Historia y Arqueología Marítima

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EL COMBATE NAVAL DE FINISTERRE

(22 DE JULIO DE 1805) 

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por: ALEJANDRO NELSON BERTOCCHI MORAN  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009

 RESUMEN

A raíz de los festejos del bicentenario de la batalla naval de Trafalgar se iniciaron en Europa una serie de trabajos de investigación que dieron paso a una muy benéfica revisión de ciertos tótem que durante siglos han servido para entronizar conceptos de interpretación históricos no científicos. Sin duda Trafalgar ha sido magnificado para dar al almirante Nelson un toque de inmortalidad, pero sin el combate naval de Finisterre jamás hubiera acaecido un Trafalgar, no solo por los errores cometidos por el almirante Villeneuve, sino porque el vicealmirante Robert Calder dio al traste con todo el gigantesco plan napoleónico de invasión a Inglaterra y provoco que dicha empresa abortara, cuando la flota combinada anglofrancesa se hallaba muy cerca de su destino final.  Empero Calder sufrió un consejo de guerra y un abrupto retiro de su carrera y Nelson la gloria eterna. Quizás, como bien señalan aquellos investigadores que hoy laboran para reinterpretar los grandes hechos del pasado como el que señalamos, lo sufrido por Calder fue una gran injusticia que solo sirvió para consumar el nacimiento del hombre 

SUMMARY

Soon after the bicentennial courtships of the Trafalgar naval battle began in Europe a series of investigation works opened the way to a revision of certain totem that have been good to not enthrone historical scientific interpretation concepts during centuries. Without doubts, Trafalgar has been magnified to give Admiral Nelson a touch of immortality, but without the naval combat of Finisterre Trafalgar had never happened, not alone for the errors made by Admiral Villeneuve, but because  Viceadmiral Robert Calder gave to the fret with the whole napoleonic invasion plan to England, and cause that this company miscarried, when the combined anglofrench fleet was very near its final destination.  But Calder suffered a war counsell and an abrupt retirement of its career, while Nelson the eternal glory. Maybe, as well those investigators that today works to reinterpret the big ones made of the past as which point out, that suffered by Calder point out it was a great injustice that alone it was good to consummate the man's birth 

INTRODUCCIÓN

A raíz de los festejos del bicentenario de la batalla de Trafalgar se iniciaron en Europa una serie de trabajos investigativos que dieron paso a una benéfica revisión de ciertos hechos que durante siglos han servido de pasto para entronizar preconceptos de interpretación histórica, ciertamente nada científicos.

Sin duda que lo vivido el 21 de Octubre de 1805 frente al cabo andaluz de Trafalgar ha sido bastante magnificado por la historia ortodoxa para dar al almirante Horacio Nelson ese toque de inmortalidad- que el mismo buscó- que es simplemente una calidad de “superhéroe”, sentimiento muy caro a la cosmovisión filosófica de los pueblos nórdicos, cosa de la que estos han hecho gala a lo largo de siglos, desde la saga del rey Arturo a los guerreros del último gran conflicto mundial.

Muchos biógrafos de Nelson, han caído en apologizar su figura, incluso hasta por encima de sus mismas cualidades profesionales de táctico genial, obviando situaciones donde solo primo una larga serie de eventos donde en nada obró la justicia y si su innegable buena fortuna, su carisma, cosa muy propia de los elegidos. Y  solo se buscó una figura que proyectada en los tiempos significara el “rule britannia” firmemente clavado en cualquier definición de rango, cosa hasta infantil, como señalando que los pueblos anglosajones, son y serán, los mas marineros de la Historia. Aquí se han vertido ríos de tinta y miles de metros de películas, cuya globalización la tenemos presente hasta en nuestro propio “living room”.

