Historia y Arqueología Marítima

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LA ACTUACIÓN DEL CAPITÁN DE FRAGATA BERNARDO BONAVÍA EN EL RÍO DE LA PLATA

Por:  Licenciada  ANA  MARÍA  MUSICO  ASCHIERO Publicado en Ciclo de Conferencias año 2003

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

I – SUS PRIMEROS DESTINOS

Este trabajo apunta a destacar algunos de los aspectos más importantes de la actuación de Bernardo de Bonavía en el Río de la Plata, ya que el análisis de su desempeño en cargos de responsabilidad operacional con los que prestigió, tanto a la Real Armada Española como a la de las Provincias Unidas del Río de la Plata, excedería nuestro límite temporal de exposición.

Bonavía inició su carrera militar en España, en abril de 1768 como alférez del Regimiento de Plasencia, su ciudad natal. En 1782 pasó a prestar servicios en la Armada, como Alférez de Navío.

Para esa época, la geopolítica de la corona hispana consideraba como su centro operativo más importante el Atlántico sur, por lo que Carlos III dispuso, mediante una Cédula del 9 de agosto de 1776, la creación del Virreinato del Río de la Plata y la instalación de un Apostadero Naval en la ciudad de Montevideo.

Poseedor de un elemento estructural único en el Plata, una bahía en herradura de fácil acceso, el puerto de Montevideo era el único refugio de recalada y seguro fondeadero desde Santa Catalina hasta el estrecho de Magallanes, en un frente de 12.000 leguas marinas. (1).

Inicialmente dependieron del nuevo Apostadero dos fragatas y dos sumacas o bergantines cuya misión fundamental consistía en el resguardo del Río de la Plata y la protección de las islas Malvinas.

A principios del siglo XIX fueron destinadas a este último servicio las corbetas Descubierta y Atrevida. Su comandante era, al mismo tiempo y por el término de un año, gobernador de las islas.(2)

Mientras una de las corbetas, en funciones de buque de estadía, servía de base a la colonia de Puerto Soledad, y su dotación se ocupaba de cubrir las pequeñas baterías que defendían el puerto, y  de atender la custodia del presidio establecido en 1780, la otra permanecía en el puerto de Montevideo en funciones de vigilancia. A fines del verano se producía el relevo.

A comienzos de 1802, Bernardo Bonavía arribó al Río de la Plata, con el grado de Teniente de Navío. Fue designado Gobernador de Malvinas, y el 17 de marzo inició su gestión en Puerto Soledad, por entonces el único lugar habitado de las islas. El 5 de octubre de 1802 ascendió a Capitán de Fragata, y el 18 de abril de 1803 fue reemplazado por el Teniente de Navío Antonio Leal Ibarra.

Su segundo mandato tuvo lugar entre el 21 de marzo de 1804 y el 21 de marzo de 1805.La tercera gestión, iniciada el 20 de marzo de 1806, excedió con creces el plazo estipulado, ya que al producirse poco  después la primera invasión inglesa al Río de la Plata, las Malvinas no pudieron ser aprovisionadas durante un largo tiempo.  Así fue como Bonavía y el resto de los sufridos habitantes de Puerto Soledad, tuvieron que soportar todo tipo de privaciones de las que el gobernador diera noticia a sus superiores en forma reiterada.

Años más tarde, en un informe al rey Fernando VII, declaró que estuvo en Malvinas “.... cerca de tres años, en ellos la circunstancia de un estrecho bloqueo, lo reduxeron al triste estado de alimentarse con carne de caballo y vestir pieles de lobo marino, deteriorarse su salud hasta un grado que será imposible repararla ....” (3)

Al caer Montevideo en poder de los ingleses el 3 de febrero de 1807, Sobremonte se lo comunicó a Bonavía, y le expresó su preocupación de que el ataque se extendiera a los puertos de la costa patagónica y a las Malvinas.  Bonavía contestó manifestando estar dispuesto a resistir toda invasión, y mantener esa posición dentro de los dominios del rey.

Pese a la situación crítica que se vivía en Puerto Soledad al carecerse prácticamente de víveres y armamentos, Bonavía expresó que “.... igualmente conforme en las estrechas circunstancias a la retardación, sea cual fuere del relevo del buque...deseo siempre seguir con los individuos que lo dotan, por el honor que resulta a los capitanes el no dejar sus mandos ....” (4)

Para cumplir con estos altos objetivos, Bonavía elaboró un plan de defensa del establecimiento de Puerto Soledad, en el que señalaba que “.... al mismo tiempo que el arte de la guerra previene que en el caso de estar en ella...se aumenten las fuerzas y vigilancias en todas las plazas, fortalezas, castillos o puertos en que se arbole el pabellón nacional, sin omitir la menor preocupación y medios más oportunos pa.mantenerlo con el decoro y tesón que exige el honor de la carrera de las armas y de la nación...se hace preciso que todos los individuos que ocupan este establecimiento...hagan el deber en que están empeñados, conspirando todos a adquirirse la Gloria de no dejarse vencer pr.enemigo igual o superior ....”(4)

