Historia y Arqueología Marítima

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VIAJES AL FIN DEL MUNDO (1787-1868) (CIENTO SESENTA Y CINCO MIL CONVICTOS PUEBLAN AUSTRALIA)

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

Por:  MILTON RIZZI CASTRO Publicado en Ciclo de Conferencias año 2007

 INTRODUCCION

            El 13 de mayo de 1787 partió de Portsmouth, Inglaterra, la primera Flota con 759 criminales convictos, 191 mujeres y niños incluidos. El destino era Nueva Gales del Sur, en Australia del Este, hacia lo que sería la colonia penal más grande del mundo.

            En los 80 años siguientes se necesitaron 815 transportes mas, hasta alcanzar la cifra citada en el titulo. A consecuencia de este torturante recorrido murieron el 1,80% de los conducidos, sobre todo de disentería, escorbuto y fiebres. Uno de cada seis convictos, sobre todo de disentería, escorbuto y fiebres. Uno de cada seis convictos era mujer. A pesar de la lejanía muchos intentaron huir. Muy pocos lo consiguieron.

            En 1788 habitaban Australia 300.000 aborígenes. Cien años después sólo vivía la décima parte. La biografía de Bennelong ilustra la tragedia de esta culturización forzada.  Entre los convictos fueron algo mas de 100 médicos, muchos de ellos mas bien sanadores autorizados que propiamente doctores. Algunos de ellos son objeto de síntesis biográficas: Jerome Cornelis, John Irving, Dárcy Wentworth, William Blane, Kevin Izod O´Doherty y William Redfern.  Éste último fue el responsable en gran medida de una actitud más humana en las transportaciones y en la creación de los cargos de Cirujano Superintendente.

            Charles Darwin comentó en 1836: “Aunque como lugar de punición el objetivo no ha sido conseguido, se trata de un espléndido ejemplo civilizador”.

            En 1793 comenzó la emigración libre y fueron unos 300.000 aproximadamente hasta 1868. En ese mismo año cesaron totalmente las transformaciones.  Los convictos y los emigrantes hicieron de “la tierra más miserable del mundo”, tal como la describía W. Dampier en 1698, la importante Australia de hoy.

 1)           PRIMERA FLOTA

El 13 de mayo de 1787 (1) temprano en la mañana llegaron treinta carruajes repletos al puerto de Portsmouth. Los presos estaban encadenados y desfilaron, algunos alegremente, en dirección a los navíos que los esperaban en la rada. Eran hombres, mujeres y niños. (2) Si contamos los que ya estaban desde hacía largo tiempo encadenados en las bodegas de los barcos, habían en total de 568 hombres y 191 mujeres y niños. Los marinos encargados de custodiarlos eran 212, incluidas algunas mujeres y niños. Uno de cada siete marinos iba acompañado de su mujer. (3) Éstos eran miembros del recién creado New South Wales Marine Corps (Cuerpo de Marines de Nueva Gales del Sur) y habían sido seleccionados por la Marina Real para custodiar la Colonia Penal a crearse en Nueva Gales del Sur.

            Los Barcos destinados a transportar este bizarro conjunto tenían entre 300 y 400 toneladas de desplazamiento (4) y se denominaban: ALEXANDER, CHARLOTTE, FRIENDSHIP, LADY PENHRYN, PRINCE OF WALES y SCARBOROUGH. Éstos eran navíos contratados por la Corona y su cometido era transportar y alimentar a los convictos durante el viaje. La dieta de los criminales estaba sujeta a reglas estrictas y debían incluir harinas, arroz, cebada, guisantes, pan, vegetales secos, carnes saladas y varios antiescorbúticos.

            Por cada convicto se pagaba a los transportistas 22 libras, 10 chelines y 6 peniques (la mitad por los niños), independientemente que llegaran vivos o no.  En 1800, luego de la desastrosa Tercera Flota, se cambió el régimen y se pasó a: 18 libras por “transportar” y a más 4 libras, 10 chelines y 6 peniques por “llegar con vida” a destino (el Bounty System). (4)

            Estos “buques prisión” de la Primera Flota eran acompañados por tres navíos de suministros, llegados FISHBURN, GOLDEN GLOBE y BROWDALE. Éstos llevaban animales vivos para consumo durante el viaje. También incluían cucarachas, moho y las infaltables ratas. Los “guardianes” de la flota eran el SIRIUS, buque insignia con 620 toneladas, 6 carronadas, 4 cañones de 6 y 100 pies de eslora y el SUPPLY, un bergantín de 175 toneladas y 8 cañones. Éste último llevaba 50 hombres.

            El desplazamiento total de la Primera Flota era de 3.892 toneladas y los humanos transportados, incluidos los oficiales y tripulantes de los mercantes, algo más de 1.000. Cada barco debía llevar un cirujano (2) (4) y habitualmente éstos eran jóvenes inexperientes o viejos de competencia discutible. En el SIRIUS viajaba (5) John White (1760-1832), un hombre capaz que sería luego Cirujano Mayor en Sydney.

            La Primera Flota estaba comandada por Arthur Phillip, un retirado capitán de marina de 48 años de edad.  Phillip (2) había nacido en 1738 en la calle Bread en Londres. Su padre era alemán, especialista en lenguajes, y su madre inglesa. Luego de cursar estudios en la Escuela de Greenwich ingresó a la Marina Real donde tuvo un desempeño sin mayor destaque. Fue contratado luego por la Armada Portuguesa (6) donde sobresalió. Entre los trabajos que tuvo que realizar allí, merece indicarse el traslado de 400 prisioneros de Lisboa Brasil.

            Phillip era pequeño, de nariz aguileña, con rasgos faciales cortados a hacha, de voz fuerte y ¡¡se mareaba con el movimiento de las olas!!  Había sido investido por la Corona con un poder inmenso, era juez y parte de todo lo que sucediese, tanto abordo como en la colonia Penal. Podía indultar y ejecutar sin más requisito que hace un informe por escrito a un funcionario judicial que lo acompañaba.

            Los convictos eran alojados en las bodegas de los barcos (1) a 45 centímetros unos de los otros. La mayoría era ubicada sobre tablas cubiertas con jergones. A más de las cadenas se les pasaba un hierro a la altura de la cintura, que se aseguraba por otro que lo sujetaba a los tablones.

            En la bodega, al costado del mástil, se había construido un mamparo mas elevado, con espacio para colocar un rifle, desde donde los convictos eran vigilados por los marinos. Los prisioneros de los extremos eran los responsables de las bacinetas para orina y materia fecal. Éstas se iban pasando de mano en mano. Lo mismo sucedía con la comida. Cuando ésta escaseaba y había algún muerto abordo, a menudo los compañeros no informaban del evento, con el fin de repartirse la porción del occiso... ¡hasta que el olor era insoportable!

            Por intentar sacar las cadenas había una mínima penalidad de 25 azotes, a veces el castigo aumentaba hasta los 300. Se recuerda un caso de 800 azotes en dos días. Si el convicto sobrevivía a este castigo, quedaba inútil para el trabajo de por vida. (4) (7)

            En cubierta hacia popa se había construido con maderas un espacio vallado para que los prisioneros salieran a tomar aire y hacer algún ejercicio. Se utilizaba muy poco.

            Las enfermedades mas frecuentes en los viajes eran; disentería, fiebres, venéreas, infecciones de las heridas (por los grilletes), neumonía, tifus, tuberculosis, desnutrición y tracoma. Las mujeres tenían éstas y asimismo las patologías del embarazo y del parto. Los niños eran los más frágiles y a menudo sucumbían por circunstancias higiénicas y alimentarías inadecuadas.

            Los médicos en general no bajaban a las bodegas en la noche, por temor a ser asesinados o tomados como rehenes. (8) Cuando se decidían a actuar tenían a su disposición dos libros:

De autor desconocido: The Seaman’s Medical Instructor, Londres, 1774.

