria llegó sobre las 16, 56, apenas 16 minutos después de que Holland hiciera abandono del navío galo, cuando el Hood y los acorazados Resolution y Valiant abrieron fuego sobre Mers El Kebir. Se daba inicio a una de las acciones mas discutidas de la historia naval de ambas naciones europeas.

“… A las 16.56 unos enormes fogonazos surgen de los buques británicos situados a 14. 000 metros de Mers El Kebir …” y dice el historiador francés Belot que lo que siguió “… no fue una batalla, fue una ejecución …”. ¡Ciertamente! Porque los cuatro buques de línea franceses que amarraban paralelamente unos a otrms (Dunkerque, Provence, Strasbourg y Bretagne), separados tan solo un centenar de metros entre si y entorpeciéndose mutuamente los sectores de tiro, constituían la diana de un verdadero pero trágico ejercicio de tiro. Por si fuera poco, los artilleros ingleses conocían la distancia exacta a sus víctimas, pues contaban con una situación geográfica de precisión, tomada por marcaciones a los cabos, faros y fuertes que nítidamente se destacaban en la despejada tarde de aquel día aciago, y puesto que los buques franceses no se encontraban sobre cualquiera de los infinitos puntos de la mar, sino precisamente allí donde conspicuamente los señalaba la carta náutica con tinta china” (14) 

Voladura del Bretagne

Las consecuencias de tan mala posición táctica devino en que el Bretagne recibiera varias andanadas, incendiándose, con el resultado de su voladura, hundiéndose parcialmente sus restos con 977 de sus tripulantes. A su vez el Dunkerque logra salir de su atracadero y bajo los reiterados impactos del adversario, encalla de proa sobre la costa, ya que sus máquinas no están en condición de responder al esfuerzo de intentar ganar la salida. Igualmente, el Provence corre una situación similar al insignia, al sufrir la incontenible inundación de su obra viva, debiendo también ser embicado sobre la costa.

Empero, el Strasbourg, a tenor de un notable esfuerzo, fila sus amarres y logra librar los obstáculos poniendo proa a la salida, zafando de las minas inglesas, seguido por seis destructores, conjunto que gana distancia del enemigo, resultando en este trance alcanzado el súper destructor Mogador, que debe ser varado en la costa este de Orán, para evitar su pérdida. El resto de los buques galos escapa a gran velocidad, hacia Tolón, de la persecución del Hood y los aviones del Ark Royal, que a las 20.30 desisten de su seguimiento, mientras el grueso de la fuerza británica continua atacando la base, aunque muy hostigados por el fuego de las baterías de costa.

Finalmente, sobre las 17.00 Gensoul envía un radio a Sommerville, solicitando el alto el fuego al considerar a sus buques fuera de combate, acaeciendo en este espacio una situación con ribetes muy particulares que muchos investigadores  dada la crudeza de su contenido, interpretan en forma acorde con sus pensamientos particulares.

Cuadro de texto: Acorazado Strasbourg
saliendo a mar abierto

“… La contestación de Sommerville: ¡ice la señal convenida¡ causó la preocupación final del almirante francés que consideraba inadmisible para su honor izar la bandera blanca. Superó este escrúpulo de un modo bastante pueril: izó una colcha clara, con rayas azules, que no era blanca, pero lo parecía. La colcha hizo efecto y la fuerza H se alejó …” (15)  “… El almirante Gensoul pide a Sommerville que cese el cañoneo, al mismo tiempo que ordena izar una gran bandera cuadra en el palo mesana del Dunkerque, indicando así que acepta las condiciones del inglés. ¡Gesto inútil y extemporáneo que podía perfectamente haberse ahorrado¡ …” (16)

Pero esto no supuso la clausura de la operación, ya que se suceden en las jornadas  restantes, una serie de acontecimientos que vuelven a ocasionar otro ataque británico, dado que las fotografías aéreas no señalaron con claridad a Sommerville que las averías del Dunkerque confirmaran su fuera de combate. Además, esta sospecha  fue refrendada por un inesperado y absurdo comunicado del Almirantazgo francés, que en un alarde mediático, encaminado a solventar los arreos de su opinión pública, proclamó cándidamente a los cuatro vientos que los daños del insignia no eran graves.

Por ello el día 6, a la amanecida, los británicos vuelven a la carga lanzando varios ataques aéreos sobre Mers El Kebir  logrando  torpedear al insignia francés, aunque mas no fuera  de rebote, ya que al ser tocado el patrullero Terre Nueve, que se hallaba abarloado al crucero de batalla, este vuela a tenor de sus cargas de profundidad, cosa que ocasiona una gran brecha en la obra viva del Dunkerque, que así produce su hundimiento, aunque en bajo fondo. (17)

De tal forma cae el telón en la rada de Mers El Kebir, cuyo resultado se halla a la vista con el final de un drama que en determinada forma no tuvo una justificación en el tiempo por parte de los atacantes, y por ello una explicación coordinada con el desarrollo del conflicto, que mostró lo infundado de muchos temores y si los errores, y los  desaprovechamientos conexos,  de aquellos que triunfaron en la denominada “batalla de Francia ”.

