Historia y Arqueología Marítima

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LA FRAGATA SUECA “EUGENIE”

Y SU CORTA ESTADÍA EN EL RÍO DE LA PLATA DURANTE SU VIAJE

ALREDEDOR DEL MUNDO (1851- 1853)

 

Por: JUAN MARURI    Publicado en Ciclo de Conferencias año 2005

 

            Poco antes de la mitad del siglo XIX, Suecia durante la monarquía del Mariscal napoleónico Charles Jean Baptiste Bernadotte, con el nombre de Carlos XIV y de su hijo Oscar I a partir de 1844, comenzó a surgir como potencia industrial, comercial y marítima, mas allá de Europa y el Atlántico; lo cual decidió al Rey Oscar I en 1851 a enviar una expedición científico-militar en un buque mayor de la escuadra, a fin de controlar las rutas y vigilar el desempeño de los cónsules del país en los sitios  lejanos del mundo, como las costas americanas, las Indias Orientales y China, estados donde ahora había representantes de la corona sueca.

            Este fue el objeto primario para efectuar el viaje, que además propendía a fomentar la creación de nuevas fuentes de intercambio comercial, aunque también el monarca interesó a la Real Academia de Ciencias sobre la oportunidad de su intervención, lo que determinó que dicho periplo se transformara igualmente en científico.

            Se escogió para el viaje a la fragata “Eugenie” de cuarenta cañones de 24 libras (peso del proyectil que disparaban), nave que había sido botada en 1844, es decir con solo siete años de uso, encontrándose en inmejorables condiciones. Fue aparejada con esmero en los astilleros de la ciudad de Carlscrona sobre el mar Báltico, al sur de Estocolmo; allí se le cambió el forro de cobre debajo de la línea de flotación (procedimiento introducido en 1761, que actuaba como agente anti inscrustante en climas fríos y prevenía la destrucción de los cascos de madera por parte del gusano “teredo navalis” en el trópico); además se le instalaron depósitos adicionales de agua dulce. La fragata asimismo contaba en su armamento con dos morteros ubicados a cada lado de la batería, los que fueron remplazados por dos cañones de 24 libras, similares a los otros.

            Estaba dotada de una chalupa, una falúa y dos botes de diez  remos. A la chalupa y a la falúa igualmente se les forró el casco con cobre; la falúa era muy apropiada para navegar a vela, condición conveniente para los casos en que la rada quedaba muy retirada de la orilla, como ocurría en esa época en Buenos Aires. Para procurar alojamiento a los académicos que se incorporarían a la nave, teniendo en cuenta la índole de sus ocupaciones, se construyeron dos camarotes a cada flanco de la batería, inmediatamente a proa del castillete principal, los cañones que ocupaban esos sitios fueron retirados y colocados bajo cubierta.

            El 18 de setiembre de 1851 la fragata abandonó el astillero y el 30 de setiembre se hizo a la mar en Carlscrona, luego que su tripulación fuera revistada y despedida por el Contralmirante Barón de Nordenskjöhld, autoridad máxima de ese puerto militar.

            El comandante de la nave era el Kommendörkapten I (equivalente a Capitán de Fragata) Christian Adolf Virgin de 54 años, mas adelante Contralmirante; quien provenía de una noble familia de Pomerania, Prusia, establecida desde 1731 en Suecia, la cual dio a su país de adopción varios distinguidos oficiales navales y del ejército, su padre también marino alcanzó la jerarquía de Contralmirante. Su segundo era el Kommendörkapten II (equivalente a Capitán de Corbeta) J. B. Kleman.

            El resto de la oficialidad la componían cuatro Premiärlojtnant (Tenientes Primeros), seis Lojtnant (Tenientes), un médico principal (el Dr. Johan G. H. Kimber, también delegado por la Real Academia como zoólogo), dos médicos auxiliares, un capellán, un administrador y cinco cadetes. Por otra parte fueron dos representantes de la Real Academia: el botánico profesor de la Universidad de Upsala Nils Johan Andersson y el señor K. J. Johansson como encargado de las observaciones físicas, con quien colaboraba el Teniente Primero Carl Johan Gustav Skogman, autor del libro de dos tomos sobre el viaje de la “Eugenie” que se publicó en Estocolmo durante 1855, del que se tradujeron al español en 1942, los capítulos referentes al pasaje de la fragata por América del Sur, sobre el texto original que pertenecía al Gral. Agustín P. Justo  ex Presidente de la República Argentina.