William Northcote: Marine Practice of Physic and Surgery, Londres, 1773.

El “botiquín” que recomendaban estos Tratados incluía:

Purgantes: Calomelo, ruibarbo, jalapa, aceite de castor.

Eméticos (para vomitar) : ipecacuana.

Diaforético (para sudar): Sulfato de Potasio y goma arábiga (para masaje pectoral).

Opiáceos (para el dolor): Láudano, opio, elixir paregórico.

Febrífugos: Quinina.

Mercuriales (en casos de sífilis): por boca y para masajear.

            El éter sulfúrico era usado como agente terapéutico tanto en calambres como en casos vértigo, de gota o de dolor dentario. Se hacían sangrías, se purgaban, se hacían lavajes y se aplicaban sanguijuelas. Ocasionalmente se pasaban bujías en retenciones de orina por estructura uretral blenorrágica, se reducían fracturas y luxaciones, se extraían dientes o se realizaba alguna amputación.

            A lo largo de 80 años de “transportaciones” el Reino Unido envió unos 165.000 convictos de Australia. (9)  La mayoría eran solteros pertenecientes a las clases trabajadoras, la cuarta parte sentenciados a cadena perpetua, dos tercios del total tenían condenas anteriores y el 80% eran por robo.   Uno de cada seis transportados eran una mujer. Éstas podían en general, ir con sus niños o ser embarcadas mientras cursaban un embarazo.  De la mujer, el 20% eran prostitutas e involucradas en robos a sus clientes.

            El 65% eran ingleses, 5% escoceses y el 30% irlandeses. Estos últimos en general eran transportados por delitos políticos.  El 65% eran protestantes y el 33% católico.  El 50% eran analfabetos y la edad promedio era de 26 años.

            El viaje de la Primera Flota demoró 258 días y uno de los últimos en 1868, sólo 89.  Las condiciones de viajes de las mujeres y niños será analizadas oportunamente.

            Retornemos al 13 de mayo de 1787... Un sacerdote se hinca en el puerto de Portsmouth y bendice a la Flota que lleva los pecadores al fin del mundo. El Reverendo Jonson a bordo del Sirius lo acompaña con sus rezos. El Capitán Phillips se apresta para vomitar. Los convictos del ALEXANDER (4) se mueven de a 40 por vez por razones de espacio.  La fragata de guerra HYENA, de 24 cañones, acompaña los barcos por 100 millas.

            La Flota (2) (4) sigue rumbo Sur, hace escala en Tenerife por agua y llega a Río de Janeiro en ocho semanas. Allí permanece un mes. Hay 95 enfermos. Se les alimenta con arroz, carne, verduras y naranjas para prevención del escorbuto. Todos mejoran y se dirigen entonces a El Cabo, donde se adquieren los animales que servirán para poblar la Colonia Penal. Se trata de dos toros, cinco vacas, tres caballos, cuarenta y cuatro ovejas y treinta cerdos.  Además: cabras, gallinas, patos y los terribles conejos, hoy (10) plaga nacional en Australia.

            El 12 de noviembre parten de El Cabo en dirección a Botany Bay, en la costa Este de Australia, lugar elegido por Sir Joseph Banks, el biólogo de la Expedición de James Cook como el “… más adecuado para establecer una colonia que pueda sustentarse por si misma …”.  Phillips se adelanta y explora la costa el 20 de enero de 1788. Botany Bay no es lugar “adecuado”, es poco profundo y no hay agua potable suficiente. En cambio Port Jackson, más al Norte, lugar tambíen descubierto por Cook es “… el mejor puerto del mundo donde podrían desplegarse mil velas …”. (7)

            De los 759 convictos (4) que partieron de Inglaterra han fallecido 40, incluidos 4 mujeres y 5 niños, pero también han nacido 7 niños en el viaje. Todos han sido bautizados. De los 212 marinos del Cuerpo Real han muerto un hombre, un niño y la mujer de un marino.  El 26 de enero de 1788 se elevó la bandera de la Union Jack en Port Jackson, se dispararon tres cañones y se dieron los “hurras” festejando el nuevo establecimiento.  Aún hoy Australia celebra el 26 de enero como el día de su fundación. (10)

            Unos seres oscuros, pequeños, delgados y muy sucios (7) observan desde la costa. Son los aborígenes australianos. Muy pronto las enfermedades infecciones occidentales los pondrían al borde de la extinción.

            La señora del marino Thomas Whittle (3) tiene la feliz idea de dar a luz al primer australiano “occidental” en ese mismo día. Probablemente no supiera que estaba embarazada cuando procedió a embarcarse.

            El 6 de febrero ya han descendido todos los convictos con sus cadenas. Incluso las mujeres y a veces también los niños eran encadenados.  El Gobierno Phillip decreta día de fiesta, las mujeres son inducidas a confraternizar. Se le dio una pinta de grog a cada convicto. Los varones son invitados a casarse, aunque hay cuatro hombres para cada mujer.

            Poco después un decreto de Phillips sentencia: (2) “… los que ronden las tiendas de las mujeres serán ejecutados ….”. Sin embargo, Thomas Barrel, el primer ahorcado, lo será por robar comida.

¿Quiénes eran estos convictos, porqué estaban ahí (3)?

Francis Flexmore, 22 años, condenado a 7 años por “robar dos chapitas de plata ornamentar zapatos”.

John Irving, médico, por “robo de un vaso de oro labrado”; 7 años.

Elizabeth Claveland, 25 años: “Me golpeó y le eché vitriolo en la cara”. Condenada a 14 años.

Además había militares que habían transgredido los códigos de comportamiento, estafadores y falsificadores, pero sobre todo ladrones. Los asesinos eran pocos. La mayoría provenían de la ciudad y no tenían habilidades manuales ya fuesen de labranza o manejo de animales. Pronto la colonia sufriría intensamente por estas circunstancias.

Una terrible combinación puso a prueba la existencia misma de la colonia que contaba con solo 12 carpinteros y el trabajo manual era hecho por hombres encadenados bajo el sol australiano.

Australia era algo enorme (10) e inexplorado, 2.967.909 millas cuadradas, una tierra tan dura que quebraba las azadas (11), las estaciones eran al revés, había árboles que rompían los mangos de las hachas, unas enormes hormigas que picaban a los hombres engrillados y la desesperanza por una Madre Patria que quedaba 12.000 millas de distancia.

Se perdieron las semillas, los ratones de campo devoraron las cosechas, no había botánicos, se escabulleron los toros u las vacas. (Siete años después los encontraron y eran 61).

            El hambre comenzó en 1789. Todo dependía entonces de lo que pudieran traer los barcos SIRIUS y SUPPLY de Batavia o El Cabo.  Pero el mayor de los dos, el SIRIUS, encalló en la rada de la Isla Norfolk, de 34 km2 y ubicada a 1.000 millas de Sydney es famosa por las gigantescas Araucaria Exelsa de 60 metros de alto.  Por fortuna, las provisiones y los convictos pudieron ser salvados de ese naufragio y el establecimiento prosperó con el cultivo de lino. Incluso algunos de los amotinados del BOUNTY vivieron allí.

            La Segunda Flota llegó a Sydney en junio de 1790 con 1.800 prisioneros. La tercera parte había fallecido en le viaje o sucedió mientras esperaban el desembarco. Los cuerpos desnudos de los convictos arrojados desde los barcos comenzaron a aparecer en las orillas de la Bahía de Sydney.

            En el NEPTUNE, de 649 convictos habían muerto 147 hombres y 11 mujeres. El Reverendo Johnson escribió: “el olor es insoportable, están encadenados tan juntos que no pueden ni moverse”. Respecto al Lady Juliana, que había arribado con 222 mujeres, Johnson sentenció: “… nos envían esta carga inútil en lugar de comida …”

            La tercera parte de los que habían sobrevivido a la disentería, al tifus y al escorbuto pasaron meses en tierra recuperándose de sus enfermedades.