Para defender la isla y el establecimiento de Puerto Soledad, Bonavía proyectaba  agregar a la ya existente, dos baterías “.... con proporción al calibre de la Artillería qe.las ocupan, y número de individuos que la sirban, habiendo situado éstas en los parajes más ventajosos a los puntos de vista de campos y cañadas, flanqueándose mutuamente sus fuegos....”(5)

Esta estrategia estaba destinada a impedir tanto la toma del establecimiento, como la de la batería ubicada en el puerto. En caso de que, por ser muy superiores en número, los ingleses pudiesen tomar las primeras baterías, las tropas españolas deberían retirarse en forma sucesiva, y mientras parte de ellas seguirían sosteniendo el fuego hasta el momento de abandonar la posición, el resto debería clavar los cañones, es decir, inutilizarlos para que no pudieran ser usados por el enemigo, obturando mediante clavos de hierro, el oído u orificio donde se introducía la pólvora que deflagraba la carga propulsora. Además tendrían que desguarnecer las cureñas de sus ruedas.

Bonavía destacaba especialmente la importancia de sostener el fuego en todo momento con eficacia y valor pues, “.... dado que el alcance y capacidad para batir blancos diversos que tienen las masas arrojadas por los cañones es incomparablemente mayor al de las armas de infantería, resultaría factible rechazar el ataque de un crecido número de tropas ....”(6)

Estimaba que otro aspecto fundamental para lograr el éxito en la acción consistía en brindar información adecuada a cada soldado acerca del destino que debería ocupar, al que tendría que acudir a la primera orden o toque de campana.

El plan finalizaba con una detallada exposición acerca de la neta superioridad operativa de la artillería respecto del resto de las armas. Considera que “.... el buen uso del cañón es muy superior a qualesquiera de otras fuerzas que no lo tengan, hecho acreditado en numerosa acciones en los campos de batalla, al punto que todos los ejércitos se sirven de trenes volantes de artillería, desde el calibre más grueso hasta el inferior ....”(7)

Pero la obtención de la victoria no se podría basar, según Bonavía, únicamente en el mayor alcance y en la eficacia en el manejo de los proyectiles, sino que era fundamental, “.... sobre todo el deseo a la Gloria del vencimiento qe.espero tengan los Individuos qe.pa.este fin se le dan los destinos convenientes como se expresan ....”(8) 

En el señalamiento de destinos, colocó como  Comandante de la Real Batería de San Carlos al Teniente de Fragata Antonio Cañola, secundado por 33 tripulantes y 5 presos. Esta batería estaba situada en lo alto de una pequeña cuesta que dominaba la población y tenía forma pentagonal. Las otras dos baterías contaban respectivamente, con 23 y 22 hombres cada una. En una lancha equipada embarcarían 15 tripulantes.

A bordo de la corbeta “Descubierta”, la que debería acoderarse y situarse bajo los tiros de la batería del puerto, embarcarían 14 marinos. El hospital estaría asistido por el cirujano, el vicario y 5 ayudantes. La caballada sería cuidada por tres hombres, otros 4 se ubicarían con los carros, 2 con la boyada, y habría 3 centinelas apostados, en previsión de ataques nocturnos.(9)

Pero felizmente,el ataque no se produjo, ya que al ser derrotados los ingleses en julio de 1807, se firmó un tratado de cese de hostilidades, y los invasores abandonaron el Atlántico Sur. Bonavía permaneció en Puerto Soledad hasta fines de agosto de 1808, en que entregó el gobierno de las islas a Gerardo Bordas y, al mando de la corbeta “ Descubierta”, regresó a Montevideo. 

II-BONAVÍA Y LA JUNTA DEL 21 DE SEPTIEMBRE DE 1808

El retorno de Bonavía a Montevideo, se produjo en una época fecunda en importantes acontecimientos modificadores del ambiente político y social del Virreinato del Río de la Plata.

La crisis de ideas políticas provocada por la caída de la unidad monárquica en España, generó en Hispanoamérica la toma de conciencia acerca de la progresiva disolución del vínculo de las colonias con la metrópoli, imposible de mantener incólume en medio del ciclo de guerras revolucionarias.

El pensamiento de la Ilustración había adquirido una considerable influencia en el Río de la Plata, donde muchos jóvenes aspiraban a lograr transformaciones radicales en el gobierno basadas en la ideología liberal, promotora del estado constitucional, la libertad individual y la económica.

Desde el punto de vista político, la situación era sumamente tensa, ya que el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, acérrimo defensor del legitimismo español, estaba en total oposición al virrey Liniers, a quien acusaba de tener contactos con Bonaparte. Esta posición era compartida por el partido español y por el Cabildo de Buenos Aires.

La crisis de la unidad rioplatense fue consecuencia de una variedad de causas de antigua data, entre las que prevalecían intereses opuestos y contradictorios de carácter económico.

Estas insalvables divergencias culminaron el 21 de septiembre de 1808 con la creación en Montevideo de una junta de gobierno independiente de Buenos Aires.

