Historia y Arqueología Marítima

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VELEROS DE FIFE Y COSTAGUTA

EN EL URUGUAY

 
Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Académico Doctor RAUL C. PRADERI

 

 

A nuestro país llegaron en el siglo pasado magníficos yates a vela que disfrutamos pero no supimos cuidar.

Uno de ellos fue el schooner Muriel que llevaba muchos años en nuestro país y estaba amarrado a la escollera de Punta del Este.  En marzo de 1997 por orden de la Prefectura fue cambiado a una amarrazón situada muy afuera hacia el Norte, posiblemente con un muerto demasiado liviano.  Sopló un pampero y el barco rompió la amarra siendo arrastrado a la costa al Sur de la Playa Mansa  donde hay muchas piedras; en ellas perdió parte de la quilla de plomo y en las rocas se abrió un rumbo en su magnífico casco de teca.

En mayo de ese año escribí un artículo en “El País” de los domingos (1), porque el barco seguía varado en  la costa y castigado por los pamperos. En él decía: “El Muriel es uno de los mas hermosos yates de madera que quedan en el mundo”. Mas adelante señalaba “ya identifican al Uruguay como el País donde se hundieron el Graf Spee y el Agamenón. Que no se diga en el futuro: Punta del Este, donde se perdió el Muriel”.

Unos amigos, que eran propietarios del barco me avisaron que tratarían de sacarlo con una grúa terrestre muy poderosa. Fui allí y vi izar lingado al barco aplastándolo transversalmente al levantarlo. Crujía y nos dolía a todos verlo destrozar. Sus restos terminaron arrumbados en el Jaguel.

 

William  Fife III y la goleta Muriel. (2)

Los Fife fueron tres generaciones de arquitectos escoceses que llevaron todos el mismo nombre. William Fife (1785-1865) William Fife ll ( 1821- 1902) y William Fife lll ( 1857- 1944). Este último dibujó el Muriel que fue construído en Bombay (3) con madera de teca para el director de los ferrocarriles ingleses de la India C.T.R. Scovell. Esta madera se endurece en contacto con el agua, no se pudre y es muy facil de trabajar.

Recuerdo que siendo muchacho, un famoso carpintero llamado Bado me mostró un trozo de madera de teca y me contó sus propiedades.

He visto grandes plantaciones recientes de árboles de teca en Centroamérica.  Se usaba para hacer las cubiertas de los barcos pero en este caso se utilizó también para el casco. Proviene de las colinas del Decan, Burma y Tailandia. La cubierta de teca del Bismarck en el fondo del Atlántico está intacta.

Fife construyó otras grandes goletas como la Susanne en 1904 y la Waterwich en 1911 que no existen mas. En 1935 a los 75 años dibujó  la Altair que felizmente ha sido restaurada y está corriendo regatas en el Mediterráneo. Este último barco igual que el Cicely  que diseñò en 1902 tiene la proa recta, que es la característica dominante del casco del Muriel , además de la suavidad de líneas de su popa.

El barco cambió de manos muchas veces. Fue llevado a Londres en 1910 para E.W. Fisher.  Durante la Primera Guerra Mundial la compró John E. Jewell de Kent y  en 1923 el Dr. William H. Barret de Southport, Lancashire.  Luego como sucedió con otros barcos de Fife, fue traído a la Argentina por Guillermo Udaondo (4) que lo vendió en 1929 a José Antonio Aguirre secretario del Yacht Club Argentino de 1928 a 1940. En 1932 lo compró José Carlos Sábate y en 1934 Alfredo Cernadas. Finalmente lo adquirió un colega mío el Dr. Borea y se le modificó el aparejo para poder crucerear, pues su vela mayor era enorme y requería una tripulación muy numerosa para la maniobra.

Se le agregó un mástil de mesana, dividiendo así su velamen. Quedó el palo del trinquete original que era mas bajo como en todos los schooners de dos mástiles. Así lo vi navegando con sus tres cangrejas izadas y entrar en el puerto del Buceo en la década del 40.

El barco fue acusado de contrabando de vinos, pues tenía una bodega muy completa, como correspondía a ese precioso yate. Quedó durante varios años amarrado frente a el Club Nacional de Regatas, en la bahía de Montevideo.

