Historia y Arqueología Marítima

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LA CARRERA NAVAL DE JOHN F. KENNEDY

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por  WALTER FARNES   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009

RESUMEN

No es ningún secreto mi especial admiración  por este personaje de la historia de los EEUU, al cual le he dedicado varios años de mi vida al estudio de su vida y obra. Comencé a estudiarlo en 1960.  Los dos comenzábamos algo, Kennedy su campaña política y yo mi adolescencia en primer año de liceo. Luego de tener conocimiento de varios aspectos de la trayectoria naval del presidente Kennedy, considero que la conferencia debía compartirse en un ámbito naval mas am lio y con mayor difusión … y aquí estoy. Ahora los invito a conocer más de cerca a este personaje.

 SUMMARY

It is not any secret my special admiration for this character of the history of the USA, to which I have dedicated several years to the study of their life and work. I began to study him in 1960.  Both began something then, Kennedy their political campaign and I my adolescence in first year of high school. After having known several aspects of President Kennedy's naval trajectory, I consider that the conference should be shared in a naval but wide environment and with more diffusion …and here is. Now I invite you to know closely this character.

 EL HOMBRE

Fue el trigésimo quinto presidente de la historia de EEUU.  Fue el presidente “electo” más joven en la historia de EEUU. Fue el primero –y hasta hoy único- presidente católico en la historia de EEUU.             En esta foto lo vemos, en su discurso inaugural del viernes 20 de enero de 1961, donde en un muy helado, nevado y soleado día invernal de Washington DC, al principio de ese discurso, anunciaba a todo el mundo que “… la antorcha ha pasado a una nueva generación de norteamericanos, nacidos en el siglo XX y templados por la Segunda Guerra Mundial …”. En ese mismo discurso, sobre el final, decía  la famosa frase que lo  acompaña como epitafio en su tumba del Cementerio de Arlington, junto a una antorcha, una llama eterna que quedará prendida por los siglos de los siglos, no permitiendo que nos olvidemos del presidente mártir que durante  los 1.036 días que duró su gestión, quiso contribuir a hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

 

“… pregunten, no que puede hacer el país por ustedes,

pregunten que pueden hacer ustedes por el país…” 

Es una frase interesante, porque generalmente los políticos –en sus campañas-  ofrecen y prometen, sin embargo, John Kennedy  pedía y exigía. Los que ya conocían la frase, ¿pensaron alguna vez sobre el significado de ella?  Lo que Kennedy les estaba pidiendo a sus compatriotas era que se comprometieran, tanto en su ámbito laboral como en el personal o en el ámbito social,  que dieran de sí mismos un poco más de lo que normalmente estaban acostumbrados a dar  … pero dándolo con convicción, con el sincero deseo personal de hacerlo, para que al final, todos juntos fueran mejores personas, mejores trabajadores y por tanto mejores ciudadanos.  Es aquello de “…vamos a dar antes de que nos lo exijan…”

            Todos estamos de acuerdo en que John Kennedy estaba pidiendo algo más o menos por el estilo, ¿verdad?  Si eso es cierto, entonces lo que les estaba pidiendo, no era otra cosa que lo que dice el lema de la Reserva Naval de la Armada Nacional, enunciado 20 años antes de que JFK lo dijera: “…dar más de lo que la Patria pide y antes de que lo exija…”.

Consideré interesante no pasar por alto el paralelismo. ¿Habrá conocido Kennedy esta frase y la adaptó para sus propósitos?  Es una incógnita.  Porque fue un presidente carismático y controvertido, y todos saben quién fue, qué hizo y cómo fue adorado en todo el mundo el presidente John Kennedy  ... pero muy pocos saben cómo y porqué se convirtió en un héroe de la Segunda Guerra Mundial el Teniente de Navío de la Reserva Naval John Fitzgerald Kennedy.

Esta conferencia es precisamente para contárselos ... y para eso los invito a  que retrocedamos en el tiempo  y a observar cómo la ambigua relación de John Kennedy con la marina comienza en 1943, pero se da por finalizada y aclarada recién en 1963, 112 días antes que lo asesinaran.  Los invito, pues  a retroceder por el túnel del tiempo hasta el año  1943.