             La Tercera Flota arribó en 1791 con 1.695 hombres y 168 mujeres “sobrevivientes”. Habían muerto 194 hombres, 4 mujeres y un niño. En los tres meses que siguieron a su desembarco, 288 convictos más habían fallecido.

            Era el año 1791. El Gobernador Phillip podía razonar; había conducido triunfalmente la Primera Flota, había recibido otras dos más y había fundado con éxito una Colonia satélite en la Isla Norflk, pero el enorme territorio que le había sido concedido (de Cabo York al 43°59’ Sur y hasta el 135° Meridiano Este) estaba aún casi totalmente inexplorado.

Tampoco las órdenes específicas que traía habían sido cumplidas:

-       cultivar la tierra,

-       relacionarse con los nativos,

-       observar la religión,

-       procurar mujeres en las islas cercanas...

            La única meta que había sido alcanzada era “emancipar por buena conducta”.  En efecto, al liberado James Ruse en 1790 le habían sido concedidos 30 acres de tierra y fue éste el primer “australiano accidental” en demostrar capacidad de autosuficiencia. (acre = 4.047 m2 ). Todos los demás dependerían de los almacenes estatales.

            Hasta 1797 (4) la Corona Británica había transportad 4.960 convictos a la Colonia Penal de Nueva Gales del Sur y había desembolsado con ese motivo 229.234 libras por gastos de los navíos de la Armada Real sin contar el avituallamiento de éstos. En suma, algo así como 80 libras por prisionero y con una mortalidad superior al 10%.  Un gran gasto con su resultado mediocre.

            En 1786 cuando el Parlamento Británico discutía la Transportación un Diputado había expresado: “… es como enviarlos al fin del mundo …”. Y así era realmente... el fin del mundo quedaba lejos de Londres. 

2)   LA CRIMINALIDAD EN GRAN BRETAÑA A FINES DEL SIGLO XVIII

En 1786 (2) Inglaterra, Gales y Escocia tenían aproximadamente 9.000.000 de habitantes e Irlanda (toda la Isla) unos 4.500.000.

Ejercían unos 3.100 médicos con título oficial y más del doble con certificaciones poco fiables.  Había unas 100.000 personas en las cárceles. Como éstas no cabían en las prisiones se utilizaban casas viejas, barracas y barcos anclados en los diversos puertos como depósito de presos. Las condiciones eran penosas. En agosto de 1788 una encuesta parlamentaria (6) reveló que a bordo del Dunkirk, 68 prisioneros habían sido confiados en una bodega de 17,50 mts. De largo por 6 de ancho por 1,80 de alto.

La pena de muerte podía ser aplicada en 191 delitos, aunque habitualmente los jueces la indicaban en casos de reincidentes. El 1786 101 prisioneros fueron ahorcados en toda Gran Bretaña. Se trataba de todo un espectáculo para el pueblo que acompañaba al coche que, por ejemplo en Londres, llevaba al condenado de Newgate a Tyburn, (2) unas dos millas. A los niños, que eran invitados al evento, los padres del compraban unos muñecos que representaban al ahorcado.

         La tortura (6) para propiciar la confesión estaba organizada: estirar, encepar, quemar y el horno de silla eran utilizados.  Un delincuente habitual podía ser condenado a muerte por robar una oveja o más de 40 chelines en una casa particular. Las mujeres podían ser azotadas y los niños encadenados y colgados.

            En las grandes ciudades había muchas personas sin hábitos de trabajo, por ejemplo sólo en Londres (6) en 1780 existían 17.000 casas donde se vendía gin y la prostitución era corriente.

A partir del reinado de Carlos II (2) en el siglo XVII, la sociedad inglesa decidió expatriar a los criminales impenitentes y de paso proveer de trabajo esclavo en las colonias. Este hecho se institucionalizó en el siglo siguiente y tan así que desde 1717 a 1773 un estimulado de (1) 500 viajes con convictos fueron realizados desde Gran Bretaña hacia las colonias americanas.

            El procedimiento judicial era el siguiente: la Corona “vendía” el prisionero a un armador d barcos y peste lo transportaba a su destino, donde lo “revendía” como esclavo.  El período de trabajo forzado del convicto no podía exceder el de la condena, es decir de 7  o de 14 años, o por toda la vida.

            Con motivo de la Revolución Norteamericana los viajes se suspendieron en 1773 y los barcos inactivos se llenaron de prisioneros mientras esperaban en puerto.

            En 1775-76 (2) se hizo una prueba con Africa y 746 convictos fueron enviados a Gambia, en la costa Occidental del Continente. Al año se comprobó que 334 habían fallecido y otros 271 habían escapado y probablemente muerto también. La experiencia se dio por fracasada.  Entonces se recurrió a la Memoria, que acerca de Nueva Holanda, había redactado Sir Joseph Banks.  Éste era, en 1786, Presidente de la Royal Society, un cargo muy relevante, influyente y honorífico.  En la citada Memoria, Banks aconsejaba Botany Bay como una tierra apropiadamente lejana y con grandes posibilidades de poder fundarse allí una colonia autosuficiente.

            Además estaban allí los árboles necesarios para la industria naval dado que los constructores de barcos, por lo menos por algún tiempo no podían contar con los especimenes americanos y los bosques de Gran Bretaña estaban agotados.

            Y así fue decidido, el Parlamento aprobó la Transportación a Australia y Lord Sydney, secretario de estado de la Corona impartió las órdenes respectivas a Richard Howe (1726-1799), Primer Lord del Almirantazgo, que a su vez designó, como ya hemos analizado, a Arthur Phillip como Comandante y Primer Gobernador de la Colonia Penal de New South Wales.  Los viajes al fin del mundo habían comenzado... 

3)   LOS ABORÍGENES

Nueva Holanda (10) (recién se llamó Australia a sugerencia del Capitán Mathew Flinders después de 1803) era un enorme territorio con 19.914.000 km. de costas, muy escasamente poblado (11) En 1787 las tribus aborígenes comprendían solamente unos 300.000 individuos.

Se piensa que estos pobladores habían llegado a la Tierra Austral en oleadas sucesivas por lo menos 40.000 años antes (1) de la aparición de los europeos.  Se distinguen hoy por lo menos tres orígenes:

a)    los “Negritos”, eran melanesios y emigraron a Tasmania cuando ésta aún estaba unida al continente,

b)    los “Murrayans”, de estirpe relacionada con los ainus de Japón

c)    los “Carpentarianos”, que provenían de Ceylan.

            Los aborígenes australianos se agrupaban en unas 500 tribus con interconexiones familiares entre ellas y hablaban 220 lenguajes a menudo incomprensibles entre sí.  El pirata William Dampier escribió en 1698: “… son el pueblo más miserable del mundo ...”  Dirk Hartog (11) el holandés que exploró la costa Oeste en el Eendracht en 1616 fue realmente el primero que hizo referencia a esta desdichada etnia.  James Cook en 1770 fue algo más considerado con ellos.

            Sin se nos permite resumir en una frase a los aborígenes australianos, digamos que se trataba de un pueblo de la edad de piedra absolutamente integrado al medio ambiente hostil en que le tocó vivir.  Recordemos (7) que el 75% del territorio australiano recibe menos de 600 mm3 de agua por año.

Antropología en aborígenes australianos:

-       en parto en cuclillas y muy rápido, amamantaban hasta los cuatro años, los niños tenían perros y wallabies como mascotas, cuando los varones llegaban a la pubertad se extraían uno o dos incisivos frontales, se tatuaban y eran circuncidados. Muchas tribus abrían la uretra en sentido ventral, probablemente como método anticonceptivo.

