Historia y Arqueología Marítima

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LA VUELTA AL MUNDO DEL ALMIRANTE HOLANDES JORGE DE SPILBERGEN

Y SUS AVENTURAS EN LA AMÉRICA HISPÁNICA

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por:  ROBERTO LETTIERI Publicado en Ciclo de Conferencias año 2005

 El poder de España se iba debilitando. La herética Flandes, contra la cual Felipe II arrojó sus más bravos tercios y en cuya guerra gastó parte del oro y la plata  de América se escapaba de las manos de su sucesor Felipe III. En 1609 se vio obligado a firmar un pacto con los rebeldes, en el cual convenían una tregua de 12 años. Una de las cláusulas de este pacto establecía que “los estados de Holanda y sus sujetos no pueden ejecutar tráfico algunos sin expreso consentimiento de dicho señor rey de España”. Esta cláusula impedía al comercio y a la marina holandesa expandirse por América. Al no poder comerciar con legalidad se dispusieron, violando la tegua, ir al Asia y pasar  por América como piratas, por orden del príncipe de Orange, gobernante de Holanda.

La Compañía de Indias Orientales, poderosa asociación naviera, obtuvo la exclusividad para cruzar el Estrecho de Magallanes. Con ese motivo equipó una flota de seis robustos barcos, bien tripulados y dio sumando al Almirante holandés Jorge de Spilbergen, y zarpó del puerto de Texel el 08 de Agosto de 1614.

La flota holandesa puso rumbo al África y luego zarpó hacia Brasil, teniendo escaramuzas con los portugueses en ambos lugares.  Los espías que la corte española tenía en los Países Bajos habían comunicado la salida de la expedición al virrey del Perú, el cual alistó una flota, que recorrió el Pacífico meses antes de la entrada de los holandeses y regresó a El Callao, convencido de que era una falsa alarma.

En febrero de 1615 recala en Río Gallegos y luego desembarca en la Isla Grande de la llamada Tierra del Fuego, que se hallaba al Sur del Estrecho, cazan avestruces y descubren un gran río de agua fresca, bordeado de arbustos y zarzamoras. Al hallar nativos intercambian abalorios (cuentas de vidrio y adornos varios) por pieles. Con otros indígenas tuvieron enfrentamientos y perdieron dos marineros. Dicen haber visto fueguinos gigantes y enanos de dos pies de alto, todos vistosamente ataviados.

El Almirante había tenido que realizar ejecuciones, con su gente sublevada, antes de entrar al Estrecho.

El 08 de Marzo de 1615 con vientos favorables entran al estrecho de Magallanes, luego de varias tentativas frustradas. Una de las naves menores apartada por los vientos aprovechó esta circunstancia para dar vuelta y retornar al Atlántico. El 06 de Mayo la escuadrilla de cinco naves navegaba en las aguas del Océano Pacífico.

En las islas de Mocha y Santa María, en el Sur de Chile , Spilbergen trató con los aborígenes, cambió cuchillos, hachas y cuentas de vidrio a cambio de víveres frescos. Intenta atacar Concepción y Valparaíso, pero es rechazado debido a una fuerte oposición de sus defensores.

Navegando hacia el Norte de Chile ataca el Concón, donde los esperaba una fuerte defensa de 700 hombres, la mayoría enviados desde Santiago. El navío San Agustín que estaba listo a zarpar, cargado de mercaderías rumbo al Callao fue hundido precipitadamente por los propios defensores ante el peligro que los holandeses se apoderaran de su cargamento. Spilbergen desembarcó con 200 hombres y una pieza de artillerías, pero fue rechazados por sus defensores: los españoles incendiaron sus casas, mientras los holandeses prendían fuego las restantes, pero hubo más destrozos y gritos que víctimas, y aprovechando la bruma del atardecer, el pirata holandés decidió reembarcarse para embestir cuanto antes las fortificaciones de El Callao.

            En Junio, la flota holandesa se encontraba navegando frente a la costa peruana. La Armada Española salió del puerto de El Callao en busca de la holandesa, la componían seis barcos, de cualquier manera, el número de barcos era mayor a la Holandesa, que sólo tenía cinco de superior calidad y con una avezada tripulación.

