Historia y Arqueología Marítima

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LA TRAGICA EXPEDICIÓN ARTICA DE SIR JOHN FRANKLIN, 1845-1848, A LA LUZ DE RECIENTES INVESTIGACIONES MEDICO–FORENSES

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por:  Dr.  MILTON RIZZI - Publicado en Ciclo de Conferencias año 2006

 MARINO DE RAZA

John Franklin nació el 16 de abril de 1786 en Spilsby, Lincolnshire, Inglaterra. Esta ciudad está localizada a unos 300 kilómetros al Noreste de Londres. (1)(2)(3) En 1797 y ya con once hermanos, John se alistó (3) como grumete en un barco que hacía la carrera Hull –Lisboa, transportando naranjas desde Portugal. A los catorce años ingresó formalmente a la Royal Navy. Su primer navío fue el HMS POLYPHEMUS. 

BIOTIPO Y CARÁCTER (1)

John Frankln era de estatura mediana, fornido, tenía cráneo y cara redondeados, mofletudo de niño, pelo trigueño fino ondeado, quedó calvo antes de los 35 años. Religioso y de aspecto varonil, John se caracterizaba por su sentido del humor y por su activa participación en las diversiones marineras. En ese sentido actuaba regularmente en las obras teatrales que se representaban a bordo en los interminables meses en alta mar. Fue en ese período que alguien del entorno lo “bautizó” con el apelativo Billy Rufián, que lo acompañaría toda su vida.

Franklin en 1801 participó en la batalle de Copenhagueny entre 1802 y 1803 acompañó a un tío político, el Capitán Finders en sus viajes por Austria.(4)

Matthew Flinders (1774-1814) fue un avezado explorador Inglés que circunvaló en Continente Australiano por primera vez y entre otros descubrimientos dio nobre al estrecho que separa Tasmania de Austria. Hoy llamado Estrecho de Bass. Este fue nominado así por el cirujano y cartógrafo George Bass, que era segundo de la Expedición. Fue éste el primer encuentro de Franklin con el escorbuto.

En su retorno a Inglaterra y sin John Franklin, que había vuelto por otros medios y con su barco hecho pedazos, Flinders se vió obligado a recalar en la Isla de Francia, hoy Mauritius.  Las autoridades Francesas lo retuvieron allí durante seis años 1804 a 1810 por problemas de “documentación” concernientes a su navío.  Flinders, finalmente liberado, publicó sus memorias el mismo día de su muerte en 1814.

Mientras tanto, John Franklin, con 19 años de edad fue el Oficial de Maniobras de HMS BELLEROPHON en el combate de Trafalgar. (2)(3)   Años más tarde será este navío el encargado de deportar a Napoleón Bonaparte a Santa Elena. Como recuerdo de Trafalgar le quedó a Franklin una sordera bilateral bastante importante.

En ocasión de la Guerra Británico – Norteamericana de 1815 y durante el combate de Nueva Orleáns, John Franklin al mando de HMS BEDFORD, consiguió abordar una nueva nave americana, resultando herido durante la lid.

En el año 1818, ya Capitán, le fue encomendado el HMS TRENT, con el cometido de acompañar a David Dorotea, en el fallido intento de llegar al Polo Norte vias Islas Spitzbergen.. Llegaron hasta 80° 14’.

David Buchan (1780 -1839) fue un marino explorador del Artico de origen escocés que murió en el transcurso de un incendio que se produjo en el navío que comandaba, en  el verano de 1839 en el último de sus numerosos viajes de descubrimientos. 

EXPLORACIONES EN EL ARTICO

En el año 1819, la Corona Inglesa, decidida (4) a explorar y cartografiar el Artico Canadiense le concedió a John Franklin, a la sazón de 33 años de edad, el primer comando de una expedición de descubrimiento de largo aliento.

A tal fin y navegando en el HMS PRINCE OF WALES, enfrentando grandes dificultades por la Bahía de Hudson, Franklin llegó a Fort York el 30 de agosto de 1819, acompañado por un selecto grupo de asistentes, entre otros el médico Richardson (4) (5) (6) (7) (8) y los alférez Hood y Back. Fort York, antes Fort Bourbon, estaba situado en la desembcadura del Río Nelson y existente hoy con el nombre de Fort Factory.

Sir Jhon Richardson (6) (7) (8) había nacido en la localidad de Dumfries, al Sur de Escocia en 1787. Graduado de Médico en Edimburgo en 1807, ingresó rápidamente a la Royal Navy como cirujano asistente. Fue un gran explorador, ictiólogo, biólogo ártico y publicó ocho libros sobre esta temática. Murió en Westmoreland en 1865, admirado igualmente por marinos y naturalistas.

Sir George Back (1796 - 1878) (4)(5) acompañó a Franklin en sus dos expediciones terrestres. En 1833 buscando a John Ross descubrió y navegó el Río del Gran Pez, hoy llamado Back en su homenaje.

Desde Fort York, decíamos y después de invernar los años 1819 y 1820, John Franklin y su grupo llegaron al verano siguente al Lago Saskachewan. (5) De allí se dirigieron al Lago de Gran Esclavo y luego acompañados por un grupo de franceses y de indios invernaron nuevamente, ahora en las fuentes del río Coppermine. Finalmente, en julio de 1821 descendieron el turbulento río hasta la costa del Océano Artico, donde exploraron el Golfo de la Coronación, brazo de mar que separa el Continente de la Isla Victoria.

El Viaje terminó agitando y trágicamente. El médico Richardson debió ultimar uno de los indios del grupo, llamado Michel, dado que este había matado a traición a dos canadienses y continuaba con intenciones belicosas.

Franklin volvió a Fort York el 14 de julio de 1822. En treinta y cuatro meses había recorrido mas de 8.000 Kilómetros de territorio helado y hostil y había cartografiado una extensa zona desconocida.

Los nativos que acompañaban a Franklin en esta primera expedición no eran Aleutoesquimales o Inuits (hombres) tal como ellos prefieren ser llamados (5) (9), sino indios Atapascans, pobladores sub-árticos que habían emigrado desde Asia en Sucesivas oleadas, desde por lo menos el 13.000 A.C. Los Aleutoesquimales arribaron mas tarde, también en oleadas, desde los 8.000 hasta los 4.000 A.C., cuando el Estrecho de Bering ya no estaba transitable.