 1943

Segunda Guerra Mundial. Pacífico Sur.  Islas Salomón.  Las Islas Salomón se encuentran al Norte del Mar de Coral, al Oeste de Samoa, al Este de Nueva Guinea y al Sur de la Micronesia.  Los marinos se ubicarán más fácil si les digo Latitud 8º Sur, Longitud 157º Este.  En esas coordenadas geográficas se encontraba la Base Naval estadounidense de Rendova, base de las lanchas PT.

En esa base naval, el 4 de agosto  de 1943, a las 8 de la mañana, se celebraba un servicio religioso en memoria del comandante de la lancha torpedera PT 109, Alférez de Navío John Fitzgerald Kennedy, que había sucumbido con su tripulación  en un encuentro con un destructor japonés.

Ese mismo 4 de agosto, a 13.858 kilómetros de distancia, en Boston, Massachusetts, el ex Embajador ante la corte del Reino Unido, Joseph Kennedy, padre de John, sufría en silencio y en solitario la muerte de su hijo, sin animarse todavía a decírselo a su esposa y demás hijos.

¡Falsa alarma!   El liderazgo, el coraje y la voluntad de vivir del Alférez de Navío de Reserva Naval John Kennedy hicieron que el servicio religioso ofrecido al comandante y su tripulación, resultaran prematuros.  1943 todavía no era tiempo de duelo. Debería pasar veinte años más aún … para que lloráramos la muerte de Kennedy.

Pero retrocedamos un poquito más en el tiempo.  1 de setiembre de 1939. La Alemania nazi invade Polonia y estalla la guerra en Europa.  Este hecho puso a EEUU   en guardia.   Diciembre de 1939: la Batalla del Rio de la Plata  puso a Sudamérica en guardia.  Tanto puso a Sudamérica en guardia que aquí, en Uruguay, se crean los Batallones de Voluntarios “Honor y Patria” y “Zapicán”.  El 20 de julio de 1940 se da por formada  la Reserva Naval, que recién cobraría vida al año siguiente en 1941.

Finales de junio de 1941: John Kennedy ingresa a la Reserva Naval de la Armada de EEUU.  En ese mismo mes de junio de 1941, cuatro personas que se encuentran en Rio de Janeiro deciden  visitar una familia amiga en Buenos Aires.  Esas cuatro personas,  Rosa, Juan, Patricia y Eunice.  Antes de llegar a Argentina, en Montevideo, toman conocimiento que los orientales clamaban ser capacitados para defender a la Patria en una posible guerra contra el nazismo.  Esas cuatro personas fueron testigos oculares de esos hechos y de la creación de nuestra Reserva Naval.

Recién dije sus nombres en español, ahora se los voy a decir en inglés: Rose, Pat, Eunice y John .... John Kennedy ... el futuro presidente de los EEUU.  Cinco días después del arribo de la familia Kennedy a EEUU de su viaje por América del Sur, JFK ingresa a la Reserva Naval de la Armada estadounidense. Seguimos …

7 de diciembre de 1941:  ataque japonés a Pearl Harbour,  conocido como “el Día de la Infamia”.  Ese fue el hecho que impulsó a EEUU  hacia la guerra. 

Y en esa guerra, como en casi todas las  guerras pasadas y las que vendrán, muchos hijos de ricos y famosos emplearon y emplearán sus influencias personales para evitar enrolarse e ir a la guerra. John Kennedy, sin embargo, empleó las de su padre para no dejar de ir a la guerra.

Y en este punto es muy importante hablar de la salud de John Kennedy, pues cuando niño fue muy débil y se enfermaba con mucha facilidad, habiendo estado en varias ocasiones al borde de la muerte por diferentes razones: deficiencias inmunológicas, problemas de la sangre, etc.  Su hermano Robert Kennedy siempre decía en broma pero con mucho de verdad, que si un mosquito picaba a su hermano Jack –como lo llamaban- de seguro el mosquito moría instantáneamente. Así de enferma fue su niñez,…

A todo eso se le agregaba una gravísima lesión en la espalda ocasionada mientras jugaba fútbol americano en la Universidad de Harvard.  Esta lesión en las vértebras lo acompañaría toda su vida, agravándose en la guerra.