            El personal subalterno estaba compuesto por diecinueve sub-oficiales y trescientos cinco marineros, de los cuales siete eran músicos, doce grumetes y seis obreros.

            Junto a la fragata “Eugenie” zarpó la corbeta “Lagerbjelke”, que estaba al mando del Kommendörkapten II( equivalente a Capitán de Corbeta)  Caballero Carl E. Engelhardt, con la misión de acompañarla hasta el Río de la Plata y luego regresar visitando diversos puertos del Brasil y de las Antillas.

            Como vimos, la partida de las dos naves dio comienzo el 30 de setiembre de 1851 desde Carlscrona hacia el sur, para luego remontar con rumbo norte al estrecho de Skagerrak, donde se vieron obligados a causa de una tormenta a refugiarse en Farsund, sur de Noruega. De allí continuaron su ruta con destino al puerto de Portsmouth en el sur de Inglaterra. Su próximo desembarco fue efectuado en Funchal, capital de las islas portuguesas de Madeira.

            Desde esas islas cumplieron el cruce del Atlántico y el 9 de diciembre arribaron a Río de Janeiro, ciudad en la cual permanecieron hasta el 22 de diciembre realizando visitas, estudios, mediciones, excursiones a las islas de la bahía de Río navegando en la falúa de la fragata, etc. El teniente Skogman dedica unas páginas a describir y analizar las costumbres y la vida cotidiana de la capital del imperio en forma caústica y mordaz, asegurando que se fueron de esa ciudad sin lamentarlo.

            Al amanecer del 22 de diciembre abandonaron Río de Janeiro, teniendo como meta Montevideo. Después de una navegación sin historia, mas que el brusco cambio de la dirección de los vientos, el 29 de diciembre de madrugada pasaron a tres millas de la Isla de Lobos y, con la ayuda del viento del este pudieron llegar al final del día a Montevideo, anclando en su bahía los dos navíos con poca diferencia, según el libro de Skogman y el diario “El Comercio del Plata” del 30 de diciembre de 1851.

            En ese momento se encontraban fondeados en la rada dos mercantes suecos: la barca “Jenny Lind” de 376 toneladas, comandada por Capitán N. Werngren, que procedía de Hull, Inglaterra, consignada a Cándido Ferreira; y el bergantín “Alphild” de 300 toneladas, bajo las órdenes del Capitán Walman, procendente de Baltimore, Estados Unidos, consignado a Joaquín Farías. El Cap. Werngren con muchos años de navegación en el Océano Pacífico, les dio preciosos informes sobre diferentes lugares que ellos tocarían más adelante en sus costas.

            Otros buques a vela y a vapor en total 103 de ultramar estaban en la bahía, cargando o descargando.

            En el Puerto de Montevideo, estaban estacionados dos decenas de naves de guerra de diversos países, de los cuales la mayoría pertenecían a la escuadra franco-británica que intervino en la Guerra Grande. Los navíos que estaban en la Bahía el 29 de diciembre eran entre los franceses: la fragata Andromède, que enarbolaba la insignia del Contralmirante Fortuné Joseph Le Prédour, Comandante en Jefe de la Estación de Brasil y el Río de la Plata, otra fragata de menor porte, tres corbetas, cuatro bergantines y dos vapores. Una fragata a vapor inglesa, la “Centaur” con la insignia del Contralmirante Henderson. Tres corbetas españolas: “La Ferrolana”, “Mazaredo” y “Luisa Fernanda”. La fragata “Constituiçao” y la corbeta “Euterpe” brasileñas. Y un bergantín sardo (de Cerdeña).             

