Historia y Arqueología Marítima

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MALVINAS GENERA OTRA PIFIA EN EL FINAL  DEL  SIGLO XX, A PRINCIPIOS DE LA DECADA DEL NOVENTA

 

JULIO CESAR COTELO Publicado en Ciclo de Conferencias año 2004

           EL TEMA

            La soberanía de Malvinas sigue sin definirse en la esfera política.  Científicamente es neto que ninguno de ambos contendientes de la guerra 1982 tiene fundamentos para ella. La descalificación surge de:

a)    ambos contendientes recíprocamente;

b)    b) la propia Historia del archipiélago, que como toda ciencia, carece de bandera.

            Interín, la indefinición ha generado un polvorín, por los riesgos existentes, que proceden de varios orígenes.   Este polvorín  lo tenemos analizado ya, fuera de los límites que hemos fijado a este trabajo. 

II          LA SITUACIÓN A 1993

            A 1993, la situación del tema mostraba:

1             Argentina, que la llevó al rango de mito, fracasando públicamente sin atenuantes, en el manejo.  Lo operativo allí, es oficial (Poder Ejecutivo) y lo privado, identificado en lo sustancial con lo proclamado desde la Casa Rosada.

2             El Reino Unido, con una coherencia más que centenaria en el manejo de su posesión actual.  Basado en su poder, sus alianzas, continúa despreciando posiciones ajenas, incluídas las decisiones de Naciones Unidas.

3             La historiografía generando, fundamentando, una Historia, desde distintos rincones del orbe, y que tímidamente en algunos de esas plazas culturales, comienza (ya desde fines de la década del 80) a determinar la respuesta más certera a la indefinición, a la interrogante de qué país es el titular de la soberanía.

4             Importancia creciente de Malvinas, su entorno y su valor estratégico en un mundo semana a semana más interrelacionado.

En ese 1993 aparece la versión inglesa del trabajo del alemán  Rudolf Dolzer(1944). Su currículo es desde ya respetable, por su importancia.          

III         DOLZER

            La contundencia de las situaciones y cargos desempeñados, exime de comentarios.  No hay a 1996, vinculación directa con la ciencia histórica.  Por orden cronológico:

            Licenciado en Letras;

            Doctor en Leyes en Heidelberg;

            Master en Leyes (esp. en Derecho Internacional);

            Doctor en Leyes (esp. en Derecho económico Internacional) en Harvard;

Docente Derecho en Universidad Max Planck; en la Junta Supervisora de la Sociedad Max Planck;

            Profesor invitado en Universidad de Michigan (EU);

            Profesor de Derecho en Heidelberg;

            Profesor invitado en Facultad de Derecho, en Universidad  Cornell;

            Profesor de la Universidad de Mannheim;

            Vicerrector electo en Universidad de Mannheim;

            Miembro de Comisión alemana parlamentaria sobre protección de la atmósfera;

            Miembro del Panel científico y teórico internacional de Medio Ambiente;

            Director Gral. en la oficina del canciller federal (Bonn);

Profesor invitado en Instituto Tecnológico de Massachussets, sobre Derecho y políticas de medio ambiente mundial;

            Profesor y Director en Universidad de Bonn, Instituto de Derecho Internacional;

            en Directorio de Sociedad Alemana para Política exterior.           

            IV        EL LIBRO

                        IV. 1

1.            Usamos la versión castellana, impresa en Montevideo, 1996; carece de identificación de traductor,  de editora, y de ISBN.  Su título: EL STATUS TERRITORIAL de las ISLAS FALKLAND – MALVINAS.  El texto tiene 122 páginas; 45 páginas siguientes abarcan bibliografía y notas. El resto –275 páginas- son anexos documentales. 

2.         En la Introducción (págs. 5/11) frente al tema, ignora ya desde un principio la Historia.  Cuando culmina el 1r. párrafo (donde ignora la fecha de la tesis del argentino Isaac Areco, que es 1866, y no 1885) concluye que el conflicto es: “.... casi exclusivamente.... por la aplicación de la ley ...”Luego también en página 5, que “.... se caracteriza por su naturaleza legal ...”

            Lo legal cohabita, coexiste con la historia, que está a la vista en la bibliografía. A vuelta de página, rectifica en parte, admite que la Historia del Derecho es necesaria, básica.  Lo contradictorio es que el libro carece de base histórica, desde que incursionar en la historia no es dar una base; ya lo veremos.