A prueba de todo este aserto lo tenemos en los sucesos inmediatamente posteriores al ataque a Mers El Kebir: el 4 de Julio Francia rompe relaciones con la Gran Bretaña y al siguiente día la aviación francesa bombardea Gibraltar en cruda represalia por los hechos señalados. Nunca hubo momento mas temido ni más peligroso para la causa de Albión, una hora en la que la diplomacia alemana bien podría haber aunado a casi toda Europa en oposición a Churchill. Así lo dicen las espontáneas manifestaciones que se dieron en Francia alrededor de la figura de Petáin, firmemente apoyado por la casi totalidad del espectro político residente así como de la opinión de muchos países neutrales.

Pero las miras germanas, encandiladas por la victoria, se hallaban fijas en otros terrenos, en las quimeras propias a la ideología totalitaria que imperaba en las mentes de sus directores. Y nunca hubo en la historia, desde Felipe II al Kaiser, pasando por Luis XIV y Napoleón, oportunidad más perdida en aras de la imposición del continentalismo sobre las talasocracias. Pero pedirle al cabo Hitler un dejo de lucidez lejano a la soberbia era como pedirle peras al olmo.

Asumimos que los hechos desarrollados alrededor del drama vivido en Mers El Kebir, darían para comentarios encaminados a señalar que: “… el análisis de nuestros tiempos es algo más que el de los antiguos …” (18). En tal menester, esta acción, sin duda muy importante en el marco de la Segunda Guerra Mundial, que costó a los franceses las vidas de 47 oficiales, 196 suboficiales y 1.054 cabos y marineros, aparte algunas bajas civiles, puede encaminar al atento lector hacia muy variadas derrotas, que “con el diario del lunes” a mano y en búsqueda  de una lógica, afirme la posibilidad de hallar una precisa sintaxis definitoria sobre variados aspectos que se hallan en el tapete.

Se asume que la Francia de Vichy sostuvo una durísima guerra no declarada con la Gran Bretaña, hasta que se dio su verdadero ocaso en 1942 tras la invasión angloamericana del Africa del norte, que ocasiono la ruptura del Armisticio del 40 y con esto la abrupta entrada alemana en el resto del territorio francés. (19)

            Así lo vemos, no solo en lo ya rubricado, sino en cruentas y consecutivas acciones que se vivieron tanto en el continente africano (Dakar (20), Congo, el desierto líbico, Madagascar, Tchad), como en aguas del Mediterráneo oriental, con el representativo caso de la campaña de Siria, poco debatida por los historiadores, pero de una importancia geopolítica extrema para el desarrollo del conflicto en tan vital área para el Imperio Británico. (21)

Por ejemplo, en esta última  acción, entablada entre  los meses de Junio y Julio de 1941,  las fuerzas navales francesas entraron en combate con la Royal Navy, en ocasiones hasta apoyadas por la misma Luftwaffe y la aviación italiana, situación que denota el alcance al que podrían derivar comentarios ulteriores.

Se hace común en estos tiempos que se afirme generalmente que el mundo militar debería siempre hallarse sujeto, sin lugar al beneficio de la duda, a normas específicamente rubricadas desde la dirección civil del estado, aunque dichas reglas sirvan a la defensa de la nación. Si bien esto podría significar el seguimiento de  una incuestionable lógica estatutaria, existen infinidad de ejemplos históricos de cómo una sociedad puede ser llevada al sufrimiento por una mala conducción emanada netamente de las responsabilidades del espacio civil, cosa de la que los militares en activo fueran virtualmente espectadores de lujo.

Sobre este espacio tan polémico y complejo bien  cabe la existencia de la III República pues las farragosas revisiones históricas posteriores a la estrepitosa caída de esta- tanto los juicios de Riom celebrados en 1942 bajo orden de Petáin, como la Comisión Nacional de Investigación que debatió desde 1947 a 1951 (22 )-  no lograron exculpar a los políticos de sus graves errores, pese a que en esta última gran convocatoria, que tuvo un notable predicamento mediático, los directores de la IV República buscaron por medios conexos encuadrar de alguna forma a los militares en el terreno de las culpabilidades a una escala macro. (23)

Empero, aunque en muchos terrenos se hable de determinadas responsabilidades compartidas (24), queda claro que durante 20 años las directivas de defensa del estado francés fueron manejadas con parámetros basados en situaciones internas del estado, politizando al extremo todo este entorno, adoptando una doctrina errática y basándose en las experiencias de aquel ejército del 14 al 18; mientras el gran enemigo, tras el Rhin, fraguaba sin empacho la revancha, con una total apertura intelectual hacia concepciones mas acordes con los medios contemporáneos y sus técnicas conexas.

