Historia y Arqueología Marítima

HOME BICENTENARIO DE LA EXPEDICION QUE EL REINO DE ESPAÑA ENVIO  A AMERICA Y LAS FILIPINAS CON LA MISION DE DIFUNDIR LA NUEVA VACUNA CONTRA LA VIRUELA Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

MILTON RIZZI CASTRO- Publicado en Ciclo de Conferencias año 2005

INTRODUCCION

 a) VIRUELA

La viruela es una enfermedad virósica (1). Su agente causal es uin miembro de la familia ORTHOPOX responsable de enfermedades similares  en numerosos animales, v. gr. cerdo, camélidos, monos y ganado vacuno.

Luego de un período de incubación de nueve días aparece el rash variólico y unos tres días después las agresivas pústulas. Estas supuran y supuran por más de una semana. Esta erupción es seguida por un cuadro febril y de gran adinamia. También ocurren hemorragias internas. La mortalidad era de un 25% aproximadamente. Esta cifra se incrementa si esta afección se desarrollaba en poblaciones vírgenes de la enfermedad y sobre todo en portadores del grupo sanguíneo “O”, tales como los indios americanos.

No era sólo la mortalidad; las desagradables cicatrices quedaban en todas las zonas donde hubiese habido erupción pustulosa.

Como ejemplo: el cuero cabelludo de Elizabeth I de Inglaterra, que quedó casi calva, las cejas y pestañas que perdió Lady Worthley Montagu, y como Mozart, Beethoven, Lincoln y Washington vieron sus caras agresivamente marcadas para siempre por la viruela.

Pocas afecciones fueron tan “democráticas” en la historia del hombre: reyes y campesinos, emperadores y artistas, nobles, militares y mendigos, TODOS  la sufrieron por igual. “From love  and smallpox but few remain free” (“Del amor y la viruela pocos se salvan”)  decía un antiguo aforismo europeo.  He aquí un listado parcial de fallecidos por causa de Viruela:

El Faraón Ramsés V

Dos reyes Hititas

Dos Emperadores Chinos y dos Emperadores Japoneses

El Emperador Romano Marco Aurelio

Un Rey de Siam, un Rey de Birmania y una pareja real de Ceylán

Hugo Capeto, fundador de la dinastía Francesa

         Los Reyes Guillermo y María II de Inglaterra, Luis Fernando de España, Luis XV de Francia, José I de Austria, y Ulrica Leonora de Suecia.

Huaynacapac, el penúltimo Inca

Cuitlahuac, el último Emperador Azteca

Adahonzou, rey de Dahomey.

Se calcula que a fines del siglo XVIII un duodécimo de la población mundial fallecía anualmente a causa de la viruela.  A lo largo de la historia esta enfermedad mató más seres humanos que todas las guerras juntas. 

¿Qué se podía hacer contra ella?  Como tratamientos generales se usaban el baño de vapor, los sudoríficos y la sangría. Localmente se empleaban el polvo de excremento de caballo o de asno, la grasa de oveja o de pollo, las pústulas se puncionaban con agujas de oro o de plata y ... el color ROJO.  Proveniente de India y China, todo lo rojo se asociaba a la viruela.  Esta terapéutica llegó con fuerza al Mundo Occidental y así fué que cuando Elizabeth I o María Teresa sufrieron esa enfermedad, el rojo vistió pisos, paredes, muebles y hasta la indumentaria de médicos y sirvientes.

Ambas pacientes sobrevivieron.  En el caso del Emperador Austríaco José I, la misma eritroterapia (tratamiento por el color rojo) fué empleada, pero el soberano falleció.

 b) VARIOLIZACION

Procedente de Extremo Oriente llegó a Occidente en el siglo XVIII. Era una práctica que había sido creada en los monasterios budistas chinos del siglo X y que consistía en inocular profilácticamente una verdadera viruela.

El objetivo se lograba con diversas técnicas que no es del caso mencionar aquí, pero es necesario consignar que se trataba de un procedimiento difícil, prolongado, costoso, de resultado incierto y con una mortalidad aproximada al 2%.

Antes de ser aprobada en Gran Bretaña la variolización fué experimentada en seis condenados a muerte que “no habían sufrido de viruelas” (1). Éstos aceptaron el riesgo  con la promesa del indulto. Veinte días después de ser inoculados los reos fueron expuestos a un niño varioloso y ¡ninguno contrajo la enfermedad! 

Pero como dijimos antes, ésta técnica era gravosa y con riesgo vital.  Muchos médicos se opusieron.  Hubo mitines populares  en contra del procedimiento y entre otras, la casa de Lady Montagu fue apedreada.  La variolización se extendió lentamente por el mundo Occidental.

Cada muerte que provocaba era dramáticamente contada una y mil veces. La técnica mejoró cuando se comenzaron a emplear pústulas secas de los mismos variolizados y no de los enfermos de Variola Rex (Viruela Mayor) como al principio.

En América la primera inoculación fue en Boston en 1721, donde Zabdiel Bolston (3) inoculó uno de sus hijos y dos esclavos. Un mitín popular con intento de linchamiento siguió a esta experiencia.

En el Rio de la Plata (3) el protomédico Miguel Gorman, que había hecho la introducción de la técnica en España, trajo la variolización a Buenos Aires en 1777.  Dificultades en la conservación adecuada de las costras hizo que el procedimiento recién comenzara a utilizarse en 1874.  En Montevideo muy probablemente las primeras variolizaciones fueron hacia 1801.

 c) VACUNACION

En la región de Gloucestershire, al Oeste de Inglaterra, existía una diferente afección pustulosa del ganado vacuno, especialmente en las ubres de las vacas lecheras, conocida como COWPOX (vacuna). Esta afección se contagiaba a las manos de los ordeñadores, que luego de sufrirla, nunca padecían viruela.

