Historia y Arqueología Marítima

HOME SEBASTIÁN CABOTO Y LA TORRE QUE EN SU MEMORIA LEVANTÓ DON AARÓN DE ANCHORENA EN EL PARQUE NACIONAL QUE HOY LLEVA SU NOMBRE. Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

JUAN MARURI Publicado en Ciclo de Conferencias año 2004

 

            De acuerdo al primer tema propuesto por la Comisión Directiva de la Academia para este año 2004 “Las expediciones descubridoras del Río de la Plata”, tengo el gusto de presentar: “Sebastián Caboto y la torre que en su memoria levantó don Aarón de Anchorena en el Parque Nacional que hoy lleva su nombre”.

            Desde principios del siglo XVI España prestó especial atención  a la preparación de los pilotos. Poco después de la fundación en 1503 de la Casa de Contratación de las Indias, en Sevilla, se estableció en agosto de 1508 la Cátedra del Arte de la Navegación y Cosmografía y se creó el cargo de Piloto Mayor. Este tenía la misión de examinar a quienes aspiraban a ser pilotos de naves y además, presidía el Tribunal de los Cosmógrafos. La nómina de los tres primeros que ocuparon dicho puesto es impresionante: Américo Vespucio, de 1508 a 1512; Juan Díaz de Solís, de 1512 a 1516; y Sebastián Caboto de 1518 (al llegar de Inglaterra) a 1548, cuando regresó a Inglaterra.

            Al veneciano Caboto, Piloto Mayor del Rey de España, hijo de Giovanni Caboto o John Cabot, se le encomendó luego del regreso de Juan Sebastián Elcano de circunnavegar la tierra por primera vez, la organización de una expedición con finalidad estrictamente comercial, hacia las fabulosas islas y quiméricos territorios en el Extremo Oriente de Las Molucas, Tarsis, Ofir, Catayo Oriental y Cipango; con el designio en primer lugar de arribar por la misma ruta que Magallanes, a aquellos míticos sitios que podían prometer fantásticos tesoros de oro, plata, piedras preciosas, perlas, especias, brocados, etc.

            Con tal fin se preparó una armada de cuatro buques, compuesto por tres naos y una carabela. Las naos eran embarcaciones que se usaron en los siglos XV y XVI, de alto bordo, con aparejo redondo, castillo y alcázar o toldilla; arbolaba tres palos: trinquete mayor y mesana, además del bauprés que al igual que los dos primeros portaba velas redondas, el último, mesana, llevaba vela latina; en el siglo XVI su popa se hizo de espejo o plana. Estas que nos ocupan se trataba de dos de 120 toneles: la “Santa María del Espinar” y la “Trinidad” y, una de 150 toneles la “Santa María de la Concepción”, nave capitana comandada por Caboto. La carabela, que se denominaba “San Gabriel” era de 40 toneles y había sido fletada por el mercader catalán Miguel de Rifós, veedor de los armadores. Las carabelas eran naves de alto bordo y arbolaban de dos a cuatro palos según los casos, con aparejo latino, en circunstancias de largos viajes era remplazado por velas de cruz en el trinquete y mayor, su casco era más fino y alargado que el de la nao y su porte inferior. La “Santa María” de Colón era una nao de unos cien toneles: la “Pinta” y la “Niña” eran carabelas. El tonel era una antigua medida para el arqueo o volumen de los barcos, equivalente a cinco sextos de tonelada.

            Tripulaban los cuatro buques doscientos y pocos hombres.

            La armada salió de Sevilla a fines de febrero o principios de marzo de 1526 hacia Sanlúcar de Barrameda, puerto de donde se hizo a la vela el 3 de abril de 1526, siguió la ruta habitual  a  las Islas Canarias, fondeando en el puerto de la isla de Palma el 10 de abril de 1526, permanecieron allí diez y siete días. El 28 de abril zarparon con rumbo a las Islas del Cabo Verde como era usual. La navegación fue acertada pues el 3 de junio de 1526, luego de treinta y seis días de viaje desde Canarias, avistaron tierras del Brasil a la altura del cabo San Agustín (8° 30 sur), al sur de la factoría que mantenían los portugueses en Pernambuco (hoy Recife), de trece hombres dedicados al corte y acopio de palo brasil. Por noticias del piloto Jorge Gomes que había pertenecido a la armada del navegante portugués Cristóbal Jaques, que en 1521 y 22 estuvo en el Río de Solís, quien se encontraba desterrado en ese lugar, Caboto se enteró de la existencia de la factoría, remontando las cuatro naves hacia el norte hasta dar con ella, llevando a Gomes como tripulante con él.

            El piloto Gomes y el factor Manoel de Braga (“factor” era un oficial real que en las Indias estaba encargado de la recaudación de la rentas) en Pernambuco pusieron en conocimiento de Caboto que el Río de Solís conducía a la Sierra de la Plata y al fabuloso imperio del Rey Blanco, la primera era llamada así por abundar en ella el preciosos metal.