Pero el análisis, suerte de necesaria ucronía,  nos dice que sin el combate naval de Finisterre nunca hubiera habido un Trafalgar y que sin la gran multitud de apoyo mediático que tuvo Nelson en aquella fracción del siglo XVIII al XIX que le toco vivir,  jamás hubiera alcanzado la glorificación que anheló y que logró en ancas de un momento histórico de gran peligro que sufrió la Gran Bretaña, evento muy bien aprovechado y privilegiado por sus adláteres. Esta es la historia real de los hechos que llevaron a Trafalgar y de cómo una figura tan importante como Horacio Nelson solo fue un mero engranaje mas en su preparación y un atento espectador de los errores de sus adversarios, para servirse de ellos.

 EL GRAN TERROR. LA INVASIÓN NAPOLEÓNICA A INGLATERRA

A lo largo de la historia británica es dable observar que ese pequeño trozo de mar que separa sus islas del continente supuso que la entidad geopolítica de Inglaterra tuviera enorme peso en los acontecimientos globales desde el advenimiento del siglo XV hasta  finales de la Segunda Guerra Mundial. Por ello el Canal de la Mancha es, inobjetablemente, el espacio de aguas mas importante de la historia. De esto no caben dudas pues solo con los medios materiales que los medios bélicos contemporáneos cuentan ahora en sus arsenales dichas aguas no serían impedimento mayor para cualquier emprendimiento armado.

En esa razón el mortal que se acerque a las páginas de la historia vera que se señala que el momento de mayor peligro para la identidad británica sería la denominada “batalla de Inglaterra”, librada entre Junio y Septiembre de 1940 cuando Adolfo Hitler buscó llevar a cabo su intento de invasión- la operación Leon Marino-  que a nada llevo y solo resultó un amague que nunca se consumó merced, entre otras cosas no menos importantes, al sacrificio de la RAF.

En realidad esta última definición, con la inolvidable figura de Churchill de por medio, es una suerte de muy poco seria comparación entre dos tiempos históricos absolutamente diferentes; en ese sentido es un juego mediático que exageró las tintas pues si hubo en la toda la historia de la vieja Inglaterra mayor momento de peligro y mayor terror en sus habitantes frente a sufrir una invasión, esta hora fue la de 1805, cuando Napoleón acumuló frente al paso de Calais la mayor armada conocida que tuvo en mente el cruce de La Mancha, superando con creces  a la “Invencible” de Felipe II.

“… Seamos amos del estrecho durante seis horas y seremos amos del mundo …”.  Esta mayestática frase de Napoleón dicha en 1804  causó lo que se conoce como “el Gran Terror” en la Gran Bretaña a tenor de que venía de boca de quién se estaba fagocitando a media Europa. Es así que la política británica, vista de que su mentado dominio naval de poco servía para detener la carrera del corso, se aboco a levantar sus “espadas continentales”contra Napoleón- llámense Rusia, Austria, Prusia, Suecia- para ver de que los imperiales no tuvieran tiempo libre como para pensar en repasar el estrecho.

Pero el rumbo de colisión era inevitable y es entonces que al principiar el año 1805 los planes de invasión comienzan a rendir sus frutos y se acumulan en la ribera del Canal los 160.000 hombres del ejército napoleónico que darían inicio a la empresa. Unos 25.000 caballos, mas estos mismos efectivos serían transportados por unas 3.500 embarcaciones de diversos tipos  que además van a ser conducidas a la batalla por una legión de jefes como Soult, Ney, Grouchy, Massena, Murat y el mismo Emperador. Por ello no hay duda de que los exiguos 100.000 hombres que el poco diestro ejército británico tenía en sus islas no podrían impedir que los fogueados franceses desembarcaran, consolidaran en pocas horas su cabeza de playa y continuaran su arremetida hasta Londres. (1)

Empero, para obtener sus fines Napoleón debería contar con el dominio del mar, cosa necesaria como para que la flota de invasión lograra cumplir sus fines a cabalidad, so pena de ser destruida por la gran potencia cuantitativa de la Royal Navy. Y todos, a un lado u otro del Canal de la Mancha, reconocían que si el ejército francés lograba hacer pie en tierra inglesa, era este el final para Albión, una suerte de reiteración de los tiempos de Guillermo El Conquistador.