-       En las niñas, cuando llegaban a la pubertad, los viajeros de la tribu les hendían sus hímenes con los dedos o con pequeñas piedras afiladas al efecto, Se casaban precozmente, a veces intercambiaban parejas o inducían a viudas a tener sexo con integrantes de otros clanes en retribución de favores o regalos.Se bañaban muy poco, la suciedad era su estado natural. Eran muy supersticiosos y enterraban cuidadosamente a sus muertos. Relacionaban la palidez que sigue al deceso con el color de los europeos. Pensaban que éstos eran sus propios ancestros que volvía a la vida. William Buckley, un convicto escapado, vivió 32 años entre los aborígenes que lo consideraban un antiguo cacique resucitado.

            Cuando llegó la Primera Flota los aborígenes aparecieron tímidamente. Con algún regalo, los europeos consiguieron hacer contacto. La primera pregunta de los nativos fue si los recién llegados eran hombres o mujeres, dado que los marinos carecían de barba por el afeitado. Más allá de un encuentro con el resultado de dos convictos muertos en 1788 (3) el gran drama de los aborígenes fueron las enfermedades importadas, sobre todo la viruela, que comenzó en 1789, probablemente a consecuencia del contagio por las costras llevadas a la Colonia con el fin de variolizar. También hicieron estragos la Tuberculosis, neumonías, disentería, venéreas y las terribles enfermedades “infantiles” difteria, escarlatina y sarampión.

            El Ron fue la otra maldición. (3) Un entretenimiento popular hacia 1820 era encerrar y emborrachar a dos aborígenes y luego darles cuchillos para que se agredieran entre ellos. El público apostaba a quién recibiría más heridas o eventualmente muriese.

            Las mujeres aborígenes eran consideradas “insatisfactorias” por los británicos, no así por los balleneros norteamericanos, que las compraban o secuestraba, un ejemplo; Tasmania. (2)

En este caso las infelices fueron llevadas a las islas del estrecho de Bass donde actuaron como sirvientas o esclavas sexuales. De los 7.000 “negritos” que habitaban la Tierra de Van Dimen en 1803, cuando, por cuenta de John Bowers y David Collins se fundó la colonia, quedaban sólo 300 en 1830.  La última mujer “negritos” pura murió en 1869 en la Isla Kangaroo. (2)

            Pero los ingleses tenían órdenes y de acuerdo a ellas intentaron la culturización de los aborígenes.  Fue así que hacia 1815 (7) apareció un nativo muy enfermo en el Hospital del Ron en Sydney. Curado, alimentado, bañado y vestido, fue conocido luego con el nombre de Bennelong y su estremecedora historia aparece en la leyenda de la figura N°2.

Los aborígenes obtuvieron el derecho al voto, en la que había sido su tierra desde había más 40.000 años, recién en 1967. (10) 

4)          LAS MUJERES Y LOS NIÑOS

La idea de la Corona era crear en Nueva Gales del Sur una Colonia Penal de características agrícolas basada en el trabajo forzado. Los prisioneros, luego de libertados debían cumplir toda su condena inicial y tenía prohibido retornar a las Islas Británicas antes del término de la misma. Las autoridades en Londres suponían que por la lejanía y el costo del pasaje los convictos, emancipados o no, se quedarían para siempre en la Colonia Penal de Nueva Gales del Sur... ¡¡Pero era imprescindible conseguir mujeres!!

            Ya hemos referido que desde la primera transportación, aunque pocas, allí estaban, ladronas sobre todo, estafadoras, algunas por delitos de sangre y desde 1791 (1) irlandesas patriotas.  Pero las mujeres eran siempre escasas. En 1828 (1), por ejemplo, cuarenta años después de la función de la Colonia había en Nueva Gales del Sur un total de 37.000 habitantes de los cuales 18.000 eran convictos y entre ellos: 16.500 hombres y 1.500 mujeres. En la Tierra de Van Diemen (Tasmania) situación similar: 20.000 habitantes, de los cuales 7.600 convictos, 6.800 hombres y 800 mujeres.

            Entre 1831 y 1850, 200.000 inmigrantes libres llegaron a Australia. La gran mayoría eran también hombres.  El primer barco con colonos libres fue el Bellona, que llegó a Sydney el 16 de enero de 1793 con cinco familias, integradas por cinco hombres, cinco mujeres y tres niños.

            La primera oportunidad en que hubo una investigación sobre prostitución a bordo de los barcos transportadores fue en 1818 en ocasión del arribo a Port Jackson del navío FRIENDSHIP. Las conclusiones de la pesquisa conducida por el Gobernador Lachan Macquarie establecieron que “… sólo el Capitán Andrew Arnett y el cirujano Peter Cosgreave no se habían visto involucrados en el muy indecente y licencioso trato sexual entre oficiales, tripulantes y las 97 mujeres convictas …”.  También sentencia Macquarie: “… dado que las convictas no son mujeres libres, la prostitución no debe ser permitida a bordo …”.   Interrogada, Sarah Randall declaró: “… un entendimiento sexual general se desarrolló entre marineros, oficiales y las convictas… ”.  Un intento de detener el libertinaje fue respondido con una tentativa de motín por parte de la tripulación.

            La realidades que (3) en general las mujeres (a las que casi siempre se les afeitaban la cabeza) eran seleccionadas por la oficialidad al subir al barco y repartidas según preferencias varias y si bien éstas debían brindar favores sexuales, habitualmente vivían y comían mucho mejor que las que se resistían a esta situación. La selección, sin embargo, era riesgosa ya que el manifiesto que tenía los crímenes cometidos por las convictas era mantenido en secreto y con mala suerte se podía elegir a una reciente asesina de hombres.

            En 1820 arribó el JANUS a Sydney. Interrogadas las mujeres se manifestaron todas contentas. Fueron enviadas a trabajar a la fábrica textil de Parramatta. Comenzaron poco después a aparecer notoriamente embarazadas.  Lidia Esden, que sabía escribir, solicitó “… ir a despedirse del padre de su hijo, el Primer Oficial …”.  Mary Long, analfabeta, quería alguna forma se compensación por “haberse prostituído con el Capitán”. Se hizo un juicio y el Capitán Thamas Mowatt declaró que Mary sólo “le lavaba la ropa”. La investigación terminó con la culpabilidad de todos los involucrados, a pesar de lo cual no se les instituyó castigo alguno.

            Al fin de la era del Gobernador Lachan Macquarie, se habilitó en Sydney, una taberna conocida como “The Rocks”, centro controlado (3) de juego, prostitución y beberaje de ron. Las mujeres eran “inducidas” a frecuentar el lugar por lo menos los sábados de tarde y así se habían de algunos peniques extra. Si tenían niños, éstos eran llevados temporalmente a un jardín de infantes estatal. Sólo se salvaban de ir a The Rocks, las viejas, desdentadas o enfermas.

            En cuanto a la transportación de mujeres con niños, la disposición que regía desde 1786 era que éstos debían tener por lo menos 30 días de destetados para viajar con sus madres convictas.

            Un “incidente” ocurrió en el transporte Sovereign en 1829, cuando una prisionera de nombre Mary Morris fue obligada por mala conducta a destetar a su hijo de tres semanas de edad y entregarlo al cuidado de otra convicta que ya tenía un niño. El cirujano George Fairfowl autorizó la punición. El hijo de Mary murió en el viaje. El Almirantazgo, luego de la investigación del caso, sentenció que, “… a partir de la fecha (1829) sólo se embarcarán niños de más de 6 años de edad y con el certificado médico correspondiente …”.  Las féminas, de todas maneras, siempre se ingeniaban para crearles problemas a las autoridades sanitarias.

            A tales efectos recordaremos un expediente de 1802 que con motivo de una discusión (4) entre médicos inspectores acerca de la pureza y ventilación del aire en los navíos, éste concluía: “… nada contamina más el aire que un grupo de mujeres tiradas sobre colchones en la profundidad de sentina de un barco …”. 