Cuando pasó a manos del Dr. Raúl Jude,(que era el abogado que había actuado en el pleito) éste me pidió consejo sobre su barco que estaba fondeado en el Puerto del Buceo, allí lo fui a ver; tenía la cámara y el interior intactos pues estaba en general muy bien conservado. Le aconsejé quitar los masteleros y con un velámen reducido llevarlo a Escocia para restaurarlo en el viejo astillero de Fairlie en el Clyde. Esto es  lo que tendrían que haber hecho en esa época, pero no disponían de dinero.

Solo lo volví a ver en Carmelo, estaban por cometer el sacrilegio de agregarle una casillería de plastico. En el Arroyo de las Vacas, sin palos lucía las líneas perfectas de su casco y su magnífica proa recta. Un contador amigo: Jorge Soto que asistía a su propietario, se interesó por el barco y me habló, le expliqué entonces el valor que tenía el mismo, cuyos dueños no comprendían.

 

Los veranos en el puerto del Buceo. (5)

Cuando éramos jóvenes, pasábamos el verano en el Puerto del Buceo, allí nos enrolábamos en todos los cruceros y regatas que se presentaban.

El Capitán del Club Francisco Alvarez nos hacía cuentos de barcos y temporales que escuchábamos embobados. Él sabía que podía contar con nosotros.  Un día nos dijo; hay que traer dos finkeles que están en la Barra de Santa Lucía para pintar y arreglar. Allá fuimos con Morassi, Quintero y Vivo. Nos tomamos la “E” que era un tranvía muy grande que iba a Santiago Vazquez.

Los cascos, resecos de estar al sol permitían  entrar la luz entre las tablas del forro.  Los calafateamos con grasa y después de esperar que se abriera el puente del Río Santa Lucía a las 7, navegamos achicando bastante y pudimos llegar al atardecer al Buceo.

El contramaestre del Club había sido dado de baja de la marina, pues quedó tuerto, igual que el almirante Nelson. Se llamaba Jesús Amor y nos hacía cuentos de los grandes capitanes españoles: Churruca y Gravina, como si la Batalla de Trafalgar se hubiera desarrollado solo unos años antes.

También escuchabamos las historias de Eugenio Lauz; hábil timonel que estuvo con Patrone en las Olimpíadas de Berlín. Lo hacía con mucha gracia , era además un gran pescador y adquirió varios yates que transformó en pesqueros como el Pirata de Barrere; el Cangrejo  cuyo casco le compró a Taranco, y el Pingo que había sido el barco de Fernando García, este estaba a cargo de un simpático viejito llamado Merladet.  “Figueto”, Lauz había inventado unos bajíos que según él no figuraban en los mapas: la Piedra del Portugués y el Bajo del Marinero Loco.

Los regatistas argentinos tenían pánico de navegar al Norte de la Isla de Flores, por esa razón pedían que en las regatas fuera obligatorio pasar al Sur de la misma.  Todo iba bien hasta que en una regata a Punta del Este con fuerte viento de Este y marea creciente pasamos con el Pintaroja y el Flamingo por dentro de la restinga de los Pájaros con los barcos argentinos siguiendo nuestras aguas.  Después tuvimos que salir afuera para montar la isla como veremos mas adelante.

Uno de los programas que teníamos con “Figueto”era ir a cazar lisas con escopeta en la Piedra del Rubí, frente al actual Museo Naval.

En verano en lugar de ir a la playa nos bañabamos desde los barcos. Habían grandes nadadores en el Yacht Club, como los hermanos Giuria, que una vez viniendo desde Buenos Aires, remolcaban al Pintaroja para desconcertar a los argentinos haciéndoles creer que nuestro barco muy calmero caminaba sin viento.

Harry Giuria, se tiraba del Bittabí y salía nadando por la boca del puerto como si fuera otro barco, a las dos horas volvía fresco “como una lechuga”.

Uno de los barcos que elegíamos para bañarnos porque era muy alteroso era un gran queche que estaba fondeado y nunca salía a navegar, llamado Shaheen. En el podíamos zambullir de mas altura. A nuestro amigo Ulises Morassi, que era muy mal nadador, tuvimos que sacarlo una vez del fondo, porque se había clavado en el barro.

 

El ketch Shaheen de William Fife.

