Historia y Arqueología Marítima

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ACCIONES FLUVIALES EN EL CONFLICTO ENTRE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES  Y EL LITORAL, EN EL AÑO 1819

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por  ANA MARIA MUSICÓ Profesora de Historia - Licenciada en Ciencias Antropológicas -:   Publicado en Ciclo de Conferencias año 2008

 

 RESUMEN

La decisión de la provincia de Santa Fe de elegir sus autoridades sin consultar al Directorio Porteño motivó dos invasiones dictatoriales al territorio santafecino, en 1815 y 1819.  En ambas oportunidades los invasores contaron con el apoyo fluvial de una escuadra al mando del Teniente Coronel Ángel Hubac. En la segunda oportunidad se produjeron algunos enfrentamientos fluviales con una fuerza naval santafecina conducida por José Garrote. El año 1819 finalizó sin que las fuerza bonaerenses pudieran alcanzar los objetivos deseados, porque a fines de año la escuadrilla artiguista de Pedro Campbell logró neutralizar la de Hubac, asegurando las comunicaciones fluviales y preparando el camino para el enfrentamiento de Cepeda (1 de febrero de 1820), que provocaría la renuncia del Directorio Porteño comandado por José Rondeau. 

SUMMARY

The Santa Fe’s resolution to chose theirs own authorities without consulting Buenos Aires Directory caused two invations at Santa Fe land, in 1815 and 1819.  In both opportunities the invaders counted with fluvial support from Lieutenant Colonel Angel Hubac’s squadron. During the second opportunity there were several fights with Santa Fe’s naval force under José Garrote’s command. 1819 ended without success from Buenos Aires’s forces, because Artigas’s squadron under Pedro Campbell command could neutralize Hubac’s squadron, securing fluvial lines of communications and preparing the way to a clash in Cepeda (February 1th, 1820),  that would provoke Buenos Aires’s Directory, under command of José Rondeau, resign. 

DESARROLLO

La decisión de la Provincia de Santa Fe de elegir sus propias autoridades prescindende de la opinión de los gobernantes porteños, motivó, por parte de las fuerzas directoriales, dos invasiones al territorio santafesino, las que tuvieron lugar en 1815 y 1819. En ambas ocasiones los efectivos terrestres invasores recibieron el apoyo fluvial de una escuadrilla al mando de Angel Hubac, quien en 1819 ostentaban el grado de Teniente Coronel Graduado al servicio de la Marina.

En esta oportunidad, los bergantines Aranzazu y Belén, la goleta Invencible y algunos lanchones cuyos nombres no han quedado registrados, colaboraron con el Ejército de Observación, al mando del General Juan Ramón Balcarce.

El 13 de enero de 1819 los tripulantes de un bote perteneciente al Aranzazu (nave capitana de Hubac) destinados a la descubierta del río Paraná, tomaron prisioneros a los individuos, Juan José Jiménez y Amancio Savía, quienes navegaban en una canoa río abajo. Conducidos a tierra, fueron interrogados por el Coronel D. Celestino Vidal, ante quien afirmaron haber conocido hacia Santa Fe un contingente de tropas entrerrianas enviadas por el gobernador Francisco Ramírez a su colega Estanislao López para reforzar sus efectivos.A bordo de la goleta Itatí[2], transportaron 500 hombres al mando del Capitán Contreras.

Poco después, otras naves entrerrianas cruzaron el Paraná, para unirse a las fuerzas santafesinas: el bergantín Gloria, la polacra Fornel, la lancha Florentina y una banlandra de gavia[3].

Jiménez y Savía informaron además que un total de 200 hombres al mando de Estanislao López habían abandonado la capital de la provincia, con rumbo al campo para repelerla invasión bonaerense, ignorando ellos quién reemplazó accidentalmente al gobernador en sus funciones. Con respecto a la fuerza naval santafesina, manifestaron que su comandante y Jefe era “un tal Garrote Gallego” quien, a demás de la Itatí, contaba con la goleta Jaime, las balandras de gavias Ciprina y Patricia, las garandumbas Romero y Bienvenida, dos chalupas, la lancha Guanaco y otro propiedad de Papel el Mahonés.[4]