Edward Jenner (1749-1823), médico rural inglés oriundo de la región, decidió investigar el hecho.  Como buen alumno de John Hunter, Jenner (1), rubio de ojos azules, violinista y también poeta analizó todas las circunstancias y decidió arriesgar la vida de un  niño y su propia reputación en un experimento.

Fue así que el 17 de mayo de 1796 Jenner vacunó (es decir, deliberadamente provocó  lesiones de cowpox) en el brazo del niño de 8 años James Phipps, oriundo de Gloucestershire y que nunca había padecido viruela. Luego expuso al paciente a un enfermo de viruela y el niño NO CONTRAJO LA ENFERMEDAD.

Jenner intentó a continuación publicar sus conclusiones en un trabajo remitido a la Royal Society, pero ésta lo rechazó por “insuficiente documentación y apresuradas conclusiones”. (1)

El médico de Gloucestershire aprendió la lección y condujo entonces durante dos años, nuevas experiencias y recogió 33 observaciones originales, todas exitosas.  A continuación, y a su costo, publicó el famoso libro “Una investigación acerca de las causas y efectos de la vacuna variólica, una enfermedad descubierta el algunas regiones occidentales de Inglaterra, particularmente Gloucestershire y conocida con el nombre de vacuna” (Cowpox). Londres, 1798. (1)(2)

La Viruela era una enfermedad demasiado importante como para que la comunidad médica ignorase este nuevo método profiláctico  descubierto por Jenner.  Así fue que, primero en Inglaterra y luego en Francia y de ahí al mundo, comenzó la difusión de la vacunación.

En Francia, luego de la aprobación por la “Junta de la Vacuna”, Jacques Moreau de la Sarthe (1771-1826)  publicó un libro acerca de la administración práctica de la misma. Este tratado, que serìa luego traducido por Francisco Xavier de Balmis (1743-1820) fue el primero en llegar a Hispanoamérica, donde sirvió como referente para todo el difícil proceso de conservación y propagación de la vacuna.

Básicamente el fluído se preservaba en las propias costras o en hilos de algodón embebidos en él.  Estos se guardaban entre vidrios. A continuación se inoculaban en el brazo y cuando llegaba a la etapa de la maduración de las pústulas, es decir once a catorce días después, se tomaba material con una lanceta y se inoculaba otra persona que no hubiese nunca sufrido de viruela, generalmente un niño (ver figura 2).  Luego se almacenaba la vacuna entre vidrios, dónde podía conservarse por algunos meses o se continuaba in eternum pasándola brazo a brazo.

En América la primera vacunación fue efectuada por Benjamín Waterhouse en los Estados Unidos en el brazo de su hijo Daniel de 5 años de edad, el 8 de julio de 1800.(1)(2)

            La propagación de la vacuna en Hispanoamérica, que será detallada a continuación , es el objeto primordial de éste trabajo.

 B) LA ESPAÑA DE CARLOS IV Y LOS PREPARATIVOS  DE LA EXPEDICION DE LA VACUNA

Felipe V (1863-1746) es el primer rey Borbón de España (4). Nieto de Luis XIV asume luego de la Guerra de Secesión Española. Carlos III, hijo de Felipe V muere en 1788 y es sucedido por su hijo Carlos IV. Carlos  casa en 1789 con María Luisa  de Parma. Es época de terribles mujeres en España.  La abuela de Carlos había sido la atroz Isabel de Farnesio y ahora María Luisa, su mujer, es fea, mandona y promiscua.  Un cuadro de Goya, pintado a comienzos del siglo XIX y que incluye toda la familia real fué descrito por un comentarista de la época “como la mayor colección de monstruos, tarados, hipócritas y miedosos de la historia de España”(4). 

La Infanta Luisa Fernanda, hija de Carlos IV padeció “viruelas” en 1798.(1)  La enfermedad fue grave, pero Luisa sobrevivió, aunque quedó con desagradables cicatrices.  Recodemos que por lo menos  desde el año 1000 de la era común las mujeres chinas y japonesas afectadas por cicatrices deformantes a menudo cometían suicidio.

Esta circunstancia alteró mucho al Rey Carlos, que, a continuación, ordenó la variolización de toda su familia. En 1802 cuando ya España había recibido con entusiasmo el nuevo método preventivo de la viruela, llegó desde el Virreinato de Santa Fe de Bogotá la noticia de una nueva y terrible epidemia.

Éste hecho decidió a Carlos IV efectuar consultas con su Médico de Cámara Joseph Flores, con el propósito de vacunar en las Colonias y a tal fin enviar una expedición a América y si fuese posible a Las Filipinas “con el encomendamiento de propagar este nuevo y precioso hallago acreditado en España y casi toda Europa como un preservatorio de las viruelas naturales”  (1) (5) (6) (7) (8).

Una vez decidida la organización de la Expedición Sanitaria, la dirección de la misma recayó en el Dr. Francisco Xavier de Balmis, nacido en 1743 en Alicante, hijo y nieto de médicos y graduado en Valencia.  Balmis ya había realizado tres viajes a América, donde había efectuado investigaciones  de tipo botánico-médico. Como ya dijimos, Balmis estaba familiarizado con la nueva vacuna y había traducido al Español el Tratado de Moreau de la Sarthe.

