Historia y Arqueología Marítima

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Por   DANIEL CASTAGNIN  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2005

“Artigas, Jefe de la orilla oriental,

parece estar privado de toda ayuda

de parte de Buenos Aires,

pero la flota lo sostiene”

(1818, carta de autor desconocido) 

I.- Abordamos en este trabajo la apreciación histórica de la dimensión global que reviste la acción naval de Artigas. Ésta se proyecta en diferentes frentes, así como en medios políticos y jurisprudenciales de países extranjeros.

II.- En el Plan de Guerra de Artigas se barajaban opciones diferentes, de acuerdo a las modalidades estratégicas que imperaban en las diferentes regiones constitutivas de su ámbito de acción general.

Se imponía una actitud defensiva en las cuencas fluviales, sobte todo en el Río Uruguay, columna vertebral del sistema federal de Artigas. En el Río Paraná, que constituía su retaguardia profunda, se buscaba una defensiva táctica simultánea a una maniobra de envolvimiento estratégico; y sobre en el frente platense, vital para el adversario, se dibujaba una ofensiva total, que se proyectaba también sobre el medio oceánico, buscando atacar y cortar las comunicaciones enemigas.

            La última modalidad se materializó por la actividad de los Corsarios de Artigas, y todas las campañas navales fueron acompañadas por una ofensiva terrestre que buscaba alcanzar las áreas vitales del invasor.

            Este plan de Artigas se vio más adelante repetido por la campaña de las Provincias Unidas en su enfrentamiento con el Imperio. Alvear, Brown, Rivera, Lavalleja, Espora y Fournier, en su momento, cumplirán las mismas pautas fijadas por Artigas, y alcanzarán, como es sabido, una rotunda victoria. 

III.- Antes de la Revolución Industrial, la guerra naval cristalizaba históricamente una ventaja esencial  sobre su similar terrestre. La lucha en el mar materializa una condición notablemente ventajosa: la conjunción del antiguo velero de madera con la artillería de tubos. Esto facilitó una combinación altamente eficaz, dado que las Malvinas podían actuar en todo el globo con un medio de combate contundente, que permitía una descarga brutal de energía física sobre un blanco concentrado y próximo.

Tal característica hizo que la guerra naval se concretase en forma conmutativa e irreversible. En la guerra terrestre eso, generalmente, no ocurría , por lo que las campañas en tierra firme se desgranaban en múltiples y caprichosas acciones. Un ejemplo: durante las campañas napoleónicas, el Emperador de los franceses libró con éxito más de sesenta batallas en tres continentes. Los británicos, por su parte, mucho más volcados, como se sabe, a una estrategia marítima, triunfaron en tan porfiado conflicto con sólo tres acciones marítimas exitosas.

            Esta superioridad histórica encontraba su razón de ser en la ventaja técnica ostentada por el buque sobre el medio terrestre, basado en el equino. Como sabemos, el caballo es un medio muy frágil y limitado, que no facilita una estrategia de una eficacia similar a la permitida por el elemento naval.            Esta diferencia histórica de ese momento dotó de una eficiencia militar superior a las acciones libradas sobre la superficie del mar. Esto hacía que los grandes capitanes buscasen perfilar su acción con un cariz naval decisivo. Artigas no fue ajeno a esta realidad histórica, y su acción  presentó un horizonte naval nítido, que lo ubica, sin discusión, en la categoría de los grandes conductores. 

IV.- Por su propia esencia, como hemos visto,  la guerra naval adquirió tempranamente una significación que repercutía con crudeza, y en forma mucho más urgente que la propia acción terrestre, en los ámbitos internacionales de la época. El hecho es que una nave, incluso pequeña, podía con una acción audaz, comprometer  la navegación en general; los intereses comerciales vinculados al negocio marítimo, en particular; y, muy específicamente, afectar las primas de los seguros. Por esto la sociedad internacional resultaba  más afectada por cualquier conmoción producida por hostilidades marítimas, que por las similares desarrolladas sobre tierras firmes, sobre todo si éstas eran lejanas.