Y aquí recababa el mayor problema pues las “murallas de madera de John Bull”- nada menos que la Royal Navy tal como se señalaba en la época- se interponían en la senda imperial, haciendo que esos pocas millas de mar fueran inaccesibles para el cruce. En ese menester, necesariamente Napoleón debería elaborar una estrategia acorde a la necesidad de debilitar a la marina británica, o al menos de lograr que mediante alguna maniobra de fortuna la Royal Navy desguarneciera las costas de sus islas para así dar el zarpazo e intentar colocar sus plantas en el sur de la Gran Bretaña.    

Y es así que se concibe la denominada “campaña de diversión” donde Napoleón estructura sobre el papel una maniobra naval a gran escala, una finta, donde una fracción de las flotas coaligadas de Francia, mas España y Holanda (2), se harían a la mar rompiendo el bloqueo para que dicha formación fuera así perseguida por la flota británica mas representativa- léase Nelson- hacia aguas americanas. De tal manera el Emperador confiaba que se dispersarían las fuerzas navales británicas que bloqueaban los puertos del Canal, sumado al hecho de que dicha fracción de sus escuadras debería necesariamente no solo  eludir la persecución de la Royal Navy, sino dar media vuelta y así sumarse rápidamente a la operación de invasión.

Por supuesto que esta maniobra colosal tenía sus puntos débiles de cara a que incriminaba los movimientos de decenas de buques que debían navegar de consuno en un teatro de tamaña vastedad como lo era el Atlántico central, con todo lo que ello suponía para los medios de aquel siglo. Napoleón, su figura militar ya a la altura histórica de un Alejandro, Aníbal o César, simplemente había superpuesto a una carta náutica del Atlántico, un mapa terrestre. No caben dudas de que ello suponía que el Emperador olvidaba las especiales características de la guerra naval, en buena parte, aunque el desarrollo de toda la acción va a demostrar que poco falto para lograr el éxito.

Por ello si todo salía medianamente bien y la flota combinada franco- española obtenía sus fines con el alejamiento de buena parte de la Royal Navy hacia aguas del Caribe, y asimismo, se lograba retornar súbitamente y caer sobre el Canal de la Mancha, se consumaría una superioridad naval momentánea en dicho teatro cosa que daría para que en el lapso de menos de medio día el ejercito imperial pusiera pie en tierra inglesa. Estas pocas horas era lo que necesitaba el Emperador para arrasar a las fuerzas terrestres enemigas y penetrar profundamente en su territorio. Sería el fin para Inglaterra pues el plan general de campaña marcaba que apenas 48 horas después del desembarco ya Londres estaba en la mira.

Pero todo este organigrama necesitaba de la colaboración del enemigo y que sus jefes mas destacados picaran el anzuelo, sumado al hecho de que cada fracción de las fuerzas combinadas pudieran romper el bloqueo, unirse y navegar hacia el Oeste arrastrando tras de sus estelas a Nelson y Collingwood.

En esta razón el bloqueo británico sobre Brest, Cádiz, Ferrol y Tolón, donde a la altura de Marzo de este año de 1805 se hallaban encerrados 21, 15, 12 y 20 navíos franco españoles respectivamente, nunca fue “efectivo” por razones dadas en los terrenos físicos pues las operaciones de bloqueo en los tiempos de la vela dependían enteramente de vientos  y corrientes favorables. Si se da la espalda a Mahan se puede colegir que el bloqueo continental napoleónico fue mucho mas efectivo que el naval; pero entrar en este terreno dialéctico supone analizar hechos que las recientes investigaciones que se han dado en Europa, por los festejos de los bicentenarios, han librado a la opinión de los investigadores muy interesantes definiciones como aquella que señala que los movimientos del tráfico mercante franco- español- holandés y demás nunca logró ser yugulado por la Royal Navy. Mas bien al contrario pues el Atlántico se hallaba plagado de corsarios enemigos de la Unión Jack. No en balde los EEUU entraron en guerra con la Gran Bretaña en 1812 a causa de la impotencia de estos últimos de lograr sus fines de clausurar el mar a sus enemigos continentales.

