Historia y Arqueología Marítima

HOME

LA DEPREDACIÓN PESQUERA DEL ATLÁNTICO SUR POR BALLENEROS  INGLESES Y ESTADOUNIDENSES

Y EL CONCEPTO DEL DERECHO DE PESCA DE JOSÉ BONIFACIO DE ANDRADA E SILVA EN 1820

Indice Academia ROU Hist Mar.y Fluvial

Por:   OSCAR ABADIE AICARDI  Publicado en Ciclo de Conferencias año 2003

 

  

            Durante siglos, hasta el empleo del petróleo y sus derivados, el hombre recurrió al esperma, materia grasa extraída del cráneo de los cetáceos – en especial ballenas y cachalotes – para la iluminación, la elaboración de aceite como combustible y lubricante, la fabricación de velas, la confección de tejidos rudos de lana, la preparación de cueros y pieles, barnices y tinturas, jabones, azufre y la brea para el calafateo de embarcaciones.

            Hacia mediados del siglo XVIII, el desarrollo industrial y de la urbanización en los países europeos, al generar un consumo creciente de esos recursos, determinaron que los existentes en el Atlántico Norte se fueran agotando, al punto de hacer necesario recurrir a los de los mares del Sur. Ingleses y angloamericanos, que ya poseían larga experiencia en las técnicas de la industria ballenera, ante el aumento de la demanda, se lanzaron al nuevo escenario, para explotar sus riquezas. 

            Por entonces, los comerciantes de la Nueva Inglaterra y Nueva York ya habían desarrollado un lucrativo comercio de ultramar. La ruta más frecuentada era la famosa “triangular” entre Nueva Inglaterra, el África y las colonias sureñas en América del Norte. Por ella se transportaba melazas, ron y tejidos baratos de algodón de Nueva Inglaterra al África; allí se los cambiaba por esclavos, los cuales eran conducidos al Caribe y aquellas colonias meridionales, donde se los trocaba a su vez por azúcar, tabaco, índigo y otros productos de plantación tropical así como plata. 1    

            Las oportunidades comerciales llevaron tempranamente al desarrollo de una importante industria de la construcción naval, que a su vez promovió un mayor transporte marítimo, gracias a la existencia en las colonias inglesas de vastos recursos forestales. Esto dio a los colonos una importante ventaja comparativa natural sobre la Metrópoli. Esta terminó aceptando la idea de que, a la larga, el crecimiento de la marina británica – fuese europea o colonial – desarrollaría la prosperidad del Imperio. Así es que por 1775 un tercio de los barcos de bandera inglesa habían sido construidos en América. Con la única excepción de los dedicados al tráfico con la India, los barcos coloniales fueron equiparados a los ingleses en cuento a derechos, privilegios y prerrogativas. Los artículos prohibidos eran solo los que Inglaterra se proponía producir en su industria doméstica. De ellos, los únicos que afectaban a los colonos eran los gravados por la ley de melazas de 1733, pero que no se aplicaron rígidamente hasta 1763. Fue esa inaplicación de las leyes británicas de navegación en la América del Norte lo que diferenció nítidamente la política mercantilista de Inglaterra de la de España, favoreciendo el mayor desarrollo comercial de las colonias de aquéllas que el de las provincias americanas de ésta ultima. Otro rasgo muy gravitante en ese sentido fue el de que, a diferencia de las colonias inglesas, en Hispanoamérica la única clase mercantil de importancia reconocida fuera la ligada directamente con el monopolio de Sevilla y Cádiz. 2    

            Ingleses y estadounidenses bien pronto desarrollaron la pesca de cetáceos en alta mar en todas las direcciones del hemisferio norte, alcanzando hasta las aguas del Ártico. Prolongaron sus rutas, ampliaron los navíos, aprendieron a depurar el aceite a bordo tanto como en tierra y levantaron nuevos centros balleneros en Nueva Inglaterra, Virginia y Carolina. La industria ballenera, en franca expansión con la mayor demanda por la escasez de ballenas en el Atlántico Norte se tornó una de las más importantes de interés nacional. En 1763, sus barcos llegaron a las Azores y las costas de Guinea y en 1770 a Angola y el Cabo de Buena Esperanza. En 1773 ya alcanzaban las costas brasileñas y al año siguiente a la altura de las Malvinas y comenzaban a frecuentar puertos del Atlántico Sudoccidental. 

            Durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos (1779-1783) el ritmo de expansión de los arponeros ingleses disminuyó; pero a su término, tanto éstos como los antiguos colonos lo retomaron, asociando, a la caza de anfibios y la pesca, practicadas en forma depredatoria, un activo contrabando realizado en los puertos hispanoamericanos y brasileños, para cuya realización la caza de ballenas sirvió a menudo de pretexto. Esta actividad, ahora combinada con empresas comerciales, fue un factor de recuperación y fortalecimiento económico del nuevo país, al pagar altos dividendos al comercio del aceite ya todo el comercio en general. 3 

            Las flotas balleneras llegaban a las costas brasileñas por junio, al iniciarse el invierno austral, y al concluir éste, en setiembre, tomaban la ruta del Atlántico Sur, operando en aguas malvineras y patagónicas entre octubre y abril, durante la primavera y el verano australes. Además, bien pronto extendieron sus actividades a los litorales chileno y peruano.  