La escuadra española era comandaba por Don Rodrigo de Mendoza, joven sobrino del Virrey, y llevando como segundo al veterano y expediente marino Don Pedro Álvarez del Pulgar. La formación holandesa era compacta y unida, mientras que la española estaban sus navíos dispersos por orden de su comandante que no oyó los consejos de del Pulgar que eran que tuviera prudencia y que formara las naves en orden de batalla compacto.

Al caer la noche ambas escuadras se avistaron, los buques holandeses se hallaban engalanados como para una fiesta, con pavesadas, flámulas y gallardetes, ostentando los pintorescos nombres: GRAN SOL ,GRAN LUNA, EOLO, MOVETA Y ESTRELLA MATINAL.

El joven comandante  español tomó la iniciativa, desoyendo por segunda vez la voz de su segundo comandante de la escuadra, el cual aconsejaba como hemos dicho realizar un ataque en formación compacta. Y como consecuencia a las nueve de la noche la JESÚS MARÍA (que llevaba a bordo a Rodrigo de Mendoza y la Santa Ana, al mando de del Pulgar seguido por el patache ROSARIO, embistieron a las cinco fuertes y bien armadas naves del pirata. A los primeros intercambios de cañonazos se hunde el ROSARIO, mientras los otros tres buques españoles permanecían dispersos y alejados del combate. Los holandeses iluminaron sus barcos, hicieron tocar los Pífanos en medio del combate, y los españoles respondieron con sus clarines. La batalla entraba en su parte crucial: el sonido de las cajas de guerra, las voces de mando, los gritos de los combatientes y los gemidos de los moribundos presentaban una escena fantasmagórica en la oscura noche.

De pronto, en el fragor del combate calmó el viento, no se distinguían unas naves de otras, pero seguían los disparos de cañón de manera continua, y por error la JESÚS MARÍA soltó una andanada mortífera sobre la SANTA ANA, que le produjo grandes daños. La holandesa MOVETA sufrió daños de los cañones españoles y fue socorrida con una lancha cargada de marinos al mando de Spelbergen, pero el buque holandés creyéndola española la hecho a pique, mientras victoriosos gritaban: ¡Orange!, ¡Orange!.

Rodrigo de Mendoza intentó abordar la nave del Almirante holandés, pero sufrió tanto el fuego de sus cañones y mosquetería que su tripulación mermada no pude realizar el abordaje. Saltaron al barco holandés cinco tripulantes y cuatro fueron muertos, el único que estaba vivo, con enorme valor, herido, consiguió apoderarse del estandarte holandés, saltar al agua y nadar hasta su barco; éste héroe se llamaba Martín Flores. Al levantarse nuevamente viento la capitana española pudo alejarse de la holandesa y salir del área de batalla, y quedó sólo la SANTA ANA, al comando de Pedro Álvarez del Pulgar que se negó a rendirse recibiendo el ataque de los cinco barcos holandeses, hasta que se hundió salvándose con vida sólo cuatro tripulantes .Álvarez del Pulgar eligió hundirse con su barco antes que rendirse al enemigo, no aceptando la propuesta de Spelbergen.

El Conde de la Granja, autor del cronicón rimado “Vida de Santa Rosa de Lima” le canta: 

         A esta ocasión, llamado del ruido

         por la otra parte, el Espilberghen llega;

         salvarse ofrece, dándose a partido,

         al oír el clamor del que se anega:

         Antes muerto, responde, que rendido,

         El Almirante, y sus cañones juega,

         pudiendo en ellos, de su abierta roca,

         disparar todo el mar por cada boca.     

Este relato pertenece a los holandeses, que no escatimaron elogios para Álvarez del Pulgar.

Al parecer participó en este combate Catalina de Erauso, la monja alférez, que con tres tripulantes más se salvó a nado en el hundimiento del SANTA ANA. Ésta singular mujer combatió durante 18 años en Chile y Perú disfrazada de hombre, bajo el nombre de Alonso Díaz Ramírez de Durán.

Fue la primera vez que los holandeses alcanzaron una victoria tan completa de los españoles en esta parte del mundo, aunque es de rigor decir que las embarcaciones españolas se alistaron a toda prisa nombrándose capitanes y con las embarcaciones de comercio se improvisaba una armada.