5)         EL RON

 Desde el siglo XVII la corona Británica ejercía un monopolio sobre el transporte y comercialización del ron en todas sus colonias.

Durante la navegación el “grog” era parte de la dieta y su administración estaba reglamentada. A menudo el Capitán duplicaba la cuota de “grog” por algún buen desempeño en el mar o, por ejemplo, en el caso de los nacimientos que acontecieron en ocasión de la travesía de la Primera Flota.  Durante el período inicial de la Colonia Penal en Port Jackson, el Gobernador John Phillip (1788-1792) había dictado sabiamente las reglas acerca de la administración del ron.

Cuando los convictos fueron desembarcados luego de 8 meses y 2 semanas en el mar y tal como ya lo expresáramos, el Gobernador “abrió los toneles” y permitió una “bacanal controlada” para disgusto del Reverendo Jonson.  Por otra parte, cuando llegó la crisis alimentaría, Phillip renunció a sus privilegios y se atuvo a un estricto racionamiento. Tan es así que cuado se festejó su cumpleaños en 1790 cada comensal invitado llevó a la mesa su ración de pan.

            Durante los mandatos de los tres sucesivos Gobernadores (2) Francis Grose (1792-1795), John Hunter (1795-1799) y G. King (1799-1806) los integrantes del Royal New South Wales Coros, es decir los “marine” tomaron el control de la importación de Ron y se dedicaron a hacer negocios definitivamente poco éticos con los capitanes de barco que llegaban a Sydney, sobre todo con los balleneros.

            Los convictos trabajaban 9 horas por día, con una hora para descansar en el almuerzo y 5 horas los sábados. Durante el resto del tiempo a menudo habían labores extras que podían cobrar. Ese poco dinero era generalmente empleado para comprar ron, a veces te o tabaco.

            En 1803, luego de los viajes de explotación y cartografía emprendidos por G. Bass y M. Flinders, se tuvo conocimiento que Tasmania era una isla y Nueva Holanda un enorme continente insular. Fue precisamente Flinders (2), de sólo 27 años de edad, hijo y nieto de médicos y discípulo de William Bligh, el que propuso cambiar éste último nombre por el de Australia.

            En setiembre de 1803 y por temor a una ocupación francesa (2) fue decidido establecer una Colonia Penal en la Tierra de Van Diemen (Tasmania). Poco después fue fundada Hobart. Todos los contactos con los muy primitivos “negritos” fracasaron.

            El aislamiento tasmanio propició “el alcoholismo y la licencia en las costumbres”. El Reverendo Collins, primer religioso en la isla, era adicto al Ron (1) y el Gobernador Teniente Coronel Thomas Davies, conocido como “Mad Tom” (el Loco Tom) vivía borracho y con dos convictas.

            A fin de 1850, el Almirantazgo designó a William Bligh Gobernador de Nueva Gales del Sur. Bligh, famoso por el motín del BOUNTY y asimismo un extraordinario navegante, discípulo de Cook, inició funciones en 1806. Una frase definía su personalidad: era imposible quererlo; reñía, cuestionaba y discutía tenazmente con todos, pero era el Gobernador y había que tolerarlo. Hasta que un día quiso retomar el control, estatal del comercio del ron... ¡y ahí sí ya era demasiado!  Lenta y firmemente todas las autoridades de la Colonia se pusieron en su contra y el 26 de enero de 1808 fue hecho prisionero y enviado de vuelta a Gran Bretaña. Allí fue juzgado, absuelto y ascendido a Contra Almirante, pero nunca más le fue dado destino alguno.

            El sustituto de Bligh fue el escocés de las tierras altas (highlander) Lachan Macquarie. Lachan era el nombre de su clan. (3) Macquarie, que antes había trabajado en Bombay, llegó a Sydney en 1810 y fue allí Gobernador hasta 1821.  Se le considera uno de los padres fundadores de Australia. (2)

            A consecuencia del escándalo del Ron, el Cuerpo de Marines de Nueva Gales del Sur había sido disuelto y por tanto desde fines de 1810 la importación de la insustituible bebida se había hecho tarea de las autoridades de la Colonia.  Macquarie tenía una actividad abierta hacia los convictos liberados de sus condenas, es decir los emancipados y los consideraba con los mismos derechos que los colonos libres.  No todos estaban de acuerdo. En una cena oficial a la cual iban a concurrir algunos liberados, los coroneles de los Regimientos 46 y 48 fundamentaron por escrito su no asistencia.

            En 1812 Macquarie decidió emprender reformas de fondo en el Hospital que estaba en pésimas condiciones (era conocido como “el Matadero”). Entonces firmó un decreto impactante. Se daría a una comisión formada pro dos médicos emancipados y un colono libre terrateniente el monopolio de la importación de ron por tres años. En ese período podría ingresar a la colonia hasta un total de 60.000 galones. (1 galón = 3,785 litros) Se afirma que los integrantes de la Comisión se ingeniaron para comprar muchos más.

            En contrapartida, los “importadores” construirían un nuevo Hospital. En 1816 éste fue inaugurado y funcionó hasta fines del siglo XIX. Fue conocido como el hospital del Ron.

            La Colonia prosperó con Macquarie, que utilizó los servicios del arquitecto Francis Greenway, convicto por fraude bancario, y asimismo los talentos de los médicos W. Redfern y D. Wentworth. (9) (13)

            Macquarie, obsesivo al punto del delirio con tal de inmortalizarse, se dedicó a fines de su período a inagurar con su nombre puertos, calles, edificios, montañas y ensenadas, e igualmente utilizó el nombre se su clan, o el de Argyll, el pueblo donde había nacido, o incluso el de su esposa, Elizabeth.  Autócrata sin control alguno, llegó a no autorizar la boda de un marino porque la novia era muy vieja.

            Los sucesivos Gobernadores, Thomas Brisbane (1822-1825) y Sir Ralpha Darling (1825-1831) demostraron sus simpatías hacia el partido de los colonos libres, en contra de los emancipados y la importación de bebidas retornó a ser atribución de la Corona.  El Ron es sin duda en ingrediente sustancial en la historia de Australia. 

  6)            LA IRRESISTIBLE TENTACION DE HUIR

            Vivir encadenado, sujeto a penas de 25, 50, 100, 200 y hasta 300 azotes por ofensas menores y sin otra esperanza que el perdón o el término de la condena no debe haber sido nada fácil. (3)

            ¿Por qué no escapar si era realmente sencillo? ¿Adónde? La primera opción, al bosque cercano y después tratar de llegar a Australia del Oeste, donde los convictos suponían que había una Colonia holandesa. La vida en el bosque no era fácil; pocos alimentos y hostilidad de los aborígenes. Algunos los consiguieron aunque en general terminaban robando comida de los almacenes del Gobierno hasta que finalmente, un día con los perros, los encontraban y entonces comenzaba la serie intolerable de latigazos.

            Alexander Pierce, un convicto por robo, huido en 1822, devoró a sus dos compañeros de huída.  En Tasmania, un escapado, Martín Cash, con suerte y habilidad sobrevivió años en el bosque. Pero un día llegó hasta él Bessie Cliford, una convicta que había también escapado. La dicha no duró demasiado. Tiempo después Bessie lo abandonó por otro hombre. Desesperado, Martín fue a buscarle a Hobart, donde fue reconocido y hecho prisionero nuevamente. Entre 1803 y 1820, 265 convictos escaparon, la mayoría por tierra y con poco resultado.

            ¿Y el mar? El primer escape exitoso conocido fue por ese medio. El médico Evan Morgan, sentenciado por estafa, huyó a china en un barco norteamericano en 1798 y desapareció del mundo.  Algunos barcos que comerciaban en Sydney llevaron convictos a Islas del Pacífico a cambio de dinero o por trabajos a bordo, pero muy pocos de éstos pudieron retornar a Inglaterra.