Como dicen hoy los Canadienses (5) la población “Nativa” del Artico está compuesta por 30.000 Inuits, 350.000 Indios y 400.000 Métis, mezcla de sangre europea y aborigen.

El indulgente Canadá ha decidido, más allá de las ya numerosas reservas autorizadas para nativos desde el año 2000 la creación de una región autónoma para estas poblaciones en la Isla de Baffin. Esta se llama Nunavut, que quiere decir “Nuestra Tierra Inuit”.  Nunavut tiene 219.000 km2 y su capital es Iqualvit. De todas formas, el índice de suicidios entre los Inuits es de once veces más elevado que para el resto de la población.

En Inglaterra con vocación imperial de 1822 el retorno de Franklin fue espectacular y motivó la publicación de un libro de su autoría en 1823 “Narración de un Viaje a las Orillas de los Mares Polares”. Este tuvo gran éxito. De todas maneras, la navegación por el Río Coppermine no era novedad para los Británicos, ya que Samuel Hearne (1745-1792) había editado un libro sobre el pintoresco viaje que había efectuado entre 1770 y 1772 en compañía de un indio Atapascan y sus seis esposas. La riqueza de este nativo canadiense se debía a que era un fuerte comerciante en pieles, con las que traficaba con la Compañía de Hudson.  Había que ser rico o muy demente para tener seis esposas.

El 6 de agosto de 1823 John Franklin se casó con Eleonor Anne Porden, hija de un arquitecto y poetisa, que murió de Tuberculosis poco después de dar a luz a su hija también llamada Eleonor Anne.

En 1825 Franklin encabezó otra expedición ártica, también en compañía de Richardson y Back. En esta ocasión, siguiendo una ruta desde los Grandes Lagos, atravesó al hoy Provincias Canadienses de Manitota, Saskatchewan y Alberta, ingresó al hoy Distrito de Keewatin (5) e invernó en Fort Resolution, en las orillas del Lago del Gran Esclavo.

Allí dividió la expedición, Richardson y Kendall fueron encargados de relevar cartográfica y biológicamente “el país de los Esquimales” en dirección al río Coppermine, mientras Franklin se dirigió al Mackenzie. Este tormentoso río había sido ya navegado por el traficante de pieles escocés Alexander Mackenzie (1755 - 1820). Nacido en las Islas Hébridas y de espíritu aventurero, Mackenzie había fundado en 1788 un puesto comercial, Fort Chipewyan, en las orillas del Lago Atabasca y desde allí realizó dos extraordinarios viajes.

El primero fue el que ya referimos, recorriendo los turbulentos 1.700 kms. Del río llamado hoy Mackenzie en su honor.  El segundo viaje fue aún más impresionante. Desde Fort Chipewyan llegó hasta el Océano Pacífico, atravesando las Rocallosas en el año 1793.

Un tiempo después de este viaje de Mackenzie, Martín Frobisher (1755 - 1820), otro traficante de pieles había realizado en sólo cuatro meses el increíble recorrido de 3.500 kms. Desde el fuerte Chipewyan al Océano Ártico ida y vuelta.

John Franklin fue entonces el tercer hombre occidental en navegar el Mackenzie, pero él tenía otros planes más allá de la aventura, cuales eran la cartografía de todo el litoral ártico, extremo que alcanzó en 1827. La bahía donde desembarco el río Mackenzie hoy lleva el nombre de Franklin en honor de quién primero la descubrió en detalle.

Dos años antes de estas exploraciones efectuadas desde Continente, William Beechey (1796 - 1856), Inglés y antiguo compañero de Franklin en la aventura polar de Buchan donde había ingresado por el estrecho de Bering y explorando toda la costa ártica hasta el cabo Bathurst, llamado así en honor de Lord Bachurst, por largos años Secretario de Guerra del Almirantazgo. La Punta Beechey hoy en Alaska recuerda estas exploraciones.

Luego de tres años de viajes, John Franklin retornó a Inglaterra,  publicó un segundo libro y se casó el 5 de noviembre de 1828 con Jane Griffin, también poetisa y antigua amiga de su primera esposa. Franklin fue nombrado Sir en 1829 y en 1836 fue designado Gobernador de la Tierra de Van Diemen, hoy Tasmania. Viajó allí con su esposa y desempeñó funciones hasta 1844, cuando retornó a Inglaterra en el FLYING FISH.

El pasaje del Noroeste, es decir la posibilidad de viajar por mar desde el Atlántico al Pacífico seguía siendo el gran desafío de los pueblos marinos de Europa, más aún cuando numerosas expediciones, prácticamente todas Británicas habían ya cartografiado casi todo el frío y lejano Norte.

Tres hombres merecen ser destacados en este aspecto:

Sir William Edward Parry (1790 - 1855): Marino, astrónomo y cartógrafo Inglés. En 1819 - 1820 había ingresado por el Estrecho de Lancaster, entre las Islas Devon y Baffin y había descubierto el estrecho que llamó de Barrow (por John Barrow, Secretario del Almirantazgo) entre las Islas de Cornwallis al Norte y de Somerset al sur. Llamó Parry así a esta última isla en homenaje y recuerdo a su comarca natal en Inglaterra.

Prosiguiendo al Sur descubrió el Estrecho del príncipe Regente entre la Isla Baffin y la Península de Boothia y yendo al Oeste exploró la diminuta Isla de Beechey, la costa Sur de la Isla de Bathurst y por fin la isla de Melville (nombrada así en homenaje al primer Lord de Almirantazgo Vizconde Lord Melville.  Detenidos en el estrecho entre Meliville y Banks invernaron allí y retornaron al año siguiente sin inconvenientes.  Parry “creó” las invernadas árticas, que nunca se habían efectuado. Fue buen marino y buen Capitán, que incluso aprovechó las noches árticas para alfabetizar a sus hombres.