            A su vez, la voluntad de llevar la guerra a los mares exigía una visión totalizadora de la lucha, y un conocimiento cabal del medio marino.

            Ya sea la organización de empresas militares, navales o anfibias, del apresto de fuerzas capaces de navegar y combatir –ora encuadradas en formaciones regulares o mediante la expedición de patentes de corso-, para todo ello se requería siempre un sentido básico de la conducción de la lucha naval en su aspecto práctico, que Artigas, indudablemente, asimiló  de los hombres del Apostadero Naval Español.  

V.- Para entender cabalmente los enfrentamientos que debían librar las fuerzas artiguistas, y, por ende, sus propios y tremendos adversarios, debemos recurrir a un concepto polemológico: nos referimos a las “guerras asimétricas”. Éstas pueden ser definidas  como aquellos conflictos en que no hay igualdad de términos en la contienda; por el contrario, hay claras diferencias entre los adversarios. Es así que la lucha es, en principio, fácil para uno de los contendientes, y costosísima para su contrario, que debe volcar todos sus recursos para tratar de compensar el desbalance.

Este concepto de “asimetría” surge en forma accidental en los Estados Unidos, en 1974 , y se abre paso para explicar una larga serie de enfrentamientos acaecidos  hasta el presente.

            En el ámbito preciso de los asuntos militares, la asimetría implica actuar, organizar y pensar de manera distinta para cada uno de los adversarios.

            En las guerras asimétricas los bandos opuestos se hallan en situaciones diferentes: el desequilibrio supone, de movida, ventajas claras para uno de los adversarios y desventajas muy nítidas  para el otro. El primero va a moverse en una coyuntura de facilidades, debido al juego de la superioridad que lo asiste; el otro, deberá asumir desventajas notorias para oponerse con cierto grado de éxito a su rival. O sea, que hay una ubicación favorable para uno, condición que llamamos “positiva”, y, recíprocamente, una  situación desfavorable para el bando opuesto, que llamamos  “asimetría negativa”.

            En el enfrentamiento que Artigas debió librar contra portugueses y porteños, el Protector debió asumir claras asimetrías negativas frente a sus agresores, sobre todo contra los portugueses y sus otros adversarios del frente Oeste. Es muy claro que esta situación tan desfavorable lo fue llevando a una situación desesperada. Frente a tal coyuntura, la perspectiva de la guerra naval, para sorpresa de todos le permitió invertir la desventaja en los frentes terrestres, compensándola con la asimetría positiva que le ofrecía el uso del poder naval.  

VI.- La fuerza terrestre estaba integrada por población criolla, gauchos y milicias ex–españolas, e indios que, en su conjunto, arrastraban modalidades primitivas de combate..

            Si bien se trataba de hombre duros y aguerridos, la falta de oficiales y la ausencia de una doctrina  congrua, que permitiese operar en forma conjunta a elementos disímiles, perjudicó  sin duda el proceder operativo de Artigas. La falta de un escalón de seguridad y la ausencia de vanguardias inteligentes facilitó la sorpresa por parte del enemigo, y también la matanza, dado el núcleo familiar que acompañaba a la tropa indígena.

Todo esto precipitó la derrota y el consiguiente desastre. En los hechos, históricamente se enfrentaron dos formas diferentes de sociedad rural. El sistema comunitario y  gregario, propio de los y de los habitantes de las ex – Misiones, contra el capitalismo agrario naciente de los fazendeiros portugueses.

            Esta situación colocaba al bando artiguista, desde el inicio, en clara desventaja psicológica. Los invasores lusos impulsaban un sistema agrario simple y eficaz, con sus Cartas de Sesmaría (títulos de propiedad que otorgaban los portugueses sobre las tierras artiguistas), mecanismo  que iba a cimentar una organización agraria enérgica hasta nuestra propia época.

