Historia y Arqueología Marítima

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DESDE EL APOSTADERO NAVAL DE MONTEVIDEO

A LA TOMA DE POSESIÓN DE FERNANDO POO

Por: JUAN MARURI  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2003

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

 

 

  Unos cuantos años atrás, en una de nuestras recorridas por la Feria de Tristán Narvaja encontramos un libro que nos llamó la atención, se trataba de: “La Guinea Española” por El Abate Mendo (M.M.P.) (Dr. Manuel Monfort), impreso en Montevideo por El Siglo Ilustrado en 1901, donde se detalla en casi cuatrocientas páginas con ilustraciones, la colonización y los problemas de España para mantener esa enjuta y magra posesión de no más de 28.000 km2., ante los embates de otras potencias.  Dos años más tarde dimos con otro: “Guinea, Macías, la ley del Silencio” de Ramón García Domínguez. Y por último: “Historia y Tragedia de Guinea Ecuatorial” por Donato Ndongo Bidyogo. En todos ellos aparece el Conde de Argelejo, partiendo de Montevideo en 1778, a fin de tomar posesión de esos territorios del Golfo de Guinea.

            Comentando con nuestro presidente y amigo el C/N don Juan José Fernández Parés, el interés y la curiosidad que nos habían producido estos hechos casi olvidados y desconocidos por nosotros, él, que sí tenía una idea de ellos, nos dirigió al amigo académico Dr. Daniel Castagnin, quien al igual que nosotros incursiona domingo a domingo por la mencionada feria y nos comentó que allí había encontrado un libro referente al tema, cuyo título es: “El Brigadier Conde de Argelejo y su Expedición Militar a Fernando Poo en 1778” por Manuel Cencillo de Pineda; obra sobre la cual basamos la parte medular de la exposición, gracias a la gentileza del Dr. Castagnin que nos la facilitó, para tomar con su autorización una fotocopia.

            Por el tratado de El Pardo del 11 de marzo de 1778, entre los reinos de España y Portugal, que confirmó el polémico acuerdo de San Ildefonso del 1º de octubre de 1777, España obtuvo de Portugal por cláusula secreta, territorios en el Golfo de Guinea en Africa, tras la gloriosa intervención en Brasil y en el Plata, antes de finalizar la mitad de 1777, de la expedición del luego Capitán General de los Reales Ejércitos don Pedro de Ceballos, Primer Virrey del Río de la Plata.

            Dichos territorios del Golfo de Guinea lo constituían las islas de Fernando Poo (hoy Bioko) y Annobon (hoy Pagalu) de un poco más de 2000 km2. y la posibilidad de comerciar con la costa frente a las islas, desde el Cabo Formoso hasta el Cabo López, de donde España solamente logró colonizar más adelante la actual Guinea Ecuatorial hasta 1968 (más o menos unos 28.000 km2. como adelantamos, con las islas citadas y las cercanas de Corisco y Elobey). Como curiosidad les recuerdo que antes de esa fecha el amigo de la Academia, General Auditor don José R. Cervera Pery, historiador naval español, estuvo destinado en los referidos territorios, según lo que nos comentó. Asimismo recordamos que varios uruguayos vivieron luego de la independencia, que tuvo lugar el 1968, en ese convulsionado país como consultores de organismos internacionales, entre ellos el Ingeniero Aristóbulo Ortega, su esposa Carolina García Lagos y dos de sus hijos; el señor Alfredo Castelli; y los esposos Juan Ashfield y Carmen Shuster

            La expedición que comandó Ceballos, la componían nueve mil hombres que llegaron a América desde Cádiz, en noventa y tres barcos mercantes escoltados por una escuadra constituída de seis navíos de línea, siete fragatas, un chambequín (jabeque de tres palos con aparejo de fragata), dos paquebotes (embarcación análoga al bergantín, que es de dos palos, aunque de líneas menos finas), un bergantín, dos bombardas (buques de dos palos), una saetía armada (embarcación latina de tres palos), una urca (embarcación grande de transporte, muy ancha en el centro) y dos brulotes (que como saben eran barcos cargados con materias inflamables para incendiar los buques enemigos). Escuadra que estaba al mando del Tte.Gral. de la Real Armada, don Francisco Javier de Tilly y García de Paredes, Marqués de Casa Tilly, quien por un corto tiempo se estableció en Montevideo, ya sede del Apostadero Naval Español; luego alcanzó la jerarquía de Capitán General de la Real Armada. Había asistido a la campaña de Orán en 1733, como Alférez de Fragata, practicó el corso con gran pericia y heroísmo desde 1735 a 1767, en que fue ascendido Jefe de Escuadra.  A su regreso a España desde América fue promovido a Capitán General del Departamento de Cádiz. En 1794 obtuvo en propiedad el grado de Capitán General de la Armada, nació en 1711 y falleció en 1795. Era descendiente del Conde don Diego García de Paredes, uno de los mas famosos comandantes del Gran Capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba.  Quizá  haya sido el marino español de más alto rango que estuvo instalado en el Apostadero Naval de Montevideo, el cual en ese tiempo era comandado por el Capitán de Navío don Juan Antonio Camino.