Y esta misma espectacular “maniobra de diversión” elucubrada por Napoleón, acusado de poseer una mentalidad “continental” por muchos navalistas, bien supone un fiel reflejo del fracaso del bloqueo naval británico en una escala estratégica.

La salida a mar abierto de la división del almirante Villeneuve desde Tolón es uno de los hechos cardinales que sindican que el bloqueo de ese importante puerto, a la sazón a cargo del mismo Nelson, era solo “ a distancia”, un bloqueo “de escuadra” como lo marcaba Collingwood. Es que ese 30 de Marzo de 1805, día en que el francés Villeneuve sale indetectado desde su base mediterránea y pone proa a Gibraltar supone no solo el fracaso de la Royal Navy, sino el inicio de una larga serie de errores que comete Nelson, pues realmente recién el día 16 de Abril, este, a la altura de Sicilia, se entera que su rival se halla en el Atlántico. Lo había buscado al Este en la suposición de que Villeneuve se dirigía a Egipto.

Lo cierto es que cuando Nelson llega a Gibraltar, el día 10 de Mayo, ya hacía 30 días que el almirante francés, con 19 navíos, había partido hacia quien sabe donde, pues a esa altura hasta el tan publicitado bloqueo británico de Cádiz había fallado al completo y nadie, ni Nelson, ni el Almirantazgo sabían cual era el rumbo de la flota combinada franco española. Y los mas ansiosos temían que su destino fuera las aguas de La Mancha. Pero se recurrió, como siempre, a la colaboración lusitana, y sus espías señalaron a Nelson que Villeneuve, sumados ya sus buques a los del español  Gravina, se dirigían al Caribe. Y aquí si se produce una hazaña marinera pues mientras la flota combinada cruza el Atlántico hasta las Antillas, en 34 singladuras, Nelson lo hará en solo 24, señalando este hecho la cualidad en la que los británicos eran netamente superiores a sus contrarios. 

El 4 de Junio arriba Nelson a Barbados y sin noticias del enemigo comete su segundo gran error y pone proa al sur, hacia Trinidad, cuando Villeneuve se hallaba en Guadalupe, apenas 150 millas al N. Ello supuso que la flota combinada, apenas conocido que los británicos se hallaban en la zona, pusiera proa a Europa 48 horas después de recibirse la nueva. Algún historiador neófito, apurado por cargar mas tinta a la leyenda, señalo que Villeneuve al saber cercano a  Nelson “ huyó” hacia el continente europeo. En realidad fue muy al contrario: la Royal Navy había picado el anzuelo y su mejor jefe se hallaba muy lejano de sus aguas propias. Napoleón podía hallarse muy satisfecho de que su plan se estaba consumando a pie juntillas y a esa altura y si el tornaviaje de la escuadra combinada- ahora con 20 navíos- señalaba que tenía su derrota expedita hacia Brest, la cosa decía que Inglaterra poco podía hacer de cara a perder su supremacía naval en sus mismas barbas. (3)    

EL COMBATE NAVAL DE FINISTERRE

La derrota de la escuadra combinada se tomó a la altura del paralelo 40° N. con proa al Cantábrico. Mientras los británicos regresaron por un curso mucho mas al sur por debajo de las Azores, señalando el tercer grave error de Nelson- a la postre el último de su tan desgraciada campaña- pues supuso que Villeneuve regresaba al Mediterráneo. De tal  forma el 13 de Julio ya tememos a Nelson en Gibaltar,(4), mientras su enemigo navegaba a la altura del cabo Finisterre donde confiaba desbloquear El Ferrol  con su sola presencia.  ¿Es que, a esa altura, todavía el Almirantazgo no sabía por donde se movía la flota combinada?