            Se mantuvieron en esa factoría desde el 7 de junio en que llegaron, durante tres meses y medio, esperando vientos favorables para continuar su derrota hacia el sur. El 29 de setiembre de 1526 continuaron su itinerario con el piloto  Jorge Gomes de tripulante.

            Aquellos datos que recabó en Pernambuco y la pérdida de la nao capitana “Santa María de la Concepción”, que dio en un bajo, zozobrando entre la isla de Santa Catalina al sur y el continente el día 28 de octubre de 1526, decidió a Caboto a que abandonara el proyecto de la expedición al oriente para dirigirse al Río de Solís a la búsqueda de la Sierra de la Plata que estaba más cercana y casi al alcance de la mano. Para distribuir los tripulantes de la “Concepción”, Caboto hizo construir en la isla de Santa Catalina una galeota o galea (pequeño buque rápido a vela y remo de hasta dos palos) capaz de navegar en aguas poco profundas a la que bautizó “Santa Catalina”. A su finalización, tres meses y medio más tarde, retomó su ruta al sur a fin de  remontar el Río de Solís. Pasaron el Cabo Santa María el 21 de febrero de 1527, internándose en el Río de Solís, dejaron atrás la isla San Gabriel y el 7 de abril fondearon en la desembocadura de un río o arroyo navegable, asentándose en tierra, identificando el lugar como San Lázaro por ser ese día el quinto domingo de pascua. Fue el primer establecimiento español en el Río de la Plata, posiblemente en márgenes del actual Arroyo de las Vacas, según los historiadores amigos: el extinto Coronel don Rolando A. Laguarda Trías y don Aníbal Barrios Pintos, de acuerdo a sus estudios en “La carta más antigua escrita en territorio uruguayo “del primero e “Historia de los pueblos orientales “ del segundo. No obstante, ninguno dio por segura su identificación con dicho lugar.

            Desde San Lázaro, donde se incorporó a la expedición el grumete de Solís, Francisco del Puerto como intérprete, comenzó la primera expansión del poder español en el Atlántico Sur, pues de allí partió el 8 de mayo de 1527 la expedición al mando de Caboto en la carabela y la galeota que fundó el 9 de junio de 1527 el fuerte de Sancti Spiritus, en la confluencia del río Carcarañá y el Coronda que desagua en el Paraná, al norte de la actual ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fé; paralelamente también de San Lázaro salió Antón de Grajeda con las dos naos que restaban, aguas arriba del Río en que hoy denominamos Uruguay, quedando una guarnición en el referido lugar, fondearon en el río que llamaron San Salvador y se establecieron, según Barrios Pintos a partir del 30 de mayo de 1527.

            El 28 de agosto de 1527 se levantó la guarnición de San Lázaro, disminuida por el hambre y las privaciones, para reunirse con el resto de los expedicionarios en Sancti Spiritus, por medio de la galeota “ Santa Catalina” enviada al efecto.

            Caboto y su gente permanecieron en la zona buscando la  mística Sierra de la Plata por el Paraná y el Paraguay hasta 1530, cuando regresaron a España con los restos de la expedición, que por ese entonces estaba unida desde 1528 a la de Diego García, otro navegante cuyo destino era igualmente las Molucas, pero atraído en Pernambuco por la posibilidad de encontrar la Sierra de la Plata se internó en el Río de Solís.

            No obstante el fallido final que tuvieron las andanzas de Caboto y Diego García buscando la esquiva Sierra de la Plata por el Río de Solís, este tomó desde entonces el denominativo por el cual lo conocemos de : Río de la Plata.

            El 25 de diciembre de 1907 Aarón de Anchorena acompañado por Jorge Newbery en el globo aerostático “Pampero” partieron de Buenos Aires, cruzaron el Río de la Plata y aterrizaron en Conchillas, Departamento de Colonia. Entusiasmado por el lugar, Anchorena adquirió sobre la margen izquierda de la barra del Río San Juan y el Río de la Plata, once mil hectáreas que pertenecían a la empresa The River Plate Company Ltd., donde, como todos saben, formó un establecimiento de campo modelo,  único en nuestro país, con un espléndido casco estilo Tudor hoy legado al Estado y usado por la Presidencia de la República , dentro de un campo de mil cuatrocientas hectáreas.

            Ya en 1911 la residencia Tudor estaba finalizada y el 24 de noviembre de 1912 Anchorena dio una fiesta campestre a la cual acudieron en sendos yates, sus amigos de Buenos Aires, entre ellos Jorge Newbery que fue en el aeroplano Bleriot “Centenario” de 50 h.p. con el cual cruzó el río ida y vuelta en ese día, hazaña aeronáutica que todos los años conmemoramos el Instituto Nacional Newberiano de Buenos Aires y la Academia de Historia  Aeronáutica del Uruguay , frente a la tumba de Anchorena, ubicada al pie de la torre monumento de setenta y cinco metros de altura que inauguró a unos cientos de metros de su casa, el 15 de febrero de 1927 en honor a Caboto, convencido que cuatrocientos años atrás en ese día y mes había arribado allí el navegante veneciano, cuando en realidad fue el 7 de abril de 1527 a San Lázaro (que, como se pudo ver, posiblemente estaba situado en el Arroyo de las Vacas).