En ese caso, concluyendo, cuando el gobierno francés signó su punto final en la lucha y debió así, inopinadamente, enfrentar los temores de sus ex aliados, es meritorio reiterar la actuación de los mandos navales galos en la emergencia relatada, en aquellas tristes jornadas posteriores a la derrota, cuando el desasosiego y el dolor ante la catástrofe, imperaba en todos los terrenos inmanentes al espíritu nacional, pues supieron con honor, casi en solitario y librados a su arbitrio, enfrentar a la Gran Bretaña en un momento cuyo dramatismo lo observamos en las fuentes documentales, asumiendo en si mismos, junto al sacrificio de sus hombres, la salvaguarda y la defensa de las glorias militares de Francia.- (25)    

NOTAS

1)- Fashoda es la nombre de una oscura aldea del desierto sudanés donde en 1898 las tropas británicas cerraron el paso a los franceses en su ruta al Nilo. Fue una de las mayores afrentas sufridas por el colonialismo galo en Africa y un freno a sus ambiciones geopolíticas de dominar todo el norte continental desde el Atlántico al mar Rojo.

2)- Quiso el destino que en las dos grandes batallas del Marne (septiembre de 1914; Julio de 1918), virtualmente se decidiera la Gran Guerra. “Todos sabemos que si Francia hubiese fracasado, Rusia habría sido conquistada y hasta el Imperio Británico se hubiese encontrado al margen de su ruina. Pero Francia no fracasó. Ganó la mayor victoria de su historia maravillosa.”  SIMONDS. Frank. “Historia de la guerra del mundo”. Nueva York. 1920. tomo I. Página 154.

3)- “Manstein demostró ser el jefe mas capaz de Alemania en todo lo que se relacionaba con grandes masas de tropas, así como un formidable pensador y estratega. Es casi seguro que la historia lo califique como uno de los grandes generales de nuestro siglo”. HORNE Alistair. “La batalla de Francia”. Barcelona 1974. página 157.

4)- El periodico L´Humanité en víspera de la declaración de guerra señalaba en portada: “Mourir pour Hitler, Non”. Luego ya en la clandestinidad el PC recibió eficaz ayuda de la Luftwaffe cuando miles de octavillas fueron lanzadas sobre el norte francés en las cuales se publicaba el discurso de Molotov que exhortaba al gobierno galo a tomar en cuenta las proposiciones de paz de Hitler.

5)- El archifamoso vagón donde el general Huntziger firmó el armisticio fue conducido a Alemania. Al poco tiempo una ataque de la RAF lo destruyó completamente.

6)- La Wehrmacht ocupó todo el espacio norte del país hasta el río Loire, mas una franja a lo largo de la costa para proseguir la lucha contra los británicos. En tal terreno primaban las leyes civiles francesas para la población residente.

7)- Realmente como señalan diversos historiadores la diplomacia alemana perdió una magnífica oportunidad de unificar Europa contra Churchill. La conferencia de Montoire, desarrollada el 24 de Octubre de 1940, entre Hitler y Petáin, calificó a Francia como “potencia dominante”, pero no se discutió la participación gala en el Eje, por no interesar a los nazis. 24 horas antes, en Hendaya, el generalísimo Franco, con galaica maestría que dejo muy enojado al Führer, había logrado desestimar su participación en el conflicto alejando los trágicos sones de la guerra, de una muy  debilitada España.

8)- En sus voluminosas “Memorias”, Churchill afirma  que el almirante Darlan odiaba “sistemáticamente” a Inglaterra. Tomo II.

9)- Solo en el gran submarino Surcouf hubo resistencia.

10)- De todo el imperio francés, solo el gobernador del Tchad no reconoció a Vichy.

11)- DE LA SIERRA Luis. Capitán de fragata. “La guerra naval en el Atlántico”. Página 212. Barcelona. 1974.

12)-LOPEZ José Martín “Cruceros”. Página 208. Madrid 1976.

13)- DE LA SIERRA, obra reseñada, página 218.

14)- ibídem, página 220.

15)- LOPEZ, obra reseñada, página 211.

16) DE LA SIERRA. Obra reseñada, página 224.

17)- El Dunkerque fue reflotado y conducido a Tolón en Febrero de 1942. El 27 de Noviembre de este año, cuando los alemanes invadieron la Francia de Vichy, el almirante Jean Laborde, comandante de dicha base, ordenó el auto hundimiento de todas sus grandes unidades, cosa que se consumó, mientras la marinería francesa combatía en plena base con la Wehrmacht. Luego de la guerra Laborde fue condenado a prisión a causa de que no había zarpado con  sus unidades hacia Africa del Norte, tal como lo había ordenado Darlán. El marino francés alegó en su defensa que en tal ocasión había esperado orden de Petáin que nunca llegó y si la orden de este de resistir a todo trance. Además Darlán ya había sido destituido por Vichy.