Luego de algunas modificaciones, finalmente quedó integrada por Elío como presidente, representaban al Cabildo Pascual José Parodi, Pedro Francisco Berro y José Manuel Ortega; a la iglesia los sacerdotes José Manuel Pérez Castellano y Francisco Javier Carballo; al comercio Miguel Antonio Vilardebó, Pedro José de Errasquín, Joaquín de Chopitea y Mateo Gallego; a la Aduana su administrador José Prego de Oliver; al Ejército los Coroneles Prudencio Murguiondo, Juan Balbín Gonzalez Vallejo, y Francisco Antonio Luaces. También formaron parte de ella el asesor de gobierno José Eugenio de Elías, y el de marina Lucas José Obes. Pedro Feliciano Sainz de Cavia oficiaba de secretario.

A principios de octubre se incorporó, en representación de la Marina, el Capitán de Fragata Bernardo Bonavía, en quien recayó además la Comandancia de Marina  “.... por precisa sucesión de antigüedad ....”.(10)

Analizando la composición de la Junta, se observa que está integrada por los sectores más representativos de la sociedad montevideana de entonces, sustentadores de las más diversas ideologías: su presidente, Elío, era un español enclavado en el absolutismo, fiel hasta el sacrificio a Fernando VII; los comerciantes, opuestos al restriccionismo comercial, aspiraban a una política económica libre de trabas e imposiciones.

Otro sector, ampliamente identificado con la ideología liberal, era el de los escribanos, diplomáticos y jurisconsultos, hijos de familias burguesas educados en universidades virreinales o de la metrópoli, tales como Sainz de Cavia, Lucas Obes y Nicolás Herrera, a quienes Bonavía se encontraba fuertemente ligado por lazos de amistad, y además, con los dos últimos, de parentesco.(11)

A poco de instalarse la Junta, Bonavía fue comisionado  junto con Murguiondo, Berro y José M. Pérez, para preparar un plan de reparación del muelle del puerto de Montevideo.

El Consulado de Buenos Aires, desde su instalación en 1794, había recibido de los comerciantes de Montevideo $ 100.000 en concepto de impuestos de avería, sin que de esa suma se hubiese invertido en Montevideo más que el costo del fanal del cerro, un lanchón y algunas amarras de auxilio.

Durante las Invasiones Inglesas, el Consulado estableció un nuevo tributo del medio por ciento para costear dos buques guardacostas. Al asumir la Junta de 1809 el gobierno, y comprobar que los gastos de los guardacostas estaban sobradamente cubiertos, determinó que lo recaudado durante su mandato, junto con lo percibido por el impuesto de avería, se destinase a las mejoras del muelle, y que en adelante, se aboliese el impuesto relativo a los guardacostas.

Los comisionados estimaban que el mantenimiento del muelle, de los pontones para la limpieza del puerto, de los auxilios para los buques en situación de riesgo en el puerto y sus cercanías, y del fanal de la isla de Flores eran de suma necesidad, y que para su atención se necesitarían más fondos que los obtenidos por el impuesto de avería, y dado que esas obras serían útiles y necesarias para el comercio, solicitaban destinar a esos fines el impuesto otrora derivado a los guardacostas.

El 30 de junio de 1809 arribó a Montevideo el Teniente General de Marina Baltasar Hidalgo de Cisneros, designado Virrey del Río de la Plata, cesando en sus funciones la Junta presidida por Elío, quien pasó a ejercer las funciones de Gobernador de Montevideo

 Como el plan de reparaciones había sido aprobado por la Junta de Capitanes y Maestros de Navío, Comerciantes y Hacendados, sus autores solicitaron a Elío que informase a Cisneros acerca del estado de la cuestión, para que éste decidiera “.... lo que le parezca más conforme y conducente al bien del Estado, único blanco al que dirigieron sus pasos todos los vocales de la Junta, y los diputados particularmente a la obra de que se trata en este informe ....” (12)

Respecto de su gestión en esta época, en un oficio enviado al rey el 24 de agosto de 1811, Bonavía comentaba que “.... fue vocal de su junta Provisional y Comandante de Marina, por manera que el respetable cuerpo de aquel Cabildo no pudo menos que recomendar de oficio con repetición a V M el mérito del exponente...” (13)

Junto con Cisneros había llegado a Montevideo el Capitán de Navío José María Salazar, nuevo Comandante General del Apostadero, quedando Bonavía a cargo de la Comandancia de Matrículas. 

III-BONAVÍA Y LOS SUCESOS DE 1810

Rechazada la Primera Invasión Inglesa en 1806 se había advertido en el Río de la Plata la imperiosa necesidad de aumentar los efectivos militares del Virreinato para enfrentar futuros ataques.

Liniers, designado Comandante General de Armas, creyó oportuno valerse del entusiasmo reinante a raíz de los sucesos de agosto, e instituyó el servicio de milicias como una prestación obligatoria. Así en pocos meses, se produjo una verdadera militarización de la ciudad de Buenos Aires, en la que se estableció un campamento en el que se adiestraban a diario los milicianos, organizados en cuerpos según su procedencia. Los jefes, quienes a su vez nombraban a los oficiales, eran elegidos a propuesta de la tropa.