La respuesta es negativa pues por esas cosas del destino Villeneuve había sido detectado el día 19 de Junio por el bergantín Curieux, buque correo que navegaba desde Trinidad hacia Southampton, cuando la flota combinada tomaba rumbo E y se alejaba de las Antillas. Este buque británico logró, luego de una veloz estropada, hacer llegar esta noticia a sus mandos el día 1 de Julio con lo que el factor sorpresa quedaba fuera y así el Almirantazgo decidió reforzar el único escuadrón que podía interceptar a Villeneuve: la divisón de 15 navíos que al mando del vicealmirante sir Robert Calder se hallaba bloqueando El Ferrol. Por lo demás, la situación británica era a  esa altura muy delicada si acaso Calder no lograba cruzar la derrota de la combinada.

Esto era el resultado del absoluto fracaso de Horacio Nelson en alcanzar a Villeneuve, pues sus sucesivos errores, que hemos marcado, obraron para que el plan a escala de Napoleón se estuviera conformando en una derivación muy peligrosa para las Islas Britanicas. Pero aun había que aguardar el desarrollo de muchas cosas tomando nota además que la conducta de Villeneuve iba a posibilitar que todo se fuera al traste en cualquier momento, como lo indican las fuentes  documentales muy abundantes sobre los eventos que rodean a Trafalgar. Sabido es la forma en la que este almirante francés llego a tener este importante mando, con una serie de intrigas de palacio donde el amiguismo primó ante todo, y es doblemente cierto que Napoleón no confiaba en él, considerándolo un mediocre y esperaba cualquier ocasión para librarse de su presencia. Y el corso no se equivocaba.

En este caso la misma difusa actuación de Villeneuve en las horas finales de la “campaña de diversión” nos señala que todo esa vasta operación que a esa altura parecía dar fruto, culminaría abruptamente por la desidia e impericia de su comandante, cuando no, como sus biógrafos señalan, su traición a la causa de su Emperador.

A partir del 19 de Julio la escuadra combinada enfrento malas condiciones climáticas por lo que durante tres singladuras los buques franco españoles perdieron un tiempo valioso de cara a su navegación hacia el Cantábrico. Como sabemos en este momento  Calder ya estaba apercibido de la presencia enemiga y Villeneuve huérfano de toda información. Por ello la abrupta aparición de Calder el día 22 en el marco de una jornada de muy mal tiempo, fue toda una sorpresa para la combinada.

            El teatro no podía ser peor pues una espesa niebla cubría el horizonte y un viento muy sostenido desde el cuarto cuadrante obligaba a dar maniobras que inicialmente parecieron dar ventaja a Villeneuve, a barlovento de Calder. La flota combinada se presentaba navegando en cuatro columnas en línea de marcación- tal como venía navegado desde el Caribe- por lo cual esta  debió formar línea de fila poniendo el viento por amura a babor, doblando por avante hacia el norte, una muy dificultosa maniobra que fue encabezada por los buques españoles de Gravina. Y cualquier comparación con Trafalgar no es pura casualidad.

Es que el atento lector de los devaneos de este combate tiene una premonición de los hechos posteriores que se van a dar en Trafalgar pues Villeneuve se mostró como un jefe incapaz de encuadrar cualquier acción positiva, mostrándose totalmente renuente a arriesgar algo de cara a aprovechar su neta superioridad: 20 navíos contra 15.  Y es así que en el medio de la neblina, ya abierto el fuego, Gravina debe combatir con el grueso apelotonado de Calder, quedando dos navíos españoles, el Firme y el San Rafael sotaventeados y en deriva (5) hacia la línea enemiga, por lo cual son atacados por mas de ocho buques británjcos, cayendo ambos luego de fuerte combate en manos de un afortunado Calder que hasta ese momento ni siquiera había logrado conformar su línea de batalla  a causa de la pésima visibilidad reinante.