Durante la guerra civil española, en marzo de 1936, arribó a Montevideo una goleta llamada Exir Dallen con su propietario Fernando Cárdenas.  Éste vendió su barco a nuestra marina, que se transformó en el Aspirante un buque escuela de marineros. A su vez compró en Argentina, un hermoso yate de origen Británico, el ketch Shaheen, que ganó la dura regata de Buenos Aires a Mar del Plata (6) y había ido de Punta Carretas a Punta del Este en tres horas y media con un pampero. Esa joya había sido construida en Fairlie, Escocia, por William Fife lll .

El Shaheen  salió en 1937 del Buceo para realizar un largo viaje oceánico, pero hizo escala en Punta del Este porque se venía un pampero. Fondearon en la bahía, donde las escolleras no eran tan largas como ahora, y como tenía mucho calado, ancló algo mas al Norte, con menos abrigo de la costa, por lo cual el ancla comenzó a garrear y el viento llevaba el barco hacia la playa Mansa.

En eso estaban las cosas, cuando Félix Sienra, el conocido yachtman y viejo amigo, se tiró a nado para llevar un cabo a tierra a fin de poder bajar la tripulación. Con uno más grueso, que se tendió después atado a un árbol del jardín del chalet del Dr. J.J. Amézaga, pudo rescatarse al resto de la tripulación.  Cuando Félix, que era muy joven, muerto de frío llegó a tierra, la esposa del futuro Presidente de la República lo rezongó por su audacia. El barco se salvó y siguió navegando.

El chalet vecino de Stanham pasó a llamarse Shaheen y allí quedó la campana de bronce del barco. El ketch que conocimos fondeado en el Buceo fue transformado varios años después en un pesquero motor- sailer por los hermanos Cotelo. Se sacó el plomo de la quilla, colocando lastre exterior e interno de hormigón, se cambio el aparejo por velas bermudas y se acortó el bauprés, bajando el centro vélico.(8)

Es realmente increíble que en nuestro país nos dimos el lujo de que dos barcos magníficos, de William Fife hallan varado con 60 años de diferencia en el mismo lugar de la costa de Punta del Este.  No se como terminó el Shaheen, cuando pinté el cuadro; hablé con los hermanos Cotelo, (8) que lo llevaron a La Paloma como pesquero con su nuevo aparejo.

 

LOS BARCOS DE LA CLASE INTERNACIONAL SEIS METROS EN EL URUGUAY

Los seis metros de Fife

El arquitecto naval escocés, fue pionero en la construcción de barcos de la clase internacional seis metros; con aparejo bermuda o marconi.  Los anteriores izaban cangrejas; en el Uruguay hubo uno solo con ese velamen: el Doris que estaba en la bahía de Montevideo, en el Club Nacional de Regatas. El aparejo Marconi se llamó así porque la jarcia con varias crucetas y obenques altos y bajos simulaba las antenas de telegrafía sin hilos, que utilizaba el ingeniero italiano.

En el período entre las guerras mundiales, el Yacht Club Argentino,(4) compró en Inglaterra por intermedio de Mr. Livingstone, cuatro Seis Metros de William Fife III; que fue el gran promotor de esa clase olimpica. Ellos fueron adquiridos por varios socios: El Polly por los hermanos Sieburger, el Reg por Eugenio Milhas, y el Karenna quedó para el club. En esa época el  Thisle fue adquirido por el Dr. Loizaga, que poseía el chalet mas austral de Punta del Este (y del Uruguay). Lo timoneaba su esposa Doña Lina. A esa distinguida y elegante dama (timoneaba con guantes) la vi entrar a toda vela a Punta del Este con el Alejandro, un gran yawl cangreja con mesana bermuda y llevarse por delante a una lancha motor, amarrada con un cable de acero a la popa de un gran yate. A un marinero que estaba en cubierta, pisando una vuelta del mismo, al tirar la lancha de su amarra le cortó limpiamente la pierna, lo vi desembarcar en el muelle con el miembro amputado. En esa época no se reimplantaban ni había microcirugía.

Volviendo a los seis metros británicos, cuando esas damas se aburrieron; esos barcos fueron vendidos al Uruguay, pero no conozco los detalles de esa transacción. El Polly  fue el primero en llegar, y corría mano a mano con el Bittabí que había sido traído directamente a Montevideo. Más  tarde cuando yo lo conocí, había sido sacado de clase, pues le habían agregado una carroza.  Los seis metros escoceses, eran muy parecidos, todos tenían un largo cockpit rectangular.