            Un imperio no tiene porqué ser prolijo en sus títulos ultramarinos; le basta con la posesión.  Eso lo señala Dolzer en un párrafo a página 7 que merece transcripción íntegra, por su importancia y concisión:

            “.... A juzgar por sus publicaciones, los expertos legales internacionales de Gran Bretaña han demostrado una notable falta de interés en el problema de las Falklands (Malvinas).  Hasta ahora, el único estudio sólido escrito por un abogado internacional de renombre, es el articulo publicado por Waldock en el “British Year Book  of International Law” en 1948, que sin embargo se abstiene de tomar una posición clara con respecto a los problemas esenciales presentados en  el artículo.  Cabe destacar, que  ni en  el Reino Unido ni en el exterior, le han brindado  atención especial –en cuanto al  tratamiento de los temas legales- a la disertación escrita en Cambridge  por Wilfred DOWN en 1926.  Aparentemente, el estudio de Down fue recibido  en unas  pocas bibliotecas.  Por una razón simple, tendría que haber recibido mayor  atención: DOWN es el único autor que ha tenido acceso a los  archivos de los ministerios involucrados en el tema en Londres,  y que presenta sus argumentos en el contexto de extensas citas extraídas de .esos archivos ....”                                         

            Insiste Dolzer en el lógico vacío británico sobre el status legal de Malvinas. Se hace eco –no se ve claro en la Introducción- de un aserto insólito: que pudiera siquiera parecer que -luego del clásico de J. Goebel (1927),  La lucha por las islas Falklands- nada hubiese sobre la historia del archipiélago.  Tal absurdo llega a suponer que no existe investigación entre 1927 y 1982 (¿o peor aún, 1993?).  Cuesta creer se llegue a pensar, o escribir, o editar, sin la menor crítica o anotación, versión tan importante; esto es precisamente la lejanía de la ciencia histórica. 

            Otro caso citado por Dolzer es el estudio de L. Gustafson (El conflicto por la soberanía de las Falkland/Malvinas, 1988).  L.Gustafson es docente en Ciencia Política, los que usualmente conocen poco de Historia; acá -con escasísimo prestigio para Oxford U.P.-se ve nítido.   

            Dolzer constata con  acierto (pág. 9) que

A)   el tratamiento de la soberanía en Malvinas no es central en esta década última y que su historia no es la más abundante en la masa de publicaciones conocidas;

B)   los estudios sobre cuestiones legales, políticas, demográficas, militares, hacen gala de su alejamiento de la ineludible historia.

            Un par de conceptos relevantes aparecen enseguida.  Prejuzga el futuro: un absurdo que se evidencia (pág. 10): “.... Es legítimo.... preguntar si una nueva monografía agregará algo más ....”.  Atisba un fin a cualquier ciencia.  Nada menos. 

Un segundo concepto es el que con acierto señala que:  “.... no se tiene la impresión de que la discusión [acerca de la soberanía malvina] haya alcanzado por ahora algún resultado ....”.  No lo explicita: no se ha avanzado más porque no se ha usado debidamente la Historia.  Y remata esta constancia de carencia, cuando bien reclama la necesidad de una investigación urgente de temas esenciales.

            Anuncia que limita el tema de su estudio a sólo remarcar algunos hechos y períodos necesarios al estudio legal internacional sobre lo territorial en soberanía.  Enfoca con acierto que lo territorial en soberanía es el núcleo. Ya vimos las bases de método que proclama.  Cómo  desarrolla,  lo  veremos, y si aplica esas bases.

            Ingresemos al  estudio en sí.

            Ya en la página 12, cuesta admitir un Américo Vespucio español. Por supuesto, que en este tema de la soberanía malvina, el dato biográfico del piloto es pura y mera erudición, inocua en esta exposición de 1993.

En pág.34 nos encontramos con esto, ya más importante y vinculado al tema: “.... En 1776, los españoles incorporaron formalmente las islas a la jurisdicción del virreinato en Buenos Aires ....”.

            En 1766 se las hace sólo depender del gobernador de Bs. Aires. La fundamentación oficial argentina, dice que no hubo alteración en el lapso español.  Ese año, comienzan 2 entidades matrices regionales de la España ultramarina: el virreinato y el apostadero naval montevideano. Malvinas es una de las zonas atlánticas de entera jurisdicción montevideana, capital de departamento de ultramar, hasta pasado 1810.  ¿Error o contradicción de Dolzer??   No se trata de ignorar un hecho, sino una estructura sólida durante una generación.