            El arribo de las naves suecas al Río de la Plata fue en un momento muy especial de la historia de nuestros países. El Presidente de la República era el ciudadano don Joaquín Suárez. La “Guerra Grande” (1839-1851) había finalizado el 8 de octubre “sin vencidos ni vencedores”, lo que trajo aparejado el levantamiento del sitio de Montevideo que comenzó en febrero de 1842. El 1ero. de diciembre de 1851 falleció el General Eugenio Garzón, seguro candidato a la presidencia de la República, para la cual fue electo Juan Francisco Giró el 1º de marzo de 1852. En la República Argentina todavía gobernaba Juan Manuel de Rosas, pero tenía los días contados, se había formado una coalición que organizó un ejército expedicionario compuesto por: entrerrianos, correntinos, tropas de Buenos Aires, brasileños, orientales, parque y maestranza, todos bajo el mando de Justo José de Urquiza, que el 3 de febrero de 1852 aniquiló al ejército de Rosas en Monte Caseros, obligándolo a huir al extranjero.

            Como coletazos de tantos años de guerra, no obstante haber terminado esta casi tres meses atrás, a fines de 1851 aún permanecían en Montevideo o en sus afueras tropas francesas y brasileñas, así como en la bahía buques de guerra de diferentes banderas. Sin embargo esta presencia extranjera no impedía que la vida continuara, afianzándose la paz día a día, por lo menos por dos años más, como ocurrió

            La impresión que les deparó Montevideo a los tripulantes de la fragata “Eugenie”, en los pocos días que permanecieron en ella fue que, con algunos años de paz y tranquilidad se convertiría en una ciudad floreciente y feliz.

            El Teniente Skogman hace una descripción del puerto que es interesante describirla: “El panorama que nos ofrece desde la rada de Montevideo no es hermoso.El aspecto generalmente achatado del terreno y la ausencia de árboles y vegetación, producen una impresión bastante desolada, apenas atenuada a veces por un toque pintoresco. La profundidad en el puerto,obliga a los barcos de cierta importancia a mantenerse distanciados de la orilla y bajo los efectos del mar de fondo que a veces se hace sentir,resulta mas bien penosa la permanencia a bordo.Las embarcaciones menores,cuyo calado no exeda de  doce a quince pies,se hallan en ese sentido mas protegidas.El puerto está completamente desguarnecido en dirección S.O. y los fuertes vientos que soplan de ese sector, los pamperos, suelen producir oleajes muy respetables, siendo muy blando el fondo, no hay sin embargo mayor peligro de varaduras y dada la poca profundidad, es poco probable también que las anclas garreen. En el interior de la bahía, la playa es arenosa, pedregosa en su embocadura y en general de muy suave declive.  

         Hasta hace pocos años, Montevideo poseía un solo desembarcadero,pero en la actualidad tiene dos , de los cuales uno es propiedad del estado y el otro particular y en este último, las mercaderías depositadas deben pagar derechos de muelle, pero el tránsito de personas es gratuito. Es también el preferido por sus dimensiones amplias y por ofrecer protección a los botes en caso de lluvia. Está construido sobre pilotes de hierro para mejor resistir el embate de las olas” .(Era el Muelle Victoria, construido por el inglés afincado en Montevideo don Juan Gowland; tenía 128 varas de longitud,unos 110 metros,poseía el ancho de una calle; y principiaba en la actual calle Colón. Nota del autor).”Del mismo se llega a una plazoleta que se extiende a lo largo de la orilla y cuyo aspecto es bastante deplorable.En la playa propiamente dicha se ven a menudo personas bañándose, inclusive mujeres de las clases inferiores, ataviadas con trajes mas o menos livianos y dedicándose con todo desenfado a su toilette.A poco andar, se llega a calles pobremente pavimentadas, pero todas ellas provistas de aceras, que permiten trasladarse de un punto a otro sin embarrarse demasiado.    

        Una de las cosas que primero llamaron nuestra atención fueron las grandes carretas que se encuentran en la playa,destinadas a la descarga y acarreo de las mercaderías consignadas a los comerciantes. Están provistas de ruedas de dos y hasta tres yardas de diámetro a los efectos de poder acercarse hasta los lanchones de descarga y son arrastradas por dos o cuatro caballos o mas, generalmente por mulas. El conductor monta sobre uno de los animales,viste la pintoresca indumentaria de la región y demuestra mucha destreza en su oficio, aunque sin el menor asomo de compasión  hacia las bestias . En medio de una ruidosa algarabía, numerosos de esos vehículos van y vienen, a menudo a gran velocidad pero casi nunca chocan entre si”.