Esta nueva organización militar generó nuevo grupo dentro de la elite urbana,  integrado por los comandantes y jefes de esos cuerpos milicianos, entre los que se advertía un creciente predominio del elemento americano (5.000 criollos frente a 3.000 peninsulares), quienes anteriormente se habían encontrado marginados social y políticamente, ya que los españoles ocupaban los roles y status más altos en la actividad colonial.

En Montevideo, plaza fuerte con mayor población militar que civil, los españoles predominaban en número y eran hostiles a los criollos. El Virrey Vértiz había creado, en 1779, un batallón de infantería de milicias. Un año después, se organizó un cuerpo de artillería, en cuyos cuadros revistaban jefes, oficiales y soldados pertenecientes a las familias de más antiguo arraigo en la sociedad montevideana.

A principios del siglo XIX, la unidad creada por Vértiz se denominaba Batallón de Voluntarios de Infantería de Montevideo. Al frente se hallaba el Capitán Juan Balbín Gonzalez Vallejo, cuya destacada actuación en la reconquista de Buenos Aires le valiera el ascenso a Comandante. Poco después el batallón se transformó en el Regimiento de Milicias de Infantería Ligera, y Vallejo permaneció en el mando. Su hijo Luis comandaba un batallón.

El 23 de julio de 1807 Liniers formó un cuerpo de voluntarios compuesto de 10 compañías con 80 plazas cada una, con la denominación de Voluntarios del Río de la Plata, destinado a servir de guarnición en Montevideo. Fue puesto al mando de Prudencio Murguiondo, hasta entonces Comandante del Batallón de Voluntarios Urbanos Cántabros. Muguiondo llevó a tal punto la disciplina de su cuerpo, que en breve tiempo pudo competir en destreza con los más veteranos.

Tanto Murguiondo como Vallejo eran españoles de origen, pero su profundo arraigo en el Río de la Plata los equiparaba a los criollos. Las tropas eran en su mayoría, de origen americano.  

Merced a sus importantes antecedentes militares, entre los que se destacaban su actuación en la Reconquista de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806, estos dos cuerpos aspiraban a ser inscriptos en los cuadros del ejército veterano.

Las autoridades peninsulares se negaban a satisfacer sus aspiraciones, al tiempo que rehusaban entregar despachos de línea a sus oficiales. Esto provocaba un gran malestar, acentuado por el recargo permanente del servicio.

Desde principios del siglo XVIII, la Real Armada Española seleccionaba a su oficialidad en base a la demostración de la limpieza de sangre y en la posesión de un título nobiliario. El ingreso de americanos en la Armada era permitido, siempre que padres y abuelos del aspirante cumplieran estos requisitos.

Los marinos se sentían orgullosos de haber compartido con los guardias de corps en sus épocas de cadetes, la custodia de la Corona. Su acatamiento a las autoridades establecidas, y su deseo de conservar para el rey y para su patria las posesiones de ultramar, hacían que los gobernantes de Montevideo se apoyasen en ellos para fortalecer su autoridad, y le otorgasen privilegios de los que carecían las fuerzas del Ejército.

Por todas estas causas, siempre habían mirado con aires de superioridad a las tropas de tierra, especialmente a los milicianos, reclutados entre comerciantes, gremios y corporaciones de las ciudades.

Los marinos no aceptaban el sistema de elección de los jefes y oficiales de los cuerpos de milicias impuesto durante las Invasiones Inglesas, dado que de esta manera su nombramiento recaía en quienes luego serían sus subordinados. Asimismo rechazaban su participación en un pie de igualdad en las decisiones militares.

La circunstancia de que los integrantes de las milicias fueran en su gran mayoría de origen americano, partidarios de las nuevas ideas liberales y con legítimas aspiraciones de libertad civil, y el hecho de que el Regimiento de Voluntarios del Río de la Plata hubiese sido creado por Liniers, cuya fidelidad a España era puesta en duda por los realistas de Montevideo, contribuían a aumentar la animadversión que sentían los marinos hacia las tropas de tierra, especialmente el nuevo jefe del Apostadero Salazar, cuya cosmovisión le impedía comprender y admitir la menor segregación del imperio colonial, ni forma alguna de gobierno diferente de la tradicional.

Producida la Revolución de Mayo, el Teniente Coronel Martín Galain marchó hacia Montevideo a fin de solicitar de su Cabildo el reconocimiento de la Junta porteña. En un primer momento, la reacción de aquél fue favorable, manifestándose partidario de reconocer, aunque en forma condicional, al nuevo gobierno establecido en Buenos Aires, pero por presiones de Salazar, el Cabildo Abierto reunido en Montevideo, resolvió el 2 de junio, reconocer al Consejo de Regencia.

 La Junta envió entonces a su secretario Juan José Paso, pero el grupo realista intentó por todos los medios impedir su gestión. Salazar ordenó el desembarco y acuartelamiento en el Arsenal de toda la tropa de Marina, un total de 200 hombres. Paso llegó el 12 de junio, y se alojó vigilado fuera de los muros de la ciudad, con el pretexto de protegerlo.