            En los hechos, la base luso – brasileña tuvo una implantación social muy firme hasta hace pocos años, que puede ser rastreada con facilidad aún hoy.

            Todo esto supone que los orientales y las restantes fuerzas federales que apoyaban a Artigas debían sufrir una ofensiva militar y social desde dos frentes opuestos, y no es necesario ser un estratega para entender que, desde el punto de vista terrestre, la causa defendida por Artigas se perfilara, realmente, como desesperada, dado el empuje y el peso social de sus enemigos.

            Tal coyuntura, tan amarga promovió la prescindencia de amplios sectores sociales que optaban por esperar el resultado final del difícil trance, y también el aislamiento y la traición tuvieron su lugar en el drama.  

VII.- Desde el punto de vista naval los términos eran diferentes. España había dejado de ser una potencia marítima. En los hechos, el renacimiento de la Marina española en el siglo XIX, va a ir unido a la Revolución Industrial: España vuelve a tener una Marina en la época del vapor. Portugal, entretanto, era una potencia naval sólo a la sombra –no siempre activa- de Inglaterra.

            Esta posibilidad de asimetría positiva fue bien explotada por Artigas. Su lucha naval apunta, así, en diferentes teatros.

El río Uruguay era la columna vertebral del sistema artiguista, y por ello constituyó un objetivo neto de la ofensiva portuguesa, que afirmó, al final de la campaña, en el estratégico Rincón de Haedo, el Real Bragança.

            A su vez, Artigas ensayó cubrir la cuenca del río epónimo con un sistema defensivo simple y efectivo.

En los hechos, el ataque portugués encontró en esa zona la más firme resistencia, y nunca logró, en ese teatro, algo más que una presencia poco consolidada. 

Luis Lanche, comandante artiguista en la zona, recibió la misión de conducir la defensiva de la cuenca. La defensa del sector tuvo una lógica certera y fue dilatada en el tiempo, todo ello acorde con las facilidades tácticas que ofrecía la operatividad fluvial.

            Colonia primero y Purificación después, junto con Arroyo de la China, se mantuvieron por mucho tiempo como asiento del cuartel general de Artigas.

El Paraná era el eje conductor del universo porteño, y se sostenía fundamentalmente por el sistema portuario y aduanero que circulaba por la combinación Paraná – Plata. Esa situación se mantuvo hasta la organización efectiva de la Federación Argentina.

            Sobre este gran conjunto geográfico, Artigas desató una ofensiva con medios combinados, y es en este teatro que la figura histórica de Pedro Campbell conjuga en su acción la vastedad geográfica del medio con la rotunda decisión de un gran luchador. Así se proyecta la acción histórica del Jefe Oriental, a través de la actuación de su mayor jefe naval. El paralelismo es de epopeya, y la misma impronta que une a ambos jefes se proyecta, también, en el amargo final, digno de héroes homéricos: la derrota, la prisión el ostracismo y la muerte casi olvidados los alcanzan en la misma tierra guaraní. 

VIII.- Aun restaba otro recurso decisivo dentro del amplio espectro de la guerra naval: nos referimos al corso marítimo. Bajo este nombre se comprende a la empresa naval de un particular contra los enemigos de su estado, realizada siempre con el permiso y bajo la autoridad de la potencia beligerante, con el exclusivo objeto de causar pérdidas al comercio enemigo y entorpecer al neutral que se relacione con dichos enemigos.

            Aunque esta práctica está, en principio, rechazada por la actual legislación internacional, la misma está escrita en  la historia como un método prestigioso y eficaz de guerra naval que puede aún reaparecer en futuros conflictos.

            En los hechos, el corso ha llenado páginas de gloria, ya ha sido un método de guerra ampliamente desplegado en el mundo entero.

            De todo lo dicho anteriormente surge la respuesta a una pregunta ineludible: ¿Cómo Artigas con una organización estática tan débil pudo lanzar una actividad corsaria tan eficaz? En realidad, el Protector recurrió a una institución bélica profundamente arraigada en la sociedad de la época, y cuyas bases esenciales y técnicas usuales esa misma sociedad conocía perfectamente.

