Historia y Arqueología Marítima

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PRESENCIA EN CUBA DE  FRANCISCO DE MIRANDA

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por: GUSTAVO PLACER CERVERA Capitán de Fragata (R) Armada de Cuba Doctor  en  Ciencias  Históricas  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

SUMARIO

            Francisco de Miranda, caraqueño, ingresó al ejército real de España donde alcanzó el grado de Capitán de Infantería en el Regimiento de Aragón.  En 1780 fue enviado a Cuba, y como Ayudante del Mariscal Cajigal, participó de campañas militares contra Pensacola, Jamaica y Bahamas.  En 1783, debido a intrigas palaciegas entre autoridades de Cádiz, La Habana y el Consejo Supremo de la Inquisición, fue ordenado su arresto, escapando hacia EEUU en el USS Prudent.

 SUMMARY

         Francisco de Miranda, born in Caracas, joined Spain Royal Army, where he became  Infantry Captain in the Regiment of Aragon.  In 1780 was sent to Cuba, and as Assistant of the Marshal Cajigal, participated in military campaigns against Pensacola, Jamaica and Bahamas.  In 1783, due to palatine intrigues among authorities of Cádiz, Havana and the Supreme Council of the Inquisition, was ordered his arrest, escaping toward USA in the USS Prudent.


DESARROLLO

Un hecho, conocido por los historiadores, pero quizás no suficientemente divulgado, lo es la presencia y actividades realizadas, durante casi tres años, en Cuba,  por el precursor de las independencias de Hispanoamérica, Francisco de Miranda.

Nacido en Caracas, en 1750, Miranda cursó estudios en la Universidad Real y Pontificia de Santa Rosa (más tarde Universidad de Caracas y, actualmente, Universidad Central de Venezuela) y en 1771, se trasladó a España.  A fines de 1772, hizo su ingreso en el ejército real. En 1774 era capitán de infantería del primer batallón del regimiento de la Princesa.

Entre 1776 y la primavera de 1780, Miranda continuó sirviendo en el mismo regimiento. Permaneció en el batallón acantonado en Cádiz hasta el verano de 1778 cuando fue enviado a Madrid y asignado permanentemente al batallón apostado en esa ciudad y que era mandado por el coronel Juan Manuel de Cagigal nacido este último en Santiago de Cuba, ciudad de la que su padre fue gobernador general[1].

Al año siguiente, el 29 de julio de 1779, España, aliada de Francia, declaró la guerra, una vez más, a su tradicional enemiga, Inglaterra, y se decidió a dar apoyo a las colonias norteamericanas en su lucha contra la metrópoli. Es cosa segura que esta decisión debe haber sido meditada cuidadosamente por el gobierno de Madrid.

Poseedora de vastos dominios en América, la Corona española, sin dudas, consideró que estaba participando de un peligroso juego al ponerse del lado de una lucha independentista. Sin embargo, dio prioridad a la posibilidad de beneficiarse de la situación, dañar considerablemente a su principal adversario y obtener, a costa de este, territorios e influencias políticas. Entre otros objetivos, la Corona buscaba la reconquista del Peñón de Gibraltar y de los territorios de Las Floridas, estos últimos en Norteamérica, de las Islas Bahamas y Jamaica.

Las fuerzas españolas, a las órdenes de Bernardo de Gálvez[2], partiendo del territorio de la Luisiana, batieron a los británicos en la región del río Mississippi cercana a Nueva Orleáns y al año siguiente, el ejército español, con la cooperación de voluntarios norteamericanos, capturó la fortaleza de Mobile. Simultáneamente, una potente fuerza naval española, comandada por el almirante José Solano[3], operó en el Golfo de México y el Mar Caribe. Estudiosos del tema han señalado que, “si los españoles no hubieran distraído fuerzas británicas y estas hubieran podido concentrar sus esfuerzos contra las colonias coaligadas las fuerzas norteamericanas pudieron haber sufrido un fuerte retroceso que hubiera prolongado la guerra” [4].

Con el propósito de reforzar su presencia militar en la región e incrementar su actividad bélica contra los ingleses, el Alto Mando español envió a Cuba una poderosa escuadra formada por 40 buques de guerra y transporte. En ellos viajó un cuerpo expedicionario compuesto por seis regimientos de infantería y caballería que sumaban 7 637 soldados y oficiales y unos 100 artilleros y que era mandado por el general Victorio de Navia Osorio quien tenía como lugartenientes  a los mariscales de campo Guillermo Wangham y Juan Manuel de Cajigal. El convoy expedicionario partió de Cádiz el 28 de abril de 1780 y arribó a La Habana a mediados de agosto notablemente debilitado por las enfermedades que atacaron a las tropas y tripulantes durante la travesía.