Estas tierras descubiertas pro él lo recuerdan hoy con su nombre; son las Islas del Archipiélago de Parry.  Astrónomo y también constructor de máquinas de vapor, Sir William Edward Parry realizó más tarde otros dos viajes al Artico, siempre con el deseo de hallar el paso del Noroeste.

John Ross (1777 - 1856): Gran explorador Inglés, identificó el polo Magnético Norte (el lugar donde las brújulas enloquecían) y en su segundo viaje, llevado de 1829 a 1833, descubrió la Península y la Bahía de Boothia, al Sur y Este de la Isla Somerset. Boothia fue así llamada en honor de Félix Booth, fabricante Inglés de whisky y mecenas de la expedición.

También descubrió Ross la Isla King William, que será tierra clave en este relato. John Ross, con su único barco destrozado por un ballenero de Hull.

James Clark Ross (1800 - 1862), sobrino del anterior, había participado en las expediciones de Parry de 1819 al 1827.  El estrecho que separa al Península de Boothia de la Isla King William lo eponimiza. En sus viajes al Antártico descubrió el mar que lleva sunombre y la Tierra Victoria (1838 - 1843). Hecho Caballero al retornar de su viaje Austral, fue el primero en localizar el Polo Magnético Norte en junio de 1831.

Entre 1836 y 1839, Peter Dease y Thomas Simpson (1808 - 1840), exploradores contratados por la Compañía Hudson, había realizado la proeza de navegar desde el hoy llamado Golfo de la Reina Maud hasta el Estrecho de Bering con una sola invernada. Thomas Simpson murió asesinado o por mano propia tres días después de haber ultimado a dos de sus compañeros de expedición. Tenía solamente 31 años de edad.

El brazo de mar que separa el Continente de la Isla Victoriana. Se llama Estrecho de Dease-Simpson en honor de sus descubridores. Igualmente, el estrecho que separa la Isla King William de la Península Adelaide en el Continente, recibe el nombre de Estrecho de Simpson.

Otra precisión: El Estrecho de Bering (Vitus Bering, 1681-1741) que separa los continentes de América y Asia fue así llamado en honor del navegante danés que lo había recorrido por vez  primera el agosto de 1728, aunque realmente 70 años antes éste había sido descubierto por el ruso (4) Semyon Ivanov Dezhnyov (1605 - 1672). Su informe, escrito en ruso, permaneció olvidado por más de 100 años. El Cabo más al Este del Continente Asiático lleva hoy el nombre Dezhnyov en su honor. 

LA PASIÓN BLANCA DE LA ROYAL NAVY

En 1845 la opinión pública Británica, las Sociedades Geográficas y el Almirantazgo reclamaban una respuesta a la pregunta formulada hacía ya más de 250 años por John Davis (1550 - 1605): ¿Existe el pasaje del Noroeste? Toda la costa del Continente ya había sido cartografiada y los Pasajes del Norte y al Sur de la Isla Melville explorados, solo restaban las 500 millas al Oeste de la Islas Prince of Wales y King William.

Una expedición programada para pasar varias invernadas árticas era necesariamente costosa en barcos, hombres y avituallamiento y debería ser encomendada a los mejores marinos.  El Almirantazgo pensó entonces en Sir John Franklin, veterano de tres grandes exploraciones árticas.

Pero, para Franklin... ¿Por qué aceptar a los 59 años de edad un reto de esta naturaleza?

Los Ingleses responden (10): “Honor, Fama, Dinero y Deber”, o simplemente por el desafío de hacer algo nunca antes realizado por el hombre.

El lector puede aventurar una respuesta, aunque probablemente se trata nada más que de una combinación de todos estos elementos. El 7 de febrero de 1845, el Almirantazgo nombró a Sir John Franklin, de casi 60 años, Comandante de la Expedición.

El 19 de mayo de 1845 (4) (10) J. Franklin, embarcado en el HMS EREBUS de 320 toneladas y el Capitán Francis Rawdon Moira Crozier al Mando del HMS TERROR, partieron de Londes. Eran un total de 135 oficiales y tripulantes, incluyendo 4 grumetes, 2 cirujanos y 2 cirujanos auxiliares.

El Director de la Expedición era Franklin y su cometido hallar el paso del Noroeste, navegando al Oeste del Cabo Walker o si fuese imposible, intentarlo por el Canal Wellington.

Llevaba avituallamientos para cuatro años. A tal fin, un barco auxiliar, el BARRETO JUNIOR, transportó víveres, incluso 10 bueyes vivos a Whalefish, en la Isla Disco, ubicado en la Costa Oeste de Groenlandia y frente a la Isla Baffin. Allí los bastimentos fueron acondicionados en el EREBUS y TERROR. Estos eran barcos con gloria propia; habían participado de viajes antárticos y eran lo último en tecnología naviera polar. Es así que tenía la proa reforzada con acero y poseían máquinas de vapor (1) de 15 toneladas, que habían sido de locomotoras y que funcionaban a carbón. Estas permitían alcanzar los cuatro nudos, aunque en general fueron utilizadas solamente para ayudar en la lucha contra los hielos y en proveer de calor. En cuanto a las provisiones éstas incluían 8.000 latas de pemnikan marca Goldener Patent (1), carne hervida vacunada y porcina, sopa con carne y vegetales; galletas, tocino; jamón; chocolate y 930 galones de jugo de limón conservado en alcohol. (10) (11) El juego de limón se utilizaba como antiescorbútico en la Royal Navy desde 1795. (12) (13) (14) (15)

Esta expedición comandada por Franklin estaba muy bien organizada. Más allá de las provisiones que se presumía alcanzasen para 4 invernadas, los navíos llevaban bibliotecas con más de 1000 volúmenes, un órgano portátil en cada barco, transportaba sus propios cubiertos. Los de  Franklin eran de plata Maltesa con una “F”, una cabeza de pescado y dos hojas de laurel.