Precisamente por esta lesión fue rechazado por la junta médica de enrolamiento.  JFK había cumplido con la patria, cualquier otra persona se hubiera quedado con la conciencia tranquila y solo sabría de la guerra lo que contaran los noticieros. Pero él era un Kennedy, y los Kennedy no se dan por vencidos fácilmente.

¿Qué hizo entonces?  Durante cuatro meses se sometió a una intensa terapia que le fortaleciera los músculos de la espalda, pero aún así, temiendo ser rechazado nuevamente, su padre se sirvió del conocimiento del Almirante Alan Kirk, que había sido Agregado Naval cuando él fuera Embajador en Londres.  El Almirante Kirk consiguió que los médicos navales aceptaran el dictamen realizado por el médico de la familia, y de esta forma se enroló en la marina.

Es muy importante aclarar este hecho, para ir descubriendo los valores del joven de 23 años, que solo veinte años más tarde se convertiría en el líder de la nación más poderosa del mundo. 

EN LA ARMADA

Cuando John Kennedy egresó como oficial, lo enviaron a trabajar con el Almirante Kirk, que en ese momento era el Jefe de la Inteligencia Naval. Muchos trámites administrativos y poca emoción. Esto no era lo que buscaba John Kennedy. ¿Qué hizo entonces?  Nuevamente utilizando las amistades de su padre consiguió a través del Secretario de Marina James Forrestal (viejo amigo de Wall Street), que lo enviaran al servicio en el mar.

Se encontraba capacitándose en la Escuela de Oficiales de la Universidad Northwestern cuando a esa casa de estudios llegó el Almirante John Arlee a reclutar oficiales jóvenes de las clases altas, para convertirlos en comandantes de las lanchas PT (patrol torpedo).

 

Lancha Torpedera Clase “PT”

 

¿Por qué de las clases altas?  Por dos motivos: la Armada tenía la necesidad de sacar un Guardiamarina con tan solo tres meses de estudios, y los hijos de los ricos y famosos tenían a favor dos cosas: un muy buen nivel de estudios y casi todos ya eran patrones de yates, porque la mayoría de los millonarios tenían uno. John Kennedy tenía mucha experiencia en navegación deportiva.  La familia era dueña de tres embarcaciones de vela o motor, y ya desde los seis años de edad ya sabía navegar.  Fue tan bueno en todas las pruebas que los superiores decidieron dejarlo como instructor de los nuevos oficiales.  ¿Era esto lo que lo que buscaba John Kennedy?  No. ¿Qué hizo entonces? Lo mismo que había hecho antes. Y esta vez su padre consiguió a través del Senador por Massachusetts  David Walsh que lo enviaran al frente en el Pacífico Sur.

 

Así fue que a los 25 años de edad y sin experiencia previa, se encontró con la guerra y nada menos que como comandante de su propio barco y a cargo de una tripulación.  Ningún marino profesional revistaba a bordo de la PT 109.  Todos sus integrantes eran jóvenes Reservistas Navales sirviendo a la Patria. Provenían de diferentes Estados de la Unión y eran de diferentes clases sociales. Kennedy muy culto y refinado, se destacaba por encima de todos, pero era tratado de igual a igual, aún cuando todos supieran que se trataba de un egresado de Harvard, que era millonario y que su padre, un ex Embajador y poderoso hombre de negocios,  era archimillonario. 

 

EPISODIO DE LA TORPEDERA PT 109

La noche del 2 de agosto de 1943, un escuadrón de quince torpederas, incluyendo la PT-109, zarparon de la Base Naval Rendova, con la misión de patrullar el Estrecho de Blackett.   Durante esos días el famoso “Expreso de Tokio” navegaba regularmente por el estrecho rumbo a la Base japonesa de Vila, donde desembarcaban avituallamientos y tropas, volviendo los destructores japoneses por la misma ruta hacia la enorme Base Naval japonesa de Rabaul.

Como a las dos de la madrugada de la noche del 2 de agosto, la PT-109, con un solo motor para atenuar el ruido y la estela, entraba al estrecho esperando a los destructores.