En los años cuarenta ocurrió en el Y.C.U. un hecho gracioso que certifica esa similitud.  Antes de la temporada de regatas, se subían los barcos al varadero, para limpiar fondos, calafatear y pintar.  Se habían levantado dos seis metros de Fife.  Un domingo llegó la familia Hormaechea; para pintar el casco de su barco, que era uno de ellos y ya estaba calafateado.  Más tarde apareció Biraben, un simpático timonel propietario del Reg y les dijo riéndose: -¡Muchas gracias por pintarme el barco!  En realidad era así, habían pintado al Reg en  vez del Thistle que estaba en una anguila a su lado. Éste último era un precioso barco mas calmero y el Reg era mas ventolero.  Con el tiempo, el primero fue adquirido, por Mateo Frugoni, y el segundo por Alex Hugues, dos conspicuos regatistas.

Hay una interesante anécdota que pocos conocen sobre éste último y su barco.  Mi distinguido amigo: Alex Hugues, que se hizo famoso por traer navegando de Europa, al Blue Disa, con una aguerrida tripulación, tenía una medalla de oro, que lucía con discreción.  Un día se la pedí para mirarla y observé que en ella figuraba un nombre y un agradecimiento, así descubrí una hermosa historia que Alex me relató.

En la época de Perón, un argentino prisionero en la Isla Martín García, fue rescatado por Hughes, cuando cruzó una noche con el Reg por el Canal del Infierno. El evadido llegó a nado al velero.  Años después, se le colocó al Reg una mesana quedando con un aparejo de yawl similar al Pintaroja.

 

Los seis metros suecos

En las Olimpiadas de Berlín, los argentinos corrieron con un seis metros sueco el Viking, timoneado por German Frers, que ocupo el cuarto lugar. Tal vez por esa razon aparecieron el el Rio de la Plata dos barcos de esa clase construidos en Suecia.

Nunca navegué en los barcos de Fife, pero lo hice en los seis metros suecos Bittabí y Trahamba, más modernos y veloces. El Trahamba, fué traído desde Buenos Aires por Francisco Alvarez y Carlos Saez. El viaje no fue fácil, pues agarraron un “Nortazo”, que lejos de nuestra costa, arbola mucha marejada. (5)

Su primer propietario uruguayo fue el barraquero Alberto Puig, que luego se lo vendió a Román Fresnedo; distinguido Arquitecto, autor de la Facultad de Arquitectura, del Sanatorio Americano, y del edificio de O.P.S. en Nueva York. También fue arquitecto naval y diseñó al Astral: un magnífico  yawl que luego fue vendido al extranjero. Corrí en el Trahamba  en 1944 y al año siguiente pase a tripular el Bittabí, este  era propiedad de tres grandes timoneles: Carlos Vivo, Julio Goldie, y Luis Castillo, completábamos su tripulación Jorge Vivo, Freddy Guiria, y el autor.

Los seis metros Suecos, se diferenciaban de los Británicos; pues tenían dos cockpits, con una mesa de maniobra, muy accesible entre ambos donde estaban los molinetes para cazar las escotas.  El ancho cockpit de popa, era muy cómodo para timonear desde sotavento con viento suave, apoyándose en la brazola curva.

Existía en el Buceo, otro barco de esa clase, llamado Golliwog, construido en Holanda; al cual se le cambio el nombre por Mosquito. Era propiedad de un sindicato entre los cuales estaba Guillermo Ares, Felix Sienra, y “el gordo Pollio”. Tuve oportunidad de correr en él, al timón de Ares, y creo que ganamos una regata.

Las regatas de seis metros eran muy divertidas, largábamos entre las escolleras del Puerto del Buceo con tres o cuatro barcos.  Recuerdo una vez que el Thistle nos pidió agua para pasar entre nosotros y la escollera Oeste; Goldie, que timoneaba el Bittabí le dejó un espacio poco mayor que la manga y le gritó: - ¡Tiene agua!..  Pasamos con ambos barcos sin tocarse ni rascar las piedras. ¡Esas eran  finuras!

La mejor de todas las regatas de seis metros era la que se corría al Banco Inglés, a 18 millas al S.S.E. del Buceo. Una sola vez participaron los seis buques de la clase. Había que dar la vuelta al pontón, cuyos aburridos tripulantes nos miraban con envidia; la ganamos con el Bittabí. Recuerdo con satisfacción  aquellas empopadas de retorno hacia el Buceo, a la sombra del spinaker desplegado con el viento del S. E y una navegación apacible.