En el Cabildo Abierto del 15 de junio, Paso expuso sus argumentos en favor de la Junta de Buenos Aires. Si bien inicialmente logró captar la adhesión de gran parte de los presentes, Salazar pudo revertir la situación presionando a través de oficiales y marinos que, dentro y fuera del recinto, proferían gritos contra el diputado de Buenos Aires.

Fracasada su misión, Paso abandonó Montevideo, pero durante su breve permanencia, se ganó la simpatía de muchos habitantes de la ciudad, principalmente la de abogados y escribanos.

Entre los partidarios de la revolución de Buenos Aires, se encontraba Pedro Feliciano Sainz de Cavia, jurisconsulto y periodista natural de Buenos Aires avecindado en Montevideo, donde se desempeñaba como escribano del Cabildo. Voluntariamente decidió ser agente del gobierno de la Junta, entrando en correspondencia con algunos de sus miembros.

Según Bauzá : “.... Sus relaciones en Montevideo, aunque escasas, eran importantes. Las cultivaba con Gonzalez Vallejo, a quien estaba ligado por amistad y deudo, y conocía de cerca a D.Prudencio Murguiondo, cuyas genialidades se avenian con las suyas ....”.(14)

Para lograr sus objetivos, trató de profundizar con sus escritos la hostilidad entre las fuerzas de ejército y las de marina incluso desde el exterior, ya que publicó con un pseudónimo en la Gaceta de Buenos Aires, una relación sobre los sucesos precursores del Cabildo Abierto del 14 de junio, y de la tempestuosa sesión en la que se rechazó la unión con Buenos Aires.(14)

Salazar  y el gobernador Militar de Montevideo, Coronel Joaquín de Soria, enterados del accionar de Cavia en favor de la Junta, y de las reuniones que mantenía con Murguiondo, Gonzalez Vallejo y su hijo Luis, resolvieron destituir a estos jefes, a quienes Salazar consideraba el instrumento realizador de los propósitos revolucionarios.

Con el pretexto de proteger a los adictos al régimen de Buenos Aires de un presunto movimiento popular en su contra, el 11 de julio Salazar dispuso armar 50 milicianos, y desembarcar la marinería de guerra y la mercante, reuniendo cerca de mil hombres en el arsenal de Marina, de donde retiró un tren volante de artillería pronto para el combate; fue secundado por los Capitanes del cuerpo de blandengues Rafael Guerra y Carlos Maciel, el Sargento Mayor Cayetano Ramírez de Arellano y el Teniente Rafael Martín.

Advertidos de estos movimientos, Murguiondo se hizo fuerte en la Ciudadela, y Balbín de Vallejo en el cuartel de Dragones. Al día siguiente presentaron sendas notas al Cabildo y al Gobernador Soria, en las que protestaban ante los reiterados ultrajes indebidos sufridos por sus cuerpos, los que culminaron con la movilización de tropas hechas por Salazar la noche anterior.

Cuando Salazar dispuso el desembarco de la Marina, llamó a varios oficiales para que tomasen el mando de la tropa. Bonavía se negó a hacerse cargo del tercio que le correspondía por antigüedad, pues consideraba que el verdadero objetivo de esa movilización era destruir a los cuerpos de Murguiondo y de Balbín por ser adictos al gobierno de Buenos Aires, al tiempo que se provocaba la división de los marinos, ya que algunos de ellos eran partidarios de la revolución.(15)

Sainz de Cavia relata la actitud de Bonavía ante esos hechos, de la siguiente manera: “.... en el mismo acto, echaba pestes por la boca contra la Marina, principalmente contra su Comandante Salazar, en casa de D.Nicolás Herrera, en la que a la sazón se hallaba con otros, viendo pasar aquella turba de Marina y populacho que se dirigían a la Plaza Mayor. Todo esto le atrajo el odio general de los fanáticos, y con particularidad de los Gefes, y empecinados, quienes con su caudillo el Mayor de Plaza Ponce dieron en perseguirlo, lo mismo que a los hijos del país adictos a esta causa, acechando y espiando su casa a deshora de la noche, en observación de lo que se hablaba, de cuyas resultas /Bonavía/ tuvo un lance bastante público y pesado en la calle con el dho.mayor de la plaza, que le ocasionó no pocos disgustos y desaires...en consecuencia de todo ello y de la mala voluntad que le tomó Salazar lo mandaron luego a España sin corresponderle, sin abonarle lo mucho que le debía la Real Hacienda ....”(17)

En cuanto a la situación en la Ciudadela y en el cuartel de Dragones, el Cabildo decidió comisionar a Herrera para que parlamentase con los jefes y los invitase a una conferencia, ofreciéndoles garantías que no fueron respetadas: Murguiondo, Luis Gonzalez Vallejo, Patricio Beldón, el Alférez de Navío José Matías Zapiola y otros oficiales fueron hechos prisioneros y conducidos a Cadiz como reos de alta traición.

La prisión de estos jefes quitó a los partidarios del cambio el apoyo militar necesario para concretar sus objetivos, mientras que Salazar, apoyado en fuerzas efectivas, consolidaba su autoridad.