La falta de coordinación entre las fuerzas terrestres y fluviales al servicio del Directorio, provocó demoras en las acciones y fue la causa, según el Comandante Hubac, de que no pudiesen apoderarse de todas las embarcaciones santafesinas que los hostilizaban.  La situación se tornaba muy difícil para los porteños: Hubac solicitó al gobierno nacional el envío de uno o dos buques de guerra, ya que contaba con pocos armamentos y su tripulación había mermado a causa de numerosas bajas y deserciones.[6]

Por otra parte, López contaba, además de sus propias tropas, con fuerza que le enviara Artigas a las órdenes de Campbell. Hubac fue informado acerca de la presencia de buques correntinos en Cayastá, y de la aparición en la laguna de Santa Fe de varios buques y lanchones “que entraron haciendo salvas de 5 cañonazos con grandes banderas y gallardetes: unos traían la bandera de Artigas, otros la de Andresito”.[7]

Mientras tanto, en Entre Ríos, un excomandante militar de Gualeguaychú, Gervasio Correa, defendía los intereses directoriales. Desde fines de 1818 se hallaba destacado en los bosques adyacentes del Paraná Ibicuy, con 60 hombres mal pertrechados. En enero de 1819, se enteró que dos lanchones enemigos intentaban cortar su avance por el río, y que al mismo tiempo se preparaba una partida para atacarlo por tierra. Decidió prevenir el golpe remontando el río Gualeguay. Así logró ganar de mano a sus adversarios, a quienes atacó y obligó a rendirse después de un largo y vivo combate; los prisioneros capturados le informaron sobre el estado de fuerza de la guarnición de Gualeguay. Resolvió entonces asaltarla, exitosa acción que le produjo más de 100 prisioneros.

Su próximo paso consistió en apoderarse del parque de los enemigos, establecido en una estancia situada 12 leguas al norte de la villa de Gualeguay, pero debió cambiar sus planes a causa de la deserción de gran parte de sus hombres. En el ínterin Ramírez le expresó el deseo de celebrar un parlamento, pero acto seguido lo atacó sorpresivamente con fuerzas más numerosas, lo que provocó la dispersión de las tropas de Correa.[9]

Pocos días después, reagrupado y reorganizado su magro contingente, Correa de decidió marchar hacia las inmediaciones del arroyo Ñancay para aprovisionarse de caballada y  reclutar más hombres, pero allí fue nuevamente atacado y derrotado por tropas de Ramírez, quedando su gente en estado deplorable. Adoptando una actitud similar a la de otros jefes directoriales, quienes se entendían directamente con los portugueses que habían invadido la Banda Oriental, Correa pidió ayuda a Jacinto de Sena Pereyra, jefe de la escuadrilla lusitana que patrullaba el río Uruguay. Este lo auxilió con víveres y armas, de acuerdo a directivas de Lecor, jefe de los invasores, quien le ordenara “proteger a los oprimidos contra los perturbadores de la paz” (sic).

Entretanto en el río Paraná, la situación de Hubac seguía siendo apremiante: diariamente se producían tiroteos entre sus fuerzas y las santafesinas. Previendo un ataque de mayor envergadura, situó sus buques frente al puerto del Rosario, cerca de donde se hallaban Balcarce y sus tropas.

El 22 de enero envió un oficio a Matías de Irigoyen reiterando un pedido de municiones, solicitando además que se le remitiesen perchas para la antena y los masteleros de juanete, que había perdido por causa de un temporal.[13] Con estos pertrechos pensaba actuar el puerto de Santa Fe, punto de concentración de la flota enemiga. Pedía asimismo dos lanchones equipados y armados para poder internarse en arroyos y riachos de poco caldo, y ponía de relieve la situación angustiosa de su tripulación, la que hacía seis meses que no recibía paga, lo que provocaba numerosas deserciones.

El 28 de enero se le informó desde Buenos Aires que el bergantín de guerra Chacabuco navegaba con rumbo a Rosario llevándole parte de lo solicitado[15], pero la tan esperada orden de atacar Santa Fe nunca llegó, y Hubac debió poner proa al sur, fondeando sus naves frente al puerto de San Nicolás. Mientras tanto, las acciones terrestres eran netamente favorables al ejército santafesino. Si bien Viamonte reemplazó a Balcarce en el mando de las tropas directoriales, en nada se modificó el estado de cosas.