La Junta Médica asesora de Carlos IV aprobó el 5 de junio de 1803 el plan sugerido por Balmis (5). Fue decidido entonces utilizar el método “brazo-a-brazo”, para lo cual “deberán seleccionarse niños expósitos o desamparados de regiones cercanas al mar para que sufran menos el viaje”(8).

Se estableció que lña preparación de la expedición sería de cargo del erario real y los gastos que demandase la propagación de la vacuna debían ser provistos  por los Virreinatos respectivos.

En cuanto a los niños, éstos “serán protegidos hasta que tuviesen oficio o modo de vivir”(7).  Si fuese posible, sería mejor que volviesen  a España, dado que es preferible que no estén en países “donde hay tan abundantes vicios”(7).  Fue igualmente decidido que se comprasen 2000 pares de vidrios en Inglaterra para la conservación del “Fluído Bacuno” (sic)(7).

A costo del erario fueron también impresos 500 ejemplares del libro de de la Sarthe. Este Tratado debía servir de norma para la actuación de las Juntas Locales de la Vacuna. Estas Juntas debían ser fundadas en todas las localidades importantes de América y Las Filipinas, con el fin de conservar la vacuna.

El 28 de julio de 1803 se procedió oficialmente (5)(6) al nombramiento de Balmis como Jefe de la Expedición de la Vacuna, con 2.000 pesos anuales de sueldo y 200 doblones por una sola vez, para equipamiento.  En decretos sucesivos se designaron los otros participantes:

a) Médicos  (con 1.000 pesos de sueldo y 100 doblones).

    Joseph Salvany y Leopart (vicedirector)

    Manuel Julián Grajales

    Antonio Gutiérrez y Robredo.

b) Cirujanos  (con 600 pesos y 50 doblones).

    Francisco Pastor y Balmis

    Rafael Lozano López

c) Enfermeros (Con 500 pesos y 50 doblones).

Basilio Bolaños

Angel Crespo (sustituído luego por Antonio Pastor)

Rafael Ortega.

.           Todos los integrantes de la Expedición tendrían derecho a medio sueldo una vez terminada la misma “y hasta que se hubiesen asentado”(6)(7).

Para asegurar la conservación de la vacuna se decidió llevar linfa vaccinal “entre vidrios” e inocular dos niños por vez para no correr el riesgo de “perder el precioso fluído”(7).

En setiembre de 1803 Balmis emprendió viaje en carruaje desde Madrid hasta La Coruña con diez niños , vacunando dos en cada secuencia, como ya hemos explicado.

El 1 de noviembre de 1803 el soberano Español  remitió una minuciosa reseña de la Expedición a los Virreyes de Nueva España, Santa Fe de Bogotá, Perú y Rio de la Plata y a Gobernadores, Intendentes Generales y Presidentes de las Juntas de Canarias, Filipinas, La Habana, Puerto Rico Guatemala y Chile.  El ambicioso itinerario propuesto por Balmis fue modificado y se suprimió el recorrido por mar entre Acapulco y Lima, decidiéndose hacer esta ruta por tierra.

Balmis se ocupó a continuación de la selección de los niños encargados de transportar la vacuna.  Se dirigió entonces a la Casa de Expósitos de La Coruña y en acuerdo con la Rectora Isabel de Cendala y Gómez eligió 22 huérfanos en edades de 4 a 10 años.  El único hijo de Isabel acompañó también la Expedición.

Balmis obtuvo en La Coruña un certificado del Cónsul Inglés. Éste especificaba que “a la fecha de la partida no existe estado de guerra alguno , de acuerdo al Tratado de Amiens, entre el Reino de España y el de Su Majestad Británica”  (7).

Como medio de transporte a América el Gobierno Español seleccionó la Corbeta “María Pita” de 200 toneladas, muy marinera.  Se tomaron asimismo precauciones para dotar a los niños de una ubicación espaciosa dentro del navío, para evitar que hubiesen inoculaciones accidentales.

            Es el 30de noviembre de 1803. El barco ya ha sido cargado, los médicos, cirujanos, enfermeros y niños ya están a bordo y está por comenzar la expedición sanitaria más importante de la humanidad hasta ese instante y que escribiría por siempre una página de gloria para la Historia de la Medicina.(8)                       

C)  LA EXPEDICION DE LA VACUNA EN AMERICA Y LAS FILIPINAS.

La María Pita zarpó, como dijimos, el 30 de noviembre de 1803, un día de buen tiempo, del puerto de  La Coruña con dos niños ya inoculados. En un viaje sin incidentes llegó a las Islas Canarias pocos días después.  En Tenerife procedió a vacunar con “gran beneplácito del Gobernador y de la población”.(7)

En febrero de 1804 la Expedición llegó a Puerto Real (Puerto Rico). Allí surgió el primero de los muchos inconvenientes que Balmis tuvo que padecer. La vacuna ya había sido introducida en Puerto Real por el cirujano Francisco Ollier. El fluído procedía de la cercana isla danesa de Sain Thomas, adonde había llegado procedente de puertos ingleses..                                                                                                                                        

Balmis reacionó mal ante esta situación y acusó a Ollier de vacunar en forma incorrecta y también que su actuación había sido no sólo ineficaz sino también peligrosa.   Días después y en audiencia pública, en presencia del Gobernador, Ollier, que había vacunado a sus propios hijos los expuso al contagio de viruela. Los niños no enfermaron, con lo que quedó comprobado que la inoculación que les había efectuado había sido realizada correctamente. 