En los baúles de los oficiales estaban los infaltables trajes de etiqueta y era obligatorio para ellos afeitarse diariamente. “Los bigotes son para la caballería”, decía Franklin. (1)

Como ya expresáremos cada barco tenía Cirujano Mayor y Cirujano Auxiliar. En el HMS TERROR trabajaban el veterano y obeso Doctor Stanley como principal y Alexander Mac Donald como ayudante. En el HMS EREBUS, John J, Peddie como cirujano. El ayudante era Harry Goodsir, de 28 años, escocés, alto y elegante.

En julio de 1845 con los barcos y cargados, Franklin decidió enviar de vuelta a Inglaterra al armero, a un encargado de las velas, a dos hombres enfermos y a un oficial para comandar el viaje de retorno.  En Stromness, en las Orcadas, había dejado a otro tripulante.

Quedaban entonces 129 hombres de los originales 135 que había partido lo Londres en mayo de 1845.  Esos seis serían, a la postre, los únicos sobrevivientes de la Expedición.

Franklin fue avisado por balleneros por última vez en agosto de 1845 en el Canal de Lancaster. Este canal separa las islas de Baffin y de Devon, A partir de allí ningún hombre occidental volvió a ver a nadie mas de esta expedición con vida.

A fines de 1847 la Royal Navy, preocupada por carecer de noticias acerca de Franklin comenzó a enviar expediciones de socorro. Entre ese año 1847 y el 1880 se registraron 26 intentos, ya fuese por tierra, por mar, por el Este o por el Oeste. Más de veinte millones de libras (mil millones de dólares en valor actual) fueron invertidos en estos acontecimientos. 

CRONOLÓGICAMENTE: (4) (16)

             1848:  John Richardson exploró por tierra desde la desembocadura del Río Mackenzie hasta el Golfo Coronación sin resultados.

1848-49:   James Clark Ross, en el HMS INVERTIGATOR de 400 ton. Y el HMS ENTERPRISE de 450 ton.; Conjuntamente con el Capitán Bir exploraron elestrecho de Barrow, entre ls islas Cornwaills y Somerset y el Príncie Regente entre ésta última y Baffin. Estos navíos llevaban consigo a dos oficiales que harían luego historias en ésta búsqueda. Se trataba de Francia Leopold Mc Clintock (1819 - 1970), irlandés de Dundark y de Robert John Le Mesurier Mc Clure (1807 - 1873), también irlandés, nacido en Wexford.

1850:  El anciano John Ross, de más de 70 años, contribuye con su búsqueda infructuosa y folklórica, utilizando palomas mensajeras, barriles y dejando mensajes en los cuellos de zorros. El ballenero William Penny, incentivado por las recompensas ofrecidas por la Royal Navy y el comando de un barco equiparado por Lady Franklin (¡Viudas eran las de antes!) exploró la hermosa Isla Beechy, con sus playas de cantos rodados y situadas al Sur de Cornwallis y también el canal que separa ésta de la de Bathurst, hoy llamado Estrecho de Penny. En el fondeadero de la Isla Beechey, Penny encontró cajas abandonadas, un huerto de la Expedición y tres tumbas prolijamente cubiertas de piedras, pero nungún mensaje.

1851-52:  William Kennedy, otro viejo ballenero, acompañado del alférez francés José Renato Bellot (1826 - 1854) partió de Escocia en mayo de 1851 y exploró el Sur del Estrecho de Barrow. Ambos invernaron en la costa Este de Somerset y descubrieron el brazo de mar que separa estas islas de la Península de Boothia y hoy llamado Estrecho de Bellot. Llegó esta Expedición hasta el Cabo Walker, al Norte de la Isla Prinde of Wales, objetivo conocido del viaje de Franklin, pero sin hallar rastros de él.

1852-53:  Mc Clintock en una expedición comandada por el canadiense (nacido en Halifax, Nova Scotia) Edward Belcher (1799-1877) exploró la Isla Malville y descubrió al Norte de ésta la Isla Prince Patrick. En la Isla Melville, Mc Clintock encontró un mensaje dejado allí por Mc Cure en 1851, tal como veremos a continuación. Agobiado por los hielos, Belcher abandonó en 1854 cinco de sus navíos, uno de los cuales apareció flotando luego en el Océano Atlántico. Fue este uno de los barcos fantasmas de la Historia Naval. En 1855 Belcher fue sometido a Corte Marcial por este suceso, pero resultó finalmente absuelto.

1850-54:   Investigando desde el Estrecho de Bering, Richard Collinson (Dear Col) y luego de tres invernadas, exploró la costa Sur de la Isla Victoria. Esta, de 212.000 km2 de superficie, había sido descubierta por Thomas Simpson y Peter Dease en 1838.  Fue en el Estrecho de Dease y Simpson, entre la Isla Victoriana y el continente, que Collinson encontró reliquias de Franklin en poder de  los esquimales

                  El otro barco de la Expedición Collinson, el HMS INVESTIGATOR, comandado por Robert Mc Clure, decidió recorrer por su cuenta la isla situada al Norte del Cabo Bathurst y “redescubrió” entonces la Tierra de Banks, ya identificada por Parry.  Mc Clure hizo tres invernadas y perdió su barco el INVESTIGATOR, pero fue el primer hombre blanco en comentar el paso del Noroeste en 1853, aunque el tramo de 1.240 kms. Entre la Isla Banks y Port Winter, al Norte de la Isla Prince of Wales lo efectuó en esquís. El Estrecho que separa las Islas Melville y de Banks inmoraliza el nombre de Mc Clure.

1854-55:   John Rae (1813-1893), escocés nacido en las Orcadas, fue cirujano, cartógrafo y explorador. Era empleado de la Compañía de Hudson y en tal función recorrió 8.500 kms. del Artico Canadiense buscando a Franklin. En uno de sus viajes, hacia 1855, en la desembocadura del Río Back y frente a la Isla King William, Rae encontró cucarachitas de plata grabadas con la “F” de Franklin y un trozo de chaleco con las mismas iniciales. Recogió también historias que hablan de dos barcos atrapados en los hielos y a sus hombres hambrientos y extenuados, abandonándolos, y de episodios de canibalismo relatados por los Inuits.  Fue acusado de envidioso por esta afirmación. Recordemos que Rae no era marino de carrera. 