            La página siguiente trae algo equivalente de Dolzer.  .... entre 1806 y 1811, la situación de hecho en las islas no puede reconstruirse totalmente ....”. Todo lo opuesto. Se ha podido reconstruir la totalidad de lo acontecido en las islas en tal quinquenio, simple, nada compleja.

                        En  1806  (invasión británica al Plata) “.... el Gobernador Martínez aparentemente abandonó las islas ....”.        El adverbio  aparentemente   no es propio de un relato en Historia. Lo central es que no hubo abandono isleño, ya que sólo hubo interrupción de comunicaciones ante la breve presencia invasora en Bs. Aires (1806) y luego de su reconquista, en Montevideo (1807).  

            Dolzer informa (pág. 36) de sólo 11 gobernadores hasta 1811, en Malvinas.  Su fuente es de 1927.  Son 20(veinte)  para 32 renovaciones, ya que hubieron algunos que repitieron. 

            Para la historia 1774/1811 destina sólo 2(dos)  páginas, y sólo 19 (de la 20 a la 39) para el tramo mayor de 1766/1810.  Es imposible sintetizar ese devenir, su contexto, en ese breve espacio. Ya vemos que además, que esa historia es mala; y en historia, se imponen hechos y acontecimientos.    ¿Qué validez tienen así, sus conclusiones??

            La página 41 trae otra gruesa contradicción.  Dolzer afirma que  “. ... Argentina no adquirió las islas en 1816 automáticamente después de la independencia ....”.   Contradice frontalmente la fundamentación tan oficial como habitual argentina(1964, presidencia Dr. A.U.Illia, cancillería Zavala Ortiz).

            A pág. 47  sienta una de las premisas en esto de la soberanía.  Hay 4 decisiones jurisdiccionales que deben tenerse a la vista; enfatizamos de ellas, la del Juez Max Huber sobre la isla pequeña de Miangas o Palmas,  por su prolijidad.  Remite a un autor que ha revisado las 4, para entre otras conclusiones que no es precondición de ocupación efectiva, la posesión completa de un territorio.  Esta conclusión, liquida la ilusión britana , insostenible ya antes del libro de Brownlie.

Páginas después, Dolzer cae en utopía, lo que lo conduce a un absurdo, por

omitir la historia hasta 1810. Véase:  “.... Argentina desarrolló un grado de actividad en las islas Falkland (Malvinas) entre 1820, suficiente para cumplimentar el criterio requerido para su adquisición .....”.       ¿A título de qué, están desde 1820?   El tramo 1810/28 complementa la ajenidad argentina a unas islas que no le pertenecían ni a 1810 ni a 1816, menos a ese 1820.  Es acá nuevamente donde se aprecia una ciencia política fútil, vana, por prescindir de realidades precedentes al tema.

            Otra similar a la observación anotada en pág. 51, aparece en pág. 53.  Cuando le señala a Weber que no cita el tratado de Amistad y Reconocimiento del 3.2.1825, denota R.Dolzer no conocer la exigencia británica a Bs. Aires, del día anterior; curioso: era de índole económica.

            La pág. 116 nos trae algo obvio, que es bueno no dejar de lado: “....el alcance del derecho a la autodeterminación debe ser considerado en su contexto contemporáneo e histórico ....”.  Esta réplica sintética al intento londinense  asemeja demasiado a éste, a lo que consumó el nazismo en el Sarre y en los Sudetes, y que tan acre y justamente se censuró ya en aquellos años de preguerra.  Gran Bretaña era uno de los claros objetores.

            Las últimas palabras de su obra son para conceptuar a Argentina como legítimo soberano territorial (pág. 127).  Llevaba Dolzer, objeciones y contradicciones harto grandes encima, como para aceptarlas. 

4.         La bibliografía del libro no menciona una terna de autores argentinos ineludibles: Diego Luis Molinari, Ernesto J. Fitte, Laurio H. Desteffanis, todos publicando obras antes  de 1993.   Han abogado –en cuanto a adjudicar la fundamentación de soberanía en el archipiélago- por la misma posición que Dolzer. 

5.            Las Notas muestran también su altamente limitante lejanía de la Historia. 

Repasemos

6:         Al oriental (montevideano) Carlos Calvo, le cree argentino.

10.       No ha visto la útil reimpresión del clásico de Caillet-Bois Las islas Malvinas (1948); en 1982 se publica con anexos útiles.  Lo mismo, con el otro clásico del estadounidense J. Goebel.

            52.       Se abrevia el apellido paterno del conocido historiador Zorraquin Becu, desorientando al lector menos informado.