            Los que no eran de fiar eran los balleneros norteamericanos. El capitán de uno de éstos barcos, apellidado Riggs, accedió a llevar dos convictos a Nueva Zelanda. Allí les hizo cortar madera durante meses y luego se los entregó a los maoríes que eran antropófagos rituales.  En 1820 el capitán Mc Grae encontró en Nueva Zelanda una mujer convicta que era esclava sexual de un jefe maorí. También había sido llevada allí por un ballenero.

            Los irlandeses, en general presos políticos, llegaron por primera vez a la Colonia Penal de Nueva Gales del Sur en 1791. En 1800 ya eran 1.207.(1) En marzo de 1804 intentaron escapar en masa. Los cabecillas fueron colgados, el resto, como siempre, castigado a latigazos. Unos pocos irlandeses intentaron la huída por mar, esperando llegar a Cantón, pero fracasaron y retornaron a Sydney muertos de hambre y sed. (7)

            Algunas huidas (7) pueden servir de inspiración para guiones cinematográficos. En 1791, 11 hombres (algunos de ellos con experiencia náutica), 1 mujer y 2 niños robaron una embarcación de 6 metros de eslora y se dirigieron de Sydney a Batavia. Al llegar, 5 de los hombres y los dos niños habían muerto. Los siete sobrevivientes fueron considerados por las autoridades holandesas convictos fugados y devueltos a Gran Bretaña.

            Debemos recordar que la condena por huir de una prisión de Su Majestad Británica era la muerte. James Boswell, famoso abogado escocés y biógrafo de Samuel Jonson tomó el caso en sus manos y obtuvo finalmente la absolución de todos fue tomada a su servicio y continuó en ese trabajo aún más allá de 1795, fecha del deceso de Baswell.

 7)         DE MEDICOS CONVICTOS A CIRUJANOS SUPERINTENDENTES

            Más de cien médicos (5) y cirujanos, muchos de ellos con títulos discutibles, acompañaron los 821 viajes al fin del mundo.  He aquí algunos de ellos:

Jerome Cornellis. (13) En 1629, el Capitán Francis Pelsaert naufragó mientras estaba haciendo labores de reconocimiento y cartografía en la costa australiana del Oeste. Con la embarcación sobreviviente, de sólo 8 mts. de eslora, navegó 400 millas hacia el Norte, sin hallar agua ni alimentos. Se dirigió entonces a Batavia y cuando retornó a la zona del accidente se encontró con un panorama desolador; de los 180 náufragos que había dejado en la costa australiana, sólo quedaba vivo un puñado. Un grupo de hombres desesperados había asesinado a otros infelices en el curso de discusiones que Pelsaert determinó se había tratado de un motín. Juzgados sumariamente, los “sublevados” fueron ejecutados. A Jerome Cornellis, el cirujano, le fueron hachadas ambas manos y luego fue rápidamente colgado, antes que se desangrara.

Este acontecimiento ocurrió en “el año de Nuestros Señor de 1630” (13).

John Irving. Condenado en 1784 (5)(14) por el robo de un vaso de oro labrado. Trabajó como cirujano auxiliar en la Primera Flota. Fue el primer amnistiado por Phillip con fecha 14 de julio de 1790. Fue enviado luego a la Isla Norfolk y cuando retornó a Sydney se le concedieron 30 acres.

Murió en 1795 en su nueva tierra.

John White (1750-1832). Cirujano Jefe de la primera Flota. Éste escribió en 1790 un libro de viajes acerca de sus experiencias, siendo éste el primer documento escrito referente a la Historia de la Medicina en la Colonia Penal Australiana. “. Nada sirve a la Madre Patria en esta tierra de maldiciones y excrementos …”. White fue primer Cirujano Mayor de la Colonia Penal. Interesado en Botánica Médica encontró en la zarzaparrilla local un activo antiescorbútico y en el mirto propiedades astringentes. Asimismo halló en determinados eucaliptus un fármaco eficaz. El Dr. William Balmain sucedió a White en 1797 en su cargo de Cirujano Mayor.

Daniel Kelly. Arribado en 1790 o 1791, perdonado en 1793. Se le concedieron 30 acres. Falleció en 1800.

 Daniel Mc Callum. (5) Irlandés. Arribó en 1797. Perdonado en julio de 1801, acompañó al Teniente Robbins en el primer poblamiento de la Tierra de Van Diemen. Éste tuvo lugar en setiembre de 1803 con 24 convictos y 25 militares y administradores.

Augustus Beyer. (4) En mayo de 1797 llegó a Port Jackson el transporte BRITANNIA con muchos convictos baldados. La investigación, que se conserva, demostró que el Capitán Thomas Dennot había determinado que se le aplicasen seis docenas de latigazos a los presos que intentaran quitarse los grilletes.  Un convicto recibió 300 azotes un día y 500 al siguiente (!). El cirujano Beyer asistía al espectáculo y “contaba las latigazos”. Fue acusado, asimismo de “no visitar los enfermos de noche” y de “golpear a una mujer que, como consecuencia de ello tuvo un aborto”. La Corte expresó que Beyer había sido negligente en sus deberes y en no protestar contra las crueldades, pero no le determinó condena alguna.  De todas maneras había que ser muy cuidadoso con el asunto de los latigazos. Si el que contaba los mismos le ponía alguno de mas o el que los aplicaba lo había desganadamente, ambos podían pasar a ser los azotados. El látigo de cola era el que se empleaba en las nalgas con los pantalones puestos. Se debía dar un latigazo cada treinta segundos. Un castigo extra para el día siguiente era rociar la piel herida con agua salada.

Thomas Jamison. Cirujano libre. (4) En 1802 atestiguó en el juicio contra el Capitán del ALTAS, un viaje con 200 convictos y 80 muertos.  “… Se había cargado tanta mercadería (para vender de contrabando) que no había forma de ventilar la embarcación … “Era imposible separar a los enfermos de los sanos porque el capitán, al no tener otro lugar disponible, había acumulado las velas en el espacio destinado Hospital …”. En las bodegas del ALTAS, “… los convictos llevaban dos hierros en las piernas, con las cadenas y en el cuello otro hierro del que colgaba un candado de una libra y media de peso …”. En 1804 y al término de otro viaje, Jamison comenzó en la colonia la vacunación Antivariólica, circunstancia que mereció la primera edición de un artículo médico en Australia. Éste fue publicado rápidamente en el “Sydney Gazette”, periódico fundado un año antes, en 1803. 

            La dieta para los convictos había sido durante los siete meses y nueve días que había durado el viaje “… sólo arroz, cebada, avena y guisantes, sin ningún compuesto animal …”. Años más tarde, en 1827 Tweade, cirujano del MINERVA, fue acusado de lucrar con la carne salada que robaba.

William Redfern (1778-1833). (5)(9)(13)(14) Redfern provenía de una familia  originaria de Trowbridge, localidad cercana a Bath, aunque nació en 1778, en una zona vecina a Edimburgo. De joven se trasladó a Londres, donde cursó estudios en el Royal College of Surgeons. Allí sorteó todas las puertas pero no recogió el diploma (que era pago).  En 1797 y con 19 años de edad la Marina Real contrató a William Redfern como cirujano del HMS STANDARD que fue destinado al “NORE”. (15) Éste era un banco de arena situado en la desembocadura del Támesis y área desde donde los navíos de Su Majestad protegían el comercio británico.