1853-56:   Guerra de Crimea (El Tratado de Paz de París se firmará recién el 30 de marzo de 1856). El Almirantazgo no había podido disponer de recursos materiales ni humanos para continuar la búsqueda. Pero aunque Lady Jane ya ha gastado toda su fortuna en la expediciones, la infatigable viuda no se y acude a los ricos norteamericanos y al patrimonio y solidaridad Británicos.  El éxito de su misión se ve recompensado, entonces es adquirido por sólo 2.000 Libras el moderno yate FOX. Es a hélice y tiene 177 toneladas de desplazamiento. Francis Mc Clintock comandará la Expedición.

1858-59:   Luego de once años de búsqueda (1) (16) Mc Clintock tiene frente a sí un área mucho más reducida para investigar, más allá de las grandes extensiones y distancias de Artico Canadiense. Equipado con 35 perros (17) y trineos y contratando a 2 esquimales de Groenlandia, uno de ellos llamado Antón Christian, el Irlandés veterano de 4 expediciones es ya una sombra ártica como los Inuits.

                  En agosto de 1858 desde la Isla de Beechey, Mc Clintock se dirige al Sur por el Estrecho del príncipe regente.  Este separa las Islas de Somerset y de Bellot. El FOX cruzó luego, con grandes dificultades, el Estrecho de Bellot, que separa Somerset de la península de Boothia. Frente al Estrecho Pell, brazo de mar entre las Islas de Somerset y Prince of Wales Mc Clintock se vió detenido por los hielos durante muchos meses. El Estrecho de Peel había sido reconocido por Parry y homenajeaba a Sir Robert Pell (1788-1850), político Ingles y Presidente de la Cámara de los Comunes.

En febrero de 1859 y con técnica esquimal (17) (18) (19) Mc Clintock organizó varias expediciones en trineo hasta la Isla de King William y en ella encontró certeros datos acerca del fin de la Expedición Franklin. También varias Tumbas y restos del navío TERROR.

En Cabo Victoria, en zona cercana al túmulo levantado por James Ross en 1831 en Cabo Félix, Mc Clintock encontró un cilindro sin soldar con un pergamino dentro, fechado el 28 de mayo de 1847 y firmado por dos oficiales de Franklin, el Teniente Graham Gore y el Sargento Des Voeux. Ese documento informaba de una segunda invernada en las costas de la Isla King William, sin dar mayores datos sobre el estado de salud de los exploradores. En una zona cercana y en un agrupamiento de tumbas, Mc Clintock encontró un segundo mensaje. John Franklin había sufrido una muerte súbita el 11 de junio de 1847 y nueve oficiales y quince tripulantes habían también fallecido.

  Muchas preguntas, de todas maneras, quedaban sin respuesta:

¿Porqué los mensajes escritos fueron tan lacónicos? (4)

¿Porqué no pudieron soldar los cilindros que contenían los mensajes?

¿Porqué y de qué murieron tantos tripulantes como los experimentados oficiales, veteranos de expediciones árticas?

Muchas de estas preguntas encontrarán respuesta merced a recientes y fascinantes investigaciones antropológicas.

Los capitanes F. Crozier y J. Fitz Jame, firmantes del segundo mensaje, declaraban haber abandonado los barcos y haberse puesto en marcha hacia el Sur, con el fin de alcanzar el Continente a la altura de la desembocadura del Río Back. Allí contaban con la esperanza de ser rescatados por agentes de la Compañía de Hudson que comerciaban con los Inuits.

Varios Inuits se aproximaban a los hombres de Mc Clintock trayendo cuchillas y otros objetos de Franklin. Una mujer esquimal de la Isla King William expresó:  “…. Arrastraban (4) (10) pesadamente sus chalupas. No progresaban mas de tres kilómetros por día. Iban por el borde helado de la costa cayendo y levantándose continuamente, muchos no podían ya erguirse y morían en el camino ….”. Finalmente Mc Clintock retornó a Inglaterra en 1859 con las pruebas del desastre de la Expedición de Franklin. 

LA MEDICINA FORENSE EN EL MUNDO HELADO DEL NORTE

Entre los años 1981 y 1986 el Dr. Owen Beattie (10), catedrático de Antropología de la Universidad de Alberta en Canadá, condujo un equipo de patólogos, laboratoristas y antropólogos a las áreas de enterramientos de los miembros de la Expedición de Sir John franklin.

El transporte de este equipo debió hacerse en pequeños aviones, ya que aún no existen caminos en estas regiones de los Territorios del Noroeste. Esta extensa área Canadiense tiene 3.246.000 km2  y sólo 45.000 habitantes, es decir uno cada 70 km2.

Está dividida administrativamente en tres distritos: Keewatin al Sur, Mc Kenzie al Oeste, Franklin el Este y también Nunavut, en la Isla de Baffin, que como ya expresáramos es hoy un área autónoma, mayormente esquimal. La capital de los Territorios del Norte es Yellowknife, con 17.000 habitantes. Está ubicada cerca del Lago del Gran Esclavo y próxima a Alcan, la carreta que une Dawson Creek en Canadá, con Fairbanks, en Alaska.

El Alcan había sido construido por el Ejército Norteamericano en 1942-43 por motivos de seguridad nacional. La población de los territorios del Noroeste es primordialmente Dene (se pronuncia Dinai). Estos son mayormente indios Atapaskans. También hay Inuits y Metis, razas mezcladas.  Los únicos “occidentales” en el área son funcionarios del gobierno, científicos y militares.

Con ese entorno se comprende que las expediciones de Beattie tuviesen que ser planificadas con esmero y profesionalismo. Fue así que se contrataron guías locales, contaron con localización satelital y también con un avión de apoyo.

En conocimiento de la presencia de enterramientos en la Isla de Beechey, el equipo médico – antropológico condujo tres autopsias en los muy bien preservados cuerpos de los que fueran los primeros muertos de la Expedición Franklin.

Así fue que, enterrados en tumbas prolijamente construidas en el permafrost, descansaban en paz de los hielos.

a)    John Torrington, 20 años. Fogonero. Muerto el 1° de enero de 1846. Emaciación. Peso algo menor de 40 kgs. Indice de masa corporal: 15, el normal es de 20 a 25. Este índice se calcula dividiendo el peso del sujeto investigado por el cuadrado de su altura.