Esta situación repercutió desfavorablemente en el ánimo de los hombres de Hubac, quien informó a Irigoyen: “La Marina está tan desalentada que tengo que vigilarla sin descanso. A pesar de esta vigilancia han desertado y se han pasado al enemigo dos canoas que tenían armadas y algunos más, llevándose consigo el armamento y municiones. La situación es tal, que temo enviar un lanchón solo a cualquier parte”. En el río Ibicuy Chico, Correa intentaba rechazar a las fuerzas que respondían a Ramírez. El 14 de abril avisó a Irigoyen que sus enemigos trataban de armar buques en el Gualeguay para atacarlo por mar y tierra, por lo que reintentaba el pedido de dos lanchones.

El 18 de mayo las autoridades de Buenos Aires informaron a Correa que el 12 de abril, en el colegio de San Lorenzo, se había concertado un armisticio entre los caudillos del litoral y el gobierno de Buenos Aires, [19] por el que se decidía retirar los ejércitos y las escuadras directoriales de los territorios de Santa Fe y Entre Ríos. También deberían marcharse las fuerzas auxiliares de Santa Fe (entrerrianas, misiones y correntinas), y superar cualquier dificultad por medios pacíficos.

Como el armisticio no había sido aún ratificado, las autoridades directoriales no podían transmitirle a Correa órdenes precisas, limitándose a expresarle que: “no es fácil indicarle a Ud. la conducta que debe guardar durante la indecisión del jefe de Entre Ríos”.

Se le aconsejaba mantenerse a la defensiva hasta la firma del convenio definitivo “a no ser que llegue el inesperado caso de ser atacado, en el que deberá defenderse a todo trance con la valentía y honor que le caracterizan y distinguen a las fuertes tropas del Estado”. Sano consejo, ya que este pacto nunca resultó confirmado.

A mediados de abril, de tener conocimiento del acuerdo prelimitar de San Lorenzo, Correa había atacado y tomado prisioneros a siete hombres quienes le informaron que el Capitán Albarenque, de las fuerzas entrerrianas, habían atacado una estancia sobre la margen derecha del río Gualeguay, para impedir que los enemigos se apoderasen del ganado.

Correa se dirigió entonces a esa zona: atacó y venció a Albarenque y a sus 170 hombres, pero se limitó a quitarles sus armas y dejarlo en libertad, “lo uno porque no tenía como retenerlos, lo otro porque Albarenque Cmte. de aquella gente me comunicó la mala fe con la que procedía Ramírez, porque a pesar de haberse celebrado un armisticio por el que éste debía auxiliarme para pasar a San Nicolás, quería sorprenderme”.

La deslealtad del caudillo entrerriano se manifestaba asimismo en otras actitudes: en mayo de 1819 pidió a Estanislao López el envío de varios lanchones, con el aparente propósito de apresar algunos buques portugueses que se hallaban próximos al Ibicuy, aunque su verdadero objetivo era atacar a Correa.

López envió las embarcaciones solicitadas, al mando de José Garrote, a quien de inmediato Ramírez ordenó que marchase hacia el Ibicuy para atacar sorpresivamente a Correa. De no ser factible dicho ataque, debería internarse en el río Uruguay para sorprender a otros buques enemigos que navegaban por sus aguas. Garrote podría fondear sus embarcaciones en el río Gualeguaychú, en el arroyo Ñancay y en toda la ribera norte del Uruguay, ya que las partidas guardacostas apostadas por Ramírez en la costa estaban alertadas de su presencia.

En caso de tomar prisioneros, se le ordenaba trasladarlos al cuartel general de Ramírez, y continuar con dos de sus lanchones vigilando los movimientos de Correa. Los otros dos podría  enviarlos al río Uruguay, a las órdenes de “un tal Don Claudio”, individuo experimentado en la navegación de la zona, según se desprende de propias palabras de Ramírez: “Ud. no haga cosa alguna sin consultarla con Don Claudio. Ud. haga todo con reposo. Don Claudio tiene alguna baquía y también alguna inteligencia en el uso del Uruguay. El va instruido verbalmente y lo impondrá de todo”.