            En el contingente que vino a América figuraba el Regimiento de Sevilla, cuyo Jefe era el Coronel Felipe de los Santos Toro, VII Conde de Argelejo, a quién se le confió el mando de una de las cuatro brigadas que se organizaron y más adelante cuando se tuvo conocimiento del Acuerdo de San Ildefonso, la dirección de la expedición para tomar posesión de los territorios del Golfo de Guinea, habiendo ascendido a la jerarquía de Brigadier.

            El Virrey Ceballos al enterarse de las órdenes e instrucciones para la toma de las aludidas islas, que la Corte de España le envió por medio del Comandante de Marina don José Varela y Ulloa, quien había arribado procedente de Cádiz a Montevideo el 2 de febrero de 1778 y el 16 del mismo mes a Buenos Aires, como Capitán de la fragata SANTA CATALINA, designó al Brigadier Conde de Argelejo, que estaba basado en Montevideo al frente de su Regimiento, como Director de la nueva expedición y primer Jefe Militar de las islas, nombrando como su segundo al Teniente.Coronel de Artillería don Joaquín Primo de Rivera (bisabuelo del Capitán General Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, segundo Marqués de Estella, dictador de España en los años veinte del siglo pasado).

            La expedición que salió de Montevideo estuvo compuesta por ciento veinte soldados voluntarios con sus oficiales, veintidós cañones y su correspondiente munición y abastecimientos necesarios para quince meses. Todo fue embarcado en las fragatas SANTA CATALINA y NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD y en el paquebote SANTIAGO. La fragata SOLEDAD había arribado a Montevideo desde El Ferrol al mando del Capitán don Ramón Copete el 15 de febrero de 1778 con un duplicado de las órdenes que trajo Varela y Ulloa y el mandato para el Marqués de Casa Tilly de que regresara a la mayor brevedad a España con la escuadra y el ejército. El paquebote SANTIAGO formaba parte de la escuadra y estaba al mando del Teniente de Navío don José de Grandellana.

            Se puso al mando de la flotilla a Varela y Ulloa, joven y distinguido marino y cartógrafo gallego, al que se le deben numerosos trabajos de hidrografía y la situación exacta de la Isla de Santa Catalina en Brasil, así como las del Golfo de Guinea y de los puertos del Río de la Plata; más adelante alcanzó el cargo de Jefe de la Escuadra Real de la Armada. En 1782 regresó al Río de la Plata, comisionado para realizar la demarcación de los límites de las posesiones españolas y portuguesas en América del Sur. Estaba emparentado con el célebre marino y sabio español don Antonio de Ulloa, contemporáneo suyo, muy recordable entre los aviadores y aeronautas por el círculo de arco iris que lleva su nombre y que se ve en las nubes con la imagen del avión en su centro, en ciertas circunstancias cuando se vuela sobre un manto nuboso.

            No fue fácil conseguir los abastecimientos necesarios para la expedición a pesar de la actividad que desplegó el Conde de Argelejo y sus subalternos, en esos momentos la pequeña plaza de la ciudad de Montevideo y también Buenos Aires, estaban saturados de tropas y tripulaciones de las naves mercantes y de la Armada y, del Ejército de Ceballos. Las dotaciones de las dos fragatas y el paquebote fueron completadas por el Apostadero de Montevideo, que ya en esos momentos estaba bajo la comandancia del Capitán de Navío Gabriel Guerra y Mendoza. A semejanza del segundo viaje de Colón, este grupo de hombres iba pertrechado y provisto de armas, municiones y víveres, además de semillas, herramientas y operarios, pues también intentaba efectuar una tarea colonizadora.

            Vencidos por completo los obstáculos, el 16 de abril de 1778 quedaron listas las naves, con todo el personal y elementos a bordo a fin de comenzar la navegación hacia el Golfo de Guinea.

            El 17 de abril, 225 años atrás, levó anclas e izó velas desde Montevideo la flotilla al mando del Comandante de Marina José Varela y Ulloa, con destino a las costas del Africa Occidental, teniendo como primer escala la Isla de Príncipe, que hoy forma parte de la República Democrática de Santo Tomé y Príncipe, en ese entonces sede del Gobernador portugués de las islas del Golfo de Guinea.

