Historia y Arqueología Marítima

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EXPEDICIONES MARIIMAS ANGLOSAJONAS QUE RECALARON EN MONTEVIDEO EN EL SIGLO XIX:

LA EXPEDICIÓN ANTÁRTICA DE  JAMES WEDDELL (1822 – 1824)

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por: CARLOS A. BAUZÁ  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2004

En el siglo XIX recalaron en el puerto de Montevideo varias expediciones marítimas provenientes de países anglosajones y germánicos (1). Muchas de ellas dejaron  crónicas de interés histórico, sociológico, costumbrista, arquitectónico, etc. 

Las expediciones provenientes de los países anglosajones persiguieron  propósitos heterogéneos: investigaciones oceanográficas y zoológicas, como la del CHALLENGER (1876) (2), recaladas para aprovisionamiento en el curso de viajes “alrededor del mundo” como la del velero SUNBEAM (1876) (3) y viajes con motivos de exploración geográfica de la Antártida y de caza de ballenas y focas, como la que se comenta en el presente trabajo.

 Probablemente, la causa de que algunas expediciones expediciones anglosajonas que recalaron en Montevideo en el siglo XIX no hayan sido mencionadas en la historiografía marítima nacional –como el presente viaje- radique en dificultades de acceso a las crónicas originales conservadas en bibliotecas europeas (4).

 Es el caso del presente relato de esta expedición, escrito en idioma inglés, recogido en la Biblioteca de la Oficina Federal de Navegación Marítima e Hidrografía (“Bundesamt für  Seeschiffahrt und Hydrographie”) de Hamburgo.

 No se descarta  que la abundancia de crónicas éditas  de expediciones marítimas británicas del siblo XIX se relacionen con el beneficio económico  que recibían los autores –capitanes de los buques- por su venta. Así lo expresaba el hidrógrafo español Felipe Bauzá (1764-1834) exiliado en Londres entre 1823 y 1834 relatando en una carta que: “no se publica nada por si… todas las obras aun las costeadas por el gobierno son en beneficio de los capitanes que las han hecho (…) (5).

 RESEÑA BIOGRÁFICA DE JAMES WEDDELL (1784-1834) (6).

 Nacido en Ostend en agosto 24, 1787,  era hijo de un tapicero de Lanakshire (Escocia) afincado en Londres. En 1805 realizó varios viajes a las Indias Occidentales a bordo de un barco mercante. Estuvo en prisión en la fragata RAINBOW por insubordinación y motín. En 1810 era nombrado capitán de la FIREFLY. A pesar de su escasa educación. Su amor por la lectura le produjo una buena formación cultural.

 El comandante del “brig” AVON –luego Almirante de la flota británica- Sir George Rose Sartorius expresó en 1839 un juicio laudatorio  sobre Weddell manifestando que era “one of the most efficient and trustworthy officers I have met with in the couse of my professional life (…uno de los oficiales más eficientes y de confianza con quien me he encontrado en el curso de mi vida profesional…)

 Entre 1819 y 1821 realizó un viaje a las recientemente descubiertas islas Shetland del Sur buscando pieles de focas, no dejando crónica al respecto. Su segundo viaje – el que se comenta en el presente trabajo- se describe más adelante. En su honor, se bautizó con su nombre, “Leptonychotes weddellii” a una de las especies de focas objeto de caza (7). En 1829 regresaba de Buenos Aires donde había desembarcado en una misión comercial con una “carta de presentación para (Guillermo) Brown, Almirante y Vice-presidente”.

 En el curso de un tercer viaje, en julio de 1829 hubo de abandonar la JANE -por hacer cuatro pies de agua por hora en los dos meses anteriores-  lo que le causó su ruina financiera. Debió embarcarse como pasajero en el “schooner” SWALLOW, destinado a Plymouth. Esta embarcación naufragó cerca de la isla de Pico en las islas Azores en 11 de julio del año citado. Parte de la tripulación se posesionó del único bote abandonado al resto de la tripulación, debiendo Weddell atarse a una roca para sobrevivir siendo rescatado posteriormente a través de las rompientes y perdiéndose doscientas páginas de sus manuscritos autógrafos.

 En 1830 abandonó Londres como capitán del buque mercante ELIZA en 342 toneladas destinado a Tasmania y Nueva Gales del Sur.