18)- BARCIA Roque. “Diccionario de sinónimos castellanos”. Página 110. Buenos Aires. 1958.

19)- La resistencia que ofreció la Francia de Vichy a la operación “Torch” (invasión angloamericana de Africa del norte, Noviembre de 1942),  daría para muchas páginas. Lo cierto es que tanto en Marruecos, donde los acorazados New York, Texas y Massachussets combatieron con el Jean Bart, como en Orán y Argel, hubo lucha, hasta que la entrada alemana en el territorio metropolitano propio ameritó el final. En todo este sombrío momento para los franceses es de notar que tanto Darlán, que al momento de la invasión anglo americana se hallaba en Argel, como la enorme mayoría de las autoridades sitas en el norte de Africa se hallaban dispuestos a unirse a los aliados a la menor oportunidad.

20)-  Este puerto africano fue atacado por la Royal Navy y las fuerzas de De Gaulle, entre el 23 y el 26 de Septiembre de 1940. La operación fracasó estrepitosamente, pese a que a su frente se hallaba el almirante Cunningham. La defensa gala, a cargo del almirante Lacroix y encabezada por el acorazado Richelieu, determinó que, una vez más, los británicos subestimaran a la armada francesa que en esta emergencia tuvo 500 bajas.

21)- En Abril de 1941 se firmaba en Paris un protocolo franco alemán que determinaba la colaboración militar que se darían ambas potencias. Fue un intento de Vichy de hallar un lugar mas visible en el entorno de aquella Europa. Pero Hitler puso freno a todo pues en su mente solo se hallaba Rusia y la obtención de una paz con la Gran Bretaña, cosa imposible y confirmada por el  fallido intento de Rudolf Hess, dado en el mes de Mayo de este año, con su fantástica e irresoluta “visita” a Escocia.

22)- El llamado “Informe Serre”, publicado en 1952, contó con mas de 2500 folios.

23)- No tan curiosamente la IV República también cayó en el marco de una guerra, esta vez no declarada, la de Argelia, cuando en Mayo de 1958 el general De Gaulle fue llamado a la presidencia en el marco de un enfrentamiento institucional entre el ejército, vencedor en Argel pero perdidoso en el frente mediático interno, con el poder político, que no sabía como hacer para librarse de un terrible conflicto.

24)- Los historiadores señalan el llamado “síndrome de Verdún” como la luz que siguieron todas las políticas de defensa tras la desaparición paulatina de los grandes conductores como Clemenceau, Joffre y Foch. En 1930 la Asamblea Nacional aceptó los planes para construir una línea de fortificaciones a lo largo de la frontera con Alemania, que solo logró cubrir el espacio entre Suiza y Sedán . El ministro de Guerra, André Maginot, fue el encargado de darle realidad y así Francia se sintió segura tras una novel “muralla china”, cosa que resulto, a la larga, trágico para la nación.

25)- La base naval de Mers el Kebir fue abandonada por Francia en Febrero de 1968, pese a que en los acuerdos de Evian, que dieron nacimiento a la Argelia independiente, se especificaba que podría ser utilizada por la marina gala hasta 1978. Terminó siendo utilizada por la flota soviética del Mediterráneo hasta 1987 que años antes había sido expulsada de Alejandría por el presidente Sadat.-

 BIBLIOGRAFÍA

DAHMS H.G. “La segunda guerra mundial.” Editorial Bruguera. Barcelona. 1963.

DE LA SIERRA Luis. Capitán de Fragata. “La guerra naval en el Atlántico. Editorial Juventud. Barcelona 1974.

DE LA SIERRA Luis. Capitán de Fragata. “La guerra naval en el Mediterráneo.” Editorial Juventud. Barcelona. 1976.

HORNE Alistair. “La batalla de Francia.”. Editorial Bruguera. Barcelona. 1974.

LOPEZ José Martín. “Acorazados”. Editorial San Martín. Madrid. 1972.

 LOPEZ José Martín, “Cruceros”.  Editorial San Martín. Madrid. 1976.

STITT G. Capitán de Fragata. “La batalla del Mediterráneo”. Editorial Juventud. Barcelona. 1946. 


 

[1] “Por el honor del pabellón y la grandeza de las armas de Francia habéis prometido obedecer a vuestros jefes en todo lo que os ordenaren. Si hoy existe una mancha sobre una bandera, ciertamente no es sobre la nuestra”. Oración fúnebre del almirante Gensolul en el cementerio naval de Orán el 4 de Julio de 1940.

 

 

  

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