Causa de muerte: Neumonía.

Evidencias anatomopatológicas de Tuberculosis pulmonar.

La manos indican que había pasado muchos meses sin trabajar. Niveles de plomo en la porción distal de los cabellos: 600 partes por millón. En huesos: 110-151. Sin evidencias óseas de escorbuto.

b)    John Harkness, 25 años. Suboficial. Muerto el 4 de enero de 1846. Emaciación. Indice de masa corporal: 14. Este cuerpo había sido previamente autopsiado, probablemente por el Dr. Goodsir, cirujano asistente del Erebus.

Evidencias anatomopatológicas de Tuberculosis pulmonar.

c)    William Baine, 32 años. Oficial. Muerto el 3 de abril de 1846. Emaciación. Peso por debajo de los 40 kgs.

Causa de muerte. Tuberculosis pulmonar.

Las radiografías también mostraron afección tuberculosa (enfermedad de Pott) de la undécima vértebra dorsal. Las muestras del pelo de Baine mostraron niveles de plomo de 145 a 280 partes por millón.

El cadáver de Baine estaba marcando superficialmente por dientes de roedores. Probablemente permaneció a bordo tiempo suficiente para ser atacado por ratas mientras aguardaba ser enterrado.

De acuerdo a los documentos sepultados en la Isla King William se puede ahora reconstruir la odisea de Franklin: (16) (10)

1.    En el invierno de 1845 – 46 permanecieron atrapados por los hielos en la Isla Beechey. Allí murieron, por lo menos, Torrington, Harkness y Baine de Tuberculosis.

2.    En el verano de 1846 los barcos circunnavegaron la Isla Cornwallis y se dirigieron hacia el Oeste de la isla Somerset, en dirección del Canal de Peel.

3.    En el invierno 1846 – 47 se vieron allí atrapados por los hielos.

4.    A fines de la primavera de 1847, exactamente el 11 de junio, falleció súbitamente John Franklin, de 61 años de edad. Muy probablemente su cuerpo fue enterrado en el hielo y nunca  fue hallado.

5.    Arrastrados por los hielos y la corrientes, el EREBUS y el TERROR, iniciaron su tercera invernada, setiembre 1847 – abril 1848, a unos 12 kilómetros al Oeste del Cabo Noete de la Isla King William.

Allí 15 tripulantes y 9 oficiales enfermaron y murieron, siendo algunos de ellos enterrados superficialmente en Victoria Point, lugar cercano al túmulo levantado por James Ross en 1831. Mc Clintock encontró finalmente allí un lacónico mensaje firmado por los Capitanes Francis Rawdon, Moris Crozier y James Fitz James. Este anunciaba el abandono de los barcos y el intento de llegar, arrastrando chalupas y provisiones, a la costa Norteamericana, a la altura de la desembocadura del Río del Gran Pez. 

6.     Los Tripulantes, gravemente enfermos, disneicos y con una extraordinaria astenia caían, algunos se levantaban mientras otros morían, según recordaban los esquimales de la Isla King William. Fue un camino infernal al Continente, mientras tripulantes y oficiales arrastraban las chalupas en esquies. Hoy se sabe que cada bote con deslizadores pesaba un mínimo de 1.500 libras. Además estaban todas la vitualles de campaña, trozos de madera y las famosas cucharas.

El descubrimiento de tumbas y cuerpos superficialmente enterrados, pero preservados por el frío ártico permite dibujar hoy el trágico camino de los Sobrevivientes de la Expedición. (1)(10)

Desde Victor y Point, donde dejaron el mensaje y las primeras tumbas siguieron al Sur por el Oeste de la Isa King William y llegaron al Cabo Jane Franklin, llamado así por Mc Clintock en honor de su patrocinadora.  Luego continuaron a la Bahía Erebus, donde aparecieron otros esqueletos, después a la Bahía Terror y por fin frente al Estrecho de Simpson.  Continuaron por la costa Norte de éste hasta la Isla Todd. Algunos consiguieron cruzar al Continente y llegaron así a la Isla Montreal, en la desembocadura del Río Back. Por último, restos de un bote y esqueletos, fueron hallados en la Península Adelaide en un lugar llamado Ensenada de la Inanición.

En 1981 Owen Beattie (10) y su equipo desenterraron treinta esqueletos en la desembocadura del Río Back en la Isla King William y en algunas de las pequeñas islas ya mencionadas.  La gigantesca nevera ártica había preservado estos restos de tal manera que fue posible examinarlos nuevamente 135 años después.

            Afortunadamente se hallaron sepulturas de miembros de la tripulación de Franklin y también de esquimales. La identificación de cual era cual fue sencilla. (18) (19). Los esquimales medían de promedio 1.56 m. para los hombres y de 1.47 m. para las mujeres. Por otra parte nunca cavaban tjâle (9) o permafrost y nunca usaban la valiosa madera para confeccionar un ataúd. Los inuits sólo excepcionalmente cometen actos de antopofagia.

Creen que el alma del difunto escapa del cuerpo poco después de la muerte, por lo que ésta necesita rápidamente de algún alimento o ropa. Luego “descansa” buscando un ser humano ya desarrollado y cuando lo encuentra se incorpora definitivamente a su espíritu, constituyendo así una doble personalidad. (9) (18) (19)

Las conclusiones médico – forenses del estudio pormenorizado de éstos restos óseos fueron las siguientes:

a)    Escorbuto. (10) (12)

Los huesos largos mostraron separación entre el tejido óseo y el periostio, sobre todo en las epífisis. Los cartílagos costales se encontraron separados de las costillas. Se halló reabsorción ósea de tejido esponjoso y evidencia de fractura no consolidada de huesos largos. Indefectiblemente el hueso más afectado resultó ser el Fémur. Esto confirma (6) (12) (13) (14) (15) la presencia de escorbuto, a pesar que ya hemos relatado que Franklin había embarcado suficiente jugo de limón (una onza diaria) para ser administrada a toda la tripulación durante un viaje de cuatro años.