Fue una época gloriosa, todavía vienen a mi memoria las discusiones entre Goldie y Castillo sobre el uso del rompedor en los spinaker empabilados.

 

Los ocho metros de Attilio Costaguta.

Cuando empecé a navegar en 1944, había en el varadero del Y.C.U. un barco de bellas líneas, en un anguila con un enorme agujero en el casco.  Me explicaron que se trataba del Etra un velero de la clase internacional ocho metros, que un día de poco viento, había negado una virada,  yéndose a las rocas que perforaron su casco. Ese barco había sido traido a la Argentina, por Nicanor Salas Chavez., y fue comprado años despues por un sindicato, integrado por socios del  Yacht Club Uruguayo: Carlos Vivo, Julio Goldie, Raúl Previtale, Crisólogo Brotos, Carlos Giuria, Ribot y otros que no recuerdo.

Luigi Patrone era un eximio timonel uruguayo, a quien todos admirábamos; que había competido en las Olimpíadas de Berlín en 1936, en yola olímpica, obteniendo un tercer, un quinto y un octavo lugar en las regatas que se corrieron en Kiel.  Me gustaba conversar con él, pues era muy sencillo y amable. Un día me contó que el Etra era dibujo de Atilio Costaguta: famoso Arquitecto Naval Italiano y fue un velero famoso en la Costa Azul. Costaguta había diseñado antes al Delphis que también fue traído al Uruguay desde la Argentina y en 1935 el Aria que quedò en Italia.

En 1936 se construyó el Italia en el astillero Costaguta de Gènova, que ganó la clase en la Olimpíada de Berlín derrotando al Germania, que era la esperanza de los marinos alemanes y de...Hitler (9).

Los argentinos habían comprado en Stettin un ocho metros al que llamaron Matrero II, de diseño sueco, que llevaron a Kiel navegando por el Báltico, para probarlo, y constataron que no era muy ceñidor.

Durante la Olimpíada Costaguta le dijo a Patrone algo así: ¿Porqué los argentinos no trajeron al Delphis o al Etra?, con esa tripulación que era la mejor, podían haber ganado la Olimpíada.

En cuanto al Delphis, quedó mucho tiempo amarrado en una boya del Buceo; pero un día cambió de dueño y su nuevo propietario, cuyo nombre no recuerdo me invitó a probarlo.  Salimos un domingo de mañana a dar una vuelta con mayor y foque, también lo hizo el West-Wind, un yawl de Olin Stephens, propiedad del Ingeniero Félix Castillo, del cual yo era tripulante.  Con ese sencillo velamen, el Delphis caminaba mucho mas que el yawl, al que dimos varias vueltas alrededor. Sus líneas eran distintas al Etra que tenía una proa muy elegante, se decía que éste era mas calmero, aunque nunca pudimos cotejarlos navegando. Es interesante señalar que el Aria y el Italia que fueron escondidos durante la guerra, fueron reconstruìdos después y siguen navegando en el Mediterràneo. Mientras el Etra y el Delphis que no salieron del Uruguay fueron desguazados.

 

Mario Bottini, Freddy Giuria, y el Pintaroja.

Finalmente el casco agujereado del Etra, fue llevado al recién instalado astillero de Rosendo en el Buceo; allí lo reconstruyeron  bajo la dirección del Ingeniero Naval Mario Bottini, con carroza, cuchetas y conejeras transformándolo en un moderno barco para correr regatas de Handicap.

   El aparejo fue cambiado, se conservó intacto el palo que se enderezó aumentándo la base del triángulo de proa para poder izar yankee y trinquetilla. Se le agregó una mesana; El nuevo yawl pasó a llamarse Pintaroja. Tuve la suerte de navegar en él desde su botadura.

   Con el nuevo aparejo tenía demasiado superficie vélica, y por consiguiente tenía un rating muy alto 174” por milla; con ese velamen corrió la regata Buceo- Punta del Este en 1946 que le ganó al Chajá, un yawl argentino por un minuto.