            El Conde de Argelejo anotó en un diario los acontecimientos que se fueron sucediendo desde su salida de Montevideo hasta la llegada a Fernando Poo. Por ese documento se puede saber que al otro día de la partida, la flotilla ya se encontraba fuera del Río de la Plata, cubriendo su derrota sin novedad hasta el 5 de mayo, cuando la fragata SOLEDAD comunicó que el Ministro de Hacienda de la expedición, Oficial Real Vicente de Recaurte, se encontraba muy enfermo, falleciendo el día 8, a cuya muerte siguió la de un hombre de mar, también en la SOLEDAD, que cayó al agua durante un temporal.

            La fragata SANTA CATALINA, en la cual iba el Conde de Argelejo, era un típico buque de esa categoría en la Flota del Rey, con su arboladura inconfundible de tres mástiles, pero solo armado con 26 cañones; normalmente en las marinas francesa e inglesa llevaban un mínimo de 32 cañones en una o dos cubiertas o baterías corridas.

            La aparición de las fragatas alrededor del año 1650, fue un paso adelante en la arquitectura naval, su desarrollo continuó hasta mediados del siglo XIX. A fines del siglo XVIII desde el punto de vista militar la fragata era al navío de línea, lo que hasta la Segunda Guerra Mundial, el crucero lo era al acorazado. En un artículo que conservamos del Dr. Juan Oribe Stemmer, publicado en el diario El País de enero de 1993: “Sobre Galeones y Tesoros”, nuestro Miembro de Número Fundador nos informa de la evolución del arte de diseñar y construir embarcaciones en la carrera de indias, con la desaparición de la carabela, la carraca y el ocaso del galeón, para dejar paso al navío y sobre todo a la fragata.

            Lo que cambió muy poco desde el siglo XVI hasta principios del XIX fue la vida abordo, tanto para los hombres de mar como para los pasajeros, quienes compartían todas las vicisitudes, incomodidades y peligros de la navegación en esas naves de no más de 600 o 700 toneladas. En un interesante libro del historiador y ensayista mexicano José Luis Martínez: “Pasajeros de Indias” se puede apreciar como eran los viajes transatlánticos en el siglo XVI; y, en otro artículo del Dr. Oribe Stemmer, que también conservamos: “Hombres de Mar”, publicado en enero de 1992, nos da una pauta de la alimentación en aquellos largos viajes a vela. Todo lo cual es aplicable al cruce transatlántico que nos ocupa, entre Montevideo y el Golfo de Guinea.

            La navegación se desarrolló sin otras novedades dignas de mención, más que las naturales para cada singladura. El hecho, entre otras cosas, es que la flotilla se mantuvo unida durante todo el trayecto y el 29 de junio de 1778, dos meses y doce días de la partida de Montevideo, las tres naves dieron fondo ante el poblado principal de la Isla Príncipe, primera etapa de la expedición.

            La entrega de las islas por parte de los portugueses estuvo llena de inconvenientes, complicaciones y dilataciones, por lo cual el paquebote SANTIAGO fue enviado a España con el objeto de dar cuenta de las novedades y demoras en la toma de posesión de los territorios. El Conde de Argelejo recién pudo tomar posesión de Fernando Poo, el 24 de octubre de 1778, pues el Comisario portugués Frey Luis Cayetano de Castro llegó el 4 de octubre de 1778 en la fragata “Nuestra Señora de Gracia”. Luego de finalizada la ceremonia en Fernando Poo, el Conde en la fragata SANTA CATALINA se dirigió hacia la Isla de Annobon. El 4 de noviembre entraron en la Isla Santo Tomé a fin de repostar víveres, reanudaron el viaje el 10 de noviembre con rumbo a Annobon; cuatro días mas tarde, el 14 de noviembre de 1778 falleció el Conde de Argelejo en la SANTA CATALINA posiblemente víctima de la malaria.

            La expedición pasó al mando del Teniente Coronel Joaquín Primo de Rivera el 16 de noviembre, quién se encontraba a bordo de la SOLEDAD. El 19 de noviembre Primo de Rivera no logró tomar posesión de Annobon ante la hostilidad de los habitantes de la isla. El 3 de diciembre las dos fragatas españolas anclaron en la rada de Santo Tomé, donde se instaló. Primo de Rivera con la expedición, ya mermada por las enfermedades y accidentes. El 19 de diciembre de 1778 la SANTA CATALINA emprendió navegación hacia España al mando de su comandante, quedando en Santo Tomé la SOLEDAD y el grupo expedicionario a la espera de órdenes de la metrópoli. Espera que habría de durar casi un año.

            Luego España trató de mantener al grupo expedicionario, enviando abastecimiento, dinero y refuerzos desde Canarias, en diferentes naves del Rey y otras arrendadas en las Islas Canarias, como el navío del comercio de Tenerife SANTIAGO (que no era el paquebote del mismo nombre que comandaba el Teniente de Navío Grandellana).