Y aquí sobresale fuertemente Villeneuve como el personaje principal que consuma el final de toda esta operación, pues ni siquiera se aviene, como pide Gravina, a perseguir al inglés, que luego de cobrar sus dos víctimas pone proa al N. De tal manera cae la noche y todo se detiene pues Villeneuve decide quedar a la capa y al siguiente amanecer es ahora Calder el que escurre el bulto mientras los buques franco españoles se esfuerzan en darle caza, cosa que nuevamente impide el clima. Pero el almirante francés todo lo hace como a destiempo, como si su mente se hallara sumergida en quién sabe que pensamientos.  ¡Grave error del mando francés haber nombrado a este marino como responsable de tamaña operación¡

Y luego, el fin: Villeneuve ordena entrar en Ferrol el 10 de Agosto, culminando la acción por la elusión de Calder que no se deja ver ni cazar, pero que permanece en el teatro aunque siempre bajo el horizonte visual de sus adversarios. Una semana después la flota combinada, fuerte ahora en 32 grandes navíos se hace a la mar con proa a … ¿Dónde? ¿Al Canal de la Mancha, como lo obligaban sus ordenes y lo ameritaba su misma situación táctica? No, el almirante francés ordena navegar a … ¡Cádiz¡ ¡Al encierro final, al cierre de toda esperanza de finiquitar los planes del Emperador¡ (6)

Pero las consecuencias del combate naval de Finisterre tuvo también sus derivaciones en el bando de enfrente pues el vicealmirante Calder fue acusado por la prensa británica de inacción e impericia ante el enemigo. Este hecho tuvo una gran caja de resonancia dado que la opinión pública era muy favorable a la figura de Nelson que era considerado el súmmum del marino militar y asimismo Calder era visto como un contumaz rival del héroe de Aboukir, cosa además cierta. ¡Y cuantos “caballos del comisario” tuvo el afortunado Nelson en esas horas y a lo largo de su extraordinaria carrera¡

Y la inercia mediática de todo este contencioso llego a tal intensidad que Calder decidió, el día 30 de Agosto, pedir al Almirantazgo que se le formara Consejo de Guerra. En ese momento se hallaba a ordenes del almirante Collingwood, que se hallaba  bloqueando Cádiz, donde Villeneuve se hallaba desde el día 25 de este mes a la espera de su destino, que no era otro que el desastre de una salida intempestiva, inútil y derrotista.

La orden de Londres llega el día 20 de Septiembre para que Calder, bajo arresto, se dirija a la Gran Bretaña para ser sometido a dicho juicio. Pero Collingwood no se anima a dar luz a este dictado y prefiere esperar el arribo del almirante Nelson,  quién llega a asumir el mando general del bloqueo el día 28 de este mes, a pocas jornadas  del gran evento de  Trafalgar.

Al día siguiente Calder se embarca en el Victory convocado por Nelson para ver de su destino en una hora donde ya se preveía que una gran batalla se avecinaba.

“En ese momento cayó sobre él una tarea forzosa y desagradable, que también debilitó un poco su escuadra, y la naturaleza del deber que tenía que cumplir no le resultó más agradable por el hecho de que la persona a quién se refería era uno a quién siempre había considerado enemigo personal. Sir Robert Calder había caído en desgracia después de su mediana acción de Julio 22, y se había decidido que debería comparecer ante un tribunal militar. Desdichadamente estaba con la escuadra y Nelson recibió instrucciones de enviarlo a la patria para que se presentase ante sus jueces. Comprendiendo que, puesto que era su enemigo, él estaba obligado, mas que nunca, a ser completamente amable y justo, sugirió al acusado que lo mejor sería detenerle inmediatamente con la esperanza de que su crimen pudiese olvidarse en la alegría general, después de la victoria. Pero Calder decidió que debía arrostrar las cosas inmediatamente y el comandante en jefe le facilitó generosamente su propio buque, para evitarle la humillación de viajar en un barco mas pequeño. En actos como este consistía la amabilidad excepcional del carácter de Nelson; no amaba la venganza y no podía soportar que se hiriesen los sentimientos de nadie”. (7)