A principio de junio, Garrote apresó a las goletas directoriales Santa Bárbara y Chacabuco, las que se hallaban en las proximidades de La Bajada. El patrón de la Chacabuco, José María Gauna, fue dejado en libertad, en compañía de Fernando Amarilla, baqueano desertor de uno de los lanchones de garrote, marchó hacia San Nicolás, donde el Teniente Coronel D. Francisco de Vera, Mayor de Detall del Ejército de Observación ordenó, el 19 de junio, al Teniente 2° de Cazadores, Nicolás E. Peña, que tomase declaración a los dos hombres para enterarse de los pormenores del apresamiento.

Amarilla informó que había participado en el ataque y toma de las dos goletas, y que luego de esa acción Garrote permaneció en la Villa del Toro, detenido por un lanchón oriental. Posteriormente Garrote pasó a Santa Fe donde, según le comentara verbalmente a Amarilla, Estanislao López le reprochó no haberse dirigido directamente allí una vez apresadas las goletas directoriales, pero ya que el caso no tenía remedio, le ordenaba navegar aguas abajo hasta La Bajada.

Según lo declarado por el patrón de la Chacabuco, Garrote marchó hacia Santa Fe al recibir un oficio de Ramírez impartiéndole esa orden.

Los dos interrogados coincidieron en afirmar que la goleta Santa Bárbara se envió al río Gualeguay, y la Chacabuco fue desguazada, todos sus útiles almacenados y su cañón echado a tierra. La tripulación de ambas embarcaciones fue puesta en libertad. Pese al contrastase que significaba la pérdida de esos dos buques, Hubac redobló sus esfuerzos en la persecución de quienes respondían a los caudillos.

A principio de julio penetró en el riacho Brazo Largo para detectar la presencia de lanchones enemigos. En el Paraje llamado “Las Botijas” encontró una balandra que navegaba aguas arriba, cuyos tripulantes le informaron que sus adversarios llevaban tropa para atacar a Correa. Hubac trató de perseguirlos internándose tres leguas en el Brazo Largo, pero tuvo que retroceder hasta la boca del riacho, ya que éste se angostaba progresivamente en su interior, y le resultaba imposible penetrar en él en sus buques.

El problema de los desniveles de profundidad del río Paraná y sus riachos adyacentes, constituía un obstáculo muchas veces insalvables para estas rudimentarias naves. Los mayores inconvenientes se presentaban en la navegación río arriba. Si no soportaban vientos del S. y S.E. las embarcaciones quedaban calmas y debían navegar a la sirga, al remo y a la espía.

En esos momentos, Hubac se hallaba a la espera de vientos propicios, y ardía en deseos de presentar combate a sus enemigos quienes, según sus propias palabras, de producirse el encuentro, “no cantarán victoria como por los arroyos y las lagunas lo han hecho hasta aquí”.

Pero para realizar un ataque frontal, consideraba necesario que desde Buenos Aires reforzaran su escuadra con lanchones bien armados y tropa perfectamente adiestrada y convenientemente equivocada, ya que, “si la tropa es como la que yo tengo, nada hará ningún oficial con ella; de éstos hay que aún no saben tirar un tiro, otros son recién sacados de los calabozos, y todos en general desnudos, todos estos son inconvenientes suficientes para no resolverme a una empresa que piense tener soldados y no encuentra cuanto sea preciso”.

Este documento ilustra claramente la penosa situación por la que atravesaba Hubac, sumado a esto la superioridad numérica de sus adversarios “Los montoneros tienen 4 lanchones con cañón, uno con sólo tropa y 4 canoas”[34] se tendrá la explicación de los acontecimientos que sobrevendrá luego.

Inmediatamente después de esta incursión de Hubac en el Brazo Largo debió producirse un encuentro con las fuerzas que respondían a los caudillos, ya que el 18 de julio Francisco Ramírez remitió a Estanislao López un oficio que expresaba: “Ya nuestra escuadrilla obra con acierto sobre los enemigos. La copia del parte que incluyo a V.E. del Comandante D.J. Garrote le instruirá de las victorias conseguidas. Fuera de todo peligro están nuestros lanchones y en seguridad cuanto apresaron”.