            A principios de diciembre de 1779 el Tte.Cnel. Primo de Rivera toma la decisión de  establecerse con su expedición en Fernando Poo, instalándose al sur este de la isla en la bahía de la Concepción, donde levantaron un poblado. El traslado se efectuó en la nave del comercio SANTIAGO y otras embarcaciones menores.

            El clima ecuatorial, las enfermedades y la falta de recursos fueron menguando la disponibilidad de la gente, hasta tal punto que Primo de Rivera se quedó sin oficiales. Para colmo de males el personal de tropa se amotinó y decidió por medio de su líder, un sargento, abandonar el poblado en el SANTIAGO con sanos y enfermos, entre los primeros su Tte.Cnel. Primo de Rivera que fue detenido. Arribaron el 16 de noviembre de 1780 a Santo Tomé, donde Primo de Rivera fue restituido a su cargo, juzgándose a los culpables.

            En esos tiempos España estaba en guerra con Inglaterra (1779-1783), lo cual dificultaba las comunicaciones, no ya con España, sino con las Islas Canarias. Por causa de dicha guerra la fragata NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD en viaje a la metrópoli con novedades y solicitudes de la expedición, fue apresada por los ingleses.

            Finalmente, por segunda vez después de más de un año de hospitalidad portuguesa en Santo Tomé, el 30 de diciembre de 1781 el Teniente Coronel Primo de Rivera y 25 hombres que perduraban de la expedición del Conde de Argelejo, más 19 hombres, 6 mujeres, 7 niños y 24 negros de los refuerzos venidos de Canarias, dejan la isla lusitana hacia Bahía, en Brasil, con destino final Montevideo en la nave SANTIAGO al mando del Teniente de Fragata Casimiro de Lamadrid y en la fragata de Portugal al servicio de España NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN. Arribaron a Bahía el 24 de febrero de 1782, donde hubo que reparar los dos buques, trabajos que llevaron casi un año, terminados, se hicieron a la vela hacia Montevideo el 10 de enero de 1783, puerto al que llegaron el 11 y 12 de febrero de 1783.

            De esta manera terminó la expedición del Conde de Argelejo que había partido de nuestra ciudad casi cinco años antes. Recién a mediados del próximo siglo XIX España recuperó esas islas. El fracaso de esta primera expedición repercutió negativamente en la Madre Patria y sus gobiernos hicieron lo posible por silenciar el hecho, ignorando durante años esas posesiones. Sobre ella el Almirante don Luis Carrero Blanco, Ministro Sub Secretario de la Presidencia dijo ante el pleno de las Cortes Españolas en 1968, en ocasión de la aprobación de la Ley de Bases del Gobierno Autónomo de Guinea Ecuatorial: “....  la retirada de Primo de Rivera fue por causa de la insalubridad de esos territorios, debido a la malaria, la fiebre amarilla, la lepra, la enfermedad del sueño y la tuberculosis ....”.

            Además agregamos que el Brigadier Conde de Argelejo era un hombre metódico y estudioso, en los tres meses que permaneció con su expedición en la Isla Príncipe a la espera del Comisario portugués, se consagró a recoger Noticias sobre el estado y condiciones de las islas que tenía que recibir, llegando a la conclusión que Portugal en los tres siglos de dominación, nunca las había poblado y, que a España no le produciría beneficios, pues todo lo que podría exigirse de ellas sería menor al dispendio que le costaría mantenerlas con decoro.  Juicio que a nuestro entender fue real y verdadero, pues aún hoy en día España tiene problemas con la República de Guinea Ecuatorial, que arrastra desde la época en que se decidió transformar aquellos territorios en colonia.

            Para finalizar, creemos que el hecho histórico relatado, el cual partió y regresó desde y al Apostadero Naval de Montevideo, revestía la suficiente importancia como para rescatarlo del olvido y quizá investigarlo en forma más exhaustiva en todo lo relativo a su preparación y disolución.

BIBLIOGRAFÍA 

-       “La Guinea Española” por El Abate Mendo. Montevideo 1901

-       “Guinea-Macias, La Ley del Silencio” por Ramón García Domínguez. Barcelona 1977

-       “Historia y Tragedia de Guinea Ecuatorial” por Donato Ndongo Bidyogo. Madrid 1977

-       “El Brigadier Conde de Argelejo y su expedición a Fernando Poo en 1778” por Manuel Cencillo de Pineda. Madrid 1948

-       “Historia de la Dominación Española en el Uruguay” por Francisco Bauzá. Montevideo 1929

-       “Enciclopedia del Mar” por Antonio Ribera. Barcelona 1959

-       “La Marina, Antica e Moderna” por Giorgio Molli. Genova 1906

-       “Esbozo Biográfico de los Comandantes del Apostadero de Montevideo” por Alejandro N. Bertocchi

 

  

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