De esa manera, por orden de Nelson, en Trafalgar faltó un gran navío en su línea de batalla: el Prince of Wales, que al mando del vicealmirante Calder se dirigió a Porthsmouth. Y muy pocos historiadores recuerdan este hecho que denota muchas cosas, la mayoría dentro del terreno de la deontología. (8)

Finalmente el Consejo de Guerra desestimó la acusación de cobardía contra Calder (artículo XII de la Ordenanza Naval) y solo se lo halló culpable de “error de apreciación situación táctica”. Se le dio el retiro obligatorio pasando a la reserva. Pero al paso de los años se fue recomponiendo su estado y así el 31 de Julio de 1810 se le confiere el grado de Almirante, rehabilitándolo al servicio activo. (9) 

CONCLUSION

La acción naval del 22 de Julio de 1805 cerró definitivamente los intentos de la Francia napoleónica de invadir las Islas Británicas. La interpretación de este hecho así nos lo dice en forma cruda. Y este hecho fue abonado por la actuación del atormentado Villeneuve que no estuvo a la altura de las circunstancias ni de la gran empresa que le dio el Emperador, la que, obvio es decirlo, tuvo sus mayores dificultades entre quienes deberían haber conducido la operación.

Pero Finisterre tuvo otra derivación histórica, mal que le pese al olvido en que esta sumergido este combate, pues fue el primer tiempo de Trafalgar, una suerte de eco dado premonitorio en los terrenos estratégicos y asimismo tácticos, pues Villeneuve demostró, en esos días de Julio, un espíritu de  inoperancia mas absoluta, situación que se nos aparece hasta un tanto extraña, hecho que se ha intentado explicar desde los terrenos de la inquina personal que este marino sostenía contra el Imperio al que servía. Y en este ítem el lector tiene decenas de biógrafos.

Empero, de cara a Trafalgar, pese a toda su brillante apología, este hecho bien puede resultar un evento casi secundario, librado en razón de que noventa días antes ya los franco españoles habían perdido la virada, frente a las costas de Galicia. Y realmente resulta algo difícil para cualquier  analista intentar explicar este tema ante el apabullante y formidable eco de aquella batalla del 21 de Octubre de 1805, en la que, de cara a la experiencia de Finisterre, si el lugar de Nelson se hubiera hallado ocupado por cualquier otro almirante británico, la Gran Bretaña hubiera asimismo vencido en Trafalgar.

Hoy, como señalamos al principio la revisión histórica se halla en manos de una novel generación de investigadores los que, con el pragmatismo resultante de estos tiempos posmodernos, se han lanzado a desenredar madejas y a dar un toque de realidad a hechos magnificados por causas propias al pasado, haciendo justicia a hombres que como Calder sufrieron el sinsabor de un retiro injustificado. Y esto es, sintetizando,  dar una explicación mas racional y humana de las cosas, bajando los dioses del Olimpo para conducirlos a un justo lugar, a un punto de balance mas cercano a una realidad, tal cual cualquiera de nosotros. 

“… Trafalgar no salvó a la Gran Bretaña de la proyectada invasión francesa por la sencilla razón de que eso se había encargado ya, tres meses antes, el denostado Calder …” (10)  Sencillas letras para una precisa interpretación histórica que pone las cosas en un justo lugar; notoria necesidad a la luz de lo que aquí se a revelado y que pone en juego a aquellos intelectuales que en realidad se asoman a la investigación, no para seguir rellenando páginas o para valerse de factores de poder, sino para adoptar una senda mas justa y creíble para la hermenéutica.