Mientras tanto, también Correa sufría el embate de las fuerzas que respondían a Ramírez. Apostado en el Ibicuy Chico, según informara  a las autoridades directoriales “fui cargado por tierra y por el río con 4 lanchones, éstos me hicieron prensa la goleta de este Sup.mo Gobierno donde estaba mi hijo Jorge  Saturnino Correa y mi sobrino D. Anselmo Reinoso, yo puedo salvar toda mi gente, caballada y ganado por medio de una retirada, aunque trabajosa, a la Tinta”.

Cuando llegó a ese riacho se encontró con su hijo, quien había logrado recuperar la goleta, la que al ser apresada por los entrerrianos, quedara al mando de “ese tal Don Claudio”, quien poco tiempo antes aleccionara con éxito a Garrote. Ante la intimación que le efectuara el joven Correa, el valeroso baqueano no quiso rendirse, circunstancia que obligó a aquél, a darle muerte.

Para asegurar la goleta reconquistada, Correa la hizo pasar a la zona patrullada por la escuadrilla portuguesa, pero presionado por su gente que se hallaba falta de vestimenta, víveres y municiones, Correa no tuvo otra alternativa que abandonar la zona.[38]

Al tiempo que esto ocurría, Hubac reiteraba sus angustiosos pedidos de refuerzos pues si bien habían recibido desde Buenos Aires un lanchón al mondo de Nicolás Pico, el número de hombre que lo tripulaba era insuficiente, y prácticamente carecían de alimentos.

En un oficio dirigido al Coronel D. Ignacio Alvarez de 27 de junio, Hubac le informaba acerca de las condiciones del riacho de la Tina, y detallaba el material necesario para poder atacar con posibilidades de éxito a sus enemigos, agregado que “ en el momento que reciba los víveres voy a poner en camino y a hacer cuanta diligencia sea posible, acordando con el jefe de los portugueses para lo que tenga más en cuenta, y si no tratan de aportar tropa haré tranquear la boca a los piratas para que salgan e iré a perseguirlos en el Gualeguay”.

Alvarez, en su carácter de Jefe del estado Mayor del Ejército de Observación, ya había intercedido ante Irigiyen para que auxiliarse a los miembros de la escuadra. En un oficio que le enviara el 24 de julio, destacaba que “les deben a todos desde la paga de junio, como tampoco les mandan las relaciones de tabaco, papel y yerba.”

En cuanto a las relaciones entre las fuerzas directoriales y los marinos lusitanos, eran de mutua colaboración: ya hemos visto que Correa había solicitado la ayuda de Sena Pereyra al ser derrotado por tropas de Ramírez.

Poco después que Hubac se pusiera en contacto con aquél, el 19 de agosto, Ignacio Alvarez informa desde San Nicolás a Irigoyen que había recibido al teniente  portugués Manuel Gomez Lisboa y a cuatro soldados procedentes de La Bajada, donde habían estado prisioneros. Ellos pidieron permiso para seguir viaje hacia el río Uruguay, con el fin de incorporarse a la escuadra de Sena Pereyra. Alvarez accedió a su solicitud “en retribución de las atenciones de los jefes portugueses a los de las provincias Unidas”.

Por otra parte, dos meses después de estos sucesos, el Director Rondeau, pediría al portugués Lector, dueño de Montevideo, que cargase con sus tropas “al enemigo común [sic] hasta el Paraná, en comunicación con las fuerzas de Buenos Aires”.

Prosiguiendo con los movimientos de Hubac, al no recibir la ayuda solicitada, no le cupo otra solución que poner proa hacia San Nicolás, donde arribó el 8 de agosto, según consta en un oficio enviado por Alvarez a Irigoyen: “anoche ha anclado en esta agua la escuadrilla sutil al mando del Tte. Coronel. A. Hubac, habiendo dejado el bloqueo que mantenía a los lanchones piratas, porque estos se internaron por Gualeguay en la Tina y se hacía imposible su apresamiento”.