¿Qué pudo suceder? Bayliss (10) sugiere que durante el primer año, quizás dos, el preservativo antiescorbútico había funcionado bien, pero luego, por causas desconocidas pero bastantes comunes (13) (14) en los largos viajes por el mar el ácido ascórbico se había alterado, quizás fermentado y dejó de ser efectivo. Probablemente lo hirvieron y entonces fue peor.

Otro hecho aboga a favor de esa teoría: los cadáveres examinados en la Isla Beechey no presentaban escorbuto.

b)     Tuberculosis.

Esta enfermedad era muy frecuente en la Royal Navy y en esta expedición hemos visto como un tripulante, un suboficial y un oficial habían muerto a consecuencia de ella y sólo un año y medio después de haber embarcado.

En el ambiente de confinamiento obligatorio en barcos apresados por los hielos, seguramente esta enfermedad causó muerte y desolación. El tuberculoso, en general, sabe que va a morir.

c)    Intoxicación por Plomo (20) (21)

Los niveles normales de plomo e sangre son en hombres adultos hasta 40 microgramos por decilitro (40 partes por millón) y en huesos 35 microgramos +-12 por kilo de peso. (20)

En el caso de los exámenes óseos practicados en los huesos de los fallecidos en la Expedición Franklin, la cifra alcanzó un promedio de 228 partes por millón, comparado con 22 a 36 partes por millón en los esqueletos esquimales. El lector recordará los valores igualmente altos de los tres enterrados en la Isla Beechey. La intoxicación crónica con plomo (21) comienza con palidez, irritabilidad, gusto metálico en la boca, disnea, anorexia, dolor abdominal, a veces severo (cólico plúmbica).  Esta última afecta sobre todo el puño (la mano que cae).

El compromiso cerebral es más común en los niños, pero se presenta también en adultos, con ceguera, sordera, convulsiones y coma. Aún hay el 25 % de los afectados neurológicamente fallecen por esta afección. Otro 25 % queda con secuelas permanentes.

Pero el plomo … ¿de dónde provino? Seguramente contaminó las ocho mil latas de comida (22) embarcadas en 1845.

La preservación de alimentos por medio de la ebullición fue inventada por un parisién llamado Nicolás Appert en 1822. Al comienzo este procedimiento tuvo una vida azarosa. Recordemos que Napoleón se interesó en él. En 1839, gracias al descubrimiento del Inglés Meter Durand se sustituyen las botellas de vidrio por latas de hojalata. Estas debían ser soldadas. Todo este proceso, especialmente la soldadura, contaminaba la comida envasada. Finalmente, en 1905, fue inventado un procedimiento que hizo innecesario soldar las latas.

La intoxicación plúmbica es lenta y acumulativa. Seguramente no fue revelante en la primera mitad de la Expedición, pero sí debió haber resultado de importancia después de 1846, con todas las consecuencias imaginables.

Quedaba el problema de la antropofagia denunciada por John Rea en 1855, ficcionada por Julio Verne en su novela “Los Ingleses en el Artico” y “sugerida” por un corte en un fémur examinado por Owen Beattie.

En el verano de 1993 un grupo expedicionario del Northern Heritage Prince of Wales Center, Universidad de Yellowknif, ubicada en el distrito Mc Kenzie, y dirigido por la Arqueóloga Margaret Bertulli y la Antropóloga Anne Keenleyside estudiaron la Zona la Bahía Terror en la costa Oeste de la Isla King William (Area NGLJ. 2). Allí encontraron esqueletos ya ubicados anteriormente y asimismo otros nuevos enterramientos. En total investigaron 400 huesos, correspondientes a 11 individuos, incluido uno de los grumetes de la Expedición. En el 25% de los restos óseos examinados se encontraron muescas que, puestas bajo el microscopio electrónico, resultaron haber sido ocasionadas por cuchillos. La antropofagia ha quedado así científicamente comprobada. Se investigaron igualmente 9 huesos que resultaron tener entre 49 y 2004 partes por millón de contenido de plomo, cifras consideradas con las de Beattie.

En resumen, algunos de los mejores tripulantes y oficiales de LA Royal Navy, embarcados en plena Epoca Victoriana en las magnificas naves ERBUS y TERROR y dirigidos por el experimentado Sir John Franklin, fallecieron penosa y tristemente a consecuencia de Tuberculosis, Escorbuto e intoxicación con Plomo.

No hubo motines ni locura ártica, ni afán de lucro con las cucharas, aunque sí ocurrieron episodios de antropofagia.

Existieron también un conjunto de situaciones ambientales extremadamente adversas; la terrible y aplastante, astenia, causada por el escorbuto y la adinamia de la intoxicación plúmbica. Se trata ésta de una asociación maldita, dado que nubla el razonamiento e impide la acción. 

COLOFÓN

Aunque pueda sostenerse que la hazaña de Mac Clure (1851 – 54) haya sido una evidencia de la existencia del Paso del Noroeste, fue necesario aguardar al Noruego (4) (16) Roald Amudsen (1872 – 1928), que entre 1903 y 1906 y efectuando tres invernadas, cruzó por primera vez desde el Ártico al Pacífico. Esta gesta la cumplió viajando hacia el Oeste y adecuándose a las necesidades árticas. Amundsen cumplió esta hazaña en el GJÖA, barco arenquero de sólo 12 toneladas y acompañado por otros seis expedicionarios.

Un punto al Este de la Isla King William recuerda su barco, el citado Gjöa y el brazo de mar entre las Islas Banks, Victoria y el Continente se llama Golfo de Amunden en su honor.

            Knud Rasmussen (1879 – 1933), de origen Danés y esquimal (16) (19), exploró en trineo de perros todos estos territorios en 1923. Cuando llegó (17) a al Isla King William recogió una leyenda esquimal que refiere de un barco aprisionado por los hielos que había sido encontrado por dos hermanos inuits, sin ningún tripulante vivo. Luego de retirarle sogas, velas y fusiles, decidieron hacer luz en la zona del sollado. A tal fin hacharon el control de la nave, que inmediatamente se hundió sin dejar rastros. Esta historia tiene un halo romántico, pero parece muy improbable.  Por otra parte, fragmentos del EREBUS y el TERROR fueron encontrados en construcciones esquimales de la Isla King William.