Formaba parte del cuerpo expedicionario, el Regimiento  de Aragón uno de cuyos oficiales era el entonces capitán Francisco de Miranda quien se había alistado como voluntario. A poco de su llegada a La Habana, fue designado como ayudante del mariscal Cajigal.

El 18 de octubre partió de la capital cubana una expedición mandada por el general Francisco de Saavedra compuesta siete navíos y cinco fragatas de la escuadra de Solano, que protegían a los 49 transportes que conducían 3 800 hombres para el desembarco así como artillería de sitio y los aseguramientos necesarios. El objetivo de la expedición lo era el puerto de Pensacola que se encontraba en poder de los británicos. 

A los tres días de navegación, la agrupación naval fue sorprendida en la mar por un poderoso huracán que la dispersó y desarboló cuatro navíos. La mayoría de los buques, no sin grandes esfuerzos, logró regresar a La Habana, otros fueron a dar a las costas de Luisiana. Después del desastre ocurrido, la expedición a Pensacola fue reorganizada, no sin fricciones entre los mandos españoles

“…. hubo choques entre el Ejército y la Marina y entre estas dos fuerzas armadas y el nuevo comandante de la acción bélica, don Bernardo de Gálvez, sobrinísimo del ministro de Indias, José de Gálvez ….”[5] 

El 28 de febrero de 1781 salió, al fin, el segundo intento expedicionario contra Pensacola, con 1350 hombres. El 9 de marzo, la expedición desembarcó y ocupó la isla de Santa Rosa y puso sitio a Pensacola.

En vista de que la operación de Pensacola se dilataba, se envió un refuerzo que salió de La Habana el 9 de abril, mandado por Cajigal en el cual viajó Miranda en calidad de su ayudante de campo. Las tropas de refuerzo sumaban 3 200 hombres de los cuales 640 pertenecían a la guarnición de La Habana . Tras dos semanas de navegación, esta segunda expedición, arribó al lugar del asedio y participó en las acciones.

Pensacola fue tomada por las fuerzas españolas el 11 de mayo. En recompensa por el éxito alcanzado, Gálvez y Cajigal fueron ascendidos al grado de teniente general y Miranda al  de teniente coronel. Cajigal fue nombrado Capitán General de Cuba y a Gálvez se le designó como comandante general del ejército español en el Caribe.

En los primeros días del mes de agosto de 1781, Cajigal decidió enviar a Miranda a Jamaica, la principal plaza fuerte de los británicos en el Caribe, con el propósito de que cumpliera allí varias misiones, una de las cuales era de carácter oficial, en tanto que las otras necesitaban de la más absoluta discreción, pues tenían que ver con la obtención de información militar y política y con la compra de barcos ligeros propios para el aviso y la exploración.

Para el cumplimiento de la primera misión, consistente en negociar un canje de prisioneros, Miranda fue investido por Cajigal “…. con plena facultad y órdenes para que por sí, y a mi nombre, pueda estipular y concluir un Cartel de Canje formal entre esta isla y la de Jamaica ….”. En Jamaica se encontraban prisioneros ochocientos cincuenta soldados españoles, así como veintidós oficiales, y en Cuba un número un poco menor de prisioneros ingleses. Esta misión fue cumplida con todo éxito por el venezolano.

La misión de inteligencia fue también cumplimentada por Miranda, quien obtuvo valiosa información sobre el baluarte jamaicano.

Las tercera misión, la de la compra de embarcaciones, a causa de complicaciones imprevistas, fue fuente de problemas con el entonces intendente de La Habana, Juan Ignacio Urriza.

Entre tanto, Bernardo de Gálvez, quien tenía el propósito de atacar Jamaica – pues la capitulación obtenida por el general George Washington en Yorktown, Virginia, abrió también la posibilidad de desalojar a los ingleses de la cuenca del Caribe – llegó a Cuba para examinar la información obtenida por Miranda sobre la posesión británica.

A su regreso a Cabo Francés (hoy Cabo Haitiano) situado en la parte noroccidental de la isla de Santo Domingo, donde había establecido su cuartel general, Gálvez llevó consigo a Miranda en calidad de ayudante, con la misión de colaborar en la planificación del ataque contra Jamaica.

El plan estratégico de Bernardo de Gálvez consideraba que, previamente a la invasión de Jamaica, se ocupara la isla de Nueva Providencia en Las Bahamas donde está situada la capital de ese archipiélago, Nassau, pues desde allí, los ingleses podían lanzar un contraataque.