Cuando se divisaron los destructores,  todas las PT de la zona los atacaron sin infringir daños serios.  Igualmente quedaron en la zona vigilantes, ante la posibilidad de repetir el ataque cuando el Expreso de Tokio pasara nuevamente por el Estrecho de Blackett, en su camino de vuelta a Rabaul.

Hacia las 02.30 de la madrugada, uno de los vigías de la PT-109 divisó un buque saliendo de las sombras.  Fue tan intempestiva la aparición, que Kennedy no tuvo tiempo de esquivarlo, y menos de maniobrar para poner el buque en posición de ataque. 

Dotación de la PT-109.  En el extremo derecho, el A/N John Kennedy 

La proa del destructor japonés “Amagiri”, al mando del Capitán de Fragata Kohei Hanami (el comandante de destructores más joven de la Armada Imperial Japonesa),  embistió la frágil torpedera de madera de Kennedy, partiéndola al medio y haciéndole explotar los tanques de gasolina de alto octanaje.  Perdieron la vida dos tripulantes, salvándose de milagro los once restantes y su comandante.   

En realidad, la PT-109 llevaba un tripulante más: el Alférez de Navío George Ross, a quien Kennedy había encontrado en el muelle sin hacer nada y le preguntó si quería acompañarlo.  Ross no estaba en el rol, por lo cual el Comandante de la Base Naval Rendova desconocía que se encontraba a bordo.

Mientras tanto, el personal del puente del “Amagiri”, al observar las explosiones del bote, dieron por sentado que no habría sobrevivientes y continuaron su rumbo sin exponerse a ataques de alguna otra pt que anduviera por la zona del Estrecho de Blackett.

Kennedy, que estaba en el puente, fue despedido violentamente, cayendo de espalda y lesionándose y agravándosele la herida en las vértebras de la espalda que se hiciera cuando jugaba fútbol en Harvard.  Entretanto, los supervivientes se mantuvieron aferrados del pedazo de proa que continuaba flotando, evaluando las posibilidades de acciones futuras.

Al constatar que la corriente los derivaba lentamente hacia posiciones japonesas, Kennedy decidió abandonar los restos de la PT 109 y nadar hacia la isla Plum Pudding, distante a unos cinco kilómetros de donde se encontraban.  Viendo que el marinero Patrick McMahon se encontraba gravemente herido y con quemaduras en todo el cuerpo, tomó con los dientes el arnés del salvavidas del marinero y lo remolcó los cinco kilómetros de distancia.

Cuando llegaron a Plum Pudding, inspeccionaron la isla y comprobaron que no había medios de supervivencia, por lo cual cuando llegó la noche, decidió nadar solo hasta las cercanías del estrecho para solicitarle auxilio a alguna embarcación amiga que estuviera patrullando.

En una isla cercana y aparentemente deshabitada, un vigía espía, el Teniente de Navío (Reserva Naval) Arthur Reginald Evans, de la Marina de Australia, daba parte a sus superiores de una colisión de un destructor con una lancha PT, asegurando no haber visto sobrevivientes de ésta última

A primeras horas de la mañana, un extenuado Kennedy volvía a la isla anunciando al resto de la tripulación, no haberse cruzado con embarcación alguna y ordenando al A/N Ross que esa noche él hiciera lo mismo.

A todo esto, varios tripulantes comenzaron a evaluar la posibilidad de rendirse a los japoneses y pasar el resto de la guerra tranquilos.  Apenas tomó conocimiento de esta idea, Kennedy censuró duramente a los marineros que intentaron convencer a los demás de ese disparate, anunciando que mientras él fuera el comandante, la palabra rendición ni siquiera sería mencionada.

Comprobando Kennedy que en esa isla no había posibilidades de sobrevivir por mucho tiempo, tomó la decisión de que todos se trasladaran a la isla de Olasana, distante a cuatro kilómetros de donde se encontraban.  Cuando llegaron a la nueva isla, observaron que a tan solo un kilómetro de distancia se encontraba otra isla, la de Naru. Kennedy decidió ir con Ross nadando hasta allí para observar en qué condiciones se encontraba.  Cuando llegaron, en plena playa observaron una canoa, una caja con caramelos y un depósito de agua dulce; recogieron todo y decidieron volver hasta la isla de Olasana, donde estaba el resto de la tripulación. 