            Vilhjalmur Steffansson (1879 – 1962), de origen Islandés, vivió entre los inuits los años 1906 y 1907, aprendiendo su lenguaje y modo de vida. Fue el último gran explorador ártico y descubrió islas canadienses aún no conocidas, tales como Borden, Brook, etc.  Una isla al Norte de Victoria lleva hoy su nombre.

            En 1942 una goleta llamada ST. ROCHUS, al mando del sargento Canadiense Henry Larssen cruzó de Oeste a Este el Paso del Noroeste por primera vez. Dos años después repitió esta hazaña, cruzando de Este a Oeste, tal como Amundsen, pero efectuándola en sólo un año.

            En 1960 el submarino nuclear Norteamericano SEADRAGON efectuó el pasaje del Noroeste totalmente bajo mar.

            En 1969 y bajo el patrocinio dela Humble Oil Company, el tranquero MANHATTAN, de 151.000 toneladas realizó el viaje Nueva York – Punta Barrow,  en Alaska, en veintiún jornadas, los días agosto 24 a setiembre 14.

            Finalmente, en 1988 un crucero turístico hizo un viaje experimental entre St. John’s en Terranova y la Bahía Prudhoe en Alaska en 40 días a un costo mínimo de 20.000 dólares por pasajero.

            El Artico Canadiense es hoy un blanco paraíso de vida animal, por donde transitan escasos nativos y algunos científicos, meteorólogos, militares y prospectores de petróleo.

            Los turistas invaden cada vez más el helado Norte en costosísimos cruceros y en pequeños aviones donde pequeños japoneses toman fotografías con sus diminutas Cámaras digitales, en tanto gigantescos y obesos estadounidenses devoran maíz soplado mientras hablan incesantemente por teléfonos celulares.

            Nosotros preferimos pensar en el Artico como el territorio donde Hudson, Mackenzie, Parry, Ross, Mc Clure, Mc Clintock, Franklin y tantos otros vivieron sueños y esperanzas, padecieron y sucumbieron en ese mundo sincrético de muerte y belleza.


 BIBLIOGRAFIA

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2.            BENTON, W., HEMINGWA Y BENTON H. SIR JOHN FRANKLIN. ENCYCLOPEDIA BRITANICA.  MACROPAEDIA; 4:283 – 4, CHICAGO, 1979.

3.            FRANKLIN JUAN.  DICCIONARIO ENCICLOPEDICO HISPANO – AMERICANO,  TOMO IX (F - FYT) : 713 – 714.  MONTANER & SIMON. BARCELONA, 1910.

4.            VICTOR P. E., LAS EXPEDICIONES POLARES. (: 210 – 381) IN: ROUCH J., TAZIEFE H., VICTOR P. E., HISTORIA UNIVERSAL DE LAS EXPLORACIONES. EPOCA CONTEMPORANEA ESPASA – CALPE. MADRID, 1968. 

5.            LIHTBODY M., TALBOT D., DU FRESEN J., SMALLMAN T. CANADA. LONELY PLANET. (976 p.), HONG KONG, 1997.

6.            RIZZI M., MEDICINA DE LAS EXPLORACIONES POLARES.  NOTICIAS 1988 (2ª . EPOCA) 33: 51 – 56.

7.            BENETON W., HEMINGWAY BENETON H., SIR JOHN RICHARDSON (1787 – 1865)  ENCYCLOPEDIA BRITANICA. MICROPAEDIA; 8: 569. CHICAGO, 1974.

8.            RICHARDSON, JUAN.  DICCIONARIO ENCICLOPEDICO HISPANO – AMERICANO.  TOMO XVIII (R-RZE) : 622.

9.            RIZZI M., MEDICINA ESQUIMAL   NOTICIAS 1988 (2ª. Época) 16 : 28 – 30

10.          BAYLISS R., SIR JOHN FRANKLIN’S LAST ARTIC EXPEDITION: A MEDICAL DISASTER.  JOURN ROY SOC MEDICINE 2002; 95 : 151 – 153.

11.         GORDON E., SAILOR’S PHYSICIANS MEDICAL GUIDES FOR MERCHANT SHIPS AND WHALERS 1774 – 1846.

12.         CARPENTER K. J. THE HISTORY OF SCURVY AND VITAMIN C. CAMBRIDGE UNIVERSITY. (288 p.) CAMBRIDGE, 1986.

13.         THOMAS D. P., SAILORS, SCURVY AND SCIENCE.  JOURN ROY SOC MEDICINE 1997; 90 : 50 – 54.

14.         TRÖLER U., LIND AND SCURVY 1747 TO 1795. JOURN ROY SOC MEDICINE 2005; 98 : 519 – 522.

15.         RIZZI M., HISTORIA DEL ESCORBUTO. ESPECIAL REFERENCIA A LAS EPIDEMIAS ACAECIDAS EN LOS SITIOS DE MONTEVIDEO.  HIST MARIT URUGUAY 2002; 12 : 217 – 232.

16.         THE FRANKLIN TRAIL.  www.netscapades.com/franklintrail

17.          MALAURIE J., LOS ESQUIMALES DEL POLO. LOS ULTIMOS REYES DE THULE. I  GRIJALBO. (355 p.) BARCELONA, 1989.

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19.         GILBERG A., MEDICO DE ESQUIMALES. IBERIA. (156 p.) BARCELONA, 1949.

20.         GONZALEZ REIMERS J. ET AL. BIOLOGICAL TRACE ELEMENTS IN LEAD LEVELS. RES. 105 : 37 – 51, 2005.

21.          BENTON W., HEMINGWAY BENTON H., LEAD POISONING ENCYCLOPAEDIA BRITANICA. MACROPAEDIA; 6 : 97 – 100. CHICAGO, 1974.

22.        BENETON W., HEMINGWAY BENETON H., FOOD PRESERVATION. ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA. MACROPAEDIA, 7 : 489 _ 491. CHICAGO, 1974. 

 

  

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