 A  instancias de Freddy Giuria, se resolvió corregir el aparejo; el mismo diseñó el nuevo plano vélico con las siguientes modificaciones:

1.     Acortar el palo 1.40m, seccionándolo por la base.

2.     Correrlo algo mas atrás agrandando el triángulo de proa.

3.     Recortar la vela mayor por la relinga  y el pie, dejando la baluma original.

4.     Acortar la botavara conservando el “Rolling- Boom” que permitía rizar la vela enrollándola.

5.     Colocar el palo de mesana mas adelante para que esa vela quedase sobre el casco y poder cazarla bien en bolina.

Todos estos cambios bajaron el rating a 163” por milla,  pues quedó menos velado y con el centro vélico mas bajo.

   El yawl con su nuevo aparejo, corrió y ganó muchas regatas; era propiedad de Carlos Giuria y Carlos Vivo, a los que les dio muchas satisfacciones y también a nosotros: sus fieles tripulantes.

Solo relataré una regata, con algunos antecedentes; En 1949, con el nuevo velamen era difícil apreciar que se había acortado el palo, así fuimos a Buenos Aires, en el viaje tuvimos que correr un fuerte NW ( el viento mas traicionero del Río de la Plata) y fondeamos en Dársena Norte frente al Y.C.Argentino donde exhibimos el nuevo certificado de medición, que como ya expliqué bajaba nuestro handicap.

   Hace 56 años, durante la XlV Olimpíada  realizada en Londres en 1948, después de la 2ª guerra, se corrió una regata oceánica desde Brixham a Santander en el Norte de España.  Fue ganada por el Myth of Malham, un revolucionario velero inglés, dibujo de Laurent Giles, pero en segundo lugar se clasificó un magnífico cutter argentino, el Joanne, dibujo de Germán Frers el famoso arquitecto naval de Buenos Aires.

Pocos meses después, su propietario Renée Salem trajo el barco a su país, para correr la regata Buenos Aires- Buceo- Punta del Este.

Los uruguayos fuimos a Buenos Aires con seis barcos para competir contra quince yates argentinos.  La noche antes de la largada vimos en el muelle del Yacht Club Argentino, el primer spinnaker de nylon que llegara al Río de la Plata, que los tripulantes del Joanne estaban empabilando para simplificar en la regata la maniobra de izada .

Al día siguiente, la regata se inició de tarde desde la Dársena Norte con viento del Este; largamos y bordejeamos hacia la costa uruguaya, luego el viento viró al Norte y calmó mucho al amanecer.  Cuando a la mañana siguiente, cruzamos el Canal de Puerto de Montevideo, nos dimos cuenta que estábamos primeros, y para confirmarlo salió un guardacosta de nuestra Marina que nos saludó. Hacia popa, al W se veía en el horizonte una mancha celeste, era el spinnaker del Joanne que tanto nos había impresionado antes.  Entramos al Buceo con más de una hora de ventaja sobre el mismo.ganando la serie.

En la segunda serie ganó otro barco uruguayo, el Flamingo: un dibujo de Owens, entrando segundo: el Tabú y en cuarto lugar el Amalandro del Y.C.U.  En la tercera categoría ganó el Petrel: un pequeño barco timoneado por Félix Sienra con Harold Vignols de tripulante, y segundo se clasificó el Upa otro barco oriental timoneado por “Pepe” Gainza. Los seis barcos uruguayos habíamos ocupado los mejores puestos en la regata.  El comentario de nuestros rivales fue que el Pinta era un barco calmero y que el Petrel había caminado bien por los vientos suaves y poca marejada.