Concluida la Guerra de Independencia, los balleneros estadunidenses reanudaron el ritmo de expansión en el Atlántico Sur, ahora en pie de igualdad con los ingleses. Del mismo modo recrudeció la competencia entre las dos flotas balleneras de barcos-factoría equipados con botes y pertrechos para arponear y cazar cetáceos y hornallas y calderas destinadas a la refinación del aceite y el esperma en alta mar y las factorías de la costa brasileña, de acción limitada a las aguas litorales. 4 

            A partir del momento en que los balleneros extranjeros dominaron el sector occidental del Atlántico Sur se produjeron sensibles perturbaciones en los depósitos de pesca brasileños por la disminución de la afluencia de ballenas a las costas. Cuando La Pérouse pasó por Santa Catalina en 1785, la captura, en los tres depósitos, era de 400 al año; entre 1793 y 1796, de 187. En 1801, reducida la captura a 160 y alarmada la Hacienda Real por la creciente competencia extranjera, el Consejero de la Junta de Río manifestó el 26 de Diciembre al Ministro Rodrigo de Souza Coutinho: 

“… A paz geral … creio que influirá bastante, pela concorrência de “outras Naçoes, a  destruir este ramo da nossa nacional indústria … “As naçoes estrangeiras que fazem esta pesca vão mais ao Sul de “nossa América [subr. nuestro] … ferem afugentao o peixe e “quantos mais navios vierem de Europa tanto mais se aumentará a “nossa perda… “

Entre  1801 y 1816, período en que las factorías balleneras del Brasil meridional permanecieron bajo la administración de la real Hacienda, la captura de cetáceos prosiguió su declinación y a ésta se sumó cierta desorganización, en especial de las de Santa Catalina, como atestigua una memoria de 1820 el Administrador de una de ellas:

 

“Con a diminuição da pesca, que há mais de 30 annos progressivamente “se conhece por causa das muitas embarcaçoes estrangeiras que á ela “andam, entrou a não haver gente que livremente quisesse empregar-se “nas armações … [factorias]

“Nesta consideração, e à vista das poucas baleias que já aparecem na “nossa costa … tal vez venha tempo en que elas sejam aquí raras … “ 6  

            A esta altura, como señala Ellis, ingleses y estadunidenses frecuentaban los puertos brasileños, en particular los catalinenses, donde se abastecían,  reparaban los navíos, comerciaban y perpetraban auténticas hazañas de refinada rapiña, sin que el gobierno portugués pudiese impedirlo.

El invierno austral la temporada de ballenas a las que herían, capturaban o acosaban hasta alta mar, a la vista de las factorías, cuyas actividades desorganizaban. Luego, so pretexto de establecer una escala para la Patagonia, anclaban en los puertos por refrescos y en trueque de provisiones realizaban contrabando de telas y tejidos y descarriaban y hurtaban esclavos. A fines de setiembre, concluida la estación de pesca, tomaban rumbo al Atlántico Sur para surcar la ruta de retorno de las ballenas a la Antártida. De octubre en adelante hasta marzo y abril actuaban en los mares patagónicos entre los bancos del Brasil y las Malvinas, donde perturbaban el movimiento migratorio de las ballenas rumbo a aguas brasileñas. 7 

            Las actividades balleneras de yanquis e ingleses en las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX no sólo propiciaron sino que también disimularon los objetivos que concomitantemente desarrollaban en los puertos de la América meridional española. Echaron mano de mil pretextos y artimañas para anclar cerca de los puertos brasileños: vaciaban parte de la aguada de a bordo, averiaban sus propias embarcaciones y realizaban otras maniobras, para justificar su aproximación y permanencia. En tierra, a fuerza de interés, captaban los forasteros la pasividad y convivencia de los guardias aduaneros y, con la complicidad de algunos comerciantes, desarrollaban un desenfrenado y escandaloso tráfico de introducción clandestina de las manufacturas extranjeras con que inundaban el mercado, defraudaban al fisco y promovían la salida del palo brasil, el oro, los diamantes, el azúcar y demás productos de la tierra. Ellis da interesantes testimonios de ello. 

            Es particularmente elocuente una carta dirigida al Ministerio de Marina Martinho de Mello e Castro, fechada en Río de Janeiro el 15 de febrero de 1794 que resalta la connivencia de las autoridades en la expoliación del Estado, que dice: 

“Luego que el navío extranjero entra es conducido por el Patrón Mayor al “fondeadero que le está destinado atrás de la Ilha das Cobras [que] es un “escondrijo para descargar más fácilmente lo que quisieren, porque desde “de la ciudad no se ve …: “aquí de le pone una chalupa […] con ronda “militar en que se lleva un centinela para las “embarcaciones menores que “de a bordo quieren venir a tierra desde el muelle al “Palacio […] hecho “lo cual se van, dejando la ciudad inundada de mercancías y “llevando su “importe en palo brasil, que se cosecha en los distritos de la Ilha Grande “y Cabo Frío, oro en polvo extraviado de la Capitanía de Minas,    “diamantes y lo “demás que convenga, arrebatando así la sustancia del “Estado y de la Monarquía, y “causando un perjuicio horroroso a los “comerciantes de buena fé…”

Como las depredaciones prosiguieron, el 28 de Febrero de 1807, el Conde de Arcos, planteó el patrullaje de las aguas brasileñas hasta el Río de la Plata”… a fim de fazer afastar daqueles mares os navíos estrangeiros empregados na pesca “volante das baléias”.  