     En relación al puerto y a lo conectado o referido a él y a lo marítimo, justamente al otro día del arribo de la “Eugenie” se efectuaron dos remates de artículos navales.Uno por el martillero Mateo Astengo en la barraca de Esteban Antonini que estaba situada al lado del muelle principal(como decía el aviso en el diario “Comercio del Plata”). El otro tomado del mismo periódico, anunciaba el que llevó a cabo Rafael Ruano en la barraca de D.E. McEachen sobre el mar, en el cual se pusieron en subasta: palos, vergas, jarcias,  masteleros,  anclas , cadenas, un bote y demás pertenencias del bergantín americano “Otowa” de 250 toneladas de registro, clavado en cobre y forrado de metal, que estaba fondeado en el puerto.  

     El  31 de diciembre varios oficiales de la “Eugenie” cumplen  un paseo a caballo por la carretera que llevaba al Cerro de Montevideo. Antes de abandonar la ciudad conocieron al médico sueco radicado en la capital Dr. Luis Michaelsson, quién los invitó a un baile que ofrecía esa misma noche. En el recorrido por los suburbio dichos oficiales pudieron observar los estragos que produjo la guerra en las propiedades privadas, de las cuales solo quedaban escombros. Pasaron con dificultad el Paso Molino del arroyo Miguelete para dirigirse al campamento del ejército brasileño, situado al pie del cerro, pero no se animaron a cruzar el Pantanoso que estaba muy crecido, regresando a la ciudad. Esa noche de fin de año la mayor parte de los oficiales hicieron uso de la invitación de su compatriota el Dr. Michaelsson  y asistieron al mencionado baile, donde se encontraron con muchos convidados extranjeros pertenecientes a los barcos fondeados en el puerto o a oficiales de las tropas francesas. Allí entre otros conocieron al Coronel Francisco Tajes, que los impresionó por su físico recio y fornido así como su rostro franco y noble, lamentablemente, señalamos nosotros, fusilado en Quinteros junto al General César Díaz en 1857.

            El 3 de enero de 1852 a las 6 de la mañana la fragata y la corbeta “Lagerbjelke” se hicieron a la vela con destino a Buenos Aires, dirigidas por un práctico. Esquivando bancos de arena llegaron frente a Quilmes a las 8 de la mañana del 4 de enero, donde la “Eugenie” fondeó, pues la poca profundidad la impedía acercarse más a la costa que quedaba a unas doce millas. El Capitán Virgin en compañía de los hombres de ciencia transbordaron a la corbeta que prosiguió hasta la rada exterior de Buenos Aires, donde ancló al medio día. Buenos Aires no poseía un puerto, sino dos radas separadas por un extenso banco de arena. En la exterior, las naves quedaban a seis millas de la costa, pero en la interior solo a escasa distancia. Embarcaciones de calado superior a los doce pies no podían llegar a esta última y en ocasiones, aún a las de diez a once pies les resultaba difícil franquear el angosto canal que conducía a la misma, según nos cuenta Skogman en su libro. En los botes de la corbeta se arrimaron a la costa, Buenos Aires no tenía desembarcadero, como era usual transbordaron de los botes a carretas de altas ruedas que los condujo a tierra.

            En esa época Buenos Aires contaba con unos 120.000 habitantes, mientras que en Montevideo, según el censo de fines de 1852 vivían 33.994 personas. Semejante a Montevideo la ciudad era como un damero, con calles paralelas y perpendiculares, formando manzanas del mismo tamaño. Las construcciones eran análogas entre las dos ciudades, con mayor  cantidad de casas de aspecto opulento o suntuoso en Buenos Aires.

            Pero la situación política de Buenos Aires en aquellas circunstancias distaba de ser tranquilizadora para su población, ante la inminencia de un enfrentamiento entre las fuerzas rosistas y el ejército expedicionario que comandaba Urquiza, el que ya estaba situado en la Provincia de Santa Fé y pronto para iniciar la campaña militar que terminó con la derrota de Rosas.

            La “Eugenie” con el panorama que se avecinaba embarcó a los científicos y el 13 de enero levó anclas al amanecer, después de haberse despedido de los compatriotas radicados allí, entre ellos del Cónsul de Suecia Conde de Fr­ölich, quedando la corbeta “Lagerbjelke”, según los órdenes del Capitán Virgin, en su fondeadero a la espera de que hiciera crisis en el país la catástrofe que parecía tan cercana, como realmente ocurrió.