 El escritor William Jerdan en su “Autobiography” (Londres, 1853) menciona que Weddell “se sentía más atraído por su ambición de seguir sus brillantes aventuras navales que por recoger los frutos de su industria comercial en las embarcaciones confiadas a su comando”, (…”more wrapped up in the ambition to follow up his brilliant naval adventures than to look out for and reslise the fruits of commercial industry in the ships entrusted to his command").

 Físicamente era descrito en 1838 por su retratista P.G. Dodd como dueño de un físico corpulento, de talla alta, cara de rasgos decididos, cabello negro, cejas pobladas, de carácter enérgico y de conversación cautivante. Gozaba de una excelente relación con su tripulación que lo seguía incondicionalmente.

 Falleció en Londres en la depresión y pobreza en setiembre 9,. 1834 a la edad de 47 años.

 LA SEGUNDA EXPEDICIÓN  ANTÁRTICA DE JAMES WEDDELL

 La finalidad de esta expedición desarrollada entre 1822 y 1824, comandada por James Weddell, se hallaba claramente explicitada en el texto de la crónica: “ our adventure was for procuring Fur –seal skins…”,  (“…nuestra aventura era para la obtención de pieles de focas peleteras…”).

 El título de la crónica de esta expedición dirigida al Polo Sur informa sobre algunos de los lugares geográficos visitados: “A Voyage towards the South Pole performed in the years 1822-24, containing  an examination of the Antarctic Sea to the seventy-fourth de gree of latitude and a visit  to Tierra del Fuego with a particular account of the inhabitants, to which is added much useful  information on the coasting navigation of Cape Horn, and the adjacent lands, with charts of harbours, etc. by James Weddell Esq. Master of the Royal Navy.” (“Viaje al Polo Sur  efectuado en los años 1822-24 incluyendo un examen  del Mar Antártico y una visita a Tierra del Fuego con una particular referencia a los habitantes, a lo que se agrega mucha información útil de la navegación costera del cabo de Hornos y las tierras adyacentes, con cartas de puertos, etc.  por James Weddell Capitán de la Armada Real”). Longman, Hurst, Rees, Orme, Brown, and Green. 8vo. London 1825.

 Las embarcaciones de la expedición eran el “brig” (8) JANE de 160 toneladas –proveniente de Leith- con una tripulación de veintidós oficiales y marineros, comandada por James Weddell y el “cutter” BEAUFOY-de Londres-  de 65 toneladas, al mando de Matthew Brisbane, con una tripulación de trece hombres (8) y provisiones para dos años.

 Levaron anclas en setiembre 17  de 1822, cruzaron el Ecuador en noviembre 7 de 1822 y pasaron por Madeira, Funchal, Islas de Cabo Verde y Santa Elena, dirigiéndose a las Islas Malvinas adonde llegó en diciembre 19. Durante el viaje  observaron un gran número de petreles y ballenas negras.

 Exploró el entonces desconocido –y luego llamado en su honor- Mar de Weddell, brazo del Oc éano Suratlántico, las islas Malvinas, el cabo de Hornos, las islas Shetland del Sur , Georg ias del Sur y Orcadas del Sur adonde  llegó el 13 de enero de 1823. Alcanzó la latitud sur de 74° 15’ en febrero 20,  1823, no alcanzada anteriormente por ninguna expedición(9).

 La exploración de las islas Shetland del Sur originó la denominación de los diversos accidentes geográficos de éstas con los nombres de algunos de los capitanes bajo cuyo mando había viajado Weddelll  tales como “estrecho de Boyd “, “estrecho de Duff” e isla Sartorius”. El “Mar de Weddell” en la Antártida recuerda su nombre (10).

 De regreso a Europa recaló en Montevideo en abril de 1823 –ciudad entonces ocupada por el Imperio del Brasil- donde fue atendido por la empresa naviera Stewart McCall y Co. y el cónsul británico Thomas Hood.

 Con la colaboración del comodoro Murray Maxwell de la estación británica, se revisaron los barcos de la expedición, ocupándose de sus reparaciones los carpinteros del buque inglés BRITON, finalizadas en mayo 4. Regresó a Inglaterra en 1824.