En suma, Balmis no tuvo en la isla ni bailes ni banquetes, como en las Canarias.  Tampoco recibió halagos ni atenciones de las autoridades locales.  Como veremos más adelante, ésta situación se repetiría en varias ciudades mexicanas.

En marzo de 1804 Balmis zarpó con la María Pita, su personal y sus niños en dirección a Venezuela. Arribó a Puerto Cabello el 20 de marzo.  En toda Venezuela la Expedición de la Vacuna fue agasajada y se le tributaron honores y festejos, especialmente en Caracas, sede de la Gobernación.  Pemaneció Balmis en esa ciudad y los alrededores los meses de abril y mayo.  “Los granos de los indios son más hermosos”  comenta Balmis en una carta enviada desde Caracas. (5) (6)  El patriota Andrés Bello compuso una oda alusiva a la Expedición.(7)

En mayo de 1804 y de acuerdo a lo convenido, Balmis divide la Expedición en dos:  con él se quedan 4  asistentes y los niños gallegos, mientras encomienda al vicedirector Joseph Salvany  la conducción del segundo grupo.  Éste está constituído por el médico Julián Grajales, el cirujano Rafael Lozano y el enfermero Basilio Bolaños, junto a un grupo de niños caraqueños para que inicien la gira sudamericana.

 1) ITINERARIO DE SALVANY.

            Salvany abordó en La Guaira el bergantín “San Luis” y se dirigió entonces  a Cartagena de Indias.  El barco naufraga en las cercanías de Barranquilla y la Expedición se salva a duras penas. En un caserío cercano a la boca del Río Magdalena, Salvany comienza su épica cruzada de vacunación, dirigiéndose días después a Cartagena, desde donde despacha en un “navío correo” a un fraile y con él remite cartas y vacunas “entre vidrios” en dirección a Portobelo y Panamá para que se vacune en la zona y se envíe  el fluído al Rio de la Plata via Panamá-Lima.  Esta encomienda nunca llegó a las regiones del Sur y sólo se reñaizaron inoculaciones en Panamá.

La primera vacunación en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, y sur de Perú fué de origen portugués, como veremos próximamente en esta comunicación. (3) (7)

Salvany remontó el Magdalena en junio de 1804, mientras su ayudante Grajales  vacunaba por tierra las poblaciones cercanas al rio.  Antes de llegar a Bogotá un mes después , Salvany enfermó gravemente de “congestión con hemoptisis y pérdida de un ojo”.  (7)  Estos episodios se repetirían después en todos los años que Salvany continuó vacunando, sobre todo en las regiones más elevadas de los Andes. Probablemente esta afección fué un cuadro de Tuberculosis ocular y pulmonar.

El Virrey Amar recibió cálidamente la Expedición y le brindó todo su apoyo. Salvany y sus ayudantes vacunaron en el Virreinato de Santa Fe de Bogotá un total de 100.431 personas, en su mayoría niños.(7). 

La Expedición partió de Bogotá el 17 de diciembre de 1804 y prosiguió vacunando hasta Quito, donde arribó el 17 de julio de 1805.  Recibió allí Salvany una gran acogida, al igual que en Cuenca, donde iluminaron las calles y organizaron corridas de toros en su honor. No todas fueron flores. En su ruta al sur, la Expedición encontró animadversión por parte de algunos indios, que acusaron a los vacunadores de “anti-Cristos”(8).  Igualmente en ocasión del viaje a Piura y Trujillo, los expedicionarios sufrieron la deserción de los cargadores con sus mulas y entonces médicos y enfermeros debieron comer poco y mal y todavía cargar en sus hombros a los niños.

Finalmente asentados en Trujillo en diciembre de 1806, Salvany se enteró de la llegada de la Vacuna al Perú por cuenta del envío efectuado por el Virrey Sobre- monte por el camino de Tucumán.

Efectivamente , la vacuna había llegado a Lima en noviembre de 1805 para gran beneplácito del Virrey Avilés porque “allí había viruelas”.  (7)

Salvany arribó a Lima en 1807 y su llegada fue bienvenida, dado que los médicos locales cobraban la vacunación 2, 3 o 4 pesos según la condición económica del paciente y la que aportaba la Expedición era gratuita. Por otra parte Salvany organizó adecuadamente la Junta de la Vacuna.

La vacuna había llegado también a Chile por posta en noviembre de 1805, pero otras localidades como Arequipa no contaban con ella. Así fue que Salvany, un espectro tosiendo sangre y con un sólo ojo, siguió esa ruta, dato que nos proporciona una carta suya fechada en 1808 y que afortunadamente se conserva. En ella comenta que la vacuna ”es beneficiosa también para otras condiciones como la evacuación de lombrices, la aceleración de la dentición y devuelve el menstruo”. Después de esta carta hay poca información respecto a Salvany.

Dice Gregorio Marañón (8) que Salvany “continuó vacunando, ahora pasando en la actual Bolivia  a las ciudades de La Paz y Cochabamba, falleciendo en ésta última localidad en 1810 con la lanceta en la mano”.  (8)

En opinión del autor la gesta de Joseph Salvany y Leopart merece un eterno reconocimento.  Salvany fue un hombre culto, modesto y sacrificado y nunca cobró otra cosa que su salario por las vacunaciones que efectuó en toda América del Sur.