El año 1829 finalizó sin que las fuerzas directoriales pudiesen alcanzar los objetivos deseados: a fines de diciembre, la escuadrilla comandada por Pedro Campbell, consiguió neutralizar a la de Hubac, asegurando así las comunicaciones federales por Cayastá, con su base de operaciones en la Mesopotamia. Reducido el ejército directorial a unos pocos seguidores de Rondeau, ya que tanto Belgrano como San Martín se negaron a intervenir en la guerra civil, se vio obligado a enfrentar a las fuerzas federales en Cepeda el 1 de febrero de 1820. Ramírez contaba en esta ocasión con su propio ejército, con la montonera santafesina de López, la cordobesa de Felipe Alvarez, los misioneros de Campbell custodiando el río y algunas partidas de indios chaquenses. Rondeau sufrió allí una aplastante derrota, la que motivó la caída del Congreso y del Directorio. 


 

[1] Partes de guerras civiles. T.1 pág. 196. Bs. As. 1973.

[2] Embarcación de la escuadrilla artiguista al mando de Campbell, adquirida o secuestrada en Corrientes. El 24 de diciembre de 1818 había zarpado de Goya, junto con el falucho “El Oriental”, una zumaca y varias lanchas armadas para acudir en apoyo de López y tratar de controlar la navegación en el Paraná. En Arguinddeguy: Apuntos sobre los buques de la Armada Argentina. T. 1 pág. 195. Bs. As. 1972.

Esta goleta oriental de Maldonado. A.G.N.S.X. 12-4-6

[3] Partes... op.cit.

[4] Ib.id. pág. 198. Pepe el Mahonés fue un aventurero español, quien entre 1813 y 1814 combatió con su lancha (llamada “La Podrida”) al servicio de su patria.

En Arguindeguy, op. Cit. T. 1. pág. 454.

Con posterioridad a los hechos aquí examinados, se ocupó de transportar carga entre Santa Fe y Buenos Aires. (Manuel J. Diez de Andino: Diario, pág. 180, 222, 237. Santa Fe).

En septiembre de 1821 el gobierno directorial envió al nuevo jefe de la escuadrilla porteña, José M. Zapiola, cuerdas, mechas y balas por intermedio de esta embarcación. (A.G.N.S.X. 12-4-6).

[5] Oficio de Angel Hubac al Comandante General de Marina, Coronel Matías de Irigoyen del 12-9-1819. A.G.N.S.X. 11-3-2.

[6] A.G.N.S.X. 23-2-1.

[7] A.G.N.S.X. 11-3-2.

[8] Ib- Id.

[9] Ib- Id.

[10] A.G.N.S.X. 10-8-3.

[11] Ib- Id.

[12] Ib- Id.

[13] Oficio de Angel Hubac al Comandante General de Marina, Coronel Matías de Irigoyen, del 23-1—1819.

[14] A.G.N.S.X. 23-2-1.

[15] A.G.N.S.X. 11-3-2. El puerto de San Nicolás se encuentra a 67 Km. al S. De Rosario.

[16] Ib- Id.

[17] A.G.N.S.X. 11-3-2.

[18] Ib- Id.

[19] Ib- Id.

[20] Ib- Id.

[21] Ib- Id.

[22] A.G.N.S.X. 5-9-2.

[23] Ib- Id.

[24] Ib- Id.

[25] Ib- Id.

[26] A.G.N.S.X. 5-9-2.

[27] Ib- Id.

[28] Ib- Id.

[29] Ensinck. O.L. : El río Paraná en nuestra historia. Bs. As. 1965, pág.10.

[30] A.G.N.S.X. 11-3-2. Oficio de Angel Hubac a Matían de Irigoyen del 8-7-1819.

[31] Ib- Id.

[32] Ib- Id.

[33] Archivo de Gobierno de la Provincia de Santa Fe, op. Cit.

[34] A.G.N.S.X. 11-3-2.

[35] Ib- Id.

[36] Ib- Id.

[37] Ib- Id.

[38] Ib- Id.

[39] Ib- Id.

[40] Ib- Id.

[41] Ib- Id.

[42] Ib- Id.

[43] Busaniche, J.L.: Santa Fe (1829-1862). En : Academia Nacional de Historia. Historia de la Nación Argentina. Vol IX, pág. 157.

 

  

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