Dicha isla había sido capturada por fuerzas estadounidenses mandadas por John Paul Jones en 1776 y 1778 pero habían sido recuperadas por los británicos. Tanto corsarios como fuerzas regulares inglesas la utilizaban como base y desde allí acosaban al tráfico marítimo en el Canal Viejo de Bahamas, el Océano Atlántico y el Mar Caribe. La valoración de Miranda es elocuente:

“…. Pocas personas ignoran que la posición de estas islas ofrece a los corsarios ingleses un fondeadero tranquilo, un retiro seguro, el dominio de todos los desembarcaderos  de todas las flotas que viene del Golfo de  México, La Habana y Santo Domingo ….”[6].

La operación contra Bahamas fue encomendada a Cajigal quien seleccionó a Miranda como ayudante y comenzó a trabajar inmediatamente en los  preparativos de la expedición.

El primer paso consistió en solucionar el grave problema de la escolta. Con vistas al ataque a Jamaica, dirección principal de los españoles y sus aliados franceses, se estaban concentrando en Cabo Francés, en el noroeste de La Española,  potentes fuerzas navales y tropas, bajo el mando de Gálvez. La escuadra española era mandada por el almirante Solano y la francesa por el conde de Grasse. Por otra parte, los británicos habían enviado a la región del Caribe una poderosa escuadra mandada por uno de los marinos más destacados de la época, el almirante George Rodney. Estas circunstancias, hacían que España no pudiera disponer de buques de guerra para apoyar la expedición a las Bahamas.

Los buques de transporte se encontraban listos, las tropas preparadas para el asalto pero no se contaba con buques de guerra que los escoltaran durante la travesía y apoyaran el desembarco con el fuego de sus cañones. Por ello, Cajigal aceptó, en enero de 1782, la oferta del comodoro estadounidense, Alexander Guillon – que mandaba una flotilla compuesta por la fragata South Caroline y ocho bergantines artillados – de cooperar en la empresa. Miranda escribió al respecto

“…. la fragata de Guillon, que es muy hermosa, tiene 28 cañones de 36 y doce de 12 ….”[7].

De esa manera, Guillon fue designado jefe de la escuadra expedicionaria mientras Cajigal lo fue de las tropas de invasión.

Ultimados los preparativos, la expedición zarpó de la bahía habanera el 22 de abril de 1782. Estaba compuesta por 9 buques de guerra norteamericanos (la fragata y los 8 bergantines) y 54 pequeños buques de transporte españoles a bordo de los cuales iban 2 500 soldados, gran parte los cuales habían participado en las acciones de Mobile y Pensacola. En la fuerza invasora había contingentes pertenecientes a los regimientos Guadalajara, España, Corona, Rey, Príncipe, Soria, Granada, Navarra, Aragón y Fijo de La Habana así como 202 milicianos pertenecientes al batallón de pardos y morenos de la capital cubana. Francisco de Miranda, en calidad de ayudante de campo de Cajigal, participó en los preparativos expedicionarios y embarcó junto a su jefe en la fragata South Carolina.

 Al encontrar vientos contrarios, la agrupación naval avanzó con lentitud y arribó a Matanzas al amanecer del 30 de abril. Al cambiar el viento favorablemente, la velocidad del destacamento aumentó y las islas Bimini, situadas en el estrecho de la Florida, fueron avistadas el 2 de mayo.  El avance era lento otra vez al día siguiente cuando Guillon ordenó girar hacia el Este para penetrar en el Canal del Noroeste de Providencia en demanda de la peligrosa ruta Sureste de Nassau.

Tanto Cajigal como Guillon sabían que si costeaban Las Bahamas por el Sur corrían el riesgo de encontrarse con las fragatas inglesas que hacían cruceros de vigilancia en la región. Se decidieron, por tanto, a navegar por un canal apenas conocido y considerado impracticable. La pericia marinera de Guillon estuvo a la altura de las circunstancias y en la mañana del 4 de mayo la flota expedicionaria se presentó frente a Nassau, puerto que bloqueó inmediatamente, capturando algunas presas.

Miranda reflexionaría sobre aquel momento:

“…. Hasta ahora se creía que el Canal de Providencia era impracticable para una flota tan considerable, era inclusive la opinión de todos los marinos, pero el talento prevalece por encima de los prejuicios ….”[8]. 

El Capitán General británico de Bahamas, vicealmirante John Maxwell no contaba con fuerzas suficientes para hacer frente a un ataque de gran envergadura. Conminado a rendirse, dio evasivas y trató de ganar tiempo. Cajigal envió el 6 de mayo, a Miranda como parlamentario y le dio al alto oficial británico un ultimátum para rendirse en un plazo de doce horas.