124     Causa sonrisa el tiempo perdido, en cuanto a una aplicación del principio [uti possidetis juris] a la situación de las islas en 1816,...  Todo eso, por desconocer Historia  rioplatense. 

IV.2.

LOS ANEXOS 

            Suministran evidencias, muestran confesiones y/o contradicciones; es el aporte mayor del libro.

            Seleccionamos entre los subrayados que pueden hacerse,  algunas líneas textuales.

            Un documento de 13.XI.1964, emanado de Argentina en UN, reza (pág. 195)

“.... los derechos de España, y esos fueron los derechos que en 1810 heredó la República Argentina ....”.

            Más de una generación atrás era insostenible, a 1993 es inefable.  No resiste un soplo.  Basado en eso de pág. 195, hay una reiteración a pág. 204: “.... de jure, pertenecieron a la República Argentina en 1833 ...”

            La pág. 382 en el anexo 46 transcribe un comunicado muy importante de la cancillería argentina.  No deja dudas el criterio de validez común, universal: “.... Enfatizamos el hecho de que el tratamiento del tema de la soberanía  es una cuestión específica por excelencia,  [subrayado en el original. JCCF]  ya que  el resto depende de ella y sin ella, después de todo, las llamadas cuestiones prácticas se convertirían en ilusiones ....”. 

            Otra evidencia de la frecuente (en esto de la soberanía malvina) mala vista británica:  P. Beck (nota 48) escribe en 1988  que  “.... las islas Falkland  de acuerdo a la óptica británica, se transformaron en “terra nullius....”     Tal óptica, suficientemente cuestionada (p. 419) tiene validez nula, tanto como sus alegados derechos de prescripción (p. 420)

            Admite que las herramientas (“razón fundamental empleada  por los británicos para respaldar su título”)  han tenido significativa transformación  entre pre 1833 –año en enero, del zarpazo londinense- y un vago, indefinido post 1833.  Alguna dificultad  imperial hay, desde que BECK copia textual del  Foreign Office:  “.... tema tan complicado como la Historia de las Falklands ....”.   La complicación  tal es que sigue (a 1988) sólo  contando con la fuerza nuda, y es imposible confesarlo  públicamente.  Es cada  día más difícil mantener el tinglado imperial del siglo XIX. 

            Dolzer  divulga  lo firmado por Reino Unido/Argentina (gobierno  Menem) 19.X.1989, en un inefable artº 2 documentando en puridad otra capitulación argentina:

“.... Ninguna  acción llevada a cabo por el Reino Unido, la  República Argentina o terceros países como consecuencia y en la implementación de todo acuerdo surgido de la presente reunión o de otros encuentros similares, constituirá la base para afirmar, respaldar   o rechazar la posición  del Reino Unido o de la  República Argentina en cuanto a la soberanía y jurisdicción sobre las islas Falkland, islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur y áreas marítimas   circundantes ....”.   La reunión citada  es la de Madrid. No pasa de ser un documento privado.  Y no ha pasado de  eso. 

            Alguien que estuvo  presente  en conversaciones diplomáticas 1982, Thomas M. Franck, redacta inmediatamente lo que el American Journal of   International Law publica  en enero 1983, sobre El  rol estratégico de los principios legales en las Falklands,  que Dolzer conoce:

-       la reclamación  argentina es más débil que la  que Mexico  tuviere por Tejas.

-       en  sentido opuesto, señala TMF, que el gobierno  británico  no se identificó con los  50.000 timoreses  (buena parte de  ellos,  asesinados), reclamando el mismo derecho que la corte  del Támesis reclama para los 2400 kelpers. 

V         OBSERVACIONES,  CONFIRMACIONES 

1.      Erra  Dolzer en su enfoque  de adjudicación de soberanía, aún teniendo presente lo decisivo que  es la Historia en la solución. 

            2.      Omite más que erra en la relación  Malvinas con Gran Bretaña, aunque con respecto a este país, no tiene ulterioridades.

            3.      La solución al status territorial, le era  a Dolzer, una década atrás, inasible, inhallable.        Su esfuerzo –involuntaria, inconscientemente- contribuye a pavimentar  la 3ª vía,  en  curso,  la más seria.  ¿Por  qué esto de Dolzer?  No  lo mueven humanos intereses de bandera. Lo  ciega  o perturba,  quizá su confianza en su competencia profesional personal.

            4.      El llamado de atención a  su  perspectiva,  presenta un enfoque  inusual que justifica  o  confirma la pertinencia y la relevancia de esta reflexión nuestra.  La historia marítima es otra vez premisa, clave, y  llave.           

 

  

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