            De ahí que, a pesar de los medios de comunicación lentos de esa época, el mecanismo de corso, jugado ahora por Artigas, cristalizó rápidamente, y sus efectos se hicieron sentir en todo el mundo marítimo.

            La bibliografía brasileña más reciente nos ha indicado que Artigas recibía contrabando de guerra por la ensenada de Castillos Grande, lugar adonde arribaban los marinos de Baltimore para aprovisionar a las fuerzas orientales, por lo que no es extraño que se concibiera la idea de patentar a dichos buques como corsarios. Así, José Artigas fue utilizando las distintas ventanas marítimas de que disponía: Castillos Grande, Colonia, Purificación; y, privado ya de ellas, recurre a la triquiñuela de remitir las patentes en blanco a los Estados Unidos, a los efectos de patentar en alta mar a los aspirantes corsarios.

            Este vasto andamiaje cristaliza en treinta y siete buques ejerciendo el corso con bandera de Artigas, actividad que continuó hasta el año 1821, cuando ya el Protector se había retirado al Paraguay.

            Si bien no todos estos buques eran similares, predominaba en ellos   el tipo de “Clipper de Baltimore”, goletas híbridas que combinaban el aparejo típico de esos barcos (muy apto para ceñir los vientos laterales), con el de los bergantines, óptimo para aprovechar los vientos largos de popa. Tal combinación permitía pergeñar un buque apropiado para maniobrar con cualquier viento, de calado limitado para internarse en l os bajíos y eludir así la persecución de los buques mayores, con una respetable artillería (18 o 20 piezas, incluyendo las eficaces “carronadas”), y una tripulación muy numerosa, que imponía por su número en la lucha  cuerpo a cuerpo y facilitaba el posterior marinaje de las presas cobradas.

            Tales buques, ensayados exitosamente como corsarios en la guerra anglo-estadounidense de 1812, izaron luego el pabellón  tricolor artiguista, y sus expertas tripulaciones asumieron esa nueva bandera con toda comodidad.

            Esta flota se lanzó a la campaña contra España y Portugal , actuando en todos los mares, aprovechando muy especialmente las patentes expedidas por Artigas, dado que eran las únicas que permitían legalmente atacar y cobrar presas portuguesas.

            Fueron expedidas cientro setenta patentes, las que facilitaron la acción de treinta y siete buques corsarios, los que llegaron a cobrar 184 presas. 

IX:- La presión internacional desarrollada por los corsarios del Río de la Plata, entre los que se encontraban los agresivos corsarios artiguistas, repercutió en la organización internacional del época, y la propia Santa Alianza, en el Congreso de Aix La Chapelle, celebrado en Setiembre y Octubre de 1818,  se abocó al tema de prohibir el Corso a aquellas naciones no reglamentariamente constituidas de acuerdo al Derecho Internacional de esa época.

Todavía en Setiembre de 1822, cuando ya Artigas se había retirado al Paraguay, se realizó el Congreso de Verona. Al mismo concurrieron el Emperador de Austria y su Ministro de Metternich, el Zar de Rusia y su Ministro Nesselrode, el Duque de Wellington -en representación de Su Majestad Británica-, el Rey de Prusia y su Ministro Humboldt, los Reyes de las dos Sicilias y de Cerdeña, y el Duque de Montmorency  -Ministro de Relaciones Exteriores del Reino de Francia-.   Dentro del vasto temario se destaca como punto N° 2 la Piratería en los mares de América.

            Todo esto es un claro índice de la conmoción internacional desatada por los Corsarios entre los cuales se contaban, por supuesto, los de Artigas.

            Pero la más honda huella dejada sobre los mares por la tricolor artiguista puede ser rastreada en la Jurisprudencia norteamericana. Allí los jueces que se abocan a las causas donde están comprometidos los Corsarios de artigas y sus presas, definen con precisión la acción independentista de Artigas y el consiguiente derecho de este bando – que constituye sin duda un Estado embrionario en guerra con su merrópoli-, a utilizar el Corso como arma legítima con todas sus consecuencias prácticas  y a todos sus efectos internacionales.