En cuanto a Bonavía, según expresara Murguiondo tiempo después, “... La circunstancia de no haber concurrido...a tomar las armas contra mi cuerpo y de mantener relaciones amistosas con sus hermanos políticos, los D.Obes y Herrera, aceleró la ruina que le preparaban. A pocos meses fue depuesto de la Coma.de Matrícula y remitido a España con su familia...a su llegada recibió los mayores desaires a virtud de los informes que dio el Comandante Salazar suponiéndolo adicto a nuestra causa, y se le miró poco menos que a un traydor, sin consideración a sus dilatados servicios, mérito y familia. En mi prisión, me visitaba frecuentemente, y a todos los oficiales que por esta causa estábamos en el castillo de Santa Catalina ....”.  18)

Desde Cadiz, Bonavía informó al rey acerca de su situación en Montevideo “.... Desempeñaba con aceptación general la Comandancia de Matrículas...y sin embargo de que estos destinos deben servirse por tiempo de tres años...tanto con respecto a los oficiales de guerra de la Armada, quanto de los del Ministerio de Marina, y que puedan reelegirse entre unos y otros aquellos de cuyo desempeño resulte bien al servicio...no habiendo más que año y medio formó Salazar el empeño de que el exponente hubiera de trasladarse a Europa, no obstante lo que le imponía la Real Orden, y haber allí oficiales de Marina de más larga residencia en aquellos dominios ....” (19)

Todas sus gestiones para obtener su merecido ascenso a Capitán de Navío fueron desbaratadas por las presiones que ante el Consejo de Regencia ejerciera Salazar, cuya animadversión a Bonavía se tradujo, además, en recomendar enfáticamente al gobierno que, bajo ninguna circunstancia se le permitiera volver a América.(20)

En Buenos Aires varios militares, conocedores de las intenciones de Bonavía de servir a la causa de la revolución, testimoniaron acerca de sus méritos. El Teniente Coronel Angel Monasterio expresó que, por adicto a la Junta de Mayo, Bonavía había sido desairado y postergado en sus ascensos por el gobierno de Cádiz...(21)

El Sargento Mayor de Granaderos, José Matías Zapiola, afirmó que Bonavía no había recibido del gobierno español sino “.... desaires injuriosos, haviendo sido postergado en la promoción genl.sin embargo de sus destacados servicios y de su antigüedad sobre la mayor parte de los promovidos ....” (22)

Invocando razones de salud, el 29 de septiembre de 1811 Bonavía solicitó la absoluta licencia de su carrera militar al gobierno español, y pretextando tener que atender sus negocios en Inglaterra, obtuvo autorización para dirigirse a Londres con su familia. Desde allí regresó al Río de la Plata.

Ya en Buenos Aires, ofreció sus servicios a la Asamblea General Constituyente, al tiempo que solicitaba su carta de ciudadanía.

En esos momentos los realistas de Montevideo amenazaban bombardear Buenos Aires. Bonavía quiso participar en su defensa y pidió que se le destinase “.... aún en clase de soldado en qualq.de las baterías ....” (23)

Nuevamente la opinión de los que compartieron con él en Montevideo las difíciles jornadas de julio de 1810 se pronunció en su favor, resaltando su lealtad revolucionaria A ellas se sumó la del capitán del Puerto de Buenos Aires Martín Jacobo Thompson, para quien Bonavía era acreedor a las consideraciones de la Patria “.... pr.sus conocimientos facultativos, pr.su experiencia...y porque habiendo sido perseguido por los gobiernos de Montevideo y Cádiz no podía mirársele con la menor sospecha...En esta virtud, recomiendo eficazmente a V.E.su mérito no común, y la necesidad de aprovecharnos de los servicios importantes que puede rendir a la patria un hombre cuyos conocimientos no se adquieren en muchos años. Yo he oído hablar a varios sujetos de su entusiasmo por nuestra causa,...por otra parte, creo positivamente qe.es muy difícil hallar un oficial qe.pueda sustituirle en sus conicimtos .facultativos en los ramos de Marina...”  (24)

Estos informes contribuyeron a que el 9 de septiembre de 1812 se le encomendase el reconocimiento del puerto de Ensenada, y la presentación de un proyecto en el que se detallasen “.... las obras que sean precisas para la comodidad del comercio...y lo que sea conveniente al mejor orden, seguridad y policía de él ....”. (25)

Mientras el gobierno autorizaba el trabajo realizado por Bonavía, los vecinos solicitaban su designación como jefe del fuerte, y se ofrecían “.... con sus bienes a la formación de las obras que se emprendiesen ....”.(26)

El 23 de enero de 1813 el gobierno confirió a Bonavía la Capitanía del puerto de la Ensenada y su Comandancia Militar y pocos días después, el 22 de febrero, le concedió el título de ciudadano de las Provincias Unidas del Río de la Plata, constituyéndole “.... en perfecta posesión de los derechos que son consiguientes a ese carácter ....”.  (27)

Como comandante de Ensenada prestó importantes servicios a la escuadra de Brown, en operaciones contra la plaza de Montevideo. El 4 de mayo de 1814 se le extendieron los despachos de Teniente Coronel del Ejército al servicio de la Marina.