   De la segunda etapa que se largó al día siguiente, transcribo un fragmento de la crónica publicada en El Gráfico (10), escrita por Martínez Vázquez, reputado cronista de yachting argentino:  “.... El start se efectuó frente al Buceo con viento E.S.E de 40 Kms y mucha mar a las 18.10.  El espectáculo que ofrecieron los 21 yachts fue sensacional. Escorados al máximo, con sus cubiertas barridas por las olas y buena parte de ellas bajo el agua.  Las tripulaciones, apretujadas en los cockpits con sus característicos trajes, eran azotadas por los golpes de la marejada. En cuanto a los que trabajaban en cubierta desaparecían parcialmente.  Al dispararse el cañonazo de la largada la flota cruzó la línea amontonada dando la impresión de que se pasaban por ojo. Pero la pericia se impuso. El start se efectuó limpio, sin colisiones.  Al anochecer: los uruguayos pasaron entre la peligrosa Restinga de la Luz y la costa, siguiéndoles algunos argentinos.  El viento aumentó y el cielo puso peor cara, con chubascos y relámpagos.  Poco después de la caída del día el viento refrescó, llegando a soplar a mas de 50 kms; convirtiendo la regata en una penosa navegación.  Luego saltó a E.N.E; los yachts debieron navegar con bordes cortos para acercarse a tierra en busca de un reparo parcial.  Los que mas se aterraron sacaron mejor provecho, como casi siempre acontece.  La pasada  obligatoria al S. de la Isla de Flores empeoró las condiciones por la mucha mar que allí se arbolaba.  A la mañana siguiente, a las 9.30 se vió aparecer detrás de la Isla de Gorriti, pero muy a sotavento, al Joanne.  Los uruguayos en el muelle empezaron a manifestar preocupación, pero poco antes  de las 10 apareció como de sorpresa, bien pegado a la Isla, el Pintaroja.  Ya el Joanne había virado y se dirigía de bordada a la meta. Gran expectativa. Los dos yachts iban de encontrada.¿Quien pasaría primero?. Lo hizo el Pintaroja con ventaja ....”

   Los uruguayos habíamos vuelto a ganar, con viento fresco y mar gruesa, la clasificación general y la serie A.  En la serie B entraron primero y segundo el Flamingo  y el Tabú.  El Upa llegó 2° en la serie C.  El diminuto Petrel tuvo que volver al Buceo con otros siete barcos debido a la fuerte marejada.  Algunos tripulantes del Joanne, nos comentaron que ellos habian corrido en el viejo Etra en la Argentina, cuando era propiedad de Salas Chavez.

Desde entonces Martínez Vázquez, cuando se refería al Pintaroja decía el “Fantasma del Río de la Plata”.

 Epílogo.

   No se si me equivoco pensando que todo lo de antes fue mejor, pero estoy demostrando que en este pequeño país pudimos disfrutar de barcos de Fife, Costaguta, Stephens (West Wind), Owens (Flamingo) y Frers (Tabú) el gran arquitecto naval argentino.

   Actualmente como ya señalamos, varios barcos de Fife se han reconstruído y hace pocos años se realizó en Fairlie un festival al que concurrieron diversos barcos por él diseñados.

   Lamentablemente, el famoso timonel breton Eric Tabarly cuando navegaba hacia allí por el mar de Irlanda, en su cutter de Fife Pen Duick l se accidentó falleciendo ahogado. Por el contrario en el Uruguay esas reliquias quedan ancladas en los puertos, nadie conoce su historia, son maltratadas y destruídas como ocurrió con los veleros de Fife que había en nuestro país.

   El Alférez Cámpora, ex Achernar que fue el primer yate uruguayo en dar la vuelta al mundo, era de hierro y no ocupaba mucho lugar: ¡ Igual fue desguazado! También lo fue el Río Negro último de nuestros gloriosos pequeños guardacostas que cruzaron el Atlántico, hace setenta años.

 REFERENCIAS   BIBLIOGRÁFICAS.

  1. Praderi, R. C., “Los Barcos de William Fife”, El Pais de los domingos 11 Mayo 1997
  2. Macallister T., “The Fifes of Fairlie”,        Wooden Boat 90:84 – 1989
  3. Pace, E. et alli; “Fife Special issue”,  Classic Boat (123) September 1998.
  4. Yacht Club Argentino, “La Historia de los Primeros Años – 1883 – 1885”, Y.C.A. Buenos Aires 1989
  5. Praderi R. C.,  “Los Barcos y el Mar”,  Ed. La Plaza. Montevideo 2005.
  6. Lloyd’s Register of Yachts 1907- 1908: 170. 1908- 1909: 380. 1928: 453 London.
  7. Olimpia – Sonderheft, “XI Olimpiade Berlin 1936”,            Berliner Ilustrirte Zeitung.

8.    Cotelo, C. y H., “Reparación y modificación del Shaheen”,   Yachting 1 (1) : 46 – 1943.

      9.    Serafini , F., “Veleros”,  Kliczkowski.-Madrid 2002.

  1.  Martinez Vazquez J,    “Regata Buenos Aires - Punta del Este”,  El Gráfico (Bs. As.) 4 de Febrero de 1949.
 

  

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