            El destino de la fragata fue el cercano puerto de Colonia, donde se encontraba estacionada la mayor parte de la escuadra brasileña destacada en el Río de la Plata, de acuerdo al tratado de alianza celebrado contra Rosas. Frente a Colonia estaban cuatro vapores y tres veleros; en el vapor “Affonso” enarbolaba su insignia el Vicealmirante John P. Grenfell, destacado marino británico al servicio del Imperio del Brasil, quien anteriormente se había distinguido a las órdenes de Cochrane y ya a disposición del Brasil, perdió un brazo en el Combate de Quilmes al mando del bergantín “Caboclo” en 1826.

            La “Eugenie” ancló frente a Colonia a las ocho y media de la mañana, el Capitán Virgin se dirigió al “Affonso”, donde presentó sus saludos al V/A Grenfell. Pasado el mediodía zarparon nuevamente, navegando hacia Montevideo hasta que se hizo la noche; fondearon y continuaron su derrota al amanecer del  14 de enero sin lograr su objetivo de llegar a Montevideo antes del anochecer, debido a la calma reinante. Finalmente el 15 de enero de 1852 a las seis de la mañana anclaron en el mismo sitio que ocuparon antes de salir para Buenos Aires. Poco después entró en el puerto el vapor de la carrera “Manuelita Rosas”, de bandera norteamericana, con veinticinco pasajeros de Buenos Aires, al que más adelante se le impuso el nombre de “Almirante Brown” y armado en guerra se le sumó a la escuadra de la Confederación que al mando del Comodoro Juan H. Coe bloqueó Buenos Aires en abril de 1853.

            En nuestra capital se proveyeron de alimentos y agua necesarios para el viaje, entre los primeros subieron cuatro novillos en pie que los instalaron entre la batería de cañones.

            El 17 de enero antes del amanecer la “Eugenie” emprendió su navegación hacia el Estrecho de Magallanes, con muy buen tiempo y mar calmo, recomenzando de esta manera su viaje alrededor del mundo.

            Pasaron por el Estrecho de Magallanes y el 22 de febrero entraron en Valparaíso. Continuaron su trayecto el 5 de marzo de 1852 hacia El Callao pasando por las Islas Chinchas, donde se explotaba el guano, frente a Pisco, Perú. Prosiguieron a Guayaquil, Ecuador; luego Panamá, que en ese entonces era una provincia de Colombia; de allí a las Islas Galápagos; Honolulú en Hawaii, que en esa época era un reino; San Francisco, California; nuevamente a Honolulu; Tahiti y otras islas de la Polinesia; y llegan a Sydney en Australia; Islas de la Micronesia; y cruzan hasta Cantón y Hong Kong en China; Manila en Filipinas; Singapur; Batavía, hoy Jakarta en las Indias Orientales Holandesas; Islas Mauricio  en el Indico; Ciudad del Cabo en Sudáfrica; Santa Helena, en el Atlántico, donde murió Napoleón; Islas Azores de Portugal; Plymouth, Inglaterra; Cherburgo, Francia; y Gotemburgo ya en Suecia para arribar el 3 de julio de 1853 a Estocolmo, donde fueron muy agasajados por autoridades y la Real Academia de Ciencias. El Rey Oscar I y el Príncipe Heredero visitaron la fragata y saludaron a la tripulación; el monarca hizo acuñar una medalla de oro para el Capitán Virgin y otras de plata para los oficiales, sub-oficiales y científicos así como de bronce para la marinería, en recuerdo del éxito de la expedición de un año y nueve meses de duración.

FUENTES DOCUMENTALES

 -          “Viaje de la fragata sueca Eugenie” por C. Skogman

-          “Voyage of the frigate Eugenie” por J. P. Lundh

-          “Fregatten son presenterade Flaggan”

-          “Anales Históricos del Uruguay” tomo II por Eduardo Acevedo

-          “Historia Naval Argentina” por C/F Teodoro Caillet-Bois

-          “Voyage Aux Origines Françaises de l´Uruguay” por Jacques Duprey

-          “ Memorias del Gral. César Díaz ″

-          “Montevideo Antiguo” por Isidoro de María

-          Diario de Montevideo “Comercio del Plata” diciembre de 1851 y enero de 1852.

 

 

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