A consecuencia de la victoria naval de Brown en el Buceo el 17 de mayo de 1814, y la posterior toma de Montevideo por Alvear, se inició un corto período de dominio directorial en la Banda Oriental. Posadas destinó a Bonavía en el mando de la Capitanía del Puerto de Montevideo, con agregación accidental de la Comandancia de Matrículas.(28)

Este tomó posesión de ambos cargos, en condiciones sumamente precarias, ya que contaba para su desempeño “.... únicamente con el corto resto de pertrechos navales que existen en los almacenes del Barracón de Marina ....”.  (29)

Permaneció en este destino hasta febrero de 1815, cuando derrotadas las fuerzas porteñas por el ejército artiguista, el Coronel Fernando de Otorgués asumió el gobierno militar de Montevideo en nombre de Artigas.

El 31 de marzo de 1815 el Director Alvear resolvió segregar la Comandancia de Matrículas de la Capitanía del Puerto de Buenos Aires, y teniendo en cuenta la experiencia de Bonavía “.... ha venido en conferirle este encargo...al efecto se ha prevenido al Capitán del Puerto entregue a V.bajo las formalidades respectivas, los papeles y demás pertenecientes a esta Comandancia ....”.  (30)

Si bien la modificación se hizo sin gravamen de erario, no tardó en ser suprimida, y desde el 26 de abril, la Comandancia de Marina volvió a ser incorporada a la Capitanía del Puerto.(31)

El 30 de junio Bonavía solicitó al gobernador un nuevo destino, proponiendo la comandancia del puerto de Las Conchas, cargo que se hallaba vacante. (32)

Su pedido halló eco favorable, y el 22 de diciembre fue designado Subdelegado de Marina de dicho puerto, donde permaneció hasta el 4 de febrero de 1817, cuando el Director Pueyrredón lo eligió para organizar y dirigir las tareas de maestranza en el Arsenal de Barracas, encargándole “.... procurar la más económica administración de los fondos qe.allí se invierten y adelantamto.de sus trabajos ....”. (33)

Dos días después, en un oficio a Pueyrredón, Bonavía manifestaba quedar empeñado en el más cabal desempeño, “.... aplicando todos mis conocimientos para dar cumplmto.a los encargos que se sirva V.E.confiarme. ....”  (34)

Permaneció en ese destino hasta 1818, año en que volvió a ejercer el mando de Ensenada. Murió en Buenos Aires el 29 de mayo de 1819, y tal como lo dispusiera en su testamento, su cuerpo fue amortajado “.... con el havito del Seráfico Padre San Francisco y enterrado en su convento ....”.  (35)

Sus largos años de sacrificados servicios en el Río de la Plata, y las difíciles circunstancias en que debió cumplir la mayoría de sus destinos, no le fueron recompensados ni en lo económico, ni en la obtención de merecidos ascensos, ya que “.... sólo se le ofreció en su nueva causa la certeza de contribuir a crear una nueva nación ....”.  (36)

Cuatro años antes de su muerte había afirmado que prefería morir de hambre antes que sin gloria, y que esa herencia dejaría a sus hijos, para que jamás se les pudiera recordar su origen sin honor.(37)

Afortunadamente este legado, fruto de su honestidad y de su amor por estas tierras rioplatenses, se proyectó más allá de una generación: su biznieto Roque Saenz Peña fue Presidente de la República Argentina entre 1910 y 1914, y logró una fundamental transformación de la vida política de su país al crear, en 1912, la ley del voto universal secreto y obligatorio que lleva su nombre. 


NOTAS 

  1. Buzzetti, José L.: Historia económica y financiera del Uruguay. Pág.19. Montevideo 1969.

  2. Las corbetas Descubierta y Atrevida fueron construídas especialmente en el astillero de La Carrata. Se aplicaron en su construcción las novedades de equipamiento más moderna. Características: Eslora 33,47; Manga 8,75;Quilla 29,82; Puntal 5,42; Calado 3,85; Porte 472 toneladas. Arqueo 306 toneladas (según Malaspina). Cir.Femín Eleta: La expedición del Capitán de Navío D. Alejandro Malaspina. Historia Marítima Argentina.Tomo IV, pág.256 Buenos Aires 1985.

  3. A.G.N. (ROU) Archivos particulares. Caja 3. Carpeta 6. Documentos procedentes de los archivos del Capitán de Fragata Bernardo Bonavía. Doc. Nº 4616.

  4. Gómez Languenheim, A: Elementos para la historia de nuestras Malvinas. V.1, pág. 199. Buenos Aires 1939.

  5. A.G.N. op. cit. Documento sin numerar.

  6. Ib.Id.

  7. Ib.Id.

  8. Ib.Id.

  9. Ib.Id.

  10.  A.G.N. (ROU) Relación de servicios del Capitán de Fragata Fernando Bonavía .Doc.Nº 4590.

  11.  Bonavía estaba casado en segunda nupcias con Cipriana Obes, hermana de Lucas Obes. Nicolás Herrera con Consolación Obes, hermana de Cipriana y de Lucas.