            Para llegar a esta conclusión de que fue en sus tierras donde se asentaron los españoles por primera vez en el Río de la Plata, Anchorena se basó en las deducciones y análisis de historiadores de varias épocas como, Gonzalo Hernández de Oviedo en “Historia  General y Natural de las Indias” escrita alrededor  de 1550, en ella la parte que nos interesa mediante datos de Alonso de Santa Cruz, veedor de los armadores en la armada de Caboto, quien le contó ... “más delante de las Islas de San Gabriel encontraron un río que se dice Santa Bárbara, que entra en este de la Plata. He allí descargaron los navíos, porque pidieron menos fondo”... El río Santa  Bárbara según Laguarda Trías, parece corresponder al actual de San Juan, por ser el primer curso de agua navegable que se encuentra inmediatamente aguas arriba de las islas de San Gabriel; pero agrega Oviedo que,...”a continuación fondearon en San Lázaro”... y da como elemento identificatorio: que estaba en frente de la isla Martín García. Asimismo Ruy Díaz de Guzmán en “ Argentina, Historia del Descubrimiento, Conquista y Población del Río de la Plata” de 1612, que dice: “... que dejando atrás la Punta Gorda tomó Caboto un riachuelo que llaman de San Juan y hallándolo muy hondable, metió dentro de él sus navíos y de allí lo primero que hizo, fue enviar a descubrir alguna parte de aquel caudaloso río...” (refiriéndose al Uruguay, dando a entender que el asentamiento de San Lázaro estaba en el San Juan). Y finalmente don Félix de Azara sostiene en sus “Viajes por la América Meridional” que San Lázaro estaba localizado en el río San Juan.

            Fundamentado sobre todo en  Ruy Díaz de Guzmán y también en sus lecturas del libro “El veneciano Sebastián Caboto al servicio de España” del chileno José Toribio Medina, obra de 1879, la cual se conserva en la biblioteca de la residencia, muy subrayada por él, lo  indujo a aquel convencimiento. A todo lo que hay que sumar el orgullo de ser el propietario de esos lugares históricos que lo incitó a la construcción de ese increíble monumento, quizá único en América de una persona privada en honor a un navegante.

            En oportunidad de la inauguración de la torre en 1927, Anchorena descubrió una placa donde se lee:

            “15/II/1527 (Primera Fundación Española en el Río de la Plata)

            Sebastián Gaboto levantó un pequeño fuerte abandonado siete

            meses después. En 1555 el Capitán Juan de Romero con 120 soldados

            abrió por orden de Irala los cimientos de la ciudad de San Juan, después

            destruida por los indios”.           

            Placa que padece de varios errores. Primero, como vimos, la fecha del arribo de Caboto a nuestras costas, así como el punto de desembarco y por último  el hecho verdadero de la instauración del poblado de San Juan por el Capitán Juan de Romero fue en realidad en 1542 y no en 1555, por orden de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y no de Irala.

            De cualquier manera  los campos de la Barra de San Juan son sitios auténticos de nuestra  historia, pues la “ciudad” de San Juan aunque efímera, de mayo a octubre de 1542, existió y fue refundada como Guardia de San Juan en 1683 y perduró casi un siglo, hasta que el Virrey don Pedro de Ceballos acabó con la Colonia del Sacramento en 1777, pues el fin de la citada Guardia, entre otras cosas, era ahuyentar los ganados de la cercanía de ese establecimiento portugués para incomodar por hambre a su población.

            Como testigos de esas épocas, quedan trece esqueletos en una especie de pequeño cementerio encuadrado a un lado de la torre, los que fueron descubiertos a instancias de Anchorena por el naturalista argentino Clemente Onelli en 1911.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

 

-       “La carta más  antigua escrita en territorio uruguayo” por el Coronel Rolando A.

       Laguarda Trías

-       “La expedición de Cristóbal Jaques al Río de la Plata en 1521” por Rolando A.  Laguarda Trías

-       “Historia de los Pueblos Orientales” Tomo I por Aníbal Barrios Pintos

-       “Pasajeros de Indias” por José Luis Martínez

-       “Aarón de Anchorena, una vida privilegiada” por Napoleón Baccino Ponce de León

-       “Historia de la Fuerza Aérea Uruguaya” primer tomo por el Tte.1º(Av.) ( R) Juan Maruri

-       “I Grandi Navigatori Liguri” por Amedeo Pescio

-       “História dos Descobrimentos Portugueses” por Damião Peres

-    “San Lázaro, primer puerto del Río de la Plata” por Luis Morquio Blanco

-    Consulta telefónica con el historiador Aníbal Barrios Pintos

 

 

  

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