            Muchos años después, el 12 de Julio de 1820, en las postrimerías del reinado de Juan VI en el Brasil, el mismo remitente, retomando el tema, consultaba al Ministro Thomaz Antônio da Vila Nova Portugal sobre  

            “El derecho de impedir a los norteamericanos con la fuerza de las armas la pesca de la Ballena” 9 

            En respuesta a una probable consulta efectuada por el Ministro Vila Nova Portugal sobre el planteo del Conde de Arcos se produjo un dictamen sin fecha que aquél compartió poniendo su rúbrica T.V.P. al pie y que se halla catalogado en la Sección Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Río con el título “Parecer sobre o conceito de mar territorial e o direito de pesca”. El mismo ha sido atribuido con sólidas razones por la historiadora paulista Myriam Ellis nada menos que a José Bonifacio de Andrada e Silva, el gran estadista de la Independencia del Brasil y reputadísimo hombre de ciencia, especialmente versado en Mineralogía y asimismo en asuntos de pesca marítima. A ello se agrega el hecho de ser entonces Auxiliar y asesor del Ministerio por designación Real. 10  

            Este “Parecer”, anticipa conceptos científicos que en el siglo XX conformaron fundamentos del Derecho Internacional del Mar elaborados por las Naciones Unidas. Con base en el que llama “excelente Tratado de Derecho Marítimo de Azuni * publicado en 1805”, por ejemplo, sostiene que las ballenas, lejos de constituir una riquezaq inagotable, “se extingue o aminora con el uso     [la pesca] [como] sabemos … por la observación de lo que ha ocurrido en los mares del Norte”. Por otro lado afirma que la libertad del alta mar nada tiene que ver con la libertad de la pesca y del comercio del mar territorial, como que esa pesca está sujeta a la reglamentación por la potencia propietaria del mar territorial. De estas dos premisas deduce el interés legítimo y el derecho consiguiente de la Corona portuguesa a proteger esa riqueza ahuyentando de ella a los extranjeros en toda la extensión del mar territorial e incluye adjuntando un proyecto de Cédula Real (“alvará”) en que se autoriza entre otras medidas protectoras, la de detener a toda embarcación extranjera hallada dentro del mar territorial dedicada a la pesca, en particular de ballenas o extrayendo su aceite dentro de sus límites y a confiscarlas así como a sus cargas. 

            Lamentablemente –como concluye Ellis- en los años siguientes, tras la proclamación de la Independencia del Brasil, el reconocimiento por los Estados Unidos y la influencia inglesa … llevarían al recién instalado gobierno a tolerar la presencia de estadounidenses y británicos en el mar territorial brasileño y a postergar todos los planes y medidas en contrario.


NOTAS  

1 Ralph Lee Woodward Jr. “The merchants and economic development in the Americas, 1750 – 1850. A preliminary study. University of North Carolina, “Journal of Inter – American Studies”, pp. 138-139. 

2 Woodward, Op. Cit ., pAp. 139 - 140 

3 Woodward, Op. Cit., p. 141.           

4 Ellis, Myriam, “Norteamericanos no Atlậntico Brasileiro. Um inédito de José Bonifácio de Andrada e Silva sobre o conceito de Mar Territorial e o direito de pesca”. São Paulo, 1973, Universidade de São Paulo, “Revista de História” N° 94, Abril-Junio, pp. 339-67, cita de la p. 342  

5 Arquivo Histórico Ultramarino de Lisboa, Documentos avulsos de Río de Janeiro, Caixa 1802. 

6 Ellis, Op. Cit., pp. 344-345 

7 Ellis, Op. Cit., p. 345. 

8 Ellis, Op. Cit., pp. 346 –349. 

9 Ellis, Op. Cit., pp. 350- 351 véase Octavio Tarquinino de Sousa, “José Bonifacio, emancipador del Brasil”, México, 1945, F.C.E., pp. 80-81. Nota del Autor: Domenico Alberto Azuni. Jurisconsulto italiano (Sassari, 3 Agosto 1749 – Cagliari, 23 Enero 1827) Autor, entre otras obras, del “Sistema Universal de Derecho Marítimo de Europa”, al que muy probablemente alude Andrada e Silva.  

10 Ellis, Op. Cit., pp. 361-365.      

 

  

Este sitio es publicado por la Fundacion Histarmar - Argentina

Direccion de e-mail: info@histarmar.com.ar