 Presentamos una reseña  de la crónica sobre Montevideo que dejó la expedición, omitiendo la noticia relativa a la historia de la ciudad (traducción) del autor; el tema del párrafo se anuncia entre paréntesis):  

(La ciudad de Montevideo)

 Montevideo es una ciudad amurallada situada sobre la costa norte del río (de la) Plata, alrededor de setenta millas de su entrada. La ciudad fue tomada en 1823 de los portugueses, por los imperialistas brasileños, que actualmente la ocupan. El actual Gobernador militar General Le Core parece ser una persona calculada para mejorar las circunstancias del país, pero la experiencia de las frecuentes invasiones y revoluciones de los últimos veinte años impide a los habitantes ocuparse de cualquier cosa que no pueda ser transformada rápidamente en dinero; por esto casas con magníficas plantas no se terminan y se permite a muchas situadas varias millas fuera de las murallas permanecer en estado de ruina causada por la desolación de la guerra.

 Muchas de las calles se hallan en tal mal estado que casi no son transitables. En su totalidad se presenta el deterioro acumulado por una serie de años agitados por casi perpetuas luchas civiles y extranjeras.

 Los ricos, como es de esperar, viven holgadamente sin ser ofensivamente orgullosos o cruelmente severos, como patrones. La clase laboral de la gente, no son notables por su industria siendo más bien adictos al ocio y a la ebriedad. El trabajo en tres días en la semana, por la baratura de las provisiones es suficiente para mantenerlos los cuatro días restantes en la borrachera y la disipación. No hay casi ningún europeo, por industrioso que sea, que no caiga en esta ociosidad.

 Los guachos (sic), o campesinos, que vienen ocasionalmente a la ciudad, son personas de elevada estatura y tez rubicunda. No se considera la clase de hombres más honesta y quizás han cometido más asesinatos que cualquiera.

 Las señoras de Monte Video miden generalmente algo por debajo de la estatura media y con propensión a ser robustas. La costumbre de calzar zapatos pequeños las han vuelto torpes de los pies: pero la belleza de sus rostros compensan ampliamente dicha deformidad. El contorno de sus rostros es lo que puede llamarse griego con tez bastante cetrina como para suprimir la rubicundez corriente; y sus expresivos ojos negros junto a su simple elegancia, no fracasan en volverlas interesantes.

 Los curas de este lugar parecen estar perdiendo autoridad y es conspicua la pobreza de sus iglesias. El esplendor que solía presentar la estructura interior de sus santuarios en esta parte del globo está ahora disminuido casi a las paredes desnudas. 

(El Puerto) 

Debo hacer notar que ofrece poco reparo desde el sur al oeste y es tan poco profundo que no es nada conveniente. 

Un navío que cale doce o trece pies está raramente a flote en lo que puede llamarse el puerto, aunque el fondo es de barro sobre el que se apoya la embarcación sin recibir daño, pero , a veces, si se halla atravesado en el puerto cuando sopla el pampero, es sacudido por estos huracanes que si no son dañinos, por lo menos inconvenientes.

  (Los vientos, la hidrografía del Río de la Plata, los bajos)

  Estos vientos que soplan desde el sudoeste a través a través de una llanura que casi llega hasta el pie de los Andes, adquieren tal fuerza que caen sobre el Río de la Plata y el puerto de Monte Video, que requieren las mejores anclas y cables para asegurar los buques.

 Los varios y peligrosos bajos que se hallan en este río causan que las navegaciones a Buenos Ayres sean peligrosas. Muchos comandantes de buques que entran con un viento suave, a menudo prosiguen sin un piloto y cuando han llegado a la vecindad del peligro, el viento se vuelve contrario y el tiempo irregular y al no estar familiarizados con las corrientes, encallan sus barcos. Las boyas a menudo se han desplazado o desprendido y uno queda desprovisto de referencias. Los bancos se han desplazado y ni la profundidad del río ni el conjunto de las corrientes son conocidos; todas estas inseguridades contribuyen a dificultar mismo a aquellos con una amplia experiencia en esta ruta. Durante mi estadía en Monte Video dos navíos se perdieron totalmente en el río; y uno hace un mes o seis semanas naufragó con la pérdida de varias vidas en una manera desgraciada dado que murieron sobre una balsa empujada por la dirección del viento y la corriente.