 

Apenas pusieron un pie en tierra, Kennedy avisó del hallazgo al resto de la tripulación.   Esta le tenía preparada una sorpresa: mantenían acorralados a punta de fusil a dos nativos, los dueños de las vituallas encontradas por Kennedy y Ross. Los dos nativos, llamados Biuku y Eroni, resultaron ser exploradores de las fuerzas aliadas, por lo que Kennedy decidió gravar un mensaje en un coco por medio de un cuchillo y pedirles que lo llevaran a la Base Naval Rendova. Los nativos se lo entregaron al T/N (RN) Evans, de la marina australiana, y éste les mandó la PT 157 para recogerlos y dejarlos a salvo en Rendova. En agradecimiento a los dos isleños, que eran muy pobres y vivían de la pesca, la familia Kennedy le construyó una mansión a Biuku y otra a Eroni.   En 1963, luego del asesinato del Presidente Kennedy, las autoridades de las islas rebautizaron a Plumm Pudding (que en realidad se llamaba Kasolo) y pasó a llamar Isla Kennedy.  Hoy es un lujoso punto turístico obligado de todos aquellos que viajan al Pacífico. 

        

Existieron cuatro invitados especiales  a la asunción presidencial de Kennedy: los dos isleños y el Teniente de Navío Evans.  Fue solamente el australiano. Por envidia de los gobernantes de las Islas Salomón, no les fue permitido viajar a los dos isleños, algo que irritó mucho al presidente Kennedy. El cuarto invitado fue el Capitán Kohei Hanami, comandante del destructor japonés que partió en dos a la PT 109.

Independientemente de la confusión respecto a las circunstancias que rodearon al incidente, lo que la Armada estadounidense juzgó fue la capacidad de liderazgo y la entrega demostrada por John Kennedy luego de la colisión, su valentía y la calidad de las decisiones tomadas para salvaguardar a su tripulación, hasta que fueron rescatados por las fuerzas aliadas.

Por esta acción, el Alférez de Navío John Fitzgerald Kennedy fue ascendido a Teniente de Navío, concediéndole el Congreso las “Medalla de la Marina”, “Medalla del Marine Corps”, y el “Corazón Púrpura”,  con una mención especial del Almirante William Halsey.  ”.  “… Su valor, su tenacidad y su excelente mando contribuyeron a la salvación de varias vidas humanas, encuadrándose en la línea de las más altas tradiciones de la marina de los EEUU …”  fueron las palabras del almirante William Halsey.  Los aliados le concedieron  dos más: la “Medalla de la Campaña Asia-Pacífico” y la “Medalla Victoria WWII 

LA HISTORIA Y LA PRENSA

Esta historia fue contada primeramente por el periodista John Hersey en la revista Life.  En noviembre de 1944 el relato fue publicado en Selecciones de Reader’s Digest.   Además se escribieron dos libros sobre el tema: “PT 109” de Robert Donovan y “El Teniente John F. Kennedy” por Michel Duino.

En 1962, se editó y llegó al primer lugar en ventas, la canción country “PT 109”, donde se cuenta  todo lo sucedido. La canción fue compuesta y cantada por Jimmy Dean.  Un año más tarde, en 1963, siendo Kennedy ya presidente, se filmó la película “PT 109”, donde el actor que personificó a John Kennedy era un muchachito muy flaquito de veintisiete años llamado  Cliff Robertson. 

PT-59 

Pero la guerra siguió y  no terminó aquí para John Kennedy, como se cree.  Una vez más mostró su  clase como oficial y dio muestra más de su  liderazgo. La PT 109 se hizo famosa porque la partieron al medio pero Kennedy había comandado antes PT 101.  Como personal superior naufragado le concedieron un permiso para tomarse vacaciones en EEUU, lo que rechazó para quedarse con  su tripulación y su nuevo comando: la lancha torpedera PT 59, con la cual siguió por dos meses más combatiendo encarnizadamente contra los buques de la Armada Imperial Japonesa, hasta que finalmente enfermó de malaria y tuvieron que internarlo y enviarlo a los EEUU, donde quedó hasta el fin de la guerra, como instructor de los nuevos oficiales que comandarían las lanchas PT, en la Base Naval Miami, en Florida.