En este caso puntual se ha hecho justicia: hoy en el “Painted Hall” de Greenwich (galería de los Almirantes) se ha colocado un óleo donde se representa la figura de sir Robert Calder, aquel marino que supo abortar los planes de Napoleón Bonaparte, bastantes singladuras antes de Trafalgar. –


 NOTAS

1)- En 1914 el Kaiser Guillermo señalo en su discurso de guerra ante la Dieta que el ejército británico era “pequeño y miserable”. Lo cierto es que apenas dos años después en los campos de Flandes los británicos inflingieron derrota tras derrota a las huestes alemanas. Lecciones de la historia que a veces son olvidadas por quienes tienen el deber de asignarlas en sus mentes.    

2)- Los buques holandeses iban a participar de la empresa en sus momentos finales cuando se consolidara la cabeza de playa y se necesitaran sus buques para evitar el inevitable contraataque de la Royal Navy.

3)- A esa altura si los 20 buques de la combinada se sumaban a los 12 encerrados en Ferrol mas los 21 que el almirante Ganteaume comandaba en Brest, los franco españoles solo enfrentarían en aguas británicas a otros tantos de la Royal Navy, aunque estos muy desperdigados en un teatro de aguas muy vasto. ¡ Era la tan ansiada superioridad puntual que buscaba el corso para cruzar el Canal en apenas dos horas como lo indicaban sus ordenes ¡

4)- Cuando lord Nelson puso sus plantas en la Roca, hacía mas de dos años que no pisaba tierra. ¡ vaya pie marinero que tenía tan grande marino¡

5)- El FIRME tenía su aparejo fuera de servicio por sucesivos impactos en su gavia mayor y el SAN RAFAEL tenía averiado su timón por un tiro de fortuna británico. Este último buque fue rodeado por cinco navíos enemigos. ¿ Y Villeneuve, que hacía entretanto?

6)- A esa altura ya Napoleón había resuelto su relevo. Aunque también este final hizo que se desentendiera de su empresa de Inglaterra y su resultado sería la gran batalla de Austerlitz, la de los “tres emperadores”, (2 de Diciembre de 1805), cuyo resultado contrapesó el fracaso de Trafalgar. Pero el triunfo de Nelson tuvo mayor resonancia global pues, mientras las consecuencias geopolíticas de Austerlitz duraron lo que un lirio, Trafalgar se proyecto hasta bien entrado el siglo XX.

7)- CAPES Renalt. “Horacio Nelson”. Editorial Gandesa. 1958. México. Capítulo XIX. Página 289.

8) Calder había sido capitán de bandera del almirante Jervis en San Vicente. Fue quién solicitó consejo de guerra para Nelson en razón de su celebre desobediencia.

9-Calder falleció en 1845 a los 73 años de edad.

10)- DONNELL Hugo. " La Campaña de Trafalgar". Editorial La esfera de los libros. Madrid. 2005. Capitulo XXXVIII. Página 631.


 BIBLIOGRAFÍA

CABAL Juan- “ Nelson”. Editorial Juventud. Barcelona. 1944.

CAPES Renalt- “Horacio Nelson”. Editorial Gandesa. México. 1958.

IBAÑEZ DE IBERO Carlos- “Historia de la marina de guerra española”. Espasa- Calpe. Madrid. 1939.

O´DONELL Y DUQUE DE ESTRADA Hugo- “La campaña de Trafalgar”. La esfera de los libros. Madrid. 2005.

ORELLANA E. F. “Historia de la marina de guerra española”. Madrid. 1904.

WHIPPLE A. B. " Navíos en guerra". Ediciones Folio. Barcelona. 1995.

 

  

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