2)  RUTA DE BALMIS

Francisco Xavier de Balmis dejó el continente Sudamericano  desde el puerto de La Guaira en junio de 1804, siempre a bordo de la María Pita, acompañado del médico Antonio Gutiérrez  y Robledo, del cirujano Francisco Pastor y de los enfermeros Antonio Pastor y Pedro Ortega.

Llegó a La Habana pocos días después.  Allí confirmó una desagradable noticia que ya le había sido adelantada. La isla caribeña había recibido la vacuna de manos del médico Tomás Romay. Éste, a su vez, la había recibido de manos de la filántropa María Bustamante, que a su vez la había recibido de Ollier.  Bustamante había transportado la vacuna desde Puerto Rico en el brazo de una pequeña niña esclava.

Sin obtener mayores facilidades para establecer una Junta de la Vacuna y con la hostilidad del Gobernador, Balmis se dirigió a México y arribó a las costas de Yucatán, de donde pasó por tierra a Mérida a principios de julio de 1804.  La vacuna estaba bien conservada en los brazos de tres negros esclavos que Balmis debió comprar de su peculio en La Habana visto que las autoridades le habían negado niños y como resultado de que sus galleguitos habían sido ya todos vacunados.

En la costa mexicana Balmis se entera que la vacunación había sido introducida y se enfrenta entonces a un nuevo clima de hostilidad.  Su situación se agrava al caer enfermo, febril y con diarreas profusas, caracterizadas por evacuaciones con mucus y sangre.  Probablemente se trató de disentería bacilar, enfermedad que lo afectaría por lo menos en dos nuevas oportunidades a lo largo de su viaje.

Al estar convalesciente Balmis recibió información acerca que el Presidente de la Junta de Guatemala requería de sus servicios y entonces despachó a esos fines al cirujano Francisco Pastor con  cuatro niños.   Éste pasó por Villa Hermosa de Tabasco, Chiapas y llegó a la Ciudad de Guatemala donde inició las inoculaciones en agosto.  A su vez, expediciones por él entrenadas recorrerían, siempre vacunando brazo a brazo, León de Nicaragua y Costa Rica.  Pastor volvió a México para encontrarse con Balmis a fines de noviembre de 1804, después de recorrer mas de 400 leguas por tierra y en canoas y piraguas.

Mientras tanto, Balmis convalecía en Mérida y luego se dirigía en el último viaje   en la María Pita al puerto de Veracruz, adonde llega el 24 de julio.  Nueva decepción: los habitantes de este puerto y aledaños habían sido ya vacunados. Por tanto, nuevas hostilidades y rechazo.  ¿Porqué se repetían estas situaciones?

La vacuna había aparecido en el  mundo occidental con el brillo de un cometa. Era una nueva técnica relativamente inocua y efectiva, así que viniese de donde viniese, los médicos locales la utilizaban. Y también, en general, la cobraban.  Por lo tanto, que llegase un emisario oficial les traía perjuicios económicos, más allá de la natural hostilidad que los facultativos americanos tenían por los que venían directamente de España.

Por otra parte los Gobernantes e Intendentes de los pueblos y ciudades adonde llegaba la Expedición debían obedecer la precisa orden real acerca de recibir, alojar, transportar y alimentar un grupo exigente de cerca de 30 personas. Es explicable, entonces, que si la vacunación no era pertinente dado que la población ya estaba protegida e inoculada, la presencia de la comitiva de Balmis pareciese por lo menos abusiva  a los ojos de las autoridades locales.

En Veracruz el Gobernador pensó: “cuanto antes  se vayan, mejor” y entonces, visto que no había niños disponibles, cedió a la Expedición de la Vacuna diez soldados “que no habían pàdecido viruelas”.  (7)

A fines de julio, el director de la Expedición cayó nuevamente enfermo, probablemente haya sido fiebre amarilla o malaria, aunque afortunadamente fue benigna.

El 9 de agosto de 1804 Balmis llegó a México con su grupo, los galleguitos, Isabel Cendala y los diez soldados que habían transportado la vacuna brazo-a-brazo.  En México tuvo noticias que la ciudad había sido ya vacunada. Como era de esperar se sucedieron nuevos conflictos jurisdiccionales. Se han conservado de éste período numerosas cartas de protesta que Balmis envió al Virrey, al Prefecto y a las autoridades superiores Españolas en Madrid respecto a la calidad de la alimentación y vivienda que le habían sido proporcionadas y también hizo caudal que en la capital del Virreinato se estaba haciendo un verdadero sabotaje a la Expedición.  Dos anécdotas ilustran estos hechos...

Visto que no se presentaba nadie a vacunarse, Balmis obtiene del Virrey la autorización para inocular un grupo de 20 niños indígenas. Efectivamente así lo hace, pero inmediatamente vacunados, éstos se dirigen con la complacencia de los mandos sanitarios locales, a los curanderos indígenas para que por medio de purgas, baños de sudor  y encantamientos “les expulsen del cuerpo ese veneno”  (7) .

El otro hecho tiene que ver con la mala publicidad hecha por varios médicos mexicanos contra el nuevo procedimiento a raíz de muertes acaecidas en la Casa de Expósitos después  de la inoculación antivariólica.   Fue una información falsa y tendenciosa. Una Junta Médica de la que participó Balmis concordó que los fallecimientos de debían a neumonía caseosa (epidémica y muy común en los internados de hospicios) y a la disentería.