            Hay una consonancia histórica entre la ofensiva terrestre de Artigas hacia el corazón de Río Grande y el despliegue anfibio de Campbell en el Paraná para bloquear a Buenos Aires, de manera  que vemos coincidir un gigantismo esencial en ambas empresas, que exponen una concepción profunda y decisiva de la guerra como instancia histórica de enfrentamiento de una prueba ineludible.

            Esta instancia se proyecta más allá de la derrota –siempre momentánea- y muestra la fibra histórica propia de las concepciones de los grandes capitanes. En este sentido, debemos reconocer el paralelismo notorio que existe entre esta epopeya y las campañas de los grandes capitanes de la historia.

Nada mejor para ubicarnos en este tema que repetir una frase de nuestro consocio lamentablemente fallecido, Tte. de Navío Agustín Beraza: “Artigas mira el frente lusitano  sin temores,  porque en su Paraná le cuida la espalda Campbell” 

X.- A los efectos de extender sobre distintos teatros marítimos -algunos muy lejanos- su acción militar, Artigas articuló  toda su jerarquía de oficiales Comodoros que operaban en forma autónoma, de acuerdo a la naturaleza dispersa de una fuerza naval en esa época, y así encontramos que marino como el ya mencionado Campbell, Juan D. Danels, John Northrup, Richard Moon, Luis Lanche y Cosme Maciel se desempeñaron como Jefes de División, y tanto Eusebio Hereñú como Andresito Artigas actuaron como Comandantes de frente fluvial.

Hay rastros históricos de una estructura jerárquica bastante nítida en la documentación de la época.

            Danels, en su presentación ante la autoridades navales de la Gran Colombia, lo hace invocando su grado: “Capitán Comandante  de la Marina de Artigas”. Y Diego Wiilder es nombrado Segundo Comandante de la Marina de la Provincia Oriental por Juan Antonio Lavalleja, en el puerto de Colonia.

            A esta altura es necesario destacar que la exigencia de una documentación  que acreditase en el plano internacional la condición de buque de guerra o de corsario de estado, llevó a la rápida definición  de la Banda Oriental como estado o república que actuaba por sí y para sí en los frentes marítimos.

            Lo anterior impuso la necesidad de definir banderas y sellos de estado, rumbro decisivo que era impuesto por la exigencia de expedir  patentes en forma, al posterior efecto de hacerlas valer ante los Tribunales de Presa establecidos en el extranjero.

            En esos estrados se materializaba una sentencia que declaraba o no, “buena presa” al buque capturado y su carga. Por lo tanto, no es una exageración  decir que la necesidad de presentar una organización estática soberana frente a un tribunal internacional marítimo, fue un aliciente motivacional para alcanzar nuestra independencia política.

            De esta forma podemos rematar afirmando que el perfil de estado marítimo fue el fundamento más enérgico para modelar el ideal independentista.

            Ofrezcamos nuevamente a Artigas el reconocimiento que merece. 

En esta exposición quise focalizar esta dimensión de su hacer, su campaña  marina, que no por haber quedado opacada por las campañas terrestres es menos relevante.

Se torna indiscutible el hecho de que el influjo del poder naval desarrollado como legítima defensa de nuestra tierra y de nuestra libertad fue una de las raíces de la independencia, cristalizada más adelante y merced a esfuerzos de sus continuadores  en nuestro estado uruguayo.

            Reconozcamos una vez más, ahora desde esta faceta en particular, el influjo del Protector en el despliegue de un plan de guerra completo y proporcional a la importancia de la empresa histórica por el desplegada.

            Si éste fracasó sólo se debe a la intriga y a la traición. Mas, como sabemos, en definitiva sus tenientes culminaron exitosamente la empresa artiguista en todos los frentes.  

 

  

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