            Las condiciones en estos barcos eran muy penosas y la amenaza de un motín permanente. Y un día ocurrió... las autoridades detuvieron a numerosos marineros y de las declaraciones de testigos surgió que “… el cirujano Redfern aconsejó a los que pensaban amotinarse que unieran sus esfuerzos para que sus reclamos fuesen efectivos …”. Suficiente para la Marina Real, William Redfern y otros 58 implicados fueron condenados a muerte a fines de 1797. Visto que el cirujano Redfern tenía sólo 19 años de edad su pena capital fue conmutada y pasó a ser, entonces, prisión perpetua. Charles Parker, el cabecilla, no tuvo tanta suerte. Fue llevado a su barco y colgado del palo mayor.  En 1801 Redfern fue incluido en la lista de transportaciones a Nueva Gales del Sur. Destinado al navío MINERVA, actuó allí como cirujano auxiliar. Cuando llegó a Sydney fue enviado inmediatamente a la Isla Norfolk con el fin de trabajar como médico.  En junio de 1803 fue perdonado “visto su buen desempeño”.  En 1808 retornó a Sydney y le fueron adjuntados 30 acres de tierra. Comenzó entonces su brillante carrera médica. Como no tenía título habilitante solicitó someterse a un examen de sus pares, constituyéndose así en el primer médico autorizado a trabajar por autoridades médicas australianas.  Desempeñó funciones primero en el viejo Hospital de Sydney y luego fue uno de los tres miembros de la comisión que construyó el Hospital del Ron. Entre sus pacientes figuraban las familias del Gobernador Macquarie y la del acaudalado John Mac Arthur, líder de los colonos libres y primer importador exitoso de ovejas de raza.

            En 1874 (4) ocurrió un desastre sanitario que cambiaría para siempre la transportación de prisioneros. En agosto de 1813 tres navíos, el SURREY, el GENERAL HEWITT y el THREE BEES había sido “cargados” en Gran Bretaña con sus convictos, algunos de ellos ya enfermos.

Al llegar a Sydney en el SURREY había fallecido “por fiebres” el Capitán, el cirujano, el primer oficial, el segundo oficial, el contramaestre y 36 convictos. Examinadas las condiciones de higiene de los tres navíos, éstas resultaron ser deplorables, los prisioneros no se habían bañado en siete meses, pero el comisario de a bordo del Surrey aun tenía jabón “para vender”.  Por otra parte en el THREE BEES los convictos había dormido tres meses con los colchones saturados de agua, porque el capitán, entreviendo un combate naval había llevado los mismos a cubierta, donde se había empapado de lluvia y por otra parte nunca se había ocupado de secarlos.

            Redfern hace un prolijo informe por escrito de todo este desastre en: “Medical Aspects of Convict Transportation”.  El Gobernador Macquarie se encargó de transmitir el mismo a Londres, con aprobación entusiasta.  Subraya el médico: “… Si los barcos de transporte de prisioneros hubiesen sido diseñados a propósito para propagar enfermedades, no podían haberlos hechos mejor ... Hay ignorancia y desatención en la regulación del aire y el organismo crea su propio veneno, que expele a todo su entorno …”.

En conclusión, Redfern abogó por:

Alimentación adecuada:                      Harinas, vegetales, carnes, vino (1/4 pinta por día)(1 pinta = 0,473 litro) y jugo de lima como antiescorbútico.

Vestimenta:                                     Lavarla cada tres semanas, por lo menos y llevar ropa de verano y de abrigo.

Higiene:                                                    Lavar y fumigar las tablas y colchones y disponer de

 frazadas.

Permitir una afusión de agua fría, todas las mañanas, a cada convicto.

Aire fresco:                                              Instalar sistemas de ventilación que renueven el

aire y permitir que los convictos salgan al exterior de los navíos, por lo menos, una vez al día.

            Referente a Cuidados Médicos había que ser muy valiente para escribir esto: “… los cirujanos de los barcos encargados de la transportación son habitualmente muy jóvenes o de pobres aptitudes médicas;  no atienden los llamados nocturnos, no llevan historias clínicas, son complacientes con las crueldades dispuestas por los capitanes y éstos a su vez los maltrataban porque son sus subordinados …”.

            Este informe fue una bomba que estalló en 1815 en el Almirantazgo. Un año después fue instituido el cargo de Cirujano, responsable de su trabajo entre la Marina Real y no más como empleado de la transportación. Alos después, ante el éxito de ésta decisión fue creada la figura de Cirujano Superintendente. Éste no solamente controlaba los aspectos sanitarios del viaje sino que actuaba también como reclutador  “de emigrantes saludables”. En 1836 se abonaba a éstos funcionarios la importante suma de 10 chelines y 6 peniques por día durante su trabajo de selección; 80 libras por el viaje de ida, 100 libras por el de retorno y hasta 150 libras de premio extra si su labor había sido “muy satisfactoria”.

            Los Cirujanos Superintendentes incluían dentro de sus deberes: “… prevenir la prostitución de las convictas, disuadir a las mujeres libres de hacerlo, enseñar a los pasajeros reglas básicas de higiene, supervisar los castigos corporales y hacer servicios religiosos los domingos, si no había capellán …”.  Fue éste un desenlace de lujo para un comienzo lleno de penalidades.

            En cuanto a la vida de Redfern ésta estuvo siempre llena de desafíos, bastaba que le dijesen “convicto o emancipado” para hacerlo montar en cólera. Además como cada día era más rico, despertaba envidias. El comisario de la Corona, J. Bigge informó en 1817:  “… Utiliza el opio de la farmacia del Hospital par sus enfermos particulares … “Trató muy durante a su ayudante Henry Cowper (1800-1855) por un error que cometió al atender a un convicto …”. Un año después, un amigo íntimo del comisario Bigge, el Cirujano Superintendente James Bowman, fue designado Cirujano Mayor de la Colonia Penal de Nueva Gales del Sur, desestimando a William Redfern.

            Este H. Cowper que mencionáramos era hijo de convictos y fue el primer australiano graduado de Médico dado que luego de viajar a Gran Bretaña en 1819 sorteó con éxito los exámenes del Royal College of Surgeons de Londres.  Redfern retornó a Inglaterra por primera vez en 1821 y luego viajó varias veces más, interesado en la educación de su hijo William. Se hizo muy poderoso, fundó el primer Banco Australiano, fue propietario de miles de acres de tierra y finalmente murió en 1833, en Edimburgo, a los 55 años de edad.

D’Arcy Wentworth. (5)(9) Nacido en el Norte de Inglaterra, D’Arcy de padres abogados tenía antecedentes aristocráticos que se remontaban a la edad Media. Sin embargo, dado que su familia había administrado mal el dinero, se podría decir que nuestro biografiado era uno de los tantos nobles arruinados que circa 1785 merodeaban los círculos londinenses en busca de una oportunidad.  Wentworth realizó estudios médicos en la capital del Imperio y rápidamente empezó a vivir más allá de sus recursos.  Comenzó a delinquir y apresado por la justicia fue acusado de dos robos a mano armada y también fue investigado por estafa y extorsión. Aunque una de las víctimas del robo lo había reconocido en el juicio, el magistrado no encontró pruebas suficientes como para procesarlo y “aconsejó” a D’Arcy que aceptase la culpabilidad por un cargo menor de estafa y proceder así a su transportación. Fue de esta manera que nuestro aristócrata arruinado llegó a Port Jackson con la terrible Segunda Flota en el navío NEPTUNE, en donde había sido autorizado a actuar como médico.

            Una vez en la Colonia, fue enviado a la isla Norfork. Casó allí con una convicta. Elizabeth Crowley, con quién tuvo por lo menos un hijo, William Charles, considerado hoy uno de los padres fundadores de Australia. Fue éste brillante abogado, líder de los “emancipistas” y de los liberales de Botany Bay y miembros del primer Consejo Legislativo de 1843.

D’Arcy Wentworth retornó (9) a Sydney en 1804, ejerció allí privadamente con mucho éxito y fue así que en 1809 fue designado cirujano Mayor. El Gobernador Lachan Macquarie lo privilegió -y lo nombró Jefe de Policía!!

Igualmente fue fundador, junto a Redfern, del Banco de Nueva Gales del Sur e integrante de la Comisión que construyó el Hospital del Ron.

Wentworth falleció como rico y respetado cirujano en 1827 en Homebush, Nueva Gales del Sur, su propiedad rural de 22.000 acres.