¿Qué pasó con los galleguitos?  Una Junta Escolar que los examinó individualmente concluyó que “de los 20 examinados sólo 5 son capaces, los demás no saben persignarse y juran como los marineros”.  (7)  El destino ulterior de estos niños permanece confuso. Lo que sí se sabe es que no acompañaron más a Balmis después que éste abandonó Ciudad de México. Es probable que alguno haya vuelto a España cuando Gutiérrez retornó de Filipinas con Isabel Cendela. (7) (8)  La mayoría seguramente quedó para siempre en tierras mexicanas. De la inhóspita Ciudad de México, Balmis se dirigió por tierra a Puebla, donde arribó en setiembre y tuvo allí un recibimiento esplendoroso. Vacunó en pocos días 9000 personas.

De Puebla fué luego a Querétaro, donde la exitosa inoculación se hizo con música. Allí Balmis dividió su grupo y Gutiérrez fue enviado a Morelia, San Luis Potosí, Zacatecas y Guadalajara, mientras él  hacía la ruta hasta Aguas Calientes y Durango, alcanzando así la ciudad más al norte en su recorrido.

Expediciones ulteriores entrenadas y programadas por Balmis hicieron en los años 1805 y 1806 extensos recorridos por tierra, vacunando los actuales estados de Nuevo México, Arizona y Texas y por vía marítima inoculando poblaciones de Baja California y las ciudades de San Francisco, San Diego, amén de muchas localidades cercanas.

Se puede calcular que la Expedición Balmis en México vacunó directamente e indirectamente mas de 100 mil personas, en su mayoría niños y dado que la última gran epidemia de viruela había sido en esas regiones en 1779 (con 9000 muertos) se puede decir que después de Balmis, la población del Virreinato de Nueva España (5) (6) (8) acreditaba muy buena inmunidad.

Tanto Balmis como Gutiérrez empleaban niños que luego del brazo a brazo eran “devueltos” a su lugar de origen. Pero… ¿dónde se conseguirían los niños para el siguiente viaje a Las Filipinas?  En este contexto se dieron dos situaciones : en Zacatecas, donde Balmis enfermó de disentería, el Prefecto local le entregó 6 niños expósitos ataviados con ropas adornadas con el escudo de la ciudad, mientras que en Guadalajara a Gutiérrez no le quedó otra opción que “alquilar” seis niños varones de 3 a 5 años a un coste de 150 pesos cada uno por adelantado. Se pactó igualmente una promesa de devolución de los menores a la vuelta de Extremo Oriente.

A fines de diciembre de 1804 Balmis se reunió con Antonio Gutiérrez , Francisco Pastor, Antonio Pastor, Pedro Ortega, Isabel Cendala y 27 niños mexicanos y viajó el 17 de enero de 1805 de Ciudad de México a Acapulco, con el cometido de abordar en “galeón de Manila”.  Este transporte, por otra parte el único posible, había sido penosamente concedido por las autoridades virreinales, después de múltiples gestiones.  El Virrey también le dijo claramente a Balmis: “Cuando termine su labor en Filipinas no vuelva por México, porque tendrá que pagarse su transporte, alimentación y vivienda”.

Balmis embarcó con toda su expedición en el navío “San Francisco de Magallanes” a principios de febrero de 1805 con destino a Las Filipinas.  El “Magallanes” era un barco que regularmente transportaba carga y donde las condiciones de comodidad para los integrantes de la expedición, particularmente los niños, eran muy escasas.  La sentina despedía un olor insoportable y la abundancia de ratas era palmaria.

Los niños debían dormir en hamacas y jergones en un lugar cercano a la Santa Bárbara y donde, con los movimientos de la nave, también se produjeron indeseadas inoculaciones accidentales.  El “Magallanes” llegó a Manila el 6 de abril de 1805 luego de 67 días de viaje.  Inmediatamente Balmis comenzó su habitual show de quejas, en este caso sobre las condiciones del viaje por mar, pero sus reclamos pasaron de autoridad en autoridad y no tuvieron respuesta.

El recibimiento que la Expedición tuvo en Filipinas fue espléndido. Balmis delegó a Pastor y Ortega la función de vacunar en las islas del Sur mientras él lo hacía en Luzón.  Estando en Manila, Balmis nuevamente enfermó de diarreas sanguinolentas y mucosas. Otra vez se recupera… ¿Y van…?

Se estima que la Expedición vacunó en el período abril-agosto un total de 20 mil personas en las islas. Incluso una belicosa e independiente tribu del sur filipino acordó una tregua mientras Pastor los vacunaba.

En setiembre de 1805 Zarpó Balmis de Manila con el propósito de vacunar en la colonia portuguesa de Macao.  Un furioso tifón casi lleva a pique cerca de su destino la fragata portuguesa “La Diligencia” en la que viajaba la expedición. Veinte hombres de la tripulación murieron en ese temporal. Afortunadamente Balmis, Francisco Pastor, Antonio Pastor y los niños filipinos que los acompañaban no resultaron heridos de consideración.

El resto de la expedición que había quedado en Filipinas y ahora al mando de Antonio Gutiérrez y Robledo, acompañado por Isabel de Cendala y Gómez, que cuidaba los niños mexicanos, retornó a México en el “galeón de Manila”.  Desde allí, por lo menos Gutiérrez y la Cendala volvieron a España.