(Necesidad de mejorar el faro del Cerro)

 Sobre el monte de Monte Video, la linterna que se enciende de noche es tan débil que apenas se ve para el anclaje del puerto; por tanto tiene poca utilidad; pero si estuviera colocada en la Isla de Flores y adecuadamente vigilada, sería una guía para los barcos que pasan en una oscura noche.

  (Los pilotos)

 Pilotos ingleses y americanos pueden obtenerse en Monte Video, pero reciben tan poco estímulo que nunca salen al mar para buscar los buques.

 El puerto de Maldonado sería conveniente para una estación de pilotos al estar cerca de la derrota y por carecer de bancos.

 (La conmemoración del cumpleaños de Su Majestad británica).

 Los comerciantes británicos forman un grupo respetable. Estos caballeros nunca omiten la celebración del aniversario del cumpleaños de su Majestad Británica con una cena. Tuve la fortuna de ser invitado a esta fiesta anual. El grupo, cerca de cincuenta personas, se sentó a las seis. Se hallaban presentes Sir Murray Maxwell, el cónsul británico y varios oficiales españoles y portugueses de alto rango, civiles y militares. A las ocho se retiró el mantel y se brindó por la salud de su Majestad el rey Jorge Cuarto. A esto la banda portuguesa que se hallaba situada en el patio, inició la música de “Dios salve al Rey” y en el mismo momento la fragata Briton disparó una cantidad de cohetes y ejecutó un saludo real. La coincidencia de estos hechos, que habían sido bien arreglados previamente, fue tan precisa que el efecto fue admirable. La banda portuguesa había aprendido la música de “Rule Britannia” que tocaron con gran energía y las copas llenas circularon para apropiados brindis.

 Los caballeros españoles, para expresar su total desdén por los bienes mundanos, comenzaron a romper los platos y vasos, como si carecieran de valor. Cada brindis era acompañado por el sacrificio de estos artículos y un anciano español era notable por reunir dos platos de postre y arrojarlos por sobre su hombro, a lo cual Sir Murray Maxwell comentó jocosamente que la palabra “Plate” (el nombre del río) debía derivar del utensilio de mesa de ese nombre, por el evidente placer que causaba su destrucción. A medida que avanzaba la noche el grupo regresó a sus casas y yo a la mía. 

En mayo 4 soltaron amarras y prosiguieron a Falmouth, Reino Unido.


  NOTAS

 (1)  BAUZÁ, Carlos A:. “Expediciones marítimas germánicas que recalaron en Montevideo en el siglo XIX. I. El puerto de Montevideo en 1884. Un relato de la expedición de la corbeta austrohúngara ‘AURORA’ y su recalada en Montevideo en 1889”. Revista Naval (Montevideo) julio 1995, págs. 111-117.

BAUZÁ, Carlos A.: “Expediciones marítimas germánicas que recalaron en Montevideo en el siglo XIX. II. La expedición del geógrafo austrohúngaro Wilhelm Kreuth en 1889”. Trabajo leído en la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial. Montevideo, diciembre 4, 2003; en prensa.

BAUZÁ, Carlos A:. “Expediciones marítimas germánicas que recalaron en Montevideo en el siglo XIX. III. La recalada en Montevideo de la cañonera austrohúngara ALBATROS en 1886”; en prensa.

 (2)  “The cruise of her Majesty’s ship “Challenger”. Voyages over may seas. Scenes in many lands. By W.J.J. Spry, R.N. with map and illustrations”. London, Sampson Low, Marsto, Searle & Rivington, 1876. Véase LINKLATER, Eric: “El viaje del Challenger”. Ediciones del Serbal. Grafos S.A., Barcelona, 1982. También véase BAUZÁ, Carlos A.: “Expediciones marítimas anglosajonas del Río de la Plata en el siglo XIX. II. El velero inglés “HMS CHALLENGER” en Montevideo (1876)”. Revista Naval (Montevideo)”, en prensa.

(3)  BAUZÁ, Carlos A.: “Expediciones marítimas anglosajonas al Río de la Plata en el siglo XIX. I. El velero SUNBEAM en Montevideo (1876)”. Revista Naval (Montevideo); año X, número 34 (Setiembre 1999); págs. 53-58.

 (4)  Debe recordarse sobre todo en las últimas décadas del siglo XIX se realizaron numerosas expediciones al Polo Sur. En dicho período cronológico se conocen 16 viajes al continente antártico provenientes de 9 países. Salvo 

  

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