William Bland (1789-1868). (5)(9)(15). Nacido en Londres en 1789. Su padre había sido un distinguido obstetra. William se interesó por la Cirugía y sorteó con éxito los exámenes finales del Royal College of Surgeons de Londres, en 1809.  Aventurero, de carácter impetuosos y muy inteligente, Bland fue contratado poco después de graduado por la Marina Real.  En 1813, mientras prestaba funciones en el HMS HESPER tuvo una seria discusión con Robert Case, el comisario de a bordo de su navío. A consecuencia de ese hecho, se pactó un duelo a pistola entre ambos. Éste fue llevado a cabo en alta mar (!) y derivó en la muerte del comisario, como resultado de una herida abdominal. No terminó allí el drama, el Teniente Randall, testigo del muerto en el duelo cuestionó la ética de Bland y se pactó entonces otro duelo, ahora entre ellos.

El Capitán se enteró y arrestó a los dos. Cuando llegaron a la India clemencia y la sentencia fue entonces modificada, leudándose finalmente: “… 7 años de trabajos forzados y transportación a Australia …”. 

            W. Bland llegó a Sydney en 1814 y fue perdonado en octubre de 1815. Al solicitar trabajar como médico libre se le comunicó que debía franquear un examen de calificación. El tribunal nombrado al efecto estaba constituido por W. Redfern, D’Arcy Wentworth y un médico militar, el Mayor West. Bland adujo que no se sometería a pruebas algunas, porque él sabía más que los miembros del tribunal. Aparentemente tuvo éxito en su actividad, ya que en 1816 figuraba trabajando libremente en la Colonia.  Dos años después de estos hechos comenzaron a circular Sydney unos versos muy bien escritos que se burlaban del Gobernador Macquarie por la manía que éste tenía de ponerle su nombre a todo aquello que estuviese a su alcance. Investigado, resultó ser Bland el autor y rápidamente se procedió a condenarlo a un año de cárcel. Egresó de allí diferente, quizás más maduro. Se dedicó a su trabajo, se hizo muy rico, fue filántropo, fundó la Sociedad Patriótica Australiana y el primer Instituto de Enseñanza en la colonia el Sydney College, que fue, a su vez, origen de la primera Universidad Australiana.

            En 1832, Bland operó un aneurisma del tronco braquiocefálico, séptima operación de éste tipo en el mundo con sobrevida. Publicó esta hazaña en el Lancet al igual que la aguja quirúrgica, que inventó al efecto. Editó asimismo tres libros: Reforma Sanitaria, Picadura de Serpientes Venenosas en Australia y Dislocaciones.

            William Bland y el doctor William Charles Wentworth redactaron la primera Constitución Australiana y fueron electos en 1842 miembros del Parlamento. Tiempo después la Corona vetó el ingreso de Bland al mismo por haber sido convicto.

            W. Bland fue en 1859 el primer Presidente de la Asociación Médica Australiana. Bland fue también inventor. En ese sentido propuso exitosamente rellenar con dióxido de carbono las bodegas de los barcos cargados con lana (que se incendiaban por auto combustión).

Asimismo diseñó un globo aerostático relleno de hidrógeno.   En los últimos años de su vida recorría Sydney en un carruaje rojo, haciendo visitas domiciliarias a pesar de su avanzada edad. Fue en esas circunstancias que en 1868, a los 79 años, enfermó de gripe y falleció.  Bland fue un eximio médico y un espléndido ser humano de gran nivel académico.

Kevin Izod O’Doherty. (1824-1905) O’Donherty (5) había nacido en Irlanda en 1824 y con él ilustraremos un ejemplo de las transportaciones de tipo político. Recordamos que una tercera parte de los convictos enviados a Australia eran de origen irlandés.  El joven Kevin al tiempo que estudiaba Medicina en Dublín escribía un encendida prosa nacionalista en el Irish Tribune, un periódico menor, siempre al borde de la clandestinidad. O’Doherty  fue acusado por la Corona y luego de tres juicios fue procesado por: “incitación a la rebelión” contra los ingleses. El Juez, naturalmente un inglés, lo condenó en 1848 a “trabajos forzados por el término de su vida natural”. Meses después fue transportado a Sydney, pero dado que éste ya cerrado el ingreso de convictos fue entonces que O’Doherty terminó un año después en Tasmania.

            En la isla trabajó como médico, y cuando fue perdonado en 1854 el irlandés, nacionalista y romántico decidió rebelarse contra la condena de no volver nunca más a Gran Bretaña. Es que en Irlanda había dejado su amor, la poetisa Eva O’Kelly. Retornó entonces clandestinamente a Londres y casó allí con su Eva. Emigró luego a París donde estudió Medicina por dos años y en uno de esos vaivenes políticos que periódicamente ocurría en Gran Bretaña, solicitó perdón absoluto y éste le fue concedido en 1857. En ese mismo año obtuvo su título de Cirujano en el Royal College of Surgeons de Dublín. Retornó a Australia por un tiempo, luego volvió a la capital irlandesa, donde fue electo para integrar el Parlamento Británico.

De convicto a Diputado:  Una vez fracasada esta apertura política retornó a Sydney falleciendo en 1905 a los 81 años de edad.

         O’Doherty fue uno de los muchachos irlandeses destinados a Tasmania, pero los angustiantes viajes de los presos políticos de la Isla Esmeralda no había terminado cuando la transportación fue abolida en Tasmania en 1853 dado que luego fueron destinados prisioneros a Victoria (Melbourne), Queensland (Brisbane) y Australia del Oeste (Perth). Fue allí hacia donde los últimos 10.000 convictos, la mayoría rebeldes nacionalistas procedentes de Irlanda fueron transportados en 1856 y 1868, una vez que la emigración libre allí organizada (1829-1850) había fracasado.  Con el sudor y la sangre del pueblo oprimido, los ingleses construyeron allí caminos, edificaron casas, plantaron cosechas y colonizaron así Australia del Oeste, el “… país más miserable del mundo …” (4).

         En 1836 Charles Darwin visitó Australia y escribió (3): “… Como lugar de punición, el objetivo no ha sido conseguido. Como un sistema real destinado a reformar a los prisioneros, ha fracasado, como quizás cualquier otro lo hubiese sido, pero a los efectos de crear hombres de honesta apariencia, de convertir vagabundos en el otro, y posibilitar así el nacimiento de una nueva y espléndida nación y un gran centro civilizador, Australia ha tenido éxito en un grado probablemente sin paralelo en la historia del mundo …”.

         La Constitución Australiana entró (2) en vigencia en 1855, algo más tarde en los territorios del Oeste. A partir de esa fecha memorable los ciudadanos del lejano sur pasaron a tener los mismos derechos que los nacidos en las Islas Británicas.  El Estado (Commonwealth) Australiano fue concedido por el Parlamento Británico el 1 de enero de 1901.

         Pocos años después, durante la Primera Guerra Mundial (11) la nación insular tenía 5.000.000 de habitantes y de ellos se presentaron como voluntarios 417.000 jóvenes. Éstos fueron enviados a combatir y a morir a Gallipoli y a Francia y sesenta mil australianos resultaron muertos en esa guerra inventada por los descendientes de aquellos que cien años antes los había enviado encadenados al fin del mundo.                                                                                                                                                                                        


  BIBLIOGRAFÍA.

 01.      CLARK M. A short history of Australia. Heineman. 270 p. London, 1964.

02.      HASKELL A L. The Australians. Adam & Charles Blanck. 126 p. London, 1943.

03.      RITCHIE J. Australis as once we were. Heineman. 280 p. Melbourne, 1975.

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05.      RICHARDS D.Transported to New South Wales Medical convicts 1788-1850. B M J 1987; 295:1690-1612.

06.      FITZPATRICK B. British Imperialism and Australia 1783-1833. George Allen & Unwin. 398 p. London, 1939.

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