Macao conocía la vacuna dado que había sido llevada allí por los Ingleses. Luego, ésta se había perdido, porque sólo se había procedido a guardarla entre vidrios.  El Gobernador de Macao, Miguel de Arriaga colmó de honores a Balmis y éste comenzó a vacunar la población. El Arzobispo de Goa fue el primer inoculado.(7)

De Macao, Balmis se dirigió a la cercana localidad de Cantón, en China. Allí entró en conflicto con los Factores Ingleses de la localidad (Factores eran apoderados comerciales con mandato).  Finalmente, Balmis  vacunó y enseñó a preservar el fluído estableciendo Juntas Médicas de la Vacuna en China.  Vuelto a Macao a fines de 1805, el Gobernador Arriaga, agradecido por su obra filantrópica, concedió a Balmis y a Francisco y Antonio Pastor pasaje gratuito a Lisboa.

Embarcados a principios de 1806 Balmis y los Pastor llegaron a la isla Inglesa de Santa Elena en el mes de junio.  Inmediatamente se pusieron allí a disposición de las autoridades para proceder a vacunar. El Gobernador de Santa Elena, Robert Patton sentenció: “los isleños no necesitamos de la vacuna”.(7)

Al dia siguiente, aconsejado por los médicos locales Dres. Dunn y David Kay, Patton autorizó las inoculaciones.  Los primeros vacunados, en este caso con fluído conservado entre vidrios, fueron los propios hijos de los médicos mencionados.

Finalmente, la fragata portuguesa llegó a Lisboa, el 14 de agosto de 1806, treinta y dos meses y catorce días después de su partida de La Coruña.  A pedido de Balmis, el erario español se hizo cargo de su transporte a Madrid.

El 7 de setiembre de 1806 Francisco Xavier de Balmis fue formalmente recibido en la Corte Española por el Rey Carlos IV que lo acogió como un héroe. Al año siguiente, Carlos nombró a Balmis Cirujano de Cámara e Inspector General de la Vacuna en España.

Con motivo de su expedición, Balmis dio una extensa entrevista a “La Gaceta” de Madrid.(9) Este artículo periodístico reprodujo extensos informes sobre vacunaciones efectuadas en América, Las Filipinas, Macao y China y tuvo difusión mundial.

Problemas aduaneros le acaecieron a nuestro héroe luego de su arribo a la Península. Balmis solicitó permiso para introducir en España dos quintales de té (total 84 kgs.), declarando que eran mercadería de uso personal. Esta petición fue finalmente concedida, pero el problema mayor fue con bienes que Balmis quiso introducir en tierras Españolas, cual fue un conjunto de tres mil piezas de nanquines. El nanquin era una tela china de algodón, muy apreciada para confeccionar vestidos durante toda la Edad Moderna Europea.  Finalmente, después de muchas gestiones, cartas y pedidos, el permiso de importar los nanquines fue denegado, dado que negociar estas telas era privilegio exclusivo de la Compañía de Filipinas. Esos artículos fueron finalmente rematados en Lisboa, con el consiguiente perjuicio para el erario del Jefe de la Expedición de la Vacuna.

Balmis volvió a México en 1810 para observar y controlar el estado de la Vacunación (7)(8). Cunado retornó, vía Cádiz, en 1813 en la fragata “La Venganza” encontró que su casa había sido saqueada durante las revueltas contra la ocupación Napoleónica  y los delirios de realeza del extremeño Manuel de Godoy.(4)

Después de 1813 Balmis hizo un último y sexto viaje a América. El pasaje de ida Cádiz-Veracruz que pagó el Reino de España costó 1.000 pesos fuertes. Un obrero especializado español en la misma época ganaba unos 450 pesos fuertes al año.  Vuelto a España Balmis murió en Madrid y en la pobreza en el año 1820.

 D)           INTRODUCCION DE LA VACUNA EN EL RIO DE LA PLATA.

Como ya expresáramos, el intento de Joseph Salvany de enviar  fluido vaccinal entre vidrios al Río de la Plata vía Panamá había fracasado.(7) 

La vacuna llegó al Río de la Plata por medio de una fragata Portuguesa, la “Rosa del Río”. Esta arribó a Montevideo el 5 de julio de 1805. (3) (10)  El “Rosa del Río” era un barco negrero cuyo armador, Machado de Carvalho  hacía viajes regulares por la costa Atlántica.  En esta ocasión traía a Montevideo 38 esclavos, 3 de los cuales portaban la vacuna en sus brazos. El buque procedía de Río de Janeiro.

Después de algunos inconvenientes con los médicos locales se comenzó a vacunar en nuestra ciudad y luego se enviaron “entre vidrios” vacunas al Interior: Paysandú, Rocha y Melo. Poco tiempo después la vacuna se perdió y nuevas remesas debieron llegar por mar para seguir inoculando la población.

La vacuna fue rápidamente llevada a Buenos Aires, desde donde el Virrey Sobremonte la envió a Tucumán y de allí a Charcas y Lima y por vía postal, entre vidrios a Chile.  La vacuna se preservó en el Uruguay muchas veces por medio del “brazo a brazo” hasta 1880, cuando se incorporó un mejor método de conservación.  El Uruguay aprobó luego de grandes discusiones, mitines y aún verdaderos motines anti vacuna, la Ley de Vacunación Anti Variólica Obligatoria el 25 de setiembre de 1911. (10)

 E) ERRADICACION DE LA VIRUELA

            En 1966 había viruela en 44 países. Uruguay importaba, de Brasil generalmente, la viruela minor, el alastrim.(1)  La Organización Mundial de la Salud (11) evaluó que sólo en 1967 habían habido (1) unos 15 millones de personas afectadas por la enfermedad.  Decidió, entonces, erradicarla de la faz de la Tierra.  Esta conquista fue posible porque la viruela es una enfermedad exclusivamente humana y si se consigue aislar el último caso no habría más fuentes de contagio.