 

Y como nos pasa a algunos reservistas  ....... Kennedy se enamoró de la vida naval y envió al mando una carta solicitando su incorporación a la Armada.  Por respuesta recibió en 1945 un no muy diplomático, donde sus superiores se excusaban explicando que:  “… finalizada la guerra seguramente encontrará el camino que pueda llevarlo a sentirse útil en el ámbito privado o público …”.

 

Kennedy nunca se olvidó de esta respuesta. En realidad esta carta puede considerarse contestada verbalmente dieciséis años más tarde, un poco en  broma y un poco en serio y con una pizca de ironía, el 12 de octubre de 1961, siendo ya presidente, en Fort Bragg, Carolina del Norte, con motivo de  convertirse nada menos que en el padrino del Batallón de Fuerzas Especiales “Boinas Verdes”.  Fue allí, en medio de las jerarquías militares, cuando dijo su famosa frase:            “…. aquellos que consideren mi profesión de político con cierto desdén,  deberían recordar que me dio la posibilidad de ascender desde el oscuro rango de Teniente de Marina de los EEUU hasta el puesto de comandante en jefe, en solo catorce años y con muy escasa competencia técnica ….”.  Kennedy fue muy  duro, lo dijo en un ambiente militar y cuando lo estaban homenajeando.

 

Para entender esta declaración del presidente Kennedy hay que tener en cuenta que estas palabras fueron dichas tan solo seis meses después que, contra la opinión de los militares y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), se negara a que las Fuerzas Armadas de su país atacaran e invadieran Cuba, cuando fracasó la operación militar conocida como “Bahía de Cochinos”.  Y si bien es cierto que ese hecho aumentó su popularidad entre los ciudadanos llegando al 65%, también es cierto que había disminuido entre las FFAA.

 

John Kennedy creó el 8 de enero de 1962, los  SEAL’S, el hoy famoso cuerpo de elite de la Armada de EEUU para operaciones especiales, preparado para combatir en mar, aire y tierra;  de ahí surge la sigla en inglés:  sea-air-land,  aunque son conocidos como  las “focas” por la traducción literal que se hace de la palabra que surge de la sigla. 

 

Ahora sí, llegamos  al famoso 1 de  agosto de 1963.  Esta fecha es famosa porque Kennedy finalmente cierra esa relación ambigua con la Armada, y -confesándose- emite una frase pública estremecedora por igual para políticos y militares.  Recuerden el día, mes y el año: 1 de agosto de  1963, o sea veinte años después del hundimiento de la PT 109 y ciento doce días antes de su asesinato. 

 

En ese acto público,  un periodista le preguntó “… qué consideraba que había hecho para que su vida valiera la pena …”

 

John Kennedy había hecho muchas cosas como presidente.  Fue el presidente creador, junto con su hermano Robert, del cargo de defensor del pueblo, el ombusman.  Fue el presidente creador de los Cuerpos de Paz.  Fue el presidente creador de  la Alianza para el Progreso y del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES).  Fue el presidente que hizo posible que el hombre llegara a la luna.  Fue el presidente victorioso de la crisis de los misiles de cuba de 1962.  Fue el presidente que acordó con los soviéticos un tratado de no proliferación de armas nucleares.  Fue el presidente que combatió a los grandes industriales de su país, por la codicia de éstos.  Fue el presidente que llevó al Congreso la Ley de Derechos Civiles que permitió que hoy Barack Houssein Obama sea presidente, ley sancionada bajo la Administración Johnson.

 

            Kennedy tenía todos esos logros, por lo tanto ya había hecho suficientes cosas como para que su vida valiera la pena.  Con la respuesta que le dio al periodista,  Kennedy cierra su capitulo con la marina …… y con esa frase yo termino esta conferencia.  La respuesta al periodista comienza con cuatro palabras: “… no me puedo imaginar …”.  En realidad lo que nadie pudo imaginar fue su respuesta. Textualmente dijo…

 

No me puedo imaginar una carrera más gratificante.  A cualquier hombre que me pregunte  qué hice en este siglo para que mi vida valiera la pena, creo que puedo responder con mucho orgullo y satisfacción:

 

“SERVÍ EN LA ARMADA”

 

  

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