La victoria holandesa tuvo la virtud de templar más el ánimos de los osados marinos, y hacerles ver lo endeble del poderío de sus antiguos dominadores, lo cual fue el germen de nuevas expediciones por el Estrecho de Magallanes.

Después de su triunfo, Spilbergen intentó atacar El Callao, pero lo halló fuertemente defendido.

Desembarcaron en Paita el 08 de Agosto de 1615  incendiaron el pueblo, casi apresan el rico cargamento de un bajel que consiguió huir en el que iba Antonio de Morga, Presidente de la Audiencia de Quito.

Los holandeses ponen rumbo a hacia el puerto de Acapulco, pero desde Junio de 1615 el Virrey de Nueva España, Marqués de Guadalcázar, ordenó al Alcalde Mayor de Acapulco que fortaleciera las defensas del puerto con trincheras y cañones. Un destacamento de caballeros se unió voluntariamente para combatir con decisión al enemigo.

En la mañana del 11 de Octubre de 1615 la flota holandesa penetra descaradamente en la Bahía de Acapulco, anclando sus navíos después de mediodía. Fueron recibidos con una salva de cañonazos que causaron poco efecto. Los holandeses estaban decididos a destruir el pueblo, si era preciso, pues necesitaban agua y alimentos.

Al fin se declaró una tregua y embarcaron Pedro Álvarez y Francisco Méndez, quienes habían servido en Flandes, por lo que conocían el idioma holandés. Spilbergen ofreció a cambio de las muy necesitadas provisiones liberar a los prisioneros que había hecho en las costas del Perú. Se llegó a un acuerdo y curiosamente durante una semana Acapulco se convirtió en un animado centro de reunión entre Holandeses y Españoles. El Comandante Militar de Acapulco fue recibido a bordo con honores y una formación de marinos perfectamente uniformados, mientras que el joven hijo de Spilbergen pasaba el día con el Alcalde Mayor del puerto. Previsoriamente el Almirante holandés mandó a hacer un plano del puerto.

El Virrey, temiendo que se apresara el Galeón de Manila que venía desde allí cargado con marfiles, sedas y valiosos productos de Oriente, envió instrucciones a Sebastián Vizcaíno con 400 hombres para proteger los puertos de Navidad y Zalahua, y el Gobernador de Nueva Vizcaya mandó otro destacamento a la costa de Sinaloa, bajo las órdenes de Villalba, quien tenía instrucciones precisas de evitar desembarcos enemigos. El galeón llegó a puertos mejicanos sin ser apresado por sus enemigos.

Después de zarpar de Acapulco abastecido abundantemente de aguas y alimentos se apodera en alta mar del barco perlero San Francisco, cambiando el nombre de la nave por el de Perel (perla). 

Llega al puerto de Zalahua , en la costa de Colima, ataca esta ciudad sin que las fuerzas del virreinato pudieran impedirlo.  Después fondea en la agradable bahía del puerto de Navidad donde reposa su tripulación por cinco días y se abastece de agua y alimentos frescos.

El Almirante holandés decide dejar las aguas de Nueva España y pone rumbo hacia el oeste y después de una larga travesía llega a la isla de Java donde se encuentra con el navío holandés Concordia mandado por Jacobo Le Maire, que había descubierto el Estrecho que lleva su nombre entre la Isla Grande de la Tierra del Fuego y la Isla de los Estados. Allí su tripulación descansa y se abastece de agua y víveres frescos. La isla de Java junto con las islas Molucas,  Sumatra, Borneo, etc. serán la base del futuro imperio holandés de ultramar en plena línea ecuatorial.

            Luego de zarpar de Java, sin mayores incidentes en su navegación, llega al puerto de Texel el 1º de Julio de 1617. Había tardado 2 años, 10 meses y 23 días en dar la quinta vuelta al mundo.


 BIBLIOGRAFÍA:

v  MORALES, Ernesto “Exploradores y Piratas en el Sur Argentino”. Editorial Sociedad amigos del libro rioplatense”. Montevideo ,Uruguay, 1era Edición; 1936. 

v  www.patagoniadixit.com.ar 

v  www.tierradelfuego.org.ar 

v  www.santillana.cl  

  

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