  12.  Junta Departamental de Montevideo: Documentos relativos a la Junta Montevideana de 1808. Montevideo 1960. Tomo III. Pág.185-187.

  13.  A.G.N. (ROU) op.cit. Doc.Nº 4616.

  14.  Bauzá Francisco: Historia de la dominación española en Uruguay. T.1; pág.17 .Montevideo 1897.

  15.  Con el seudónimo de: “Un comerciante de Montevideo” escribió para la Gaceta de Buenos Aires un artículo don de presentaba a Salazar como árbitro de la situación política e instigador de todas las resistencias opuestas a los intentos revolucionarios en la Banda Oriental, y le atribuía el fracaso de la misión de Paso por haber intimidado al Cabildo y al pueblo, desembarcando artillería y soldados, y defendiendo a gritos la necesidad de conservar sus sueldos íntegros a los oficiales de la Marina para mantenerlos a su devoción.  Bauzá: Ib. Id. Pág.19.

  16.  A.G.N. Op.cit. Docs.Ns. 4522;  4534;  4527.

  17.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc.Nº 4522.

  18.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4534.

  19.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4616.

  20.  Archivo Artigas. T.17 .pág.436.

  21.  A.G.N. (ROU) Op.cit. Doc. Nº 4527.

  22.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4533.

  23.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4535.

  24.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4611.

  25.  A.G.N. (ROU) Ib.id.Doc. Nº 4629.

  26.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc.Nº 4532. Situada a 15 leguas al sur de Buenos Aires, la ensenada de Barragán fue descubierta en 1727 por Juan A. Guerrero durante una misión de sondajes. Por ser abrigada y de aguas relativamente profundas, desde comienzos del siglo XVIII se instalaron puestos de vigilancia del Río de la Plata en los terrenos aledaños pertenecientes a la estancia de Barragán.

 En 1775 el entonces gobernador Vértiz hizo construir una batería que dominaba la entrada del puerto, asignándole como guarnición una compañía de milicias de artillería por falta de tropa veterana del arma. Finalizando el siglo, el Consulado quiso habilitar un puerto en la costa sur del Río de la Plata, capaz de subrogar al  de Montevideo, dándole a Buenos Aires la autonomía en el tráfico marítimo de ultramar y complementando así sus atributos de capital virreinal. Por decreto del 2 de enero de 1801, el virrey Avilés autorizó para tal fin el de Ensenada.

 Por decreto del 28 de octubre de 1818 se impuso la autorización de utilizar la Ensenada de Barragán para todo buque cuyo calado le impidiese entrar a balizas inferiores.

  1.  A.G.N. (ROU) Ib.id .Doc.Nº 4520.

  2.  A.G.N. (ROU) iI.id. Doc.Nº 4590.

  3.  Archivo Artigas  T.15 pág.358.

  4.  A.G.N. (ROU) Op.cit. Doc. Nº 4607.

  5.  A.G.N. (RA)  S.X. 5-1-4.

  6.  A.G.N. (ROU)  Op.cit. Doc. Nº 4620.

  7.  A.G.N. (ROU)  Ib.id .  Doc. Nº 4602.

  8.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4576.

  9.  A.G.N. (ROU) Ib.id. Doc. Nº 4538.

  10.  Destéfani,Laurio H.: Las Islas Malvinas. (1776-1811). En : Historia Marítima Argentina. T.IV. pág.438.  Buenos Aires 1984.

  11.  A.G.N. (ROU) Op.cit .Doc. Nº 4620.


 

BIBLIOGRAFÍA 

Fuentes documentales: 

Ø  Archivo General de la Nación (República Argentina).

Ø  Archivo General de la Nación (República Oriental del Uruguay). 

    Fuentes bibliográficas

Ø  BAUZÁ, Francisco: Historia de la dominación española en el Uruguay. Montevideo 1897.

Ø  BEVERINA, Juan: El Virreinato de las provincias del Río de la Plata. Su organización militar. Buenos Aires 1935.

Ø  BLANCO ACEVEDO, Pablo: El gobierno colonial en el Uruguay y los orígenes de la nacionalidad. Montevideo 1975.

Ø  BUZZETTI, José J.: Historia económica y financiera del Uruguay. Montevideo 1969.

Ø  DE MARCO, Miguel A.: José María de Salazar y la marina contrarrevolucionaria en el Plata. Buenos Aires 2000.

Ø  DESTÉFANI, Laurio H.: Las Islas Malvinas. (1776-1811). En: Historia Marítima Argentina. Buenos Aires 1984.

Ø  ELETA, Fermín: La expedición del Capitán de Navío D.Alejandro Malaspina. En: Historia Marítima Argentina. Buenos Aires 1984.

Ø  GÓMEZ LANGUENHEIM, A.: Elementos para la historia de nuestras Malvinas. Bs. As. 1939.

Ø  LEVILLIER, Roberto: Historia Argentina. Buenos Aires 1968. 

MARTINEZ MONTERO,Homero: El Apostadero de Montevideo. Madrid 1968. 

Ø  SIERRA, Vicente: Historia Argentina. Buenos Aires 1957.

 

  

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