Miranda regresó al buque insignia South Caroline con la respuesta de Maxwell a Cajigal en la cual decía que, como oficial de la Marina Real le resultaba muy difícil rendirse.  Al día siguiente, Cagigal le envió al jefe inglés el pliego de las condiciones preliminares de capitulación, elaborado por Miranda. Casi simultáneamente, Cajigal hizo desembarcar sus tropas y el Capitán General británico, considerando que estaba siendo sitiado por una fuerza de por lo menos 5 ó 6 mil hombres, aceptó los términos de capitulación la cual fue firmada, el 8 de mayo, por Miranda y Maxwell. En el documento firmado se estipulaba que los prisioneros serían enviados hacia cualquier puerto de Inglaterra o de las posesiones británica, excepto Jamaica o Norteamérica. Esta medida fue exigida por los vencedores a fin de evitar la reincorporación inmediata de los prisioneros al ejército inglés que combatía en la América del Norte, tal como había ocurrido con los prisioneros de Pensacola, enviados por Bernardo de Gálvez a Nueva York.

Los británicos, junto con la plaza y el archipiélago de Bahamas rindieron 12 buques de guerra de diverso porte, 159 cañones, 6 obuses, 36 granadas de mano, 868 mosquetes, 31 pistolas y 86 espadas. Se hicieron 1 412 prisioneros de los cuales 274 eran soldados pertenecientes a las tropas regulares, 338 milicianos, y 800 marineros de los buques.

La cantidad de abastecimientos capturada en Nueva Providencia fue importante y además de los buques mencionados se ocuparon 5 goletas, 2 balandras y alrededor de 65 embarcaciones menores.

La expedición contra Bahamas fue todo un éxito. Sin ni siquiera una baja, se ocupó una plaza situada en un importante punto estratégico. Sin embargo, la satisfacción de Miranda y Cagigal por la victoria alcanzada duró muy poco tiempo. Intrigas y rivalidades a las que no fueron ajenos el ministro de Indias, José de Gálvez y su sobrino Bernardo[9] así como el intendente de La Habana, José Ignacio Urriza y el Consejo Supremo de la Inquisición, hicieron que se dictara orden de arresto contra el venezolano y que se sustituyera a Cagigal. Ante la situación, Miranda se escondió y logró embarcarse clandestinamente el 1º de junio de 1783 en el navío norteamericano Prudent que lo condujo a los Estados Unidos. En lo adelante se le consideraría un enemigo declarado del rey y del Estado español.   


 

[1] Francisco Cagigal de la Vega ocupó los cargos de: gobernador de Santiago de Cuba (1738 -1746), gobernador y capitán general de la Isla de Cuba (1747 – 1760) y virrey de Nueva España [México] (1760).
[2] Bernardo de Gálvez era hijo de Matías de Gálvez, gobernador y capitán de Guatemala y sobrino del Ministro de Indias, José de Gálvez. A pesar de su juventud (nació en 1746), tenía experiencia combativa. En 1762, había participado en la campaña de Portugal, había acompañado a su tío José a Nueva España y peleado allí contra los Apaches. Participó después en la fracasada expedición de O`Reilly contra Argelia. En 1776 fue enviado a Nueva Orleáns como coronel del Batallón Fijo y poco tiempo después fue designado gobernador interino de Luisiana. A comienzos de 1779 fue ascendido a general de brigada y designado gobernador de Luisiana en propiedad y en agosto de 1779 se le nombró comandante de las fuerzas expedicionarias contra la Florida. En 1785, Bernardo de Gálvez fue gobernador y capitán general de la Isla de Cuba, con carácter interino.
[3] José Solano y Bote (1726 -1806). En 1763, siendo capitán de navío, fue designado gobernador y capitán general de Venezuela, cargo que ocupó hasta 1770. De 1770 a 1773 fue gobernador y capitán general de Santo Domingo. En ese año volvió al servicio en la Armada, fue ascendido a brigadier y promovido a jefe de escuadra en 1779. En 1782 fue ascendido a teniente general y designado jefe de la escuadra y del Apostadero de La Habana.
[4] BERMAN,Eric: The 1782 American – Spanish Expedition en Proceedings of the U. S. Naval Institute, Newport, Agosto de 1956.
[5] GARCÍA, Láutico: Francisco de Miranda y el antiguo régimen español, Academia Nacional de Historia, Caracas, 1961, Tomo II, p. 196.
[6] MIRANDA, Francisco de: “Noticias del Cabo” en la recopilación de obras de Miranda titulada América espera, (Selección, prólogo y notas de J. L. Salcedo Bastardo), Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1982, p. 53.
[7] Ibidem.
[8] Ibidem., p. 55.
[9] Archivo General de Indias, Audiencia de Santo Domingo, leg. 2549, Bernardo de Gálvez a José de Gálvez, Guarico, Mayo 18 y Noviembre 30 de 1782 y Abril 27 de 1783. Sobre orden de arresto a Francisco de Miranda.
 

  

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