A continuación, se desarrolló durante diez años una maravillosa obra profiláctica entrenando personal y utilizando vacuna de alta calidad. Este logro obtuvo una reducción drástica de la cantidad de países afectados por la viruela. En 1974 eran sólo cinco.  Se hizo entonces el seguimiento personal de cada nuevo infectado, vacunando hasta ocho kilómetros a la redonda de la vivienda habitual del paciente.

Doscientas mil personas trabajaron en éste emprendimiento.

En 1976 una niña oriunda de Bangladesh, Rahina Banu fue el último caso en Asia. La niña curó.  El 26 de octubre de 1977 un cocinero somalí de 23 años, Alí Maalin padeció la última viruela de África. Vivió.

Un año después en la ciudad de Birmingham, Reino Unido, la Sra. Janet Parker, fotógrafa de 40 años y empleada de un Laboratorio donde se guardaba la vacuna, enfermó y murió de viruela.  El Profesor Harry Bedson, director del Laboratorio responsable de la “fuga” se suicidó en el octavo día del aislamiento que le habían impuesto las autoridades sanitarias.

Hoy el virus variólico se guarda solamente en cuatro laboratorios en el mundo: Tokio, Londres, Moscú y Atlanta. De todas maneras parece improbable una guerra bacteriológica con esta enfermedad, dado el tiempo de incubación que presenta.  Pero si esta circunstancia ocurriese, una epidemia de tales características sería tan desastrosa como las que asolaron las poblaciones vírgenes de América en el Siglo XVI. 

FF)  COLOFON

Se puede calcular que aproximadamente unas 250 mil personas, en su mayoría  niños fueron vacunados directamente por la Expedición Balmis-Salvany.  Otro cuarto de millón de habitantes de Latinoamérica y Las Filipinas lo fueron en los años que siguieron a ésta, por intermedio de expediciones sanitarias  dirigidas por entrenados actores discípulos de Balmis y de Salvany.

            Como dijo Félix Martí Ibáñez (8):  “La Expedición de la Vacuna es un bellísimo ejemplo de lo que la Medicina aliada al espíritu aventurero ha hecho por la Humanidad a lo largo de la Historia”.

            Edward Jenner  expresó (7):  “La Expedición de la Vacuna fue el primer programa oficial de vacunación en el mundo. No me imagino que en la memoria de la Historia haya un ejemplo de filantropía tan extenso y noble como éste.”

            Huracanes, tifones, disentería, malaria, tuberculosis, fiebre amarilla, las alturas de los Andes, las selvas de los trópicos, el desinterés cuando no el sabotaje de las autoridades locales, las sentinas llenas de ratas, los naufragios...  NADA  detuvo a Francisco Xavier de Balmis, Joseph Salvany y sus ayudantes.

            Es en ocasión del bicentenario de esta hazaña filantrópica que la tenacidad, energía y amor demostrados por la Expedición de la Vacuna reciban merecido homenaje por haber intentado desarraigar de América y Las Filipinas a la mayor enfermedad asesina en la Historia de la Humanidad 

BIBLIOGRAFIA 

01.  HOPKINS, D. P. : PRINCES AND PEASANTS. UNIVERSITY OF CHICAGO. (I-XX)(380pp.) LONDON, 1983. 

02.  HAGGARD, H. W.: DIABLOS, DROGAS Y DOCTORES. CIENTIFICA AGUILAR. (404 pp.)    MADRID, 1966.            

03.  SCHIAFFINO, R.: HISTORIA DE LA MEDICINA EN EL URUGUAY. TOMO III (:1800-1828)  ROSGAL.  MONTEVIDEO, 1952. 

04.  GRUMBERG, C., SVANDSTROM, R.: HISTORIA UNIVERSAL. TOMO 10: REVOLUCIONES Y LUCHAS NACIONALES.  GRAFOS. 434 pp.) BARCELONA, 1970 

05.  COOK, S. F.: FRANCISCO XAVIER DE BALMIS AND THE INTRODUCTION OF VACCINATION TO LATIN AMERICA. BULL. HIST. MED. 1942;11:543-560.    

06.  COOK, S. F.: FRANCISCO XAVIER DE BALMIS AND THE INTRODUCTION OF VACCINATION TO LATIN AMERICA.  BULL. HIST.MED. 1942;12:70-101. 

07.  RUIZ MORENO, A.: INTRODUCCION DE LA VACUNA EN AMERICA.  PUBLIC. DE LA CATEDRA DE HIST. DE LA MED. 1947;11:1-212.        

08.  THOMPSON, F.: LA EXPEDICION DE LA VACUNA.  MD EN ESPAÑOL, 1972;10(10):79-87.               

09.  BALMIS, F. X.: EXPEDICION FILANTROPICA DE LA VACUNA.  GACETA DE MADRID,  OCTUBRE 14 DE 1806.              

10.  BUÑO, W.: HISTORIA DE LA VACUNACION ANTIVARIOLICA EN EL URUGUAY. BANDA ORIENTAL.  (166 pp.)   MONTEVIDEO, 1986.             

11.  HENDERSON, D.: EPHYTAPH FOR A KILLER.   NAT. GEO. MAGAZINE DECEMBER 1978;154(6):796-805.              

 

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar